Mostrando entradas con la etiqueta Lírica griega antigua. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lírica griega antigua. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de enero de 2021

Parménides. De la naturaleza

 Las yeguas que me llevan tan lejos cuanto mi ánimo desearía,

me escoltaban, una vez que al camino descendieron, rico en voces, conduciéndome,

de una deidad, que por todo su trayecto derechamente lleva al hombre que sabe;

por él era llevado, pues por él las yeguas muy atentas me llevaban,

arrastrando el carro, y unas doncellas el camino señalaban.

Y el eje en los bujes emitía un silbido como de flauta,

ardiendo, pues por dos ruedas era impulsado, recubiertas de metal,

desde ambos lados, cuando se apresuraban para escoltar<me>

las hijas del sol abandonando la casa de la noche,

hacia la luz, quitándose de la cabeza con las manos los velos.

Allí está el portal de las rutas de la noche y también del día

y un dintel lo ciñe y un pétreo umbral.

Y el portal mismo, etéreo, está ocupado por <dos> grandes hojas;

de ellas la Indicadora, rica en castigos, tiene las llaves sucesivas.

A ella precisamente, hablando las doncellas con blandas palabras

persuaden hábilmente, que el cerrojo, asegurado con un perno,

sin demora quisiese retirarles del portal; y éste, del vano

una abertura inmensa hizo al abrirse, de puro bronce

los ejes en los casquillos alternadamente haciendo girar,

con espigas y remaches, ajustados. Así pues, a través del mismo

derechamente guiaban las doncellas por la carretera el carro y las yeguas.

Y una diosa benévola me recibió y con su mano <diestra>

mi diestra tomó, y en estos términos habló y me dijo:

Oh joven, que como compañero de cocheros inmortales

y de las yeguas que te llevan, llegas a nuestra morada,

alégrate, porque de ningún modo una parca funesta te envió a recorrer

este camino, que por cierto alejado de la huella de los hombres está,

sino el derecho y la justicia; es necesario empero que todo lo sepas;

por un lado, de la verdad persuasiva el corazón inconmovible,

por otro, las opiniones de los mortales, que no abrigan convicción verdadera;

ello no obstante, también esto aprenderás: cómo lo opinable

hubo de ser reconocido enteramente. Indistinto me es

desde dónde comenzare; allí por cierto de vuelta llegaré otra vez.

Ea pues, de ellas te hablaré – cuídate tú, en tanto, del relato al escuchar<lo> –,
<de> cuáles vías únicas de la indagación hay para inteligir:
por un lado, cómo es, y también, cómo no es, no debe ser;
de la persuasión es el camino, pues <ella> acompaña a la verdad.
Por otro, cómo no es, y también, cómo es necesario, no debe ser;
esta vía, en efecto, te prevengo que es un sendero enteramente privado de persuasión,
porque ni conocerías lo que no es, pues ni <esto> es factible,
ni podrías mostrarlo. Ello mismo, pues, ha de inteligir<se>y ha de ser.
Necesario <es> esto: declarar e inteligir que “lo que es” es, pues tiene que ser.
Y lo que no es, no es; tales cosas considerar te ordeno;
pues de este primer camino de la indagación te <aparto>,
pero también de este otro, por el que los mortales que nada saben
yerran bicéfalos, pues la perplejidad en sus
pechos conduce una inteligencia errante, y ellos son arrastrados
aturdidos y cegatos a la vez, atolondrados, muchedumbre sin decisión,
para quienes esto: ser y no, es reputado ser lo mismo
y no lo mismo; y para todas las cosas una vía hay de sentido contrario.

Contempla cómo estando ausentes, para el intelecto están presentes con firmeza,
pues <éste> no dividirá “lo que es” para apartarlo de “lo que es”,
ni hallándose disperso por doquier, completamente, según un orden,
ni hallándose reunido

Pues jamás esto se impondrá: que es, “lo que no tiene que ser”,
pero tú de este camino de la indagación aparta la intelección;
y que la costumbre por camino tan trillado como éste no te arrastre,
para apacentar ciegos ojos y retumbantes oídos
y lengua, juzga empero con el raciocinio la muy polémica invectiva
dicha por mí; pero ya tan sólo un relato acerca del camino
queda.

Un solo relato ya, por tanto, acerca del camino
queda, <el que dice> “cómo es”; a lo largo del cual signos hay,
muy numerosos, conviene a saber, que siendo inengendrado es también indestructible,
íntegro, único y también inmóvil y además perfecto.
Ni fue alguna vez ni será, puesto que ahora es a la vez todo,
uno, continuo; pues, ¿cuál nacimiento buscaríasle?
¿cómo, desde dónde habría crecido? Y no permito que digas ni pienses
que de “lo que no debe ser”, pues ni decible ni inteligible
es cómo no es. ¿Y qué necesidad lo haría surgir
más tarde o más temprano, desde la nada naciendo, para ser?

