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sábado, 13 de marzo de 2021

Canción de otoño, de Paul Verlaine. Versión bilingüe

Canción de otoño, Paul Verlaine


Los largos sollozos

De los violines

Del otoño

Hieren mi corazón

Con monótona

Languidez

 

Todo sofocante

Y pálido, cuando

Suena la hora,

Yo me acuerdo

De los días de antes

Y lloro

 

Y me voy

Con el viento malvado

Que me lleva

De acá para allá,

Igual que a la


Chanson d'automne

Les sanglots longs

des violons

de l’automne

blessent mon cœur

d’une langueur

monotone.

 

Tout suffocant

et blême, quand

sonne l’heure,

je me souviens

des jours anciens

et je pleure.

 

Et je m’en vais

au vent mauvais

qui m’emporte

deçà, delà,

pareil à la

feuille morte.

https://lyricstranslate.com

martes, 11 de agosto de 2015

Mallarmé, Antología

Stéphane Mallarmé

Las cuatro estaciones

Stéphan Mallarmé

1. Resurgir

Primavera enfermiza tristemente ha expulsado
Al invierno, estación de arte sereno, lúcido,
Y, en mi ser presidido por la sangre sombría,
La impotencia se estira en un largo bostezo.

Unos blancos crepúsculos se entibian en mi cráneo
Que un cerco férreo ciñe como a una vieja tumba
Y triste, tras un sueño bello y etéreo, vago
Por campos do la inmensa savia se pavonea.

Luego caigo enervado de perfumes arbóreos,
Cavando con mi rostro una fosa a mi sueño,
Mordiendo el suelo cálido donde crecen las lilas,

Espero que, al hundirme, mi desgana se alce...
-Mientras, el Azur ríe sobre el seto y despierta
Tanto pájaro en flor que al sol gorgea-.

2. Tristeza de verano

El sol, sobre la arena, luchadora durmiente,
Calienta un baño lánguido en tu pelo de oro
Y, consumiendo incienso sobre tu hostil mejilla,
Con las lágrimas mezcla un brebaje amoroso.

De ese blanco flameo esa inmutable calma
Te ha hecho, triste, decir -oh, mis besos miedosos-:
"¡Nunca seremos una sola momia
Bajo el desierto antiguo y felices palmeras!"

¡Pero tu cabellera es un río tibio,
Donde ahogar sin temblores el alma obsesionante
Y encontrar esa Nada desconocida, tuya!

Yo probaré el afeite llorado por tus párpados,
Por ver si sabe dar al corazón que heriste
La insensibilidad del azur y las piedras.

3. Suspiro

Mi alma hacia tu frente donde sueña
Un otoño alfombrado de pecas, calma hermana,
Y hacia el errante cielo de tus ojos angélicos
Asciende, como en un melancólico parque,
Fiel, un surtidor blanco suspira hacia el azul.
-Hacia el Azur eternecido de octubre puro y pálido
Que mira en los estanques su languidez sin fin
Y deja, sobre el agua muerta do la salvaje
Agonía de las hojas yerra al viento y excava un frío surco,
Arrastrarse al sol gualda de un larguisimo rayo.

4. Invierno

¡El virgen, el vivaz y bello día de hoy
Da un aletazo ebrio va a desgarrarnos este
Lago duro olvidado que persigue debajo de la escarcha
El glaciar transparente de los vuelos no huidos!

Un cisne de otro tiempo se acuerda de que él es
Quien, aun sin esperanza, magnífico se libra
Por no haber cantado la región do vivir
Cuando ha esplendido el tedio del estéril inviemo.

Sacudirá su cuello entero esta blanca agonía
Por el espacio impuesto al ave que lo niega,
Mas no el horror del suelo que aprisiona al plumaje.

Fantasma que su puro destello a este lugar asigna,
Se aquieta en el ensueño helado del desprecio

Que entre su exilio inútil viste el Cisne.


Soneto

El de sus puras uñas ónix, alto en ofrenda,
la Angustia, es medianoche, levanta, lampadóforo,
mucho vesperal sueño quemado por el Fénix
que ninguna recoge ánfora cineraria:

salón sin nadie en las credencias conca alguna,
espiral espirada de inanidad sonora,
(el Maestro se ha ido, llanto en la Estigia capta
con eso solo objeto nobleza de la Nada.)

Mas cerca la ventana vacante al norte, un oro
agoniza según tal vez rijosa fábula
de ninfa alanceada por llamas de unicornios

y ella apenas difunta desnuda en el espejo
que ya en las nulidades que claüsura el marco
del centellar se fija súbito el septimino.

miércoles, 29 de julio de 2015

Anton Chejov, La gaviota, monólogo de Nina

LA GAVIOTA, Antón Chejov.

