sábado, 30 de junio de 2012
Soneto a Celia Gámez de Agustín de Foxá
A Celia Gámez
Tú, que naciste en las porteñas hampas
y del amor conoces los oficios,
hermosa zorra de las anchas pampas
que enamoras marqueses pontificios.
Tú, que cantas esos tangos con ojeras
repletos de memeces argentinas,
y hablando con duquesas tortilleras
confundes las Meninas con mininas.
Los prognatas toreros que complicas
por ti se tornan en babosos toros;
vas al teatro con señoras ricas,
y estrenas obras con cretinos coros
escritas para ti por los maricas
que sueñan con los culos de los moros.
lunes, 28 de mayo de 2012
The House By the Side of the Road, de Sam Walter Foss
Sam Walter Foss
La casa a la vera del camino
Hay almas ermitañas que viven retiradas
en la paz de su propio contenido.
Hay almas lejanas como estrellas anejas al firmamento.
Hay almas pioneras cuyo fuego sigue veredas
hacia donde nunca llegaron los caminos;
pero, a mí, dejadme vivir en la casa junto al camino,
y ser un hombre para el hombre.
Quiero vivir en una casa al lado del camino
por donde toda clase de hombre pasa,
buenos y malos,
tan buenos y tan malos como yo.
No quiero sentarme en la silla del burlón
ni con cinismo verlos pasar;
quiero habitar en una casa junto al camino
y ser amigo de la gente.
Observo en casa junto al camino,
junto al camino de la vida,
a hombres apresurados por el fuego de la esperanza
y a hombres débiles luchando;
pero no me aparto de sus sonrisas ni sus lágrimas,
partes ambas del plan infinito:
quiero vivir en mi casa junto al camino
y amistar con la gente.
Sé que hay arroyos, pastos alegres adelante
y montañas de fragosas alturas;
que el camino pasa a través de una larga tarde
y más allá hasta la noche;
pero, aún así, me alegro
cuando los viajeros se regocijan
y lloro con los forasteros que gimen;
aun cuando no vivan en mi casa junto al camino,
ni sean mis vecinos.
Dejadme vivir en mi casa junto al camino
por donde toda clase de hombre pasa:
buenos, malos, débiles, fuertes,
sabios, tontos... como yo.
Así que, ¿por qué sentarme en la silla del burlón
o cínico dejar pasar?
Dejadme vivir en la casa del camino
y ser amigo de todos.
The house by the side of the road
THERE are hermit souls that live withdrawn
In the place of their self-content;
There are souls like stars, that dwell apart,
In a fellowless firmament;
There are pioneer souls that blaze the paths
Where highways never ran-
But let me live by the side of the road
And be a friend to man.
Let me live in a house by the side of the road,
Where the race of men go by -
The men who are good and the men who are bad,
As good and as bad as I.
I would not sit in the scorner's seat,
Or hurl the cynic's ban;
Let me live in a house by the side of the road
And be a friend to man.
I see from my house by the side of the road,
By the side of the highway of life,
The men who press with the ardor of hope,
The men who are faint with the strife.
But I turn not away from their smiles nor their tears -
Both parts of an infinite plan;
Let me live in my house by the side of the road
And be a friend to man.
I know there are brook-gladdened meadows ahead
And mountains of wearisome height;
And the road passes on through the long afternoon
And stretches away to the night.
But still I rejoice when the travelers rejoice,
And weep with the strangers that moan,
Nor live in my house by the side of the road
Like a man who dwells alone.
Let me live in my house by the side of the road
Where the race of men go by -
They are good, they are bad, they are weak, they are strong,
Wise, foolish - so am I.
Then why should I sit in the scorner's seat
Or hurl the cynic's ban?
Let me live in my house by the side of the road
And be a friend to man.
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domingo, 27 de mayo de 2012
Poemas de Umberto Saba
Palabras
Palabras,
donde se reflejaba el alma del hombre
-desnuda y sorprendida- en los orígenes;
busco un ángulo en el mundo, un oasis
propicio en que lavaros con mi llanto
de la mentira que os ensucia. Juntos,
el cúmulo de recuerdos espantosos
se desharía como nieve al sol.
La cabra
He hablado a una cabra.
Estaba sola en el prado, estaba atada.
Harta de hierba, bañada
por la lluvia, balaba.
Aquel balido igual era fraterno
a mi dolor. Y contesté, primero
por broma, después porque el dolor es eterno,
tiene una sola voz y no varía.
Y yo oía esta voz
gemir en una cabra solitaria.
En una cabra de rostro semita
oía lamentarse cualquier otro dolor,
cualquier otra vida.
Versión de Jesús López Pacheco
Sobre la mesa
Sobre la mesa del bar donde nos sentamos
en el verano amigo, caen las hojas
de los árboles donde los estorninos
se posan, prestos a emigrar.
