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lunes, 10 de febrero de 2025

Oda a la patria de Buenaventura Carlos Aribau, vesión bilingüe

 Traducción al castellano


¡Adiós, colinas, para siempre adiós!

¡Oh sierras desiguales, que allí, en la patria mía,

de las nubes y el cielo de lejos distinguía,

por el reposo eterno, por el más azul color!

¡Adiós tú, viejo Montseny, que desde tu alto palacio

custodio vigilante, cubierto de nieve y niebla,

miras por una brecha la tumba del Judío,

y, en medio del mar inmenso, la mallorquina nave!


Yo tu superba frente conocía entonces

como pudiera conocer la de mis parientes.

Conocía también el son de tus torrentes

como la voz de mi madre, o de mi hijo los llantos.

Mas, arrancado después por hados adversos,

ya no conozco ni siento como en veces mejores;

así de un árbol migrado a tierras apartadas

los frutos pierden el sabor y su perfume las flores.


¿Qué me vale que un engañoso destino me haya sacado

a ver más cerca las torres de Castilla,

si el canto del trovador no oye mi oído

ni despierta en mi pecho un generoso recuerdo?

A mi dulce país en alas me transporto,

y veo del Llobregat la playa serpentina,

que, fuera de cantar en lengua lemosina,

no más placer me queda, ni tengo otro consuelo.


Pláceme todavía la lengua de aquellos sabios,

que llenaron el universo con sus costumbres y leyes,

la lengua de aquellos fuertes que acataron los reyes,

defendieron sus derechos y vengaron sus agravios.

¡Muera, muera el ingrato que, al sonar en sus labios

por extraña región el acento nativo, no llora,

quien al pensar en sus hogares no arde ni añora,

ni toma del muro sagrado la lira de sus abuelos!


En lemosín sonó mi primer vagido,

cuando del pezón materno la dulce leche bebía;

en lemosín al Señor oraba todo día,

y cánticos lemosinos soñaba cada noche.

Si, cuando me encuentro solo, hablo con mi espíritu,

lemosín le hablo, que otra lengua no entiende,

ni en mi boca entonces sabe mentir ni miente,

pues nacen las razones del centro de mi pecho.


¡Sal, pues, para expresar el afecto más sagrado

que en el corazón del hombre pueda grabar mano del cielo,

oh lengua a mis sentidos más dulce que la miel,

que me retornas las virtudes de mi inocente edad!

¡Sal, y grita por el mundo que ya mi corazón ingrato

no cesará de cantar de mi patrón la gloria

y pase por tu voz su nombre y su memoria

a los propios, a los extraños, a la posteridad!


En catalán original

(con la ortografía antigua)


Adéu-siau, turons,    per sempre adéu-siau,

Oh serres desiguals,   que allí, en la pàtria mia,

Dels núvols e del cel    de lluny vos distingia,

Per lo repòs etern,    per lo color més blau.

Adéu tu, vell Montseny,    que des ton alt palau,

Com guarda vigilant    cobert de boira e neu,

Guaites per un forat    la tomba del Jueu,

E al mig del mar immens    la mallorquina nau.


Jo ton superbe front    coneixia llavors,

Com conèixer pogués    lo front de mos parents,

Coneixia també to    so de tos torrents,

Com la veu de ma mare    o de mon fill los plors.

Mes, arrencat després    per fats perseguidors,

Ja no conec ni sent    com en millors vegades;

Així d'arbre migrat   a terres apartades,

Son gust perden los fruits    e son perfum les flors.


Què val que m'haja    tret una enganyosa sort

A veure de més prop    les torres de Castella,

Si el cant del trobador    no sent la mia orella,

Ni desperta en mon pit    un generós record?

En va a mon dolç país    en ales jo em transport,

E veig del Llobregat    la platja serpentina,

Que fora de cantar    en llengua llemosina,

No em queda més plaer,    no tinc altre conhort.


