domingo, 10 de enero de 2016

El famoso soneto "Night and Death", "Noche y Muerte" de José María Blanco White

[Aquí el soneto original en inglés, y diferentes traducciones al español más abajo del famoso soneto del poeta y erudito prerromántico español José María Blanco White:]


The Bijou Annual, 1828:

Night and Death     

Night and Death, by the Rev. Joseph Blanco White

Dedicated to Samuel Taylor Coleridge, Esquire. By his sincere friend, Joseph Blanco White.
              

              MYSTERIOUS night, when the first man but knew
          Thee by report, unseen, and heard they name,
          Did he not tremble for this lovely frame,
          This glorious canopy of light and blue?
             
              Yet ‘neath a curtain of translucent dew 
          Bathed in the rays of the great setting flame,
          Hesperus, with the host of heaven, came,
          And lo! creation widened on his view!
              
              Who could have thought what darkness lay concealed
          Within thy beams, oh Sun? Or who could find,
          Whil’st fly, and leaf, and insect stood revealed,
          That to such endless orbs thou mad’st us blind?

              Weak man! Why to shun death, this anxious strife?
          If light can thus deceive, wherefore not life?

LA NOCHE Y LA MUERTE

[Traducción de Juan Aguilar, Yolanda Morató, Justo Navarro, Antonio Rivero Taravillo y Jenaro Talens, alguno de ellos o todos colaboraron]

    ¡Oh, Noche misteriosa! Cuando Adán,
oyó tu nombre aún sin conocerte,
¿nunca lo estremeció tanta belleza,
este hermoso dosel de luz y azul?

    Mas tras de un claro velo de rocío,
bañado por las llamas del poniente,
Héspero vino con celeste séquito,
¡y vio que se ensanchaba la creación!

    ¡Cómo saber qué sombras escondías
con tus rayos, oh Sol, o imaginar,
a la vista de insectos, moscas y hojas,

    que orbes ilimitados ocultabas!
¿Con la muerte porfías, hombre débil?
¿Así engaña la luz, y no la vida?
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Noche y muertepor José María Blanco White. [2 versiones de Fernando G. Toledo, 2002]

(Versión 1)

    Noche extraña, cuando el hombre primero
Supo sin conocerte que vendrías,
¿Tembló al mirar el marco que ofrecías,
Temió perder su toldo azul entero?

    Pero, bajo el rocío duradero,
llegó Héspero cuando el ocaso ardía,
¡y lo creado en sus ojos crecía,
con las huestes del cielo justiciero!

    ¡Oh Sol, quién descubrir así pudiera
la oscuridad en tu rayo emboscada!
¡O quién adivinar que está escondida

    en las hojas e insectos la ceguera!
¡Débil criatura! La muerte no es nada.
Si engaña la luz, ¿por qué no la vida?
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(Versión 2)

    Extraña noche: cuando    tuvo el hombre reporte
de ti, sin verte supo,     o le fue revelado,
¿tembló tal vez por este     admirable bordado,
este brillante, azul,     y glorioso soporte?

    Mas traído en un velo     de gotas su transporte,
Por el ardiente fuego     del ocaso bañado,
Con la hueste del cielo     ya Héspero ha llegado:
¡Su vista la creación     del sur extiende al norte!

    ¡Quién iba a sospechar     que había oscuridad
Entre tus rayos, Sol!     ¡O entrever la verdad
oculta entre las moscas,     los insectos, las hojas,

    La ceguera del orbe     a la que nos arrojas!
¡Débil hombre! ¿Por qué     negar la muerte tienta?
¿No engañará la vida     si la luz aparenta?

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El sol y la vida. Versión de Alberto Lista, 1837

    ¡Oh noche! Cuando a Adán fue revelado
quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte,
¿no temió que enlutase tu estandarte
el bello alcázar de zafir dorado?

    Mas ya el celaje etéreo, blanqueado
del rayo occidental, Héspero parte;
su hueste por los cielos se reparte,
y el hombre nuevos mundos ve admirado.

    ¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas,
oh Sol! ¿Quién acertara, cuando ostenta
la brizna más sutil tu luz mentida,

    esos orbes sin fin que nos velabas?
¡Oh mortal! Y ¿el sepulcro te amedrenta?
Si engañó el Sol, ¿no engañara la vida?
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La noche. Versión de Rafael Pombo, antes de 1882

    Al ver la noche Adán por vez primera
que iba borrando y apagando el mundo,
creyó que, al par del astro moribundo,
la Creación agonizaba entera.

    Mas luego, al ver lumbrera tras lumbrera
dulce brotar y hervir en un segundo
universo sin fin… vuelto en profundo
pasmo de gratitud, ora y espera.

    Un sol velaba mil; fue un nuevo Oriente
su ocaso; y pronto aquella luz dormida
Despertó al mismo Adán, pura y fulgente.

    …¿Por qué la muerte al ánimo intimida?
Si así engaña la luz tan dulcemente,
¿por qué no ha de engañar también la vida?
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La noche. Versión de Antonio Elías, 1954

    ¡Oh noche misteriosa!     Cuando tu imperio y nombre
a nuestro primer padre     fue por Dios anunciado,
¿no tembló por la fábrica     adorable del mundo,
por la luz y la gloria     de la bóveda azul?

    Mas, cuando tras un velo     de rocío que enciende
con sus rayos la gran     llamarada poniente,
surge Véspero al frente     del ejército celeste,
¡oh!, a la vista del hombre,     la Creación se ensancha.

