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domingo, 5 de mayo de 2024

Rien de rien / Nada de nada, canción de Édith Piaf

Original y traducción

I

Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...

Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...


Du matin à l'heure où je me couche

Tout ici est calme et banal

J'aimerais que 'y se passe quelque chose de louche

De la prime ou du pas normal


Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...


Voici un couple qui murmure

Et dans une chambre veut se glisser…

Je devine une tendre aventure…

Mais ils vont chacun de leur côte!


Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...

Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien!...

Il ne se passe jamais rien!...

Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...


Deux hommes parlent à voix basse

Discutant pleins d'animation

Pour écouter, je change de place

Mais hélas je n'entends que "oui, non"


Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Je me demande pourquoi!

Rien! Rien! Rien!

Il ne se passe jamais rien!...


Ce qu'y se passe pas j'aimerais que ça se passe

Que ça se passe ne serait-ce que pour moi.

Comme ça je verrais ce qu'y se passe

Et je pourrais dire que ça se passe pas!


Rien de rien…

Il ne se passe jamais rien pour moi

Et je me demande pourquoi!

Rien…

Il ne se passe jamais rien!


II

Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!


Nada de nada...

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!


Desde mañana hasta la hora de ir a la cama

todo aquí es tranquilo y banal.

Me gustaría que aquí algo turbio sucediese

de golpe o normalmente.


Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!


Aquí hay una pareja que susurra

Y quiere deslizarse a una habitación...

Adivino una tierna aventura…

¡Pero cada cual va a su bola!


Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!


Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada!

¡Nunca pasa nada!

Nada de nada...


Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!


Dos hombres hablan en voz baja

discutiendo llenos de jovialidad.

Para escuchar, cambio de sitio,

pero, qué pena, no oigo más que "sí", "no".


Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Me pregunto por qué!

¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

¡Nunca pasa nada!...


Lo que no ocurre allá me gustaría que ocurriera

que sólo sucediera para mí;

así vería lo que está pasando

¡y podría decir que eso no pasa!


Nada de nada

Nunca me pasa nada

¡Y me pregunto por qué!

Nada...

¡Nunca pasa nada!



martes, 23 de enero de 2024

Liberté / Libertad, poema de Paul Éluard

 «Un hermoso pájaro me muestra la luz

Que aparece claramente en sus ojos

Un pájaro que canta sobre la bola de muérdago

En medio del sol…»

PE


«Libertad»


En mi cuaderno escolar

en el pupitre y los árboles

en la arena y en la nieve

tu nombre escribo

En las páginas leídas

en las páginas aún blancas

piedra papel sangre o ascuas

tu nombre escribo

En las doradas imágenes

en los pertrechos guerreros

en la coronal real

tu nombre escribo

En la jungla y el desierto

en los nidos de las cumbres

en el eco de mi infancia

tu nombre escribo

En los asombros nocturnos

en el pan blanco del día

en las épocas del año

tu nombre escribo

En mis jirones de azul

en la charca sol mohoso

en el lago luna viva

tu nombre escribo

En los campos y horizontes

en las alas de las aves

en el molino de sombras

tu nombre escribo

En el alba a bocanadas

en el mar en los navíos

en la montaña demente

tu nombre escribo

En la espuma de las nubes

en el sudor de tormenta

en la lluvia densa y sosa

tu nombre escribo

En formas que son centellas

en campanas de colores

en la física verdad

tu nombre escribo

En los senderos despiertos

en las rutas desplegadas

en las plazas desbordantes

tu nombre escribo

En la lámpara encendida

en la lámpara apagada

en mis casas reunidas

tu nombre escribo

En la fruta dividida

del espejo y de mi cuarto

en mi cama concha abierta

tu nombre escribo

En mi perro ávido y tierno

en sus orejas alzadas

en su pata desmañada

tu nombre escribo

En mi puerta trampolín

en las cosas familiares

en el fuego bendecido

tu nombre escribo

En toda carne acordada

en la frente del amigo

en cada mano tendida

tu nombre escribo

En el cristal del asombro

en los labios entreabiertos

por encima del silencio

tu nombre escribo

En mis refugios destruidos

en mis faros derrumbados

en los muros de mi hastío

tu nombre escribo

En la ausencia sin deseos

en la soledad desnuda

en las gradas de la muerte

tu nombre escribo

En la salud recobrada

en el peligro que huye

en la esperanza sin anclas

tu nombre escribo

Y el poder de una palabra

me hace volver a la vida

nací para conocerte

y nombrarte

libertad.


Paul Eluard


De: «Poesías y verdades» – 1942

Traducción de Jesús Munárriz


Poema original en francés


«Liberté»


Sur mes cahiers d’écolier

Sur mon pupitre et les arbres

Sur le sable de neige

J’écris ton nom


Sur les pages lues

Sur toutes les pages blanches

Pierre sang papier ou cendre

J’écris ton nom


Sur les images dorées

Sur les armes des guerriers

Sur la couronne des rois

J’écris ton nom


Sur la jungle et le désert

Sur les nids sur les genêts

Sur l’écho de mon enfance

J’écris ton nom


Sur les merveilles des nuits

Sur le pain blanc des journées

Sur les saisons fiancées

J’écris ton nom


Sur tous mes chiffons d’azur

Sur l’étang soleil moisi

Sur le lac lune vivante

J’écris ton nom


Sur les champs sur l’horizon

Sur les ailes des oiseaux

Et sur le moulin des ombres

J’écris ton nom


Sur chaque bouffée d’aurore

Sur la mer sur les bateaux

Sur la montagne démente

J’écris ton nom


Sur la mousse des nuages

Sur les sueurs de l’orage

Sur la pluie épaisse et fade

J’écris ton nom


Sur les formes scintillantes

Sur les cloches des couleurs

Sur la vérité physique

J’écris ton nom


Sur les sentiers éveillés

Sur les routes déployées

Sur les places qui débordent

J’écris ton nom


Sur la lampe qui s’allume

Sur la lampe qui s’éteint

Sur mes maisons réunies

J’écris ton nom


Sur le fruit coupé en deux

Du miroir et de ma chambre

Sur mon lit coquille vide

J’écris ton nom


Sur mon chien gourmand et tendre

Sur ses oreilles dressées

Sur sa patte maladroite

J’écris ton nom


Sur le tremplin de ma porte

Sur les objets familiers

Sur le flot du feu béni

J’écris ton nom


Sur toute chair accordée

Sur le front de mes amis

Sur chaque main qui se tend

J’écris ton nom


Sur la vitre des surprises

Sur les lèvres attendries

Bien au-dessus du silence

J’écris ton nom


Sur mes refuges détruits

Sur mes phares écroulés

Sur les murs de mon ennui

J’écris ton nom


Sur l’absence sans désir

Sur la solitude nue

Sur les marches de la mort

J’écris ton nom


Sur la santé revenue

Sur le risque disparu

Sur l’espoir sans souvenir

J’écris ton nom


Et par le pouvoir d’un mot

Je recommence ma vie

Je suis né pour te connaître

Pour te nommer

Liberté.

viernes, 13 de octubre de 2023

Non, Je ne regrette rien, canción de Édith Piaf, versión bilingüe

No, no lamento nada.

¡No! Nada de nada.

No: no lamento nada,

ni el bien que me han hecho,

ni el mal,

¡todo eso me da igual!


¡No, nada de nada,

no, no lamento nada.

Está pagado, barrido, olvidado...

¡Me importa un bledo el pasado!


Con mis recuerdos

he encendido el fuego,

¡mis penas, mis placeres...

ya no los necesito!


Barridos los amores

y todos sus temblores,

barridos para siempre,

vuelvo a empezar de cero.


¡No, nada de nada,

no, no lamento nada!

Ni el bien que me han hecho,

ni el mal,

¡todo eso me da igual!


¡No, nada de nada,

no, no lamento nada!

Porque mi vida,

porque mis alegrías,

hoy comienzan contigo... !