Así pues, o que completamente sea necesario es, o que no sea en absoluto.
Ni de “lo que no debe ser” jamás admitirá la fuerza de la convicción
que se genere algo junto a ello, por lo cual ni generarse
ni corromperse permite la Indicadora aflojando los grillos,
sino que los mantiene <con firmeza>, y la decisión acerca de esto descansa en lo siguiente:
es o no es. Y ha sido decidido, en efecto, como era necesario,
abandonar al uno por ininteligible, por oscuro, pues un camino
verdadero no es, de suerte que el otro es, y es auténtico.
¿Cómo entonces podría llegar a ser, siendo? ¿Cómo podría nacer?,
pues si nació no es, ni tampoco <es> si alguna vez hubiese de ser.
Así pues, la generación está extinguida e incognoscible es la destrucción.
Ni es diferenciable <“lo que es”, en partes constitutivas>, pues es enteramente uniforme
ni en algo <es>, por un lado, más – esto le impediría mantener su continuidad <consigo mismo>
ni en algo menos. Todo lleno está de “lo que es”;
por esto es completamente continuo, pues “lo que es” se encuentra con “lo que es”.
Por otra parte, inmóvil en las ataduras de fuertes lazos,
es carente de principio, carente de fin <en el tiempo>, pues la generación y la destrucción
muy lejos fueron rechazadas; las repelió, en efecto, la convicción verdadera.
Lo mismo y permaneciendo en lo mismo, por sí mismo también reposa
y así firmemente en su lugar permanece; pues la poderosa necesidad
del borde con los lazos lo sujeta, que en derredor lo ciñe,
porque no es lícito que “lo que es” imperfecto sea,
pues de nada carece, de lo contrario de todo carecería.
Y esto mismo <“lo que es”> ha de ser inteligido y también por ello hay intelección,
pues fuera de “lo que es”, en donde revelado está,
no encontrarás el inteligir; pues nada hay o habrá
además de “lo que es”, porque la parca lo ató
para que íntegro e inmóvil fuese; de modo que nombres todos serán,
cuantos los mortales aprestaron para sí, persuadidos de que son verdaderos,
<conviene a saber>: nacer y perecer, ser y no <ser>,
y cambiar de lugar y el brillante color variar.
Además, puesto que tiene un límite último, perfecto es
por doquier, a la masa semejante de una esfera bien redonda,
desde el centro igual en fuerza en toda dirección. Pues ello ni mayor
ni menor es necesario que sea, acá o allá.
Pues nada hay en absoluto que le impidiese haber alcanzado
la uniformidad <consigo>, ni es tampoco de modo que, de lo que es, hubiera
por acá más, por allá menos, puesto que es enteramente inviolable.
Pues <siendo> consigo por doquier igual, igualmente con sus límites toca.
Con esto concluyo para ti el discurso cierto y la intelección
acerca de la verdad; las opiniones mortales, tras esto,
aprende, el orden engañoso de mis palabras escuchando.
Pues <los mortales> dos formas establecieron para nombrar (dos) conocimientos
– de las cuales una sola no es válida –, en lo que están errados,
y como opuestos escogieron en cuanto al cuerpo y signos pusieron
separados unos de otros: por un lado, el fuego etéreo de la llama,
que es suave, muy ligero, para sí mismo en toda dirección lo mismo,
pero para con lo otro, no lo mismo; por otra parte, también aquello <que> por sí mismo
los <caracteres> opuestos <tiene>: noche ignara, cuerpo compacto y pesado.
Yo esta disposición [del cosmos] por enteramente adecuada te declaro,
de tal suerte que jamás ninguno de los mortales en conocimiento te sobrepuje.

Y conocerás también tanto la naturaleza etérea como en el éter todas
las señales, esto es, de la pura, de la del radiante sol
antorcha las obras cegadoras, y desde dónde surgieron,
y las obras migratorias entenderás de la luna redonda como un ojo
y su naturaleza, y conocerás también del cielo que todo lo ciñe,
de dónde surgió y también cómo, guiándolo, lo ató la necesidad
para que gobernase las estrellas.

...cómo la tierra y el sol y también la luna
y el éter común y la vía láctea y el olimpo
extremo y también de los astros el ardiente vigor comenzaron
a nacer...

Sin embargo, una vez que todo luz y noche fue llamado,
y estas <cosas> según sus virtudes propias a éstos y a estos otros <fueron atribuidas>,
todo lleno está a la vez de luz y de noche invisible;
de ambas por igual, puesto que a ninguna de ambas nada pertenece

Pues las más estrechas se llenaron de fuego sin mezcla,
y las de más allá de éstas, de noche, y entre medio de fuego se lanza una parte;
y en medio de todo esto la demonio, que todo lo gobierna,
pues por doquier el aborrecible nacimiento y la mezcla inicia
enviando hacia el macho la hembra para aparearse y, por otra parte, lo contrario,
el macho hacia la hembra


Antes a Eros concibió que a ninguno de los dioses todos.

...brillando nocturna, en torno a la Tierra deambulando, una luz extranjera

... sin cesar mirando hacia los rayos del sol

...enraizada en el agua (sc. la tierra)

Pues así como en cada ocasión se comporta la mezcla de los miembros errantes,
así el pensamiento a los hombres se les presenta; pues lo mismo
es lo que piensa, la naturaleza del cuerpo para los hombres,
para todos y para cada cual; pues lo preponderante es el pensamiento.

