domingo, 6 de septiembre de 2020

Elegía de Marienbad, Goethe

¿Qué puedo yo esperar de este reencuentro,

del capullo inflorecido de este día?

Infierno y Paraíso están abiertos.

Mi corazón vacila entre uno y otro.

Pero ¡fuera las dudas! si ella viene

y en sus brazos al cielo me levanta.


Así, pues, sí se te abre el Paraíso,

donde eterna es la vida y la belleza;

deseos y esperanzas se te colman,

que no es posible allí mayor el ansia,

pues contemplando su única belleza

quedó seca la fuente de las lágrimas.


Con sus alas veloces corre el día

y pasan atropellados los minutos.

Al caer la tarde me besó entregada

y otro beso mañana me dará.

Las horas se parecen como hermanas,

pero en verdad distinta es cada una.


Pero este beso último ha segado

con crueldad y dulzura mis amores.

En el mismo umbral mis pasos dudan,

donde un ángel me expulsa con su fuego.

Mis ojos miran ya senda sombría,

que la puerta celestial se me ha cerrado.


Y  el corazón en sí mismo se repliega,

como si nunca abierto hubiera estado,

o como si en el cielo las estrellas

nunca hubieran sentido su reflejo,

angustias y reproches ya le ahogan

y una oprimente atmósfera respira.


¿Es que el mundo no rueda? ¿Ya las rocas

no dan su santa sombra, o las cosechas

no maduran? ¿Los prados no se extienden

junto al río entre arbustos y matojos?

¿El universo mundo ya no acoge

en su esférica forma a tantos seres?


Qué clara y qué ligera, con sus rizos,

entre las nubes en coro, como un ángel,

su figura la viste sobre el cielo,

surgiendo de un perfume que no olvidas

como entonces, cuando en el baile

era la de más encanto entre las jóvenes.


Empero solo un momento a la quimera

de esta imagen etérea ya te entregas.

Dentro del corazón la ves más clara.

Allí muchas y ella misma es siempre

y de todas las formas y maneras

adorable resulta y siempre amada.


Aún la recuerdo allí, junto a mi umbral,

colmándome de dicha; y que, al marcharme,

aún volvió a despedirse, y a aquel último

beso aún dejó un último en mis labios:

como con fuego se quedó grabada

esta imagen de amor en mi memoria.


Mi corazón levanta firmes muros

para guardarse, pero guardan esa imagen

que su alegría esparce en cada hora;

nada sabe de sí, cuando ella calla,

libre se siente entre tan fuertes lazos

y sólo late para agradecerlo.


Si ya mi corazón sintió algún día

que el amor se alejaba para siempre,

ahora, de nuevo, gozo y esperanza

siento al tomar jubilosas decisiones.

Si es el amor el que al amante inspira,

nadie hay más inspirado que yo mismo.


¡Y todo a causa de ella! Porque a veces

la zozobra inunda cuerpo y alma

y terribles visiones nos rodean,

al en torno mirar el corazón vacío.

Mas ya apunta de nuevo la esperanza

si ella a aquellos umbrales ahora asoma.


La paz de Dios -enseñan- más felices

nos vuelve aquí en la Tierra que la fría

razón desconsolada; pero yo

esa paz la he encontrado en la presencia

tranquila de la amada, cuando siento

que a ella pertenezco, y para siempre.


En el fondo del alma siempre existe

el ansia de ofrecerse libremente

a lo que no sabemos, puro y claro,

cuyo nombre ignoramos; y creemos

que ser buenos en ese afán consiste.

Y yo era bueno si con ella estaba.


Tu mirada era el sol que derretía,

el aire en primavera era tu aliento,

que toda frialdad fundiendo barre.

De su invernal caverna al egoísmo

tu calor lo rescata y ya no queda

ni un resto de amor propio vano y terco.


Y podrías decirme: «Cada hora

es un regalo amable de la vida.

Apenas un recuerdo es lo pasado;

lo futuro, imposible es conocerlo.

Sentí miedo en la hora del crepúsculo,

pero al caer la noche, alegre estaba.


Por eso, haz como yo: mira el presente,

míralo con prudencia y nada aplaces.

Corre alegre a su encuentro, a los trabajos

entrégate del todo y al amor,

que así serás el centro donde estés,

como un niño obstinado e invencible.»


Puedes hablar así -yo me decía-

porque algún dios te concedió su gracia

y todo el que disfruta tu presencia

se siente un elegido de los dioses.

Pero, si alguna vez de ti me apartan,

¿de qué me servirá tu buen consejo?


Pues bien, ya ahora estoy lejos. ¿Qué he de hacer?

No lo sé, la verdad. Y eso que sobran

motivos de belleza en mi contorno.

Pero más me deprimen que me alientan:

una nostalgia me envenena el alma

y tan sólo en llorar hallo consuelo.


Que brote el llanto, pues, aunque las lágrimas

nunca apaguen cuando arde adentro.

Con aparente calma, me desgarran

vida y muerte el pecho sin descanso.

Yerbas habrá que el cuerpo curen, pero

no para un alma que no espera nada.


Si su imagen me falta ¿qué haré yo?

Recrearla mil veces, bondadosa

o esquiva, y entregada y vacilante,

llena de luz, de oscuridad cubierta.

Pero este ir y venir, confuso y vano,

¿podrá sanarme acaso de mi mal?


* * *


Dejadme aquí, mis fieles compañeros,

al borde del camino, entre las rocas.

Seguid vosotros descubriendo el mundo,

la vastedad del Cielo y de la Tierra.

Atentos a sus mínimos detalles,

desvelaréis secretos y misterios.


Que el mundo y yo caminos diferentes

seguiremos, por más que un día los dioses

su elegido me hicieran. Pero hoy

a prueba me pusieron, y el regalo

envenenado de Pandora tuve.

Unos labios besé, que me rechazan;

veneno dulce con que me han matado.


Traducción retocada de Enrique Baltanás.

sábado, 15 de agosto de 2020

Alonso de Ercilla, La Araucana. Arenga de Colocolo, canto II

Voltaire elogió esta arenga, que le parecía superior a las de Néstor en la Iliada de Homero:

Tomé y otros caciques se metieron

en medio destos bárbaros de presto,

y con dificultad los despartieron,

que no hicieron poco en hacer esto:

de herirse lugar aún no tuvieron,

y en voz airada, ya el temor pospuesto,

Colocolo, el cacique más anciano,

a razonar así tomó la mano:


"Caciques, del Estado defensores,

codicia de mandar no me convida

a pesarme de veros pretensores

de cosa que a mí tanto era debida;

porque, según mi edad, ya veis, señores,

que estoy al otro mundo de partida;

mas el temor que siempre os he mostrado,

a bienaconsejaros me ha incitado.


¿Por qué cargos honrosos pretendemos

y ser en opinión grande tenidos

pues que negar al mundo no podemos

haber sido sujetos y vencidos?

Y en esto averiguarnos no queremos

estando aún de españoles oprimidos:

mejor fuera esa furia ejecutalla,

contra el fiero enemigo en la batalla.


"¿Qué furor es el vuestro, oh araucanos!

que a perdición os lleva sin sentillo?

¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,

y no contra el tirano en resistillo?

Teniendo tan a golpe a los cristianos,

¿volvéis contra vosotros el cuchillo?

Si gana de morir os ha movido,

no sea en tan bajo estado y abatido.


"Volved las armas y ánimo furioso

a los pechos de aquellos que os han puesto

en dura sujeción, con afrentoso

partido, a todo el mundo manifiesto;

lanzad de vos el yugo vergonzoso,

mostrad vuestro valor y fuerza en esto:

no derraméis la sangre del Estado

que para redimirnos ha quedado.


