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miércoles, 10 de marzo de 2021

Sérgio Jockyman, Te deseo, versión bilingüe

Del poeta brasileño del siglo XX Sérgio Jockyman, uno de los poemas más alabados del mundo, paralelo a IF de Rudyard Kipling, a Ítaca de Cavafis o a los consejos de Pedro Crespo de Calderó:


TE DESEO


Te deseo primero que ames,

y que, amando, también seas amado.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar

y que, después de olvidar, no guardes rencores.

Deseo, pues, que no sea así, pero que si es,

sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,

y que, incluso malos e inconsecuentes,

sean valientes y fieles, y que por lo menos

haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,

te deseo también que tengas enemigos.

Ni muchos, ni pocos, en la medida exacta,

para que, algunas veces, te cuestiones

tus propias certezas. Y que, entre ellos,

haya por lo menos uno que sea justo,

para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil,

mas no insustituible.

Y que, en los momentos malos,

cuando no quede más nada,

esa utilidad sea suficiente

para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,

no con los que se equivocan poco,

porque eso es fácil, sino con los que

se equivocan mucho e irremediablemente;

y que, haciendo buen uso de esa tolerancia,

sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que, siendo joven, no

madures demasiado deprisa,

y que, ya maduro, no insistas en rejuvenecer,

y que, siendo viejo, no te dediques al desespero.

Porque cada edad tiene su placer

y su dolor, y es necesario dejar

que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.

No todo el año, sino apenas un día.

Pero que en ese día descubras

que la risa diaria es buena, que la risa

habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,

con urgencia máxima, por encima

y a pesar de todo, que existen

y que te rodean seres oprimidos,

tratados con injusticia, y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro,

alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero

erguir triunfante su canto matinal,

porque de esta manera,

sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,

por más minúscula que sea, y la

acompañes en su crecimiento,

para que descubras de cuantas vidas

está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,

porque es necesario ser práctico,

y que, por lo menos una vez

por año, pongas algo de ese dinero

frente a ti y digas: “Esto es mío”.

sólo para que quede claro

quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno

de tus defectos muera, pero que si

muere alguno, puedas llorar

sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,

tengas una buena mujer, y que, siendo

mujer, tengas un buen hombre,

mañana y al día siguiente; y que, cuando

estén exhaustos y sonrientes,

hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,

no tengo más nada que desearte.


En portugués:


Pois desejo primeiro que você ame e que amando, seja também amado.

E que se não o for, seja breve em esquecer e esquecendo não guarde mágoa.

Desejo depois que não seja só, mas que se for, saiba ser sem desesperar.

Desejo também que tenha amigos e que mesmo maus e inconseqüentes sejam corajosos e fiéis.

E que em pelo menos um deles você possa confiar e que confiando não duvide de sua confiança.

E porque a vida é assim, desejo ainda que você tenha inimigos, nem muitos nem poucos, mas na medida exata para que algumas vezes você interprele a respeito de suas próprias certezas.

E que entre eles, haja pelo menos um que seja justo para que você não se sinta demasiadamente seguro.

Desejo depois que você seja útil, não insubstituívelmente útil mas razoavelmente útil.

E que nos maus momentos, quando não restar mais nada, essa utilidade seja suficiente para manter você de pé.

Desejo ainda que você seja tolerante, não com que os que erram pouco, porque isso é fácil, mas com aqueles que erram muito e irremediavelmente.

E que essa tolerância nem se transforme em aplauso nem em permissividade, para que assim fazendo um bom uso dela, você dê também um exemplo para os outros.

Desejo que você sendo jovem não amadureça depressa demais,

e que sendo maduro não insista em rejuvenescer,

e que sendo velho não se dedique a desesperar.

Porque cada idade tem o seu prazer e a sua dor e é preciso deixar que eles escorram dentro de nós.

Desejo por sinal que você seja triste, não o ano todo, nem um mês e muito menos uma semana,

mas apenas por um dia.

Mas que nesse dia de tristeza, você descubra que o riso diário é bom, o riso habitual é insosso e o riso constante é insano.

Desejo que você descubra com o máximo de urgência, acima e a despeito de tudo, talvez agora mesmo, mas se for impossível amanhã de manhã, que existem oprimidos, injustiçados e infelizes.

E que estão estão à sua volta, porque seu pai aceitou conviver com eles.

E que eles continuarão à volta de seus filhos, se você achar a convivência inevitável.

Desejo ainda que você afague um gato, que alimente um cão e ouça pelo menos um João-de-barro erguer triunfante seu canto matinal.

Porque assim você se sentirá bom por nada.

Desejo também que você plante uma semente por mais ridículo que seja e acompanhe seu crescimento dia a dia, para que você saiba de quantas muitas vidas é feita uma árvore.