...en el lado derecho muchachos, en el izquierdo muchachas.


Cuando la hembra y el varón de Venus a un tiempo las simientes mezclan,
conformando en las venas una fuerza de sangres diversas <nacida>,
<y> preservando la armonía, cuerpos bien constituidos modela.
Pues si las fuerzas, habiéndose mezclado la simiente, luchan
y no se vuelven una en el cuerpo mezclado, terribles
al sexo naciente atormentarán con doble simiente.

Así ciertamente, según la opinión, surgieron estas cosas y ahora son,
y luego, tras eso, acabarán, habiendo sido;
y a estas cosas un nombre los hombres pusieron, signo distintivo a cada cual.

sábado, 22 de agosto de 2015

Píndaro, Antología


Píndaro de Tebas

 La gloria de Olimpia y el fulgor de la victoria

 Excelsa es el agua; pero el oro, cual fuego ardiente,
 se destaca en la noche por encima de la riqueza que al hombre enorgullece.
 Si los juegos deportivos proclamar deseas, corazón mío,
 ni trates tú ya de contemplar
 en pleno día astro luminoso, a través del éter yermo, más cálido que el sol,
 ni nosotros un certamen superior al de Olimpia cantaremos,
 lugar de donde procede el himno, por muchos entonado,
 que envuelve el ingenio de los poetas, para que canten
 al hijo de Crono cuando lleguen al próspero
 hogar bienaventurado de Hierón,
 quien ostenta el cetro dictaminador en la fructífera
 Sicilia, recolectando los capullos de todas las virtudes,
 mientras resplandece a la vez
 en lo más exquisito del arte musical
 con diversiones como las que nos reúnen
a los hombres con frecuencia alrededor de su mesa hospitalaria.
 ¡Vamos! Descuelga del clavo la forminge doria,
 si es verdad que la gloria de Pisa y de Ferenico
 sometió tu espíritu a dulcísimas inquietudes
 cuando junto al Alfeo se lanzó a la carrera
 sin que su cuerpo en su transcurso fustigado fuera
 y fundió a su amo con su victoria,
al rey siracusano de ecuestres aficiones!

El poder de la música y la grandeza de Hierón

Estrofa I

¡Aurea lira, de Apolo y de las Musas de trenzas violáceas
tesoro justamente compartido! A ti te escucha
 el paso de danza, comienzo de la fiesta.
y obedecen los cantores tus señales
cuando de los preludios que guían los coros
 los primeros acordes preparas vibrante.
¡Hasta el rayo apagas, lancero
 de inextinguible fuego! Y duerme sobre el cetro
 de Zeus el águila, su rauda
 a la a entrambos costados relajando.

Antístrofa

la reina de las aves, cuando una nube de ojos oscuros
sobre su corva cabeza, de los párpados dulce cerrojo,
le has derramado, y ella dormitando
la húmeda espalda levanta, por tus
impulsos cautivada. Y aun el violen-
to Ares, a un lado dejando la hiriente
punta de sus lanzas, calienta su corazón
en sueño profundo; y tus dardos embelesan también
las almas de los dioses, gracias a la pericia
del hijo de Leto y de las Musas de apretada cintura.

Epodo

Todos los seres, empero, que no ama Zeus, se aterran cuando la voz
oyen de las Piérides, tanto en la tierra como
en la mar invencible,
incluso aquel que en el horrible Tártaro yace,
el enemigo de los dioses,
Tifón, el de cien cabezas a quien antaño
crió la gruta famosa de Cilicia. Mas ahora por cierto
los escollos cercados del mar ante Cumas  
y Sicilia le oprimen
el pecho velludo, y la columna celeste le aprisiona,
el nevado Etna, todo el año nodriza de punzante hielo.

Estr. II

De sus cavernas son vomitados de fuego inabordable
manantiales purísimos; y sus ríos de día
vierten ardiente torrente de humo,
mas en las noches oscuras piedras
arrastra rodando la llama purpúrea a la honda
llanura del mar con estruendo.
Aquel monstruo reptando lanza a lo alto
las fuentes terribilísimas de Hefesto; un portento
que es maravilla contemplar,
y una maravilla tembién oírlo de los que allí  estuvieron

Ant.

cómo está él amarrado entre las cumbres de frondas oscuras
del Etna y su llanura, y el lecho arañante toda
la espalda recostada le lacera.
¡Sea, Zeus, séanos dado agradarte a ti,
que esa montaña dominas, frontal de una tierra
rica de frutos hermosos! Con su nombre glorificó
su ilustre fundador la ciudad vecina,
y en la pista de la Pítica fiesta
la proclamó un heraldo anunciando
la hermosa victoria de Hierón con su carro.