Acto Cuarto.

NINA

¿Por qué dice usted que ha besado la tierra que yo he pisado? ¡A mí hay que matarme! ¡Estoy tan cansada!... ¡Descansar…, descansar! Soy una gaviota… No, no es eso. Soy una actriz. ¡Claro que sí!  (Al oír la risa de Arkadina y Trigorin, escucha…) ¡Él también está aquí! Sí…, sí…, no es nada…, sí… Él no creía en el teatro, siempre se reía de mis sueños y, poco a poco yo también dejé de creer y cayó mi ánimo… Además, las preocupaciones del amor, los celos, el continuo miedo por la criatura… Me volví mezquina, insignificante, trabajaba sin ningún sentido… No sabía qué hacer con las manos, no sabía estar en el escenario, no dominaba mi voz. Usted no sabe lo que es ese estado, saber que se actúa horriblemente. Soy una gaviota. No, no es eso… ¿De qué hablaba...? Hablaba del teatro. Ahora soy distinta… Ya soy una verdadera actriz, trabajo con fervor, con pasión, experimento una embriaguez en el escenario, me siento hermosa. Y ahora, mientras vivo aquí, siempre ando y ando y pienso, pienso y siento crecer cada día las fuerzas de mi alma. Ahora, Kostia, yo sé, comprendo que en nuestro oficio, tanto si trabajamos en el escenario como si escribimos, lo principal no es la gloria, ni el brillo, todo eso con lo que yo soñaba, sino el saber soportar… Saber llevar tu cruz y creer… Yo creo y no siento ya tanto dolor, y cuando pienso en mi vocación, no temo a la vida.

domingo, 19 de julio de 2015

Charles Baudelaire, Crespúsculo en la tarde.

De Las flores del mal, Charles Baudelaire

Crespúsculo en la tarde

He aquí la noche, amiga del criminal desvelo;
viene a paso de lobo como un cómplice; el cielo
se cierra lentamente, cual si una alcoba fuera,
y todo hombre impaciente se cambia un poco en fiera.
¡Oh noche!, amada noche, tranquila, deseada
por aquellos que pueden decir: «Hoy la jornada
ha sido de trabajo». La noche es quien serena
las almas devoradas por indecible pena,
al sabio que se obstina inclinando su pecho,
y al obrero cansado que va en busca del lecho.
Los demonios malsanos, a favor del ambiente,
como hombres de negocios, despiertan torpemente,
y aleros y ventanas golpean al volar.
A través de las luces, que el viento hace temblar,
se enciende la prostitución en las aceras;
en sucios callejones abre sus madrigueras;
para todos ofrece un oculto camino
–incluso para quien nos acecha ladino–,
y se agita en el lodo de la ciudad podrida
tal gusano que al hombre robara su comida.
Aquí y allá se oyen las cocinas silbar,
los teatros gañir, las orquestas roncar;
las verdes mesas donde el juego hace primores,
con corte de rameras, chulos y estafadores;
y pronto van también a empezar los ladrones
su trabajo que no conoce vacaciones,
forzando dulcemente las cajas escondidas
para vivir un tiempo y vestir sus queridas.
Recógete, alma mía, en tan grave momento
y cierra tus oídos a ese desbordamiento.
Es la hora en que todos los enfermos se agravan.
La noche les aprieta la garganta; así acaban
de una vez sus fatigas, y hacia el abismo van;
el hospital solloza… Ya nunca volverán
algunos a buscar la sopa perfumada
junto al fuego, de noche, cerca de un alma amada.
¡Aunque la mayor parte jamás han conocido
el calor de un hogar y jamás han vivido!

sábado, 12 de octubre de 2013

El durmiente del valle y un famoso pasaje de Arthur Rimbaud

C'est un trou de verdure où chante une rivière
accrochant follement aux herbes des haillons
d'argent; où le soleil, de la montagne fière,
luit: c'est un petit val qui mousse de rayons.


Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,
et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,
dort; il est étendu dans l'herbe sous la nue,
pâle dans son lit vert où la lumière pleut.


Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme
sourirait un enfant malade, il fait un somme:
Nature, berce-le chaudement: il a froid.


Les parfums ne font pas frissonner sa narine;
il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine
tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.


El durmiente del valle


Un hoyo de verdor, por el que canta un río 
enganchando, a lo loco, por la yerba, jirones 
de plata; donde el sol de la montaña altiva 
brilla: una vaguada que crece en musgo y luz.


Un soldado, sin casco y con la boca abierta, 
bañada por el berro fresco y azul su nuca, 
duerme, tendido, bajo las nubes, en la yerba, 
pálido, en su lecho, sobre el que llueve el sol.


Con sus pies entre gladios duerme y sonríe como 
sonríe un niño enfermo; sin duda está soñando: 
Natura, acúnalo con calor: tiene frío.