"No me pesa de ver la lozanía

de vuestro corazón, antes me esfuerza;

mas temo que esta vuestra valentía

por mal gobierno el buen camino tuerza;

que, vuelta entre nosotros la porfía,

degolléis vuestra patria con su fuerza:

cortad, pues, si ha de ser desa manera,

esta vieja garganta la primera.


"Que esta flaca persona, atormentada

de golpes de fortuna, no procura

sino el agudo filo de una espada,

pues no la acaba tanta desventura.

Aquella vida es bien afortunada

que la temprana muerte la asegura;

pero, a nuestro bien público atendiendo,

quiero decir en esto lo que entiendo.


"Pares sois en valor y fortaleza;

el cielo os igualó en el nacimiento;

de linaje, de estado y de riqueza

hizo a todos igual repartimiento;

y en singular por ánimo y grandeza

podéis tener del mundo el regimiento:

que este gracioso don, no agradecido,

nos ha al presente término traído.


"En la virtud de vuestro brazo

espero que puede en breve tiempo remediarse;

mas ha de haber un capitán primero,

que todos por él quieran gobernarse;

este será quien más un gran madero

sustentare en el hombro sin pararse;

y pues que sois iguales en la suerte,

procure cada cual de ser más fuerte".

sábado, 18 de julio de 2020

Alexándr Pushkin, Poemas

I

Renacimiento

Un artista bárbaro de débil pincel
ennegrece la pintura de un genio
y, sin justeza, lo cubre
con su propio dibujo ilegítimo.

Pero, al pasar los años, los colores extraños
se desprenden como escamas raídas;
la creación del genio emerge 
ante nosotros, en su antigua belleza.

Así desaparecen las ilusiones
de mi alma atormentada
y en  ella reaparecen visiones
de tiempos primigenios e inocentes.

Художник-варвар кистью сонной
Картину гения чернит
И свой рисунок беззаконный
Над ней бессмысленно чертит.

Но краски чуждые с летами
Спадают ветхой чешуёй;
Созданье гения пред нами
Выходит с прежней красотой.

Так исчезают заблужденья
С измученной души моей,
И возникают в ней виденья
Первоначальных, чистых дней

II

El Profeta (1826)

Atormentado por la sed del espíritu
me arrastraba por un desierto oscuro.
Y un serafín de seis alas
apareció ante mí en un cruce de caminos.

Me tocó los ojos
con dedos tan leves como un sueño.
Y mis ojos se abrieron a la profecía
como los de un águila asustada.

Me tocó los oídos
y se llenaron de ruido y de alaridos
y oí estremeciéndose a los cielos
y en las alturas el vuelo de los ángeles
y el paso de las bestias del mar bajo las aguas
y el sonido de la vid que crece en el valle.

Se inclinó hacia mi boca
y me arrancó la lengua
pecadora, indecente y dada a charla inútil;
con la mano derecha empapada en sangre
me insertó la lengua de una sabia serpiente
en mi boca entumecida.

Él atravesó mi pecho con su espada,
arrancó mi corazón tembloroso
y me puso una brasa de fuego vivo
en mi pecho abierto.

Como un cadáver yacía en el desierto.
Y me llamó la voz de Dios:
“¡Levántate, oh profeta! Mira y oye,
llénate de mi voluntad,
marcha adelante sobre tierra y mar
y entrega con mi palabra tu corazón al fuego”.

III

Oda a la libertad (1817; supuso al poeta marchar al exilio: no gustó a a Alejandro I)

¡Huye, apártate de mis ojos,
diosa del amor de opaca majestad!
¡Dónde estás, horror del poderoso,
cantora altiva de la Libertad!
¡Quita el laurel de mi cabeza,
rompe mi delicada lira; quiero
cantar la Libertad al mundo entero
y en el trono ahogar tanta vileza!

Señálame el noble camino
de aquel sublime Galo excelso, (1)
a quien tú misma en su fatal destino
le inspirabas tan valientes versos.
Sólo por Destino veleidoso ungidos
¡tiemblen de este mundo los tiranos!
y ustedes:¡valor, de pie, hermanos,
levántense, esclavos oprimidos!

¡Ay, por doquier que el sol alumbre,
látigos veo, veo hierros,
y lágrimas de servidumbre,
leyes de oprobios y destierros!
La perversión en el Poder
por las tinieblas sin virtud
celebra el Genio de la Esclavitud
y la maldita gloria por doquier.

Sólo sobre la regia testa
del pueblo cesan los dolores
cuando invencible alianza gesta
la Libertad con sus Leyes mayores;
cuando su firme escudo guarde
a todos, cuando en la fiel mano
del indomable ciudadano
sin vacilar su espada arde

y el crimen combate incansable
con sed sagrada de justicia,
con mano firme, insobornable
ni por terrores ni avaricia.
A ustedes el Poder, ¡oh, gobernante, oh rey!,
lo da la ley, no la naturaleza,
están por encima del pueblo y la realeza
pero más alta está la sempiterna Ley.

¡Dolor habrá y sólo habrá maldad
donde la Ley no sea respetada,
donde pueblo o rey no esgriman su verdad
para gobernar con ella como espada!
Tú eres mi testigo sin igual,
¡oh, mártir de los errores del ayer,
que por tus antepasados ves caer
ya decapitada tu cabeza real.

Ludovico asciende hacia la muerte,
en sus herederos sólo silencio alienta
y entrega su cabeza ya sin suerte
al cadalso de la Maldad sangrienta.
Calla la Ley, el pueblo está callado,
el hacha criminal resbala...
y, he aquí, que el púrpura malvado
sume en cautiverio la tierra gala.

¡Malvado, absolutista ruin!,
odio a tu trono y a tu templo;
la muerte de los tuyos y tu fin
con alegría cruel contemplo.
En tu rostro ven reflejada
los pueblos una rabiosa maldición,
tú, terror del mundo, negación
de Natura y Dios por la tierra humillada.

Cuando es medianoche y las estrellas
brillan sobre el Neva brumoso
y a la cabeza libre de querellas
llega el sueño con paso sigiloso,
el cantor en su pensar sumido
mira el monumento del tirano vacío,
amenazante, durmiendo a su albedrío
– el palacio donde impera ya el olvido. (2)

Y escucha de Clío un grito horrible
detrás de tan aborrecible muro,
llega a Calígula el terrible
momento de la muerte oscuro
y ante sus ojos claramente
él ve pasar a los asesinos
extasiados de ruindad y vino,
soberbios, mas de cobarde frente.

Cómplice, el pérfido custodio
en silencio tiende el puente levadizo;
por manos de traición y odio
en la noche se abre el portón sumiso...
¡Oh estigma, pavor de nuestra hora!
Feroz asalta la jauría...
y en el fragor, con alevosía,
al infame traidor devora.

Y así aprendan, ¡poderosos!,
ni horca y castigo, ni abalanzas,
ni altares, sangre y calabozos,
ni ejércitos en fiel alianza
serán su salvación segura:
la Ley será invulnerable
y Libertad y Paz serán el sable
que guarde de los pueblos la Justicia pura.

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

IV

A CHAADAIEV (1818; era un  escritor y filósofo ruso, amigo de P.)

De amor, de fe y gloria en calma
nos embriagó el placer fugaz;
la juventud, que enardecía el alma,
es bruma o sueño... nada más.
Mas vive aún su llama ardiente,
y bajo el yugo del poder cruel
hoy nuestra alma, apasionada y fiel,
a Rusia escucha atentamente.
De la sagrada libertad
hoy esperamos el instante,
igual que un mancebo amante
aguarda ansioso a su beldad.
¡Mientras perdure este fervor
el corazón libre guardemos,
y el alma entera con honor
a nuestra Patria dediquemos!
Confiad, hermanos: brillará
una estrella radiante de alegría,
y Rusia se despertará,
¡y sobre tus ruinas, monarquía,
los nombres nuestros grabará!