Elogio de Hierón

"Reluce su fama en la colonia, por sus hombres célebres, del lidio Pélope. 
Por éste sintió pasión el poderoso Posidón, 
el que la tierra conduce, cuando Cloro lo sacó 
del inmaculado caldero 
provisto de un brillante hombro de marfil, 
¡En verdad que es mucho lo asombroso! 
E incluso puede acontecer que los rumores 
de los mortales, habladurías adornadas con abigarradas 
ficciones, trasgrediendo el relato verdadero, 
nos engañen por completo. "

Teognis de Megara, Antología


Teognis de Mégara

Los tiempos cambian

Ah, Cirno, ésta es aún nuestra ciudad, pero es otra su gente.
Los que antes no sabían de leyes ni derechos,
los que cubrían sus flancos con pieles de cabras,
y fuera de esta ciudad, como gamos, pastaban,
ahora son gente de bien, Polipaides; y los nobles de antes
ahora son pobres gentes. ¿Quién puede soportar el ver eso?
Unos a otros se engañan burlándose entre sí,
y desconocen las normas de lo bueno y lo malo.
No te hagas amigo de ninguna de estas personas, Polipaides
de corazón, por grande que sea tu apuro.
Pero de palabra aparenta ser amigo de todos,
y no colabores con nadie en cosas de importancia.
Porque te darás cuenta del talante de esos miserables,
cómo no puede haber confianza ninguna en sus hechos,
sino que aman las trampas, engaños y enredos,
tal como los hombres que no tienen remedio ninguno.

Vv. 53-68  (C. G. G.) (14)

El poeta inmortaliza a su amado

Alas a ti yo te he dado; con ellas el mar infinito
y toda la tierra en un vuelo podrás recorrer
sin fatigas. En todo banquete y festejo presente
te hallarás, albergado en las bocas de muchos.
Y al son de las flautas de tonos agudos los jóvenes -
en rondas de amor, con bellas y suaves tonadas
te citarán. Y cuando a las cavernas de la oscura tierra
desciendas, a las lamentables mansiones del Hades,
ni siquiera entonces, muriendo, te ha de faltar tu gloria,
sino que conservarás entre la gente tu nombre inmortal,
Cirno; y vas a viajar por la tierra de Grecia y las islas,
y a cruzar la incansable alta mar habitada por peces,
sin montarte a lomos de caballos, pues van a llevarte
los espléndidos dones de las Musas de trenzas violeta.
Y para todos aquellos, incluso del mañana, que aprecien el canto,
tú vivirás por igual, en tanto existan la tierra y el sol.
Y, sin embargo, de ti yo no recibo ni un poco de aprecio,
sino que, como a un niño pequeño, me engañas con cuentos.

Vv. 237-54 (C. G. G.) 14

Protesta a Zeus por su injusticia

Querido Zeus, asombrado me tienes. Pues tú a todos
gobiernas con gloria y enorme poder personal.
Bien conoces la mente y el ánimo de uno y otro hombre,
tuyo es el dominio supremo de todas las cosas, oh rey.
¿Cómo, entonces, oh Crónida, decide tu mente otorgar
un mismo destino a los hombres malvados y al justo,
tanto si el ánimo humano se goza en lo recto, o bien
al exceso se da, cumpliendo los hombres injustas acciones?
Nada ha dejado el destino prescrito a los hombres,
ni siquiera un camino a seguir que agradara a los dioses.
No obstante, unos tienen fortuna sin mengua, y otros,
que de acciones malignas apartan su mente, reciben a cambio
pobreza, que es madre de ahogo -por más que practican lo justo-,
y ésta arrastra el ánimo humano al error, y corrompe
en el pecho el pensar bajo el yugo de su ruda violencia,
y a soportar le acostumbra, a su pesar, numerosos ultrajes,
cediendo a la miseria, que es maestra en muchas desdichas,
en mentiras y fraudes y muy lastimosas discordias,
incluso para aquel que se niega. Ya nada encuentra mal.
Porque engendra pobreza esa amarga y dura impotencia.

Vv. 373-392 (C. G. G.) (14J)

Pesimismo

De todas las cosas la mejor es no haber nacido
ni ver como humano los rayos fugaces del sol;
y una vez nacido cruzar cuanto antes las puertas del Hades,
y yacer bajo una espesa capa de tierra tumbado.
Engendrar y criar a un hombre es más fácil que darle
un ánimo noble. Pues nadie aún ha ingeniado tal cosa:
hacer un sensato de un necio y un noble de un malandrín.
Si un dios a los Asclepíadas lo hubiera otorgado,
el curar la maldad y el tortuoso carácter humano,
de eso habrían sacado ganancias cuantiosas y múltiples.
Si la inteligencia de un hombre forjarse e implantarse
pudiera, jamás de un buen padre un mal hijo saldría,
al atender a razones virtuosas. Mas por aprendizaje
nunca harás de un villano un hombre de bien.

