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jueves, 31 de julio de 2025

Pedro Calderón de la Barca, Defensa de las mujeres, en su Las armas de la hermosura

 (Veturia, a Coriolano, en queja por su ley contra el lujo y las modas de las sabinas, en P. Calderón de la Barca, Las armas de la hermosura):

En público el valor mío / se atreve a hablar, pues habló / en público vuestro edicto.  / Que no es digno de ese honor / Coriolano, otra vez digo, / ni en vosotros para dado, / ni en él para recibido; / porque siendo las mujeres / el espejo cristalino / del honor del hombre, ¿cómo / puede, estando a un tiempo mismo / en nosotras empañado, / estar en vosotros limpio? / No blasonéis, pues, soldados, / en la rota del sabino, / de que venís con honor; / que si valientes y altivos / allá le dejáis ganado, / acá le hallaréis perdido. / Inútil os fue el valor, / poco provechoso el brío, / la resolución sin logro / y sin efecto el peligro, / pues [nada lográis quedando] / ya de nosotras mal vistos; / que si, en fe de apetecidas, / vuestro agasajo nos hizo / que descansase la queja / a la sombra del cariño, / ¿qué mucho que, despreciadas, / al contrario, el albedrío, / que fue dócil al halago, / sea rebelde al desvío? / Como esposas nos tratasteis, / nobles, corteses y finos; / pues ¿cómo ya como esclavas / nos tratáis, con tal dominio / que en mujeriles adornos / aun no nos dejáis arbitrio? / No lo sentimos por ellos; / que por lo que lo sentimos / es la desestimación, / el desdén, el descariño, / el ultraje, el ajamiento; / que si el mundo en su principio / nos privó (quizá de miedo) / del uso de armas y libros, / no del uso nos privó / de aquel aplicado aliño / con que la naturaleza / se vale del artificio. / Pues ¿cómo, siendo heredados, / contra el natural estilo /  canceláis de las mujeres / los privilegios antiguos? / ¿Qué bruta nación, adonde / nunca llegar han podido / ni la política en leyes, / ni la república en juicios; / ¿qué adusto bárbaro, a quien / tostó ardiente, erizó esquivo / el sol la tez en ardores / y el aire la greña en rizos, / les negó la adoración / del humano sacrificio / de ser ellas las rogadas / y ser ellos los rendidos, / cuanto más la urbanidad / de los comercios que, dignos, / sin deslizarse a indecentes, / se mantienen en festivos? / Las mujeres, a quien deben / primer albergue nativo / los hombres y a quien los hombres / en dos maneras han sido / tan costosos al nacer, / y al criarse tan prolijos, / ¿han de vivir abatidas / a vista de quien las quiso / o lo dijo, por lo menos, / pues basta ver que lo dijo / para ver cuán desairados /estar todos es preciso, / vosotros con vuestras damas, / y Coriolano conmigo? / Y así yo, en nombre de todas, / en ira envuelta el sentido, / la lengua anegada en quejas, / la voz ardiendo en suspiros, / brotado el aliento en rayos, / destilado el llanto en hilos, / sin puntualidad la gala, / sin preceptos el aliño, / sin ley vagando el cabello, / sin orden puesto el vestido, / vuelvo a que, en nombre de todas, / digo a todos lo que a él digo. / Por noble, pues, Coriolano, / por galán, por entendido, / por cortesano en la paz, / en la guerra por invicto, / o por hombre solamente / (que harto con esto te obligo), / si como dama, te ruego / y como esclava, te pido / que aquesta infamia derogues, / haciendo que su designio / se borre de la memoria / y se escriba en el olvido. / Y si acaso a esta fineza, / de cobarde o de remiso, / no te dispone lo amante,  /  no te resuelve lo fino, / yo de mi parte a ti solo / y a todos os lo repito  / de parte de las demás; / protesto, juro y afirmo  / (por esa antorcha del día /  que con afán repetido / se apaga al morir en ondas, / se enciende al nacer en visos)  / que ha de ser siempre en nosotras, / si no hacéis lo que os pedimos, / el agasajo forzado, / poco seguro el cariño, / el favor poco constante, / el desabrimiento fijo, /  triste y escabroso el lecho, / el gusto forzado y tibio,  / con melindres la fineza,  /  el halago con retiros, / siempre el enojo rebelde,  / nunca seguro el alivio. / Y cuando aquesto no baste, / monstruos somos vengativos. / Temed, pues, temed que el odio / quizá se pase a peligro; / que en manos de las mujeres / también, con violentos bríos, / saben herir los puñales, / saben cortar los cuchillos. /  Y cuando no, ser sus ojos, / viendo el adagio cumplido,  / de que las mujeres somos / milagros y basiliscos.