******

Otra versión


No, no me arrepiento de nada

No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada:

ni del bien que me hicieron

ni del mal: todo es lo mismo para mí.


No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada

Se paga, se barre, se olvida

¡No me importa el pasado!


Con mis recuerdos

encendí el fuego:

mis dolores, mis placeres

¡Yo ya no los necesito!


Barrí los amores

con sus trémolos;

barrido para siempre,

empiezo de cero.


No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada

Ni del bien que me hicieron

ni del mal, todo es lo mismo para mí.


No, nada de nada

No, no me arrepiento de nada

porque mi vida, porque mis gozos

¡hoy comienzan contigo!

******

Letra original en francés:


Non, Je Ne Regrette Rien

Non, rien de rien

Non, je ne regrette rien

Ni le bien qu'on m'a fait

Ni le mal, tout ça m'est bien égal!


Non, rien de rien

Non, je ne regrette rien

C'est payé, balayé, oublié

Je m'en fous du passé!


Avec mes souvenirs

J'ai allumé le feu

Mes chagrins, mes plaisirs

Je n'ai plus besoin d'eux!


Balayé les amours

Avec leurs trémolos

Balayés pour toujours

Je repars à zéro


Non, rien de rien

Non, je ne regrette rien

Ni le bien qu'on m'a fait

Ni le mal, tout ça m'est bien égal!


Non, rien de rien

Non, je ne regrette rien

Car ma vie, car mes joies

Aujourd'hui, ça commence avec toi!

sábado, 13 de marzo de 2021

Canción de otoño, de Paul Verlaine. Versión bilingüe

Canción de otoño, Paul Verlaine


Los largos sollozos

De los violines

Del otoño

Hieren mi corazón

Con monótona

Languidez

 

Todo sofocante

Y pálido, cuando

Suena la hora,

Yo me acuerdo

De los días de antes

Y lloro

 

Y me voy

Con el viento malvado

Que me lleva

De acá para allá,

Igual que a la


Chanson d'automne

Les sanglots longs

des violons

de l’automne

blessent mon cœur

d’une langueur

monotone.

 

Tout suffocant

et blême, quand

sonne l’heure,

je me souviens

des jours anciens

et je pleure.

 

Et je m’en vais

au vent mauvais

qui m’emporte

deçà, delà,

pareil à la

feuille morte.

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miércoles, 17 de enero de 2018

Botella al mar, Alfred de Vigny

La bouteille à la mer / La botella al mar

Texto original y traducción

Alfred de Vigny (1797–1863)

I
Courage, ô faible enfant de qui ma solitude
Reçoit ces chants plaintifs, sans nom, que vous jetez
Sous mes yeux ombragés du camail de l’étude,
Oubliez les enfants par la mort rrêtés;
Oubliez Chatterton, Gilbert et Malfilâtre;
De l’œuvre d’avenir saintement ildolâtre;,
Enfin, oubliez l’homme en vous-même.—Écoutez:

II
Quand un grave marin voit que le vent l’emporte
Et que les mâts brisés pendent tous sur le pont,
Que dans son grand duel la mer est la plus forte
Et que par des calculs l’esprit en vain répond;
Que le courant l’écrase et le roule en sa course,
Qu’il est sans gouvernail, et, partant, sans ressource,
Il se croise les bras dans un clame profond.

III
Il voit les masses d’eau, les toise et les mesure,
Les méprise en sachant qu’il en est écrasé,
Soumet son âme au poids de la matière impure
Et se sent mort ainsi que son vaisseau rasé.
—A de certains moments, l’âme est sans résistance;
Mais le penseur s’isole et n’attend d’assistance
Que de la forte foi dont il est embrasé.

IV
Dans les heures du soir, le jeune Capitaine
A fait ce qu’il a pu pour le salut des siens.
Nul vaisseau n’appararaît sur la vague lointaine,
La nuit tombe, et le brick court aux rocs indiens.
—Il se résigne, il prie; il se recueille, il pense
A celui qui soutient les pôles et balance
L’équateur hérissé des longs méridiens.

V
Son sacrifice est fait; mais il faut que la terre
Recueille du travail le pieux monument.
C’est le journal savant, le calcul solitaire,
Plus rare que la perle et que le diamant;
C’est la carte des flots faite dans la tempête,
La carte de l’écueil qui va briser sa tête:
Aux voyageurs futurs sublime testament.

VI
Il écrit: ‘Aujourd’hui, le courant nous entraîne,
Désemparés, perdus, sur la Terre-de-Feu.
Le courant porte à l’est. Notre morte est certaine:
Il faut cingler au nord pour bien passer ce lieu.
—Ci-joint est mon journal, portant quelques études
Des constellations des hautes latitudes.
Qu’il aborde, si c’est la volonté de Dieu!’

VII
Puis, immobile et froid, comme le cap des brumes
Qui sert de sentinelle au détroit Magellan,
Sombre comme ces rocs au front chargé d’écumes,
Ces pics noirs dont chacun porte un deuil castillan,
Il ouvre une bouteille et la choisit très forte,
Tandis que son vaisseau que le courant emporte
Tourne en un cercle étroit comme un vol de milan.

VIII
Il tient dans une main cette vieille compagne,
Ferme, de l’autre main, son flanc noir et terni.
Le cachet porte encor le blason de Champagne:
De la mousse de Reims son col vert est jauni.
D’un regard, le marin en soi-même rappelle
Quel jour il assembla l’équipage autour d’elle,
Pour porter un grand toste au pavillon béni.

IX
On avait mis en panne, et c’était grande fête;
Chaque homme sur son mât tenait le verre en main;
Chacun à son signal se découvrit la tête,
Et répondit d’en haut par un hourra soudain.
Le soleil souriant dorait les voiles blanches;
L’air ému répétait ces voix mâles et franches,
Ce noble appel de l’homme à son pays lointain.

X
Après le cri de tous, chacun rêve en silence.
Dans la mousse d’Aï luit l’éclair d’un bonheur;
Tout au fond de son verre il aperçoit la France.
La France est pour chacun ce qu’y laissa son cœur:
L’un y voit son vieux père assis au coin de l’âtre,
Comptant ses jours d’absence; à la table du pâtre,
Il voit sa chaise vide à côté de sa sœur.

XI
Un autre y voit Paris, où sa fille penchée
Marque avec les compas tous les souffles de l’air,
Ternit de pleurs la glace où l’aiguille est cachée,
Et cherche à ramener l’aimant avec le fer.
Un autre y voit Marseille. Une femme se lève,
Court au port et lui tend un mouchoir de la grève,
Et ne sent pas ses pieds enfoncés dans la mer.

XII
O superstition des amours ineffables,
Murmures de nos cœurs qui nous semblez des voix,
Calculs de la science, ô décevantes fables!
Pourquoi nous apparaître en un jour tant de fois?
Pourquoi vers l’horizon nous tendre ainsi des pièges?
Espérances roulant comme roulent les neiges;
Globes toujours pétris et fondus sous nos doigts!

XIII
Où sont-ils à présent? où sont ces trois cents braves?
Renversés par le vent dans les courants maudits,
Aux harpons indiens ils portent pour épaves
Leurs habits déchirés sur leurs corps refroidis,
Les savants officiers, la hache à la ceinture,
Ont péri les premiers en coupant la mâture:
Ainsi, de ces trois cents il n’en reste que dix!

XIV
Le capitaine encor jette un regard au pôle
Dont il vient d’explorer les détroits inconnus.
L’eau monte à ses genoux et frappe son épaule;
Il peut lever au ciel l’un de ses deux bras nus.
Son navire est coulé, sa vie est révolue:
Il lance la Bouteille à la mer, et salue
Les jours de l’avenir qui pour lui sont venus.

XV
Il sourit en songeant que ce fragile verre
Portera sa pensée et son nom jusqu’au port;
Que d’une île inconnue il agrandit la terre;
Qu’il marque un nouvel astre et le confie au sort:
Que Dieu peut bien permettre à des eaux insensées
De perdre des vaisseaux, mais non pas des pensées;
Et qu’avec un flacon il a vaincu la mort.