Plau-me encara parlar    la llengua d'aquells savis,

Que ompliren l'univers    de llurs costums e lleis,

La llengua d'aquells forts    que acataren los reis,

Defengueren llurs drets,    venjaren llurs agravis.

Muira, muira l'ingrat que,    en sonar en sos llavis

Per estranya regió    l'accent nadiu, no plora,

Que en pensar en sos llars,    no es consum ni s'enyora,

Ni cull del mur sagrat    la lira dels seus avis!


En llemosí sonà    lo meu primer vagit,

Quan del mugró matern    la dolça llet bevia;

En llemosí al Senyor    pregava cada dia,

E càntics llemosins    somiava cada nit.

Si quan me trobo sol,    parl amb mon esperit,

En llemosí li parl,    que llengua altra no sent,

E ma boca llavors    no sap mentir ni ment,

Puix surten més raons    del centre de mon pit.


Ix, doncs, per a expressar    l'afecte més sagrat

Que puga d'home en cor    gravar la mà del cel,

Oh llengua a mos sentits    més dolça que la mel,

Que em tornes les virtuts    de ma innocenta edat.

Ix, e crida pel món    que mai mon cor ingrat

Cessarà de cantar    de mon patró la glòria

E passe per ta veu    son nom e sa memòria

Als propis, als estranys,    a la posteritat.

sábado, 23 de febrero de 2008

Sum vermis, de Jacinto Verdaguer

SUM VERMIS

Non vivificatur nisi prius moriatur et carcere ad aetera dant vincula pennas 1ª Cor., 15, 36



Miradme aquí, Señor, a vuestras plantas,
de todo bien desnudo, enfermo y pobre,
de mi nada perdido en el abismo.
Soy gusano de tierra, por un rato
he venido a arrastrarme en mi ceniza.
Mi pobre cuna fue un grano de polvo
y otro grano ha de ser mi sepultura.
Algo quisiera ser para ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño, inútil,
y desnudo de gloria y de prestigio.
Haced de mí lo que queráis, soy hoja
de las que el viento arrastra, gota de agua
de las que el sol, sobre la hierba, seca,
o, si queréis, motivo soy de escarnio.

Yo no soy nada, mas mi nada es vuestra;
vuestra es, Señor, y os ama y os adora.
Haced vuestro deseo; no soy digno
de andar a vuestros pies; árbol estéril,
de raíz arrancado de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.

Venid a mí, congojas del martirio,
venid, ¡oh cruces!, mi oro y mi fortuna,
ornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laurel y palmas del Calvario,
si hoy ásperas me sois, después será,
a vuestra sombra, dulce mi descanso.
Espina del dolor, ven a pincharme;
ven a abrigarme con tu manto, injuria;
calumnia, junto a mí tu fango hacina;
miseria, ven para seguirme siempre.
Quiero ser sólo polvo del camino

donde me pisen todos los que pasen;
y quiero ser lanzado cual basura
del palacio a la calle, de la cima al abismo,
y de él hasta el torrente. Id barriendo
mis pasos a la altura y no daré
molestia, la pobreza mi tesoro ha de ser,
será el oprobio mi orgullo, y las penas mis delicias.

Desde hoy cogeré los vilipendios
y desprecios cual perlas y topacios
de la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga.
Volveré a la ceniza del sepulcro
de do salí, sum vermis et non homo.
Yo no nací cual la industriosa oruga
que entre las hojas de morera teje
con finísima seda su sudario.
Yo la tejo de cáñamo de penas;
mas, dentro de esta oscura sepultura,
retornaré a la vida como Vos,
y encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.

A la orilla del mar, Jacinto Verdaguer

A ORILLA DEL MAR

Sobre alto promontorio que domina

las olas de la mar,
cuando en el cielo el astro rey declina
subo yo a meditar.

Al resplandor de aquella luz muriente
contemplo mi no-ser;
contemplo el mar y el cielo ¡y su grandeza
aplasta mi poder!

Esas olas, espejos estelares,
guardan tantos recuerdos,
que hoy me place mirar entre sus aguas
los sueños que murieron.

