jueves, 17 de abril de 2008

Antología de 89 poemas satíricos de la literatura española

I

A la abeja semejante

para que cause placer,
el epigrama ha de ser
pequeño, dulce y punzante  (Juan de Iriarte)


II

Si vas a Calatayud

pregunta por la Manuela
que es nieta de la Dolores
y más puta que su abuela  (José-María Pemán)


III

Lino, dos veces cautivo

te tienen tus ignorancias:
nada sabes, y no sabes
tampoco que sabes nada  (Marco Valerio Marcial)


IV

Pensando en tu novia, Andrés

te depilas pecho, axilas,
pubis, minga, piernas, pies...
¿En quién pensarás, Andrés,
cuando el culo te depilas?  (Marco Valerio Marcial)

V



Del Cielo en el portón llama un cuitado


-¿Quién va?- dice San Pedro 

Uno que viene 


¿De dónde? 


De Madrid 


¿Qué oficio tiene? 


Soy un cesante, liberal y honrado


¿Vivió en el mundo bien? 

Viví casado 


¿Murió en la fe católica? 

es de ene* (por supuesto)

¿Y qué pide? 

Que Dios no me condene, 

pues siempre fui de gratitud dechado. 

Aún estaba el Señor medio dormido. 

La relación oyó con disimulo 
y, de Pedro acercándose al oído, 
dijo: "La Ley es Ley, cúmplela chulo: 
¿español, liberal y agradecido?... 

Dale, si no le han dado, por el culo". (Manuel del Palacio) 

VI

Traten otros del Gobierno

del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno... (Góngora)


VII

Receta para hacer sonetos



Tómese una palabra; ejemplo, vasco;
otra distinta luego, sea chisco,
y búsquese, lo mismo que yo busco,
un consonante al primer verso, chasco.

Siguiendo de igual modo y sin atasco,
escríbase después un verso en usco
que rime, verbigracia, con pedrusco
y dé lugar al consonante en asco.

Por fin, aunque el mismo sea tosco
y alguien por él me quiera armar un cisco
diciendo que no sé lo que me pesco,

yo puedo contestar con ceño fosco,
sin temer de la crítica el mordisco:
"Hice el soneto, ¡y me quedé tan fresco!  (José Campo Moreno)


VIII

EPÍSTOLA SATÍRICA Y CENSORIA CONTRA LAS COSTUMBRES PRESENTES DE LOS CASTELLANOS, ESCRITA A DON GASPAR DE GUZMÁN, CONDE DE OLIVARES, EN SU VALIMIENTO


No he de callar por más que con el dedo, 

ya tocando la boca o ya la frente, 
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente? 

¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? 
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que, libre, escandalice, 

puede hablar el ingenio, asegurado 
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado 

severo estudio y la verdad desnuda, 
y romper el silencio el bien hablado.

Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda, 

que es lengua la verdad de Dios severo, 
y la lengua de Dios nunca fue muda.

Son la verdad y Dios, Dios verdadero, 

ni eternidad divina los separa, 
ni de los dos alguno fue primero.

Si Dios a la verdad se adelantara, 

siendo verdad, implicación hubiera 
en ser, y en que verdad de ser dejara.

La justicia de Dios es verdadera, 

y la misericordia, y todo cuanto 
es Dios, todo ha de ser verdad entera.

Señor Excelentísimo, mi llanto 

ya no consiente márgenes ni orillas: 
inundación será la de mi canto.

Ya sumergirse miro mis mejillas, 

la vista por dos urnas derramada 
sobre las aras de las dos Castillas.

Yace aquella virtud desaliñada, 

que fue, si rica menos, más temida, 
en vanidad y en sueño sepultada.

Y aquella libertad esclarecida, 

que en donde supo hallar honrada muerte, 
nunca quiso tener más larga vida.

Y pródiga de l'alma, nación fuerte, 

contaba, por afrentas de los años, 
envejecer en brazos de la suerte.

Del tiempo el ocio torpe, y los engaños 

del paso de las horas y del día, 
reputaban los nuestros por extraños.

Nadie contaba cuánta edad vivía, 

sino de qué manera: ni aun un'hora 
lograba sin afán su valentía.

La robusta virtud era señora, 

y sola dominaba al pueblo rudo; 
edad, si mal hablada, vencedora.

El temor de la mano daba escudo 

al corazón, que, en ella confiado, 
todas las armas despreció desnudo.

Multiplicó en escuadras un soldado 

su honor precioso, su ánimo valiente, 
de sola honesta obligación armado.

Y debajo del cielo, aquella gente, 

si no a más descansado, a más honroso 
sueño entregó los ojos, no la mente.

Hilaba la mujer para su esposo 

la mortaja, primero que el vestido; 
menos le vio galán que peligroso.

Acompañaba el lado del marido 

más veces en la hueste que en la cama; 
sano le aventuró, vengóle herido.

Todas matronas, y ninguna dama: 

que nombres del halago cortesano 
no admitió lo severo de su fama.

Derramado y sonoro el Oceano 

era divorcio de las rubias minas 
que usurparon la paz del pecho humano.

Ni los trujo costumbres peregrinas 

el áspero dinero, ni el Oriente 
compró la honestidad con piedras finas.

Joya fue la virtud pura y ardiente; 

gala el merecimiento y alabanza; 
sólo se cudiciaba lo decente.

No de la pluma dependió la lanza, 

ni el cántabro con cajas y tinteros 
hizo el campo heredad, sino matanza.

Y España, con legítimos dineros, 

no mendigando el crédito a Liguria, 
más quiso los turbantes que los ceros.

Menos fuera la pérdida y la injuria, 

si se volvieran Muzas los asientos; 
que esta usura es peor que aquella furia.

Caducaban las aves en los vientos, 

y expiraba decrépito el venado: 
grande vejez duró en los elementos.

Que el vientre entonces bien diciplinado 

buscó satisfación, y no hartura, 
y estaba la garganta sin pecado.

Del mayor infanzón de aquella pura 

república de grandes hombres, era 
una vaca sustento y armadura.

No había venido al gusto lisonjera 

la pimienta arrugada, ni del clavo 
la adulación fragrante forastera.

Carnero y vaca fue principio y cabo, 

Y con rojos pimientos, y ajos duros, 
tan bien como el señor, comió el esclavo.

Bebió la sed los arroyuelos puros; 

de pués mostraron del carchesio a Baco 
el camino los brindis mal seguros.

El rostro macilento, el cuerpo flaco 

eran recuerdo del trabajo honroso, 
y honra y provecho andaban en un saco.

Pudo sin miedo un español velloso 

llamar a los tudescos bacchanales, 
y al holandés, hereje y alevoso.

Pudo acusar los celos desiguales 

a la Italia; pero hoy, de muchos modos, 
somos copias, si son originales.

Las descendencias gastan muchos godos, 

todos blasonan, nadie los imita: 
y no son sucesores, sino apodos.

Vino el betún precioso que vomita 

la ballena, o la espuma de las olas, 
que el vicio, no el olor, nos acredita.

Y quedaron las huestes españolas 

bien perfumadas, pero mal regidas, 
y alhajas las que fueron pieles solas.

Estaban las hazañas mal vestidas, 

y aún no se hartaba de buriel y lana 
la vanidad de fembras presumidas.

A la seda pomposa siciliana, 

que manchó ardiente múrice, el romano 
y el oro hicieron áspera y tirana.

Nunca al duro español supo el gusano 

persuadir que vistiese su mortaja, 
intercediendo el Can por el verano.

Hoy desprecia el honor al que trabaja, 

y entonces fue el trabajo ejecutoria, 
y el vicio gradüó la gente baja.

Pretende el alentado joven gloria 

por dejar la vacada sin marido, 
y de Ceres ofende la memoria.

Un animal a la labor nacido, 

y símbolo celoso a los mortales, 
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;

que un tiempo endureció manos reales, 

y detrás de él los cónsules gimieron, 
y rumia luz en campos celestiales,

¿por cuál enemistad se persuadieron 

a que su apocamiento fuese hazaña, 
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?

¡Qué cosa es ver un infanzón de España 

abreviado en la silla a la jineta, 
y gastar un caballo en una caña!

Que la niñez al gallo le acometa 

con semejante munición apruebo; 
mas no la edad madura y la perfeta.

Ejercite sus fuerzas el mancebo 

en frentes de escuadrones; no en la frente 
del útil bruto l'asta del acebo.

El trompeta le llame diligente, 

dando fuerza de ley el viento vano, 
y al son esté el ejército obediente.

¡Con cuánta majestad llena la mano 

la pica, y el mosquete carga el hombro, 
del que se atreve a ser buen castellano!

Con asco, entre las otras gentes, nombro 

al que de su persona, sin decoro, 
más quiere nota dar, que dar asombro.

Jineta y cañas son contagio moro; 

restitúyanse justas y torneos, 
y hagan paces las capas con el toro.

Pasadnos vos de juegos a trofeos, 

que sólo grande rey y buen privado 
pueden ejecutar estos deseos.