Desejo, outrossim, que você tenha dinheiro porque é preciso ser prático. E que pelo menos uma vez por ano você ponha uma porção dele na sua frente e diga: Isto é meu.

Só para que fique claro quem é o dono de quem.

Desejo ainda que você seja frugal, não inteiramente frugal, não obcecadamente frugal, mas apenas usualmente frugal.

Mas que essa frugalidade não impeça você de abusar quando o abuso se impor.

Desejo também que nenhum de seus afetos morra, por ele e por você. Mas que se morrer, você possa chorar sem se culpar e sofrer sem se lamentar.

Desejo por fim que,

sendo mulher, você tenha um bom homem

e que sendo homem tenha uma boa mulher.

E que se amem hoje, amanhã, depois, no dia seguinte, mais uma vez e novamente de agora até o próximo ano acabar.

E que quando estiverem exaustos e sorridentes, ainda tenham amor pra recomeçar.

E se isso só acontecer, não tenho mais nada para desejar.

lunes, 26 de junio de 2017

Carlos Drummond de Andrade

Papá Noel al revés 

Papá Noel entró por la puerta del fondo
(en Brasil las chimeneas no son practicables)
entró cauteloso que ni marido después de la juerga.
A tientas en la oscuridad pulsó el interruptor
y la electricidad golpeó las cosas resignadas,
cosas que seguían cosas en el misterio de la Navidad.
Papá Noel exploró la cocina con ojos astutos,
encontró un queso y se lo comió.

Después sacó del bolsillo un cigarro que no quiso encender.
Tuvo miedo tal vez de prender fuego a la barba postiza
(en Brasil todos los papanoeles tienen la cara afeitada)
y avanzó por el pasillo blanco de luz de luna.
Aquel cuarto es el de los niños.
Papá entró convencido.

Los niños dormían soñando con otras navidades mucho más hermosas
pero sus zapatos estaban llenos de juguetes
soldados mujeres elefantes barcos
y un presidente de república de celuloide.

Papá Noel se agachó y recogió todo aquello
en el interminable pañuelo de yerbas rojo.
Cerró el fardo e hizo un nudo, pero lo apretó tanto
que allí dentro mujeres elefantes soldados presidente peleaban por causa de la aglomeración.

Los pequeños seguían durmiendo.
A lo lejos un gallo comunicó el nacimiento de Cristo.
Papá Noel volvió silenciosamente a la cocina,
apagó la luz, salió por la puerta del fondo.

En el huerto, la luz de luna de Navidad bendecía las legumbres.



Congreso internacional del miedo 

Provisionalmente no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo de los subterráneos.
Cantaremos al miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque ese no existe,
existe tan sólo el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo enorme de las regiones agrestes, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después nos moriremos de miedo
y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y miedosas.


Privilegio del mar 

En esta terraza mediocremente confortable,
bebemos cerveza y contemplamos el mar.
Sabemos que nada nos ocurrirá.

El edificio es sólido y el mundo también.

Sabemos que cada edificio abriga mil cuerpos
que trabajan en mil compartimentos iguales.
A veces, algunos se insertan fatigados en el ascensor
y vienen aquí arriba a respirar la brisa del océano,
lo cual es privilegio de los edificios.

El mundo es realmente de cemento armado.

Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
fondeado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta… improbable…

Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es la escuadra!

Podemos beber honradamente nuestra cerveza.



Elegía 1938

Trabajas sin alegría para un mundo caduco,
donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.
Practicas laboriosamente lso gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.

Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.

Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme
y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.

Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.
La literatura estropeó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.

Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.



Pistas

Tal vez una sensibilidad mayor al frío,
deseos de volver antes a casa.
Cierta demora en abrir el paquete de libros
esperado, que ha traído el cartero.
Indecisión: ¿voy al cine o no?
De los tres empleos de tu noche no escogerás ninguno.
Quizás cierta mirada, más seria, no ardiente,
que posas sobre los objetos, y ellos la entienden.

O al menos supones que es así. Son fieles, los objetos
de tu despacho. La pluma roja. Te niegas a cambiarla
por esa que guarda el último secreto químico, la tinta inmortal.
Ciertas manchas en la mesa que no sabes si el tiempo,
la madera o el polvo trajeron consigo.
La conoces bien, tu mesa. Cartas, artículos, poemas
salieron de ella, de ti. De la dura sustancia,
de la calma, de la selva abandonada llegaron
las palabras que encontraste y juntaste, para repartirlas.

La mano acaricia
la aspereza. El barniz que se fue. No. Es el árbol
que regresa. El camino que se vuelve. Minas que acecha
y espera, largamente espera tu regreso sordo.
La mesa se vuelve leve, y en ella viajas
por aires de paciencia, acuerdo, resignación.
Mirad la mesa que huye, no la toquéis. Es la mesa voladora,
de sus cajones saltan papeles oscuros, por fin los secretos liberados
sobre la tierra metálica se esparcen, se amortajan y se callan.

