lunes, 1 de junio de 2026

Reconstrucción del texto Q (Quelle, "fuente") de los evangelios

 Les dijo a las multitudes que salían a ser bautizadas: «¡Hijos de víboras! ¿Quién les advirtió que huyeran de la furia venidera?


¡Así que den frutos dignos de cambio! No empiecen a decirse a ustedes mismos: “Tenemos a Abraham por antepasado”, porque les digo que Dios puede levantar hijos para Abraham de estas piedras.


¡Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles! Así que todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. 


“Yo los bautizo en agua, pero vendrá uno mayor que yo, a quien no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará en Espíritu Santo y fuego. Tiene en su mano el trillo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero quemará la paja con un fuego que no se puede apagar.” 


Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. No comió nada durante cuarenta días […] tenía hambre. Y el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan”. Y Jesús respondió: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre”». Entonces el diablo lo llevó a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque escrito está: “Dios pondrá a sus ángeles al cuidado de ti”,  y “En sus manos te sostendrán, para que tu pie no tropiece con la piedra”».  Jesús le respondió: «Dicho está también: “No pongas a prueba al Señor tu Dios”». Entonces el diablo lo llevó a una montaña muy alta y le mostró todos los imperios del mundo y su gloria, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras ante mí». Jesús le respondió: «Escrito está: “Postrate ante el Señor tu Dios y sirve solo a Dios”». Entonces el diablo lo dejó.


Alzó la vista hacia sus discípulos y dijo: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados vosotros los que tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados vosotros los que lloráis, porque seréis consolados. Bienaventurados vosotros cuando os critiquen, os persigan y difundan mentiras sobre vosotros por causa del Hijo del Hombre. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa celestial es grande; pues así persiguieron a los profetas que os precedieron. Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen. Seréis hijos de vuestro Padre, que hace salir el sol sobre malos y buenos, y envía lluvia sobre justos e injustos. “Cuando alguien te abofetee en una mejilla, ofrécele también la otra. Cuando alguien te demande por tu camisa, dale también tu abrigo. Cuando alguien te haga caminar una milla, camina una milla más. Da a todo el que te pida, y cuando alguien tome prestadas tus cosas, no se las pidas de vuelta. Trata a los demás como quieres que te traten a ti. Si amas a los que te aman, ¿por qué habrías de ser recompensado? ¿Acaso no hacen lo mismo los cobradores de peaje? Y si prestas a aquellos de quienes esperas que te devuelvan, ¿por qué habrías de ser recompensado? ¿Acaso no hacen lo mismo los gentiles? 


