Solón de Atenas
Elegía a las Musas
Famosas hijas de Mnemósine y Zeus Olímpico,
Musas Piéridas, escuchadme cuando os invoco.
Concedme la felicidad que otorgan los dioses bienaventurados y gozar
siempre entre todos los hombres de una buena fama;
ser muy dulce para los amigos, y amargo para los enemigos,
que mi vista sea para unos objeto de respeto, para otros de temor.
Si bien deseo tener riquezas, no quiero obtenerlas
de manera injusta. Más tarde, llega certero el castigo.
La riqueza que otorgan los dioses, es firme para el hombre
desde su cimiento más profundo hasta la cima.
Pero la que buscan los hombres a causa de su insolencia, no viene
con orden, sino que obedeciendo a las obras injustas, sin querer las sigue
y rápidamente se mezcla con la desgracia.
Nace de un pequeño origen, como el del fuego,
débil primero, incurable termina.
No duran por cierto mucho tiempo para los mortales
las obras de la insolencia,
sino que Zeus vigila el fin de todo y, de repente,
como súbitamente dispersa las nubes
el viento primaveral, que, tras revolver el fondo
del yermo mar de muchas olas y devastar
en la tierra productora de trigo las bellas obras, alcanza la alta sede
de los dioses, el cielo, y nuevamente aclara el día
y brilla la bella fuerza del sol en la fértil tierra,
y no hay a la vista ni siquiera una nube.
Tal es el castigo de Zeus; no contra uno
como se encoleriza un hombre mortal.
Nunca le pasa completamente desapercibido el que
tiene un corazón impío, al final se pone totalmente en evidencia.
Uno paga de inmediato, el otro, más tarde; a los que huyen
ellos mismos y no les alcanza el destino de los dioses que se acerca,
les llega completamente más tarde; inocentes pagan sus actos,
bien sus hijos, bien la estirpe futura.
Los mortales juzgamos, de manera semejante el bueno y el malo
que está bien la opinión que cada uno tiene,
antes de sufrir algo. Entonces llega el sufrimiento. Hasta ese momento
sin darnos cuenta gozamos con vanas esperanzas.
Al que oprimen enfermedades terribles
piensa que se pondrá sano,
otro aunque es cobarde cree ser un hombre bueno
y otro bello, aunque no tiene una agradable figura.
Si uno carece de fortuna y la pobreza lo oprime
cree que posee absolutamente mucho dinero.
Se esfuerza cada uno por otra cosa. Uno vaga por el mar,
porque desea llevar a casa ganancia en sus naves
arrastrado de un lado a otro por terribles vientos en el mar
sin escatimar nada de su vida.
Otro corta la tierra de muchos árboles cada año y
trabaja como siervo, a éstos les corresponde el curvo arado.
Otro aprende la obra de Atenea y Hefesto de mucha técnica
y recoge su sustento con las manos.
Otro aprendió de las Musas olímpicas los dones
y sabe la medida de la sabiduría deseada.
A otro hizo augur el señor Apolo que actúa de lejos,
conoce el mal que viene al hombre de lejos
si lo acompañan los dioses. Contra lo que está destinado
en absoluto protegen ni un pájaro ni los sacrificios.
Otros son médicos porque dominan la obra del Peán
de muchos remedios. Tampoco para éstos hay un final cierto.
A menudo un gran dolor nace de una pequeña molestia
y nadie lo eliminaría por medio de suaves remedios
En otras ocasiones, cura súbitamente al que tiene
malas y terribles enfermedades tocándolo con las manos .
El destino trae a los mortales mal y también bien,
Llegan a ser regalos inevitables de los dioses inmortales.
En todas las acciones hay peligros y, cuando algo ha comenzado,
nadie sabe de qué manera va a estar dispuesto
El que intenta hacerlo bien cae sin preverlo
en una gran y difícil desgracia,
al que lo hace de mala manera, un dios le da en toda ocasión
una buena fortuna, salvación de su desvarío.