 

miércoles, 15 de enero de 2025

Canto del amor en El mágico prodigioso de Pedro Calderón de la Barca

  De Pedro Calderón de la Barca, El mágico prodigioso, III:


DEMONIO: 

                  Ea, infernal abismo,

               desesperado imperio de ti mismo,

               de tu prisión ingrata

               tus lascivos espíritus desata,

               amenazando rüina

               al virgen edificio de Justina.

               Su casto pensamiento

               de mil torpes fantasmas en el viento

               hoy se informe, su honesta fantasía

               se llene; y con dulcísima armonía

               todo provoque amores:

               los pájaros, las plantas y las flores.

               Nada miren sus ojos

               que no sean de amor dulces despojos;

               nada oigan sus oídos

               que no sean de amor tiernos gemidos;

               porque, sin que defensa en su fe tenga,

               hoy a buscar a Ciprïano venga,

               de su ciencia invocada

               y de mi ciego espíritu guïada.

               Empezad, que yo en tanto

               callaré, porque empiece vuestro canto.

(Canta dentro, una VOZ)

VOZ:

              ¿Cuál es la gloria mayor

               de esta vida?

TODOS: 

                       Amor, amor.

(Mientras esta copla se canta, se va entrando el DEMONIO por una puerta, y sale por otra JUSTINA huyendo)

VOZ:

                No hay sujeto en quien no imprima

               el fuego de amor su llama,

               pues vive más donde ama

               el hombre que donde anima.

               Amor solamente estima

               cuanto tener vida sabe:

               el tronco, la flor y el ave.

               Luego es la gloria mayor

               de esta vida...

TODOS:

                                        ...amor, amor.

                Esto representa asombrada y inquieta

JUSTINA:

                 Pesada imaginación,

               al parecer lisonjera,

               ¿cuándo te he dado ocasión

               para que de esta manera

               aflijas mi corazón?

                  ¿Cuál es la causa, en rigor,

               de este fuego, de este ardor,

               que en mí por instantes crece?

               ¿Qué dolor el que padece

               mi sentido?

(Cantan)

TODOS: 

                                    Amor, amor.

Cóbrase más

JUSTINA: 

                 Aquel ruiseñor amante

               es quien respuesta me da,

               enamorando constante

               a su consorte, que está

               un ramo más adelante.

                  Calla, ruiseñor; no aquí

               imaginar me hagas ya,

               por las quejas que te oí,

               cómo un hombre sentirá,

               si siente un pájaro así.

                  Mas no.  Una vid fue lasciva,

               que buscando fugitiva

               va el tronco donde se enlace,

               siendo el verdor con que abrace

               el peso con que derriba.

                  No así con verdes abrazos

               me hagas pensar en quien amas,

               vid; que dudaré en tus lazos,

               si así abrazan unas ramas,

               cómo enraman unos brazos.

                  Y si no es la vid, será

               aquel girasol, que está

               viendo cara a cara al sol,

               tras cuyo hermoso arrebol

               siempre moviéndose va.

                  No sigas, no, tus enojos,

               flor, con marchitos despojos;

               que pensarán mis congojas,

               si así lloran unas hojas,

               cómo lloran unos ojos.

                  Cesa, amante ruiseñor;

               desúnete, vid frondosa;

               párate, inconstante flor;

               o decid: ¿qué venenosa

               fuerza usáis?

(Cantan)

TODOS:

                                        Amor, amor.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Lope de Vega, soneto de El mayor imposible

   Noche siempre serena, cuyo velo

y silencio tomó el amor por capa.

Nema del cielo, de sus ojos tapa,

madre del sueño, el hurto y el recelo;

   si alguna vez amaste, pues del suelo

al cielo, nadie del amor se escapa,

con esa escuridad los ojos tapa

a las estrellas, que lo son del cielo.

   Aunque celos te den sus resplandores,

deja, Luna, salir mi luz querida,

que bien sabe de amor quien tuvo amores.

   La noche se verá del Sol vestida,

tendrá la sombra luz, perlas las flores,

mi pena gloria y mi esperanza vida.

viernes, 1 de septiembre de 2023

Monólogo del rey Basilio en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca

Monólogo del rey Basilio en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca


Sobrinos, dadme los brazos,

    y creed, pues que leales 590

a mi precepto amoroso,

venís con afectos tales,

que a nadie deje quejoso,

y los dos quedéis iguales.

    Y así, cuando me confieso 595

rendido al prolijo peso,

sólo os pido en la ocasión

silencio, que admiración

ha de pedirla el suceso.

    Ya sabéis (estadme atentos 600

amados sobrinos míos,

corte ilustre de Polonia,

vasallos, deudos y amigos),

ya sabéis que yo en el mundo

por mi ciencia he merecido 605

el sobrenombre de docto;

pues, contra el tiempo y olvido,

los pinceles de Timantes,

los mármoles de Lisipo,

en el ámbito del orbe 610

me aclaman el gran Basilio.