Sé misericordioso, como tu Padre. No juzgues, y no serás juzgado; porque serás juzgado según tu juicio. Y serás medido según tu medida. ¿Puede alguien que no ve guiar a otro que tampoco ve? ¿No caerán ambos en un hoyo? Un discípulo no es mayor que su maestro. Basta con que el discípulo sea como su maestro. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: ‘Déjame sacarte la paja del ojo’, cuando no ves la viga que está en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la paja del ojo de tu hermano. Ningún árbol bueno da fruto podrido, ni un árbol podrido da fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. ¿Acaso se recogen higos de los espinos, o uvas de los cardos? El que es bueno saca cosas buenas de su buen tesoro, y el que es malo saca cosas malas de su mal tesoro, porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llaman “Maestro, Maestro”, y no hacen lo que les digo? Todo el que oye mis palabras y las pone en práctica es como alguien que construyó una casa sobre la roca. Cuando llovió a cántaros, vinieron las inundaciones, soplaron los vientos y azotaron aquella casa, no se derrumbó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no las pone en práctica es como alguien que construyó una casa sobre la arena. Cuando llovió a cántaros, vinieron las inundaciones, soplaron los vientos y azotaron aquella casa, se derrumbó enseguida. ¡Qué grande fue su ruina!» Y sucedió que, cuando terminó de decir estas cosas, fue a Cafarnaúm. Un centurión se le acercó y le rogó, diciendo: «Mi hijo está enfermo». Y Jesús le dijo: «Yo iré a sanarlo». El centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Basta con que digas una palabra, y mi hijo sanará. Yo también estoy al mando de soldados. A uno le digo: “Ve”, y va; a otro: “Ven”, y viene; a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace». Jesús se asombró al oír esto y les dijo a sus discípulos: «Les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta confianza». Cuando Juan el Bautista oyó todo esto, envió a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?». Y él les respondió: «Vayan y cuéntenle a Juan lo que han oído y visto. Los que: son ciegos, recuperan la vista; los que tienen dificultades para moverse, caminan; los que tienen lepra, son sanados; los sordos, oyen; los muertos, resucitan; los pobres, reciben buenas noticias. Bienaventurado el que no se escandaliza de mí». Y cuando se fueron, comenzó a hablar a la multitud acerca de Juan el Bautista. “¿Qué salieron a ver al desierto? ¿Una caña mecida por el viento? ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas elegantes? Miren, los que visten ropas elegantes viven en palacios. ¿Qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, les digo, y mucho más que un profeta, porque está escrito acerca de él: Miren, envío a mi mensajero delante de ustedes, el cual les preparará el camino. Les digo que Juan el Bautista es mayor que todos los que han nacido, pero el más pequeño en el reino de Dios es aún mayor que él. “¿A qué, pues, puedo comparar a esta generación? ¿A qué se parece? Es como niños sentados en las plazas que se llaman unos a otros: Les tocamos la flauta, pero no bailaron. Nos lamentamos, pero no lloraron. Juan no vino comiendo ni bebiendo, y ustedes dicen: «¡Está poseído por un demonio!». El Hijo del Hombre ha venido comiendo y bebiendo, y ustedes dicen: «¡Miren, un glotón y un borracho, amigo de los recaudadores de impuestos y de los forasteros!». Pero la Sabiduría es justificada por sus hijos.” Y alguien le dijo: «Te seguiré a dondequiera que vayas». Y Jesús le dijo: «Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza». Pero otro le dijo: «Maestro, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Pero él le dijo: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus propios muertos». Les dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos. Rueguen, pues, al Señor de la cosecha que envíe obreros a los campos. ¡Vayan! Miren, los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias, ni bastón. No saluden a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan primero: “Paz a esta casa”. Si hay allí una persona pacífica, que repose sobre ella; pero si no, retiren su bendición. Quédense en esa casa, comiendo y bebiendo lo que les den, porque el obrero es digno de su salario. No anden de casa en casa. Si los reciben en cualquier pueblo al que entren, coman lo que les sirvan. Sanen a los enfermos de allí y díganles: “El reino de Dios está cerca”». Pero si no os reciben en cualquier ciudad a la que entréis, al salir de ella, sacudid el polvo de vuestros pies. Os digo que en aquel día será mejor para Sodoma que para aquella ciudad. ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Si las grandes obras que se hicieron entre vosotros se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace mucho tiempo que se habrían convertido en cilicio y ceniza. ¡Pero será mejor para Tiro y Sidón que para vosotros en el juicio! Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás exaltada hasta el cielo? ¡Caerás hasta el Hades! El que os recibe a vosotros, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Entonces dijo: «Gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por ocultar estas cosas a los sabios y entendidos y revelarlas a los niños. Sí, Padre, esto era lo que querías. Mi Padre me lo ha dado todo. Nadie sabe quién es el hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el hijo, y aquel a quien el hijo quiere revelarlo. “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis. Os digo que muchos profetas y gobernantes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. “Cuando oréis, decid: Padre, honramos tu santo nombre. Venga tu reino. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdónanos nuestras deudas, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. No nos dejes caer en mal alguno. «Les digo: pidan y recibirán; miren y encontrarán; llamen y se les abrirá,  porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes le daría una piedra a su hijo si le pide pan? ¿O quién le daría una serpiente a su hijo si le pide pescado? Si ustedes, siendo malos, saben dar buenas dádivas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a los que le pidan!» Estaba expulsando un demonio que no podía hablar. Y cuando el demonio salió, el que no podía hablar comenzó a hablar. Y la multitud se asombró. Pero algunos decían: «¡Él expulsa demonios con el poder de Beelzebú, príncipe de los demonios!» Sabiendo lo que pensaban, les dijo: «Todo imperio dividido es devastado, y una casa dividida caerá. Si el enemigo está dividido, ¿cómo podrá subsistir su imperio? Pero si Belzebú me da poder para expulsar demonios, ¿quién les da a ustedes poder para expulsarlos? Así demuestran que están equivocados. Pero si yo expulso demonios por el dedo de Dios, ¡entonces el reino de Dios ha llegado a ustedes! El que no está conmigo, está contra mí; y el que no se reúne conmigo, se dispersa. Cuando un espíritu inmundo sale de alguien, vaga por lugares áridos buscando descanso, pero no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a la casa que dejé”; y cuando regresa, la encuentra barrida y ordenada. Entonces sale y trae otros siete espíritus aún más malignos, y se instalan y habitan allí. Esa persona termina en una situación aún peor que antes». Algunos le exigieron que les mostrara una señal. Pero él dijo: «Esta es una generación malvada. Pide una señal, pero no se les dará ninguna señal, excepto la de Jonás. Así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo de la Humanidad será una señal para esta generación. La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y he aquí, algo mayor que Salomón está aquí. El pueblo de Nínive se levantará en el juicio con esta generación y la condenará, porque cambiaron en respuesta al anuncio de Jonás; y he aquí, algo mayor que Jonás está aquí. Nadie enciende una lámpara y la esconde, sino que la pone sobre un candelero,y alumbra a todos en la casa. Tu ojo es la lámpara del cuerpo. Si tu ojo es sano, todo tu cuerpo está lleno de luz. Si tu ojo es malo, todo tu cuerpo está oscuro. Así que, si la luz dentro de ti está oscura, ¡cuán oscura está! «¡Ay de vosotros, fariseos! Diezmáis la menta, el eneldo y el comino, pero descuidáis la justicia, la misericordia y la confianza. Debéis haber hecho esto sin descuidar lo otro.«¡Ay de vosotros, fariseos! Limpiáis el exterior de la copa y del plato, pero por dentro están llenos de avaricia y desenfreno. Limpiad el interior de la copa, y su exterior también quedará limpio. ¡Ay de vosotros, fariseos! Os encanta ocupar los primeros puestos en los banquetes, los asientos de honor en las sinagogas y los elogios en las plazas. ¡Ay de vosotros, porque sois como sepulcros sin nombre que la gente pisa sin darse cuenta! ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! Imponéis cargas difíciles de llevar, pero vosotros mismos no movéis un dedo para ayudar a la gente. ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! Cerráis el reino de Dios a la gente. No entrasteis, ni dejasteis entrar a los que intentaban hacerlo. ¡Ay de vosotros, porque edificáis las tumbas de los profetas que vuestros antepasados ​​mataron! Así demostráis que sois descendientes de vuestros antepasados. Entonces la Sabiduría dijo: «Enviaré profetas y sabios, pero a algunos de ellos los matarán y perseguirán». Así que esta generación será culpable de la sangre de todos los profetas derramada desde el principio del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el santuario. Sí, les digo que esta generación será responsable.  “Nada hay oculto que no haya de ser revelado, ni secreto que no haya de ser dado a conocer. Todo lo que les diga en la oscuridad, díganlo a la luz; y todo lo que oigan susurrado al oído, proclámenlo desde las azoteas. “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede matar el alma y el cuerpo en Gehena. «¿No cuestan cinco gorriones dos monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae al suelo sin el permiso de vuestro Padre. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, porque vosotros valéis más que muchos gorriones.  «Todo aquel que me reconozca públicamente, el Hijo del Hombre lo reconocerá delante de los ángeles. Pero el que me niegue públicamente, será negado delante de los ángeles. A quien hable contra el Hijo del Hombre se le perdonará, pero al que hable contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Cuando os lleven ante las sinagogas, no os preocupéis de cómo o qué debéis decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en ese momento lo que debéis decir. «No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido los destruyen, y donde los ladrones entran y roban. Acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido los destruyen, y donde los ladrones no entran ni roban. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.» “Así que les digo: no se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, qué vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que la ropa? Piensen en cómo los cuervos no siembran, ni cosechan, ni almacenan en graneros, y sin embargo, Dios los alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que las aves? “¿Quién de ustedes puede crecer más por preocuparse? ¿Y por qué preocuparse por la ropa? Miren cómo crecen los lirios. No trabajan ni hilan, y sin embargo, les digo que ni siquiera Salomón, con toda su gloria, se vestía como uno de ellos. Pero si Dios viste la hierba del campo, que hoy está y mañana se echa al horno, ¿no los vestirá aún más a ustedes, que tienen poca fe? Así que no se preocupen. No pregunten: «¿Qué vamos a comer?» ni «¿Qué vamos a beber?» o '¿Qué nos vamos a poner?' Los gentiles buscan todas estas cosas, pero tu Padre sabe que las necesitas. En cambio, busca el reino de Dios, y todas estas cosas te serán añadidas. “Pero sabe esto: Si el dueño de la casa hubiera sabido a qué hora vendría el ladrón, no habría permitido que entraran a robar en su casa. Tú también debes estar preparado, porque el Hijo del Hombre vendrá cuando menos lo esperes. “Entonces, ¿quién es el siervo fiel y prudente a quien su amo le confió repartir las raciones a la casa a su debido tiempo? Bienaventurado aquel siervo a quien su amo, cuando venga, lo encuentre haciéndolo. Te digo la verdad: lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero si aquel siervo dice en su corazón: «Mi amo llega tarde», y comienza a golpear a los otros siervos y a comer y beber con los que son adictos al alcohol, el amo de aquel siervo vendrá cuando menos lo espere, a una hora que no sepa, y lo castigará severamente y lo echará fuera con los que no son de confianza. «He venido a traer fuego a la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera encendido! ¿Creen que he venido a traer paz a la tierra? No he venido a traer paz, ¡sino espada! Porque he venido: Para enfrentar al hijo contra el padre, a la hija contra la madre, a la nuera contra la suegra». Les dijo: «Al anochecer, dicen: “Hará buen tiempo, porque el cielo está rojo”. Por la mañana, “Hoy hará frío, porque el cielo está rojo y amenazador”». Ustedes saben interpretar la apariencia del cielo. ¿Por qué no saben interpretar el tiempo? “Cuando vayas con tu adversario, procura resolver el asunto en el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último centavo.  “¿Cómo es el reino de Dios, y con qué lo compararé? Se puede comparar con una semilla de mostaza que alguien sembró en su huerto. Creció y se convirtió en un árbol, y las aves del cielo anidaron en sus ramas.” “Y de nuevo:¿A qué se puede comparar el reinado de Dios? Se puede comparar con la levadura que una mujer escondió en cincuenta libras de harina hasta que fermentó por completo. Entren por la puerta estrecha, porque muchos intentarán entrar, pero pocos lo lograrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, ustedes estarán afuera, llamando y diciendo: «Señor, ábrenos». Pero él les responderá: «No los conozco». Entonces ustedes comenzarán a decir: «Comimos y bebimos contigo, y enseñaste en nuestras calles». Pero él les dirá: «No los conozco. ¡Apártense de mí, malhechores!». “Muchos vendrán del oriente y del occidente y cenarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de Dios, pero ustedes serán arrojados a las tinieblas de afuera, donde habrá llanto y crujir de dientes. Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos. “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos bajo sus alas, pero no me dejaste! Mira, tu casa está abandonada. Te digo que no me verás hasta que llegue el tiempo en que digas: ‘¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!’  “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. “Alguien que planeaba una gran cena invitó a muchos invitados. Cuando la cena estuvo lista, enviaron a su criado a decir a los invitados: «¡Vengan, porque ya está lista!». Uno se excusó por su trabajo en el campo. Otro se excusó por sus negocios. El criado regresó y le contó todo esto a su amo. Entonces el dueño de la casa se enojó y le dijo al criado: «Sal a los caminos y ruega a la gente que entre para que mi casa se llene». «Quien no aborrece a su padre y a su madre no puede ser mi discípulo, y quien no aborrece a su hijo y a su hija no puede ser mi discípulo. Quien no carga con su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo». «Quien intente hallar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mi causa, la hallará». «La sal es buena, pero si pierde su sabor, ¿con qué se la devolverás? No es bueno para la tierra ni para el estiércol. Se desecha. “Nadie puede seguir a dos amos, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas. “La Torá y los profetas fueron anunciados hasta Juan. Desde entonces, el reino de Dios ha sido violado, y los violentos lo saquean. Pero es más fácil que desaparezcan el cielo y la tierra que que se pierda una letra minúscula o un trazo de pluma de la Torá. “Todo el que se divorcia de su mujer y se vuelve a casar le es infiel, y el que se casa con una mujer divorciada también le es infiel. “Es imposible que la gente no tropiece, ¡pero ay de aquel que lo provoca! Mejor les sería que les colgaran una piedra de molino al cuello y los arrojaran al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeños. “¿Quién de ustedes, si tuviera cien ovejas y perdiera una de ellas, no dejaría las noventa y nueve en las colinas y iría tras la que se perdió? Cuando la encuentren, les digo que se alegrarán más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. “¿O qué mujer que tenga diez monedas de plata, si pierde una, no encendería una lámpara, barrería la casa y buscaría por todas partes hasta encontrarla?  Cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘¡Alégrense conmigo, porque he encontrado la moneda que había perdido!’ De la misma manera, les digo, los ángeles se alegran por un malhechor que cambia.  “Si tu hermano te ofende, corrígelo. Si cambia, perdónalo. Aunque te ofenda siete veces al día, perdónalo siete veces.  “Si tuvieras la fe de un grano de mostaza, podrías decirle a esta morera: ‘Desarráigate y plántate en el mar’, y te obedecería”. Cuando le preguntaron cuándo vendría el reino de Dios, les respondió: “La venida del reino de Dios no se puede observar. Ni dirán: ‘¡Miren aquí!’ o ‘¡Miren allá!’ Porque miren, el reino de Dios está entre ustedes. “Si les dicen: ‘¡Miren, está en el desierto!’ No salgas; o 'Mira, está adentro', no lo sigas, porque como el relámpago brilla en el oriente y se ve en el occidente, así será el Hijo del Hombre en su día. Donde hay un cadáver, allí se juntarán los buitres. “Como fue en los días de Noé, así será en el día del Hijo del Hombre. En aquellos días comían y bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y se los llevó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. “Les digo que habrá dos hombres en el campo; uno será llevado y el otro dejado. Habrá dos mujeres moliendo en el molino; una será llevada y la otra dejada.  “Cierta persona se fue de viaje. Llamó a diez de sus siervos, les dio diez minas y les dijo: «Operen con esto hasta que yo regrese». «Después de mucho tiempo, el amo de aquellos siervos regresó para ajustar cuentas con ellos. El primero se acercó y dijo: «Señor, tu mina ha producido diez minas más». «Él le dijo: «¡Bien hecho, buen siervo! Como has sido fiel con lo poco, te pondré a cargo de mucho». «El segundo se acercó y dijo: «Señor, tu mina ha producido cinco minas». «Él le dijo: «¡Bien hecho, buen siervo! Como has sido fiel con lo poco, te pondré a cargo de mucho». «El otro se acercó y dijo: «Señor, sé que eres un hombre estricto, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Salí y escondí tu mina en la tierra. ¡Mira, esto es lo que te pertenece! “Él le dijo: ‘¡Siervo malvado!¿Sabías que cosecho lo que no sembré y recojo donde no esparcí? Entonces, ¿por qué no invertiste mi dinero con los banqueros? Así, cuando regresara, lo habría recuperado con intereses. Así que quítale la mina y dásela al que tiene diez minas, porque a todo el que tiene se le dará más, pero el que no tiene perderá incluso lo poco que tiene. 