Su nariz ya no late con el olor del campo;
duerme en el sol; su mano sobre el pecho tranquilo; 
con dos boquetes rojos en el lado derecho.

Je veux être poète, et je travaille à me rendre voyant: vous ne comprendrez pas du tout, et je ne saurais presque vous expliquer. Il s'agit d'arriver à l'inconnu par le dérèglement de tous les sens. Les souffrances sont énormes, mais il faut être fort, être né poète, et je me suis reconnu poète. Ce n'est pas du tout ma faute. C'est faux de dire: Je pense: on devrait dire: On me pense. − Pardon du jeu de mots. − Je est un autre. Tant pis pour le bois qui se trouve violon, et nargue aux inconscients, qui ergotent sur ce qu'ils ignorent tout à fait!

Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas yo sé expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte y haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir: me piensan. — Perdón por el juego de palabras. — Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

lunes, 22 de julio de 2013

Correspondencias, de Charles Baudelaire

Correspondances

La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
L'homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l'observent avec des regards familiers.

Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.

II est des parfums frais comme des chairs d'enfants,
Doux comme les hautbois, verts comme les prairies,
— Et d'autres, corrompus, riches et triomphants,

Ayant l'expansion des choses infinies,
Comme l'ambre, le musc, le benjoin et l'encens,
Qui chantent les transports de l'esprit et des sens.


Traducción de Ángel Romera

Natura es un templo donde vivientes pilares
dejan salir a veces una lengua confusa
y el hombre pasa entonces, entre bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

Como largos ecos de lejos entretejidos
en tenebrosa y profunda unidad,
tan vasta  como la noche y como la claridad,
colores, sonidos y perfumes corresponden. 

Hay perfumes frescos como carne de niño
dulces como el oboe, verdes como los prados
y otros corruptos, ricos y triunfantes

al ir una expansión de cosas infinitas
como ámbar, muscona, benjuí e incienso 
que cantan los raptos de espíritu y cuerpo.

Correspondencias

La Creación es un templo donde vivos pilares  
dejan surgir a veces unas voces oscuras;  
allí los hombres pasan a través de espesuras  
de símbolos que observan con ojos familiares.
  
Como confusos ecos que a lo lejos se ahogan  
en una tenebrosa y profunda unidad,  
vasta como la noche, como la claridad,  
perfumes y colores y sonidos dialogan.  
  
Y así hay perfumes frescos como recién nacidos,  
verdes como los prados, dulces como el oboe,  
y hay otros triunfadores, densos y corrompidos,

todos de una expansión infinita movidos, 
como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe,  
que cantan los transportes del alma y los sentidos.

Traducción de Raúl Gustavo Aguirre

viernes, 19 de julio de 2013

La tumba de Edgar Poe, de Mallarmé

Le tombeau d’Edgar Poe

Tel qu’en Lui-même enfin l’éternité le change,
le Poète suscite avec un glaive nu
son siècle épouvanté de n’avoir pas connu
que la mort triomphait dans cette voix étrange !

Eux, comme un vil sursaut d’hydre oyant jadis l’ange
donner un sens plus pur aux mots de la tribu
proclamèrent très haut le sortilège bu
dans le flot sans honneur de quelque noir mélange.

Du sol et de la nue hostiles, ô grief !
Si notre idée avec ne sculpte un bas-relief
dont la tombe de Poe éblouissante s’orne

calme bloc ici-bas chu d’un désastre obscur,
que ce granit du moins montre à jamais sa borne
aux noirs vols du Blasphème épars dans le futur.

LA TUMBA DE EDGAR POE

Como la eternidad lo transforma en Sí mismo
el poeta se yergue con la desnuda espada
sobre un siglo aterrado por el que fue ignorada
la muerte que triunfaba en esa voz de abismo.

Vil sobresalto de hidra que al ángel oyó dar
al habla de la tribu un sentido más puro,
en voz alta anunciaron el bebido conjuro
de una negra mixtura en un innoble mar.

La tierra sea hostil, la nube nos repruebe,
si no esculpe con ellos nuestra idea un relieve
que la tumba de Poe de su belleza invista.

Mole calma caída de un cataclismo oscuro,
que este granito muestre para siempre su arista
a los vuelos de la Blasfemia en el futuro.

François Coppée, La mort des oiseaux


Le soir, au coin du feu, j'ai pensé bien des fois
A la mort d'un oiseau, quelque part, dans les bois.
Pendant les tristes jours de l'hiver monotone,
Les pauvres nids déserts, les nids qu'on abandonne,
se balancent au vent sur le ciel gris de fer.
Oh ! comme les oiseaux doivent mourir l'hiver !
Pourtant lorsque viendra le temps des violettes,
Nous ne trouverons pas leurs délicats squelettes
dans le gazon d'avril où nous irons courir.
Est-ce que les oiseaux se cachent, pour mourir ?


