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martes, 13 de enero de 2026

Residente, This is Not America

 This is Not America

Residente


Estamo' aquí,

oye, que estamo' aquí:

mérame, estamo' aquí.


Desde hace rato, cuando ustedes llegaron

ya estaban las huellas de nuestros zapatos.

Se robaron hasta la comida'e gato

¡y todavía se están lamiendo el plato!


Bien encabrona'o con estos ingratos

hoy le doy duro a los tambores,

hasta que me acusen de maltrato.

Si no entiendes el dato,

pues te lo tiro en cumbia,

bossanova, tango o ballenato.


A lo calabó y bambú, bien frontú,

con sangre caliente como Tombuctú.

Estamos dentro del menú,

Twopac se llama Twopac por Túpac Amaru, del Perú.


América no es solo USA, papá,

esto es desde Tierra del Fuego hasta Canadá.

¡Hay que ser bien bruto, bien hueco!

Es como decir que África es solo Marruecos.


A estos canallas

se les olvidó que el calendario que usan

se lo inventaron los mayas.

Con la Valdivia precolombina

desde hace tiempo, ah,

este continente camina.


Pero, ni con toda la marina,

pueden sacar de la vitrina

la peste campesina.

Esto va pa'l capataz de la empresa:

el machete no solo es pa' cortar caña,

también es pa’ cortar cabezas.


Aquí estamos, siempre estamos,

no nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes:

si quieres, mi machete te muerde


Aquí estamos, siempre estamos,

no nos fuimos, no nos vamos,

aquí estamos pa' que te recuerdes:

si quieres, mi machete te muerde, ah.


Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Te muerde, ah

Te muerde, ah


Los paramilitares, la guerrilla,

los hijos del conflicto, las pandillas,

las listas negras, los falsos positivos,

los periodistas asesinados, los desaparecidos,

los narcogobiernos, todo lo que robaron,

los que se manifiestan y los que se olvidaron,

las persecuciones, los golpes de estado,

el país en quiebra, los exiliados,

el peso devaluado,

el tráfico de droga, los carteles,

las invasiones, los emigrantes sin papeles,

cinco presidentes en once días,

disparo a quema ropa por parte de la policía,

más de cien años de tortura,

la Nova trova cantando en plena dictadura,

somos la sangre que sopla la presión atmosférica:

Gambino, mi hermano,

esto sí es América.


Aquí estamos, siempre estamos

no nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes.

Si quieres, mi machete te muerde.


Aquí estamos, siempre estamos.

No nos fuimos, no nos vamos.

Aquí estamos pa' que te recuerdes.

Si quieres, mi machete te muerde, ah.


Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah

Si quieres, mi machete te muerde, ah


Te muerde, ah

Te muerde, ah

domingo, 9 de noviembre de 2025

José Martí, Versos sencillos

 Yo soy un hombre sincero, de José Martí.


Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma,

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.


Yo vengo de todas partes,

y hacia todas partes voy:

arte soy entre las artes,

en los montes, monte soy.


Yo sé los nombres extraños

de las yerbas y las flores,

y de mortales engaños,

y de sublimes dolores.


Yo he visto en la noche oscura

llover sobre mi cabeza

los rayos de lumbre pura

de la divina belleza.


Alas nacer ví en los hombros

de las mujeres hermosas:

y salir de los escombros,

volando las mariposas.


He visto vivir a un hombre

con el puñal al costado,

sin decir jamás el nombre

de aquella que lo ha matado.


Rápida, como un reflejo,

dos veces ví el alma, dos:

cuando murió el pobre viejo,

cuando ella me dijo adiós.


Temblé una vez – en la reja,

a la entrada de la viña,-

cuando la bárbara abeja

picó en la frente a mi niña.


Gocé una vez, de tal suerte

que gocé cual nunca: – cuando

la sentencia de mi muerte

leyó el alcaide llorando.


Oigo un suspiro, a través

de las tierras y la mar,

y no es un suspiro, – es

que mi hijo va a despertar.


Si dicen que del joyero

tome la joya mejor,

tomo a un amigo sincero

y pongo a un lado el amor.


Yo he visto al águila herida

volar al azul sereno,

y morir en su guarida

la víbora del veneno.


Yo sé bien que cuando el mundo

cede, lívido, al descanso,

sobre el silencio profundo

murmura el arroyo manso.


Yo he puesto la mano osada,

de horror y júbilo yerta,

sobre la estrella apagada

que cayó frente a mi puerta.


Oculto en mi pecho bravo

la pena que me lo hiere:

el hijo de un pueblo esclavo

vive por él, calla y muere.


Todo es hermoso y constante,

todo es música y razón,

y todo, como el diamante,

antes que luz es carbón.


Yo sé que el necio se entierra

con gran lujo y con gran llanto.-

y que no hay fruta en la tierra

como la del camposanto.


Callo, y entiendo, y me quito

la pompa del rimador:

cuelgo de un árbol marchito

mi muceta de doctor.


(Versos sencillos) 1891, José Martí

sábado, 12 de julio de 2025

Oliverio Girondo, Se miran

Oliverio Girondo, «Se miran…»


Se miran, se presienten, se desean…

Se acarician, se besan, se desnudan…

Se respiran, se acuestan, se olfatean…

Se penetran, se chupan, se desnudan…

Se adormecen, despiertan, se iluminan…

Se codician, se palpan, se fascinan…

Se mastican, se gustan, se babean…

Se confunden, se acoplan, se disgregan…

Se distienden, se enarcan, se menean…

Se retuercen, se estiran, se caldean…

Se estrangulan, se aprietan, se estremecen…

Se tantean, se juntan, desfallecen…

Se repelen, se enervan, se apetecen…

Se acometen, se enlazan, se entrechocan…

Se agazapan, se apresan, se dislocan…

Se perforan, se incrustan, se acribillan…

Se remachan, se injertan, se atornillan…

Se desmayan, reviven, resplandecen…

Se contemplan, se inflaman, se enloquecen…

Se derriten, se sueldan, se calcinan…


Se desgarran, se muerden, se asesinan…

Resucitan, se buscan, se refriegan…

Se rehúyen, se evaden y… se entregan.