Ya sabéis que son las ciencias

que más curso y más estimo,

matemáticas sutiles,

por quien al tiempo le quito, 615

por quien a la fama rompo

la jurisdicción y oficio

de enseñar más cada día;

pues cuando en mis tablas miro

presentes las novedades 620

de los venideros siglos,

le gano al tiempo las gracias

de contar lo que yo he dicho.

Esos círculos de nieve,

esos doseles de vidrio, 625

que el sol ilumina a rayos,

que parte la luna a giros,

esos orbes de diamantes,

esos globos cristalinos,

que las estrellas adornan 630

y que campean los signos,

son el estudio mayor

de mis años, son los libros

donde en papel de diamante,

en cuadernos de zafiros, 635

escribe con líneas de oro,

en caracteres distintos,

el cielo nuestros sucesos,

ya adversos o ya benignos.

Estos leo tan veloz, 640

que con mi espíritu sigo

sus rápidos movimientos

por rumbos y por caminos.

¡Pluguiera al cielo, primero

que mi ingenio hubiera sido 645

de sus márgenes comento

y de sus hojas registro,

hubiera sido mi vida

el primero desperdicio

de sus iras, y que en ellas 650

mi tragedia hubiera sido,

porque de los infelices

aun el mérito es cuchillo,

que a quien le daña el saber,

homicida es de sí mismo! 655

Dígalo yo, aunque mejor

lo dirán sucesos míos,

para cuya admiración

otra vez silencio os pido.

En Clorilene, mi esposa, 660

tuve un infelice hijo,

en cuyo parto los cielos

se agotaron de prodigios,

antes que a la luz hermosa

le diese el sepulcro vivo 665

de un vientre, porque el nacer

y el morir son parecidos.

Su madre infinitas veces,

entre ideas y delirios

del sueño, vio que rompía 670

sus entrañas atrevido

un monstruo en forma de hombre,

y entre su sangre teñido

le daba muerte, naciendo

víbora humana del siglo. 675

Llegó de su parto el día,

y los presagios cumplidos

(porque tarde o nunca son

mentirosos los impíos),

nació en horóscopo tal, 680

que el sol, en su sangre tinto,

entraba sañudamente

con la luna en desafío;

y siendo valla la tierra,

los dos faroles divinos 685

a luz entera luchaban,

ya que no a brazo partido.

El mayor, el más horrendo

eclipse que ha padecido

el sol, después que con sangre 690

lloró la muerte de Cristo,

éste fue, porque, anegado

el orbe entre incendios vivos,

presumió que padecía

el último parasismo. 695

Los cielos se escurecieron,

temblaron los edificios,

llovieron piedras las nubes,

corrieron sangre los ríos.

En este mísero, en este 700

mortal planeta o signo,

nació Segismundo dando

de su condición indicios,

pues dio la muerte a su madre,

con cuya fiereza dijo: 705

«Hombre soy, pues que ya empiezo

a pagar mal beneficios».

Yo, acudiendo a mis estudios,

en ellos y en todo miro

que Segismundo sería 710

el hombre más atrevido,

el príncipe más crüel

y el monarca más impío,

por quien su reino vendría

a ser parcial y diviso, 715

escuela de las traiciones

y academia de los vicios;

y él, de su furor llevado,

entre asombros y delitos,

había de poner en mí 720

las plantas, y yo rendido

a sus pies me había de ver

(¡con qué congoja lo digo!),

siendo alfombra de sus plantas

las canas del rostro mío. 725

¿Quién no da crédito al daño,

y más al daño que ha visto

en su estudio, donde hace

el amor propio su oficio?

Pues dando crédito yo 730

a los hados, que adivinos

me pronosticaban daños

en fatales vaticinios,

determiné de encerrar

la fiera que había nacido, 735

por ver si el sabio tenía

en las estrellas dominio.

Publicose que el Infante

nació muerto; y, prevenido,

hice labrar una torre 740

entre las peñas y riscos

desos montes, donde apenas

la luz ha hallado camino,

por defenderle la entrada

sus rústicos obeliscos. 745

Las graves penas y leyes,

que con públicos editos

declararon que ninguno

entrase a un vedado sitio

del monte, se ocasionaron 750

de las causas que os he dicho.

Allí Segismundo vive

mísero, pobre y cautivo,

adonde solo Clotaldo

le ha hablado, tratado y visto. 755

Éste le ha enseñado ciencias;

éste en la ley le ha instrüido

católica, siendo solo

de sus miserias testigo.

Aquí hay tres cosas: la una 760

que yo, Polonia, os estimo

tanto que os quiero librar

de la opresión y servicio

de un rey tirano, porque

no fuera señor benigno 765

el que a su patria y su imperio

pusiera en tanto peligro.

La otra es considerar

que si a mi sangre le quito

el derecho que le dieron 770

humano fuero y divino,

no es cristiana caridad;

pues ninguna ley ha dicho

que por reservar yo a otro

de tirano y de atrevido, 775

pueda yo serlo, supuesto

que si es tirano mi hijo,

porque él delitos no haga,

vengo yo a hacer los delitos.