XVI
Tout est dit. A présent, que Dieu lui soit en aide!
Sur le brick englouti l’onde a pris son niveau.
Au large flot de l’est le flot de l’ouest succède,
Et la Bouteille y roule en son vaste berceau.
Seule dans l’Océan la frêle passagère
N’a pas pour se guider une brise légère;
Mais elle vient de l’arche et porte le rameau.

XVII
Les courants l’emportaient, les glaçons la retiennent
Et la couvrent des plis d’un épais manteau blanc.
Les noirs chevaux de mer la heurtent, puis reviennent
La flairer avec crainte, et passent en soufflant.
Elle attend que l’été, changeant ses destinées,
Vienne ouvrir le rempart des glaces obstinées,
Et vers la ligne ardente elle monte en roulant.

XVIII
Un jour, tout était calme et la mer Pacifique,
Par ses vagues d’azur, d’or et de diamant,
Renvoyait ses splendeurs au soleil du tropique.
Un navire y passait majestueusement;
Il a vu la Bouteille aux gens de mer sacrée:
Il couvre de signaux sa flamme diaprée,
Lance un canot en mer et s’arrête un moment.

XIX
Mais on entend au loin le canon des Corsaires;
Le Négrier va fuir s’il peut prendre le vent.
Alerte! et coulez bas ces sombres adversaires!
Noyez or et bourreaux du couchant au levant!
La frégate reprend ses canots et les jette
En son sein, comme fait la sarigue inquiète,
Et par voile et vapeur vole et roule en avant.

XX
Seule dans l’Océan, seule toujours!—Perdue
Comme un point invisible en un mouvant désert,
L’aventurière passe errant dans l’étendue,
Et voit tel cap secret qui n’est pas découvert.
Tremblante voyageuse à flotter condamnée,
Elle sent sur son col que depuis une année
L’algue et les goémons lui font un manteau vert.

XXI
Un soir enfin, les vents qui soufflent des Florides
L’entraînent vers la France et ses bords pluvieux.
Un pêcheur accroupi sous des rochers arides
Tire dans ses filets le flacon précieux.
Il court, cherche un savant et lui montre sa prise,
Et, sans l’oser ouvrir, demande qu’on lui dise
Quel est cet élixir noir et mystérieux.

XXII
Quel est cet élixir? Pêcheur, c’est la science,
C’est l’élixir divin que boivent les esprits,
Trésor de la pensée et de l’expérience;
Et si tes lourds filets, ô pêcheur, avaient pris
L’or qui toujours serpete aux veines du Mexique,
Les diamants de l’Inde et les perles d’Afrique,
Ton labeur de ce jour aurait eu moins de prix.

XXIII
Regarde.—Quelle joie ardente et sérieuse!
Une gloire de plus luit dans la nation.
Le canon tout-puissant et la cloche pieuse
Font sur les toits tremblants bondir l’émotion.
Aux héros du savoir plus qu’à ceux des batailles
On va faire aujourd’hui de grandes funérailles.
Lis ce mot sur les murs: ‘Commémoration!’

XXIV
Souvenir éternel! gloire à la découverte
Dans l’homme ou la nature, égaux en profondeur,
Dans le Juste et le Bien, source à peine entr’ouverte.
Dans l’Art inépuisable, abîme de splendeur!
Qu’importe oubli, morsure, injustice insensée,
Glaces et tourbillons de notre traversée?
Sur la pierre des morts croît l’arbre de grandeur.

XXV
Cet arbre est le plus beau de la terre promise,
C’est votre phare à tous, Penseurs laborieux!
Voguez sans jamais craindre ou les flots ou la brise
Pour tout trésor scellé du cachet précieux.
L’or pur doit surnager, et sa gloire est certaine:
Dites en souriant comme ce capitaine:
‘Qu’il aborde, si c’est a volonté des dieux!’

XXVI
Le vrai Dieu, le Dieu fort, est le Dieu des idées.
Sur nos fronts sù le germe est jeté par le sort,
Répandons le Savoir en fécondes ondées;
Puis, recueillant le fruit tel que de l’âme il sort,
Tout empreint du parfum des saintes solitudes,
Jetons l’œuvre à la mer, la mer des multitudes:
—Dieu la prendra du doigt pour la conduire au port.


La botella en el mar

I
Ten valor, débil niño, tú que a mi soledad"
mandas cantos quejosos y sin nombre, que arrojas
ante mis resguardados ojos de hombre de estudio.
No recuerdes a aquellos que la muerte truncó:
Chatterton y Gilbert, Malfilátre; de la obra
del futuro no dejes de ser un santo idólatra,
las miserias del hombre que hay en ti olvida. Escucha.


II
Cuando un grave marino ve que el viento le lleva
con los mástiles rotos, cuando ve que en el duelo
que sostiene es el mar el más fuerte adversario,
y que en vano su ingenio sus recursos convoca;
que la fuerza del agua le sumerge y le arrastra,
que ha perdido el timón y con él todo rumbo,
se refugia en su calma y se cruza de brazos.

III
Ve los líquidos montes, con sus ojos los mide,
los desprecia sabiendo que le van a engullir,
toda su alma somete a la impura materia,
sabe que va a morir al igual que su barco.
Porque a veces el alma resistir ya no puede;
mas quien piensa se aísla y tan sólo la fe
de los fuertes le alienta y le presta socorro.

IV
Ya en la noche aquel joven capitán ha hecho todo
lo que estaba en su mano por salvar a los suyos.
Ni una vela aparece en las ondas lejanas,
todo es sombra y el brick va hacia las rocas indias.
Se resigna, ahora reza; y medita en Aquel
que sostiene los polos y que eriza con largos
meridianos la línea ceñidora del mundo.

V
Presto está al sacrificio; mas la tierra precisa
recoger del trabajo aquel fiel testimonio.
Es el diario estudioso de su afán solitario
que valdrá mucho más que el diamante y la perla;
es la carta marina que trazó en la tormenta,
y hay en ella el peñasco donde va a naufragar,
testamento sublime al futuro viajero.

VI
«Hoy», escribe, «nos lleva la corriente del mar
a la Tierra del Fuego, ya sin rumbo, perdidos.
Nos empuja hacia el este. Nuestra muerte es segura:
que se single hacia el norte evitando el escollo.
Acompaño mi diario que contiene un estudio
de las constelaciones de esta parte del cielo.
¡Que alguien pueda encontrarlo si así Dios lo dispone!

VII
Luego, inmóvil y frío, como el cabo brumoso,
centinela que guarda el estrecho del sur,
al igual que esas peñas revestidas de espuma,
negros picos con luto por algún español,
abre al fin la botella que parece más fuerte,
cuando el barco, arrastrado por la fuerza del agua,
gira en círculo igual que un milano que vuela.
Una mano sostiene a la fiel compañera,
cierra con la otra mano su negruzca abertura,
todavía el escudo de Champaña en el lacre;
hay espuma de Reims en su cuello verdoso.
Y al mirarla el marino rememora aquel día
cuando aquella botella reunió a todos sus hombres
para un brindis solemne a la enseña bendita

IX
Se quedaron al pairo celebrando una fiesta,
todos los tripulantes con un vaso en la mano;
cuando él dio la señal todos se descubrieron
prorrumpiendo en un hurra como una sola voz.
La sonrisa del sol blancas velas doraba;
repetían los aires aquel grito viril
noblemente invocando a la patria lejana.

X
Tras el hurra quedaron meditando en silencio.
En la espuma de Aï hay fulgores de dicha;
en el fondo del vaso todos ven a la Francia,
lo que en ella dejaron al partir con dolor:
uno a su padre anciano, junto al fuego, contando
por los días su ausencia; ve también en la mesa
un silla vacía junto a la de su hermana.