Oliverio Girondo.

viernes, 20 de junio de 2025

Cantos mayas de Dzitbalché del códice Dresde

 CANTARES MAYAS DE DZITBALCHÉ

FRAGMENTO


Códice Dresde

CANTAR 4


VAMOS AL RECIBIMIENTO DE LA FLOR


1. Alegría

2. cantamos


3. porque vamos


4. al Recibimiento de la Flor.


5. Todas las mujeres


6. mozas,


7. [tienen en] pura risa


8. y risa


9. sus rostros, en tanto que saltan


10. sus corazones


11. en el seno de sus pechos.


12. ¿Por qué causa?


13. Porque saben


14. que es porque darán


15. su virginidad femenil


16. a quienes ellas aman.


17. ¡Cantad La Flor!


18. Os ayudarán (acompañarán)


19. el Nacom y el


20. gran Señor Ah Kulel


21. presentes en el cadalso.


22. El Ah Kulel canta:


23. "Vámonos, vámonos


24. a poner nuestras voluntades


25. ante la Virgen


26. la Bella Virgen


27. y Señora


28. la Flor de las Mozas


29. que está en su alto cadalso,


30. la señora . . .


31. Suhuy Kaak.


32. Asimismo [ante] la Bella


33. X Kanleox


34. y [ante] la Bella X Z


35. oot y la Bella


36. Señora Virgen


37. X T'oot' much.


38. Ellas son las que dan el Bien


39. a la Vida aquí sobre


40. la Región, aquí sobre


41. la Sabana y a la redonda


42. aquí en la Sierra.


43. Vamos, vamos, vámonos


44. jóvenes; así


45. daremos perfecto regocijo


46. aquí en Dzitil


47. Piich, Dzitil Balche.


CANTAR 5


<HVA-PAACH'OOB>



1. Se ha hecho muy necesario

2. que sea medida la cuen-


3. ta de cuántos


4. años o katunes


5. de tiempo han pasado


6. del tiempo desde cuando [existieron] aquí


7. en estos poblados, los


8. grandes y poderosos


9. hombres, aquéllos


10. que alzaron los muros


11. de los antiguos poblados,


12. que ahora miramos aquí


13. en la Provincia de la Sabana;


14. todos esos poblados


15. esparcidos sobre


16. la tierra que ahora


17. miramos posados [sus edificios]


18. aquí y allá, sobre


19. altos cerros.


20. Lo que signifique


21. aquí en los poblados, damos;


22. el significado,


23. el cual vemos hoy,


24. y lo que sabemos


25. porque día


26. a día vemos


27. en medio de los cielos


28. la señal de lo que


29. nos fue dicho por


30. los hombres antiguos


31. hombres de aquí


32. de nuestros pueblos,


33. de aquí de nuestra tierra. Damos


34. lo cierto de nuestra intención


35. para que se pueda


36. leer lo que


37. hay en la faz del


38. cielo al entrar la


39. noche, así desde


40. el horizonte hasta el meridiano.


41. Así pues se in-


42. clina. . .


CANTAR 7


KAY NICTÉ

CANTO DE LA FLOR 



1. La bellísima luna

2. se ha alzado sobre el bosque;


3. va encendiéndose


4. enmedio de los cielos


5. donde queda en suspenso


6. para alumbrar sobre


7. la tierra, todo el bosque.


8. Dulcemente viene el aire y su perfume


9. y su perfume


10. Ha llegado en medio


11. del cielo; resplandece


12. su luz sobre


13. todas las cosas. Hay


14. alegría en todo


15. buen hombre.


16. Hemos llegado adentro


17. del interior del bosque donde


18. nadie


19. <nos> mirará


20. lo que hemos venido a hacer.


21. Hemos traído la flor de la Plumería


22. la flor del chucum, la flor


23. del jazmín canino, la flor de. . .


24. Trajimos el copal, la rastrera cañita ziit,


25. así como la concha de la tortuga terrestre.


26. Asimismo el nuevo polvo de calcita


27. dura y el nuevo


28. hilo de algodón para hilar; la nueva


jícara


29. y el grande y fino pedernal;


30. la nueva pesa;


31. la nueva tarea de hilado;


32. el presente del pavo;


33. nuevo calzado,


34. todo nuevo,


35. inclusive las bandas que atan


36. nuestras cabelleras para


37. tocarnos con el nenúfar;


38. igualmente el zumbador


39. caracol y la ancia-


40. na [maestra]. Ya, ya


41. estamos en el corazón del bosque,


42. a orillas de la poza en la roca,


43. a esperar


44. que surja la bella


45. estrella que humea sobre


46. el bosque. Quitaos


47. vuestras ropas, desatad


48. vuestras cabelleras;


49. quedaos como


50. llegasteis aquí


51. sobre el mundo,


52. vírgenes, mu-


53. jeres mozas. . .


CANTAR 12


EL APAGAMIENTO DEL ANCIANO SOBRE EL MONTE



1. Declina el sol en las faldas del cielo al po-

2. niente; [suenan] el tunkul, el caracol y


3. el zacatán y se sopla la cantadora


4. jícara. Se seleccionan todos. . .


5. Han venido. Después, saltando


6. van para llegarse ante


7. el popolna [donde está] el Ahau Can.


8. Allí también están el Holpoop y


9. los Chaques, así como el Señor Ah Ku-


10. lel y sus ayudantes.


11. Han llegado los músicos-cantantes,


12. los farsantes, bailarines


13. contorsionistas, saltarines


14. y los corcovados y los espectadores.


15. Todas las personas han venido en


16. pos del Señor Ahau Can a la di-


17. versión que se hará en medio


18. de la plaza de nuestro pueblo.


19. Al comenzar a penetrar el sol


20. en las faldas de la superficie del cielo, es


el momento conveniente


21. para comenzar. . .


22. . . . . . . copal . . . . . .


23. El Señor del Cielo recibirá el humo


24. del fuego para escocer el rostro


25. del Señor Sol. Vámonos, vamos al tronco


de la Ceiba; vamos a poner el trueque-


ofrenda


27. para el nuevo año. Ya,


28. ya han pasado los dolorosos días.