Es la última y tercera 780

el ver cuánto yerro ha sido

dar crédito fácilmente

a los sucesos previstos;

pues aunque su inclinación

le dicte sus precipicios, 785

quizá no le vencerán,

porque el hado más esquivo,

la inclinación más violenta,

el planeta más impío,

sólo el albedrío inclinan, 790

no fuerzan el albedrío.

Y así, entre una y otra causa

vacilante y discursivo,

previne un remedio tal

que os suspenda los sentidos. 795

Yo he de ponerle mañana

sin que él sepa que es mi hijo

y rey vuestro, a Segismundo

(que aqueste su nombre ha sido)

en mi dosel, en mi silla, 800

y, en fin, en el lugar mío,

donde os gobierne y os mande,

y donde todos rendidos

la obediencia le juréis;

pues con aquesto consigo 805

tres cosas, con que respondo

a las otras tres que he dicho.

Es la primera, que siendo

prudente, cuerdo y benigno,

desmintiendo en todo al hado 810

que dél tantas cosas dijo,

gozaréis el natural

príncipe vuestro, que ha sido

cortesano de unos montes,

y de sus fieras vecino. 815

Es la segunda, que si él,

soberbio, osado, atrevido

y crüel, con rienda suelta

corre el campo de sus vicios,

habré yo piadoso entonces 820

con mi obligación cumplido;

y luego en desposeerle

haré como rey invicto,

siendo el volverle a la cárcel

no crueldad, sino castigo. 825

Es la tercera, que siendo

el príncipe como os digo,

por lo que os amo, vasallos,

os daré reyes más dignos

de la corona y el cetro, 830

pues serán mis dos sobrinos;

juntando en uno el derecho

de los dos, y convenidos

con la fe del matrimonio

tendrán lo que han merecido. 835

Esto como rey os mando,

esto como padre os pido,

esto como sabio os ruego,

esto como anciano os digo;

y si el Séneca español 840

que era humilde esclavo, dijo,

de su república un rey,

como esclavo os lo suplico.

Otro monólogo de Segismundo en La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca

¿Otra vez (¿qué es esto, cielos?)

queréis que sueñe grandezas

que ha de deshacer el tiempo?

¿Otra vez queréis que vea

entre sombras y bosquejos

la majestad y la pompa

desvanecida del viento?

¿Otra vez queréis que toque

el desengaño, o el riesgo

a que el humano poder

nace humilde y vive atento?

Pues no ha de ser, no ha de ser.

Miradme otra vez sujeto

a mi fortuna. Y pues sé

que toda esta vida es sueño,

idos, sombras, que fingís

hoy a mis sentidos muertos

cuerpo y voz, siendo verdad

que ni tenéis voz ni cuerpo;

que no quiero majestades

fingidas, pompas no quiero.

Fantásticas ilusiones

que al soplo menos ligero

del aura han de deshacerse

bien como el florido almendro,

que por madrugar sus flores,

sin aviso y sin consejo,

al primer soplo se apagan,

marchitando y desluciendo

de sus rosados capillos

belleza, luz y ornamento,

ya os conozco, ya os conozco,

y sé que os pasa lo mesmo

con cualquiera que se duerme.

Para mí no hay fingimientos;

que, desengañado ya,

sé bien que la vida es sueño.

sábado, 13 de marzo de 2021

Es verdad. Pedro Calderón de la Barca.

 Es verdad; pues reprimamos

esta fiera condición,

esta furia, esta ambición,

por si alguna vez soñamos;

Y lo haremos, pues estamos

en mundo tan singular,

donde el vivir sólo es soñar;

y la experiencia me enseña

que el hombre que vive, sueña

lo que es, hasta despertar.


Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe

y en cenizas le convierte

la muerte ¡desdicha fuerte!:

¿que hay quien intente reinar

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?


Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.


Yo sueño que estoy aquí,

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida?, un frenesí.

¿Qué es la vida?, una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

pues toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

viernes, 15 de enero de 2021

Monólogo de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, en Las mocedades del Cid de Guillén de Castro

                         Suspenso, de afligido,
                    estoy. Fortuna: ¿es cierto lo que veo?
                    ¡Tan en mi daño ha sido
                    tu mudanza, que es tuya, y no la creo!
                    ¿Posible pudo ser que permitiese
                    tu inclemencia que fuese
                    mi padre el ofendido -¡extraña pena!-,
                    y el ofensor el padre de Jimena?

                        ¿Qué haré, suerte atrevida,
                    si él es el alma que me dio la vida?
                    ¿Qué haré -¡terrible calma!-,
                    si ella es la vida que me tiene el alma?
                    Mezclar quisiera, en confianza tuya,
                    mi sangre con la suya,
                    ¿y he de verter su sangre? ¡Brava pena!
                    ¿Yo he de matar al padre de Jimena?

