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viernes, 21 de noviembre de 2025

José Emilio Pacheco, Égloga octava

 ÉGLOGA OCTAVA


Lento muere el verano

y suspende el silencio con sus ruidos.

Un otoño temprano

hundió verdes latidos,

árboles por la muerte merecidos.


La luz nos atraviesa.

Se detiene en tu cuerpo y lo decora.

Tal fuego que te besa,

consumida en la hora,

ya se incendia la tarde asoladora.


Vivimos el presente

en función del mañana y del pasado,

porque seguramente

no estaré ya a tu lado

en ese tiempo real que has desdeñado.


En estas soledades

se han unido el desierto y la pradera.

Mas el gozo que invades

ya no te recupera

y durará lo que la noche quiera.


Creciste en la memoria

hecha de otras imágenes, mentida.

Y no habrá más historia

para ocupar la vida,

que esa huella de ti, vasta y perdida.


Inútil el lamento,

inútil la esperanza, el desterrado

adjetivo del viento.

Te ha poblado

el transcurrir de todo lo acabado.


Esperemos ahora

la claridad que apenas se desliza.

Nos encuentra la aurora

en la tierra cobriza,

faltos de amor y llenos de ceniza.


Se acerca la negrura

en la avidez del día que despierta.

En torno a tu hermosura

se ha cerrado la puerta

de la alegría que me diste muerta.


No volveremos nunca

a tener en las manos ese instante;

porque la noche trunca

hará que se quebrante

nuestra dicha

y sigamos adelante.


El oscuro reflejo

de ese ayer que zozobra en tu mirada,

es el oblicuo espejo

que bifurca la nada

de esta reunión de sombras condenada.


La llama que calcina

de tu rostro sin voces ha crecido.

Pero ha de ser su ruina

la que instaure el sonido,

el silencioso estruendo del olvido.


De los años la ira,

la confusión, el peso, la derrota,

no harán una mentira

de todo lo que brota

en una noche de prodigios rota.


El mundo se apodera

de lo que es nuestro y tuyo. Y el vacío

acontece y vulnera;

como el río

que humedece tus labios, amor mío.


Eterna, única ausente,

niña solar o hiedra que se esconde.

Te borras lentamente,

más vivirás en donde

tu presencia me escucha y me responde.

viernes, 20 de junio de 2025

Cantos mayas de Dzitbalché del códice Dresde

 CANTARES MAYAS DE DZITBALCHÉ

FRAGMENTO


Códice Dresde

CANTAR 4


VAMOS AL RECIBIMIENTO DE LA FLOR


1. Alegría

2. cantamos


3. porque vamos


4. al Recibimiento de la Flor.


5. Todas las mujeres


6. mozas,


7. [tienen en] pura risa


8. y risa


9. sus rostros, en tanto que saltan


10. sus corazones


11. en el seno de sus pechos.


12. ¿Por qué causa?


13. Porque saben


14. que es porque darán


15. su virginidad femenil


16. a quienes ellas aman.


17. ¡Cantad La Flor!


18. Os ayudarán (acompañarán)


19. el Nacom y el


20. gran Señor Ah Kulel


21. presentes en el cadalso.


22. El Ah Kulel canta:


23. "Vámonos, vámonos


24. a poner nuestras voluntades


25. ante la Virgen


26. la Bella Virgen


27. y Señora


28. la Flor de las Mozas


29. que está en su alto cadalso,


30. la señora . . .


31. Suhuy Kaak.


32. Asimismo [ante] la Bella


33. X Kanleox


34. y [ante] la Bella X Z


35. oot y la Bella


36. Señora Virgen


37. X T'oot' much.


38. Ellas son las que dan el Bien


39. a la Vida aquí sobre


40. la Región, aquí sobre


41. la Sabana y a la redonda


42. aquí en la Sierra.