29. Vamos a reunirnos


30. en el pueblo; vamos al oriente del pueblo


a colocar


31. la columna de madera del Viejo Recibi-


dor del Fuego


32. sobre el cerro. Traed


33. todas las cosas nuevas;


34. tirad todas las cosas


35. viejas. El Señor Dios ha


36. concedido que pasemos los malos


37. días aquí en el pueblo, porque


38. van a venir otros días


39. otros uinales, otros años


40. otro katún, para


41. que venga a completarse una


42. veintena de años para el ka-


43. tún. Vamos a poner


44. nueva piedra de término (de año) a la


puerta


45. del pueblo. Busquemos una blanca


46. piedra para indicar


47. que otro año ha pasado. . .


CANTAR 15

CANTAR SIN TITULO II 



1. Poneos vuestras bellas ropas;

2. ha llegado el día de la alegría;


3. peinad la maraña de vuestra cabellera;


4. poneos la más bella


5. de vuestras ropas; poneos vuestro bello


calzado;


6. colgad vuestros grandes


7. pendientes en los pendientes de vuestras


orejas; poneos


8. buena toca; poned los galardones


9. de vuestra bella garganta; poned lo que


enroscais y


10. reluce en la parte rolliza de vuestros


brazos.


11. Preciso es que seais vista


12. cómo sois bella cual


13. ninguna, aquí en el asiento


14. de Dzitbalché, pueblo. Os amo


15. bella Señora. Por esto


16. quiero que seais vista en verdad


17. muy bella, porque


18. habréis de pareceros a la humeante


19. estrella; porque os deseen hasta


20. la luna y las flores de los campos.


21. Pura y blanca blanca es vuestra ropa,


doncella.


22. Id a dar la alegría de vuestra risa;


23. poned bondad en vuestro corazón, porque


hoy


24. es el momento de la alegría de todos los


hombres


25. que ponen su bondad en vos.

miércoles, 15 de enero de 2025

César Vallejo, A mi hermano Miguel

 A mi hermano Miguel


In memoriam


Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,

donde nos haces una falta sin fondo!

Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá

nos acariciaba: «Pero, hijos…»


Ahora yo me escondo,

como antes, todas estas oraciones

vespertinas, y espero que tú no des conmigo.

Por la sala, el zaguán, los corredores,

después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.

Me acuerdo que nos hacíamos llorar,

hermano, en aquel juego.


Miguel, tú te escondiste

una noche de agosto, al alborear;

pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.

Y tu gemelo corazón de esas tardes

extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya

cae sombra en el alma.


Oye, hermano, no tardes

en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

viernes, 26 de julio de 2024

Oda a la desnudez, de Leopoldo Lugones

 ODA A LA DESNUDEZ


¡Qué hermosas las mujeres de mis noches!

En sus carnes, que el látigo flagela,

pongo mi beso adolescente y torpe,

como el rocío de las noches negras

que restaña las llagas de las flores.


Pan dice los maitines de la vida

en su rústico pífano de roble,

y Canidia compone en su redoma

los filtros del pecado, con el polen

de rosas ultrajadas, con el zumo

de fogosas cantáridas. El cobre

de un címbalo repica en las tinieblas,

reencarnan en sus mármoles los dioses,

y las pálidas nupcias de la fiebre

florecen como crímenes; la noche,

su negra desnudez de virgen cafre

enseña engalanada de fulgores

de estrellas, que acribillan como heridas

su enorme cuerpo tenebroso. Rompe

el seno de una nube y aparece

crisálida de plata, sobre el bosque,

la media luna, como blanca uña,

apuñaleando un seno; y en la torre

donde brilla un científico astrolabio,

con su mano hierática, está un monje

moliendo junto al fuego la divina

pirita azul en su almirez de bronce.


Surgida de los velos aparece

(ensueño astral) mi pálida consorte,

temblando en su emoción como un sollozo,

rosada por el ansia de los goces

como divina brasa de incensario.

Y los besos estallan como golpes.

Y el rocío que baña sus cabellos

moja mi beso adolescente y torpe;

y gimiendo de amor bajo las torvas

virilidades de mi barba, sobre

las violetas que la ungen, exprimiendo

su sangre azul en sus cabellos nobles,

palidece de amor como una grande

azucena desnuda ante la noche.


¡Ah! muerde con tus dientes luminosos,

muerde en el corazón las prohibidas

manzanas del Edén; dame tus pechos,

cálices del ritual de nuestra misa

de amor; dame tus uñas, dagas de oro,

para sufrir tu posesión maldita;

el agua de sus lágrimas culpables;

tu beso en cuyo fondo hay una espina.

Mira la desnudez de las estrellas;

la noble desnudez de las bravías

panteras de Nepal, la carne pura

de los recién nacidos; tu divina

desnudez que da luz como una lámpara

de ópalo, y cuyas vírgenes primicias

disputaré al gusano que te busca,

para morderte con su helada encía

el panal perfumado de tu lengua,

tu boca, con frescuras de piscina.

Que mis brazos rodeen tu cintura

como dos llamas pálidas, unidas

alrededor de una ánfora de plata

en el incendio de una iglesia antigua.

Que debajo mis párpados vigilen

la sombra de tus sueños mis pupilas

cual dos fieras leonas de basalto

en los portales de una sala egipcia.

Quiero que ciña una corona de oro

tu corazón, y que en tu frente lilia

caigan mis besos como muchas rosas,

y que brille tu frente de Sibila

en la gloria cirial de los altares,

como una hostia de sagrada harina;

y que triunfes, desnuda como una hostia,

en la pascua ideal de mis delicias.


¡Entrégate! La noche bajo su amplia

cabellera flotante nos cobija.

Yo pulsaré tu cuerpo, y en la noche

tu cuerpo pecador será una lira.

lunes, 1 de enero de 2024

Gabriela Mistral, Los sonetos de la muerte

Gabriela Mistral

Los sonetos de la muerte

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,

te bajaré a la tierra humilde y soleada.

Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,

y que hemos de soñar sobre la misma almohada.


Te acostaré en la tierra soleada con una

dulcedumbre de madre para el hijo dormido,

y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna

al recibir tu cuerpo de niño dolorido.


Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,

y en la azulada y leve polvareda de luna,

los despojos livianos irán quedando presos.


Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,

¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna

bajará a disputarme tu puñado de huesos!


II

Este largo cansancio se hará mayor un día,

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

arrastrando su masa por la rosada vía,

por donde van los hombres, contentos de vivir.


Sentirás que a tu lado cavan briosamente,

que otra dormida llega a la quieta ciudad.