Vos, que hacéis repetir siglo pasado, 

con desembarazarnos las personas 
y sacar a los miembros de cuidado;

vos distes libertad con las valonas, 

para que sean corteses las cabezas, 
desnudando el enfado a las coronas.

Y pues vos enmendastes las cortezas, 

dad a la mejor parte medicina: 
vuélvanse los tablados fortalezas.

Que la cortés estrella, que os inclina 

a privar sin intento y sin venganza, 
milagro que a la invidia desatina,

tiene por sola bienaventuranza 

el reconocimiento temeroso, 
no presumida y ciega confianza.

Y si os dio el ascendiente generoso 

escudos, de armas y blasones llenos, 
y por timbre el martirio glorïoso,

mejores sean por vos los que eran buenos 

Guzmanes, y la cumbre desdeñosa 
os muestre, a su pesar, campos serenos.

Lograd, señor, edad tan venturosa; 

y cuando nuestras fuerzas examina 
persecución unida y belicosa,

la militar valiente disciplina 

tenga más platicantes que la plaza: 
descansen tela falsa y tela fina.

Suceda a la marlota la coraza, 

y si el Corpus con danzas no los pide, 
velillos y oropel no hagan baza.

El que en treinta lacayos los divide, 

hace suerte en el toro, y con un dedo 
la hace en él la vara que los mide.

Mandadlo así, que aseguraros puedo 

que habéis de restaurar más que Pelayo; 
pues valdrá por ejércitos el miedo, 
y os verá el cielo administrar su rayo  (Francisco de Quevedo)


IX

Tu crítica majadera

de los dramas que escribí,
Pedancio, poco me altera.
¡Más pesadumbre tuviera
si te gustaran a ti!  (Moratín)


X

Tan mal cantó el Pater noster

que nunca el coro entonado
respondió con más razón
sed libera nos a malo
Ite -dijo- missa est,
pero con tan poca gracia
que todos se hubieran ido,
aunque no se lo mandara.  (Francisco Gregorio de Salas)


XI

Si Isabel quiere corona

que se la hagan de viruta,
que la corona de España
no es para ninguna puta.   (Manuel del Palacio)



XII


Don Juan, don Juan yo te imploro

de tu hidalgo corazón.
Arráncame el corazón
o ámame, porque te adoro (José Zorrilla)


A la reina Isabel y Carlos Marfori


¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón:
métela sin dilación
que ya, por joder, me muero!


XIII

Pepita a Pepe le dio,

de su caja de rapé,
un polvo; él lo tomó
y, estornudando, exclamó:
¡Qué buen polvo tiene usted!


XIV

La mujer de Marcos Limo

(a la que he visto con varios)
cada vez que a ella me arrimo
me dice que uno es su primo...
¡Su... primo los comentarios!   (Marcial de los Ríos)



XV


Diálogo al vuelo cogido

en el baile de Menchaca:
"Oriénteme usted, querido;
¿quién es esa horrible vaca
que al pasar le ha sonreído?
-Se lo diré, caballero;
es doña Julia Terrón,
hija del duque de Ampuero,
y madre de este ternero
que está a su disposición.  (Manuel del Palacio)



XVI


Es muy sabio mi médico Medina:

canta bien, baila bien, es buen jinete,
maneja la pistola y el florete...
¡lástima que no sepa Medicina!


XVII

El marqués y su mujer

contentos quedan los dos.
Ella se fue a ver a Dios
y a él le vino Dios a ver.  (Álvaro Cubillo de Aragón)


XVIII

Yo prometo fusilaros

tan sutil y tan ligero,
que parezca que las balas
las ha disparado un beso.


XIX

Un teniente de la escala de reserva

con la polla abría latas de conserva;
y un sargento de un tabor de Regulares
con la picha hacía juegos malabares.
El capitán de la misma compañía
por más que lo intentaba, no podía.
Moraleja: en cuestiones de cojones,
la milicia no admite graduaciones (Camilo José Cela)



XX


Aquí yace un diputado

que de emoción se murió
porque, al ser interpelado,
se vio el pobre precisado
de contestar "sí" o "no"  (Mingote)



XXI


Mujer que al andar culea,

y al mirar los ojos mece,
yo no digo que lo sea,
pero sí que lo parece. (Camilo José Cela)



XXII


A los veinte, valiente.

A los treinta, prudente.
A los cuarenta, rico... o borrico.


XXIII

"Como prueba de mi afecto

y sincera admiración,
le dedica esta comedia
su devoto Camprodón."
¡Si los versos míos son
y la comedia es francesa!
¿Qué dedica Camprodón
a la señora marquesa? (Narciso Serra)



XXIV


Confieso con harto afán

y sentimiento profundo,
que soy lo más holgazán
que Dios ha puesto en el mundo   (Joaquín Abati)



XXV


Don Jacinto Benavente

ha estrenado Una señora,
y es lo que dice la gente:
-"¡Ya era hora, ya era hora!" (José Vicente Puente)



XXVI


(A José Vicente Puente)



Hace camas y comedias
pero con tan mala suerte,
que en las camas te despiertas
y en las comedias te duermes (Agustín de Foxá)


XXVII



Llamarte "fresca", pobre sonaría;
llamarte "zorra", no daría tu talla,
pues por puta te tienen las personas,
y llamarte "putísima", sería
como llamarle cerro al Himalaya,
como llamarle arroyo al Amazonas  (Juan Pérez Creus)



XXVIII


(Sobre José-Antonio Medrano)


Dos poemas en total

conozco de este poeta.
Siempre los recita mal,
pero son su obra completa  (Juan Pérez Creus)


XXIX

En la boda de Senén,

hubo pastas, dulces, frutas,
maricones y hasta putas.
¡En fin, que estuvo muy bien!


XXX

(A Néstor Alonso)


Lo primero el corazón

y lo segundo, el trasero;
como Alonso es maricón,
lo segundo es lo primero.


XXXI

Dime, Emilio Romero, por tu vida,

cuál será hogaño el sol que más caliente,
cuál el ministro más longuipotente,
cuál el árbol de sombra más tupida.

Díme como conjugas a medida
el pasado, el futuro y el presente:
cómo llevar, al que entra, la corriente;
cómo espolonearle a la salida.

Conservador tenaz, progre fecundo,
anteayer liberal, hoy socialista,
mañana reaccionario en un momento.

Emilio, cuando dejes este mundo,
no habrá perdido España un periodista:
¡España habrá perdido un Parlamento!  (Jaime Capmany)


XXXII

A un cortesano (de comienzos del siglo XIX)



Dicen que eres mudable, don Pepito,
que fuiste de Manolo cortesano,
soneteruelo del francés tirano
y de sus odres perennal mosquito;

que, mudando de altar, de culto y rito
fuiste, tras esto, muratista insano
y, para postres, del Nerón hispano
semanalmente adorador contrito.

Pero no dicen bien, el pueblo miente
ni menos hay razón por que afrentando
te esté y "traidor" y "apóstata" te llame.

Antes en eso mismo que insolente
te echa Madrid en cara estás mostrando
cuán firme has sido siempre en ser infame (Dionisio Solís)

XXXIII


Cuentan que en un instituto

un severo profesor
¿dónde se encuentra la albúmina?
a una alumna preguntó.

"En los huevos" le apuntaba

su amigo desde la reja;
pero la chica no osaba
repetir la palabreja.

Hasta que, al ver que el examen

iba hacia un fracaso fijo,
bajando la vista al suelo
"en los testículos" dijo.

"Sin pretender ser tan fina"

(le apuntaba el profesor)
"ya hubiera usted respondido
a mi sencilla cuestión".

Y entonces, la colegiala,

pasando de inhibiciones,
dijo que le daba corte
decir que era en los cojones  (Héctor Alarcón)


XXXIV

(A Alfonso Ussía)



Su soneto he leído verso a verso
y es notable en la métrica y la norma.
Música audaz. Bellísimo en la forma,
y en el fondo, intrépido y perverso  (Enrique Tierno Galván)


XXXV

Tú, Marica, hombre has de ser,

según tu dominio informa,
que quien tiene tal poder
de ningún género o forma
es género de mujer.

A tu gobierno extendido
nada el marido replica:
el sexo va confundido;
tú eres, Marica, el marido,
y tu marido el marica  (Francisco de la Torre)


XXXVI

Que yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela...
y resultó ser un tío
que por poco me la cuela.


XXXVII

UN VALENTÓN


Un valentón de espátula y gregüesco,

que a la muerte mil vidas sacrifica,
cansado del oficio de la pica,
mas no del ejercicio picaresco,

retorciendo el mostacho soldadesco,

por ver que ya su bolsa le repica,
a un corrillo llegó de gente rica,
y en el nombre de Dios pidió refresco.

"Den voacedes, por Dios, a mi pobreza

-les dice-; donde no; por ocho santos
que haré lo que hacer suelo sin tardanza!"