Ningún límite de la riqueza es evidente para los hombres
Pues los que de nosotros ahora tienen los mayores bienes,
se esfuerzan el doble. ¿Quién satisfaría a todos?
Los dioses entregan a los mortales beneficios,
pero de ellos surge la desgracia que, cuando Zeus
la envía a castigar, toca una vez a uno y otra vez a otro
Para la felicidad
En verdad que por igual son ricos quien tiene mucho oro,
plata y campos de tierra que siembra de trigo,
y caballos y mulos, y quien sólo se ocupa de esto:
de dar gozo a su vientre su costado y sus pies,
y disfrutar, si la ocasión se lo ofrece, de una mujer
o un muchacho en sazón. A su tiempo todo es grato.
Ese es el colmo de ventura para el hombre. Pues nadie
con todas sus muchas riquezas se va hacia el Hades,
ni, ofreciendo rescate, se escapa a la muerte ni a duras
dolencias ni a la maldita vejez cuando ella acude.
Fragm 14D (C. G. G.) (14)
Apología personal
Y yo ¿por qué me retiré antes de conseguir
aquello a lo que había convocado al pueblo?
De eso podría atestiguar en el juicio del tiempo
la madre suprema de los dioses olímpicos
muy bien, la negra Tierra, a la que entonces
yo le arranqué los mojones hincados por doquier.
Antes era esclava, y ahora es libre.
Y reconduje a Atenas, que por patria les dieron
los dioses, a muchos ya vendidos, uno justa
y otro injustamente, y a otros exiliados
por urgente pobreza que ya no hablaban
la lengua del Atica, de tanto andar errantes.
Y a otros que aquí mismo infame esclavitud
ya sufrían, temerosos siempre de sus amos,
los hice libres. Eso con mi autoridad,
combinando la fuerza y la justicia,
lo realicé, y llevé a cabo cuanto prometí.
Leyes a un tiempo para el rico y el pobre,
encjando a cada uno una recta sentencia,
escribí. Si otro, en mi lugar, tiene la vara,
un tipo malévolo y codicioso de bienes,
no hubiera contenido al pueblo. […]
Fragm 24D (C. G. G.) (14)
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sábado, 22 de agosto de 2015
Safo de Lesbos, Antología
Safo de Lesbos
Himno a Afrodita
Inmortal Afrodita, la de trono pintado,
hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego;
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.
Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,
tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. « ¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?
Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista».
Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tú misma mi alíada.
Fragm. ID (C. G. G.) (14)
Me parece igual a los dioses
Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.
Pragm. 2D (C. G. G.) (14)
Lo mejor es lo que uno ama
Dicen unos que un ecuestre tropel, la infantería
otros, y ésos, que una flota de barcos resulta
lo más bello en la oscura tierra, pero yo digo
que es lo que uno ama.
Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera.
Pues aquella que mucho en belleza aventajaba
a todos los humanos, Helena, a su esposo,
un príncipe ilustre,
lo abandonó y marchóse navegando hacia Troya,
sin acordarse ni de su hija ni de sus padres
en absoluto, sino que la sedujo Cipris.
También a mí ahora a mi Anactoria ausente
me has recordado.
Cómo preferiría yo el amable paso de ella
y el claro resplandor de su rostro ver ahora
a los carros de guerra de los lidios en armas
marchando al combate.
Fragm. 27D (C. G. G.) (14)
Luna
Las estrellas en torno a la bella luna también
oscurecen su rutilante aura al tiempo que
ella con plenitud alumbra
sobre toda la tierra... plateada
Fragm. 4D (C. G. G.) (14)
Soledad y noche
Ya se ocultó la luna
y las Pléyades. Promedia
la noche. Pasa la hora.
Y yo duermo sola.
Fragm. 94D (C. G. G.) (14)
Canción de tela
Dulce madre mía, no puedo ya tejer mi tela,
consumida de amor por un joven, vencida por la suave
Afrodita.