Esperaré que me hayan cubierto totalmente…

¡y después hablaremos por una eternidad!


Sólo entonces sabrás el por qué no madura

para las hondas huesas tu carne todavía,

tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.


Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;

sabrás que en nuestra alianza signo de astros había

y, roto el pacto enorme, tenías que morir.


III

Malas manos tomaron tu vida desde el día

en que, a una señal de astros, dejara su plantel

nevado de azucenas. En gozo florecía.

Malas manos entraron trágicamente en él…


Y yo dije al Señor: —«Por las sendas mortales

le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!

¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales

o le hundes en el largo sueño que sabes dar!


¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!

Su barca empuja un negro viento de tempestad.

Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».


Se detuvo la barca rosa de su vivir…

¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?

¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!


Tomado del libro Desolación.

martes, 15 de agosto de 2023

Pablo Neruda, Incitación al nixonicidio

Comienzo por invocar a Walt Whitman


    Es por acción de amor a mi país

que te reclama, hermano necesario,

viejo Walt Whitman de la mano gris,

para que con tu apoyo extraordinario

    verso a verso matemos de raíz

a Nixon, presidente sanguinario.

Sobre la tierra no hay hombre feliz,

nadie trabaja bien en el planeta

    si en Washington respira su nariz.

Pidiendo al viejo Bardo que me invista,

asumo mis deberes de poeta

armado del soneto terrorista,

porque debo dictar sin pena alguna

la sentencia hasta ahora nunca vista

de fusilar a un criminal ardiente

que, a pesar de sus viajes a la Luna,

ha matado en la Tierra mucho,

que huye el papel y la pluma se arranca

al escribir el número del malvado,

del genocida de la Casa Blanca.


Me despido de otros temas


¡Amor, adiós, hasta mañana, besos!

Corazón mío, agárrate al deber

porque declaro abierto este proceso.

Se trata aquí de ser o de no ser:

si dejamos vivir al delincuente

los pueblos seguirán su padecer

y el crimen seguirá de Presidente

robando a Chile el cobre en las Aduanas,

destripando en Vietnam los inocentes.


No se puede esperar una semana

ni un solo día más porque ¡carajo!

es por atrocidades inhumanas

que atraparemos este escarabajo;

y es un orgullo para el hombre entero

que soportó el puñal de la noticia,

como instrumento duro y duradero,

anunciar en la tierra la justicia:

por eso te buscaba, compañero,

el tribunal de sangre que se inicia

y, aunque sea un poeta el justiciero,

los pueblos me entregaron una rosa

para que con mi verso verdadero,

yo castigue la saña poderosa

del inmenso verdugo comandado

por el concubinato del dinero

para quemar jardín y jardinero

en países remotos y dorados.


La canción del castigo


No hay que contar con su arrepentimiento,

ni hay que esperar del cielo este trabajo:

el que trajo a la tierra este tormento

debe encontrar sus jueces aquí abajo,

por la justicia y por el escarmiento.


No lo aniquilaremos por venganza,

sino por lo que canto y lo que infundo:

mi razón es la paz y la esperanza.

Nuestros amores son de todo el mundo.


Y el insecto voraz no se suicida,

sino que enrosca y clava su veneno

hasta que con canción insecticida,

levantando en el alba mi tintero,

llame a todos los hombres a borrar

al Jefe ensangrentado y embustero,

que mandó por el cielo y por el mar

que no vivieran más pueblos enteros,

pueblos de amor y de sabiduría,

que en aquel otro extremo del planeta,

en Vietnam, en lejanas alquerías,

junto al arroz, en blancas bicicletas

fundaban el amor y la alegría:

pueblos que Nixon, el analfabeto,

ni siquiera de number conocía

y que mandó matar con un decreto

el lejano chacal indiferente.

Él,

al criminal emplazo y lo someto

a ser juzgado por la pobre gente,

por los muertos de ayer, por los quemados,

por los que ya sin habla y sin secreto,

ciegos, desnudos, heridos, mutilados,

quieren juzgarte, Nixon, sin decreto.

martes, 19 de julio de 2022

Almafuerte, No te des por vencido y otros.

 Pedro Bonifacio Palacios (“Almafuerte”)


No te des por vencido, ni aun vencido,

no te sientas esclavo, ni aun esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y arremete feroz, ya mal herido.


Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;

no la cobarde estupidez del pavo

que amaina su plumaje al primer ruido.


Procede como Dios que nunca llora;

o como Lucifer, que nunca reza;

o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua y no la implora…


¡Que muerda y vocifere vengadora,

ya rodando en el polvo, tu cabeza!


A tus pies

Nocturno canto de amor

que ondulas en mis pesares,

como en los negros pinares

las notas del ruiseñor.


Blanco jazmín entre tules

y carnes blancas perdido,

por mi pasión circuído

de pensamientos azules.


Coloración singular

que mi tristeza iluminas,

como al desierto y las ruinas

la claridad estelar.


Nube que cruzas callada

la extensión indefinida,

dulcemente perseguida

por la luz de mi mirada.


Ideal deslumbrador

en el espíritu mío,

como el collar del rocío

con que despierta la flor.


Sumisa paloma fiel

dormida sobre mi pecho,

como si fuera en un lecho

de mirtos y de laurel.


Música, nube, ideal,

ave, estrella, blanca flor,

preludio, esbozo, fulgor

de otro mundo espiritual.


Aquí vengo, aquí me ves,

aquí me postro, aquí estoy,

como tu esclavo que soy,

abandonado a tus pies.


¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas 

otras diez, otras cien, otras quinientas: 

no han de ser tus caídas tan violentas 

ni tampoco, por ley, han de ser tantas. 

Con el hambre genial con que las plantas 

asimilan el humus avarientas, 

deglutiendo el rencor de las afrentas 

se formaron los santos y las santas. 

Obsesión casi asnal, para ser fuerte, 

nada más necesita la criatura, 

y en cualquier infeliz se me figura 

que se mellan los garfios de la suerte... 

¡Todos los incurables tienen cura 

cinco segundos antes de su muerte!


Ayer y hoy

I


Humilde como el voto del creyente,

bendito como el ángel de mi guarda,

tímido, solitario, romancesco,

fe y esperanza.