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodrígue

V

TSARSKOE SELO

Custodio de placeres y sentimientos nobles,
oh, tú, memoria, vieja amiga del canto de los robles,
dibuja, haz que vuelvan otra vez a mí
los mágicos lugares de allá donde viví,
los bosques donde amé y el corazón volaba,
donde la juventud con la infancia se encontraba,
donde por sueño y natura fui cuidado
y poesía,júbilo y paz tuve a mi lado.
¡Llévame,llévame al umbrío
inolvidable tilo de mi libre albedrío,
a la orilla del lago, a las quietas colinas!...
Haz que vea los prados de hierba espesa y fina,
los árboles tan viejos, el valle luminoso,
el querido paisaje de recodos hermosos
y en el agua apacible, blanqueando la marea,
la bandada de cisnes que orgullosa pasea.

1819

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

VI

A OVIDIO

Vivo cerca, Ovidio, de los acantilados
a donde tus dioses tutelares desterrados
trajiste dejando luego tus cenizas.
Tu llanto desolado el lugar eterniza
y el eco de tu lira aquí no tiene fin;
se te recuerda aún por todo este confín.
El horrible desierto de un poeta en prisión
dejaste vivamente en mi imaginación
y también el firmamento encapotado
y la suave brisa de prados nevados.
¡Cuántas veces sumido en la Poesía
con todo el corazón, Ovidio, te seguía!
Y tu nave azotada por la marejada
veía cerca del arrecife hostil anclada
donde al poeta espera malévolo destino.
Allá hay campos sin sombra, allá no se da el vino.
Sin alma, nacidos para sembrarla guerra
los hijos de la fría Escitia porla tierra
galopan desatando el terror y con aviesa
mirada, ocultos tras el Ister, acechan la presa.
Ellos lo pueden todo: en los mares rugientes
nadan y caminan por los hielos crujientes
y tú mismo, Nasón, revés de la fortuna,
tú que desde joven creíste inoportuna
la guerra y que con rosas tu testa coronaban
y que a placeres de virtud te convocaban
estarás obligado a usar pesado casco
y junto a tu lira la espada ver con asco.
Ni hija, ni esposa, ni tanto fiel amigo,
ni las gráciles musas que cantaban contigo
alivian la tortura del bardo desterrado.
En vano por las Gracias tu verbo es coronado,
la juventud, en vano, te sabe de memoria:
ni tristeza, ni tiempo, ni la misma gloria,
ni tiernas canciones conmoverán a Octavio;
tu vejez se ahogará en olvido y agravio.
Incomparable hijo de la Italia dorada,
entre los bárbaros tu voz es ignorada;
los ecos de tu patria donde estás no percibes,
caído en la desgracia, sin los tuyos, escribes:
“¡Oh, devuélvanme mi ciudad, mi luz paterna,
mis jardines de quietud plácida y eterna!
¡Oh, háganle llegar a Augusto mi reclamo,
con lágrimas aparten la tendenciosa mano,
mas si, iracundo dios, no atiende a mi clamor
y no veré de Roma otra vez su esplendor
en algo aliviará mi pavorosa suerte
que desde mi tumba pueda, hermosa Italia, verte!”
¿Quién va a quedarse frío, inconmovible ante
tus lágrimas y abatimiento suplicante?
¿Quién no depondrá el orgullo y ebrio de ternura
leerá tus elegías, tu última escritura
donde a la posteridad dejas tu canto?
Estoico esclavo yo, soy avaro del llanto,
mas lo entiendo; proscrito por mi pensamiento
libre, harto de mí, del mundo y del momento
que me toca vivir, helada el alma, visité
la tierra donde a oscuras el tiempo se te fue,
y al revivir tus sueños nuevamente aquí
tu cántico inspirado, Ovidio, repetí
sintiendo como mías tus tristes realidades;
mas la mirada traiciona al sueño con verdades,
mis ojos quedaron por tu dolor cautivos
hechos a las nevadas de mis campos nativos.
Aquí alumbra siempre un sol celestial,
aquí es breve la cruel tempestad invernal,
aquí por las orillas escitas, cual hija emigrante
del sur, crece la uva en su púrpura deslumbrante.
Ya a las praderas rusas el diciembre sombrío
cubre con blancos mantos de un insondable frío;
allá es invierno, mas huele a primavera
aquí donde el sol entibia la pradera;
los campos marchitos anuncian un verdor,
en ellos ya trabaja temprano el labrador;
sopla como una brisa la tarde refrescando;
sobre el lago los hielos se van transparentando
cual pálido cristal del agua en su fluir.
Recordé, Ovidio, tu cándido vivir
ese día, marcado por la inspiración,
cuando tú, confiado, perplejo de emoción,
anduviste por las olas que el frío congeló.
Hoy por esos hielos a mí me pareció
ver tu sombra y oír el eco de tu voz
llegando desde lejos con el más triste adiós.

Consuélate: ¡el laurel de Ovidio aún florece!
¡Ay, en la multitud mi corazón fenece:
yo seré para las nuevas generaciones
un poeta anónimo y mis canciones
serán,si acaso, un triste rumor pasajero!
Pero si al pasar el tiempo viniera un heredero
a este país lejano en busca de mis restos
el agua del olvido revivirá mis gestos,
y hacia él volará mi sombra agradecida
y su memoria siempre será bendecida.
Que nunca muera la leyenda secreta:
aquí vivía, como tú, otro poeta;
un aciago destino también me acosa a mí
mas la Gloria toda te pertenece a ti.
Rompiendo los silencios con mi canto profundo
a orillas del Danubio anduve vagabundo
cuando los gloriosos griegos clamaban Libertad,
y ni un solo amigo escuchó mi verdad;
mas campos y prados de esta lejanía
y sus tranquilas musas siempre me protegían.

1821

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

VII

EL PRISIONERO

En húmeda cárcel estoy prisionero,
y un triste aguilucho, mi fiel compañero
que crece cautivo, en trémulo intento,
devora en sus garras un trozo sangriento.
Lo pica y desecha; mis barrotes mira:
una misma idea nos une e inspira.
Y con su mirada y su áspera voz
“¡Hermano –me dice– volemos los dos!
Aves libres somos; hora es de partir.
Allá, tras las nubes verás refulgir
las cumbres nevadas, las olas del mar...
¡Allá con los vientos reino yo sin par!”

1822

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodríguez

VIII

CARTA AL FUEGO

¡Adiós, carta de amor! ¡Adiós! Ella lo ha ordenado.
¡Cuánto he demorado!¡Cuánto mi mano ha vacilado
en entregar al fuego toda mi alegría!...
Pero basta. Arde, carta de amor, hoy es el día.
Estoy presto; el alma ya no tiene qué decir.
Tus hojas en llama voraz se van a consumir...
¡Aguarda!...¡Arden!Se queman, un humo ligero
sube en espirales, se esfuma con mi ruego sincero...
Ya se borra la marca fiel del anillo con
el sello de lacre, se derrite...¡Oh, premonición!
¡Es realidad! Ya se retuercen las hojas oscuras;
blanquean en la ceniza leve aquellas puras,
amadas líneas... Duele el pecho. Ceniza querida,
mísero consuelo en mi melancólico destino,
quédate en mi triste pecho para toda la vida...