De nuevo aquí, menudo territorio
civil, sin sueños. Como presintiendo
que un día se vacían los cuartos, se limpian las paredes,
se detiene un camión y descienden los porteadores
y en el libro municipal se cancela un registro,
miras hondamente el borde de cada
cosa, el color
de cada lado de los objetos familiares.
La familia es pues un orden de muebles, suma
de líneas, volúmenes, superficies. Y son puertas,
llaves, platos, camas, paquetes olvidados,
también un pasillo, y el espacio
entre el armario y la pared
donde se deposita cierta porción de silencio, polillas y polvo
que de tarde en tarde se retira… e insiste.

Desde luego faltan muchas explicaciones, sería difícil
comprender, incluso al cabo de mucho tiempo, por qué un gesto
se abrió, otro se frustró, tantos se esbozaron,
como sería imposible guardar todas las voces
oídas a la hora de comer, en la cena, en la pausa de la noche,
un año, y después otro, y otros y aún otros,
todas las voces oídas en la casa durante quince años.
Mientras tanto, deben de estar en alguna parte: se acumularon,
consumieron peldaños, invadieron tuberías,
llenaron viejos papeles, perdieron la fuerza, el calor,
existen hoy en subterráneos, unas en la memoria, otras en la arcilla del sueño.

¿Cómo saberlo? Al principio parece desierto,
como si nada quedase, y un río corriera
por tu casa, absorbiéndolo todo.
Las sábanas amarillean, las corbatas se desgastan,
la barba crece, cae, los dientes caen,
los brazos caen,
caen partículas de comida de un tenedor dubitativo,
las cosas caen, caen, caen,
y el cielo está limpio, pulcro.
Las personas se acuestan, son transportadas, desaparecen,
y todo está pulcro, salvo tu rostro
inclinado sobre la mesa; y del todo inmóvil.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Chico Buarque Construcción

Chico Buarque, CONSTRUCCIÓN

Amó aquella vez como si fuera el único
Besó a su mujer como si fuera la última
Y a cada hijo suyo cual si fuera el pródigo
Y atravesó la calle con su paso cómico
Subió a la construcción como si fuera sólida
Alzó en algún lugar cuatro paredes mágicas
Ladrillo con ladrillo en un diseño lógico
Sus ojos empapados de cemento y tráfico
Se puso a descansar como si fuera un príncipe
Comió frijol y arroz como si fuera máquina
Bailó y se rio como si fuera el prójimo
Y tropezó en el sol como si oyera música
Se bamboleó y tembló como si fuera sábado
Y terminó en el suelo hecho un paquete tímido
que agonizó en el medio del paseo náufrago.
Murió a contramano interrumpiendo al público

martes, 20 de febrero de 2007

Plegaria, de Carlos Drummond de Andrade

De la lectura sintagmática,
De la lectura paradigmática del enunciado,
De la lengua fáctica,
De la factividad y de la no factividad en la oración principal,
Libera nos, Domine.

De la organización categorial de la lengua,
De la principalidad de la lengua en el conjunto de los sistemas semiológicos,
De la concretez de las unidades en el estatuto que dialectiza la lengua,
Del ortolenguaje,
Libera nos, Domine.

Del programa epistemológico de la obra,
Del corte epistemológico y del corte dialógico,
Del sustrato acústico del culminado,
De los sistemas genitivamente afines,
Libera nos, Domine.

De la semia,
Del sema, del semema, del semantema,
Del lexema,
Del clasema, del mema, del sentema,
Libera nos, Domine.

De la estructuración semémica,
Del ideolecto y de la pancromía científica,
De la reliabilidad de test psicolingüísticos,
Del análisis computacional de la estructuración silábica de las fablas regionales,
Libera nos, Domine.

Del vocoide,
Del vocoide nasal puro y sin clausura consonantal,
Del vocoide bajo y del semivocoide homorgámico,
Del glide vocálico,
Libera nos, Domine.

De la lingüística frástica y transfrástica,
Del signo sinésico, del signo icónico y del signo gestual,
De la clitización pronominal obligatoria,
De la glosemática,
Libera nos, Domine.

De la estructura exo-semántica del lenguaje musical,
De la totalidad sincrética del emisor,
De la lingüística generativo/transformacional,
Del movimiento transformacionalista,
Libera nos, Domine.

De las apariciones de Chomsky,
De Mehler, de Perchonock,
De Saussure, de Cassirer, Troubetzkoy, Althusser,
De Zolkiewsky, Jacobson, Barthes, Derrida, Todorov,
De Greimas, Fodor, Chao, Lacan et caterva,
Libera nos, Domine.