domingo, 1 de marzo de 2026

Sátira VI de Juvenal. Contra las mujeres licenciosas.

 Sexta sátira de Juvenal. Contra las mujeres. Varias traducciones


I

 

    No dudo que en los días

de Saturno el pudor moró en la Tierra,

y largos años más, mientras las frías

cuevas mísero albergue, hogar y lares

daban al hombre, y sombra el mismo techo

a ganados y dueños ofrecía;

la rústica mujer, silvestre lecho

con bálago y ramaje componía,

y su cuerpo cubría

con pieles de las fieras, en vecinos

bosques heridas. Cierto, 

no parecida a ti, Cintia, ni ¡oh Lesbia!

a ti, cuyos ojuelos cristalinos

cubrió de llanto pajarillo muerto. 

Robustos hijos, con raudal copioso

de sus nutricios pechos sustentaba,

y más salvaje y brava

era su faz, que la del mismo esposo,

que el hambre con bellotas aplacaba.


¡Cuán de otro modo entonces, cuando el mundo

en la infancia yacía y era reciente el cielo, se vivía! 

Nacido el hombre del abierto roble,

o formado de arcilla, progenitor no tuvo. Del anciano

pudor algún vestigio acaso brilla

en los tiempos de Jove soberano; 

mas del Jove aún imberbe e inexperto,

cuando los  griegos del perjurio huían,

cuando coles y pomas en abierto

jardín, seguras del ladrón, crecían.


Poco después Astrea huyose al cielo

y, en pos, la Honestidad, y así dejaron

ambas hermanas a la vez el suelo.


¡ Oh Póstumo! Antiquísimo pecado

es seducir a la mujer ajena, 

y despreciar el vínculo sagrado.

De todo crimen llena

ya fue la Edad de Hierro; la de Plata

vio nacer al adúltero primero.

Y, sin embargo, ¿en nuestra edad ingrata

pactados ya los esponsales tienes,

ofrecida tu mano? 

¿Ya tu cabeza peina el peluquero,

y el anillo tal vez ya diste en prenda?

Cierto, tú estabas sano.

¡Ahora te casas, Póstumo! ¿Qué horrenda 

furia o qué sierpe se anudó a tu pecho?

¡Siervo de una mujer, cuando, si quieres

ahorcarte, cuerdas hay; y si prefieres

tirarte, altas y lóbregas ventanas, 

y, vecino a tu casa, el puente Emilio!

Mas cumplir la Ley Julia quiere Ursilio

y un heredero ansía,

las tórtolas y barbos despreciando

que el codicioso adulador le envía.

¿Y qué imposible habrá si, al fin, un día

se casa Ursilio? ¿Si, el que ardiente culto

rindió al placer, en seducir maestro,

y tantas veces en la cesta oculto,

la muerte eludió diestro, 

como el bufón Latino entrega dócil

la necia boca al marital cabestro?

¿Y es esto todo? Hay más. ¡El inocente

busca mujer honesta, hecha a la antigua!

¡Oh médicos! ¡Sangradlo! Está demente.

     -Tú, Póstumo, al umbral del Capitolio

corre a inclinarte, y de Junón al ara

lleva ternera de dorados cuernos,

si honesta esposa a dicha te depara.

-¿Tan escasas hoy son ya las mujeres

 castas, las que merezcan

tocar las cintas de la madre Ceres

y al padre, si lo abrazan, no estremezcan?

-Cuelga guirnaldas en tu puerta, amigo;

tiende sobre el umbral hiedra copiosa.

-«Uno basta a Iberina.» -«¿Sí? Pues digo

que antes conseguirás que ella gustosa

con solo un ojo esté.» -«Fama de honrada

tiene cierta doncella

que, en el paterno campo, vive hoy.»

-«Viva en los Gabios o en Fidenas ella,

como en el campo, y su marido soy. 

Mas ¿quién de sus virtudes me asegura?

¿No habrá en cuevas y montes, por ventura,

también peligro? ¿Acaso envejecieron

Marte y Jove? ¿Mujer honesta y pura

a tus ojos los atrios ofrecieron? 

¿Habrá, del circo entre las gradas, una

a la que puedas entregar tranquilo

tu cariño, tu honor y tu fortuna?

    Cuando el muelle Batilo

baila la leda pantomima, enciende

a Tuccia fuego súbito, suspira

Apula, y aun Tymele inmóvil mira.

¡Tymele, la inocente, que allí aprende

la primera lección! Mas otras, cuando

cesa el teatro y solo el foro suena,

en el tiempo que media entre plebeyos

juegos y megalésicos, su pena

intentan aliviar, a Accio imitando,

ceñidor, tirso y máscara llevando.

De una atelana en el exordio, Urbico

con gestos de Antenoe, su risa mueve.

Ama a Urbico Elia pobre, pero es caro

el amar a un histrión; a otras conmueve

Crisógeno, e Hispula sin reparo

a un trágico se rinde; pues ¿tú esperas

que amen a un Quintiliano hembras ligeras?

Cásate, pues, y Equión el citarista,

Gláfiro, o el flautista

Ambrosio, te harán padre. Amplio teatro

alza, que a inmensa multitud divierta;

orne el laurel, ¡oh Léntulo! tu puerta,

orne tus postes, y en testácea cuna

muestre el nacido infante

de Eurialo, el gladiador, todo el semblante.»

    Hipia, mujer de un senador, con Ludo

Marchose al Faro, al Nilo, a los famosos

muros de Lago, y ni aun Canopo pudo

sufrir en calma la abyección romana, 

y de tanto impudor mostró vergüenza.

Hipia todo lo olvida: esposo, hermana,

hogar, patria; no hay fuerza que la venza,

ni el llanto de los hijos, ni sus ruegos,

y ¡pásmate! ni Paris, ni los juegos.

Mas aunque rica, y en mullida pluma,

niña durmió bajo el paterno techo;

desprecia el mar, cual despreció su honra.

II (82-132):

Casada con un senador, Epia acompañó un equipo de gladiadores a Faros, y al Nilo, y a las infames murallas de Lago, donde Canopo condena las monstruosidades y las costumbres de la Urbe. 

Olvidada ella de su casa, y de su esposo y su hermana, nada le importó la patria, y a sus hijos, que lloraban, la desvergonzada los abandonó, y, para que te sorprendas más, (también abandonó) los Juegos y a Paris, y aunque de pequeña había dormido en medio de grandes riquezas, en el lujo paterno, y en una cuna ornamentada de oro, despreció el mar; había despreciado ya antes una buena reputación, cuya pérdida es insignificante entre lujosos sillones.

Así pues, soportó con pecho firme el oleaje tirreno, y el mar Jonio, que resuena desde lejos, (y) aun tantas veces hubiese que cambiar de mar. Si la razón de un peligro es justa y honesta, tienen miedo y se quedan heladas en su pecho atemorizado, y no pueden ni sostenerse en sus plantas temblorosas: un ánimo fuerte (lo) muestran en asuntos que osan emprender sin pudor; si lo manda el esposo, es duro subir a una nave: entonces la sentina es insoportable, entonces el cielo a lo alto da vueltas. 

La que sigue a su amante adúltero es fuerte de estómago; aquella vomita sobre su marido; esta, entre los marineros, come y se pasea por la popa y disfruta de tensar el duro cordaje.

Y además, ¿por qué belleza ardió Epia?, ¿por qué juventud fue atrapada? ¿qué vio, por lo que soportó ser llamada mujer de gladiador? Pues su jovencito Sergio ya había empezado a rasurarse el cuello y a esperar, con un brazo mutilado, el retiro; y además, muchas deformidades en la cara, como un enorme bulto, machacado por el casco y justo en medio de la nariz, y una secreción irritante de su ojito que gotea siempre. Pero era gladiador; esto los hace Jacintos, esto (es lo que) antepuso ella a sus hijos y a su patria, esto a su hermana y a su marido. El hierro es lo que aman, (pero) este mismo Sergio, recibida la espada de madera, habría empezado a ser visto como Veyento.