Mas tú a mi lado tienes queridas
esperanzas. Tienes la tristeza que te marca
de una sombra el rostro joven. Oscuro
es mi llanto, que a los otros y a sí mismo se oculta.
Perspectiva
La gente aprisa dispersa.
En la avenida
hileras de árboles desnudos,
al fondo allá donde se esfuman los campos,
se aproximan –parece– hasta estrecharse.
Y entra aquí un poco de ese cielo lila
que turba y no consuela.
Breve tarde,
demasiado, a la vista, tranquila.
El cristal roto
Todo se mueve contra ti. El mal tiempo,
las luces que se apagan, la vieja
casa sacudida por una ráfaga y que amas
por el mal sufrido, las perdidas
esperanzas, alguna dicha en ella gozada.
Sobrevivir te parece negar
obediencia a las cosas.
Y en el destrozo
del cristal en la ventana está la condena.
Hoja muerta
La encarnada hoja muerta
que el viento arrastra,
el viento y el barrendero,
–bajo el fúlgido cielo cae, ensangrienta
con las otras la calle–
imitaría. Por náusea
de las palabras vanas,
de los rostros sin luz.
Pero tu voz, amable, me habla;
haz que no caiga aún.
Cenizas
Cenizas
de cosas muertas, de perdidos males,
de contactos inefables, de mudos
suspiros;
vívidas
llamas de vosotras me invisten en el acto
que de ansia en ansia acerco a las puertas
del sueño;
Y en el sueño,
con los lazos tiernos y apasionados
que tienen el niño y la madre, y en vosotras cenizas
me fundo.
La angustia
acecha al paso, yo la desarmo. Como
un beato la vía del paraíso,
subo una escala, me detengo ante una puerta
a la cual llamaba en otros tiempos. El tiempo
ha cedido de golpe.
Me siento,
con los pantalones y el alma de entonces
en una luz de fulgor; en el corazón
se abate una alegría vertiginosa
como el fin.
Pero no grito.
Mudo
parto de la sombra hacia el inmenso imperio.
Primavera
Primavera que no aprecio, quiero
decir de ti que de una calle la esquina
doblando, tu presagio me hería
como una cuchilla. La sombra aún leve
de ramas desnudas sobre la tierra aún
desnuda me turba, casi también podría yo
debería
renacer. La tumba
parece insegura ante tu inminencia, antigua
primavera, que más que otra estación
cruelmente resucitas y matas.
Límite
Habla conmigo largamente mi compañera
de cosas tristes, graves, que sobre el pecho
pesan como una piedra; maraña
de males inextricables, que ninguna
mano, tampoco la mía, puede desatar.
Un pájaro
de la casa de enfrente sobre el alero
se posa un instante, al sol brilla, regresa
al cielo azul que lo cobija.
¡Oh, él
dichoso entre los dichosos! Tiene alas, ignora
mi pena secreta, mi dolor
de hombre junto a un límite: la certeza
de no poder salvar a quien se ama.
UNA NOTTE
Verrebbe el sonno come l’altre notti
s’insinua già tra i miei pensieri.
Allora
come una lavandaia un panno, torce
la nuova angoscia il mio cuore. Vorrei
gridare, ma non posso. La tortura,
che si soffre una volta, soffro mutuo
Ahi, quello che ho perduto so io solo
UNA NOCHE
Vendrá el sueño como las otras noches,
se insinúa ya entre mis pensamientos.
Entonces
como una lavandera con un paño, retuerce
la nueva angustia de mi corazón. Quisiera
gritar, pero no puedo. La tortura,
que se sufre una vez sola, sufro mudo
Ay, sólo yo sé lo que he perdido
FINESTRA
Il vuoto
del cielo sul color di purgatorio
delle tegole. Dietro, la materna
linea dei colli; in basso l’erta dove
dai cornicioni del teatro calano
i colombi; verdeggia
un albero che poca terra nutre;
statue portano alati sulla lira;
fanciulli con estrose grida vagano in corsa
VENTANA
El vacío
del cielo sobre el color de purgatorio
de las tejas. Detrás, la línea
maternal de las colinas; debajo la cuesta donde
las palomas se deslizan desde las cornisas
del teatro; reverdece
un árbol que poca tierra nutre;
unas estatuas cargan aves sobre su lira;
y unos niños entre gritos caprichosos
corretean
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lunes, 30 de abril de 2012
Dos poemas de Luis Alberto de Cuenca
Hola, mi amor...
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para oírte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para verte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para oirte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Si con tus garras
me quisieras abrazar
si con tus dientes
me quisieras tú besar.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.
Yo, lo que quiero,
es tu cuerpo tan brutal
y lo que adoro
es tu fuerza de animal.
Si con tus garras
me quisieras abrazar
y con tus dientes
me quisieras tú besar.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
te compraría un anillo,
un pastel, un collar.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero bailar contigo
un lindo rock´n´roll. (bis)
Yo sólo quiero
una noche sin final
en la que ambos
nos podamos devorar.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para oírte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para verte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para oirte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Si con tus garras
me quisieras abrazar
si con tus dientes
me quisieras tú besar.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
quiero tenerte cerca
para olerte mejor.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero tenerte cerca
para hablarte mejor.