Alcé tantos castillos en sus playas
que derrumbarse vi,
con sus torres y cúpulas altivas
de oro, plata y marfil;

poemas, ¡ay! que fueron por un tiempo
juguetes del azar,
pechinas que un instante arroja el agua
y vuelve a devorar;

bajeles con sus velas que naufragan
en un día de mayo,
islas de oro que nacen y se borran
del sol al primer rayo;

ideas que me acortan la existencia
robando mi calor,
cual ráfaga que llévase la esencia
de la marchita flor.

Del corazón o de la vida toman
las olas que se van;
si nada tengo, las que ahora vienen
decidme ¿qué querrán?

Con las del mar o las del tiempo un día
al fondo he de rodar;
¿por qué, por qué, engañosa poesía,
mundos me haces crear?

¿Por qué escribir más versos en la arena?
Playa del mar del cielo,
¿cuándo podré escribir en tu gran página
con estrellas mis versos?

Caldetes, 10 enero 1883

Canto espiritual, de Ausiàs March


CANTO ESPIRITUAL


Pues que sin Ti, a Ti ninguno alcanza,
dame la mano, del suelo levántame;
y aunque la mía no tienda a la tuya,
aunque sea a la fuerza arrástrame
hacia Ti.A tu encuentro quería yo salir;
no sé por qué no hago lo que quiero;
pues cierto que mi voluntad es libre
e ignoro quién impide mi deseo.

Quiero alzarme, mas no hago lo bastante:
y es la causa el peso de mis terribles culpas;
antes de que la muerte concluya mi proceso,
dígnate, Señor, que tuyo sea, pues serio quiero;
haz que tu sangre mi duro corazón ablande :
de mal semejante a otros muchos ella curó.
Tu tardanza denuncia tu enojo;
tu piedad no halla en mí lugar .

No pequé tanto con el entendimiento
como he cargado mi voluntad de culpa.
¡Ayúdame, Señor! Mas locamente te ruego,
pues tú no ayudas sino a quien a sí mismo se ayuda,
ya cuantos a Ti se acercan
no les fallas, bien lo muestran tus brazos.
¿Qué haré, si no merezco tu ayuda,
pues sé que no me esfuerzo tanto como pudiera?

¡Perdóname que te hable locamente!
A la pasión se deben mis palabras.
Siento pavor del infierno, al cual me llevas;
quisiera volverme, y no dispongo de mis pasos.
Mas también recuerdo que redimiste al Ladrón
(tanto cuanto es claro que no bastaban sus obras);
allá donde le place, sopla tu espíritu:
ni cómo ni por qué saben los humanos.

Aunque mal cristiano sea por mis obras,
no te guardo ira, ni de nada te inculpo;
cierto sé que siempre obras bien,
y bien haces tanto dando vida como muerte:
todo es lo mismo si brota de tu poder,
por lo que loco es quien contra Ti se yergue.
Amor al mal, ignorancia del bien,
tales son las razones por las que el hombre te desconoce.

A Ti te pido que mi corazón fortalezcas,
a fin de que mi voluntad a la tuya se ligue;
y pues sé que el mundo no me aprovecha,
dame fuerzas para abandonarlo del todo,
y del placer que el bueno en Ti gusta,
alcánzame tan siquiera una migaja,
para que mi carne, que se me subleva,
quede satisfecha y deje de acosarme.

¡Ayúdame, Señor, que sin Ti no puedo moverme,
pues mi cuerpo más que paralítico está!
Tan arraigados están en mí los malos hábitos,
que el sabor de la virtud me resulta amargo.
¡Oh Señor, piedad! Renueva mi naturaleza,
que mala es por mi gran culpa;
y si muerto puedo redimir mi falta,
sea la muerte mi dulce penitencia.
Te temo más que no te amo,
y ante Ti me confieso de esta culpa;
turbada está mi esperanza,
y en mi interior hay una terrible lucha.
Te veo justo y misericordioso;
tu voluntad concede gracia al sin méritos,
y sin méritos los dones das y quitas a capricho.
¿Quién será tan justo, cuánto más yo, que no te tema?
Si el justo Job a Dios temía tanto,
¿qué no haré yo que en mis culpas nado?
Cuando pienso en el infierno donde el tiempo no existe,
se me muestra cuánto los sentidos temen.
El alma, que para contemplar a Dios fue hecha,
contra su Señor, blasfemando, se rebela.