XI
Ve París quien contempla a su hija observando
la medida de todas las corrientes del aire,
y empañando con lágrimas el cristal de la aguja,
mientras trata de unir el imán con el hierro."
Otro allí ve Marsella. La mujer corre al puerto
y en la playa le tiende un pañuelo, insensible
a sus pies que el mar baña al subir la marea.

XII
¡Simulacros de amores inefables, murmullos
de las almas sonoras como si fueran voces,
oh el recurso a la ciencia, o engañosa ficción!
¿Por qué así os repetís tantas veces al día?
¿Por qué sois espejismos en el ciego horizonte?
¡Esperanzas de nieve que se amasan sin tregua
y se funden dejando nuestras manos vacías!

XIII
Los trescientos valientes, ¿dónde están? Derribados
por el viento en el seno de corrientes malditas,
presa de arpones indios, en sus cuerpos helados
sólo quedan jirones de su azul uniforme;
y antes que ellos murieron, su destral en el cinto,
oficiales muy doctos que cortaban los mástiles.
¡Y de aquellos trescientos sólo diez sobreviven!

XIV
Ahora vuelve sus ojos el capitán al polo
del que acaba de ver los ignotos estrechos.
Está hundido en el agua, que le llega a los hombros
y aún un brazo desnudo hacia el cielo levanta.
Su navío naufraga y su vida concluye:
lanza al mar la botella y al hacerlo saluda
al futuro que sabe que ahora empieza para él.

XV
Y sonríe al pensar que aquel vidrio tan frágil
llevará su mensaje y su nombre hasta el puerto;
que es como una isla nueva que así agranda la tierra;
que confía aquel astro descubierto a la suerte;
que Dios puede dejar que unas aguas absurdas
hundan barcos mas no pensamientos también;
y que con la botella ha vencido a la muerte.

XVI

Dicho está. ¡Que Dios quiere acudir en su ayuda!
Todo el brick anegado queda ya bajo el agua.
De un océano pasa a otro océano, flota
la botella mecida en su cuna vastísima.
Sola en medio del mar esa frágil viajera
sólo tiene por guía una brisa muy leve;
mas procede del arca, lleva un ramo de olivo.

XVII

Las corrientes la empujan, la detienen los hielos
y la cubren con pliegues de su manto blanquísimo;
y con ella tropiezan los caballos de mar,
la olfatean con susto, resoplando se alejan.
El verano, instrumento del destino cambiante,
rompe al fin la muralla de los hielos porfiados,
y flotando se acerca al ardiente Ecuador.

XVIII
Cierto día en que todo era calma en el mar,
cuyas olas de azul, de diamante y doradas
su esplendor devolvía a los soles del trópico
majestuoso un navío por allí hacía rumbo;
la botella es sagrada para el hombre de mar
y al instante su flámula se cubrió de señale!
se detiene y un bote es lanzado a las aguas.

XIX
Pero se oye a lo lejos el cañón del corsario;
el negrero va a huir con la ayuda del viento.
¡Zafarrancho! Abatid al siniestro enemigo.
¡Hundid oro y verdugos de poniente a levante!
La fragata sus botes recupera, los mete
en su seno cual ágil zarigüeya, y a impulsos
de la vela y vapor se apresura a singlar.

XX
¡Siempre sola en el mar, siempre sola, perdida
como un punto invisible en el móvil desierto!
La viajera errabunda sigue abriéndose paso
y ve vírgenes tierras aún ignotas a todos.
Temblorosa, parece condenada a flotar,
y descubre en su cuello que de un año a esta parte
ovas y algas le han hecho como un manto verdoso.

XXI
Una noche por fin vientos de las Floridas
hacia Francia la empujan, y en sus costas lluviosas
al pie de peñas áridas hay un buen pescador
que en sus redes recoge la valiosa botella.
Busca a un sabio corriendo y le muestra el tesoro
que no se atreve a abrir y pregunta cuál es
aquel negro elixir que contiene el misterio.

XXII

¿Qué elixir es aquél? Pescador, es la ciencia.
Es divino elixir que el espíritu bebe,
pensamiento, experiencias que son todo un tesoro.
Pescador, si en la malla de tus redes cogieras
todo el oro serpeante por las venas de México,
los diamantes de la India y las perlas del África,
tu trabajo aquel día fuese menos valioso.

XXIII
¡Oh, contempla qué júbilo tan ardiente y tan grave!
Ahora brilla en la patria otro nombre glorioso.
El cañón poderoso y la pía campana
su emoción comunican por el aire que tiembla.
Funerales solemnes hoy habrá por los héroes
del más arduo saber, no por gestas guerreras,
las paredes lo dicen: «Un recuerdo en su honor.»

XXIV
¡Oh, recuerdo perenne! Gloria al que ha descubierto
algo humano o del mundo, los dos grandes misterios,
lo que es justo y el Bien, fuentes mal conocidas,
o el espléndido abismo insondable del Arte.
Poco importa el olvido, la injusticia insensata,
remolinos y hielos de la gran travesía.
Sobre la última losa crece el árbol glorioso.

XXV
Otro no hay en la tierra prometida más bello,
es el faro de todos, pensadores tenaces.
Navegad sin temer ni las olas ni el viento
bien sellado el tesoro con el lacre precioso.
Pues tal oro no se hunde y su gloria es segura;
decid, pues, sonriendo, como aquel capitán:
¡Que alguien pueda encontrarlo si los dioses lo quie­ren! »

XXVI
Yo sé bien que el Dios fuerte es el Dios de la idea.
Si la suerte arrojó en la frente su germen,
el Saber extendamos en fecunda oleada;.
recojamos el fruto tal cual sale del alma,
perfumado de santas soledades, y entonces
arrojemos nuestra obra a los mares del mundo:
Dios hará que algún día llegue a puerto seguro

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La abuela de Gérard de Nerval

La abuela", de Gérard de Nerval (Francia, 1808-1855)

Hace ya tres años que mi abuela ha muerto
—¡que mujer más buena!— Cuando la enterraron,
parientes y amigos, todos la lloraron
con pena muy honda, con amargo duelo.

Solo yo vagaba por la casa, atónito
más que triste; y cuando pegado a la caja
me vieron, algunos me echaron en cara
que viera todo eso sin gritos ni lloros.

Las penas chillonas muy pronto se esfuman:
desde hace tres años, otras emociones,
bienes y desgracias —y revoluciones—,
en sus corazones su memoria ocultan.

Solo yo recuerdo —y a menudo lloro;
desde hace tres años, cada vez más fuerte
igual que una seña que al árbol le hiere,
su recuerdo crece más grande y más hondo.

Gérard de Nerval en Annales romantiques (1835), incluido en Antología de la poesía romántica francesa (Ediciones Cátedra, Madrid, 2000, ed. de Rosa de Diego, trad. de Pilar Andrade).

sábado, 17 de junio de 2017

Théophile de Viaux, Elegía a una dama y otros poemas

Théophile de Viaux, Elegía a una dama (pasaje y traducción; el texto entero en francés más abajo)

Je veux faire des vers qui ne soient pas contraints, / promener mon esprit par de petits desseins, / chercher des lieux secrets où rien ne me déplaise, / méditer à loisir, rêver tout à mon aise, / employer toute une heure à me mirer dans l'eau, / ouïr comme en songeant la course d'un ruisseau, / écrire dans les bois, m'interrompre, me taire, / composer un quatrain, sans songer à le faire. / Après m'être égayé par cette douce erreur, / je veux qu'un grand dessein réchauffe ma fureur, / qu'un œuvre de dix ans me tienne à la contrainte, / de quelque beau Poème, où vous serez dépeinte: / Là si mes volontés ne manquent de pouvoir, / j'aurai bien de la peine en ce plaisant devoir. / En si haute entreprise où mon esprit s'engage, / il faudrait inventer quelque nouveau langage, / prendre un esprit nouveau, penser et dire mieux / que n'ont jamais pensé les hommes et les Dieux.