II


Como tú, virginal y sin mancilla,

como yo, visionario y entusiasta,

era el amor que te ofrecí; inocente,

como mi alma.


III


Ignoto, como ráfaga perdida,

ardiente, como lágrima callada,

torcido, desolado, borrascoso,

amor de paria.


IV


Triste como el destello de la luna,

solo, como la luna solitaria,

es el recuerdo de ese amor maldito,

como mi alma.


Brisa

Llega a mis sienes, tímida, temblando,

tan perfumada como un rosal

la tibia brisa, su andar es blando.

¡Primer suspiro primaveral!


Llega tan suave, tan dilatada

cual de la linfa el correr fugaz,

o de la amante ruborizada

púdica y suave pasión veraz.


Cuando en mi pecho, tierna se posa,

bebo su tierna tribulación,

entonces, dicha un instante goza,

pobre, dolido, mi corazón.


Castigo

I


Yo te juré mi amor sobre una tumba,

sobre su mármol santo!

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

conjuré temerario?

¿Sabes tú que los hijos de mi temple

saludan ese mármol,

con la faz en el polvo y sollozantes

en el polvo besando?

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

mintiendo, has profanado?

¡No los quieras oir, que tus oídos

ya no son un santuario!

¡No los quieras oir como hay rituales

secretos y sagrados,

hay tan augustos nombres que no todos

son dignos de escucharlos!


II


Yo te di un corazón joven y justo

¡por qué te lo habré dado!

¡Lo colmaste de besos, y una noche

te dio por devorarlo!

Y con ojos serenos ¡El verdugo,

que cumple su mandato,

solicita perdón de las criaturas

que inmolará en el tajo!

¡Tú le viste, serena, indiferente,

gemir agonizando,

mientras tu roja sangre enrojecía

tus mejillas de nardo!

Y tus ojos ¡mis ojos de otro tiempo

que me temían tanto!

Ni una perla tuvieron, ni una sola:

¡eres de nieve y mármol!



III


¿Acaso el que me roba tus caricias

te habrá petrificado?

¿Acaso la ponzoña de Leteo

te inyectó a su contacto?

¿O pretendes probarme en los crisoles

de los celos amargos,

y me vas a mostrar cuánto me quieres,

después entre tus brazos?

¡No se prueban así con ignominias,

corazones hidalgos!

¡No se templa el acero damasquino

metiéndolo en el fango!

Yo te alcé en mis estrofas, sobre todas,

hasta rozar los astros:

tócale a mi venganza de poeta,

¡dejarte abandonada en el espacio!


Como los bueyes

Ser bueno, en mi sentir, es lo más llano

y concilia deber, altruismo y gusto:

con el que pasa lejos, casi adusto,

con el que viene a mi, tierno y humano.

Hallo razón al triste y al insano,

mal que reviente mi pensar robusto;

y en vez de andar buscando lo más justo

hago yunta con otro y soy su hermano.

Sin meterme a Moisés de nuevas leyes,

doy al que pide pan, pan y puchero;

y el honor de salvar al mundo entero

se lo dejo a los genios y a los reyes:

Hago, vuelvo a decir, como los bueyes,

mutualidad de yunta y compañero.


Décimas


Yo soy flor que se marchita 

al sol de la adversidad, 

el arbolito en mitad 

de la llanura infinita. 

La paloma pobrecita 

que arrastran los aquilones, 

entre oscuros nubarrones 

de tempestades airadas, 

soy la barca abandonada 

en el mar de las pasiones. 


II 


Soy el ave que al bajar 

de los aires fatigada, 

no tiene ni una enramada 

ni un árbol en que anidar. 

Y si vuelve a levantar 

las tristes alas del suelo, 

encuentra nublado el cielo 

y deshecha la tormenta, 

y el pájaro se lamenta 

y vuelve a tender su vuelo. 


III 


Yo soy un gaucho cantor 

de renombradas virtudes, 

que tan solo ingratitudes 

ha recibido en su amor. 

Soy el pobre payador 

velay, si sabré penar 

con mis negras amarguras, 

la pampa con sus llanuras 

con sus abismos la mar.


IV 


Yo no canto por llamar 

la atención que no merezco, 

yo canto porque padezco 

penas que quiero olvidar. 

Que tan solo con cantar 

se va al viento nuestra pena, 

y yo tengo el alma llena 

de pesares y amarguras, 

más que en la pampa hay anchura 

más que en el mar hay arena



Por eso, ¡oh linda mujer! 

maldigo mi negra estrella, 

al contemplarte tan bella 

sin que te pueda querer. 

Porque todo hombre ha de ser

generoso hasta morir, 

y no debe permitir 

a una mujer que lo quiera, 

para que después se muera 

al verlo tanto sufrir. 


VI 


¡Adiós, primorosa flor! 

adiós, lucero invariable, 

solamente comparable 

a la estrella de mi amor. 

Cuando sientas un dolor 

parecido al que yo siento, 

Dios quiera que tu lamento 

no sucumba en la ignorancia, 

y atraviese la distancia 

¡sobre las olas del viento!


El Drama del Calvario

Giró el genio en derredor

después de pisar la cumbre;

y una fantástica lumbre

llenó a la sombra de horror:

y un gemebundo clamor

taladró la inmensidad,

y se hundió la humanidad

sobre su propio esqueleto;

y reveló su secreto

más hondo la eternidad.


Siniestra, cárdena lumbre

bañó la faz del calvario,

cual un ardiente sudario

flotando desde la cumbre:

bajo la negra techumbre

del éter vago y profundo,

aquel surgir iracundo…

brutal de la claridad…

era quizás, ¡la verdad

mirando una vez al mundo!


Palmario, el Gólgota, frío,

quedó en los aires desiertos,

con sus dos brazos abiertos,

predicando en el vacío…

Y entonces, como en estío

los insectos en los faros,

innominables, ignaros,

surgiendo del horizonte,

rodeaban la cruz y el monte

todos los muertos preclaros.


De la honda, azul entraña

llovían monstruos y santos:

y eran tales, y eran tantos,

¡que gemía la montaña!…

Desde la torpe alimaña

del alma vil de Nerón,

al concepto, a la noción

más alta del supergenio,

en aquel breve proscenio

¡tomaron colocación!


De aquella invasión mortuoria

quedó repleto el calvario;

resonante, tumultuario

¡cuál una copa de gloria!