Mas uno, que a sacar la espada empieza,

"¿Con quién habla? -le dice al tiracantos-,
¡cuerpo de Dios con él y su crianza!

Si limosna no alcanza,

¿qué es lo que suele hacer en tal querella?"
Respondió el bravonel: "¡Irme sin ella! " (Miguel de Cervantes)

XXXVIII



A LA EDAD DE LAS MUJERES

De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco, y por la cuenta
gentil mujer de veinticinco a treinta.
¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!

De treinta a treinta y cinco no alboroza;
mas puédese comer con sal pimienta;
pero de treinta y cinco hasta cuarenta
anda en vísperas ya de una coroza.

A los cuarenta y cinco es bachillera,
ganguea, pide y juega del vocablo;
cumplidos los cincuenta, da en santera,

y a los cincuenta y cinco echa el retablo.
Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,
bruja y santera, se la lleva el diablo  (Francisco de Quevedo).


XXXIX

DESENGAÑO DE LAS MUJERES

Puto es el hombre que de putas fía,
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía.

Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.

Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado

si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas (Francisco de Quevedo)


XL

AL TÚMULO DEL REY FELIPE II EN SEVILLA


«¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!
Porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

»Por Jesucristo vivo, cada pieza

vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

»Apostaré que el ánima del muerto,

por gozar este sitio, hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente».

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto

cuanto dice voacé, seor soldado,
y el que dijere lo contrario miente».

Y luego, in continente,

caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada (Miguel de Cervantes)

XLI


A un soldado que se casó con mujer rica y puta



Podrá bien su liviandad
haceros de hombre carnero;
pero no su calidad
de villano caballero  (Juan Rufo)


XLII
     
            Duélete de esa puente, Manzanares;
            mira que dice por ahí la gente
            que no eres río para media puente,
            y que ella es puente para muchos mares.

            Hoy, arrogante, te ha brotado a pares
            húmedas crestas tu soberbia frente,
            y ayer me dijo humilde tu corriente
            que eran en marzo los caniculares.

            Por el alma de aquel que ha pretendido
            con cuatro onzas de agua de chicoria
            purgar la villa y darte lo purgado,

            me di, ¿cómo has menguado y has crecido,
            cómo ayer te vi en pena, y hoy en gloria?
            -Bebiome un asno ayer, y hoy me ha meado. (Luis de Góngora)



XLIII

  A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ

Érase un hombre a una nariz pegado, 

érase una nariz superlativa, 
érase una alquitara medio viva, 
érase un peje espada mal barbado;

Era un reloj de sol mal encarado; 

érase un elefante boca arriba, 
érase una nariz sayón y escriba, 
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera, 

érase una pirámide de Egito, 
las doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito, 

frisón archinariz, caratulera, 
sabañón garrafal morado y frito.

(variantes: verso 3: érase una alquitara pensativa; verso 13: "muchísimo nariz, nariz tan fiera" verso 14: "que, en la cara de Anás, fuera delito")



XLIV


Prefiere la hartura y sosiego mendigo a la inquietud magnífica de los poderosos

Mejor me sabe en un cantón la sopa,

y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico, que se engulle todo el mapa,
muchos años de vino en ancha copa.

Bendita fue de Dios la poca ropa,
que no carga los hombros y los tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien me sepa:
somos Píramo y Tisbe yo y mi pipa.

Más descansa quien mira que quien trepa;
regüeldo yo cuando el dichoso hipa,
él asido a Fortuna, yo a la cepa  (Francisco de Quevedo)


XLV

MUJER PUNTIAGUDA CON ENAGUAS

Si eres campana ¿dónde está el badajo? 
Si Pirámide andante, vete a Egito; 
si peonza al revés, trae sobrescrito; 
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

Si capitel ¿qué haces acá abajo? 
Si de disciplinante mal contrito, 
eres el cucurucho y el delito; 
llámente los cipreses arrendajo.

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas? 
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas;

si büida visión de San Antonio, 
llámate "Doña Embudo con guedejas"; 
si mujer, da esas faldas al demonio. (Francisco de Quevedo)


XLVI

Desnuda a la mujer de la mayor parte que la compone

Si no duerme su cara con Filena,
ni con sus dientes come, y su vestido
las tres partes le hurta a su marido
y la cuarta el afeite le cercena;

si entera con él come y con él cena,
mas, debajo del lecho mal cumplido 
todo su bulto esconde reducido
a chapinzanco y moño por almena,

¿por qué te espantas, Fabio, que abrazado
a su mujer la busque y la pregone,
si desnuda se halla descasado?

Si cuentas por mujer lo que compone
a la mujer, no acuestes a tu lado
la mujer, sino el fardo que se pone (Francisco de Quevedo)


XLVII

Epitafio de una dueña, idea también de todas.

Fue más larga que paga de tramposo;
más gorda que mentira de indïano;
más sucia que pastel en el verano;
más necia y presumida que un dichoso.

Más amiga de pícaros que el coso;
más engañosa que el primer manzano;
más que un coche alcahueta; por lo anciano,
más pronosticadora que un potroso.

Mas charla que una azuda y una alheña
y tuvo más enredos que una araña;
más humos que seis mil hornos de leña.

De mula de alquiler sirvió en España;
que fue buen noviciado para dueña,

y muerta pide, y enterrada engaña  (Francisco de Quevedo)


XLVIII

Felicidad barata y artificiosa del pobre

Con testa gacha toda charla escucho; 
dejo la chanza y sigo mi provecho; 
para vivir, escóndome y acecho, 
y visto de paloma lo avechucho. 

Para tener, doy poco y pido mucho; 
si tengo pleito, arrímome al cohecho; 
ni sorbo angosto ni me calzo estrecho: 
y cátame que soy hombre machucho. 

Niego el antaño, píntome el mostacho; 
pago a Silvia el pecado, no el capricho; 
prometo y niego: y cátame muchacho. 

Vivo pajizo, no visito nicho; 
en lo que ahorro está mi buen despacho: 
y cátame dichoso, hecho y dicho. (Francisco de Quevedo)


XLIX

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

Madre: yo al oro me humillo;
él es mi amante y mi amado,
pues, de puro enamorado,
de contino anda amarillo;
y pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero...

Poderoso caballero
es don Dinero.

Nace en las Indias honrado
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,

Poderoso caballero
es don Dinero.

Son sus padres principales
y es de nobles descendiente
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales.
Y pues es quien hace iguales
al rico y al pordiosero,

Poderoso caballero
es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
ver en su gloria sin tasa
(que es lo más ruin de su casa)
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
al cobarde y al guerrero,

Poderoso caballero
es don Dinero.

Es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que aun con estar hecho cuartos
no pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
al gañán y al jornalero,

Poderoso caballero
es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(mirad si es harto sagaz)
sus escudos en la paz
que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
y hace propio al forastero,

Poderoso caballero
es don Dinero  (Francisco de Quevedo)



L

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Enxiemplo de la propiedat que el dinero ha 

(Libro de buen amor, estrofas 490 a 527)

Mucho faz' el dinero, mucho es de amar: 

al torpe faze bueno e ome de prestar, 
faze correr al coxo e al mudo fablar, 
el que non tiene manos, dyneros quier' tomar.

Sea un ome nesçio e rudo labrador, 

los dyneros le fazen fidalgo e sabydor, 
quanto más algo tiene, tanto es de más valor; 
el que non ha dineros, non es de sy señor.

Sy tovyeres dyneros, avrás consolaçión, 

plazer e alegría e del papa ración, 
comprarás parayso, ganarás salvaçión: 
do son muchos dineros, es mucha bendiçión.

Yo vy allá en Roma, do es la santidat, 

que todos al dinero fazianl' omilidat, 
grand onrra le fazían con grand solenidat: 
todos a él se omillan como a la magestat.

Ffazíe muchos priores, obispos e abbades, 

arçobispos, dotores, patriarcas, potestades, 
e muchos clérigos nesçios dávales denidades. 
Ffacie verdat mentiras e mentiras verdades.

Ffazíe muchos clérigos e muchos ordenados, 

muchos monges e mongas, rreligiosos sagrados: 
el dinero les dava por byen esaminados; 
a los pobres dezían que non eran letrados.

Dava muchos juyzios, mucha mala sentencia: 

con malos abogados era su mantenençia, 
en tener malos pleitos e fer mal' abenencia; 
en cabo por dineros avya penitençia.

El dinero quebranta las cadenas dañosas, 

tyra çepos e grillos, presiones peligrosas; 
al que non da dineros, échanle las esposas: 
por todo el mundo faze cosas maravillosas.

Vy fazer maravillas a do él mucho usava: 

muchos meresçían muerte, que la vida les dava; 
otros eran syn culpa, que luego los matava: 
muchas almas perdía; muchas almas salvava.

Faze perder al pobre su casa e su vyña; 

sus muebles e rayces todo lo desalyña, 
por todo el mundo cunde su sarna e su tyña, 
do el dinero juzga, ally el ojo guiña.