Quiero hacer unos versos que no estén obligados, / deambular mi mente entre pequeños anhelos / buscar lugares secretos donde nada incomode / meditar en el ocio, soñar a mis anchas, / utilizar la hora entera en mirarme en el agua, / escuchar cómo inquiere su camino un arroyo, / escribir en el bosque, interrumpirme, callarme, / componer un cuarteto sin pensar en hacerlo. / Y después de iluminarme por tan dulce error, / quiero un gran empeño que acalore mi furia, / que una obra de diez años me tenga embebido / y cualquiera que sea este tan bello poema, represente / allí, si a mis deseos no le faltan poderes, / que merece la pena tan grato deber. / A tan alta empresa se ha comprometido mi genio: / haría falta inventar un nuevo lenguaje, / tomar un ser nuevo, un mejor pensar y decir / que nunca hayan pensado los hombres y los dioses. (Trad. libre de Ángel Romera)

Versos escritos en prisión

Oda IV de “La maison de Sylvie”

Certains critiques curieux / en trouvent les mœurs offensées, / mais leurs soupçons injurieux / sont les crimes de leurs pensées.

Le dessein de la chasteté / prend une honnête liberté / et franchit les sottes limites / que prescrivent les imposteurs / qui, sous des robes de docteurs, / ont des âmes de sodomites.

Le Ciel nous donne la beauté / pour une marque de sa grâce: / c’est par où sa divinité / marque toujours un peu sa trace.

Tous les objets les mieux formés / doivent être les mieux aimés, / si ce n’est qu’une âme maligne, / esclave d’un corps vicieux, / combatte les faveurs des cieux / et démente son origine.

Trad.

Ciertos críticos curiosos / dicen las costumbres ofendidas, pero sus sospechas injuriosas / son sus pensares malévolos.

Desea la castidad / darse honesta libertad / y desborda estultos límites / prescritos por impostores / que, so capa de doctores, / ocultan almas sodomitas.

El Cielo nos da la belleza / como marca de su gracia: / siempre la divinidad en ella / imprime un poco su huella.

Todos los objetos bien formados / están para ser más amados, / salvo que un alma maligna, / esclava de un cuerpo corrompido, / combata el favor de los cielos  / y reniegue de su origen.

***

Élégie à une Dame

Si votre doux accueil n'eût consolé ma peine, 
Mon âme languissait, je n'avais plus de veine, 
Ma fureur était morte, et mes esprits couverts 
D'une tristesse sombre avaient quitté les vers. 
Ce métier est pénible, et notre sainte étude 
Ne connaît que mépris, ne sent qu'ingratitude :
Qui de notre exercice aime le doux souci, 
Il hait sa renommée et sa fortune aussi. 
Le savoir est honteux, depuis que l'ignorance 
A versé son venin dans le sein de la France. 
Aujourd'hui l'injustice a vaincu la raison, 
Les bonnes qualités ne sont plus de saison, 
La vertu n'eut jamais un siècle plus barbare, 
Et jamais le bon sens ne se trouva si rare. 
Celui qui dans les coeurs met le mal ou le bien 
Laisse faire au destin sans se mêler de rien ;
Non pas que ce grand Dieu qui donne l'âme au monde 
Ne trouve à son plaisir la nature féconde, 
Et que son influence encor à pleines mains
Ne verse ses faveurs dans les esprits humains. 
Parmi tant de fuseaux la Parque en sait retordre 
Où la contagion du vice n'a su mordre,
Et le Ciel en fait naître encore infinité 
Qui retiennent beaucoup de la divinité, 
Des bons entendements, qui sans cesse travaillent 
Contre l'erreur du peuple, et jamais ne défaillent, 
Et qui d'un sentiment hardi, grave et profond, 
Vivent tout autrement que les autres ne font :
Mais leur divin génie est forcé de se feindre, 
Et les rend malheureux s'il ne se peut contraindre. 
La coutume et le nombre autorise les sots, 
Il faut aimer la Cour, rire des mauvais mots, 
Accoster un brutal, lui plaire, en faire estime 
Lorsque cela m'advient je pense en faire un crime, 
J'en suis tout transporté, le coeur me bat au sein, 
Je ne crois plus avoir l'entendement bien sain, 
Et pour m'être souillé de cet abord funeste, 
Je crois longtemps après que mon âme a la peste. 
Cependant il faut vivre en ce commun malheur, 
Laisser à part esprit, et franchise, et valeur, 
Rompre son naturel, emprisonner son âme, 
Et perdre tout plaisir pour acquérir du blâme :
L'ignorant qui me juge un fantasque rêveur, 
Me demandant des vers croit me faire faveur, 
Blâme ce qu'il n'entend, et son âme étourdie 
Pense que mon savoir me vient de maladie. 
Mais vous à qui le Ciel de son plus doux flambeau 
Inspira dans le sein tout ce qu'il a de beau, 
Vous n'avez point l'erreur qui trouble ces infâmes, 
Ni l'obscure fureur de ces brutales âmes, 
Car l'esprit plus subtil en ses plus rares vers 
N'a point de mouvements qui ne vous soient ouverts. 
Vous avez un génie à voir dans les courages, 
Et qui connaît assez mon âme et mes ouvrages. 
Or bien que la façon de mes nouveaux écrits
Diffère du travail des plus fameux esprits, 
Et qu'ils ne suivent point la trace accoutumée 
Par où nos écrivains cherchent la renommée, 
J'ose pourtant prétendre à quelque peu de bruit, 
Et crois que mon espoir ne sera point sans fruit. 
Vous me l'avez promis, et sur cette promesse 
Je fausse ma promesse aux vierges de Permesse. 
Je ne veux réclamer ni Muse, ni Phébus, 
Grâce à Dieu bien guéri de ce grossier abus, 
Pour façonner un vers que tout le monde estime, 
Votre contentement est ma dernière lime, 
Vous entendez le poids, le sens, la liaison, 
Et n'avez en jugeant pour but que la raison :
Aussi mon sentiment à votre aveu se range, 
Et ne reçoit d'autrui ni blâme ni louange. 
Imite qui voudra les merveilles d'autrui, 
Malherbe a très bien fait, mais il a fait pour lui, 
Mille petits voleurs l'écorchent tout en vie :
Quant à moi ces larcins ne me font point d'envie, 
J'approuve que chacun écrive à sa façon, 
J'aime sa renommée et non pas sa leçon. 
Ces esprits mendiants d'une veine infertile 
Prennent à tous propos ou sa rime ou son style, 
Et de tant d'ornements qu'on trouve en lui si beaux, 
Joignent l'or et la soie à de vilains lambeaux 
Pour paraître aujourd'hui d'aussi mauvaise grâce 
Que parut autrefois la corneille d'Horace.
Ils travaillent un mois à chercher comme à fils 
Pourra s'apparier la rime de Memphis. 
Ce Liban, ce turban, et ces rivières mornes 
Ont souvent de la peine à retrouver leurs bornes ; 
Cet effort tient leurs sens dans la confusion, 
Et n'ont jamais un rai de bonne vision.
J'en connais qui ne font des vers qu'à la moderne,
Qui cherchent à midi Phébus à la lanterne, 
Grattent tant le français qu'ils le déchirent tout, 
Blâmant tout ce qui n'est facile qu'à leur goût, 
Sont un mois à connaître en tâtant la parole, 
Lorsque l'accent est rude, ou que la rime est molle,
s Veulent persuader que ce qu'ils font est beau, 
Et que leur renommée est franche du tombeau, 
Sans autre fondement, sinon que tout leur âge 
S'est laissé consommer en un petit ouvrage, 
Que leurs vers dureront au monde précieux,
ioo Parce qu'en les faisant ils sont devenus vieux. 
De même l'Araignée en filant son ordure 
Use toute sa vie et ne fait rien qui dure. 
Mais cet autre Poète est bien plein de ferveur, 
Il est blême, transi, solitaire, rêveur,
La barbe mal peignée, un oeil branlant et cave, 
Un front tout renfrogné, tout le visage hâve, 
Ahane dans son lit, et marmotte tout seul, 
Comme un esprit qu'on oit parler dans un linceul,
Grimace par la rue, et stupide retarde
Ses yeux sur un objet sans voir ce qu'il regarde.
Mais déjà ce discours m'a porté trop avant, 
Je suis bien près du port, ma voile a trop de vent, 
D'une insensible ardeur peu à peu je m'élève, 
Commençant un discours que jamais je n'achève.
s Je ne veux point unir le fil de mon sujet, 
Diversement je laisse et reprends mon objet, 
Mon âme imaginant n'a point la patience
De bien polir les vers et ranger la science, 
La règle me déplaît, j'écris confusément, 
Jamais un bon esprit ne fait rien qu'aisément. 
Autrefois quand mes vers ont animé la scène,
L'ordre où j'étais contraint m'a bien fait de la peine. 
Ce travail importun m'a longtemps martyré, 
Mais enfin grâce aux Dieux je m'en suis retiré. 
Peu sans faire naufrage, et sans perdre leur ourse, 
Se sont aventurés à cette longue course. 
Il y faut par miracle être fol sagement, 
Confondre la mémoire avec le jugement, 
Imaginer beaucoup, et d'une source pleine, 
Puiser toujours des vers dans une même veine. 
Le dessein se dissipe, on change de propos, 
Quand le style a goûté tant soit peu le repos. 
Donnant à tels efforts ma première furie, 
Jamais ma veine encor ne s'y trouva tarie ; 
Mais il me faut résoudre à ne la plus presser, 
Elle m'a bien servi, je la veux caresser, 
Lui donner du relâche, entretenir la flamme, 
Qui de sa jeune ardeur m'échauffe encore l'âme ; 
Je veux faire des vers qui ne soient pas contraints, 
Promener mon esprit par de petits desseins, 
Chercher des lieux secrets où rien ne me déplaise, 
Méditer à loisir, rêver tout à mon aise, 
Employer toute une heure à me mirer dans l'eau, 
Ouïr comme en songeant la course d'un ruisseau, 
Écrire dans les bois, m'interrompre, me taire, 
Composer un quatrain, sans songer à le faire. 
Après m'être égayé par cette douce erreur, 
Je veux qu'un grand dessein réchauffe ma fureur, 
Qu'un oeuvre de dix ans me tienne à la contrainte, 
De quelque beau Poème, où vous serez dépeinte :
Là si mes volontés ne manquent de pouvoir, 
J'aurai bien de la peine en ce plaisant devoir. 
En si haute entreprise où mon esprit s'engage, 
Il faudrait inventer quelque nouveau langage,
Prendre un esprit nouveau, penser et dire mieux 
Que n'ont jamais pensé les hommes et les Dieux. 
Si je parviens au but où mon dessein m'appelle, 
Mes vers se moqueront des ouvrages d'Apelle, 
Qu'Hélène ressuscite, elle aussi rougira 
Partout où votre nom dans mon ouvrage ira. 
Tandis que je remets mon esprit à l'école, 
Obligé dès longtemps à vous tenir parole, 
Voici de mes écrits ce que mon souvenir, 
Désireux de vous plaire, en a pu retenir.