  Mas ya ofende esta duda
al santo honor que mi opinión sustenta.535
Razón es que sacuda
de amor el yugo, y la cerviz exenta
acuda a lo que soy, que, habiendo sido
mi padre el ofendido,
poco importa que fuese ¡amarga pena!,540
el ofensor el padre de Jimena.

    ¿Qué imagino? Pues que tengo
más valor que pocos años,
para vengar a mi padre
matando al conde Lozano.

545
¿Qué importa el bando temido
del poderoso contrario,
aunque tenga en las montañas
mil amigos asturianos?

Y ¿qué importa que en la Corte550
del rey de León, Fernando,
sea su voto el primero,
y en guerra el mejor su brazo?

Todo es poco, todo es nada
en descuento de un agravio,555
el primero que se ha hecho
a la sangre de Laín Calvo.

Darame el Cielo ventura
si la tierra me da campo,
aunque es la primera vez560
que doy el valor al brazo.

Llevaré esta espada vieja
de Mudarra el Castellano,
aunque está bota y mohosa
por la muerte de su amo;

565
y, si le pierdo el respeto,
quiero que admita en descargo
del ceñírmela ofendido,
lo que la digo turbado:

    ¡haz cuenta, valiente espada,570
que otro Mudarra te ciñe,
y que con mi brazo riñe
por su honra maltratada!

    Bien sé que te correrás
de venir a mi poder,575
mas no te podrás correr
de verme echar paso atrás.

    Tan fuerte como tu acero
me verás en campo armado;
segundo dueño has cobrado,580
tan bueno como el primero.

    Pues cuando alguno me venza,
corrido del torpe hecho,
¡hasta la cruz en mi pecho
te esconderé de vergüenza!

lunes, 25 de septiembre de 2017

Lope de Vega, Desengaño de la vida

Lope de Vega, "Al desengaño de la vida", publicado en los liminares de De la diferencia entre lo temporal y eterno: crisol de desengaños, del jesuita Juan Eusebio Nieremberg

¡Oh tú, que estás sepultado
en el sueño del olvido:
si para tu bien dormido,
para tu mal desvelado!
Deja el letargo pesado,
despierta un poco y advierte
que no es bien que desa suerte
duerma y haga lo que hace
quien está, desde que nace,
en los brazos de la muerte.

Da lugar al pensamiento
para que discurra y veas
que lo más que tú deseas
no es más que soplo de viento.
No labres sin fundamento
máquinas de vanidad,
pues la mayor majestad
en un sepulcro se encierra,
donde dice, siendo tierra:
"Aquí vive la verdad…"

Mira cómo pasó ayer,
veloz, como tantos años;
evidentes desengaños
del limitado poder.
Lo que fue dejó de ser,
y no quedó dello más
del ha sido: tú, que vas
por este mundo inconstante;
mira que el que va adelante
avisa al que va detrás.

La corona y la tïara
que tanto el mundo estimó,
¿qué se hizo, en qué paró
sino en lo que todo para?
¡Oh mano del mundo avara!
Si tanto bien nos limitas,
¿para qué, di, nos incitas
a aspirar a más y más,
si lo que despacio das
tan de prisa nos lo quitas?

Si te engaña el propio amor
para que no veas el daño,
la muerte, que es desengaño,
sirva de despertador.
Hoy nace la tierna flor,
y, hoy, su curso se termina;
todo a la muerte camina:
la estatua del más bizarro,
como está fundada en barro,
la deshace cualquier china.

¿En qué piensas o a qué aspiras
cuando tras tu gusto vas,
pues dél no te queda más
que enemigos que conspiras?
Si es que adelante no miras,
mira la vida pasada,
que, si en tan corta jornada
lo más pasa desa suerte,
hasta llegar a la muerte
¿qué te queda? Poco o nada.

Desde el nacer al morir
casi se puede dudar
si el partir es el parar,
o el parar es el partir.
Tu carrera has de seguir:
y pues con tal brevedad
pasa la más larga edad,
¿cómo duermes y no ves
que lo que aquí un soplo es
es allá una eternidad?

Mira el tiempo volador
cómo pasa, y considera
cómo va tras la carrera
desde el menor al mayor.
El esclavo y el señor
corren parejas iguales,
que, como nacen mortales,
iguales van a la hoya,
de cuya deshecha Troya
aún no quedan las señales.

La juventud más lozana
¿en qué paró? ¿qué se hizo?
Todo el tiempo lo deshizo
y anocheció su mañana,
la muerte siempre es temprana
y no perdona a ninguno:
goza del tiempo oportuno,
granjea con tu talento,
que aquí dan uno por ciento
y allí dan ciento por uno.