Vv. 425-39  (C. G. G.) 14

La Esperanza

La Esperanza es la única diosa que habita entre humanos,
las demás se marcharon, dejándola atrás, al Olimpo.
Se fue la Confianza, gran diosa, se fue de los hombres
la Cordura, y las Gracias, amigo, dejaron la Tierra.
Ya no hay juramentos de fiar entre humanos ni justos,
ni nadie demuestra respeto a los dioses eternos;
se ha extinguido el linaje de hombres piadosos; ahora
ni normas legales conocen ni aún la Piedad.
Mas en tanto uno vive y ve el brillo del sol,
conserve piadoso su fe en la divina Esperanza,
rece a los dioses y, al ofrendarles los grasientos muslos,
en sus sacrificios invoque, al comienzo y al fin, la Esperanza.

Vv. 1135-150 (C. G. G.) 14

Solón de Atenas, Antología poética

Solón de Atenas

Elegía a las Musas

Famosas hijas de Mnemósine y Zeus Olímpico, 
Musas Piéridas, escuchadme cuando os invoco. 
Concedme la felicidad que otorgan los dioses bienaventurados y gozar 
siempre entre todos los hombres de una buena fama; 
ser muy dulce para los amigos, y amargo para los enemigos, 
que mi vista sea para unos objeto de respeto, para otros de temor. 
Si bien deseo tener riquezas, no quiero obtenerlas 
de manera injusta. Más tarde, llega certero el castigo. 
La riqueza que otorgan los dioses, es firme para el hombre 
desde su cimiento más profundo hasta la cima. 
Pero la que buscan los hombres a causa de su insolencia, no viene 
con orden, sino que obedeciendo a las obras injustas, sin querer las sigue 
y rápidamente se mezcla con la desgracia. 
Nace de un pequeño origen, como el del fuego, 
débil primero, incurable termina. 
No duran por cierto mucho tiempo para los mortales 
las obras de la insolencia, 
sino que Zeus vigila el fin de todo y, de repente, 
como  súbitamente dispersa las nubes 
el viento primaveral, que, tras revolver el fondo 
del yermo mar de muchas olas y devastar 
en la tierra productora de trigo las bellas obras, alcanza la alta sede 
de los dioses, el cielo, y nuevamente aclara el día 
y brilla la bella fuerza del sol en la fértil tierra, 
y no hay a la vista ni siquiera una nube. 
Tal es el castigo de Zeus; no contra uno 
como se encoleriza un hombre mortal. 
Nunca le pasa completamente desapercibido el que 
tiene un corazón impío, al final se pone totalmente en evidencia. 
Uno paga de inmediato, el otro, más tarde; a los que huyen 
ellos mismos y no les alcanza el destino de los dioses que se acerca, 
les llega completamente más tarde; inocentes pagan sus actos, 
bien sus hijos, bien la estirpe futura. 
Los mortales juzgamos, de manera semejante el bueno y el malo 
que está bien la opinión que cada uno tiene, 
antes de sufrir algo. Entonces llega el sufrimiento. Hasta ese momento 
sin darnos cuenta gozamos con vanas esperanzas. 
Al que oprimen enfermedades terribles 
piensa que se pondrá sano, 
otro aunque es cobarde cree ser un hombre bueno 
y otro bello, aunque no tiene una agradable figura. 
Si uno carece de fortuna y la pobreza lo oprime 
cree que posee absolutamente mucho dinero. 
Se esfuerza cada uno por otra cosa. Uno vaga por el mar, 
porque desea llevar a casa ganancia en sus naves 
arrastrado de un lado a otro por terribles vientos en el mar 
sin escatimar nada de su vida. 
Otro corta la tierra de muchos árboles cada año y 
trabaja como siervo, a éstos les corresponde el curvo arado. 
Otro aprende la obra de Atenea y Hefesto de mucha técnica 
y recoge su sustento con las manos. 
Otro aprendió de las Musas olímpicas los dones 
y sabe la medida de la sabiduría deseada. 
A otro hizo augur el señor Apolo que actúa de lejos, 
conoce el mal que viene al hombre de lejos 
si lo acompañan los dioses. Contra lo que está destinado 
en absoluto protegen ni un pájaro ni los sacrificios. 
Otros son médicos porque dominan la obra del Peán 
de muchos remedios.  Tampoco para éstos hay un final cierto. 
A menudo un gran dolor nace de una pequeña molestia 
y nadie lo eliminaría por medio de suaves remedios 
En otras ocasiones, cura súbitamente al que tiene 
malas y terribles enfermedades tocándolo con las manos . 
El destino trae a los mortales mal y también bien, 
Llegan a ser regalos inevitables de los dioses inmortales. 
En todas las acciones hay peligros y, cuando algo ha comenzado, 
nadie sabe de qué manera va a estar dispuesto 
El que intenta hacerlo bien cae sin preverlo 
en una gran y difícil desgracia, 
al que lo hace de mala manera, un dios le da en toda ocasión 
una buena fortuna, salvación de su desvarío. 
Ningún límite de la riqueza es evidente para los hombres 
Pues los que de nosotros ahora tienen los mayores bienes, 
se esfuerzan el doble. ¿Quién satisfaría a todos? 
Los dioses entregan a los mortales beneficios, 
pero de ellos surge la desgracia que, cuando Zeus 
la envía a castigar, toca una vez a uno y otra vez a otro 

Para la felicidad

En verdad que por igual son ricos quien tiene mucho oro,
plata y campos de tierra que siembra de trigo,
y caballos y mulos, y quien sólo se ocupa de esto:
 de dar gozo a su vientre su costado y sus pies,
 y disfrutar, si la ocasión se lo ofrece, de una mujer
 o un muchacho en sazón. A su tiempo todo es grato.
 Ese es el colmo de ventura para el hombre. Pues nadie
 con todas sus muchas riquezas se va hacia el Hades,
 ni, ofreciendo rescate, se escapa a la muerte ni a duras
 dolencias ni a la maldita vejez cuando ella acude.