Fragm. 114D (C. G. G.) (14)
Himno a Afrodita
Inmortal Afrodita, la de trono pintado,
hija de Zeus, tejedora de engaños, te lo ruego;
no a mí, no me sometas a penas ni angustias
el ánimo, diosa.
Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo,
al escuchar de lejos de mi voz la llamada,
la has atendido y, dejando la áurea morada
paterna, viniste,
tras aprestar tu carro. Te conducían lindos
tus veloces gorriones sobre la tierra oscura.
Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo
cruzaron el éter,
y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa,
mostrando tu sonrisa en el rostro inmortal,
me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué
de nuevo te invocaba,
y qué con tanto empeño conseguir deseaba
en mi alocado corazón. « ¿A quién, esta vez
voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora,
ay Safo, te agravia?
Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte;
si regalos no aceptaba, ahora va a darlos,
y si no te quería, en seguida va a amarte,
aunque ella resista».
Acúdeme también ahora, y líbrame ya
de mis terribles congojas, cúmpleme que logre
cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra
tú misma mi alíada.
Fragm. ID (C. G. G.) (14)
Me parece igual a los dioses
Me parece que es igual a los dioses
el hombre aquel que frente a ti se sienta,
y a tu lado absorto escucha mientras
dulcemente hablas
y encantadora sonríes. Lo que a mí
el corazón en el pecho me arrebata;
apenas te miro y entonces no puedo
decir ya palabra.
Al punto se me espesa la lengua
y de pronto un sutil fuego me corre
bajo la piel, por mis ojos nada veo,
los oídos me zumban,
me invade un frío sudor y toda entera
me estremezco, más que la hierba pálida
estoy, y apenas distante de la muerte
me siento, infeliz.
Pragm. 2D (C. G. G.) (14)
Lo mejor es lo que uno ama
Dicen unos que un ecuestre tropel, la infantería
otros, y ésos, que una flota de barcos resulta
lo más bello en la oscura tierra, pero yo digo
que es lo que uno ama.
Y es muy fácil hacerlo comprensible a cualquiera.
Pues aquella que mucho en belleza aventajaba
a todos los humanos, Helena, a su esposo,
un príncipe ilustre,
lo abandonó y marchóse navegando hacia Troya,
sin acordarse ni de su hija ni de sus padres
en absoluto, sino que la sedujo Cipris.
También a mí ahora a mi Anactoria ausente
me has recordado.
Cómo preferiría yo el amable paso de ella
y el claro resplandor de su rostro ver ahora
a los carros de guerra de los lidios en armas
marchando al combate.
Fragm. 27D (C. G. G.) (14)
Luna
Las estrellas en torno a la bella luna también
oscurecen su rutilante aura al tiempo que
ella con plenitud alumbra
sobre toda la tierra... plateada
Fragm. 4D (C. G. G.) (14)
Soledad y noche
Ya se ocultó la luna
y las Pléyades. Promedia
la noche. Pasa la hora.
Y yo duermo sola.
Fragm. 94D (C. G. G.) (14)
Canción de tela
Dulce madre mía, no puedo ya tejer mi tela,
consumida de amor por un joven, vencida por la suave
Afrodita.
Fragm. 114D (C. G. G.) (14)
Semónides de Amorgos, Yambos contra las mujeres
Semónides de Amorgos
Yambo de las mujeres
De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
desde un comienzo. A una la sacó de la híspida cerda:
en su casa está todo mugriento por el fango,
en desorden y rodando por los suelos.
Ella, sin lavarse y con vestidos sucios,
revolcándose en estiércol se hincha de grasa.
Otra la hizo Dios de la perversa zorra,
una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
De las mismas cosas, muchas veces dice que una es mala,
pero otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.
Otra, de la perra salió: gruñona e impulsiva,
que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
y deambula por todas partes fisgando y vagando,
y ladra de continuo, aun sin ver a nadie.
No la puede contener su marido, por más que la amenace,
ni aunque, irritado, le parta los dientes a pedradas,
ni tampoco hablándole con ternura,
ni siquiera cuando está sentada con extraños;
¡no, que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar!