¿Qué eternidades te ofrece
la más dilatada vida,
pues que apenas es venida
cuando se desaparece?
Hoy piensas que te amanece
y es el día de tu ocaso.
¡Término breve y escaso!
Mas ¿qué mucho, si volando
te va la muerte buscando
cuando tú vas paso a paso?

La dama más celebrada,
lazo en que todos cayeron,
ella y ellos, di, ¿qué fueron
sino tierra, polvo y nada?
¡Oh limitada jornada,
oh frágil naturaleza!
La humildad y la grandeza
todo en nada se resuelve:
es de tierra y a ella vuelve,
y así, acaba en lo que empieza.

¿De qué te sirve anhelar,
por tener y más tener,
si eso en tu muerte ha de ser
fiscal que te ha de acusar?
Todo acá se ha de quedar;
y pues no hay más que adquirir
en la vida que el morir,
la tuya rige de modo,
pues está en tu mano todo,
que mueras para vivir.

lunes, 16 de mayo de 2016

Textos de Pedro Calderón de la Barca en Sueños hay que verdad son

Del auto de Pedro Calderón de la Barca Sueños hay que verdad son:

I

SUEÑO: (Canta.)

¡Dormid, dormid, mortales!
Iguales son lo que les dura el sueño.
Mortales, que en la cárcel
del mundo vivís presos,
no tan solo los yerros arrastrando,
mas también arrastrados de los yerros:
dormid, dormid, al son
de mi músico acento,
que mudas consonancias de la vida
son también las quietudes del silencio.
Dormid, dormid, no solo
hoy al descanso atentos,
sino atentos a ver qué es lo que quiere (1)
en vuestras sombras revelar el cielo.
Y vosotras, ideas
que en fantásticos cuerpos
representáis como retratos vivos
ansias y gozos a sentidos muertos,
ved que Dios, conmovido
de una virtud al ruego,
en términos nos manda que las ruinas
que el sueño destruyó, restaure el sueño.

(1) Sustituyo "pero" por sino

II

REY

Aunque a lo que has venido
no dudo que lo traigas ya sabido,
con todo, he de decirlo, por si acaso
no lo contaron bien. Este es el caso:
yo soñé que de un río a la ribera
siete vacas bellísimas salían,
y cuando de sus márgenes pacían
las esmeraldas de la primavera,
vi que otras siete de la undosa esfera,
tan flacas que esqueletos parecían,
saliendo contra ellas, consumían
la lozanía de su edad primera.
Después vi siete fértiles espigas,
lágrima cada grano del rocío,
y otras siete, que en áridas fatigas
sin granarlas abril, taló el estío,
y lidiando unas y otras enemigas,
venció lo seco con llevarlo el río.


JOSEF

Que el río jeroglífico haya sido
del tiempo, gran señor, prueba es bastante,
que siempre corre y siempre va adelante,
sin que nunca haya atrás retrocedido.
Luego es el tiempo de quien ha nacido
en espigas y vacas lo abundante,
y es el tiempo también el que, inconstante,
todo lo deja a nada reducido.
Siete fértiles años imagina
en espigas y vacas, cuyo halago
en otros siete estériles termina;
y pues te avisa el golpe en el amago,
la abundancia prevén contra la ruina

y la felicidad contra el estrago.

III

[Un ejemplo de metateatro calderoniano]

SUEÑO:

Mira en triunfal carro
cómo salvador le aclama
el pueblo, y cómo los varios
males que causaron sueños
en términos satisfago
con las ventajas que hay
desde el baldón al aplauso,
desde la miseria al triunfo,
y desde la ruina al lauro;
y, pues que ya obedecida
de mí te miras, en cuanto
a causa segunda (puesto
que es de la primera el mando),
en premio de mi obediencia,
salir de una duda aguardo.
Tú me dijiste que anda
en estos visibles rasgos
de embozo un misterio, que es
milagro de los milagros;
y así, humilde te suplico
me le adelantes en algo
que pueda ser de mi duda
arrimo, si no descanso.


CASTIDAD:

Sí haré, mas con una salva.

SUEÑO:

¿Qué es?

CASTIDAD:

Que los dos parezcamos
lo que somos; esto es,
como personas tratarnos
alegóricas, y no
reales, pues con eso es llano
que no habiendo en los dos tiempo
ni lugar, daremos paso
a que la interpolación
(como si acabara un acto
y empezara otro) nos supla
la síncopa de los años,
dando por vividos siete
fértiles, con que empezando
los estériles, verás
en el pósito o erario
del trigo, que ha recogido
de la abundancia el espacio,
cómo le reparte a pobres
y ricos, no exceptuando
personas.

SUEÑO:

Eso deseo.