                                            Fragm 14D  (C. G. G.) (14)

Apología personal

 Y yo ¿por qué me retiré antes de conseguir
 aquello a lo que había convocado al pueblo?
 De eso podría atestiguar en el juicio del tiempo
 la madre suprema de los dioses olímpicos
 muy bien, la negra Tierra, a la que entonces
 yo le arranqué los mojones hincados por doquier.
 Antes era esclava, y ahora es libre.
 Y reconduje a Atenas, que por patria les dieron
 los dioses, a muchos ya vendidos, uno justa
 y otro injustamente, y a otros exiliados
por urgente pobreza que ya no hablaban
 la lengua del Atica, de tanto andar errantes.
 Y a otros que aquí mismo infame esclavitud
 ya sufrían, temerosos siempre de sus amos,
los hice libres. Eso con mi autoridad,
combinando la fuerza y la justicia,
lo realicé, y llevé a cabo cuanto prometí.
Leyes a un tiempo para el rico y el pobre,
encjando a cada uno una recta sentencia,
escribí. Si otro, en mi lugar, tiene la vara,
 un tipo malévolo y codicioso de bienes,
no hubiera contenido al pueblo. […]

Fragm 24D (C. G. G.) (14)

Anacreonte, Antología

Anacreonte

Apurando una jarra de vino

Almorcé pellizcando un poco una ligera torta, y apuré una jarra de vino. Ahora suavemente toco la seductora lira festejando a mi querida niña.

Fragm. 69D (C. G. G.) (14)

La roca Leucade

Saltando de nuevo desde la roca de Léucade en el blanco oleaje me sumerjo, ebrio de amor.
     
Fragm. 17D (C. G. G.) (14)

Quejas de Eros

Remonto ahora mi vuelo hacia el Olimpo con alas ligeras para quejarme de Eros. Pues no quiere el niño compartir su juventud conmigo
     
Fragm. 52D (C. G. G.) (14)

Eros, que al ver que mi barba encanece,
entre brisas de sus alas, de reflejos de oro me pasa de largo volando.

Fragm. 34D (C. G. G.) (14)

Amor tardío

Canosas ya tengo las sienes
y blanquecina la cabeza,
pasó ya la juventud graciosa,
y tengo los dientes viejos;
del dulce vivir el tiempo
que me queda ya no es mucho.
Por eso sollozo a menudo,
estoy temeroso del Tártaro.
Pues es espantoso el abismo
del Hades, y amargo el camino
de bajada... Seguro, además,
que el que ha descendido no vuelve.

Fragm. 44D fC. 0. 0.) (14)

La vejez

Echándome de nuevo su pelota de púrpura
Eros de cabellera dorada
me invita a compartir el juego
con la muchacha de sandalias de colores.
Pero ella, que es de la bien trazada Lesbos,
mi cabellera, por ser blanca, desprecia,
y mira, embobada, hacia alguna otra.

Fragm. 5D (C. G. G.) (14)

Safo de Lesbos, Antología

Safo de Lesbos

Himno a Afrodita

Inmortal Afrodita, la de trono pintado,
hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego;
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.
Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,
tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. « ¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?
Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista».
Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tú misma mi alíada.

         Fragm. ID  (C. G. G.) (14)

Me parece igual a los dioses

Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.

            Pragm. 2D (C. G. G.) (14)

Lo mejor es lo que uno ama

Dicen unos que un ecuestre tropel, la infantería
otros, y ésos, que una flota de barcos resulta
lo más bello en la oscura tierra, pero yo digo
que es lo que uno ama.
Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera.
Pues aquella que mucho en belleza aventajaba
a todos los humanos, Helena, a su esposo,
un príncipe ilustre,
lo abandonó y marchóse navegando hacia Troya,
sin acordarse ni de su hija ni de sus padres
en absoluto, sino que la sedujo Cipris.
También a mí ahora a mi Anactoria ausente
me has recordado.
Cómo preferiría yo el amable paso de ella
y el claro resplandor de su rostro ver ahora
a los carros de guerra de los lidios en armas
marchando al combate.
                Fragm. 27D (C. G. G.) (14)

Luna

Las estrellas en torno a la bella luna también 
oscurecen su rutilante aura al tiempo que 
ella con plenitud alumbra 
sobre toda la tierra... plateada 
               
Fragm. 4D (C. G. G.) (14)

Soledad y noche

Ya se ocultó la luna
y las Pléyades. Promedia
la noche. Pasa la hora.
Y yo duermo sola.