43. Vamos, vamos, vámonos


44. jóvenes; así


45. daremos perfecto regocijo


46. aquí en Dzitil


47. Piich, Dzitil Balche.


CANTAR 5


<HVA-PAACH'OOB>



1. Se ha hecho muy necesario

2. que sea medida la cuen-


3. ta de cuántos


4. años o katunes


5. de tiempo han pasado


6. del tiempo desde cuando [existieron] aquí


7. en estos poblados, los


8. grandes y poderosos


9. hombres, aquéllos


10. que alzaron los muros


11. de los antiguos poblados,


12. que ahora miramos aquí


13. en la Provincia de la Sabana;


14. todos esos poblados


15. esparcidos sobre


16. la tierra que ahora


17. miramos posados [sus edificios]


18. aquí y allá, sobre


19. altos cerros.


20. Lo que signifique


21. aquí en los poblados, damos;


22. el significado,


23. el cual vemos hoy,


24. y lo que sabemos


25. porque día


26. a día vemos


27. en medio de los cielos


28. la señal de lo que


29. nos fue dicho por


30. los hombres antiguos


31. hombres de aquí


32. de nuestros pueblos,


33. de aquí de nuestra tierra. Damos


34. lo cierto de nuestra intención


35. para que se pueda


36. leer lo que


37. hay en la faz del


38. cielo al entrar la


39. noche, así desde


40. el horizonte hasta el meridiano.


41. Así pues se in-


42. clina. . .


CANTAR 7


KAY NICTÉ

CANTO DE LA FLOR 



1. La bellísima luna

2. se ha alzado sobre el bosque;


3. va encendiéndose


4. enmedio de los cielos


5. donde queda en suspenso


6. para alumbrar sobre


7. la tierra, todo el bosque.


8. Dulcemente viene el aire y su perfume


9. y su perfume


10. Ha llegado en medio


11. del cielo; resplandece


12. su luz sobre


13. todas las cosas. Hay


14. alegría en todo


15. buen hombre.


16. Hemos llegado adentro


17. del interior del bosque donde


18. nadie


19. <nos> mirará


20. lo que hemos venido a hacer.


21. Hemos traído la flor de la Plumería


22. la flor del chucum, la flor


23. del jazmín canino, la flor de. . .


24. Trajimos el copal, la rastrera cañita ziit,


25. así como la concha de la tortuga terrestre.


26. Asimismo el nuevo polvo de calcita


27. dura y el nuevo


28. hilo de algodón para hilar; la nueva


jícara


29. y el grande y fino pedernal;


30. la nueva pesa;


31. la nueva tarea de hilado;


32. el presente del pavo;


33. nuevo calzado,


34. todo nuevo,


35. inclusive las bandas que atan


36. nuestras cabelleras para


37. tocarnos con el nenúfar;


38. igualmente el zumbador


39. caracol y la ancia-


40. na [maestra]. Ya, ya


41. estamos en el corazón del bosque,


42. a orillas de la poza en la roca,


43. a esperar


44. que surja la bella


45. estrella que humea sobre


46. el bosque. Quitaos


47. vuestras ropas, desatad


48. vuestras cabelleras;


49. quedaos como


50. llegasteis aquí


51. sobre el mundo,


52. vírgenes, mu-


53. jeres mozas. . .


CANTAR 12


EL APAGAMIENTO DEL ANCIANO SOBRE EL MONTE



1. Declina el sol en las faldas del cielo al po-

2. niente; [suenan] el tunkul, el caracol y


3. el zacatán y se sopla la cantadora


4. jícara. Se seleccionan todos. . .


5. Han venido. Después, saltando


6. van para llegarse ante


7. el popolna [donde está] el Ahau Can.


8. Allí también están el Holpoop y


9. los Chaques, así como el Señor Ah Ku-


10. lel y sus ayudantes.


11. Han llegado los músicos-cantantes,


12. los farsantes, bailarines


13. contorsionistas, saltarines


14. y los corcovados y los espectadores.


15. Todas las personas han venido en


16. pos del Señor Ahau Can a la di-


17. versión que se hará en medio


18. de la plaza de nuestro pueblo.