CASTIDAD:

Pues ven conmigo a lo alto
del monte de la visión,
patrimonio hereditario
de Josef, pues si en él fue
Isaac, su abuelo, retrato
de quien también él lo ha sido,
justo es que convenga en ambos
el mirar desde su cumbre
cómo se pueblan los campos
de racionales hormigas
que próvidas, tras el rastro
de la paja que se lleva
el Nilo, buscan el grano;
en cuya distribución
verás que hasta a sus hermanos
socorre, sin acordarse
de que le fueron ingratos;
pues subiendo de Canaán
a Egipto..., mas no perdamos

tiempo. Ven conmigo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Lope de Vega, pasajes de Santa Casilda

Jornada I

1.

CASILDA

De Alimenón, mi padre,
rey de Toledo impíreo,
trono de majestades,
cabeza de sí mismo.
tesoro de los moros
inestimable y rico,
pues dicen que en el Tajo
oro de Arabia han visto;
y a mi madre, Daraja,
que ya dejó este siglo,
nací habrá quince años;
el cielo ansí lo quiso.
Llamáronme Casilda,
de quien un sabio dijo
entonces a mi padre
secretos infinitos.
Apenas fui nacida,
¡qué notable prodigio!,
cuando padezco enferma
este mal que habéis visto.
Tan gran tormento paso
y tanto me fastidio
con el dolor que siento,
que apenas le resisto.
No han podido remedios,
aunque han sido excesivos,
hacer que salud tenga.
¡Ved qué rigor impío!
Para alegrar mis penas
y el desconsuelo mío,
en la corte se han hecho
fiestas y regocijos.
Todo me ha dado pena,
y al paso que he crecido,
más se aumentan mis males
y muero si los miro.
Ya a la vega bajaba
y al Tajo cristalino,
que la sirve de espejo
para adornar sus rizos.
Miraba su hermosura,
los jardines floridos,
música de las aves,
hechas arpas los picos;
las flores, los claveles,
jazmines y jacintos,
alhelíes, mosquetas,
madreselvas, narcisos,
maravillas, retamas,
azahar, cárdenos lirios,
y todo me cansaba
cuanto era más florido.
Un año me sirvieron
dos reyes sarracinos,
y con desprecio a entrambos
pagué tantos servicios.
Vino a verme Abenámar,
hijo del rey Marsichio,
sobrino de mi padre,
que me pide por primo.
Y con tantos rigores
y desdén tan altivo
desprecio sus finezas,
que no sé cómo es vivo.
La causa de estas penas
ninguno la ha sabido,
sino yo que las paso
en mi silencio mismo.
Procede, amigas mías,
de que a Dios busco y sigo,
al Dios de los cristianos,
al Dios que llaman Cristo.
Reparaba mil veces,
con pecho casto y limpio,
lo que algunos esclavos
de este su Dios me han dicho.
Apenas lo entendía,
cuando todo el sentido
ocupaba en buscalle
con el discurso mío.
Y hoy que aquí me dejaste,
dulce sueño me vino,
en que una voz suave,
amorosa, me dijo:
-Dispierta, yo te llamo.
-¿Quién eres?-le replico.
-El que aguardas-responde-;
búscame en el bautismo.
Este es, pues, mi suceso;
amigas, éste ha sido
el tormento del alma;
a Cristo busco y sigo.
Mis fieles compañeras,
que me ayudéis os pido;
sepa yo de este Dios
los preceptos divinos.
Afuera, vanas leyes,
que está cerca el peligro,
y afuera, engaño mío,
que ya Casilda es
de la ley de Cristo.

Jornada segunda

2.

ÁNGEL PRIMERO

  Dios mandó que a Toledo luego dejes
y al pueblo loco que le ignora ciego
y que de sus alcázares te alejes
y a Castilla de aquí te partas luego.
Huye, Casilda, de bárbaros y herejes
que encienden contra Dios infernal fuego,
para que así su voluntad se haga
y la tuya también se satisfaga.
  En un lugar secreto que peñascos
murallas forman toscas de aspereza,
compuesto de quejigos y de tascos
que aumentan la fealdad a su fiereza;
entre broncas pizarras, rotos cascos
parece que se ven en su cabeza,
que apretados los tiene todo el año
con espinosa zarza en vez de paño.
  A quien por una parte se le llega
el mar salado en ondas presuroso
y los nerviosos pies le baña y riega,
por que descanse el bruto peñascoso;
tan espeso el camino, que se niega
aun en el día claro y luminoso,
y apenas se ve el sol ni el horizonte,
que así tapado está con aquel monte.


ÁNGEL PRIMERO

  Por los godos montañas de Castilla
la aspereza se llama, donde ha sido
por su labor, que al mundo maravilla,
Dios adorado y siempre engrandecido,
sin que, aunque pierdan de su rey la silla,
la fe jamás allí se haya perdido.
Y cuando se perdiera, de mil modos
la fe siempre se hallara entre los godos.
  A la falda de un risco tan crecido
que parece debajo de la luna
hablando está secretos al oído,
verás dos lagos, fin de tu fortuna,
donde tu bien está constituido.
Tiene dos aguas tales, que la una
nace turbia, otra clara, y la deshacen
del otro los cristales cuando nacen.
  Aquí te bañarás debidamente,
y de los males que te dan tal pena,
en tocando el cristal de su corriente,
sana, Casilda, te hallarás y buena.
Estos los lagos son de San Vicente,
que en ellos te bañes Dios ordena.
Ya tienes donde cumplas tus intentos,
ejecuta de Dios los mandamientos.