Él faze cavalleros de neçios aldeanos, 

condes e ricos omes de algunos vyllanos; 
con el dinero andan todos omes loçanos, 
quantos son en el mundo, le besan oy las manos.

Vy tener al dinero las mayores moradas, 

altas e muy costosas, fermosas e pyntadas, 
castillos, heredades, villas entorreadas: 
al dinero servían e suyas eran conpradas.

Comía munchos manjares de diversas naturas, 

vistía nobles paños, doradas vestiduras, 
traya joyas preçiosas en vyçios e folguras, 
guarnimientos estraños, nobles cavalgaduras.

Yo vi a muchos monges en sus predicaçiones 

denostar al dinero e a sus temptaçiones; 
en cabo, por dyneros otorgan los perdones, 
asuelven los ayunos e fazen oraçiones.

Peroque lo denuestan los monges por las plaças, 

guárdanlo en convento en vasos e en taças: 
con el dinero cunplen sus menguas e sus raças: 
más condedijos tiene que tordos nin picaças.

Monges, clérigos e frayres, que aman a Dios servir, 

sy varruntan que el rrico está para moryr, 
quando oyen sus dineros, que comyençan rreteñir, 
quál dellos lo levará, comyençan a reñir.

Como quier que los faryres non toman los dineros, 

bien les dan de la çeja do son sus parçioneros; 
luego los toman prestos sus omes despenseros: 
pues que se dizen pobres, ¿qué quieren thessoreros?

Ally están esperando quál avrá el rrico tuero: 

non es muerto e ya dizen pater noster, ¡mal agüero! 
Como los cuervos al asno, quando le tiran el cuero: 
"cras nos lo levaremos, ca nuestro es por fuero".

Toda muger del mundo e dueña de alteza 

págese del dinero e de mucha riqueza: 
yo nunca vy fermosa que qisyese pobreza: 
do son muchos dineros, y es mucha nobleza.

El dinero es alcalle e juez mucho loado, 

éste es consejero e sotil abogado, 
Aguaçil e meryno, byen ardit, esforçado: 
de todos los ofiçios es muy apoderado.

En suma te lo digo, tómalo tú mejor: 

el dinero, del mundo es grand rrebolvedor, 
señor faze del syervo e del siervo señor, 
toda cosa del siglo se faze por su amor. 

Por dineros se muda el mundo a su manera, 

toda muger, codiçiosa del algo, es falaguera. 
Por joyas e dineros salyrá de carrera: 
el dinero quiebra peñas, fyende dura madera.

Derrueca fuerte muro e derriba grant torre, 

a coyta e a grand priessa el dinero acorre, 
non ha syervo cativo, que'l dinero non l'aforre: 
el que non tyene que dar, su cavallo non corre.

Las cosas que son graves fázelas de lygero: 

por ende a tu vieja sé franco e llenero, 
que poco o que mucho, non vaya syn logrero: 
non me pago de juguetes, do non anda dinero.

Sy algo non le dyeres, cosa mucha nin poca, 

sey franco de palabra, non le digas razón loca: 
quien no tiene miel en orça, téngala en la boca: 
mercader que esto faze, byen vende e byen troca.

Sy sabes estrumentos byen tañer e tocar, 

sy sabes e avienes, en fermoso cantar, 
a las vegadas, poco, en onesto lugar, 
do la muger te oya, non dexes de provar.

Sy una cosa sola a la muger non muda, 

muchas cosas juntadas façerte han ayuda: 
desque lo oye la dueña, mucho en ello cuyda, 
non puede ser que a tiempo a byen non te rrecuda.

Con una flaca cuerda non alçarás grand tranca, 

nin por un solo "¡harre!" non corre bestia manca, 
a la peña pesada non mueve una palanca; 
con cuños e almadanas poco a poco s'arranca.

Prueva fazer lygerezas e fazer balentía: 

quier lo vea o non, saberlo ha algund día; 
non será tan esquiva, que non ayas mejoría: 
non cansses de seguirla, vençerás su porfía.

El que la mucho sigue, el que la mucho usa, 

en el coraçón lo tiene, maguer se le escusa; 
peroque todo el mundo por esto le acusa, 
en este cuyda syenpre, por este faz' la musa.

Quanto es más sosañada, quanto es más corrida, 

quanto es más por ome magada e ferida, 
tanto más por él anda muerta, loca perdida: 
non cuyda ver la ora que con él sea yda.

Cuyda la madre cara que por la sosañar, 

por correrla e ferirla e por la denostar, 
que por ende será casta e la fará estar; 
estos son aguijones que la fazen saltar.

Devíe pensar su madre, quando era donçella, 

que su madre non quedava de ferirla e corrella, 
que más la ençendíe; pues devía por ella 
juzgar todas las otras e a su fija bella.

Toda muger nasçida es fecha de tal massa: 

lo que más le defienden, aquello ante passa, 
aquello la ençiende, aquello la traspassa; 
do non es tan seguida, anda floxa e lasa.

A toda cosa brava gran tienpo lo amanssa: 

la çierva montesyna mucho segida canssa, 
caçador, que la sigue, tómala quando descanssa: 
la dueña mucho brava usando se faz' manssa.

Por una vez del día, que el ome gelo pida, 

çient vegadas, de noche, de amor es rrequerida: 
doña Venus gelo pide por él toda su vyda, 
en lo que 'l mucho piden anda muy ençendida.

Muy blanda es el agua; mas dando en piedra dura, 

muchas vegadas dando faze grand cavadura; 
por grand uso el rrudo sabe grande letura: 
muger mucho seguida olvida la cordura.

Guárdete non te enbuelvas con la casamentera, 

donear non la quieras, ca es una manera, 
que perder te faría a la entendedera; 
una conblueça d' otra sienpre tyene dentera.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, 1320



LI

(A doña Justa Sánchez y don Diego de Tovar)



En nombre Justa, en obras pecadora,
santa del calendario de Cupido,
cuyos milagros tiene su marido
canonizado de paciencia agora.

Culpas absuelve, penitencias llora
del que es primo y al fin quizá marido,
libre manteo de vuelta guarnecido
que uno le paga y otro le desflora.

¿Qué dirá la corona del vïudo,
viendo que ha renovado don Jumento
el cuerno en este sábado y no santo?

Dirá que de mal término es cornudo
y que olvida el honor del regimiento,
y nosotros diremos otro tanto.

(Juan de Tassis y Peralta, II Conde de Villamediana)



LII

Diz que en Madrid enseñaba
cierto verdugo su oficio
no sé a qué aprendiz novicio,
y, viendo que no acertaba
(puesto sobre un espantajo
de paja) aquellas acciones
infames de sus liciones,
se echó la escalera abajo
diciéndole: "Andad, señor,
y, pues estáis desahuciado,
para oficio de hombre honrado
estudiad para doctor" (Tirso de Molina)



LIII
A una dama antigua, flaca y fea

Juan de Jáuregui

Cuando tus huesos miro
de piel tan flaca armados y cubiertos, 
señora, no me admíro 
desa tu liviandad y desconciertos; 
que es fuerza ser liviana 
quien es en todo la flaqueza humana. 

Cúlpote en una cosa, 
y es, que adornarte quieres y pulirte, 
creyendo ser hermosa, 
y tan difícil hallo el persuadirte 
para que no lo creas, 
como el hacer en algo que lo seas.

Pero quizá no en vano 
mi lengua te amonesta y aconseja, 
aunque el consejo sano 
tú debas darle, como anciana y vieja; 
pues por no parecerlo, 
pienso le has de tomar, y obedecerlo. 

¿Para qué persuades 
al mundo, que ha treinta años que naciste? 
Pues, a decir verdades,
habrá sus treinta y dos que envejeciste; 
y no solo eres vieja, 
mas la vejez en ti ya es cosa añeja. 

Hoy buscas matrimonio, 
y no hallarás, según tus calidades, 
marido en el demonio; 
porque después que mira tus fealdades, 
que agora yo deslindo, 
presume Satanás de airoso y lindo.

Mil años ha que hubiera, 
según tu edad, llevádote la muerte; 
mas cuando armada y fiera 
a ti se acerca y tu figura advierte, 
no llega ni te embiste, 
creyendo haber diez horas que moriste. 

Mas guárdate, no sea 
que ella, tal vez pagada de tu vista 
abominable y fea, 
te asalte y de tu cuerpo se revista, 
por ser los huesos tuyos 

más propios de la muerte que los suyos.


LIV

A un mal poeta

Aquí yace un poeta tropezón,

de diferentes trovas trujamán,
oyolas el gran turco Solimán
nueve veces cantar al zancarrón.
Atrevióse a pedir en Helicón
la plaza de lacayo de Titán;
oyó la culta lengua en Popayán
Nicaragua y las islas del Japón.
Salió más erudito que el rocín
o caballo Pegaso, y fue gran bien
el aprender a coces su latín.
Las musas le han tratado con desdén,
nuevas voces pedía el malandrín,
hecho de tus jornadas palafrén. (Alonso de Castillo y Solórzano)



LV

Francisco de Quevedo

A una mujer pequeña

Mi juguete, mi sal, mi niñería,
dulce muñeca mía,
dad atención a cuatro desvaríos
y sed sujeto de los versos míos...
pero sois tan nonada, que os prometo
que aún no sé si llegáis a ser sujeto.