19. Al comenzar a penetrar el sol


20. en las faldas de la superficie del cielo, es


el momento conveniente


21. para comenzar. . .


22. . . . . . . copal . . . . . .


23. El Señor del Cielo recibirá el humo


24. del fuego para escocer el rostro


25. del Señor Sol. Vámonos, vamos al tronco


de la Ceiba; vamos a poner el trueque-


ofrenda


27. para el nuevo año. Ya,


28. ya han pasado los dolorosos días.


29. Vamos a reunirnos


30. en el pueblo; vamos al oriente del pueblo


a colocar


31. la columna de madera del Viejo Recibi-


dor del Fuego


32. sobre el cerro. Traed


33. todas las cosas nuevas;


34. tirad todas las cosas


35. viejas. El Señor Dios ha


36. concedido que pasemos los malos


37. días aquí en el pueblo, porque


38. van a venir otros días


39. otros uinales, otros años


40. otro katún, para


41. que venga a completarse una


42. veintena de años para el ka-


43. tún. Vamos a poner


44. nueva piedra de término (de año) a la


puerta


45. del pueblo. Busquemos una blanca


46. piedra para indicar


47. que otro año ha pasado. . .


CANTAR 15

CANTAR SIN TITULO II 



1. Poneos vuestras bellas ropas;

2. ha llegado el día de la alegría;


3. peinad la maraña de vuestra cabellera;


4. poneos la más bella


5. de vuestras ropas; poneos vuestro bello


calzado;


6. colgad vuestros grandes


7. pendientes en los pendientes de vuestras


orejas; poneos


8. buena toca; poned los galardones


9. de vuestra bella garganta; poned lo que


enroscais y


10. reluce en la parte rolliza de vuestros


brazos.


11. Preciso es que seais vista


12. cómo sois bella cual


13. ninguna, aquí en el asiento


14. de Dzitbalché, pueblo. Os amo


15. bella Señora. Por esto


16. quiero que seais vista en verdad


17. muy bella, porque


18. habréis de pareceros a la humeante


19. estrella; porque os deseen hasta


20. la luna y las flores de los campos.


21. Pura y blanca blanca es vuestra ropa,


doncella.


22. Id a dar la alegría de vuestra risa;


23. poned bondad en vuestro corazón, porque


hoy


24. es el momento de la alegría de todos los


hombres


25. que ponen su bondad en vos.

sábado, 2 de noviembre de 2024

Nezahualcóyotl, Percibo lo secreto

 Nezahualcóyotl, rey y poeta del pueblo azteca.


Percibo lo secreto, lo oculto:

¡Oh vosotros señores!

Así somos,

somos mortales,

de cuatro en cuatro, nosotros, los hombres,

todos habremos de irnos,

todos habremos de morir en la Tierra...

Como una pintura nos iremos borrando.

Como una flor,

nos iremos secando

Aquí sobre la Tierra.

Como vestidura de plumaje de ave zacuán,

de la preciosa ave de cuello de hule,

nos iremos acabando.

Meditadlo, señores,

águilas y tigres,

aunque fuerais de jade,

aunque fuerais de oro,

también allá iréis,

al lugar de los descarnados.

Tendremos que desaparecer,

nadie habrá de quedar.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Juana de Asbaje y Ramíres (sor Juana Inés de la Cruz), ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

¿En perseguirme, mundo, qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

poner bellezas en mi entendimiento

y no mi entendimiento en las bellezas?


Yo no estimo tesoros ni riquezas,

y así, siempre me causa más contento

poner riquezas en mi entendimiento

que no mi entendimiento en las riquezas.


Yo no estimo hermosura que vencida

es despojo civil de las edades

ni riqueza me agrada fementida,


teniendo por mejor en mis verdades

consumir vanidades de la vida

que consumir la vida en vanidades.

domingo, 14 de marzo de 2021

Percibo lo secreto y ¿A dónde iremos? Nezahualcóyotl. Versión bilingüe.

Percibo lo secreto


Percibo lo secreto, lo oculto:

¡Oh vosotros señores!