No es el hombre quien tan gran mal ama;
entonces, ¿dónde está quien hacia tal parte camina?
Ruégote, Señor, que mi vivir acortes
antes de que peores casos me sucedan;
en dolor vivo haciendo vida perversa,
y temo aquella muerte que es eterna.

Pues aquí con mal, y allá con pena sin fin.
Tómame en el instante en que mejor me halles;
el retardarlo, no sé qué finalidad tiene;
no ha reposo quien el viaje ha de emprender.

Me duelo de no dolerme tanto como quiero
del dolor infinito, del cual dudo;
pues tal dolor no lo ampara la naturaleza,
ni puede medirlo el hombre, ni menos sentirlo.

Si es así, pobre parece mi excusa,
cuando de mi daño, que tanto es, no me espanto.
El cielo pido, y no lo aprecio lo bastante:
gran falta tengo de miedo y de esperanza.

Por más que irascible te presentes,
ello sólo es debido a nuestra ignorancia;
tu voluntad siempre es clemente,
el mal que muestras es bien inestimable.
Perdóname, Señor, si de algo te culpé,
pues me confieso ser el único culpable;
con ojos humanos juzgué tus hechos:
¡quieras darle luz a la vista del alma!

Mi voluntad a la tuya es contraria,
y enemigo tuyo soy queriendo ser amigo.
¡Ayúdame, Señor, pues me ves en tal aprieto!
Me desespero si mis méritos mides;
me enoja el que mi vida se prolongue,
y mucho dudo de que tenga término;
en dolor vivo, pues mi deseo no es firme,
y alterado en mí está el equilibrio.

Tú eres la meta donde todo acaba,
y no es final si en Ti no termina;
Tú eres el bien donde todo bien se mide,
y no es bueno quien a Ti, Señor, no se parece.
A quien te complace, dios Tú le llamas;
para que se te asemeje, mayor grado

de hombre le das; es justo, pues,
que quien al diablo complace, tome
el nombre de aquel a quien se conforma.

Si algún fin en este mundo se halla

no es auténtico fin, ya que no hace
al hombre feliz: sólo es el principio
donde lo otro termina, según el curso
que podemos entender los humanos.
Los filósofos que el final pusieron
en sí mismos, está visto que son
seres discordes: señal cierta
de que en la verdad no se fundaron;
por consiguiente, al hombre no satisfacen.

La ley judaica por sí misma no bastaba

(no se entraba con ella en el Paraíso),
sino en cuanto fue principio de la nuestra,
por lo que puede decirse que las dos son una.
Así, toda meta totalmente humana
no da reposo ni término al deseo, mas tampoco
sin ella el hombre alcanza la otra;
San Juan anunció la llegada del Mesías.
No tiene reposo quien otro fin persigue,

pues la voluntad en nada más descansa;
es cosa sabida, y no caben sutilezas,
que, si no es en Ti, el deseo no termina.

Así como los ríos a la mar se apresuran,
así todos los fines en Ti se cumplen.
Puesto que te conozco, ayúdame a amarte.
¡Que el amor venza al miedo que te tengo!
Y si tanto amor como quiero no siento,

aumenta mi miedo para que, temiendo,
no peque,pues no pecando, perderé aquellos
hábitosque en mí fueron la causa de no amarte.
Mueran quienes de Ti se apartaron;
casi me dieron muerte y me impiden vivir .
¡Oh Señor! Haz que mi vida se prolongue,
ya que creo que hacia Ti camino.