     Dicen que un tiempo tan cobarde anduve
que por vos muerto estuve,
y yo digo de mí, que, si os quería,
por poquísima cosa me moría;
pero sé que, aunque me he visto loco,
que cuando os quise a vos, quise muy poco.

     La alma un tiempo os di; que da, señora
la alma quien adora;
pero hallábase en vos tan apretada,
que os la quité por verla maltratada,
y aún le dura el temor, y dice y piensa
que si no estuvo en pena, estuvo en prensa.

     Calabozo de la alma y tan estrecho
fue vuestro breve pecho,
que desde aquí mi sufrimiento admiro
y del vuestro me espanto, cuando miro
que aún vos tenéis la alma de rodillas,
si no es que entre las almas hay almillas.

     A cualquiera persona que es pequeña
¡oh linda mediodueña!
por el refrán le dicen castellano
que "desde el codo llega hasta la mano";
mas en vuestra medida el refrán peca,
que no llegáis del codo a la muñeca.

     Para un juego de títeres sois dama,
que no para la cama,
pues una vez que la merced me hicisteis
cuando menos pensaba que os perdisteis
y, dos horas después, envuelta en risa,
en un pliegue os hallé de la camisa.

     Dama del ajedrez, dama de cera,
dama de faltriquera,
si queréis ver ocultas vuestras faltas,
dejad de acompañar mujeres altas,
que malográis así vuestros deseos,
porque fuerais enana entre pigmeos.

     Pero quiero dejaros, mi confite,
mi dedo margarite,
mi diamante, mi aljófar, mi rocío,
(pues será no meteros desvarío)
que es una pulga poco más pequeña

y, si es que pica, dígalo una dueña.


LVI

Juan Ruiz, arcipreste de Hita

"De las propiedades que las dueñas chicas han"

Libro de buen amor

    Quiero abreviar la predicaçión,
que siempre me pagué de pequeño sermón,
e de dueña pequeña et de breve rasón,
ca poco et bien dicho afincase el corazón.
    Del que mucho fabla ríen, quien mucho ríe, es loco
es en la dueña chica amor et non poco,
dueñas hay muy grandes, que por chicas non troco,
mas las chicas e las grandes, se repienten del troco.
    De las chicas, que bien diga, el amor me fiso ruego,
que diga de sus noblesas, yo quiero las desir luego,
desirvos he de dueñas chicas, que lo avredes por juego.
Son frías como la nieve, e arden como el fuego.
    Son frías de fuera, con el amor ardientes,
en la calle solás, trevejo, plasenteras, rientes,
en casa cuerdas, donosas, sosegadas, bien fasientes,
mucho ál y fallaredes a do bien paredes mientes.
    En pequeña gergença yase grand resplandor,
en açúcar muy poco yase mucho dulçor,
en la dueña pequeña yase muy grand amor,
pocas palabras cumplen al buen entendedor.
    Es pequeño el grano de la buena pimienta,
pero más que la nues conorta et calienta,
así dueña pequeña, si todo amor consienta,

non ha plaser del mundo que en ella non sienta.
    Como en chica rosa está mucho color,
en oro muy poco grand preçio et grand valor,
como en poco blasmo yase grand buen olor,
ansí en dueña chica yase grand sabor.
    Como robí pequeño tiene mucha bondat,
color, virtud, e preçios, e noble claridad,
ansí dueña pequeña tiene mucha beldat,
fermosura, donayre, amor, et lealtad.
    Chica es la calandria, et chico el ruyseñor,
pero más dulçe canta, que otra ave mayor;
la muger, que es chica, por eso es mejor,
con doñeo es más dulçe, que açúcar nin flor.
    Son aves pequeñas papagayo e orior,
pero cualquier d'ellas es dulçe gritador,
adonada, fermosa, preçiada, cantador,
bien atal es la dueña pequeña con amor.
    De la muger pequeña non hay comparaçión,
terrenal parayso es, e grand consolaçión,
solás, et alegría, plaser, et bendiçión,
mejor es en la prueba, que en la salutaçión.
    Siempre qu'es muger chica más que grande nin mayor,
non es desaguisado del grand mal ser foidor,
del mal tomar, lo menos, díselo el sabidor,
por ende de las mugeres la mejor es la menor.


Juan Ruiz, arcipreste de Hita (Libro de Buen Amor)


LVII

Hurtáronle a un corcovado
una ropilla, y como era
hecha a su medida y como
para una tortuga hecha,
cuando echó menos el hurto
no hizo mayor diligencia
que decir contra el ladrón:
"¡Plegue a Dios que bien le venga!" (Álvaro Cubillo de Aragón)



LVIII

Conforma con la opinión
fray Tomás en lo discreto,
si explicara su conceto
sin obscura afectación;
y así le digo (después
de haber su plática oído)
que, siendo bien entendido,
bien entendido no es  (Miguel Moreno)



LIX

Epitafio a un poeta culto

Yace aquí un versificante
que con lenguaje no terso
gastaba en todo su verso
"candor", "sandalia" y "brillante";
en lo claro fue ignorante:
lo culto tuvo por guía;
entre confusión vivía,
tanto, que fue en tal abismo
tan obscuro que aun él mismo
no entendió lo que escribía  (Jacinto Alonso Maluenda)


LX

¿Bartolo no se casó
con Catalina y parió
a seis meses no cabales?
Y andaba con gran placer
diciendo: "¡Si tú lo vieses!
Lo que otra hace en nueve meses,
hace en cinco mi mujer." (Pedro Calderón de la Barca)



LXI

Yo me acuerdo cuando era
agravio el decirle a un hombre
"fullero" porque era nombre
que escucharse no debiera
sin mentís; pero, después
que a ser llegó habilidad,
agravio es con más verdad
decirle que no lo es  (Pedro Calderón de la Barca)


LXII
Yace aquí el mayor amigo
de Baco, y tan desgraciado,
que murió pasando el vado
a manos de su enemigo.
Su condición exquisita
fue tal, que, entrando en el templo,
aunque diera mal ejemplo,
nunca tomó agua bendita  (Pedro de Castro y Anaya)


LXIII

A una dama, habiendo sabido que eran cuatro sus amantes


Tres supe ayer que tenías
y hoy he sabido otro más;
niña... a esta cuenta tendrás
más longanizas que días.
Las mañas de treinta días
amor en tu pecho ha puesto;
pero... ya que estoy dispuesto
a entrar en tu laberinto,
pasaré por ser el quinto
para irme acercando al sexto (Antonio de Solís y Rivadeneyra)



LXIV

Saber sin estudiar


Admirose un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supiesen hablar francés.
"Arte diabólica es",
dijo, torciendo el mostacho,
"que para hablar en gabacho,
un fidalgo, en Portugal,
llega a viejo y lo habla mal;
y aquí lo parla un muchacho."

(Nicolás Fernández de Moratín)



LXV

Sacaron un pavo asado
en una opípara mesa
para que, en siendo trinchado,
como siempre se ha estilado,
tome cada cual su presa.
Al llegar la fuente a un payo
con albarca y borceguí,
volviéndose de soslayo,
dijo muy serio al lacayo:
"Eso es mucho para mí"  (Joaquín Lorenzo Villanueva)



LXVI

    Por una real provisión,
se ha mandado publicar
que la silla de cagar
se llame Napoleón.
    Por esta misma razón,
se dispone y se decreta
se publique por gaceta,
y en un capítulo aparte,
que se llame Bonaparte
todo común o secreta.


LXVII

¿Al primer asalto mía?
Por Dios que esto va, señora,
más pronto que yo quería;
si ha de durar más de un día,
resistid siquiera una hora  (Alberto Lista)


LXVIII

Negocia, gana, atesora,
economiza, aprovecha,
gastos y deseos estrecha,
deja el gozar por ahora.
Que el premio de tu cordura,
aunque hoy pases vida amarga,
será tenderte a la larga
mañana en la sepultura  (José Somoza y Muñoz)



LXIX

A un mal autor


Nos dices que tu librejo
se vende en casa de Bosch;
que allí se encuentra, es seguro;
pero que se vende, no  (Pablo de Jérica)



LXX

Al confesarse contrito
un banquero muy obeso,
con mucha prudencia y seso
le preguntó fray Benito:
"Dime, infeliz, ¿por qué robas?"
Y él respondía sin ganas:
"Padre: flaquezas humanas"
¡Y pesaba doce arrobas!  (Victoriano Martínez Muller)



LXXI

Francisco Martínez de la Rosa

El cementerio de Momo


"Aquí enterraron de balde
por no hallarle una peseta..."
-No sigas: era poeta.