Así somos, somos mortales,

de cuatro en cuatro nosotros los hombres,

todos habremos de irnos,

todos habremos de morir en la tierra.


Nadie en jade,

nadie en oro se convertirá:

En la tierra quedará guardado.

Todos nos iremos

allá, de igual modo.

Nadie quedará,

conjuntamente habrá que perecer,

nosotros iremos así a su casa.


Como una pintura

nos iremos borrando.

Como una flor,

nos iremos secando

aquí sobre la tierra.

Como vestidura de plumaje de ave zacuán,

de la preciosa ave de cuello de hule,

nos iremos acabando

nos vamos a su casa.


Se acercó aquí.

Hace giros la tristeza

de los que en su interior viven.

Meditadlo, señores,

águilas y tigres,

aunque fuérais de jade,

aunque fuérais de oro,

también allá iréis,

al lugar de los descarnados.

Tendremos que desaparecer,

nadie habrá de quedar.


Nezahuacoyotltzin, 1402-1472, Tlatoani de Texcoco.


II

¿A dónde iremos

donde la muerte no existe?

Mas, ¿por esto viviré llorando?

Que tu corazón se enderece:


Aquí nadie vivirá por siempre.

Aun los príncipes a morir vinieron,

Los bultos funerarios se queman.

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.


 ¿Can nelpa tonyazque

canon aya micohua?

¿Ica nichoca?

Moyoliol xi melacuahuacan:

ayac nican nemiz.

Tel ca tepilhuan omicoaco,

netlatiloc.

Moyoliol xi melacuahuacan:

ayac nican nemiz.


sábado, 13 de marzo de 2021

Letanía de mis defectos. Pita Amor.

 Letanía de mis Defectos. Pita Amor:


Soy vanidosa, déspota, blasfema;

soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa;

pero conservo aún la tez de rosa.

La lumbre del infierno a mi me quema.


Es de cristal cortado mi sistema.

Soy ególatra, fría, tumultuosa.

Me quiebro como frágil mariposa.

Yo misma he construido mi anatema.


Soy perversa, malvada, vengativa.

Es prestada mi sangre y fugitiva.

Mis pensamientos son muy taciturnos.


Mis sueños de pecado son nocturnos.

Soy histérica, loca, desquiciada;

pero a la eternidad ya sentenciada

miércoles, 20 de marzo de 2013

Octavio Paz


LAS PALABRAS

Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen, putas),
azótalas,
dales azucar en la boca a las rejegas;
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
pásalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

*****

ESCRITURA

Cuando sobre el papel la pluma escribe,
a cualquier hora solitaria,
¿quién la guía?
¿A quien escribe el que escribe por mí,
orilla hecha de labios y de sueño,
quieta colina, golfo,
hombro para olvidar al mundo para siempre?

Alguien escribe en mí, mueve mi mano,
escoge una palabra, se detiene,
duda entre el mar azul y el monte verde.
Con un ardor helado
contempla lo que escribo.
Todo lo quema, fuego justiciero.
Pero este juez también es víctima
y al condenarme, se condena:
no escribe a nadie, a nadie llama,
a sí mismo se escribe, en sí se olvida,
y se rescata, y vuelve a ser yo mismo.

*****

ATRAS DE LA MEMORIA

Atrás de la memoria, en ese limbo
donde el pasado, culpas y deseos,
sueña su renacer en escultura,
tu pelo suelto cae, tu sonrisa,
puerta de la blancura, aún sonríe,
la fiebre de tu mano todavía
hace crecer dentro de mí mareas
y aún oigo tu voz -aunque no hay nadie.

Bahía de hermosuras, eternidades
substraídas, fluir vivo de imágenes,
delicias desatadas, pleamar,
(tu paladar: un cielo rojo, golfo
donde duermen tus dientes, caracola
donde oye la ola su caída),
el infinito hambriento de unos ojos,
un pulso, un tacto, un cuerpo que se fuga…

El tiempo que nos hizo nos deshace;
mi corazón a obscuras es un puño
que golpea -no es un muro ni un espejo-
a sí mismo, monótono…

*****

CONSCRIPTOS U.S.A.