¿Te preocupas por lo que hiciera una casa particular, lo que (hiciera) Epia? Mira a los que se igualan a los dioses, escucha qué soportó Claudio. Cuando había notado su esposa que su marido dormía, atreviéndose, meretriz Augusta, a coger capuchas nocturnas y a preferir una estera de junco a su lecho en el Palatino, se escabullía con no más de una sola esclava como compañía.

Ocultando su negra cabellera con una peluca rubia se metió en el lupanar, caluroso por una vieja cortina burda, y en un cuarto vacío y solo suyo; entonces desnuda, con pezones cubiertos de oro, se prostituyó tomando como apodo Licisca, y expuso abiertamente, noble Británico, el vientre que te engendró, acogió complaciente a los que entraban y pidió las monedas; tumbada sin pausa absorbió las descargas de todos.

Más tarde, al despedir ya el proxeneta a sus chicas, salió triste, y cerró -eso al menos pudo- la última su cuartucho, todavía ardiente por la excitación de su vulva infatigable, y cansada, pero no saciada de los hombres, regresó y, repulsiva por sus mejillas ennegrecidas y afeada por el humo de la lámpara, llevó al lecho divino el olor del lupanar.

domingo, 25 de enero de 2026

Rainer María Rilke

 Rainer María Rilke 

 Día de otoño

(Versión de Jaime Ferreiro)


Señor: es hora. Largo fue el verano.

Pon tu sombra en los relojes solares,

y suelta los vientos por las llanuras.


Haz que sazonen los últimos frutos;

concédeles dos días más del sur,

úrgeles a su madurez y mete

en el vino espeso el postrer dulzor.


No hará casa el que ahora no la tiene,

el que ahora está solo lo estará siempre,

velará, leerá, escribirá largas cartas,

y deambulará por las avenidas,

inquieto como el rodar de las hojas.


Carlos Marzal, Los anfibios

 Carlos Marzal 

Los anfibios


Los enfermos respiran

bajo las aguas, en su linfa propia,

y a la vez en el aire del mundo enrarecido.

No son enteramente de este reino.

Si se muestran tan frágiles a veces,

es porque participan de la inmortalidad

en el grado en que pueden hacerlo los mortales:

con el eco de un eco imperceptible.

Son sujetos anfibios. Se resignan

a su naturaleza paradójica,

que idolatra la carne que aborrece.

Como se han despojado de todo lo superfluo,

su tiempo se contagia de esencia intemporal.

Su catalepsia explica una virtud sonámbula

para ver el envés de cuanto nos ocurre.

No viven en la edad, son unos niños

partícipes de un viejo horror clarividente.

Pertenecen al orden del conocer andrógino,

que mezcla lo terreno y lo impalpable.

Vuelven de su inmersión, rumbo a la superficie,

colmados por el ansia feroz de estar con vida.

Por eso nadie quiere mirar a los enfermos.

Son pacíficos monstruos inocentes

que saben recordar el porvenir.´


En El entusiasmo de la decepción

Dos poemas de Leónidas Lamborghini

Leónidas Lamborghini 


Bíblica


Como el que vio una vez

al hombre

que vende la Biblia

y escuchó su palabra

en un café cualquiera

-En verdad, en verdad os digo


Como el que apoyado en su mesa

cuando está

mirando al vacío

es interrumpido

por la palabra de ese hombre

-En verdad, en verdad os digo


Como el que escucha

aturdido

hablar de revelación

entre ruido de pocillos

envuelto en humo

-En verdad, en verdad os digo


Como el que luego

aparta

su rostro de ese hombre

y vuelve a mirar

fijamente el vacío

-En verdad, en verdad os digo


Como el que queda así después

apoyado en su mesa

mientras su mente mezcla

la Palabra con el precio

y el Espíritu con la encuadernación

como ese

como ese

-En verdad, en verdad os digo.


En La canción de Buenos Aires


Poetario de la espera


Parterre 1


Poetas esperando la inspiración de su Musa.

Poetas esperando muy esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando no tan esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando insuficientemente esperanzados

la inspiración de su Musa.


Parterre 2


Poetas esperando algo esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas que lo esperan todo

de la inspiración de su Musa.

Poetas que lo esperan casi todo

de la inspiración de su Musa.


Parterre 3


Poetas que no esperan nada

de la inspiración de su Musa.

Poetas que no esperan casi nada

de la inspiración de su Musa

Poetas que esperan un tanto cuanto

de la inspiración de su Musa.


Parterre 4


Poetas esperando sin mayor esperanza

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando sin ninguna esperanza

la inspiración de su Musa.

Poetas poniendo todas las esperanzas en la espera

de la inspiración de su Musa.


Parterre 5


Poetas esperando muy pocos esperanzados

la inspiración de su Musa.

poetas esperando pacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas que esperan algo impacientes

la inspiración de su Musa.


Parterre 6


Poetas esperando un tanto cuanto impacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas que esperan muy impacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas angustiados en espera

de la inspiración de su Musa. 

H. D. Thoreau, Sílabas

 Henry David Thoreau - Sílabas

En la poesía la frase es como una palabra, cuyas sílabas son palabras, que no aportan pensamientos, sino algo de la salud que las ha inspirado. No tratan con pensamientos; son indiferentes a ellos.

Un poema es una expresión sin división ni obstáculos, que ha caído ya madura en la literatura. El poeta ha abierto su corazón y sigue vivo. Aquellos para quienes ha madurado reviven el poema sin división ni obstáculos. Ningún ojo mortal podrá diseccionarlo: aunque vea, estará cegado.

Ni siquiera con la ayuda de todas las academias del mundo podría el más sabio de los hombres añadir o quitar una sílaba a una línea de poesía.

Paul Celan, Habla tú también

 Paul Celan - Habla tú también

10:05 a.m.

Paul Celan - Habla tú también


Habla tú también,

Sé el último en hablar,

pronuncia tu proverbio.

Habla —

pero no separes el no del sí.

Dale además sentido a tu proverbio:

dale sombra.

Dale sombra bastante,

dale toda la que

sabes que hay repartida alrededor de ti entre

la medianoche, el mediodía y la medianoche.

Mira a tu alrededor:

mira cómo todo deviene vivo —

¡En la muerte! ¡Vivo!

El que habla sombra dice la verdad.

Pero ahora se estrecha el lugar en que estás:

¿adónde irás ahora, expoliado de sombra, adónde?

Sube. Tantea hacia arriba.

¡Más escaso devienes, más irreconocible, más fino!

más fino: un filamento,

por el que quiere bajar la estrella:

para nadar abajo, en el fondo,

donde se ve brillar: en el oleaje

de palabras errantes

Jorge Luis Borges, Todos los ayeres, un sueño

  Jorge Luis Borges - Todos los ayeres, un sueño. De Los conjurados.


    Naderías. El nombre de Muraña,

una mano templando una guitarra,

una voz, hoy pretérita, que narra

para la tarde una perdida hazaña

    de burdel o de atrio, una porfía,

dos hierros, hoy herrumbre, que chocaron

y alguien quedó tendido, me bastaron

para erigir una mitología.