La muerte de los pájaros

(Traducción de Ángel Romera)

Esta noche, junto al fuego, pensé varias veces
en la muerte de un pájaro en alguna parte del bosque.
Durante los tristes días del monótono invierno,
los pobres nidos, desiertos, los nidos que se abandonan
se balancean al viento bajo un cielo gris de hierro.
¡Oh, cómo los pájaros deben morir el invierno!
Y, sin embargo, cuando acuda el tiempo de las violetas
no hallaremos sus delicados esqueletos
en el césped de abril donde nos encontraremos.
¿Es que los pájaros se esconden para morir?

Le ciel est par-dessus le toit, de Paul Verlaine, y una traducción.


Le ciel est par-dessus le toit

Le ciel est, par-dessus le toit,
Si bleu, si calme !
Un arbre, par-dessus le toit,
Berce sa palme.

La cloche, dans le ciel qu'on voit,
Doucement tinte.
Un oiseau sur l'arbre qu'on voit
Chante sa plainte.

Mon Dieu, mon Dieu, la vie est là
Simple et tranquille.
Cette paisible rumeur-là
Vient de la ville.

Qu'as-tu fait, ô toi que voilà
Pleurant sans cesse,
Dis, qu'as-tu fait, toi que voilà,
De ta jeunesse ?

(Traducción fracasada de Ángel Romera)

El cielo está sobre tu techo
tan azul, tan calmo...
y el árbol sobre él
mece su fronda.

Se ve la campana celeste:
dulce tentea;
se ve el pájaro en el árbol:
canta y lamenta.

¡Dios mío, Dios mío, la vida allí
es simple y plácida,
y la serena canción
llega del pueblo!

¿Qué hiciste tú que ya
llorando estás?
Dime ya ¿qué hiciste
con tu mocedad?

Brisa marina de Stephane Mallarmé y dos traducciones


Brise Marine

La chair est triste, hélas! et j'ai lu tous les livres. 
Fuir! là-bas fuir! Je sens que des oiseaux sont ivres 
D'être parmi l'écume inconnue et les cieux! 
Rien, ni les vieux jardins reflétés par les yeux 
Ne retiendra ce coeur qui dans la mer se trempe 
O nuits! ni la clarté déserte de ma lampe 
Sur le vide papier que la blancheur défend 
Et ni la jeune femme allaitant son enfant. 
Je partirai! Steamer balançant ta mâture, 
Lève l'ancre pour une exotique nature! 
Un Ennui, désolé par les cruels espoirs, 
Croit encore à l'adieu suprême des mouchoirs! 
Et, peut-être, les mâts, invitant les orages 
Sont-ils de ceux qu'un vent penche sur les naufrages 
Perdus, sans mâts, sans mâts, ni fertiles îlots... 
Mais, ô mon coeur, entends le chant des matelots!


(Traducción de Ángel Romera)

BRISA MARINA

La carne es triste ¡ay! y todo está leído.
¿Huir y huir ahí? ¡Siento aves ebrias
por tanto volar entre espumosa incógnita y cielos!
Nada, ni viejos jardines que los ojos reflejan,
retendrá un corazón ya en el mar sumergido.
¡Oh, noches! ¡Ni claridad que abandone mi lámpara
sobre el vacuo papel cuyo blancor impide,
ni joven madre que ofrezca lactar a su hijo!
¡Me iré! ¡Vapor que balanceas tu arboladura,
leva el ancla hacia tan extraña natura!
¡Una Apatía desolada de esperanzas mendaces
cree aún un adiós de pañuelo supremo!
¡Aunque quizá los mástiles, que invitan tempestades,
sean los que un viento tiende sobre tantos naufragios
sin mástiles perdidos, sin mástiles, ni ínsulas fértiles!
¡Con todo, corazón mío, escuchas ahora el cantar del marinero!


(traducción anónima)


BRISA MARINA

La carne es triste, ¡ay! y todo lo he leído.
¡Huir! ¡Huir ahí! ¡Siento que los pájaros están ebrios
De estar entre la espuma desconocida y los cielos!
Nada, ni los viejos jardines reflejados por los ojos,
Retendrá ese corazón que en el mar se cala
¡Oh noches! ni la claridad desierta de mi lámpara
Sobre el papel vacío que la blancura defiende
Ni la joven mujer amamantando a su hijo.
¡Me iré! ¡Velero meciendo tu arboladura,
Levanta el ancla hacia una exótica naturaleza!