1825

Traducción y versión de Sonia Bravo Utrera


EL POETA

MientrasApolo no exija del poeta
el holocausto en aras delsagrado ideal
y sacrifique toda la vida terrenal
será como un cobarde en su torre secreta.
Su lira está abismada en silencio profundo.
El alma empoza sueños como un gélido juez
y entre todoslosseres derrotados delmundo
elsermás derrotado delmundo élmismo es.
Massólo cuando un verbo de divinas escalas
roza su fino oído y unamúsica crece,
el alma del poeta de gloria se estremece
y como águila inquieta al aire abre sus alas.
Se aparta receloso del chispeante gentío,
se aburre sin remedio de la vida suntuosa
y ante la flaca orilla de ídolosimpíos
él,rebelde, no inclina su cabeza orgullosa.
Yhacia oleajes agrestes de una espejeante plata
hacia losinabarcablesroblesrumorosos,
ebrio demelodías, desasosiego y gozos,
enardecido corre,meditabundo escapa...

1827

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

LA FLOR

Una flor que eltiempomarchitara
veo en un libro olvidada todavía;
y de una ensoñación extraña
de súbito se colma el almamía:
¿Dónde? ¿Cuándo floreció? ¿Cuál primavera?
¿Larga vida tuvo? ¿Fue cortada
pormano conocida omano ajena?
¿Yluego para qué fue aquí guardada?
¿Es un recuerdo de inefable cita
o de algún adiósfatal y frío,
o de un paseo en solitaria cuita
por campos de silencio y bosque umbrío?
¿Yvive él? ¿Yella viva está?
¿Dónde estará la sombra de su amor?
¿Otambién se han apagado ya
igual que estamisteriosa flor?

1828

Traducción y versión de Sonia Bravo Utrera

TÚ Y USTED

Delfrío usted altú cordial
pasó a tratarme, distraída,
y un dulce sueño de ideal
enmi alma amante hoy anida.
Frente a ella,lleno de estupor,
lamiro, y tal esmi quebranto,
que digo: “¡Usted es un encanto!”,
mas pienso: “¡Tú eresmi amor!”

1828

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodríguez


YO a usted la amé. Puede ser que el amor
en mi alma aún no se ha apagado todo,
mas que esto no le cause un sinsabor;
no quiero yo apenarla de ese modo.
Yo la quise en silencio, locamente,
del miedo y de los celos presa fui;
yo a usted la amé tan fiel, tan tiernamente,
que ojalá sea por otro amada así.

1829

Traducción y versión de Antonio Álvarez Gil


AL POETA
(Soneto)
No busques,tú, poeta, elfavor popular.
El elogio exaltado es un ruido fugaz;
risas y opiniones deltonto has de escuchar
mastú, profundo,inconmovible, vive en paz.
En tu soledad eresseñor.Sigue al azar
adonde te arrastre tu espíritu indomable,
madurando losfrutos de tu obra entrañable
sin pedir premio alguno portu hazaña ejemplar.
Todo premio está en ti.Eres elmás estricto
supremo juez que anuncia el veredicto.
¿Estás contento, artista de exigencia impar?
¿Contento?Pues, deja que el público te ofenda
ymancille el altar donde arde tu ofrenda
y en sustravesuraslo haga vacilar.
1830
Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

EL ECO
Si en el hondo bosque un rugido se gesta,
silos cornos y truenos hacen fiesta,
si canta una doncella porla verde cuesta,
para cualquiersonido
porlos aires desiertos,la respuesta
almundo tú hastraído.
Ati que deltrueno escuchas el clamor
y a la voz del oleaje y su furor
y a los gritos delrústico pastor
de súbito contestas,
no te responde nadie en derredor...
¡como tampoco al poeta!
1831
Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián


Notas

1. Se trata del poeta francés André Marie Chénier (1762–1794)

2. El Palacio Mijailovski, en San Petersburgo, donde fue asesinado el
emperador Pablo I, lo que se describe a continuación.


martes, 14 de julio de 2020

Edgar Alan Poe. Un sueño dentro de un sueño

UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

Te beso en la frente y me dejo ir,
que, despidiéndome de ti ahora,
es el momento para decirte
que estabas en lo cierto:
han sido un sueño mis días.
También la esperanza se ha volado
en una noche sola o en un día,
en una visión sola o en ninguna.
¿Mayor es por eso nuestro adiós?
Todo lo visible y lo aparente
solo un sueño es dentro de un sueño.

Inmerso me detengo en el rugido
de la playa atormentada por las olas,
y dentro de mi mano alcanzo
a tener áureos granos de la arena.
¡Cuán pocos! ¡Y cómo se deslizan
entre mis dedos a lo insondable,
mientras lloro, mientras lloro!
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos
con más fuerza? ¡Oh Dios!
¿No puedo salvar tan solo uno
de la ola despiadada?
¿Es todo lo visible y lo aparente
un sueño nada más en otro sueño?

jueves, 11 de junio de 2020

Poemas de la I Guerra Mundial de Siegfried Sasoon

Winston Churchill escribió que toda generación debería releer los poemas de S. Sasoon para saber de verdad qué significaba una guerra. Es traducción libre, traidora y propia:

"Marchan desde la seguridad y la alegría que cantan los pájaros, / desde el plantío verde como la hierba hacia la tierra donde todo es ruina / y nada florece sino el cielo... / A través de un Valhalla lunar pasarán / batallones y batallones destinados al Infierno: / el ejército que no volverá a ser joven; / las legiones que sufrieron, y son polvo"

DESTIERRO

Me desterraron de luchadores y pacientes.
Con pena golpeó mi corazón, se edificó mi orgullo,
y, uno con otro, hombro con hombro, doloridos
se alejaron de la viviente luz de la llanura.
Sus culpas se hicieron mías; aunque siempre, ante mis ojos,
marcharon vestidos de honor. Pero murieron,
no uno tras otro. Y lloré, amotinado
contra quienes los llevaron a la noche.

La oscuridad cuenta cuán en vano me he esforzado
por liberarlos del pozo donde deben habitar por condena.
En marginada penumbra convulsa, mordida y desgarrada
de cañones, el amor me llevó a rebelarme;
y el amor a tientas por el Infierno me los devuelve:
a sus torturados ojos, estoy absuelto.

CONTRAATAQUE

(1918)

Horas antes habíamos alcanzado el objetivo primero.
Y entonces el amanecer surgía con cara que mira preguntándose,
pálida, sin afeitar, sedienta, ciega de humo.
Parecía estar bien todo al principio. Mantuvimos la posición
situando los morteros y las armas en su sitio
y sonaban las palas cavando una trinchera poco honda.
Podrido de muertos estaba el lugar; desparramadas 
y arrastradas a lo largo las torpes pantorrillas de altas botas verdes.
Troncos sin savia boca abajo, chupados por el lodo, revolcados como sacos terreros
llenos apenas, pisoteados, y las nalgas al aire empapadas;
en esteras de yerbajo dormían sus cabezas, abultando coágulos
sobre la baba enlucida. Y entonces comenzó a llover ¡alegre lluvia vieja!

Un enorme soldado se arrodilló contra el borde
escudriñando la mañana: se desvanecía la niebla.
Se preguntó cuánto tiempo más en lo suyo estarían los alemanes;
y luego, por supuesto, comenzaron su barrido de nueve a cinco,
seguro como el destino, y nunca fracasado.
Mudo por el clamor de los obuses, los vio estallar
escupiendo ráfagas de Infierno, alambre espinoso y tierra oscura,
mientras se posaban disueltos los gigantes montones de humo.
Se agachó encogido, mareado, de miedo galopante,
enfermo por escapar, por el horror estrangulado
y los frenéticos gestos de los muertos machacados.