    Una mitología ensangrentada

que ahora es el ayer. La sabia historia

de las aulas no es menos ilusoria

que esa mitología de la nada.

    El pasado es arcilla que el presente

labra a su antojo. Interminablemente.

Jorge Luis Borges, Los enigmas

Jorge Luis Borges - Los enigmas


     Yo que soy el que ahora está cantando

seré mañana el misterioso, el muerto,

el morador de un mágico y desierto

orbe sin antes, ni después, ni cuándo.

     Así afirma la mística. Me creo

indigno del Infierno o de la Gloria,

pero nada predigo. Nuestra historia

cambia como las formas de Proteo.

    ¿Qué errante laberinto, qué blancura

ciega de resplandor será mi suerte,

cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?

    Quiero beber su cristalino Olvido,

ser para siempre; pero no haber sido.

Jorge Luis Borges, De alguien a nadie.

 Jorge Luis Borges - De alguien a nadie

En el principio, Dios es los Dioses (Elohim), plural que algunos llaman de majestad y otros de plenitud y en el que se ha creído notar un eco de anteriores politeísmos o una premonición de la doctrina, declarada en Nicea, de que Dios es Uno y es Tres. Elohim rige verbos en singular; el primer versículo de la Ley dice literalmente: En el principio hizo los Dioses el cielo y la tierra. Pese a la vaguedad que el plural sugiere: Elohim es concreto; se llama Jehová Dios y leemos que se paseaba en el huerto al aire del día o, como dicen las versiones inglesas, in the cool of the day. Lo definen rasgos humanos; en un lugar de la Escritura se lee: Arrepintiose Jehová de haber hecho hombre en la tierra y pesole en su corazón y en otro, Porque yo Jehová tu Dios soy un Dios celoso y en otro, He hablado en el fuego de mi ira. El sujeto de tales locuciones es indiscutiblemente Alguien, un Alguien corporal que los siglos irán agigantando y desdibujando. Sus títulos varían: Fuerte de Jacob, Piedra de Israel, Soy El Que Soy, Dios de los Ejércitos, Rey de Reyes. El último, que sin duda inspiró por oposición el Siervo de los Siervos de Dios, de Gregorio Magno, es en el texto original un superlativo de rey: «propiedad es de la lengua hebrea —dice fray Luis de León— doblar así unas mismas palabras, cuando quiere encarecer alguna cosa, o en bien o en mal. Ansí que decir Cantar de cantares es lo mismo que solemos decir en castellano Cantar entre cantares, hombre entre hombres, esto es, señalado y eminente entre todos y más excelente que otros muchos». En los primeros siglos de nuestra era, los teólogos habilitan el prefijo omni, antes reservado a los adjetivos de la naturaleza o de Júpiter; cunden las palabras omnipotente, omnipresente, omniscio, que hacen de Dios un respetuoso caos de superlativos no imaginables. Esa nomenclatura, como las otras, parece limitar la divinidad: a fines del siglo V, el escondido autor del Corpus Dionysiacum declara que ningún predicado afirmativo conviene a Dios. Nada se debe afirmar de Él, todo puede negarse. Schopenhauer anota secamente: «Esa teología es la única verdadera, pero no tiene contenido». Redactados en griego, los tratados y las cartas que forman el Corpus Dionysiacum dan en el siglo IX con un lector que los vierte al latín: Johannes Eríugena o Scotus, es decir Juan el Irlandés, cuyo nombre en la historia es Escoto Erígena, o sea Irlandés Irlandés. Éste formula una doctrina de índole panteísta: las cosas particulares son teofanías (revelaciones o apariciones de lo divino) y detrás está Dios, que es lo único real, «pero que no sabe qué es, porque no es un qué, y es incomprensible a sí mismo y a toda inteligencia». No es sapiente, es más que sapiente; no es bueno, es más que bueno; inescrutablemente excede y rechaza todos los atributos. Juan el Irlandés, para definirlo, acude a la palabra nihilum, que es la nada; Dios es la nada primordial de la creatio ex nihilo, el abismo en que se engendraron los arquetipos y luego los seres concretos. Es Nada y Nadie; quienes lo concibieron así obraron con el sentimiento de que ello es más que ser un Quién o un Qué. Análogamente, Samkara enseña que los hombres, en el sueño profundo, son el universo, son Dios.

  El proceso que acabo de ilustrar no es, por cierto, aleatorio. La magnificación hasta la nada sucede o tiende a suceder en todos los cultos; inequívocamente la observamos en el caso de Shakespeare. Su contemporáneo Ben Jonson lo quiere sin llegar a la idolatría, on this side Idolatry; Dryden lo declara el Homero de los poetas dramáticos de Inglaterra, pero admite que suele ser insípido y ampuloso; el discursivo siglo XVIII procura aquilatar sus virtudes y reprender sus faltas: Maurice Morgan, en 1774, afirma que el rey Lear y Falstaff no son otra cosa que modificaciones de la mente de su inventor; a principios del siglo XIX, ese dictamen es recreado por Coleridge, para quien Shakespeare ya no es un hombre, sino una variación literaria del infinito Dios de Spinoza. «La persona Shakespeare —escribe— fue una natura naturata, un efecto, pero lo universal, que está potencialmente en lo particular, le fue revelado, no como abstraído de la observación de una pluralidad de casos sino como la sustancia capaz de infinitas modificaciones, de las que su existencia personal era sólo una.» Hazlitt corrobora o confirma: «Shakespeare se parecía a todos los hombres, salvo en lo de parecerse a todos los hombres. íntimamente no era nada, pero era todo lo que son los demás, o lo que pueden ser». Hugo, después, lo equipara con el océano, que es un almácigo de formas posibles.

  Ser una cosa es inexorablemente no ser todas las otras cosas; la intuición confusa de esa verdad ha inducido a los hombres a imaginar que no ser es más que ser algo y que, de alguna manera, es ser todo. Esta falacia está en las palabras de aquel rey legendario del Indostán, que renuncia al poder y sale a pedir limosna en las calles: «Desde ahora no tengo reino o mi reino es ilimitado, desde ahora no me pertenece mi cuerpo o me pertenece toda la tierra». Schopenhauer ha escrito que la historia es un interminable y perplejo sueño de las generaciones humanas; en el sueño hay formas que se repiten, quizá no hay otra cosa que formas; una de ellas es el proceso que denuncia esta página.

  Buenos Aires, 1950. En Otras inquisiciones

Christina Rossetti, En pleno sombrío invierno

    [En una encuesta de hace unos veinte años, este poema, musicado muchas veces, se consideró el mejor villancico de la historia]

    En pleno sombrío invierno, el gélido viento parecía gemir,

la tierra estaba dura como el hierro, el agua como una piedra;

había nevado, nieve sobre nieve, nieve sobre nieve,

en pleno sombrío invierno, hace mucho tiempo.