¡Una Desidia, desolada por crueles esperanzas,
Cree aún al supremo adiós de los pañuelos!
Y, quizás, los mástiles, invitando a las tormentas
Son los que un viento inclina sobre los naufragios
Perdidos, sin mástiles, sin mástiles, ni islas fértiles...
¡Pero, oh corazón mío, escucha el canto de los marineros!

jueves, 13 de junio de 2013

El Cuervo de Poe, en latín

Corvus

ALTA nox erat; sedebam tædio fessus gravi,
Nescio quid exoletæ perlegens scientiæ,
Cum velut pulsantis ortus est sonus meas fores—
Languido pulsantis ictu cubiculi clausas fores:
"Me meus", dixi, "sodalis serius visum venit".
Inde fit sonus;—quid amplius?”

Ah! recordor quod Decembris esset hora nubili,
In pariete quod favillæ fingerent imagines.
Crastinum diem petebam; nil erat solaminis,
Nil levaminis legendo consequi curæ meæ:—
De Leonina dolebam, cœlites quam nominant—
Nos non nominamus amplius.

Mœstus aulæi susurros purpurati, et serici,
Horrui vana nec ante cognita formidine;
Propter hoc, cor palpitans ut sisterem, jam dictitans
Constiti, “Meus sodalis astat ad fores meas,
Me meus sero sodalis hic adest efflagitans;
Inde fit sonus;—quid amplius?”

Mente mox corroborata, desinens vanum metum,
“Quisquis es, tu parce,” dixi “negligentiæ meæ;
Me levis somnus tenebat, et quantis tam lenibus
Ictibus fores meas, ut irritum sonum excites,
Quem mea vix consequebar aure”—tunc pandi fores:—
Illic nox erat;—nil amplius.

Has tenebras intuebar tum stupens mentu diu,
Hæsitans, et mente fingens quodlibet miraculum;
At tacebat omne limen ferreo silentio,
Et, “Leonina!” inde nomen editum solum fuit;
Ipse dixeram hoc, et echo reddidit loquax idem;—
Hæc vox edita est;—nil amplius.

In cubiclum mox regressus, concitis præcordiis,
Admodum paulo acriorem rursus ictum exaudio.
“Quicquid est, certe fenestras concutit,” dixi, “meas;
Eja, prodest experiri quid sit hoc mysterium—
Cor parumper conquiesce, donec hoc percepero;—
Flatus hic strepit;—nil amplius.”

Tunc repagulis remotis, huc et huc, en, cursitans,
Et micans alis, verenda forma, corvus insilit.
Blandiens haud commoratus, quam celerrime viam
Fecit et gravis, superbus, constitit super fores—
In caput divæ Minervæ collocans se sculptile
Sedit, motus haud dein amplius.

Nonnihil deliniebat cor meum iste ales niger,
Fronte, ceu Catoniana tetrica me contuens:
“Tu, licet sis capite lævi, tamen es acer, impiger,
Tam verendus,” inquam “et ater, noctis e plaga vagans—
Dic, amabo, qui vocaris nocte sub Plutonia?”
Corvus rettulit, “Non amplius.”

Ales iste luculenter eloquens me perculit,
Ipsa quamvis indicaret pæne nil responsio;
Namque nobis confitendum est nemini mortalium
Copiam datam videndi quadrupedem unquam aut alitem,
Qui super fores sederet sculptilem premens Deam,
Dictus nomine hoc, “Non amplius.”

At sedens super decorum solus ales id caput,
Verba tamquam mente tota dixit hæc tantummodo.
Deinde pressis mansit alis, postea nil proferens,
Donec ægre murmurârim, “Cæteri me negligunt—
Deseret me cras volucris, spes ut ante destitit.”
Corvus tunc refert, “Non amplius.”

Me statim commovit apta, quam dedit, responsio:
“Ista,” dixi, “sola vox est huic opes, peculium,
Quam miser præcepit actus casibus crebris herus
Ingruentibus maligne, donec ingemisceret,
Hanc querulam, destitutus spe, redintegrans diu,
Vocem lugubrem, ‘Non amplius.’”

Mox, nam adhuc deliniebat cor meum iste ales niger,
Culcitis stratum sedile colloco adversus fores;
Hac cubans in sede molli mente cogito mea,
Multa fingens continenter, quid voluerit alitis
Tam sinistri, dam tigrantis, tam macri, tam tetrici,
Ista rauca vox, “Non amplius.”

Augurans hoc considebam, proferens vocis nihil
Ad volucrem, jam intuentem pupulis me flammeis;
Augurans hôc plus sedebam, segniter fulto meo
Capite culcita decora, luce lampadis lita,
Quam premet puella mollem, luce lampadis litam,
Illa lux mea, ah! non amplius.