(A un mismo tiempo desaparezcan todos.)

CASILDA

Inconmutable esencia,
que es verdadera luz y no acabada,
pues sólo a la presencia
de los ángeles es comunicada,
sin que de humana vista,
si Vos obráis, jamás puede ser vista.
Si sólo con creerla
y dulcemente con amor sentirla
es modo de tener la luz, yo he de pedirla,
pedirla y desearla,
por que pueda de aquí también gozarla.
Vos, Esposo, me hicistes
y por que os alabase me criastes;
si este nombre me distes,
siempre he de hacer aquello que mandastes;
nunca mi lengua acabe
y esta virtud incomprensible alabe.
¡Oh, Sumo Ser, hermoso,
sacro, estable, inmortal, omnipotente,
de mi vida reposo,
celestial, inefable, refulgente,
que todo en ser Vos cabe,

vuestra gracia me dad por que os alabe.

Lope de Vega, pasajes de El bobo del colegio

 Primera jornada:

I

DON JUAN

No me consueles, Tristán,
que daré voces al cielo.

TRISTÁN

Pues ¿qué has de hacer sin consuelo
en tal desdicha, don Juan?

DON JUAN

    Matarme, perder la vida
en que mi pena consiste,
porque una cosa tan triste
mejor estará perdida.
    Hoy me han llevado a Valencia
el aliento en que respiro,
la misma luz con que miro,
del alma, la misma esencia,
    el movimiento con quien
se sustenta el corazón,
mi propia imaginación
y mis discursos también.
    Hoy, la junta y armonía
que para vivir iguales
los instrumentos vitales
con tal concierto tenía.
    Hoy no soy; y si algo soy,
es una sombra de mí,
un retrato del que fui.

TRISTÁN:

¿Hoy dices?

DON JUAN:

¿Luego no es hoy?

TRISTÁN:

    Ha un mes que falta de aquí
Fulgencia, y hoy te parece.

DON JUAN:

Si lo mismo se padece,
hoy es ayer para mí;
    hoy es, aunque pase un mes,
si en la misma pena estoy,
que lo que atormenta hoy,
tan hoy como entonces es.
    Allá me estaba en mi aldea
que mi mal no presumía,
aunque el alma me decía
que no hay bien que firme sea.
    Vine a Salamanca a ver
lo que no veré jamás,
muerto soy.


****

II

MARÍN

    Lo que enflaquece es deber,
es fïar y es confïar;
mujer que quiere mandar,
que basta decir mujer.
     El servir a ingrato dueño,
el pleitear con razón,
el forzar la inclinación,
el poco sustento y sueño.
    El andar en opiniones
la honra, que hartos padecen,
los estudios enflaquecen
y las largas pretensiones.
     Enflaquece el intentar
y el sufrir verse sujeto,
y a un necio que por discreto
le quieren canonizar.
    También enflaquece oír
malos versos, cantar mal;
y, al que era ayer vuestro igual,
hoy mandar y hoy presumir.
    Enflaquece una visita
si no os da mucho contento;
un noble lleno de viento
que a nadie el sombrero quita.
    Un lindo, todo alfeñique,
hecho mujer con bigotes,
y unos ciertos marquesotes
que os hablan por alambique.
    El ver a un tonto reír,
y el querer a una mujer
que, habiendo pedido ayer,
también hoy vuelve a pedir.

***

Tercera jornada

III


MARÍN

Quiero, para entretenerlos,
esforzar lo que comienzan.
Dime, estudioso Riselo,
ya que del cielo tratamos:
¿cuál es la causa que vemos,
cuántas naciones se saben,
tantos ingenios diversos?
¿Es el cielo el que lo causa?

RISELO

Las influencias del cielo
vencen los hombres; ni hay patria
donde algún sabio no hallemos.
Mira en la Scitia a Anacarsis;
Plinio refiere unos versos
en sus epístolas, tales
que: "Como el escultor diestro
hace de cera una imagen,
formándola con los dedos,
así las artes, con docta
mano, forman los ingenios".
La razón dentro del hombre,
como lo dijo Galeno
(De usu partium, libro primo)
comprehende los sujetos
de las artes; lo que dijo
Julio Fírmico no creo,
porque fue por alabar
sus astrólogos efetos,
dándoles a los planetas
las causas de los sucesos.
Pero, si quisieres ver
de mil naciones y pueblos
la calidad y, en España,
la condición que tenemos
del uso de astrología,

leerás a Levinio Lemnio.