A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
ni el bien conoce una mujer de esa clase. […]
Fragm. 7D (C. G. G.) (14)
Yambo de las mujeres
De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer
desde un comienzo. A una la sacó de la híspida cerda:
en su casa está todo mugriento por el fango,
en desorden y rodando por los suelos.
Ella, sin lavarse y con vestidos sucios,
revolcándose en estiércol se hincha de grasa.
Otra la hizo Dios de la perversa zorra,
una mujer que lo sabe todo. No se le escapa
inadvertido nada de lo malo ni de lo bueno.
De las mismas cosas, muchas veces dice que una es mala,
pero otras que es buena. Tiene un humor diverso en cada caso.
Otra, de la perra salió: gruñona e impulsiva,
que pretende oírlo todo, sabérselo todo,
y deambula por todas partes fisgando y vagando,
y ladra de continuo, aun sin ver a nadie.
No la puede contener su marido, por más que la amenace,
ni aunque, irritado, le parta los dientes a pedradas,
ni tampoco hablándole con ternura,
ni siquiera cuando está sentada con extraños;
¡no, que mantiene sin pausa su irrestañable ladrar!
A otra la moldearon los Olímpicos del barro,
y la dieron al hombre como algo tarado. Porque ni el mal
ni el bien conoce una mujer de esa clase. […]
Fragm. 7D (C. G. G.) (14)
Arquíloco de Paros, Antología
Arquíloco de Paros, inventor de la poesía yámbica o presatírica
Guerrero y poeta
Soy yo, a la vez, servidor del divino Enialio
y conocedor del amable don de las Musas.
Fragm. 1D (C.G.G.) 14
Un mercenario
En la lanza tengo mi pan negro, en la lanza
mi vino de Ismaro, y bebo apoyado en mi lanza.
Fragm. 2D (C.G.G) 14
A los que le acusan de huir en la batalla
Algún sayón presume con mi escudo, arma sin tacha,
que tras un matorral abandoné, a pesar mío.
Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo?
¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor.
Fragm. 6D (C.G.G) 14
A los dioses atribúyelo todo. Muchas veces levantan
de las desdichas a hombres echados sobre el oscuro suelo;
y muchas veces derriban y tumban panza arriba
a quienes caminan erguidos...
Fragm. 58D (C.G.G) 14
Contra el padre de Neóbula
Padre Licambes, ¿qué es lo que tramaste?
¿Quién perturbó tu entendimiento? Antes
estabas en tus cabales. Pero ahora eres
en la ciudad gran motivo de burla.
Fragm. 88D (C.G.G) 14
Resignación
Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,
álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.
Fragm. 67aD (C. G. G.) (14)
Ansias de amor
Jugueteaba ella con un ramo de mirto
y una linda flor del rosal... Su melena
le aureolaba de sombra los hombros y la frente.
...De su perfumado cabello y su pecho
hasta un viejo se habría enamorado.
Tal ansia de amor me envolvió el corazón
y densa niebla derramó sobre mis ojos
robando de mi pecho el suave sentido.
Yazgo, infeliz, por la pasión vencido,
sin vida, hasta los huesos traspasado
de fieros dolores que los dioses me envían.
Pero el perturbador deseo me domina
y no me cuido de yambos ni placeres.
Ojalá que pudiera tocar la mano de Neóbula...
Y caer, presto a la acción, sobre el odre,
y aplicar el vientre al vientre y mis muslos a sus muslos.
Fragms.25D, 26D, 112D, 104D, 11SD, 71D y 7 C (C. G. G.) (14)
Guerrero y poeta
Soy yo, a la vez, servidor del divino Enialio
y conocedor del amable don de las Musas.
Fragm. 1D (C.G.G.) 14
Un mercenario
En la lanza tengo mi pan negro, en la lanza
mi vino de Ismaro, y bebo apoyado en mi lanza.