    ¡Quién hubiera pensado     la tiniebla escondida
dentro de tus fulgores,     oh sol, y quién creyera
que al revelar la flor,     la hoja y el insecto

    nos cegabas al brillo     de orbes innumerables!
¿Por qué, pues, nos encoge     la angustia de la muerte?
Si así la luz engaña,     ¿no ha de engañar la vida?

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Noche y muerte (versión I). Versiones I y II de Jorge Guillén, 1969 y 1971.

    ¡Oh Noche de misterio!     Cuando te conoció
nuestro Padre inicial,     según sacra noticia,
y tu nombre escuchó,     ¿no tembló -ya nocturno-
ante el dosel glorioso     de fulgor y azul?

    Pero tras la cortina     -traslúcido rocío-
que traspasaban los rayos     de occidental hoguera,
Héspero con la hueste     de aquellos cielos viene,
y a los ojos del hombre     la creación se ensancha.

¿Quién imaginó que,     dentro de los rayos,
se ocultase tal sombra,     quién, oh Sol, pensaría,
mientras se nos revelan     hojas, moscas, insectos,

    en orbes invisibles,     por qué tú nos cegaste?
¿Y tan ansiosamente     luchamos con la muerte?
¿Si así la luz engaña,     no habrá engaño en la vida?

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Noche y muerte (versión II)

    ¡Oh Noche misteriosa!     Cuando el varón primero
conoció hasta tu nombre,     informe era divino,
¿No se apresuró temblando     frente a frente al destino
del glorioso dosel     con tanto azul entero?

    Pero tras el rocío     -cortina transparente-
que atraviesan los rayos     del crepúsculo en llama,
Héspero a los ejércitos     del firmamento llama:
mas Creación descubren     los ojos y la muerte.

    ¿Y cómo presentir     que en tus rayos alojas
oculta oscuridad,     oh Sol, y convertida,
después de revelados     insectos, moscas, hojas

    en orbes invisibles     tras tu mismo esplendor?
Si así la luz nos miente,     ¿no nos miente la vida?
A nuestro fin mortal,     ¿por qué oponer horror?
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La noche y la muerte. Versión de Jesús Díaz, 1986

    El día aquel que Adán, noche sombría
de tu llegada al serafín oyera,
temblando estuvo por su alma esfera,
por la bóveda azul que relucía.

    Tembló hasta que, lumbre que caía
y el relente de seda que cayera,
salió el lucero con su hueste entera
y, era de ver: ¡la creación crecía!…

    Oh quién pensado hubiera tal negrura
dentro del sol; quién pulga iluminada,
o mosca o flor de cada luz sentida,

    y tal inmensidad del orbe oscura.
La angustia ante la muerte es para nada.
Como engaña la luz, miente la vida.

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La noche y la muerte. Versión de Esteban Torre, 1988

    ¡Oh noche oscura! Si por vez primera
te viera yo venir, ¿no temblaría
temiendo que esta clara luz del día,
este milagro azul se deshiciera?

    Pero, si ya el lucero reverbera
al caer la tarde, y la alegría
de mil estrellas nace, ¿negaría
que brilla más la creación entera?

    ¡Quién hubiera pensado, oh noche oscura,
que el propio Sol pudiera ensombrecerte,
tenerte entre sus rayos escondida!

    Eres gloria de paz y de hermosura.
¿Por qué temer, entonces, a la muerte?
Igual que el Sol, ¿nos cegará la vida?

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A la noche. Versión de Eliseo Diego, 1991

    ¡Extraña noche! Cuando el primer padre
tuvo de ti noticia, oyó tu nombre,
¿tembló quizás por la adorable forma,
la regia cúpula de luz y azul?

    Mas, bajo un velo de rocío translúcido,
entre los rayos del poniente en llamas,
Héspero con la hueste etérea vino,
¡y el hombre vio ensancharse la Creación!

    ¿Quién pudo imaginar tales tinieblas
allá en tus rayos, sol, o quién pensó,
mientras insectos y hojas se perfilan,
que a innumerables orbes nos cegaras?

    ¿A qué rehuir la muerte, pues, ansiosos?
Si engaña así la Luz, ¿qué hará la vida?

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¿Se apagó esa gran luz?… (I). Versiones de Leónidas Lamborghini, 1995

    «¿Se apagó esa gran luz? ¿Volvíame ciego?;
fue tan honda la angustia desatada,
que muy adentro mío oí mi nada
sin consuelo gemir: era mi ruego».

    «(Hablo desde ti mismo y no lo niego,
el misterio de hablarte me anonada,
porque es mi voz de Génesis trucada,
de aquel tiempo a este tiempo, sin sosiego)».

    «Asomándome, luego, luces en lo alto
vi cambiar; no, esa luz no era la misma,
pero alcanzó a calmar mi sobresalto».

    Desde aquel primer mono fue la duda
y el terror de un final que nos abisma:
¿mas no será cual luz que en otra muda?

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¿Se apagó esa gran luz?… (II)

    ¿Se apagó esa gran luz? ¿Volvíame ciego?;
fue tan feroz la angustia desatada,
que hondo desde la cueva aullé mi nada:
como un loco gemía, era mi ruego.

    (Hablo desde tu adentro y no lo niego,
el misterio de oírme me anonada,
porque es mi voz de Génesis trucada,
de aquel tiempo a este tiempo sin sogiego).

    Asomándome, empequeñecidas,
vi en lo alto luces, no la misma,
mas sospeché una argucia repetida.

    Desde el principio, entonces, fue la duda,
el engaño, el terror que nos abisma
y a que a mi grito el tuyo propio anuda.

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