Visus aer thureis tunc fumigari odoribus,
Quos ferebant Dî prementes pede tapeta tinnulo.
“En, miser,” dixi, “ministrant—Dî tibi nunc exhibent
Otium multùm dolenti de Leonina tua!
Eja, nepenthes potitor, combibens oblivia!”
Corvus rettulit, “Non amplius.”

“Tu, sacer propheta,” dixi, “sis licet dæmon atrox!—
Tartarus seu te profundus, seu procella huc egerit,
Tu, peregrinans, et audax, hanc malam visens domum,
Quam colit ferox Erinnys—dic mihi, dic, obsecro,
Num levamen sit doloris, quem gero—dic, obsecro!”
Corvus rettulit, “Non amplius.”

“Tu, sacer propheta,” dixi, “sis licet dæmon atrox!—
Obsecro deos per illos queis uterque cedimus—
Dic dolenti, num remotis in locis olim Elysî
Sim potiturus puella numini carissima,
Num leoninam videbo, cœlites quam nominant.”
Corvus rettulit, “Non amplius.”

“Ista tempus emigrandi vox notet,” dixi fremens—
“Repete nimbum, repete noctis, tu, plagam Plutoniam!
Nulla sit relicta testans pluma commentum nigra!
Mitte miserum persequi me! linque Palladis caput!
E meo tu corde rostrum, postibus formam eripe!”
Corvus rettulit, “Non amplius.”

Et sedens pennis quietis usquem corvus, indies,
Sculptilis premit Minervæ desuper pallens caput;
Similis oculos molienti luctuosa dæmoni:
Sub lychno nigrat tapetes fluctuans umbra alitis;
Et mihi mentem levandi subrutam hac umbra meam
Facta copia est—non amplius!

domingo, 18 de noviembre de 2012

Charles Baudelaire, El Albatros


L'albatros

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,
Le navire glissant sur les gouffres amers.

À peine les ont-ils déposés sur les planches,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches
Comme des avirons traîner à côté d'eux.

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Lui, naguère si beau, qu'il est comique et laid!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!

Le Poète est semblable au prince des nuées
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;
Exilé sur le sol au milieu des huées,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.

viernes, 20 de enero de 2012

Los sollozos, de Marceline Desbordes-Valmore


Los sollozos
de Marceline Desbordes-Valmore


Traducción de Mauricio Bacarisse (1921)

¡El infierno está aquí! El otro no me asusta.
Empero, el purgatorio mi corazón disgusta.

De él me han hablado mucho y su nombre funesto
en mi corazón débil ha encontrado su puesto.

Cuando la ola de días va agostando mi flor,
el purgatorio veo al perder el color.

¡Si es cierto lo que dicen, es preciso ir allí,
Dios de toda existencia, para llegar a ti!

Allí habrá que bajar, sin más luna ni luz
que el peso del temor y del amor la cruz.

Para oír cómo gimen las almas condenadas
sin poderles decir “¡Estáis ya perdonadas!”

¡Dolor de los dolores; no poder agotar
los sollozos que intentan por doquiera brotar!

De noche tropezar en celdas intranquilas
que ningún alba tiñe con sus claras pupilas.

Ni poder decir al Señor incomprendido:
“¡Ay, Salvador de mi alma!, ¿es que aún no has venido?”

Me escondo; tengo miedo de tener miedo y frío,
como el ave caída teme por su albedrío.

A un recuerdo mis brazos vuelvo a abrir tristemente,
y mi alma más cercana el purgatorio siente.

Sueño que estoy en él, tras la muerte llevada,
como una esclava indócil, al fin de la jornada,

cubriendo con las manos el semblante abatido,
pisando el corazón, por tierra malherido.

Allí voy; precediéndome, mi llegada proclamo
y no oso desear nada de lo que amo.

Y este corazón mío no tendrá más dulzura
que los lejanos ecos de su antigua ventura.

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

Mientras el fallo eterno rechace mi plegaria
no arderá ante mis ojos ninguna luminaria.

No he de ver más escenas mundanas y horrorosas
que abatan mis humildes miradas dolorosas.

¡No gozaré del sol! ¿Por qué?... La luz querida
para el mal en la tierra, empero, está encendida.

Ve el culpable que a la horca su delito conduce
el saludo del orbe que se divierte y luce.

¡En los aires no hay pájaros! ¡No hay fuego en el hogar!
¡Y ni un Ave María reza el aura al pasar!

Para el junco del lago no hay un soplo viviente
ni aire para que exista un átomo viviente.

Ni el zumo de las frutas que ofrecen su frescura
al ingrato, tendré en mi sed y calentura.

Del corazón ausente que me hará padecer
acumularé el llanto que no puedo verter.

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

¡No más recuerdos de esos que me embargan de llanto
tan vivos, que viviera yo siempre de su encanto!