Fragm. 94D (C. G. G.) (14)

Canción de tela

Dulce madre mía, no puedo ya tejer mi tela,
consumida de amor por un joven, vencida por la suave
Afrodita.

Fragm. 114D (C. G. G.) (14)

Alceo de Mitilene, Antología

Alceo de Mitilene

Consuelo y alegría del vino

Bebe y emborráchate, Melanipo, conmigo. ¿Qué piensas?
¿Que vas a vadear de nuevo el vorticoso Aqueronte,
una vez ya cruzado, y de nuevo de! sol la luz clara
vas a ver? Vamos, no te empeñes en tamañas porfías.
En efecto, también Sísifo, rey de los eolios, que a todos
superaba en ingenio, se jactó de escapar a la muerte.
Y, desde luego, el muy artero, burlando su sino mortal,
dos veces cruzó el vorticoso Aqueronte. Terrible
y abrumador castigo le impuso el Crónida más tarde
bajo la negra tierra. Conque, vamos, no te ilusiones.
Mientras jóvenes seamos, más que nunca, ahora importa
gozar de todo aquello que un dios pueda ofrecernos.

                                     Fragm. 73D  (C. G. Gj (14)

Vino dulce como la miel

Zeus hace llover, baja del cielo una enorme tormenta y están helados los cursos de las aguas... Desprecia la tormenta, aviva el fuego, sazona, sin escatimarlo, el vino dulce como miel, y luego reclina tus sienes sobre un blando cojín. 

Fragm. 90D (C. G. Gj (14)

Bebamos 

Bebamos. ¿A qué aguardar las candelas? Hay un dedo de día. Descuelga y trae las grandes copas pintadas, en seguida. Porque el vino lo dio a los humanos el hijo de Sémele y Zeus para olvido de penas. Escancia mezclando uno y dos cazos, y llena los vasos hasta el borde, y que una copa empuje a la otra...

Fragm. 96D (C. G. Gj (14)

Helena y Tetis

Es fama, Helena, que la amarga ruina
a Priamo y a sus hijos les sobrevino
por tu culpa y Zeus arrasó con fuego
la santa Troya.
Cuán distinta era aquella doncella gentil
que el Eácida tomó del hogar de Nereo,
invitando a su boda a todos los dioses,
al conducirla
a casa de Quirón. La joven esposa
soltó su cinto virginal. Y unió el amor
a Peleo y la mejor de las Nereidas.
Y ella, al año
le dio a luz un hijo, héroe supremo,
feliz conductor de sus bayos corceles;
mientras que por culpa de Helena murieron
Troya y los frigios.
                          
Fragm. 74D (C. G. G.) (14)

Desdichas del poeta exiliado

 … yo, desdichado,
 vivo a la manera de un campesino,
 anhelando escuchar, Agesilaidas,
 los gritos que pregonan la asamblea
 y el consejo. Eso que mi padre y el padre
 de mi padre tuvieron hasta viejos
 entre esos ciudadanos siempre en rencilla.
 Pero estoy alejado de ellos yo,
 exiliado en la lejanía, y aquí,
 como Onomacles, en país de lobos
 habito resignado a la guerra.
 No es mejor soportar la revuelta...
 Aquí el recinto de los dioses felices
 frecuento cruzando esta oscura tierra,
 con otras compañeras de camino...
 y con mis pies lejos de males, vivo
donde las lesbjn de rozagante peplo.
vienen a competir en belleza, Aquí
en torno retumba el griterío inmenso
de mujeres en sus anuales fiestas sacras.
   ¿Cuándo de mis muchos pesares
me van a liberar los Olímpicos?

           Fragm. 130L-P (C. G. G.) (14)

Semónides de Amorgos, Yambos contra las mujeres

Semónides de Amorgos

Yambo de las mujeres

De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
desde un comienzo. A una la sacó de la híspida cerda:
en su casa está todo mugriento por el fango,
en desorden y rodando por los suelos.
Ella, sin lavarse y con vestidos sucios,
revolcándose en estiércol se hincha de grasa.
Otra la hizo Dios de la perversa zorra,
una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
De las mismas cosas, muchas veces dice que una es mala,
pero otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.
Otra, de la perra salió: gruñona e impulsiva,
que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
y deambula por todas partes fisgando y vagando,
y ladra de continuo, aun sin ver a nadie.
No la puede contener su marido, por más que la amenace,
ni aunque, irritado, le parta los dientes a pedradas,
ni tampoco hablándole con ternura,
ni siquiera cuando está sentada con extraños;
¡no, que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar!
A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
ni el bien conoce una mujer de esa clase. […]

Fragm. 7D (C. G. G.) (14)

Arquíloco de Paros, Antología

Arquíloco de Paros, inventor de la poesía yámbica o presatírica

   
Guerrero y poeta

Soy yo, a la vez, servidor del divino Enialio
y conocedor del amable don de las Musas.

                                      Fragm. 1D (C.G.G.) 14

Un mercenario

En la lanza tengo mi pan negro, en la lanza
mi vino de Ismaro, y bebo apoyado en mi lanza.