Yace aquí un mal matrimonio,
dos cuñadas, suegra y yerno...
no falta sino el demonio
para estar junto el infierno.

Aquí yace un contador
que jamás erró una cuenta...
a no ser a su favor.

Aquí yace Don Matías,
acusado de tacaño,
que daba gratis al año
pésames, pascuas y días.

Aquí yace una soltera,
rica, hermosa y forastera,
que sordomuda nació...
¡Si la hubiera hallado yo!

Aquí yace un cortesano
que se quebró la cintura
un día de besamano.

¡Cuñados en paz y juntos!
No hay duda que están difuntos.

Aquí yace un alquimista
que en oro trocaba el cobre
y murió de puro pobre.

Aquí yace una beata
que no habló mal de ninguna
(perdió la lengua en la cuna).

Agua destila la piedra,
agua está brotando el suelo.
- ¿Yace aquí algún aguador?
- No, señor; un tabernero."

Aquí yaz o muy ilustre
senhor Jao Mozinho Souza
Carvalho Silva da Andrada...
(sobra nombre o falta losa)


LXXII

Su vida escribió Benito
a los siglos por venir.
Bien hizo el autor maldito...
que, si él no la hubiera escrito,
¿quién la había de escribir? (Bretón de los Herreros)



LXXIII

A varios amigos tronados


¡Esta turba famélica y bellaca
nunca se cansa de fumar de gorra!
¡Como al hebreo en tiempo de Gomorra
yo os maldigo, y mi furia no se aplaca!

¿A qué tanto pedirme la petaca?
¿Cómo quieres, hambrón, que te socorra?
¿Soy acaso estanquero, hijo de zorra?
¿Recibo yo bajeles de Guajaca?

¿Cómplice acaso soy del vicio ajeno?
Yo gano mi fumar con mi trabajo,
y en la aduana lo compro, malo o bueno.

Tú, que eres otro pobre calandrajo,
estate sin fumar, o chupa heno
o chúpate la punta del carajo  (Manuel Bretón de los Herreros)



LXXIV

¿Quieres er liberal? Ten entendido
que has de traer muy bien compuesto el pelo,
gran corbatín y cual el mismo cielo
de las lucientes botas el bruñido.

Con las damas serás muy atrevido:
habla de la creación con un gran celo
y, para gozar placeres sin recelo,
echa la religión luego al olvido.

Siempre "constitución" y "ciudadanos";
siempre "la ley" resonará en tu boca;
a los serviles llamarás "villanos",

"pancistas, pitancines, gente loca"
y serás sin empaño ni cohecho
un gran liberalón hecho y derecho.



LXXV

De lo que falta y sobra en España


Falta amor al Rey de reyes;
faltan actos de heroísmo;
falta respeto a las leyes;
y sobra favoritismo (...)
Falta lo que más recrea;
falta lo que es necesario;
falta lo que se desea
y sobra lo innecesario.

LXXVI

    Un escultor no afamado
pero de genio travieso
hizo un san Antón de yeso
poniendo su cerdo al lado.
    Y entrambos, en un renglón,
explicó prudente y cuerdo
cuál de los dos era el cerdo
y cuál de ellos san Antón  (Juan Martínez Villergas)



LXXVII

Una víbora picó
a Manuel Bretón, el tuerto.
-¿Murió Bretón? -No por cierto,
la víbora reventó  (Juan Martínez Villergas)



LXXVIII

Cuando Polonia del ruso
fue presa villanamente,
el buen Miró (don Clemente)
un poema la compuso;
mas quedó tan mal parada,
que el mismo autor escribió:
"Polonia, sacrificada
por don Clemente Miró"  (Juan Martínez de Villergas)



LXXIX

Dijo un tuerto a un jorobado
a quien vio al romper el alba:
-Muy pronto, amiguito mío,
camina usted con su carga.
-Temprano debe de ser
(respondió el otro con calma)
cuando tiene usted abierta
solamente una ventana  (Jerónimo Morán)



LXXX

Al marqués de Molins


Molins es un caballero
como hombre, poco simpático;
como literato, huero;
nulo como diplomático
y, como ministro, cero  (Salvador María Granés)


LXXXI

Tus Paralelos leí
y yo aplaudo tus desvelos,
por más que al leerlos ví
que, porque son para lelos,
deben de ser para ti  (Enrique Sierra Valenzuela)



LXXXII

Francamente, yo no sé
cómo algún lector sensato
no me pegó un puntapié
por necio y por mentecato  (Vital Aza)



LXXXIII

El último


Comer, beber, dormir en blando lecho,
buscar un necio que sus huellas siga,
creer modestamente a quien le diga
que es un hombre de estado hecho y derecho;

Exhibirse con aire satisfecho,
decir sandeces, admirar la intriga
y fingir del tribuno la fatiga
sin hacer nunca nada de provecho,

así logró medrar entre nosotros,
y así, lectores, medrarán algunos
que, de seguro, conocéis vosotros.

Juzgo, pues, por lo tanto, inoportunos
los insulsos retratos de esos otros,
que, a decir verdad, todos son uno.


LXXXIV

Con el poder de su elocuencia fiero
y de ingenio sutil haciendo alarde,
previene, a su pesar, que de él se guarde
quien un instante le juzgó sincero.

El modo de vencer busca mañero,
mas no llega a la lucha o llega tarde,
y sufre los tormentos del cobarde,
siempre envidiando al que llegó primero.

De urdir intrigas su ambición no para
y con empeño derribar procura
al jefe que la suerte le depara;

mas es vano su afán; que hasta natura,
porque nunca a los libres arrastrara,
previsora le dio cara de cura. París, 1930



LXXXV

Un pardon que nunca acaba,
un continuo s'il vous plait,
demasiado chauvinismo,
demasiada politesse,
porque yo nunca he podido
dire madame a la concierge (Francisco Vighi)



LXXXVI

¡Pemán! Poeta del engaño y la mentira,
que conduces un burro por Pegaso,
tus versos atormentan al Parnaso
y destrozan las cuerdas de la lira.

Al pasado tu numen se retira
y canta la barbarie y el atraso;
la maldita epopeya del fracaso
de una casta traidora que delira.

Latabroso poeta sin entraña,
que el obispo acompaña con la vela;
de la tierra sin luz polichinela

que pasas arrojando como araña,
como viejo patriota de cazuela,
tu veneno mortal a nuestra España ("Roger de Flor")


LXXXVII

Soneto a un mariscal de cuchara


(Tito)


Ancha cabeza, berrugosa y llena;
plena de surcos la grasienta cara;
mariscal, como Stalin, de cuchara,
que a tal llegó sin decisión ajena.

Más digno del grillete y la cadena
que de oprimir a una nación preclara,
su nombre hasta la hiena rechazara
si se oyese llamar como él la hiena.

Hombre vulgar, sin risa ni alegría,
por el rencor y el odio carcomido;
lleno, para el dolor, de sangre fría,
cambia el nombre más veces que el vestido.

Y, a fuerza de cambiarlo cada día,
él mismo descompone su apellido ("Athos")



LXXXVIII

Acróstico a Primo de Rivera


Paladín de la patria redimida,
recio soldado que pelea y canta,
ira de Dios, que cuando azota es santa,
místico rayo, que al matar es vida.

Otra es España a tu virtud rendida,
ella es feliz bajo tu noble planta,
solo el hampón, que en odio se amamanta,
blasfema ante tu frente esclarecida.

Otro es el mundo ante la España nueva,
rencores viejos de la edad medieva
rompió tu lanza, que a los viles trunca,

ahora está en paz tu grey bajo el amado
chorro de luz de tu inmortal cayado.
¡Oh, pastor santo! No nos dejes nunca!  (José-Antonio Balbotín)



LXXXIX

A los canónigos de Toledo


No me llamo Ana Lorenza,
que me llamo Lorenzana.
En México hice lo que quise
y aquí lo que me dé la gana.

(Cardenal Francisco Antonio de Lorenzana)

domingo, 13 de abril de 2008

Unamuno, de La Tía Tula

Llegó, por fin, una mañana en que se le desprendieron a Ramiro las escamas de la vista y, purificada ésta, vio claro con el corazón. Rosa no era una hermosura cual él se había creído y antojado, sino una figura vulgar, pero con todo el más dulce encanto de la vulgaridad recogida y mansa; era como el pan de cada día, como el pan casero y cotidiano, y no un raro manjar de turbadores jugos. Su mirada, que sembraba paz, su sonrisa, su aire de vida, eran encarnación de un ánimo sedante, sosegado y doméstico. Tenía su pobre mujer algo de planta en la silenciosa mansedumbre, en la callada tarea de beber y atesorar luz con los ojos y derramarla luego convertida en paz; tenía algo de planta en aquella fuerza velada y a la vez poderosa con que de continuo, momento tras momento, chupaba jugos de las entrañas de la vida común ordinaria y en la dulce naturalidad con que abría sus perfumadas corolas. ¡Qué de recuerdos! Aquellos juegos cuando la pobre se le escapaba y la perseguía él por la casa toda fingiendo un triunfo para cobrar como botín besos largos y apretados, boca a boca; aquel cogerle la cara con ambas manos y estarse en silencio mirándole al alma por los ojos y, sobre todo, cuando apoyaba el oído sobre el pecho de ella, ciñéndole con los brazos el talle, y escuchándole la marcha tranquila del corazón le decía: ¡Calla, déjale que hable!.