    A nuestro Dios, el cielo no pudo retenerlo, ni la tierra sostener;

el cielo y la tierra huirán lejos cuando venga su Reino.

En pleno sombrío invierno, un establo bastó

para el Señor Dios Todopoderoso, Jesucristo.

   Ángeles y arcángeles pudieron reunirse allí,

querubines y serafines abarrotaron el aire;

mientras solo su madre, en su felicidad de doncella,

adoraba a su amado hijo con un beso.

    ¿Qué puedo yo darle, pobre como soy?

Si yo fuera un pastor, le llevaría un cordero;

si yo fuera un Rey Mago, aportaría mi regalo;

pero lo que puedo dar se lo doy: le doy mi corazón.

                Versión original en inglés

In the bleak midwinter, frost wind made moan,

Earth stood hard as iron, water like a stone;

Snow had fallen, snow on snow, snow on snow,

In the bleak midwinter, long ago.

Our god, heaven cannot hold him, nor earth sustain;

Heaven and earth shall flee away when he comes to reign.

In the bleak midwinter a stable place sufficed

The lord God almighty, Jesuschrist.

Angels and archangels may have gathered there,

Cherubim and seraphim thronged the air;

But his mother only, in her maiden bliss,

Worshiped the beloved with a kiss.

What can I give him, poor as I am?

If I were a shepherd, I would bring a lamb;

If I were a wise man, I would do my part;

Yet what I can I give him: give my heart.

sábado, 17 de enero de 2026

¡Ay triste España de Caín!, por Miguel de Unamuno

 «¡Ay triste España de Caín!»

Un trozo de planeta por el que cruza

errante la sombra de Caín.

Antonio Machado


    ¡Ay, triste España de Caín, la roja

de sangre hermana y por la bilis gualda,

muerdes porque no comes, y en la espalda

llevas carga de siglos de congoja!

    Medra machorra envidia en mente floja

—te enseñó a no pensar Padre Ripalda—

rezagada y vacía está tu falda

e insulto el bien ajeno se te antoja

    Democracia frailuna con regüeldo

de refectorio y ojo al chafarote,

¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.

    Gobierno de alpargata y de capote,

timba, charada, a fin de mes el sueldo,

y apedrear al loco Don Quijote.

Javier Egea, poeta granadino desaparecido, Soneto "Si supieras" y otros poemas

 Soneto


Si supieras la noche que me llena,

cómo cultivo sombras en mi huerto,

como nado del mar al negro puerto

del océano triste de la pena.


Si supieras, amor, como resuena

-roto de soledad, pobre y desierto-

el acorde cansado, casi muerto

de un recuerdo de amor sobre la arena.


Si supieras, amor, como labora

el labrador de penas que me ocupa

de sol a sol, con el antiguo arado.


Si supieras, amor, que soy ahora

el jinete más gris sobre la grupa

del más triste corcel acobardado.


«Poética»

A Aurora de Albornoz


Mas se fue desnudando. Y yo le sonreía

Juan Ramón Jiménez


Vino primero frívola ─yo niño con ojeras─

y nos puso en los dedos un sueño de esperanza

o alguna perversión: sus velos y su danza

le ceñían las sílabas, los ritmos, las caderas.


Mas quisimos su cuerpo sobre las escombreras

porque también manchase su ropa en la tardanza

de luz y libertad: esa tierna venganza

de llevarla por calles y lunas prisioneras.


Luego nos visitaba con extraños abrigos,

mas se fue desnudando, y yo le sonreía

con la sonrisa nueva de la complicidad.


Porque a pesar de todo nos hicimos amigos

y me mantengo firme gracias a ti, poesía,

pequeño pueblo en armas contra la soledad.


—ese pingajo de la soledad—

te derriba, te ocupa, sienta plaza en tu cuerpo

y, lo más peligroso, te alumbra, te interroga…

JE


«Itinerario»

Camina en paz, refiérelo a tu gente.

Luis de Góngora


Como quien madrugó por tantos patios

de los que muestran su belleza inhóspita,

quien tantas veces hubo de vendar

los brazos sin descanso de la esperanza

rota de tanto afán,

quien habitó sus calles,

el asombro violeta de la ciudad

cerrada ya con las primeras luces,

>como quien ha llamado a tantas puertas,

como quien sufre más de lo que puede.


Pero salgo mañana tras mañana

fingiendo saludar a las palomas en tropel,

casi sonámbulo,

viendo la muerte escrita

sobre los paredones

y los emblemas de sus dueños:

Ellos, los asesinos,

nos fueron invadiendo con lluvias y con sapos,

anegando las últimas rendijas del corazón,

marcándonos el aire, tempestuosamente,

arrancando los hilos que llevaban

la voz, la dicha, las pequeñas cosas.

Porque la muerte nuestra tiene dueño:

ese desmesurado comprador

de la memoria y el deseo,

ese gran vendedor de la tristeza.


¡Ellos, los asesinos,

se llevaron tan lejos la alegría!


Para entonces ya sabes

que la vida también les pertenece.

Y te miras los brazos acaso con temor

– esa fuerza tronchada –

por si los reconoces después de tantos siglos

tendidos sobre un fondo de oficinas,

de fábricas,

abiertos entre gentes que como tú se agotan,

entre rostros que llevan

un secreto brutal de forzada miseria,

un obligado guiño de silencio.


Se diría que todo se desploma

aunque cruzas la calle y piensas en su cuerpo

y sigues adelante.


Todo parece demasiado lejos

bajo esta luz obrera de diciembre.


Y algo te adentra en la ciudad de nuevo,

algo que ni siquiera es el amor

pero que empuja poderosamente

hacia una voz,

un resto de firmeza, una piel que se ofrece,

sabiendo en cada paso con más fuerza

que no fueron los signos o el azar,

que hay demasiada sangre detrás de una caricia.


Así salgo con norte, más cansado,

a este paisaje despoblado, sin barcos,

y en qué puedo pensar

si no es en la curva brillante

de tu cintura con estrellas,

en tu espalda con mapas ignorados y abiertos,

en los caminos sin alba de la libertad.


Y te llevo conmigo,

compañero de esquinas de diciembre,

pequeña tempestad que zarandeas,

atónito viajero,

engranaje de sueños y verdín,

naúfrago dulce,

amarrado a la tabla de mi cuerpo

por este mar oscuro, despiadado,

de esa forma salvaje y tan extraña

que vive el corazón.


Hoy te lo llevo a ti porque lo veas

como él siempre ha sido,

con sus bolsillos rotos,

su vieja colección de cicatrices,

sus años, si de nieves, no de bienes,

su habitación con fotos y ceniza

y este badil en el rincón, cesante,

como si alguna lumbre antigua.


Una extraña madeja de tumbos y deseo

te va poniendo en pie cada mañana,

te dice que hay camino, que no regreses nunca.

martes, 13 de enero de 2026

Residente, This is Not America

 This is Not America

Residente


Estamo' aquí,

oye, que estamo' aquí:

mérame, estamo' aquí.