Un oficial bajó corriendo la trinchera:
"¡Ponte en pie y contesta al fuego!" Y se fue
jadeando y gritando "¡contrafuego, contraataque!"
Entonces se disipó la bruma: bombazos a la diestra,
ametralladoras a siniestra, y abajo el lodo eterno:
tambaleantes siluetas se asomaban por delante.
"¡Cristo, vienen por nosotros!" Escupieron sus balas,
y los rifles recordaron: fuego raudo.
Él comenzó a arder salvajemente; después, un estallido
lo arrugó noqueado, girándolo de lado;
gruñía retorcido sin que nadie lo oyera; atragantado,
sofocado, luchaba ya con vendas de sombra aleteante,
perdido en la borrosa confusión de gritos y gemidos.
Abajo y abajo y más abajo se hundió y ahogó
hasta morir desangrado. El contraataque había fallado.

Elia o Iliya abu Madi, Enigmas

Elia o Iliya abu Madi (1890-1957), poeta libanés.


ENIGMAS ("Al Talasim", en Los arroyos, 1927).

Traducción de Nayib Abumalham y Monstserrat Abumalham Mas. He modificado levemente la puntuación y sustituido algunas palabras, muy pocas, por sinónimos más adecuados.

I

He venido, no sé de dónde, pero he venido.
Ante mí vi un camino y caminé,
y seguiré caminando, quiera o no.
¿Cómo vine, cómo veo mi camino?

No sé.

¿Soy nuevo o antiguo en esta existencia,
soy libre y emancipado, o un preso encadenado?
¿Soy yo el que conduce mi vida o soy conducido?
Tengo la esperanza de saberlo, pero...

No sé.

Mi camino... ¿cuál es mi camino? ¿Es largo o corto?
¿Por él asciendo o me precipito y me hundo?
¿Camino yo por el sendero o el sendero se desliza,
o estamos parados ambos y el destino es el que corre?

No sé.

¡Ay de mí! Cuando yo estaba en un mundo escondido y seguro,
¿me veíais como si supiera -mientras estaba enterrado- 
que un día aparecería y sería,
o tal vez parecía como si nada supiera?

No sé.

¿Antes de ser hombre,
fui siquiera la nada, un absurdo o fui algo?
¿Tiene solución este enigma?  ¿Perdurará siempre?
No sé. ¿Y por qué no sé?

No sé.

II

El mar

Un día pregunté al mar: ¿Mar, soy yo de ti?
¿Es cierto lo que algunos cuentan de ti y de mí,
o te parece que pretenden calumnia, mentira y falsedad?
Sus olas se rieron de mí y dijo:

"No sé".

Mar, ¿sabes cuántos milenios han pasado sobre ti?
¿Sabes, tal vez, la playa que yace junto a ti?
¿Saben los ríos que de ti salen y a ti vuelven
qué dijeron las olas al revolcarse?

No sé.

Eres un prisionero, Mar; ¡cuán grande es tu prisión!
Y como yo, oh poderoso, no eres dueño de ti;
mucho se asemejan tu estado y el mío, tus excusas y mis excusas.
Cuando escape de mi prisión, ¿te liberarás tú también?...

No sé.

Envías las nubes que riegan nuestra tierra y los árboles.
Te devoramos y decimos comer frutos.
Te bebemos y decimos beber lluvia.
Cuando lo decimos ¿acertamos o erramos?

No sé.

Pregunté a las nubes del espacio si recordaban tus arenas,
al árbol frondoso si sabía de tus favores,
si las perlas en los cuellos recordaban que de ti venían;
tal vez me lo imaginé; pero dijeron:

"No sé".

Mientras danza la ola, en tu abismo hay una guerra sin fin.
Crías pececillos junto a monstruos depredadores;
en tu seno conviven muerte y hermosa vida.
¡Ay de mí! ¿Eres cuna o sepultura?

No sé.

¡Cuántas jóvenes como Layla y mancebos como Ibn al-Mulawwah
dejaron sus horas en tu playa! Ella sus lamentos, él sus explicaciones.
Si él hablaba, ella lo atendía. Si ella decía, él cantaba.
¿El rumor de las olas es un secreto que ambos perdieron?

No sé.

¡Cuántos reyes, en tu entorno, levantaron cúpulas
y, al llegar la mañana, no quedaba sino niebla!
¿Regresarán, mar, algún día, o no tienen ya retorno?
¿Quizá están en la arena? La arena dijo: "Sin duda yo...

No sé".

En ti, como en mí, oh poderoso, hay conchas y arena,
pero tú no tienes sombra y yo dejo sombra sobre la tierra,
tú tampoco tienes seso, mar, y yo tengo inteligencia,
¿por qué, escucha, yo paso mientras tú permaneces?...

No sé.

Libro del destino, dime: ¿tiene él un antes y un después?
¿Soy yo una barca, en tanto fluye él sin límites?
¿No tengo yo objetivo, aunque el destino, en mi caminar, tenga sus metas?
Ojalá supiera; pero, ¿cómo saber?

No sé.

En mi pecho, mar, hay secretos maravillosos
a los que cubrió un velo. Yo mismo soy ese velo,
y cuanto más me acerco, más lejos están.
Me miro, y cuando ya casi lo averiguo...

No sé.

Yo, mar, también soy un mar, cuyas costas son tus costas,
entre el mañana ignorado y el ayer; y ambos te abarcan.
Ambos somos una gota, mar, de este y aquel.
Pero no me preguntes qué es el mañana o qué es el ayer, yo...

No sé.

III

El convento

Me dijeron: en el convento están los que alcanzaron el secreto de la vida;
pero yo no encontré allí más que mentes petrificadas
y corazones de los que se borró la esperanza: un despojo.
¿Soy el que está ciego o lo están los demás?

No sé

Se dijo: "Sé que los dueños de los secretos viven en celdas."
Dije: "Si verdad dice quien dice, es un secreto a voces".
¡Sorprendente! ¿Cómo pueden ojos velados ver el Sol,
mientras ojos sin velos no lo ven?

No sé.

Si el apartamiento es ascetismo y virtud, el lobo es monje,
y la guarida del león es un convento digno de veneración.
¡Ay de mí! ¿Ese apartamiento mata o da vida a las virtudes?
¿Podrá borrar un pecado, si él mismo lo es?

No sé.

Vi en el convento rosas entre espinas
conformarse con agua salobre, tras probar el fresco rocío.
A su alrededor hay luz de vida, pero se contentan con la oscuridad.
¿Es sensato matar el corazón a fuerza de conformidad?

No sé.

Como un alegre amanecer, entré al convento una mañana;
y como noche cerrada lo abandoné al atardecer.
En mi alma había una pena, y luego fueron más.
¿Del convento o de la noche procede mi dolor?

No sé.

Entré al convento a preguntar a los ascetas,
pero ellos, como yo, estaban estancados por la duda,
la indiferencia los dominaba y a ella se entregaban;
sobre la puerta estaba escrito:

No sé.

Es sorprendente: el místico asceta, ser inteligente,
abandona el mundo y, con él, todas las bellezas del Creador,
para buscarlo en un lugar desierto.
¿Ha visto en el desierto agua o un espejismo?

No sé. 

¡Cuánto polemizas, asceta, acerca de la absoluta verdad!
Si Dios hubiera querido que no ansiaras las cosas buenas
te habría construido sin seso y sin espíritu.
Lo que haces es, pues, pecado... Dijo: "Realmente yo...

No sé".

¡Tú que huyes! Es vergonzosa tu huida.
Nada bueno hay en lo que haces, ni siquiera para el desierto.
Eres un criminal ¡y qué criminal! Un asesino sin causa.
¿Puede Dios tener clemencia y perdonar algo así?