Bajo el tropel de la historia

trepidaban sus cimientos,

y se hundía por momentos,

cual una nave inundada…

cual una frente cargada

¡de sombríos pensamientos!


Tremenda, enorme, sin par,

genial, feroz batahola, 

lo mismo que cada ola

¡lanzando un grito en el mar!

Formidable resollar

de las almas con bandera,

que imaginar no pudiera

aquel que no imaginase,

que al mismo tiempo bramase

¡cada punto de la esfera!


Toda pasión, toda vida,

toda excelsitud pasada,

desde la cumbre sagrada

quería ser comprendida…

Y como la palma erguida

sobre la mutable arena,

presidiendo aquella escena

con dulce, con noble ceño,

yacía Cristo en su leño

¡cual una blanca azucena!


Los humanos, los vivientes,

los que todavía somos,

con toda el alma en los lomos,

estaban allí presentes:

Pensándose delincuentes,

del genio ante los secretos,

mustios, miserables, quietos,

inanimados, pasivos

se reducían los vivos

¡en sus propios esqueletos!


Y en el valle acurrucada,

yacía la humanidad,

tal vez sin otra ansiedad

¡que la ansiedad de la nada!

Ni un gesto, ni una mirada,

ni un suspiro producía,

en tanto que recibía,

genial, vibrante, notoria,

la confesión de la gloria

¡sobre su testa vacía!…


Poco a poco, lentamente,

todo el mundo quedó calmo,

lo mismo que palmo a palmo,

va cediendo la creciente;

de aquel clamor prepotente

ni leve rumor se oía,

de aquella loca porfía

ya no sonó ni un reproche

y en el silencio y la noche

¡quedó la extensión vacía!


Perfecto, conciso, frío,

quedó el calvario a la luz,

con sus dos brazos en cruz

acariciando el vacío.

Y en el silencio sombrío

del aire y de las esferas

aquella lumbre de hogueras

demostraba sin rumor

la impotencia del amor,

¡en una raza de fieras!


El soñador

Le aserraron el cráneo;

le estrujaron los sesos,

y el corazón ya frío

le arrancaron del pecho.

Todo lo examinaron

los oficiales médicos

mas no hallaron la causa

de la muerte de Pedro;

de aquel soñador pálido

que escribió tantos versos,

como el espacio azules

y como el mar acerbos.

¡Oíd! Cuando yo muera,

cuando sucumba, ¡oh, médicos!

ni me aserréis el cráneo

ni me estrujéis los sesos,

ni el corazón ya frío

me arrebatéis del pecho,

que jamás hasta el alma,

llegó vuestro escalpelo.

Y mi mal es el mismo,

es el mismo de Pedro;

de aquel soñador pálido

que escribió tantos versos,

y como el espacio azules

y como el mar acerbos.


¿Flores a mí?

I


Ayer me diste una flor,

una flor a mí, señora,

que no consagré una hora

ni al más poderoso amor.

¿Flores a mí? ¡si es mejor!,

en un páramo arrojarlas,

o tú no sabes amarlas,

o al sentir mi pecho yerto,

sobre la tumba de un muerto,

has querido abandonarlas.



II


¿Flores a mí? ¿tú no sabes

de esos parajes que aterran,

donde las flores se cierran,

dónde no cantan las aves?

Las más orgullosas naves

temen del mar los furores,

los tigres devoradores

huyen del simún airado

¡y tú en mi pecho has dejado

tan sin recelo tus flores!


III


¡Flores a mi! puede ser

que desalmada y celosa,

buscaras la más hermosa

con tu instinto de mujer;

Y haciéndole comprender

yo no sé qué gentileza,

con refinada fiereza,

con el más profundo encono,

la bajaste de su trono

por castigar su belleza.


IV


No lo sé, linda mujer,

ni quiero saberlo todo;

me contento con mi modo

de saber y no saber.

Pero si quieres tener

la realidad en tu mano,

te diré, sin ser un vano,

que si te movió el amor

¡la flor ha sido una flor

que fue destronada en vano!


Fúnebre

I


La montaña que tiembla, porque siento

germen de cataclismo en sus entrañas;

el huracán que gemebundo emigra

quién sabe a qué región y qué distancia;

el mar que ruge protestando airado

de la ley del nivel que lo avasalla;

los mundos del sistema -¡tristes mundos!-

que al sol de Dios obedeciendo pasan

como en la arena de la pista el potro

a latigazos -¡noble potro!- salta;

no tienen sobre sí más amargura

que la que hospeda en sus desiertos mi alma,

porque yo arrastro sobre mí -¡y no puedo!-

como un cuerpo podrido, ¡la esperanza!


II


Tú que vives la vida de los justos

allá junto a tu Dios arrodillada,-

yo no creo ni aguardo, pero pienso

que haya hecho Dios un cielo para tu alma,-

dame un rayo de luz -¡uno tan solo!-

que restaure mi fuerza desmayada,

que ilumine mi mente que se anubla,

que reanime mi fe que ya se apaga...

dame un beso de amor -¡uno siquiera!-

aquí, sobre esta frente que besabas;

aquí, sobre estos labios que otros labios

han besado con ósculos de infamia;

aquí, sobre estos ojos que no tienen

nada más, ¡oh mi madre!, que tus lágrimas.


Hijos y Padres

(Dedica a su hermana Carmen)


I


Como la lluvia copiosa sobre el suelo,

como rayo de sol sobre la planta,

como cota de acero sobre el pecho,

como noble palabra sobre el alma,

para los hijos 

de tus entrañas

debe ser tu cariño hermana mía

riego, calor, consolación y gracia.


II


Como tierra sedienta de rocío,

como planta en la sombra sepultada,

como pecho desnudo en el peligro,

como guerrero inerme en la batalla,

así, en la ardiente

contienda humana,

¡ay! los hijos que pierden a sus padres,

pierden riego, calor, escudo y lanza.


III


Como nube de arena que no riega,

como sol que no alumbra en la borrasca,

como roto espaldar que no defiende,

como consejo que pervierte y mancha,

así, malditos,

padres sin alma,

son aquellos que niegan a sus hijos

consejo, amor, ejemplo y esperanza.