***


Un Corbeau devant moi croasse

Ode

Un Corbeau devant moi croasse, 
Une ombre offusque mes regards, 
Deux belettes et deux renards 
Traversent l'endroit où je passe :
Les pieds faillent à mon cheval, 
Mon laquais tombe du haut mal, 
J'entends craqueter le tonnerre, 
Un esprit se présente à moi, 
J'ois Charon qui m'appelle à soi, 
Je vois le centre de la terre.

Ce ruisseau remonte en sa source, 
Un boeuf gravit sur un clocher, 
Le sang coule de ce rocher, 
Un aspic s'accouple d'une ourse, 
Sur le haut d'une vieille tour 
Un serpent déchire un vautour, 
Le feu brûle dedans la glace, 
Le Soleil est devenu noir, 
Je vois la Lune qui va choir, 
Cet arbre est sorti de sa place.

domingo, 30 de abril de 2017

Un poema inédito de Henri Murger

El texto está tomado de Vialibri, donde se vende por más de tres mil euros, pero es más largo: diez estrofas de cuatro versos.  

Nuit d'hiver


J'ai dans mon lit tout chaud de fièvre libertine
Une fille trouvée au coin du boulevard
Sa croupe et ses bas blancs tirés sur sa bottine
Après dîner m'avaient agacé le regard.

Flairant sans doute en moi la brute inassouvie
Que tourmente sans cesse un obscur désir
Sur un geste, je l'ai discrètement suivie
Et nous sommes allés profaner le plaisir

Son haleine est fétide et vous souffle au visage
La putréfaction de ses poumons malsains
Sa volupté cynique a l'aspect de la rage
On voit qu'elle a connu beaucoup de médecins

Elle m'a raconté sa vie et sa misère
Et comment sans amour elle avait un amant
Quand elle était petite; et qu'elle devint mère
Comme à peine elle avait cessé d'être une enfant

A tout prix je voulus la renvoyer chez elle
Mais elle résista : ce fut mon châtiment. 
Et jusqu'au rayon bleu de l'aurore nouvelle
J'ai du subir l'ennui de notre accouplement.

TRADUCCIÓN

Tengo en mi lecho caliente de fiebre libertina
una muchacha encontrada en un rincón del bulevar;
su grupa y blancos calcetines sacados de botinas
tras la cena me había molestado yo en mirar

Mirando en mí sin duda mi bruto desagrado
que un turbio deseo sin cesar agita y atormenta
en un gesto la he seguido en discreto silencio
y nos fuimos a profanar el placer

Su aliento es fétido, y os sopla en la cara
la putrefacción de sus malsanos pulmones;
su cínico deleite tiene el aspecto de la rabia,
y se ve que ha conocido a demasiados médicos.

Ella me cuenta de su vida y sus miserias,
y cómo sin amor ella tenía un amante
cuando era pequeña; y llegó a ser madre
cuando apenas había dejado de ser una niña.

A toda costa quería enviarla a su casa
pero se resistía: ese fue mi castigo.
Y hasta el rayo azul de la nueva aurora
tuve que sufrir el aburrimiento de nuestro enlace.

lunes, 3 de abril de 2017

Le lac / El lago de Alphonse de Lamartine

El lago
de Alphonse de Lamartine (la traducción más abajo)

I

Alphonse de LAMARTINE   (1790-1869) El texto original de "Le lac" apareció en Méditations poétiques (1820) y alude a la muerte por tuberculosis de su amante Julie Charles y a cómo se enamoraron en agosto de 1817 en el lago de Bourget.


Le lac

Ainsi, toujours poussés vers de nouveaux rivages,
Dans la nuit éternelle emportés sans retour,
Ne pourrons-nous jamais sur l'océan des âges
Jeter l'ancre un seul jour ?

Ô lac ! l'année à peine a fini sa carrière,
Et près des flots chéris qu'elle devait revoir,
Regarde ! je viens seul m'asseoir sur cette pierre
Où tu la vis s'asseoir !

Tu mugissais ainsi sous ces roches profondes,
Ainsi tu te brisais sur leurs flancs déchirés,
Ainsi le vent jetait l'écume de tes ondes
Sur ses pieds adorés.

Un soir, t'en souvient-il ? nous voguions en silence ;
On n'entendait au loin, sur l'onde et sous les cieux,
Que le bruit des rameurs qui frappaient en cadence
Tes flots harmonieux.

Tout à coup des accents inconnus à la terre
Du rivage charmé frappèrent les échos ;
Le flot fut attentif, et la voix qui m'est chère
Laissa tomber ces mots :

" Ô temps ! suspends ton vol, et vous, heures propices !
Suspendez votre cours :
Laissez-nous savourer les rapides délices
Des plus beaux de nos jours !