No sé.

IV

Entre tumbas

Me dije, estando entre tumbas,
¿se puede ver paz y sosiego si no es entre las fosas?
Mi alma apuntó: "Los gusanos tienen donde roer en las cuencas de los ojos".
Luego añadió: "A ti que preguntas, de verdad yo...

No sé".

Mira como todo se iguala en este lugar;
se confunden los restos del esclavo con los del rey,
aquí se aúnan el enamorado y el que odia,
¿no es esta la más completa igualdad? Y mi alma dijo...

"No sé".

Si la muerte es castigo, ¿cuál es la culpa de la pureza?
Si se trata de una recompensa, ¿cuál el mérito de la lujuria?
Y si no es ganancia ni pérdida,
¿a qué vienen esos nombres de "pecado" o "virtud"?

No sé.

¡Tumba, habla! ¡Contadme, despojos!
¿Acabó la muerte con los sueños? ¿Ha muerto el amor?
¿Quién lleva muerto un año y quién un millón,
o es que el tiempo en las tumbas se convierte en nebulosa?

No sé.

Si es la muerte un sueño, al que sigue largo despertar,
¿por qué no continúa esta hermosa vigilia nuestra?
¿Y por qué el hombre no sabe cuál es el momento de partir
y cuándo se desvela el secreto y conoce?

No sé.

Si la muerte es un dormir que colma el alma de paz;
si es libertad, no prisión; si es comienzo, no final,
¿por qué prefiero el sueño y no ansío morir
y por qué los espíritus sienten de ella temor?

No sé.

¿Tras la tumba, después de la muerte, hay resurrección,
vida y eternidad, o acabamiento y desaparición?
¿Son ciertas las palabras de la gente o son falsas?
¿Es verdad que algunos saben?...

No sé.

Si tras la muerte resucito en cuerpo y alma
¿te parece que resucitaré en parte o entero?
¿Crees que resucitaré como un niño, o lo haré como un hombre?
¿Me reconoceré, tras la muerte, a mí mismo?

No sé.

Amigo mío, ¡no me des esperanzas de rasgar el velo!
Después del tránsito, mi entendimiento no se ocupará de lo externo.
Si hoy, que comprendo, no sé cuál es mi destino,
¿cómo sabré, después de muerto, cuál es mi camino?

No sé.

V

El palacio y la choza

Vi un alto palacio de elevadas cúpulas
y dije: "Quien te construyó, lo hizo para que acabaras en ruina.
¿Tú eras parte de él, pero no sabes cómo desapareció
y él tampoco sabe qué encierras o lo sabe?"

No sé.

¡Proyecto! Eras una quimera antes de que te diseñaran tus constructores,
eras solo una idea en un cerebro al que cubrieron las sombras,
eras el deseo de un corazón al que devoraron los insectos,
tú eras el arquitecto que te trazó, o no, no...

No sé.

¡Cuántos palacios imaginó su constructor para durar y permanecer
plantados como cimas de montes, excelsos como las estrellas!
Pero el tiempo arrastró su cola sobre ellos y ahora son solo rastros,
¿por qué construimos, y por qué construimos para que se destruya?

No sé.

Nada hay en el palacio que no se halle en una humilde choza,
aquí y allá, soy un esclavo entre la duda y la certeza
y prisionero para siempre de ambas: la noche y la clara mañana.
¿Soy yo en el palacio o en la choza más refinado?

No sé.

Ni en la choza ni en el palacio de mí puedo huir.
Imploro y temo, me compadezco y me enojo,
ya sea mi ropa de seda dorada o de cáñamo.
Y, ¿para qué quiere ropas el desnudo?

No sé.

Pregunta a la aurora. ¿Tiene la aurora barro y mármol?
Pregunta al palacio. ¿No lo ocultan, como a la choza, las tinieblas?
Pregunta a las estrellas, al viento, al llanto de las nubes:
¿Veis las cosas como yo las veo...?

No sé.

VI

El pensamiento

Tal vez un pensamiento cruzó el umbral de mi alma con claridad,
y yo lo creí mío. Pero apenas se asentó, desapareció
como un fantasma se refleja en un pozo un instante y, luego, desaparece.
¿Cómo vino y por qué huyó de mí?

No sé.

¿Lo has visto acaso navegar sobre la tierra de un alma a otra?
¿Algo lo apartó de mí y no quiso quedarse
o, tal vez, lo has visto  pasar por mi alma como yo atravieso un puente?
¿Es posible que antes que la mía otra alma lo viera?

No sé.

¿Lo has visto, como un relámpago, brillar un instante y desaparecer?
¿Tal vez lo viste como un ave enjaulada, que, al fin, echa a volar,
o lo viste como una ola que se inclina hacia mi alma y se hunde?
Tal vez yo lo ande buscando y esté en mi interior,

No sé.

VII

Duelo y combate

Doy fe de que en mi interior hay un duelo y un combate.
Como un demonio me veo a veces y otras como a un ángel.
¿Soy acaso dos personas, y esta se niega a unirse a aquella,
o te parece que me equivoco en lo que veo?

No sé.

Mientras mi corazón conversa al amanecer es como una fronda,
y en él hay flores, aves canoras y arroyos.
Cuando llega el atardecer, se vuelve inhóspito y seco como el páramo.
¿Cómo se mudó mi corazón de vergel en desierto?

No sé.

¿Donde fueron mi risa y mi llanto de niño,
dónde mi ignorancia y mi reposo de mozo ingenuo,
dónde fueron mis sueños, que caminaban conmigo?
Todo ello se perdió, pero ¿dónde se perdió?

No sé. 

Tengo fe. Pero no son mi fe y mi virtud como las que tenía.
Lloro, pero no como solía.
También a veces me río, pero ¿qué clase de risa es esa?
¡Ay de mi vida! ¿Qué lo mudó todo?

No sé

Cada día tengo una ocupación, a cada instante unos sentimientos.
¿Soy el yo que era hace noches y meses
o, al ponerse el Sol, soy otro que a su salida?
Cada vez que pregunto a mi alma, me contesta:

"No sé".

Siempre que tuve algo lo desprecié
y, cuando lo perdí, lo deseé.
¿Qué me lo hizo amable, qué odioso?
¿Soy yo la misma persona que se apartó de ello?

No sé.

Tal vez hubo alguien con quien viví, por un tiempo, en alegría y diversión,
o un lugar que fue para mí, con el paso del tiempo, entretenimiento y placer.
Desde lejos, me hace señas y me parece más agradable y más nítido que de cerca,
pero ¿cómo permanece la imagen de algo ya desaparecido?

No sé.

Tal vez se trate de un huerto cuyos árboles defendí toda mi vida,
impidiendo que nadie cortara una flor de él.
Las aves llegaron al amanecer y picotearon sus frutos,
¿es de las aves del cielo el huerto o mío?

No sé.

Tal vez lo que es malo para Zayd sea bello para Bakr,
y ambos disputan, mientras para Amr es una quimera.
¿Quién tiene razón en lo que pretende, ¡ay de mí!
y por qué no hay medida para la belleza?

No sé.

He visto que la belleza se olvida, al igual que los defectos,
y el orto se desea igual que se desea el ocaso
y el mal y el bien he visto pasar y volver,
¿por qué considero, pues, al mal un intruso?

No sé.