Fragm. 2D (C.G.G) 14
A los que le acusan de huir en la batalla
Algún sayón presume con mi escudo, arma sin tacha,
que tras un matorral abandoné, a pesar mío.
Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo?
¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor.
Fragm. 6D (C.G.G) 14
A los dioses atribúyelo todo. Muchas veces levantan
de las desdichas a hombres echados sobre el oscuro suelo;
y muchas veces derriban y tumban panza arriba
a quienes caminan erguidos...
Fragm. 58D (C.G.G) 14
Contra el padre de Neóbula
Padre Licambes, ¿qué es lo que tramaste?
¿Quién perturbó tu entendimiento? Antes
estabas en tus cabales. Pero ahora eres
en la ciudad gran motivo de burla.
Fragm. 88D (C.G.G) 14
Resignación
Corazón, corazón, de irremediables penas agitado,
álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.
Fragm. 67aD (C. G. G.) (14)
Ansias de amor
Jugueteaba ella con un ramo de mirto
y una linda flor del rosal... Su melena
le aureolaba de sombra los hombros y la frente.
...De su perfumado cabello y su pecho
hasta un viejo se habría enamorado.
Tal ansia de amor me envolvió el corazón
y densa niebla derramó sobre mis ojos
robando de mi pecho el suave sentido.
Yazgo, infeliz, por la pasión vencido,
sin vida, hasta los huesos traspasado
de fieros dolores que los dioses me envían.
Pero el perturbador deseo me domina
y no me cuido de yambos ni placeres.
Ojalá que pudiera tocar la mano de Neóbula...
Y caer, presto a la acción, sobre el odre,
y aplicar el vientre al vientre y mis muslos a sus muslos.
Fragms.25D, 26D, 112D, 104D, 11SD, 71D y 7 C (C. G. G.) (14)
lunes, 5 de marzo de 2007
POEMAS, Safo
A una amada
Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a ti y, desde tan cerca, te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta...
En la distancia
De veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando, me musitó las siguientes palabras: "Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte." Y yo le respondí: "Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas: cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza."
Soledad a Media Noche
Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.
Cuasi Ventus
Amor ha agitado mis entrañas como el huracán que sacude monte abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba aguardando. Has prendido fuego a mi corazón, que se abrasa de deseo.
Un epigrama
Estas son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda, fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez que ella pereció, con un acero recién afilado, todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa cabellera de sus cabezas.
Paréceme a mí que es igual a los dioses el mortal que se sienta frente a ti y, desde tan cerca, te oye hablar dulcemente y sonreír de esa manera tan encantadora.
El espectáculo derrite mi corazón dentro del pecho. Apenas te veo así un instante, me quedo sin voz. Se me traba la lengua. Un fuego penetrante fluye en seguida por debajo de mi piel. No ven nada mis ojos y empiezan a zumbarme los oídos. Me cae a raudales el sudor. Tiembla mi cuerpo entero. Me vuelvo más verde que la hierba. Quedo desfallecida y es todo mi aspecto el de una muerta...
En la distancia
De veras, quisiera morirme. Al despedirse de mí llorando, me musitó las siguientes palabras: "Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte." Y yo le respondí: "Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas: cuantas horas felices hemos pasado juntas. Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo, que junto a mí te ceñiste. Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello, tejidos de flores fragantes por nuestras manos. Han sido muchas las veces que derramaste bálsamo de mirra y un ungüento regio sobre mi cabeza."
Soledad a Media Noche
Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola.
Cuasi Ventus
Amor ha agitado mis entrañas como el huracán que sacude monte abajo las encinas. Viniste. Hiciste bien. Yo te estaba aguardando. Has prendido fuego a mi corazón, que se abrasa de deseo.
Un epigrama
Estas son las cenizas de Timade. Muertas antes de la boda, fue a parar al oscuro tálamo de Perséfone. Y una vez que ella pereció, con un acero recién afilado, todas sus compañeras colocaron aquí como ofrenda la graciosa cabellera de sus cabezas.
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