" Assez de malheureux ici-bas vous implorent,
Coulez, coulez pour eux ;
Prenez avec leurs jours les soins qui les dévorent ;
Oubliez les heureux.

" Mais je demande en vain quelques moments encore,
Le temps m'échappe et fuit ;
Je dis à cette nuit : Sois plus lente ; et l'aurore
Va dissiper la nuit.

" Aimons donc, aimons donc ! de l'heure fugitive,
Hâtons-nous, jouissons !
L'homme n'a point de port, le temps n'a point de rive ;
Il coule, et nous passons ! "

Temps jaloux, se peut-il que ces moments d'ivresse,
Où l'amour à longs flots nous verse le bonheur, 
S'envolent loin de nous de la même vitesse
Que les jours de malheur ?

Eh quoi ! n'en pourrons-nous fixer au moins la trace ?
Quoi ! passés pour jamais ! quoi ! tout entiers perdus !
Ce temps qui les donna, ce temps qui les efface,
Ne nous les rendra plus !

Éternité, néant, passé, sombres abîmes,
Que faites-vous des jours que vous engloutissez ?
Parlez : nous rendrez-vous ces extases sublimes
Que vous nous ravissez ?

Ô lac ! rochers muets ! grottes ! forêt obscure !
Vous, que le temps épargne ou qu'il peut rajeunir,
Gardez de cette nuit, gardez, belle nature,
Au moins le souvenir !

Qu'il soit dans ton repos, qu'il soit dans tes orages,
Beau lac, et dans l'aspect de tes riants coteaux,
Et dans ces noirs sapins, et dans ces rocs sauvages
Qui pendent sur tes eaux.

Qu'il soit dans le zéphyr qui frémit et qui passe,
Dans les bruits de tes bords par tes bords répétés,
Dans l'astre au front d'argent qui blanchit ta surface
De ses molles clartés.

Que le vent qui gémit, le roseau qui soupire,
Que les parfums légers de ton air embaumé,
Que tout ce qu'on entend, l'on voit ou l'on respire,
Tout dise : Ils ont aimé !

II

Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889). 

¿Y en afán incesante, el rumbo incierto,
hacia otra y otra más lejana orilla,
rodando iremos sobre el mar desierto,
sin que un instante en apacible puerto
repose nuestra quilla?

¡Oh lago, un año se ha cumplido apenas;
y heme aquí solitario! ¡Sus pisadas
no volverá a estampar en tus arenas
la que desde esta roca, ayer, serenas
fijó en ti sus miradas!

Y así cual ora entonces resonabas;
mugiendo estás como en aquellos días,
contra estas peñas tu furor desbravas,
y con la blanca espuma el musgo lavas
donde sus pies lamías.

Era una tarde. En éxtasis supremo
íbamos ella y yo bogando a solas,
y bajo el cielo azul de extremo a extremo;
más no se oía que el batir del remo
sobre las blandas olas.

Y al piélago dormido, al mudo viento,
cautivó de repente voz divina;
jamás hombre soñó tan dulce acento
como el que oyó arrobada en tal momento
la esfera cristalina:

 Suspende el ala rápida,
 no turbes nuestros éxtasis,
 ¡oh Tiempo volador!
 Gozar por siempre déjanos
 estos instantes mágicos
 que aquí nos brinda amor.

 ¿Cuántos no piden míseros
 de la esperanza el bálsamo
 a tu correr fugaz?
 Ve, y sus dolores íntimos
 alivia tú benéfico;
 ¡Deja al dichoso en paz!


 Mas ¡ay! con vana súplica
 ruego a esta noche plácida
 que lento mueva el pie.
 Rueda muda la bóveda,
 y, en el Oriente, pálido
 odioso albor se ve.

 Todo, todo es efímero;
 veloces precipítanse
 las horas, ¡ay de mí!
 Mas, entre tanto, ¡amémonos,
 en el oasis místico
 que amor nos brinda aquí!

 ¡Ay! En tanto que el mal acerbo dura,
 el Tiempo, que a su vista se adormece,
 a robarnos la dicha se apresura;
 y el momento que encierra más dulzura
 huye y desaparece.

 ¿Y nunca ha de volver lo que ha pasado?
 ¿Aquello que se fue quedó perdido
 y para siempre lo sepulta el hado
 en mudo seno, en insondable vado,
 en sempiterno olvido?

¿Y ni aun habremos de guardar sus huellas?
¿A dó van las delicias que devoras,
qué haces, profunda Eternidad, de aquellas
que descendieron a tu abismo bellas
y fugitivas horas?

¡Oh lago! ¡Grutas! ¡Rocas! ¡Selva umbría!
Pues os perdona el Tiempo, o la primera
beldad os restituye, la hermosura
de esa noche guardad. ¡Salva, oh Natura,
su recuerdo siquiera!

¡Perenne viva aquel recuerdo, oh lago,
en tu recinto; en las suaves frondas
que te circundan con rïente halago;
en estas rocas que con torvo amago
penden sobre tus ondas!

¡Viva en los ecos que de orilla a orilla
responden! ¡En el céfiro que vuela
y hojosa copa susurrante humilla!
¡En la alba Luna que en el éter brilla
y en tu cristal rïela!

¡Y el fresco aroma que tu ambiente espira,
tu oleaje, adormido o resonante,
cuanto aquí se oye, cuanto aquí se admira,
todo a la vez, cual misteriosa lira,
mi amor recuerde y cante!

sábado, 4 de febrero de 2017

Balada de los ahorcados de François Villon

Balada de los ahorcados’, de François Villon (1431 – ?)

Hermanos, los humanos que aún seguís con vida,

no tengáis con nosotros el corazón muy duro,

pues si queréis mostrar piedad con estos pobres,

Dios no lo olvidará y os podrá ser clemente.

Vednos aquí colgados a cinco o seis que somos,

ved aquí nuestros cuerpos, que tanto hemos mimado:

nuestra carne está ya devorada y podrida

y nosotros, los huesos, nos hacemos ceniza.

Nadie de nuestro mal debería burlarse:

más bien rogad a Dios que nos absuelva a todos.

Si hermanos os llamamos, no debéis ofenderos

ni mostrarnos desdén, aunque fuimos matados

por obra de justicia. Antes bien, ya sabéis

que todos los humanos no saben comportarse.

Disculpadnos a todos, pues estamos presentes

ante el buen Jesucristo, el hijo de María;

que no nos sea negada a ninguno su gracia

y que quiera preservarnos del fuego del infierno.

Ya estamos todos muertos, que nadie nos maldiga:

más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.

La lluvia ya nos tiene mojados y lavados

y el sol nos ha secado y nos ha ennegrecido;

las urracas, los cuervos, nos sacaron los ojos

y arrancaron los pelos de cejas y de barbas.

Nunca, en ningún momento, podemos estar quietos:

hacia un lado, hacia el otro, según varía el viento,

a su antojo nos mueve, sin parar un momento,

por las aves picados lo mismo que dedales.

Así pues, no queráis veros como nos vemos:

más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.

Señor Jesús, que a todos nos tienes en tus manos,

Evita que caigamos en poder del infierno:

no creo que tengamos mucho que hacer en él.

Hermanos, yo os lo juro, en esto no hago burlas;

más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.

viernes, 17 de junio de 2016

Dios ha muerto, de Gérard de Nerval

Dieu. est mort! le ciel est vide...

Pleurez! enfants, vous n'avez plus de père

Jean-Paul.



I



Quand le Seigneur, levant au ciel ses maigres bras,

Sous les arbres sacrés, comme font les poètes,

Se fut longtemps perdu dans ses douleurs muettes,

Et se jugea trahi par des amis ingrats,



Il se tourna vers ceux qui l'attendaient en bas

Rêvant d'être des rois, des sages, des prophètes...

Mais engourdis, perdus dans le sommeil des bêtes,

Et se prit à crier: "Non, Dieu n'existe pas!"