La lluvia al caer lo hace contra su voluntad,
y las flores de la tierra esparcen su perfume a la fuerza,
no puede la tierra ocultar sus flores ni sus espinas:
no preguntes cuál de ellas es más deseable o más odiosa,

No sé

Tal vez las espinas se vuelvan corona de rey o de profeta
y sea la rosa adorno para el ojal de un ladrón o un pecador.
¿Envidian las espinas en el campo a la flor brillante
o te parece que las menosprecian?

No sé.

Tal vez las espinas que punzan mi mano me prevengan de un peligro,
mientras el veneno está en el perfume que penetra mi olfato.
Sin embargo, las rosas gozan del favor de mi aprecio y mi ley;
ley que puede ser injusta, pero...

No sé.

He visto a las estrellas no saber por qué brillan.
He visto a las nubes no saber por qué son generosas.
He visto al bosque no saber por qué se cubre de hojas.
¿Por qué todos me igualan en ignorancia?

No sé.

Cada vez que creí haber alzado el velo
y cada vez que creí que era mío el secreto, mi alma se rio de mí.
Descubrí desesperación y duda, sin encontrarme a mí.
¿La ignorancia es dulce o un infierno?

No sé.

Es para mí un placer escuchar el trino de los ruiseñores,
el susurro de las hojas verdes, el murmurar del arroyo,
y ver a las estrellas, como antorchas, brillar en la oscuridad;
¿te parece que el placer viene de ellas o de mí?

No sé.

¿Te parece que alguna vez fui melodía en una cuerda
o, tal vez, una onda en un río
o que estuve en una brillante estrella?
¿Fui perfume, susurro o brisa?

No sé.

Dentro de mí, como en el mar, hay conchas, arenas y perlas.
En mí, como en la tierra, hay prados, llanuras y montes.
En mí, como en el espacio, hay estrellas y nubes y sombras.
¿Soy mar o tierra o espacio?

No sé.

Entre mis bebidas están néctar, vino y agua pura.
Entre mis alimentos carne, frutas y verduras.
¿Cuántos seres en mi ser se han deshecho y mudado
en cuántos seres existe algo de mi ser?

No sé.

¿Soy yo más elocuente y dulce que el pajarillo del valle,
más seductor que la flor, si su perfume es más agradable?
¿Soy más astuto que la serpiente o más asombroso que la hormiga,
o más insignificante y humilde que ambas?

No sé.

Todos ellos, como yo, viven. Todos, como yo, mueren.
Todos tienen qué beber, como yo, y, como yo, qué comer.
Todos velan y duermen. Todos hablan, todos callan.
¿En qué me distingo de ellos? ¡Ay de mí!

No sé.

He visto a la hormiga procurarse el alimento como yo.
Ella tiene en la existencia objetivos y derechos como yo.
A los ojos del tiempo, son iguales su silencio y mi hablar;
ambos, un día, nos convertiremos en...

No sé

Soy como el vino y soy, a la vez, mi vino y mi jarra;
su origen está oculto como el mío y su cárcel es de barro como la mía.
El lacre que la sella se le puede arrancar como a mí
sin que sepa por qué, y yo...

No sé.

Se equivoca quien dice que el vino es hijo de la tinaja,
porque, antes de estar en el barro, estaba en las venas de la cepa.
Existía, antes que en las entrañas de la vid, en las nubes.
Sin embargo, antes de eso, ¿dónde estaba?

No sé.

Hay en mi cabeza una idea, en mis ojos una luz,
en mi pecho esperanzas y en mi corazón sentimientos.
En mi cuerpo hay sangre que corre y se agita;
sin embargo, antes de eso, ¿cómo era?

No sé.

No recuerdo nada de mi vida pasada.
No sé nada de mi vida por venir.
Tengo un ser, pero no sé en qué consiste.
¿Cuándo sabrá mi ser el misterio de mi ser?

No sé.

He llegado y paso sin saber.
Soy un enigma. Mi marcha y mi llegada son un enigma.
El que logró este enigma es él mismo un confuso enigma.
No discutas; sensato es quien dijo que yo...

No sé.

domingo, 17 de mayo de 2020

Alfonso X el Sabio, Comienzo de la Estoria de España

El noble príncipe de España, al cual la graçia de Ihuxpo vengadora de la porfía lo salvó de toda cosa triste; prínçipe digno de alabança, Alfonso, nombrado por nombre príncipe nunca vençido, príncipe venerabile, el cual por meresçimientos sobrepuja a todas alabanças, el cual a la vengança los engaños con fierro condena, al cual la fama de cualquier cosa lo perpetúa, los fechos de España faze manifiestos en este libro, en guisa que cada cual pueda saber por él muchas cosas venideras.

Onde, si por las cosas pasadas quiere alguno saber las venideras, non desdeñe esta obra, mas téngala en su memoria. Muchas vezes conviene esto leer, ca poderás muchas cosas ver por las cuales te aprovecharás y en las cosas arduas enseñado te farás, ca saberás cualquier cosa: si es açepta la tal, o si es ynepta; vayas ante al fin o el [??], a las muy buenas cosas se mueva,  por el cual, fuyendo de las cossas peores, tomarás las mejores.

¡O España! Si tomas los dones que te da la sabiduría del Rey, resplandeçerás; otrosí, en fama e formosura creçerás. El Rey, que es formosura de España e thesoro de la filosofía,  enseñanças da a los yspanos: tomen las buenas los buenos, e den las vanas a los vanos.

Aqui se comiença la estoria de España que fizo el muy noble rey don Alfonso, fijo del noble rey don Fernando e de la reyna doña Beatriz.

PRÓLOGO.

Los sabios antigos que fueron en los tiempos primeros e fallaron los saberes e las otras cosas tovieron que menguaríen en sos fechos e en su lealtad si tan bien no lo quisiessen pora los que avíen de venir como pora sí mismos o pora los otros que eran en so tiempo.

E, entendiendo por los fechos de Dios, que son espiritales, que los saberes se perderíen muriendo aquellos que lo sabíen e no dexando remembrança, porque no cayessen en olvido mostraron manera por que los sopiessen los que avíen de venir empós ellos, e, por buen entendimiento, connoscieron las cosas que eran estonces, e, buscando e escodriñando, con grand estudio, sopieron las que avíen de venir.

Mas el desdén de non querer los omnes saber las cosas, e la olvidança en que las echan depués que las saben, fazen perder mala mientre lo que fue muy bien fallado e con grand estudio. E otrosí, por la pereza, que es enemiga del saber e faz a los omnes que non lleguen a él ni busquen las carreras por que'l connoscan, ovieron los entendudos e quél preciaron sobre todas las otras cosas e'l tovieron por luz pora alumbrar los sos entendimientos e de todos los otros, que lo sopiessen, a buscar carreras poro llegassen a él y'l aprendiessen, e después que'l oviessen fallado, que no'l olvidassen. E, embuscando aquesto, fallaron las figuras de las letras, e ayuntándolas fizieron dellas síllabas, e de síllabas ayuntadas fizieron dellas partes. E, ayuntando otrosí las partes, fizieron razón, e por la razón que viniessen a entender los saberes e se sopiessen ayudar dellos e saber también contar lo que fuera en los tiempos dantes: cuémo si fuesse en la su sazón, e por qué pudiessen saber otrosí los que depués dellos viniessen los fechos que ellos fizieran tan bien como si ellos se acertassen en ello, e por qué las artes de las sciencias e los otros saberes que fueron fallados pora pro de los omnes fuessen guardados en escripto, por que non cayessen en olvido e los sopiessen los que avíen de venir. E por qué pudiessen, otrosí, connoscer el saber dell arte de geometría, que es de medir, e los departimientos de los grados e las alonganças de los puntos, de lo que a dell uno all otro, e sopiessen los curssos de las estrellas e los movimientos de las planetas e los ordenamientos de los signos e los fechos que fazíen las estrellas que buscaron e sopieron los atronomianos con grand acucia e cuydando mucho en ello, e por cuál razón nos aparecen el Sol e la Luna oscuros, e, otrossí, por cuál escodriñamiento fallaron las naturas de las yervas e de las piedras e de las otras cosas en que a virtud, segund sus naturas. 