¿Quién me enseñará a excusarme ante Ti,
cuando tenga que rendirte mis mal
ordenadas cuentas?Tú me diste
un camino derecho,y yo hice de la regla
una hoz muy curva;enderezarla quiero,
mas preciso tu ayuda.Ayúdame, Señor,
pues débiles son mis fuerzas;deseo saber
qué destino me reservas:para Ti es presente,
pero para mí incierto futuro.

No te pido que me des salud corporal
ni bien alguno natural o de fortuna,
pero sí que tan sólo a Ti, Señor, te ame,
pues bien cierto sé que el mayor bien
de ello nace.Por consiguiente, no siento
altas delectaciones
ya que no me hallo bien dispuesto
a sentirlas;pero hasta el más grosero
de los hombres sabe
que, sobre todos, el mayor bien es deleitable.

¿Qué día será en que la muerte ya no tema?
Será cuando de tu amor yo me inflame,
y ello no es posible sin menospreciar la vida;
haz que por Ti yo desprecie la mía.
Debajo de mí, entonces, estarán las cosas
que ahora veo pasar sobre mis hombros;
quien no teme a las garras del fiero león,
mucho menos temerá al aguijón de la avispa.

Ruégote, Señor, que me hagas insensible
para que nunca más ciertos deseos sienta,
no tan sólo los feos que te contrarían,
sino también aquellos que te son indiferentes.
Tal deseo, para poder pensar sólo en Ti
y poder buscar el camino que a Ti lleva;
hazlo, Señor, y si de esto me arrepiento,
encuentre ya para siempre tus oídos sordos.

Quítame el dolor de ver cómo pierdo el tiempo,
pues, doliéndome, no puedo amarte como deseo
y quiero hacerlo aunque la costumbre me lo impida;
en tiempos pretéritos me cargué de culpas.
Tanto valgo yo como otros que no te sirvieron,
ya ellos diste no menos bien del que te pido;
por ello te suplico, Señor, que entres en mi corazón,
ya que en otros más abominables penetraste.

Católico soy, mas la Fe no me da calor,
pues la apaga el lento frío de los sentidos.
Mas ya dejo lo que mis sentidos sienten
y en el Paraíso creo por fe, pero con razón juzgo.
La parte del espíritu está pronta,
mas la de los sentidos sólo arrastrándola se acerca;
socórreme, pues, Señor, con el fuego de la fe,
hasta el punto en que mi parte fría se abrase.

Tú me creaste para que mi alma salvara,
y quizá sepas que haré precisamente lo contrario.
Si es así, ¿por qué, entonces, me creaste,
ya que en Ti reside el saber infalible?
Devuelve mi ser a la nada, te lo suplico;
preferible es a una eterna y oscura cárcel;
como quisiste decir acerca de Judas, yo creo
que mejor sería no haber nacido hombre.

¡Preferiría, habiendo recibido el bautismo,
no haber tornado a los brazos de la vida,
sino haber pagado a la muerte mi deuda,
con lo que ahora no viviría ya en la duda!
Más temen los humanos al infierno
que no los placeres del Paraíso juzgan;
lo que padecemos, de aquel padecer es ejemplo,
mientras el Paraíso sin sentirlo se juzga.

Dame fuerzas para tomar de mí venganza;
contra Ti obré, y con gran culpa.
Y si no lo consigo, castiga mi carne,
pero no toques mi espíritu, hecho a tu semejanza;
y, sobre todo, que mi fe no vacile
y que no tiemble mi esperanza :
no me faltará la caridad, si permanecen firmes,
y si por mi carne te pidiera, no me escuches.

¡Oh! ¿Cuándo será que mis mejillas moje
con el agua de un llanto de dulces lágrimas?
La contrición es la fuente de donde manaran:
tal es la llave que el cerrado cielo nos abre.
De la contrición, nacen las amargas,
pues antes en temor que en amor se fundan;
pero, pese a todo, dame de éstas en abundancia,
pues son camino y vía para llegar a las otras.

Versión de José Batlló