IV


Como fecunda tierra agradecida,

como planta que al sol sus flores alza,

como pecho confiado tras la cota,

como hasta Dios se magnifica el alma,

así, los hijos,

cuando les aman,

dan plantas de virtud como esa tierra,

frutos de bendición como esas plantas,

arranques de valor como esos pechos,

rayos de inmensa luz como esas almas.


Íntima

Ayer te vi... No estabas bajo el techo

de tu tranquilo hogar

ni doblando la frente arrodillada

delante del altar,

ni reclinando la gentil cabeza

sobre el augusto pecho maternal.

Te vi...si ayer no te siguió mi sombra

en el aire, en el sol,

es que la maldición de los amantes

no la recibe Dios,

o acaso el que me roba tus caricias

¡tiene en el cielo más poder que yo!

Otros te digan palma del desierto,

otros te llamen flor de la montaña,

otros quemen incienso a tu hermosura,

yo te diré mi amada.

Ellos buscan un pago a sus vigilias,

ellos compran tu amor con sus palabras;

ellos son elocuentes porque esperan,

¡y yo no espero nada!

Yo sé que la mujer es vanidosa,

yo sé que la lisonja la desarma,

y sé que un hombre esclavo de rodillas

más que todos alcanza...

Otros te digan palma del desierto,

otros compren tu amor con sus palabras,

yo seré más audaz pero más noble:

¡yo te diré mi amada!


Invernal

La tarde es lluviosa; del ramaje

penden como harapos destrozados,

los nidos de las aves enlutados

como el pálido verde del follaje.

Solo y silencioso aquel boscaje

de plumeros verdosos y mojados,

de áspides, de prados desolados,

parece un escuálido paisaje.

Donde se encierra la grandeza humana

con todos sus achaques y certezas,

con la infinita vanidad insana

de todas las antorchas de nobleza.

¡Bosque do se funde la campana

que tañerá mis horas de tristezas!


La yapa

Como una sola estrella no es el cielo,

ni una gota que salta, el Océano,

ni una falange rígida, la mano,

ni una brizna de paja, el santo suelo:


tu gimnasia de jaula no es el vuelo,

el sublime tramonto soberano,

ni nunca podrá ser anhelo humano

tu miserable personal anhelo.


¿Qué saben de lo eterno las esferas?

¿de las borrascas de la mar, las gotas?

¿de puñetazos, las falanges rotas?

¿de harina y pan, las pajas de las eras?...


¡Detén tus pasos Lógica, no quieras

que se hagan pesimistas los idiotas!


Letanías a Jesús

I


Jesús de Galilea 

para mí no eres Dios, 

eres sólo una idea 

de la que marcho en pos. 


II


No me humillo ni ruego 

a tus plantas Jesús, 

llego a ti como un ciego 

que va en busca de luz. 



III


Jesucristo eres nuestro 

más grande innovador, 

Profeta ¡no! Maestro 

de piedad y de amor. 



IV


No le niegues al mundo 

la gloria de tu ser, 

que en su vientre fecundo 

te engendró una mujer. 


V


Pastor de la gleba, 

sabio teorizador, 

de la turba que lleva 

el signo del dolor. 



VI


¡Oh, si fuera divino 

el destello de tu luz 

que alumbró tu camino! 

¿Qué valdría tu cruz? 



VII


Tu doctrina redime, 

de ella vamos en pos, 

como hombre eres sublime, 

¡Pequeño como Dios!


Lo que yo quiero


Quiero ser las dos niñas de tus ojos, 

las metálicas cuerdas de tu voz, 

el rubor de tu sien cuando meditas 

y el origen tenaz de tu rubor. 

Quiero ser esas manos invisibles 

que manejan por si la creación, 

y formar con tus sueños y los míos 

otro mundo mejor para los dos. 

Eres tú, providencia de mi vida, 

mi sostén, mi refugio, mi caudal; 

cual si fueras mi madre, yo te amo... 

¡y todavía más!. 


II 


Tengo celos del sol porque te besa 

con sus labios de luz y de calor... 

¡del jazmín tropical y del jilguero 

que decoran y alegran tu balcón! 

Mando yo que ni el aire te sonría: 

ni los astros, ni el ave, ni la flor, 

ni la fe, ni el amor, ni la esperanza, 

ni ninguno, ni nada más que yo. 

Eres tú, soberana de mis noches, 

mi constante, perpetuo cavilar: 

ambiciono tu amor como la gloria... 

¡y todavía más!. 


III 


Yo no quiero que alguno te consuele 

si me mata la fuerza de tu amor... 

¡si me matan los besos insaciables, 

fervorosos, ardientes que te doy! 

Quiero yo que te invadan las tinieblas,

cuando ya para mí no salga el sol. 

Quiero yo que defiendas mis despojos 

del más breve ritual profanador. 

Quiero yo que me llames y conjures 

sobre labios y frente, y corazón. 

Quiero yo que sucumbas o enloquezcas... 

¡loca sí; muerta si, te quiero yo! 

Mi querida, mi bien, mi soberana, 

mi refugio, mi sueño, mi caudal, 

mi laurel, mi ambición, mi santa madre... 

¡y todavía más!


Mi alma (Paralela)

Bajo la curva de la noche, fúnebre,

sobre la arena del desierto, cálida,

se conturba la mente del proscrito,

su pie desnudo, vacilante, marcha;

y allá en la curva fúnebre del cielo

la estrella solitaria;

y allá, sobre las cálidas arenas,

¡el oasis y el agua!

Bajo la curva del dolor, fatídica,

sobre el desierto de mi vida, trágica,

mi acongojada mente se conturba,

mi vacilante pie se despedaza;

y allá, en la curva del dolor, siniestra,

la luz de la esperanza;

y allá sobre el desierto de mi vida,

¡la resonante multitud de mi alma!.


¡Moltissimo piu Aavanti ancora!

Si en vez de las estúpidas panteras

y los férreos estúpidos leones, 

encerrasen dos flacos mocetones 

en esa frágil cárcel de las fieras.

 

No habrían de yacer noches enteras 

en el blando pajar de sus colchones, 

sin esperanzas ya, sin reacciones 

lo mismo que dos plácidos horteras.


Cual Napoleones pensativos, graves, 

no como el tigre sanguinario y maula, 

escrutarían palmo a palmo su aula, 

buscando las rendijas, no las llaves... 