¡No más familia dulce, sentada en el umbral
que bendice cantando el sueño patriarcal!

¡Ni más voz adorada, cuya gracia invencible
hasta la Nada absurda tornaría sensible!

No más libros divinos desde el cielo exfoliados,
conciertos para el alma por la vista escuchados.

Y no osando morir tampoco oso vivir
ni buscar en la muerte quién me ha de redimir.

¿Por qué hay sobre las cunas, padres, la flor de un hijo
si al árbol y al arbusto siempre el cielo maldijo?

Cielos, ¿adónde iré
sin pies para huir?
¿Adónde llamaré
sin llave para abrir?

¡Bajo la cruz se inclina el alma prosternada,
del dolor de nacer con morir castigada!

Mas no tengo en la muerte si me siento expirar
ni una lejana voz que aconseje esperar.

¡Si en el cielo apagado alguna estrella pálida
esta melancolía besara con luz cálida!

¡Si bajo las sombrías bóvedas del horror
viera cómo me ven dos ojos con amor!

¡Ay, sería mi madre, intrépida y bendita,
que bajaría a ver a su hija precita!

¡Sí; mi madre podría al Dios justo ablandar
y ella me sacaría del horrible lugar!

De la esperanza joven alzara el fuerte viento
al fruto derribado por tanto sufrimiento.

Sentiría sus brazos, dulces, fuertes y hermosos,
arrastrarme, abrazada con ímpetus briosos.

El aire auxiliaría a mis alas nacientes
como a las golondrinas libres e independientes.

Huiría para siempre, pues mi madre al partir
viva me llevaría hacia lo porvenir.

Mas antes de pasar las mortales fronteras
otras almas quisiéramos tener por compañeras.

Y en aquel campo fúnebre en que dejaba flores
y el aroma que exhalan los llantos de dolores

caeríamos, solícitas, entusiastas y ardientes,
gritando “¡Acompañadnos!” a las almas dolientes.

“¿Venís hacia el estío en que ha de retoñar
el amor en que no hay que morir ni llorar?

¡Con Dios y sus palomas venid en santos vuelos!
¡Dejad vuestros sudarios; no hay tumbas en los cielos!

¡El sepulcro está roto por la eterna pasión!
¡Mi madre nos concibe en la eterna mansión!”

lunes, 22 de septiembre de 2008

Arte poética de Verlaine

Arte poética

Prefiere la música a toda otra cosa,
persigue la sílaba impar, imprecisa,
más ágil y más soluble en la brisa,
que –libre de lastre– ni pesa ni posa.

Que vuestra palabra tenga un indeciso
y equívoco paso, si lo decidís.
Nada más hermoso que la canción gris,
donde lo indeciso se une a lo preciso.

Detrás de los velos, las miradas bellas.
En el mediodía, una luz que oscila.
Un cielo de otoño templado perfila
un confuso azul de claras estrellas.

Matiz, claroscuro, veladura sola.
Nada de color. Sólo los matices.
El matiz compone parejas felices
entre sueño y sueño, entre flauta y viola.

Aleja de ti la punta asesina,
la gracia cruel y el rictus de hielo,
que harían llorar los ojos del cielo
con todo ese ajo de mala cocina.

Coge la retórica y amordázala.
Sujeta la rima, y dale sentido
a esa carambola de vano sonido,
que, si la dejamos, ¿hasta dónde irá?

¡Ah, la sinrazón de la pobre rima!
¿Qué párvulo sordo, qué negro mochales,
nos forjó esa joya de cuatro reales
que suena a oropel hueco con la lima?

La música siempre, y en tono menor.
Que tu verso sea fugaz y suave,
sutil y ligero, como vuelo de ave
que busca otros cielos y otro nuevo amor.

Que tu verso sea la buena ventura
esparcida al aire de la madrugada,
que huele a tomillo y a menta granada…
Todo lo demás es literatura.

martes, 6 de marzo de 2007

JARDÍN BURGUÉS, Arthur Rimbaud



Jardín donde árboles y flores, todo es correcto,
todos los asmáticos burgueses de calor ahogados
traen, los jueves por la tarde, sus envidiejas.
La banda militar, en medio del jardín,
balancea su chacona, el Vals de los pífanos.

En torno se pavonea el pisaverde ante las primeras filas,
el notario cuelga de sus dijes grabados,
rentistas con binóculos subrayan todos los desafinados,
gordos burócratas engreídos arrastran sus gruesas señoronas
junto a las cuales van, cual serviciales cornacas,
aquellas cuyos volantes airean reclamo.

En los verdes bancos, cofradías de tenderos jubilados
atizan la arena con su bastón de pomo,
discuten harto seriamente los tratos,
aspiran rapé en plata y prosiguen: "En resumidas cuentas..."