Unamuno, de En torno al casticismo

Recórrense a las veces leguas y más leguas desiertas, sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo o amarillea el rastrojo, alguna procesión monótona y grave de pardas encinas, de verde severo y perenne, que pasan lentamente espaciadas, o de tristes pinos que levantan sus cabezas uniformes. De cuando en cuando, a la orilla de algún pobre regato medio seco o de un río claro, unos pocos álamos, que en la soledad infinita adquieren vida intensa y profunda. De ordinario anuncian estos álamos al hombre: hay por allí algún pueblo, tendido en la llanura al sol, tostado por éste y curtido por el hielo, de adobes muy a menudo, dibujando en el azul del cielo la silueta de su campanario. En el fondo se ve muchas veces el espinazo de la sierra y, al acercarse a ella, no montañas redondas en forma de borona, verdes y frescas, cuajadas de arbolado, donde salpiquen al vencido helecho la flor amarilla de la árgoma y la roja del brezo. Son estribaciones huesosas y descarnadas peñas erizadas de riscos, colinas recortadas que ponen al desnudo las capas de terreno resquebrajado de sed, cubiertas cuando más de pobres hierbas, donde sólo levantan cabeza el cardo rudo y la retama desnuda y olorosa.

Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida

La mente busca lo muerto pues lo vivo se le escapa; quiere cuajar en témpanos la corriente fugitiva, quiere fijarla. Para analizar un cuerpo, hay que menguarlo o destruirlo. Para comprender algo hay que matarlo, enrigidecerlo en la mente. La ciencia es un cementerio de ideas muertas, aunque de ellas salga vida. También los gusanos se alimentan de cadáveres. Mis propios pensamientos tumultuosos y agitados en los senos de mi mente, desgajados de su raíz cordial, vertidos a este papel y fijados en él en formas inalterables, son ya cadáveres de pensamientos. ¿Cómo pues, va a abrirse la razón a la revelación de la vida? Es un trágico combate, es el fondo de la tragedia, el combate de la vida con la razón.

Pío Baroja, de Aurora roja

Sería una aurora sangrienta en donde a la luz de los incendios crujirá el viejo edificio social, sustentado en la ignominia y en el privilegio, y no quedaría de él ni ruinas, ni cenizas, y sólo un recuerdo de desprecio por la vida abyecta de nuestros miserables días. Sería el barro negro de las Injurias y de las Cambroneras, que ahogaría a los ricos, la venganza justa contra las clases directoras, que hacían del Estado una policía para salvar sus intereses, obtenidos por el robo y la explotación, que hacían del Estado un medio de calmar a tiros el hambre de los desesperados.

Baroja, de La Busca

A oscuras anduvieron el Bizco y Manuel de un lado a otro, explorando los huecos de la Montaña, hasta que una línea de luz que brotaba de una rendija de la tierra les indicó una de las cuevas. Se acercaron al agujero; salía del interior un murmullo interrumpido de voces roncas. A la claridad vacilante de una bujía, sujeta en el suelo entre dos piedras, más de una docena de golfos, sentados unos, otros de rodillas, formaban un corro jugando a las cartas. En los rincones se esbozaban vagas siluetas de hombres tendidos en la cama. Un vaho pestilente se exhalaba del interior del agujero....Manuel pensó haber visto algo parecido en la pesadilla de una fiebre. (...)

Era la Corrala un microcosmos, se decía que puestos en hilera los vecinos llegarían desde el arroyo de Embajadores a la plaza del Progreso; allí había hombres que lo eran todo y que no eran nada: medio sabios, medio herreros, medio carpinteros, medio albañiles, medio comerciantes y medio ladrones. (...)

Era, en general, toda la gente que allí habitaba gente descentrada, que vivía en el continuo aplanamiento producido por la eterna o irremediable miseria; muchos cambiaban de oficio, como un reptil de piel; otros no lo tenían; algunos peones de carpintero, de albañil, a consecuencia de su falta de iniciativa, de comprensión y de habilidad, no podían pasar de peones, había también gitanos, esquiladores de mulas y de perros, y no faltaban cargadores, barberos ambulantes y saltimbanquis.

Pedro Antonio de Alarcón, Piropos de la Molinera, en El sombrero de tres picos

Admirábanla, sí, y requebrábanla en ocasiones, lo mismo los frailes que los caballeros, los canónigos que los golillas, como un prodigio de belleza que adornaba a su Criador, y como una diablesa de travesura y coquetería, que alegraba inocentemente los espíritus más melancólicos. "es un hermoso animal", solía decir el virtuoso Prelado. "Es una estatua de la antigüedad helénica", observaba un abogado muy erudito, Académico correspondiente de la Historia. "es la propia estampa de Eva", prorrumpía el Prior de los Franciscanos. "Es una real moza", exclamaba el Coronel de milicias. Es una sierpe, una sirena, ¡un demonio!, añadía el Corregidor.

Benito Pérez Galdós, Nazarín

El portal del edificio era como de mesón, ancho, con todo el revoco desconchado en mil fantásticos dibujos, dejando ver aquí y allí el hueso de la pared desnuda y con una faja de suciedad a un lado y otro, señal del roce continuo de personas más que de caballerías. Un puesto de bebidas —botellas y garrafas, caja de polvoriento vidrio llena de azucarillos y asediada de moscas, todo sobre una mesa cojitranca y sucia—, reducía la entrada a proporciones regulares. El patio, mal empedrado y peor barrido, como el portal, y con hoyos profundos, a trechos hierba raquítica, charcos, barrizales o cascotes de pucheros y botijos, era de una irregularidad más que pintoresca, fantástica. El lienzo del Sur debió de pertenecer a los antiguos edificios del corral famoso; lo demás, de diferentes épocas, pudiera pasar por una broma arquitectónica: ventanas que querían bajar, puertas que se estiraban para subir, barandillas convertidas en tabiques, paredes rezumadas por la humedad, canalones oxidados y torcidos, tejas en los alféizares, planchas de cinc claveteadas sobre podridas maderas para cerrar un hueco, ángulos chafados, paramentos con cruces y garabatos de cal fresca, caballetes erizados de vidrios y cascos de botellas para amedrentar a la ratería; por un lado, pies derechos carcomidos sustentando una galería que se inclina como un barco varado; por otro, puertas de cuarterones con gateras tan grandes que por ellas cabrían tigres si allí los hubiese; rejas de color de canela; trozos de ladrillo amoratado, como coágulos de sangre; y, por fin, los escarceos de la luz y la sombra en todos aquellos ángulos cortantes y oquedades siniestras. (...)Subimos, al fin, deseando ver todos los escondrijos de la extraña mansión, guarida de una tan fecunda y lastimosa parte de la Humanidad, y en un cuartucho, cuyo piso de rotos baldosines imitaba en las subidas y bajadas a las olas de un proceloso mar, vimos a Estefanía, en chancletas, lavándose las manazas, que después se enjugó en su delantal de arpillera; la panza voluminosa, los brazos hercúleos, el seno emulando en proporciones a la barriga y cargando sobre ella, por no avenirse con apreturas de corsé, el cuello ancho, carnoso y con un morrillo como el de un toro, la cara encendida y con restos bien marcados de una belleza de brocha gorda, abultada, barroca, llamativa, como la de una ninfa de pintura de techos, dibujada para ser vista de lejos, y que se ve de cerca.

Juan Valera, Pepita Jiménez

Como salí de aquí tan niño y he vuelto hecho un hombre, es singular la impresión que me causan todos estos objetos que guardaba en la memoria. Todo me parece más chico, mucho más chico, pero también más bonito que el recuerdo que tenía. La casa de mi padre, que en mi imaginación era inmensa, es sin duda una gran casa de un rico labrador, pero más pequeña que el Seminario. Lo que ahora comprendo y estimo mejor es el campo de por aquí. Las huertas, sobre todo son deliciosas. ¡Qué sendas tan lindas hay entre ellas! A un lado, y tal vez a ambos, corre el agua cristalina con grato murmullo. Las orillas de las acequias están cubiertas de hierbas olorosas y de flores de mil clases. En un instante puede uno coger un gran ramo de violetas. Dan sombra a estas sendas pomposos y gigantescos nogales, higueras y otros árboles, y forman los vallados la zarzamora, el rosal, el granado y la madreselva. (...)