Ca, si por las escripturas non fuesse, ¿cuál sabiduría o engeño de omne se podríe membrar de todas las cosas passadas, aunque no las fallassen de nuevo, que es cosa muy más grieve? Mas por que los estudios de los fechos de los omnes se demudan en muchas guisas, fueron sobresto apercebudos los sabios ancianos, e escrivieron los fechos tan bien de los locos cuemo de los sabios, e otrossí daquellos que fueron fieles en la ley de Dios e de los que no, e las leyes de los sanctuarios e las de los pueblos e los derechos de las clerezías e los de los legos. E escrivieron otrossí las gestas de los príncipes, tan bien de los que fizieron mal cuemo de los que fizieron bien, por que los que después viniessen por los fechos de los buenos punnassen en fazer bien, e, por los de los malos, que se castigassen de fazer mal. E por esto fue endereçado el curso del Mundo, de cada una cosa en su orden. Onde, si paráremos mientes, el pro que nasce de las escripturas connoscremos que por ellas somos sabidores del criamiento del Mundo, e, otrosí, de los patriarchas: cómo vinieron unos en pos otros, e de la salida de Egipto e de la ley que dio Dios a Moysén, e de los reys de la sancta tierra de Iherusalem, e del desterramiento dellos e dell annunciamiento e del nacimiento e de la passión e de la resurrección e de la ascensión de Nuestro Señor Ihesuxpristo. Ca de tod esto, e dotras cosas muchas, no sopieramos nada si, muriendo aquellos que eran a la sazón que fueron estos fechos, non dexassen escripturas por que lo sopiessemos. 

E por ende somos nos adebdados de amar a aquellos que lo fizieron, por que sopiessemos por ellos lo que no sopieramos dotra manera, e escrivieron otrosí las nobles batallas de los romanos e de las otras yentes que acaescieron en el Mundo, muchas e maravillosas, que se olvidaran si en escripto non fuessen puestas.

E otrossí, el fecho d'España, que passó por muchos señoríos e fue muy mal trecha recibiendo muertes por muy crueles lides e batallas daquellos que la conquiríen, e otrosí que fazíen ellos en defendiéndose. E desta guisa fueron perdudos los fechos della por los libros que se perdieron e fueron destroýdos en el mudamiento de los señoríos; assí que apenas puede seer sabudo el comienço de los que la poblaron.

E por end, nos, don Alfonsso, por la gracia de Dios rey de Castiella, de Toledo, de León, de Gallizia, de Sevilla, de Cordava, de Murcia, de Iahén e dell Algarve, fijo del muy noble rey don Fernando e de la reyna doña Beatriz, mandamos ayuntar cuantos libros pudimos aver de istorias en que alguna cosa í contasse de los fechos d'España, e tomamos de la Crónica dell arçobispo don Rodrigo que fizo por mandado del rey don Fernando nuestro padre, e de la del maestre Luchas, obispo de Tuy,  e de Paulo Orosio, e del Lucano, e de sant Esidro el primero, e de sant Alfonsso e de sant Esidro el mancebo, e  de Idacio obispo de Gallizia, e de Sulpicio, obispo de Gasconna, e de los otros escriptos de los concilios de Toledo e de don Jordán, chanceller del sancto palacio, e de Claudio Tholomeo, que departió del cerco de la Tierra meior que otro sabio fasta la su sazón; e de Dion, que escrivió verdadera la Estoria de los Godos, e de Ponpeyo Trogo e dotras estorias de Roma, las que pudiemos aver que contassen algunas cosas del fecho d'España, e compusiemos este libro de todos los fechos que fallarse pudieron della: desde'l tiempo de Noé fasta este nuestro, e esto fiziemos por que fuesse sabudo el comienço de los españoles e de quáles yentes fuera España maltrecha e que sopiessen las batallas que Hércoles de Grecia fizo contra los españoles, y las mortandades que los romanos fizieron en ellos, e los destruymientos que les fizieron otrossí los vándalos e los silingos e los alanos e los suevos e los aduxieron a seer pocos, e por mostrar la nobleza de los godos e cómo fueron viniendo de tierra en tierra, venciendo muchas batallas e conquiriendo muchas tierras, fasta que llegaron a España y echaron ende a todas las otras yentes e fueron ellos señores della; e cómo por el desacuerdo que ovieron los
godos con so señor el rey Rodrigo, e por la trayción que urdió el conde don Yllán e ell arcobispo Oppa, passaron los d'Áffrica e ganaron todo lo demás d'España, e cómo fueron los xpristianos después cobrando la tierra; e del daño que  vino en ella por partir los regnos por que se non pudo cobrar tan aýna, e, después, cuémo la ayuntó Dios, e por cuáles maneras e en cuál tiempo e cuáles reyes ganaron la tierra fasta en el mar Mediterráneo, e qué obras fizo cada uno, assí cuemo vinieron unos empós otros, fasta'l nuestro tiempo.

Moysén escrivió un libro que a nombre Génesis, por que fabla en él de cuémo crio Dios el cielo, la tierra e todas las cosas que en ellos son. E de cuémo, por el peccado dell omne, por qué passó mandamiento de Dios, fue echado de Paraýso. E otrossí de cuémo, por las culpas e por los grandes yerros que fizieron los que descendieron d'aquel linage, aduxo Dios el grand Diluvio sobre la tierra, con que los mató a todos. Assí que no fincó dellos fueras Noé e su mugier e tres sos fijos (Sem, Cam e Japhet) e sus mugieres, assí que fueron ocho por todos. E cuenta otrossí en aquel libro mismo que el linage que d'aquellos descendió començaron a fazer una torre muy grand pora apoderarse de las tierras. Mas, por que ellos eran muy sobervios, e no connocíen ni temíen a Dios, fueron destroýdos en esta manera: que nuestro señor Dios dañó el lenguage en tal guisa, que's no entendíen unos a otros, e por esta razón dexaron aquella lavor que fazíen. E non tan sola mientre fueron departidos en los lenguages, mas aun en las voluntades, de manera, que non quisieron morar unos con otros. Tod esto cuenta Moysén en este sobredicho libro, que es en el comienço de la Biblia. Mas, por que no fabló de cuémo aquellos que se partieron a cuáles tierras fueron poblar, querémoslo contar en est'estoria, según lo fallamos en las estorias antiguas, e dezímoslo assí. 

Ramón María del Valle-Inclán, Rosa de Job

RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN
ROSA DE JOB

*****************************


¡Todo hacia la muerte avanza
de concierto,
toda la vida es mudanza
hasta ser muerto!

¡Quién vio por tierra rodado
el almenar,
y tan alto levantado
el muladar!

¡Mi existir se cambia y muda
todo entero,
como árbol que se desnuda
en el Enero!

¡Fueron mis goces auroras
de alegrías,
más fugaces que las horas
de los días!

¡Y más que la lanzadera
en el telar,
y la alondra, tan ligera
en el volar!

¡Alma, en tu recinto acoge
al dolor,
como la espiga en la troje
el labrador!

¡Levántate, corazón,
que estás muerto!
¡Esqueleto de león
en el desierto!

¡Pide a la muerte posada,
peregrino,
como espiga que granada
va al molino!

¡La vida!... Polvo en el viento
volador.
¡Sólo no muda el cimiento
del dolor!