Despachurrando en el banco los michelines de sus caderas,
un burgués de claro abotonado y flamenca barriga
saborea su ''onnaing'', del que se desprenden briznas
de tabaco -de contrabando, sepa usted-.


A lo largo de la verde grama se mofan los golfos;
y, amorosamente rendidos al canto de trombones,
muy cándidos, fumando cigarrillos baratos, los guripas
acarician los bebés para engatusar niñeras...


Yo persigo, despechugado como un estudiante,
a pizpiretas muchachas bajo verdes castaños
ellas se percatan y se me vuelven riendo,
sus ojos repletos de saber indiscreto.


No digo palabra; continúo mirando la carne
de sus blancos cuellos, de bordados locos mechones;
persigo bajo la blusa y los frágiles atavíos
el divino dorso que sigue la curva de sus hombros.

Enseguida descubro la botina, la media y...
reconstruyo los cuerpos, consumidos de hermosa fiebre.
Ellas me encuentran gracioso y cuchichean muy quedo...
Y mi deseo brutal se tira a sus labios.

EL DURMIENTE DEL VALLE, Arthur Rimbaud



Un hoyo de verdor en el que canta un río
fijando alocadamente en las yerbas jirones
de plata; en el que el sol, desde la altiva montaña,
brilla: un pequeño valle que crea espuma de rayos.

Un joven soldado, la boca abierta, la cabeza desnuda,
bañada la nuca en el fresco berro azul,
duerme; está tendido en la yerba, bajo una nube,
pálido en su verde lecho donde llueve la luz.

Con los pies en los gladiolos, duerme. Sonriendo como
sonreiría un niño enfermo, está echando un sueño:
Naturaleza, mécelo cálidamente: tiene frío.

Los aromas ya no estremecen su nariz;
duerme bajo el sol, con la mano en el pecho
tranquilo. En el costado derecho tiene dos ojos rojos.

Octubre 1870

UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO, Edgar Allan Poe



¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías
que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
que la esperanza se acabe
de noche o a pleno sol,
con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño.

Frente a la mar rugiente
que castiga esta rompiente
tengo en la palma apretada
granos de arena dorada.
¡Son pocos! Y en un momento
se me escurren y yo siento
surgir en mí este lamento:
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo
retenerlos en mis dedos?
¡Oh Dios! ¡Si yo pudiera
salvar uno de la marea!
¿Hasta nuestro último empeño
es sólo un sueño dentro de un sueño?

miércoles, 28 de febrero de 2007

EL ALBATROS, Charles Baudelaire



Por distraerse, a veces, suelen los marineros
dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
que siguen, indolentes compañeros de viaje,
al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
dejan penosamente arrastrando las alas,
sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
sus alas de gigante le impiden caminar.

jueves, 22 de febrero de 2007

Cendal flotante de leve bruma, Gustavo Adolfo Bécquer

Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.

Tú, sombra aérea,

que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

Yo, que a tus ojos en mi agonía

los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

martes, 20 de febrero de 2007

El gusano conquistador, Edgar Allan Poe

¡Mirad! ¡Es noche de fiesta
dentro de estos últimos años desolados!
Una muchedumbre de ángeles alados, ataviados
con velos, y anegados en lágrimas,
está sentada en un teatro, para ver
una comedia de esperanzas y temores,
mientras la orquesta a intervalos suspira
la música de las esferas.

Los mimos, hechos a imagen del dios de las alturas,
musitan y rezongan por lo bajo,
y corren de acá para allá –
Puros muñecos que van y vienen
al mando de vastos, informes seres
que cambian las decoraciones de un lado a otro
sacudiendo de sus alas de cóndor
el invisible infortunio.

¡Oh, que abigarrado drama! - ¡Ah, estad ciertos
de que no será olvidado!
Con su fantasma perseguido, sin cesar, cada vez más,
por una muchedumbre que no puede pillarlo,
cruzando un círculo que gira siempre
en un mismo sitio.
Y mucho de locura y más de pecado
y horror son alma del argumento.

Pero mirad: entre la música barahúnda
una forma reptante se introduce,
un ser rojo de sangre que viene retorciéndose
de la soledad escénica.
¡Se retuerce! - ¡Se retuerce! – con mortales angustias,
los mimos se toman su pasto,
y los serafines sollozan ante los colmillos de aquella sabandija
empapados en sangraza humana.

¡Desaparecen – desaparecen las luces – desaparecen todas!
Y sobre todas aquellas formas tremulantes
el telón, paño mortuorio,
baja con el ímpetu de una tempestad.
Y los ángeles, todos pálidos, macilentos,
se levantan, se quitan los velos, y afirman
que aquella obra es la tragedia del hombre
y su protagonista el Gusano conquistador
.