He pensado muchas veces sobre dos métodos opuestos de educación: el de aquéllos que procuran conservar la inocencia, confundiendo la inocencia con la ignorancia y creyendo que el mal no conocido se evita mejor que el conocido, y el de aquéllos que, valerosamente y no bien llegado el discípulo a la edad de la razón, y salva la delicadeza del pudor, le muestran el mal en toda su fealdad horrible y en toda su espantosa desnudez, a fin de que le aborrezca y le evite. Yo entiendo que el mal debe conocerse para estimar mejor la infinita bondad divina, término ideal e inasequible de todo bien nacido deseo. Yo agradezco a usted que me haya hecho conocer, como dice la Escritura, con la miel y la manteca de su enseñanza, todo lo malo y todo lo bueno, a fin de reprobar lo uno y aspirar a lo otro, con discreto ahínco y con pleno conocimiento de causa. Me alegro de no ser cándido y de ir derecho a la virtud, y en cuanto cabe en lo humano, a la perfección, sabedor de todas las tribulaciones, de todas las asperezas que hay en la peregrinación que debemos hacer por este valle de lágrimas y no ignorando tampoco lo llano, lo fácil, lo dulce, lo sembrado de flores que está, en apariencia, el camino que conduce a la perdición y a la muerte eterna. (...)

Y, sin embargo, no sé qué extraño temor, qué singular escrúpulo, qué apenas perceptible e indeterminado remordimiento me atormenta ahora, cuando tengo, como antes, como en otros días de mi juventud, como en la misma niñez, alguna efusión de ternura, algún rapto de entusiasmo, al penetrar en una enramada frondosa, al oír el canto del ruiseñor en el silencio de la noche, al escuchar el pío de las golondrinas, al sentir el arrullo enamorado de la tórtola, al ver las flores o al mirar las estrellas. Se me figura a veces que hay en todo esto algo de delectación sensual, algo que me hace olvidar, por un momento al menos, más altas aspiraciones. No quiero yo que en mí el espíritu peque contra la carne; pero no quiero tampoco que la hermosura de la materia, que sus deleites, aun los más delicados, sutiles y aéreos, aun los que más bien por el espíritu que por el cuerpo se perciben, como el silbo delgado del aire fresco cargado de aromas campesinos, como el canto de las aves, como el majestuoso y reposado silencio de las horas nocturnas, en estos jardines y huertas, me distraigan de la contemplación de la superior hermosura, y entibien ni por un momento, mi amor hacia quien ha creado esta armoniosa fábrica del mundo.

Quevedo, Los padres de Pablos

-Quien no hurta en el mundo, no vive. ¿Por qué piensas que los alguaciles y jueces nos aborrecen tanto? Unas veces nos destierran, otras nos azotan y otras nos cuelgan..., no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas). Porque no querrían que donde están hubiese otros ladrones sino ellos y sus ministros. Mas de todo nos libró la buena astucia. En mi mocedad siempre andaba por las iglesias, y no de puro buen cristiano. Muchas veces me hubieran llorado en el asno si hubiera cantado en el potro. Nunca confesé sino cuando lo mandaba la Santa Madre Iglesia. Preso estuve por pedigüeño en caminos y a pique de que me esteraran el tragar y de acabar todos mis negocios con diez y seis maravedís: diez de soga y seis de cáñamo. Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones. Y con esto y mi oficio, he sustentado a tu madre lo más honradamente que he podido. -¿Cómo a mí sustentado? -dijo ella con grande cólera. Yo os he sustentado a vos, y sacádoos de las cárceles con industria y mantenídoos en ellas con dinero. Si no confesábades, ¿era por vuestro ánimo o por las bebidas que yo os daba? ¡Gracias a mis botes! Y si no temiera que me habían de oír en la calle, yo dijera lo de cuando entré por la chimenea y os saqué por el tejado.

Titán, de Lope de Vega

TITÁN.

¿En qué interno lugar, en qué caverna
del centro obscuro he yo vivido oculto,
que ignoro el ser que me acompaña y rige?
¡Cielos! ¿Quién soy? ¿Quién me gobierna y manda?
¿En qué regiones del abismo inmenso
he tenido lugar, o de qué suerte
he sido alimentado ¡oh etéreo solio!
que en cumbres de zafir tienes asiento?
¡Declárame la duda de mi vida
para que deste laberinto salga!
Yo conozco las causas más ocultas;
infiero el movimiento de los cielos,
los astros, los planetas... y en la tierra
hago parar los aires y del fuego
mudar el natural; los elementos
admiran el principio de mi aliento;
el planeta mayor, que las celestes
cumbres esmalta con doradas lumbres,
hago que se suspenda en su carrera,
y en la primera esfera haré a la Luna
su natural mudanza se detenga.
¡Yo, que tengo noticia de las ciencias,
con tantas experiencias lo sé todo,
mas no he sabido el modo cómo pueda
saber quién soy! Excede mi tormento
el fabuloso cuento del que al cielo
lleva el peñasco loco en su desvelo:
que, pues es la verdad lo que en mí veo,
en vano es mi deseo; que sin duda
yo soy el mismo Dios, pues una causa
reconocen las causas más remotas,
y esta causa he de ser, pues no hay alguna
que se iguale al valer de mi fortuna.
¡Oh mar, oh fuego, oh aire, oh madre tierra!
Si no soy su hacedor, ¿por qué me niega
que ignore el ser que ser me ha dado,
porque pueda salir deste cuidado?

De El Anticristo de Lope de Vega.

Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache

Hay diferencia entre buena voluntad, amistad y amor. Buena voluntad es la que puedo tener al que nunca vi ni tuve del otro conocimiento que oír sus virtudes o nobleza, o lo que pudo y bastó moverme a ello. Amistad llamamos a lo que comúnmente nos hacemos tratando y comunicando o por prendas que corren de por medio. De manera, que a la buena voluntad se dice entre ausentes y amistad entre presentes. Pero amor corre por otro camino. Ha de ser forzosamente recíproco, traslación de dos almas, que cada una dellas asista más donde ama que adonde anima. Éste es más perfecto, cuanto lo es el objeto; y el verdadero, el divino. Así debemos amar a Dios sobre todas las cosas, con todo nuestro corazón y de todas nuestras fuerzas, pues Él nos ama tanto. Después déste, el conyugal y del prójimo. Porque el torpe y deshonesto no merece ni es digno deste nombre como bastardo. Y de cualquier manera, donde hubiere amor, ahí estarán los hechizos, no hay otros en el mundo. Por él se truecan condiciones, allanan dificultades y doman fuertes leones. Porque decir que hay bebedizos o bocados para amar, es falso. Y lo tal sólo sirve de trocar el juicio, quitar la vida, solicitar la memoria, causar enfermedades y graves accidentes. El amor ha de ser libre. Con libertad ha de entregar las potencias a lo amado; que el alcaide no da el castillo cuando hay fuerzas que se lo quitan, y el que amase por malos medios no se le puede decir que ama, pues va forzado adonde no le lleva su libre voluntad.

Goethe, Werther

Wilhem, ¿qué sería sin amor el mundo para nuestro corazón? Una linterna mágica sin luz. Apenas pones la lamparilla aparecen sobre tu blanca pared imágenes de todos los colores. Y aun cuando no fueran más que eso, fantasmas pasajeros, constituyen nuestra felicidad si los contemplamos como niños pequeños y nos extasiamos ante esas maravillosas apariciones. Hoy no he podido ver a Lotte, me retuvo una visita ineludible. ¿Qué hacer?. Le envié mi criado solamente por tener a mi alrededor alguien que hoy hubiera estado cerca de ella. Con que impaciencia le estuve esperando, con que alegría volví a verlo. Si no me hubiera dado vergüenza me habría gustado tomar su cabeza y la habría besado. Cuentan de la piedra de Bolonia que si se la pone al sol absorbe rayos y resplandece algún tiempo durante la noche. Lo mismo me sucedió a mí con el criado. La sensación de los ojos de ella se habían posado en su rostro, en sus mejillas, en sus botones y en el cuello de su casaca ¡hacíamelo tan sagrado, tan valioso!. En aquel instante no hubiera cambiado mi criado por mil táleros. ¡Me sentía tan a gusto en su presencia...! Dios te libre de reírte. Wilhem , ¿será la felicidad producto de la fantasía?.

De Goethe, Werther

Muchas veces se ha dicho que la vida humana no es más que un sueño, y no puedo desechar de mí esta idea. Cuando considero los estrechos límites en que están encerradas las facultades intelectuales del hombre; cuando veo que la meta de nuestros esfuerzos estriba en satisfacer nuestras necesidades, que éstas sólo tienden a prolongar una existencia efímera y que toda la tranquilidad sobre ciertos puntos de nuestras investigaciones no es otra cosa que una resignación meditabunda, ya que nos entretenemos en bosquejar deslumbradoras perspectivas y figuras abigarradas en los muros que nos aprisionan... Todo esto, Guillermo, me hace enmudecer. Me reconcentro en mí mismo y hallo un mundo dentro de mí; pero un mundo más poblado de presentimientos y de deseos sin formular, que de realidades y de fuerzas vivas. Y entonces mis sentidos se nublan y sigo por el mundo con mi sonrisa de ensueño