I

CONVERSACIÓN EN UN BAR

-Sábado por la tarde, sin permiso.
La soledad se puebla y todo quema,
(El viento del Oeste son dos vientos:
en la noche es un búfalo fantama,
al alba es un ejército de pájaros.)
-Pardeaba. Les dije entonces:
Saben que iremos, nos esperan…
(Las muchachas del sur corren desnudas
en la noche. Sus huellas en la arena
son estrellas caídas,
joyas abandonas por el mar.)
-Éramos tres: un negro, un mexicano
y yo. Nos arrastramos por el campo,
pero al llegar al muro una linterna…
(En la ciudad de piedra
la nieve es una cólera de plumas.)
-Nos encerraron en la cárcel.
Yo le menté la madre al cabo.
Al rato las mangueras de agua fría.
Nos quitamos la ropa, tiritando.
Muy tarde ya, nos dieron sábanas.
(en otoño los árboles del río
dejan caer sus hojas amarillas
en la espalda del agua
y el sol, en la corriente,
es una lenta mano que acaricia
una garganta trémula.)
-Después de un mes la vi. Primero al cine,
luego a bailar. Tomamos unos tragos.
En una esquina nos besamos…
(El sol, las rocas rojas del desierto
y un cascabel erótico: serpientes.
Esos amores fríos en un lecho de lavas…)

*****

LA CALLE

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
todo está obscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

*****

LA VIDA SENCILLA

Llamar al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día,
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida;
bailar el baile sin perder el paso;
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo; llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Envío

Tal sobre el muro rotas uñas graban
un nombre, una esperanza, una blasfemia,
sobre el papel, sobre la arena, escribo
estas palabras mal encadenadas.
Entre sus secas sílabas acaso
un día te detengas: pisa el polvo,
esparce la ceniza, sé ligera
como la luz ligera y sin memoria
que brilla en cada hoja, en cada piedra,
dora la tumba y dora la colina
y nada la detiene ni apresura.

*****

ENTRE LA PIEDRA Y LA FLOR

IV

El dinero y su rueda,
el dinero y sus números huecos,
el dinero y su rebaño de espectros.

El dinero es una fastuosa geografía:
montañas de oro y cobre,
ríos de plata y níquel,
árboles de jade
y la hojarasca del papel moneda.

Sus jardines son asépticos,
su primavera perpétua está congelada,
sus flores son piedras preciosas sin olor,
sus pájaros vuelan en ascensor,
sus estaciones giran al compás del reloj.

el planeta se vuelve dinero,
el dinero se vuelve número
el número se come al tiempo,
el tiempo se come al hombre,
el dinero se come al tiempo.

La muerte es un sueño que no sueña el dinero.
El dinero no dice tu eres:
el dinero dice cuánto.

Más malo que no tener dinero
es tener mucho dinero.

Saber contar no es saber cantar.

Alegría y pena
ni se compran ni se venden.

La pirámide niega al dinero,
el ídolo niega al dinero,
el brujo niega al dinero,
la Virgen, el Niño y el Santito
niegan al dinero.

El analfabetismo es una sabiduría
ignorada por el dinero.

El dinero abre las puertas de la casa del rey,
cierra las puertas del perdón.

el dinero es el gran prestidigitador
Evapora todo lo que toca:
Tu sangre y tu sudor,
tu lágrima y tu idea.
El dinero te vuelve ninguno.

Entre todos construimos
el palacio del dinero:
el gran cero.

No al trabajo: el dinero es el castigo.
El trabajo nos da de comer y dormir:
el dinero es la araña y el hombre la mosca.
El trabajo hace las cosas:
el dinero chupa la sangre de las cosas.
El trabajo es el techo, la mesa, la cama:
el dinero no tiene cuerpo ni cara ni alma.