Desde hace rato, cuando ustedes llegaron

ya estaban las huellas de nuestros zapatos.

Se robaron hasta la comida'e gato

¡y todavía se están lamiendo el plato!


Bien encabrona'o con estos ingratos

hoy le doy duro a los tambores,

hasta que me acusen de maltrato.

Si no entiendes el dato,

pues te lo tiro en cumbia,

bossanova, tango o ballenato.


A lo calabó y bambú, bien frontú,

con sangre caliente como Tombuctú.

Estamos dentro del menú,

Twopac se llama Twopac por Túpac Amaru, del Perú.


América no es solo USA, papá,

esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá.

¡Hay que ser bien bruto, bien hueco!

Es como decir que África es solo Marruecos.


A estos canallas

se les olvidó que el calendario que usan

se lo inventaron los mayas.

Con la Valdivia precolombina

desde hace tiempo, ah,

este continente camina.


Pero, ni con toda la marina,

pueden sacar de la vitrina

la peste campesina.

Esto va pa'l capataz de la empresa:

el machete no solo es pa' cortar caña,

también es pa’ cortar cabezas.


Aquí estamos, siempre estamos,

no nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes:

si quieres, mi machete te muerde


Aquí estamos, siempre estamos,

no nos fuimos, no nos vamos,

aquí estamos pa' que te recuerdes:

si quieres, mi machete te muerde, ah.


Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Te muerde, ah

Te muerde, ah


Los paramilitares, la guerrilla,

los hijos del conflicto, las pandillas,

las listas negras, los falsos positivos,

los periodistas asesinados, los desaparecidos,

los narcogobiernos, todo lo que robaron,

los que se manifiestan y los que se olvidaron,

las persecuciones, los golpes de estado,

el país en quiebra, los exiliados,

el peso devaluado,

el tráfico de droga, los carteles,

las invasiones, los emigrantes sin papeles,

cinco presidentes en once días,

disparo a quema ropa por parte de la policía,

más de cien años de tortura,

la Nova trova cantando en plena dictadura,

somos la sangre que sopla la presión atmosférica:

Gambino, mi hermano,

esto sí es América.


Aquí estamos, siempre estamos

no nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes.

Si quieres, mi machete te muerde.


Aquí estamos, siempre estamos.

No nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes.

Si quieres, mi machete te muerde, ah.


Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah


Te muerde, ah

Te muerde, ah

lunes, 12 de enero de 2026

Moaxaja con jarcha

 Moaxaja de Ibn Bāqī de Córdoba (m. 1145), intentando reproducir el juego de rimas en castellano para hacer comprensible el sistema:

Qufl


El amor juguetea con mi corazón

que se queja y llora por la pasión.


Gusn


¡Oh gentes! Mi corazón está prendado,

y es quien ansía amar, desconcertado;

le engaño y es mi llanto, el derramado.


Qufl


¿Quién te ha enseñado, ¡oh garzón!,

a lanzar miradas que matan a un león?


Gusn


En noche oscura, luna llena,

en rama granada, fruta plena,

esbelta cintura y mejilla morena.


Qufl


Ven, amado mío, a la unión,

para la huida de mí, no hay razón.


Gusn


Me contestó: mi mejilla es flor venenosa,

mis ojos desenvainan espada filosa.

¡Cuidado, mi unión es peligrosa!


Qufl


Quien desee atraparle, va a la perdición,

pero yo continúo detrás, con tesón.


Gusn


Mi corazón engañado se derrite de amor;

su amor entre tinieblas es puro resplandor;

prisionero entre sus manos está todo mi ardor;


Markaz o Jarŷa


No encuentro para la calma

ninguna razón,

derramar lágrimas

 es mi solo blasón.

martes, 2 de diciembre de 2025

Canción protesta de Buffalo Springfield. "Hay algo que ocurre aquí", 1966.

 Letra de Buffalo Springfield, canción de Stephen Stills

For What It's Worth

 Hay algo que ocurre aquí;

y qué es no está lo que se dice claro.

Hay un hombre con un arma por ahí

diciéndome que tengo que tener cuidado.

Creo que es hora de que paremos.

Niños, ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando:

se están trazando líneas de batalla.

Nadie tiene razón si todos están equivocados.

¡Jóvenes que dicen lo que piensan

están recibiendo tanta oposición atrasada!

Es hora de que nos detengamos.

Oye: ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando

¡Qué día de campo para el calor!

Mil personas en la calle,

cantando canciones y llevando carteles.

La mayoría dice ¡hurra! por nuestro lado.

Es hora de que paremos.

Oye: ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando

La paranoia llega profundo

adentro de tu vida se arrastrará:

comienza cuando siempre tienes miedo.

¡Sal de la fila, que el hombre llega y te lleva!

Será mejor que paremos.

Oye, ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando.

Será mejor que paremos.

Oye, ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando.

Será mejor que ahora paremos.

¿Qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando

Será mejor que paremos

Niños, ¿qué es ese sonido?

Miren todos lo que está pasando.

Canción protesta prohibida de Barry McGuire, 1965

 Víspera de destrucción (Eve of Destruction)

Canción de Barry McGuire ‧ 1965


El mundo oriental está explotando.

Hay violencia estallando, balas cargándose

Tienes edad suficiente para matar pero no para votar;

no crees en la guerra, pero ¿qué es esa arma que llevas?

e incluso el río Jordán lleva cuerpos flotando

Pero, dime

una y otra vez, amigo mío,

¿cómo es que no crees

que estamos en vísperas de la destrucción?

¿No entiendes lo que estoy tratando de decir?

¿No puedes sentir los miedos que hoy siento?

Si se presiona el botón, no hay forma de huir;

no habrá nadie a quien salvar con el mundo en una tumba.

Muchacho, echa un vistazo a tu alrededor, seguramente te asustará, muchacho.

Pero tú me lo dices

una vez y otra, amigo mío.

¿Cómo es que no crees

que estamos en vísperas de la destrucción?

Sí ¡mi sangre está tan loca! Siente cómo coagula.

Y aquí estoy sentado simplemente mirando.

No puedo torcer la verdad: no sabe de regulaciones.

Un puñado de senadores no aprueba las leyes

y las marchas, por sí solas, no llegan a traer la integración

cuando el respeto humano se está desintegrando.

Todo este loco mundo frustra demasiado.

Pero tú me lo dices

una y otra vez, amigo mío.

¿Cómo es que no crees

que nos hallamos en vísperas de la destrucción?

Piensa en todo el odio que hay en la China roja

y entonces echa un vistazo por Selma, Alabama.

Ah, puedes irte de aquí cuatro días al espacio,

pero, cuando regresas, es el mismo lugar.

Golpean los tambores el orgullo y la desgracia;

puedes enterrar a tus muertos, pero sin dejar rastro.

Odia a tu vecino de al lado, pero no olvides darle las gracias.

Pero tú me lo dices

una y otra vez, una y otra vez, amigo mío,

que no crees que estamos en vísperas de la destrucción,

no, no, no crees que estamos en vísperas de la destrucción.