Ils dormaient. "Mes amis, savez-vous la nouvelle?

J'ai touché de mon front à la voûte éternelle;

Je suis sanglant, brisé, souffrant pour bien des jours!



Frères, je vous trompais: Abîme! abîme! abîme!

Le dieu manque à l'autel où je suis la victime...

Dieu n'est pas! Dieu n'est plus!" Mais ils dormaient toujours!





Cristo en [el monte de] los Olivos



¡Dios ha muerto! El cielo está vacío…

¡Llorad, hijos, que ya no tenéis padre!

JEAN-PAUL



I



Cuando al cielo levó el Señor sus magros brazos,

Bajo árboles sacros, como hacen los poetas,

Se hundió por largo tiempo en sus dolores mudos,

Y por falsos amigos se supo traicionado;



Y miró a los que abajo lo esperaban, durmiendo,

Soñando con ser reyes, y sabios, y profetas,

Letárgicos, perdidos en sueño de las bestias,

E inició su grito constante: “¡Dios no existe!”



Pero ellos dormían. “Amigos, ¿sabéis el evangelio?

Mi frente rozó el límite de bóvedas eternas;

Estoy sangrante, roto, sufriendo de continuo.



Hermanos, he mentido: ¡Abismo!, ¡abismo!, ¡abismo!

El dios falta en las aras en las que soy la víctima…

¡Dios no está! ¡Dios no existe!” ¡Pero ellos dormían!



II



Il reprit: "Tout est mort! J'ai parcouru les mondes;

Et j'ai perdu mon vol dans leurs chemins lactés,

Aussi loin que la vie, en ses veines fécondes,

Répand des sables d'or et des flots argentés:



Partout le sol désert côtoyé par des ondes,

Des tourbillons confus d'océans agités...

Un souffle vague émeut les sphères vagabondes,

Mais nul esprit n'existe en ces immensités.



En cherchant l'oeil de Dieu, je n'ai vu qu'une orbite

Vaste, noire et sans fond, d'où la nuit qui l'habite

Rayonne sur le monde et s'épaissit toujours;



Un arc-en-ciel étrange entoure ce puits sombre,

Seuil de l'ancien chaos dont le néant est l'ombre,

Spirale engloutissant les Mondes et les jours!





II



Y siguió: “¡Todo muerto! Atravesé los mundos;

Y me perdí en los rumbos de sus caminos lácteos,

Muy lejos, do la vida, de sus venas ubérrimas,

Derrama arenas áureas y olas argentinas:



Y todo suelo yermo ceñido por las ondas,

Confusos torbellinos de océanos convulsos…

Un soplo vago impulsa esferas vagabundas,

Pero en la inmensidad no existe un solo espíritu.



Buscando la mirada de Dios, hallé una órbita,

Sin fondo, negra, vasta, albergue de la noche

Que fluye sobre el mundo y más y más se espesa.



Un extraño arco iris rodea el pozo umbrío,

Umbral del Caos arcaico cuya sombra es la Nada,

Un espiral que engulle los Mundos y los días”.



III



"Immobile Destin, muette sentinelle,

Froide Nécessité!... Hasard qui, t'avançant

Parmi les mondes morts sous la neige éternelle,

Refroidis, par degrés, l'univers palissant,



Sais-tu ce que tu fais, puissance originelle,

De tes soleils éteints, l'un l'autre se froissant...

Es-tu sûr de transmettre une haleine immortelle,

Entre un monde qui meurt et l'autre renaissant?...



O mon père! est-ce toi que je sens en moi-même?

As-tu pouvoir de vivre et de vaincre la mort?

Aurais-tu succombé sous un dernier effort



De cet ange des nuits que frappa l'anathème?

Car je me sens tout seul à pleurer et souffrir,

Hélas! et, si je meurs, c'est que tout va mourir!"





III



“¡Inmovible destino, silente centinela,

Necesidad helada!… Azar que en tus avances,

Entre los orbes muertos bajo la nieve eterna

Enfrías, paso a paso, al pálido universo,



¿Sabes tú lo que haces, potencia primigenia,

Con tus soles extintos, golpeándose en su danza?…

¿Seguro estás de dar un hálito perenne

Entre un mundo que muere y otro renaciente?…



Oh Padre, ¿eres el mismo que siento adentro mío?

¿Poder tienes de vida y de vencer la muerte?

¿O habrás tú sucumbido bajo el último esfuerzo



Del ángel de las noches que se hundió a tu anatema?…

Pues me siento tan solo en mi llanto, en mi angustia.

Quizás, ay, si yo muero, conmigo muera todo.



IV



Nul n'entendait gémir l'éternelle victime,

Livrant au monde en vain tout son coeur épanché;

Mais prêt à défaillir et sans force penché,

Il appela le seul - éveillé dans Solyme:



"Judas! lui cria-t-il, tu sais ce qu'on m'estime,

Hâte-toi de me vendre, et finis ce marché:

Je suis souffrant, ami! sur la terre couché...

Viens! ô toi qui, du moins, as la force du crime!"



Mais Judas s'en allait, mécontent et pensif,

Se trouvant mal payé, plein d'un remords si vif

Qu'il lisait ses noirceurs sur tous les murs écrites...



Enfin Pilate seul, qui veillait pour César,

Sentant quelque pitié, se tourna par hasard:

"Allez chercher ce fou!" dit-il aux satellites.





IV



Mas nadie oyó gemir a la víctima eterna,

Que en vano derramaba su corazón completo;

Y ya a desfallecer, con las fuerzas huidas,

Él apeló al Solo – que velaba en Solyma:



“¡Judas! – gritó – bien sabes en cuánto se me estima.

Apúrate a venderme, pon fin a tu negocio:

¡Estoy sufriendo, amigo!, reptando ya por tierra…

¡Oh tú que al menos tienes la fuerza para el crimen!”



Pero Judas marchábase, culposo y pensativo,

Sintiéndose mal pago, y con remordimientos

Tan negros que en los muros escritos los veía.



Por fin, sólo Pilatos, que velaba por César,

Con algo de piedad como al azar tornóse:

“¡Id a buscar al loco!” – les dijo a sus adlátares.



V



C'était bien lui, ce fou, cet insensé sublime...

Cet Icare oublié qui remontait les cieux,

Ce Phaéton perdu sous la foudre des dieux,

Ce bel Atys meurtri que Cybèle ranime!



L'augure interrogeait le flanc de la victime,

La terre s'enivrait de ce sang précieux...

L'univers étourdi penchait sur ses essieux,

Et l'Olympe un instant chancela vers l'abîme.



"Réponds! criait César à Jupiter Ammon,

Quel est ce nouveau dieu qu'on impose à la terre?

Et si ce n'est un dieu, c'est au moins un démon..."



Mais l'oracle invoqué pour jamais dut se taire;

Un seul pouvait au monde expliquer ce mystère:

- Celui qui donna l'âme aux enfants du limon.





V



Por fin aquí está el loco, el orate sublime…

¡El Ícaro olvidado que remontó los cielos,

El Faetón caído al rayo de los dioses,

El malherido Atys que Cibeles reanima!



Interrogó el arúspice el flanco de la víctima,

La tierra emborrachóse de su preciosa sangre…

Tembló el universo fallándole sus ejes,

Y en vértigo el Olimpo se aproximó al abismo.



“¡Responde! – gritó el César a Júpiter Ammón –

¿Quién es el nuevo dios que se impone a la tierra?

Si acaso no es un dios, será un daimón al menos…”



Pero calló por siempre el invocado oráculo;

Tan solo Alguien podría dar cuenta del misterio:

- El que insufló las almas a los hijos del fango.


 NOTAS

Algunos de los sonetos de esta serie de cinco fueron publicados en L’ Artiste, 31 de marzo de 1844. También se conservan en manuscritos. Incluida en Pequeños Castillos… Versión definitiva en Las Hijas del Fuego, 1854