El dinero seca la sangre del mundo,
sorbe el seso del hombre.

Escalera de horas y meses y años:
allí arriba encontramos a nadie.

Monumento que tu muerte levanta a la muerte.

                          (Merida 1937/México 1976)


******

EL AUSENTE

III

Viva palabra obscura,
palabra del principio,
principio sin palabra,
piedra y tierra, sequía,
verdor súbito,
fuego que no se acaba,
agua que brilla en una cueva:
no existes, pero vives,
en nuestra angustia habitas,
en el fondo vacío del instante
-oh aburrimiento-,
en el trabajo y el sudor, su fruto,
en el sueño que engendra y el muro que prohíbe.
Dios vacío, Dios sordo, Dios mío,
lágrima nuestra, blasfemia,
palabra y silencio del hombre,
signo del llanto, cifra de sangre,
forma terrible de la nada,
araña del miedo
reverso del tiempo,
gracia del mundo, secreto indecible,
muestra tu faz que aniquila,
que al polvo voy, al fuego impuro.

                         

sábado, 15 de marzo de 2008

Enrique González Martínez

Busca en todas las cosas

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje...
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido...

MAÑANA LOS POETAS

Mañana los poetas cantarán en divino
verso que no logramos entonar los de hoy:
nuevas constelaciones darán otro destino
a sus almas inquietas con un nuevo temblor.

Mañana los poetas seguirán su camino
absortos en ignota y extraña floración,
y al oír nuestro canto, con desdén repentino
echarán a los vientos nuestra vieja ilusión.

Y todo será inútil, y todo será en vano;
será el afán de siempre y el idéntico arcano
y la misma tiniebla dentro del corazón.

Y ante la eterna sombra que surge y se retira,
recogerán del polvo la abandonada lira
y cantarán con ella nuestra misma canción.

TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE DE ENGAÑOSO PLUMAJE
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.

Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda. . .y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.

Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno. . .

El no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en al sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno. (1911)

EL GOZO ALUCINADO

El color se me adentra y no lo pinto;

la nota musical llega hasta el fondo
de la entraña cordial, y yo la escondo
en el sacro rincón de su recinto.

El árbol es aliento y no verdura,
germinación de vuelo y no ramaje;
el ojo lo desliga del paisaje
y lo clava en el dombo de la altura.

Apago soles y deseco ríos,
borro matices y deshago formas,
y en propio barro, quebrantando normas,
modelo mundos para hacerlos míos.

Sobrepasa las cosas la mirada,
el sueño crece, lo real esfuma,
y me embarco en las alas de la bruma
como en una galera aparejada.

El nuevo Narciso, 1952

martes, 20 de febrero de 2007

Nos han dado la tierra, de Juan Rulfo

Nos han dado la tierra

Juan Rulfo

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.

Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.

Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:

-Son como las cuatro de la tarde.

Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: "Somos cuatro". Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros.

Faustino dice:

-Puede que llueva.

Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí".

No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.

Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed.

¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?

Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.

No, el llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.

Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.

Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.

Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos.

Nos dijeron:

-Del pueblo para acá es de ustedes.

Nosotros preguntamos:

-¿El Llano?

- Sí, el llano. Todo el Llano Grande.

Nosotros paramos la jeta para decir que el llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano.

Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:

-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.

-Es que el llano, señor delegado...

-Son miles y miles de yuntas.

-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.

-¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.

- Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.

- Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.

- Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...

Pero él no nos quiso oír.

Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.

Melitón dice:

-Esta es la tierra que nos han dado.

Faustino dice:

-¿Qué?

Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."

Melitón vuelve a decir:

-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.

-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.

Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él. Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.

Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:

-Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste esa gallina?

-Es la mía- dice él.

-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?

-No la merqué, es la gallina de mi corral.

-Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?

-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.

-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.

Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:

-Estamos llegando al derrumbadero.

Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no golpearle la cabeza contra las piedras.

Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajara por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.

Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.

Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.

Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.

-¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban.

Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.

La tierra que nos han dado está allá arriba.
De El llano en llamas