¡Seas el que tú seas, ya lo sabes: 

a escrutar las rendijas de tu jaula!


¡Molto piu Avanti!

Los que vierten sus lágrimas amantes 

sobre las penas que no son sus penas; 

los que olvidan el son de sus cadenas 

para limar las de los otros antes; 

Los que van por el mundo delirantes 

repartiendo su amor a manos llenas, 

caen, bajo el peso de sus obras buenas, 

sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes! 

¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! 

¡nunca sigas impulsos compasivos! 

¡ten los garfios del Odio siempre activos

los ojos del juez siempre despiertos! 

¡Y al echarte en la caja de los muertos, 

menosprecia los llantos de los vivos! 


¡Molto pui Avanti ancora!

El mundo miserable es un estrado 

donde todo es estólido y fingido, 

donde cada anfitrión guarda escondido

su verdadero ser, tras el tocado: 

No digas tu verdad ni al más amado, 

no demuestres temor ni al más temido, 

no creas que jamás te hayan querido 

por más besos de amor que te hayan dado. 

Mira como la nieve se deslíe 

sin que apostrofe al sol su labio yerto, 

cómo ansia las nubes el desierto 

sin que a ninguno su ansiedad confíe... 

¡Trema como el infierno, pero ríe! 

¡Vive la vida plena, pero muerto!


Pasión

I


Tú tienes, para mí, todo lo bello

que cielo, tierra y corazón abarcan;

la atracción estelar ¡de esas estrellas

que atraen como tus lágrimas!;


II


La sinfonía sacra de los seres,

los vientos, los bosques y las aguas,

en el lenguaje mudo de tus ojos

que, mirándome, hablan;


III


Los atrevidos rasgos de las cumbres

que la celeste inmensidad asaltan,

en las gentiles curvas de tu seno…

¡oh, colina sagrada!


IV


Y el desdeñoso arrastre de las olas

sobre los verdes juncos y las algas,

en el raudo vagar de tu memoria

por mi vida de paria.


V


Yo tengo, para ti, todo lo noble

que cielo, tierra y corazón abarcan;

el calor de los soles, ¡de los soles

que, como yo, te aman!;


VI


El gemido profundo de las ondas

que mueren a tus pies sobre la playa,

en el tapiz purpúreo de mi espíritu

abatido a tus plantas;


VII


La castidad celeste de los besos

de tu madre bendita, en la mañana,

en la caricia augusta con que tierna

te circunda mi alma.


VIII


¡Tú tienes, para mí todo lo bello;

yo tengo para ti, todo lo que ama;

tú, para mí, la luz que resplandece,

yo, para ti, sus llamas!

miércoles, 25 de agosto de 2021

Oliverio Girondo, Espantapájaros.

Oliverio Girondo

ESPANTAPÁJAROS


No se me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;

un cutis de durazno o de papel de lija.

Le doy una importancia igual a cero,

al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco

o con un aliento insecticida.

Soy perfectamente capaz de soportarles

una nariz que sacaría el primer premio

en una exposición de zanahorias;

¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible


- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,

tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?


¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo

y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,

volaba del comedor a la despensa.

Volando me preparaba el baño, la camisa.

Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...

¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,

de algún paseo por los alrededores!

Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.

"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,

ya me abrazaba con sus piernas de pluma,

para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia

que nos aproximaba al paraíso;

durante horas enteras nos anidábamos en una nube,

como dos ángeles, y de repente,

en tirabuzón, en hoja muerta,

el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,

aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!

¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...

la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea,

¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?


¿Verdad que no hay diferencia sustancial

entre vivir con una vaca o con una mujer

que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender

la seducción de una mujer pedestre,

y por más empeño que ponga en concebirlo,

no me es posible ni tan siquiera imaginar

que pueda hacerse el amor más que volando.


martes, 30 de marzo de 2021

Mario Benedetti, A morir

Mario Benedetti


A vivir


Quisiera conocerme y conocerte

y calmar esta sed entre tus labios

olvidarne de todos los resabios

y jugar sin el miedo de perderte.

No es cosa de aceptar la mala suerte

y llenar el vacío con agravios

lo mejor es quedarse con los sabios,

lo más lejos posible de la muerte.


No está de más un poco de lujuria

para alegrar las tardes de la siesta

y desarmar la próxima penuria

con tus señas de azar o con las mías

el amor tiene siempre algo de fiesta

a vivir a vivir, que son dos días.

domingo, 14 de marzo de 2021

Percibo lo secreto y ¿A dónde iremos? Nezahualcóyotl. Versión bilingüe.

Percibo lo secreto


Percibo lo secreto, lo oculto:

¡Oh vosotros señores!

Así somos, somos mortales,

de cuatro en cuatro nosotros los hombres,

todos habremos de irnos,

todos habremos de morir en la tierra.


Nadie en jade,

nadie en oro se convertirá:

En la tierra quedará guardado.

Todos nos iremos

allá, de igual modo.

Nadie quedará,

conjuntamente habrá que perecer,

nosotros iremos así a su casa.


Como una pintura

nos iremos borrando.

Como una flor,

nos iremos secando

aquí sobre la tierra.

Como vestidura de plumaje de ave zacuán,

de la preciosa ave de cuello de hule,

nos iremos acabando

nos vamos a su casa.


Se acercó aquí.

Hace giros la tristeza

de los que en su interior viven.

Meditadlo, señores,

águilas y tigres,

aunque fuérais de jade,

aunque fuérais de oro,

también allá iréis,

al lugar de los descarnados.

Tendremos que desaparecer,

nadie habrá de quedar.


Nezahuacoyotltzin, 1402-1472, Tlatoani de Texcoco.


II

¿A dónde iremos

donde la muerte no existe?

Mas, ¿por esto viviré llorando?

Que tu corazón se enderece:


Aquí nadie vivirá por siempre.

Aun los príncipes a morir vinieron,

Los bultos funerarios se queman.

Que tu corazón se enderece:

aquí nadie vivirá para siempre.


 ¿Can nelpa tonyazque

canon aya micohua?

¿Ica nichoca?

Moyoliol xi melacuahuacan:

ayac nican nemiz.

Tel ca tepilhuan omicoaco,

netlatiloc.

Moyoliol xi melacuahuacan:

ayac nican nemiz.