                                      Fragm. 2D (C.G.G) 14

A los que le acusan de huir en la batalla

Algún sayón presume con mi escudo, arma sin tacha,
que tras un matorral abandoné, a pesar mío.
Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo?
¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor.

                                      Fragm. 6D (C.G.G) 14

A los dioses atribúyelo todo. Muchas veces levantan
de las desdichas a hombres echados sobre el oscuro suelo;
y muchas veces derriban y tumban panza arriba
a quienes caminan erguidos...

                                      Fragm. 58D  (C.G.G) 14

Contra el padre de Neóbula

Padre Licambes, ¿qué es lo que tramaste?
¿Quién perturbó tu entendimiento? Antes
estabas en tus cabales. Pero ahora eres
en la ciudad gran motivo de burla.

Fragm. 88D (C.G.G) 14

Resignación

Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,
álzate!  Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.

Fragm. 67aD (C. G. G.) (14)

Ansias de amor

Jugueteaba ella con un ramo de mirto
y una linda flor del rosal...  Su melena
le aureolaba de sombra los hombros y la frente.
...De su perfumado cabello y su pecho
hasta un viejo se habría enamorado.
Tal ansia de amor me envolvió el corazón
y densa niebla derramó sobre mis ojos
robando de mi pecho el suave sentido.
Yazgo, infeliz, por la pasión vencido,
sin vida, hasta los huesos traspasado
de fieros dolores que los dioses me envían.
Pero el perturbador deseo me domina
y no me cuido de yambos ni placeres.
Ojalá que pudiera tocar la mano de Neóbula...
Y caer, presto a la acción, sobre el odre,
y aplicar el vientre al vientre y mis muslos a sus muslos.   
                             
  Fragms.25D, 26D, 112D, 104D, 11SD, 71D y 7 C (C. G. G.) (14)

miércoles, 20 de marzo de 2013

Anacreonte, A una doncella


Anacreonte de Teos

A una doncella

Hace tiempo, la hija de Tántalo
se convirtió en piedra
junto a las orillas frigias.
Y asimismo, la hija de Pandión
cruzó el espacio mutada en golondrina.
¡Si yo pudiera convertirme en espejo
para que siempre tuvieras
fija en mí tu mirada!
¡Ojalá yo fuera túnica
y siempre me llevarías encima!
Quisiera volverme agua límpida
para bañar tu hermoso cuerpo.
O esencia, dueña mía, para perfumarte;
cintilla de tu garganta
y perla para tu cuello;
o sandalia para que así, al menos,
siempre estuviera tu pie sobre mí.

domingo, 10 de marzo de 2013

Píndaro, pasaje de la Pítica I




Píndaro de Tebas

Pítica I, a Hieron de Etna, vencedor en la carrera de carros. 

Si deseas gozar siempre de amable reputación,
no te canses de gastar en exceso.
Suelta, como un piloto,
toda la vela al viento. No te dejes, amigo,
engañar por ganancias atractivas:
solo el póstumo resplandor de la gloria
revela la vida de los hombres que fueron,
a través de cronistas y poetas. No se extingue
la prudente excelencia de Creso,
pero al que en un toro de bronce quemaba a sus víctimas,
a Fálaris, de mente despiadada,
fama odiosa lo envuelve en todas partes
y ni siquuiera las liras lo acogen en techado
como amable compañía para cantos juveniles.
El gozar de éxito es el primero de los premios,
buena reputación es el segundo,
y quien uno y otro se propuso y consiguió
este se ha ceñido la más alta corona.

miércoles, 14 de marzo de 2007

LA MUERTE DEL HÉROE, Calino

Honroso es en verdad, y glorioso, que un hombre batalle
contra los enemigos. La muerte vendrá justo el momento
en que lo hayan hilado las
Moiras. ¡Que todos avancen
empuñando la espada y acogiendo tras el escudo
un corazón valeroso, apenas trábese combate!
Porque no está en el destino de un hombre escapar
a la muerte, aunque venga de dioses su linaje.
A menudo rehúye alguno el combate y el sonar de los venablos,
y se pone a cubierto, pero en casa le aguarda, fatal, la muerte.
Mas ése no será recordado ni amado por el pueblo,
mientras que al otro, si cae, lo lloran tanto el grande como el chico
pues a toda gente afecta la nostalgia de un bravo
que supo morir. Y, si acaso pervive, rivaliza con los héroes,
porque a su paso admíranlo cual si fuera una torre en el muro;
hazañas acomete que valen por muchos, siendo él uno.

lunes, 5 de marzo de 2007

POEMAS, Safo

A una amada

Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a ti y, desde tan cerca, te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.

El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta...



En la distancia

De veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando, me musitó las siguientes palabras: "Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte." Y yo le respondí: "Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas: cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza."

Soledad a Media Noche

Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.

Cuasi Ventus

Amor ha agitado mis entrañas como el huracán que sacude monte abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba aguardando. Has prendido fuego a mi corazón, que se abrasa de deseo.

Un epigrama

Estas son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda, fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez que ella pereció, con un acero recién afilado, todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa cabellera de sus cabezas.