Yo, lo que quiero,
es tu cuerpo tan brutal
y lo que adoro
es tu fuerza de animal.
Si con tus garras
me quisieras abrazar
y con tus dientes
me quisieras tú besar.
Hola, mi amor,
yo soy el lobo,
te compraría un anillo,
un pastel, un collar.
Hola, mi amor,
soy yo, tu lobo,
quiero bailar contigo
un lindo rock´n´roll. (bis)
Yo sólo quiero
una noche sin final
en la que ambos
nos podamos devorar.
(Escucha la versión de la Orquesta Mondragón. Canta Gurruchaga)
LA MALTRATADATengo Sed. Me has quitado las praderas del norte,
regadas por arroyos de respeto y cariño.
Tengo frío. Te has ido con el sur de mi alcoba,
dejándome las huellas de tu hielo en mi cuerpo.
No sé qué hacer.
La vida me parece una tumba
donde me has enterrado viva, una oscuridad
irrespirable, un túnel sin salida, una muerte
prolongada, el vacío, la ausencia, el desamparo.
Me siento tan vencida por tu odio, tan débil,
tan aterrorizada y tan inexistente,
que no puedo llorar, ni llamar por teléfono
a mis padres (que acaso me dirían: “Aguanta,
que por algo naciste mujer”), ni hacerle señas
a la vecina desde la ventana.
Me quedo
acurrucada en un rincón del dormitorio
esperando que vuelvas y sigas arrasando
con gestos de desprecio, con golpes y con gritos
aquel campo de amor que cultivamos juntos.
regadas por arroyos de respeto y cariño.
Tengo frío. Te has ido con el sur de mi alcoba,
dejándome las huellas de tu hielo en mi cuerpo.
No sé qué hacer.
La vida me parece una tumba
donde me has enterrado viva, una oscuridad
irrespirable, un túnel sin salida, una muerte
prolongada, el vacío, la ausencia, el desamparo.
Me siento tan vencida por tu odio, tan débil,
tan aterrorizada y tan inexistente,
que no puedo llorar, ni llamar por teléfono
a mis padres (que acaso me dirían: “Aguanta,
que por algo naciste mujer”), ni hacerle señas
a la vecina desde la ventana.
Me quedo
acurrucada en un rincón del dormitorio
esperando que vuelvas y sigas arrasando
con gestos de desprecio, con golpes y con gritos
aquel campo de amor que cultivamos juntos.
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domingo, 29 de abril de 2012
Tres poemas inéditos de Pessoa
10-2-1917
El mundo cae a mi alrededor, escombro a escombro.
Mis sentidos oscilan, bandera rota al viento.
¿Qué sombra de qué sol llena de frío y asombro
el camino vacío de la consecución?
Busca un puerto lejano una nave desconocida
ese es todo el sentido de mi vida.
Por un mar azul nocturno, estrellado en el fondo,
sigue su ruta la nave exterior al mundo.
Pero el sentido de todo está cerrado en el asombro
que exhala la llama negra que enciende en mi entusiasmo
Súbitas confesiones de otro que yo fui en otros tiempos
antes de la vida y que vio a Dios y que no soy ahora.
O mundo rui a meu redor, escombro a escombro./Os meus sentidos oscilam, bandeira rota ao vento./Que sombra de que o sol enche de frio e de assombro/A estrada vazia do conseguimento?/ Busca un porto longe uma nau desconhecida/E esse é todo o sentido de minha vida./ Por un mal azul nocturno, estrelado no fundo,/Segue a sua rota a nau exterior ao mundo./ Mas o sentido de tudo está fechado no pasmo/Que exala a chama negra que acende em meu entusiasmo/Subitas confissões de outro que eu fui outrora/Antes da vida e viu Deus e eu não o sou agora.
5-3-1919 (?)
¿Por qué vivo, quién soy, o qué soy, quién me lleva?
¿Qué seré para la muerte? Para la vida ¿qué soy?
La muerte en el mundo es la oscuridad en la tierra.
Nada puedo. Lloro, gimo, cierro los ojos y voy.
Me cercan el misterio, la ilusión y la descreencia
En las posibilidades que todo sea verdadero.
¡Oh, mi terror de ser, nada hay que te venza!
La vida como la muerte es el mismo mal.
Porque vivo, quem sou, o que sou, quem me leva?/Que serei para a morte? Para a vida o que sou?/ A morte no mundo é a treva na terra./ Nada posso. Choro, gemo, cerro os olhos e vou./ Cerca-me o mistério, a ilusão e a descrença/ Da possibilidade de ser tudo real./ O meu pavor de ser, nada há que te vença!/ A vida como a morte é o mesmo Mal!
12-12-1919
Mi ser vive en la Noche y en el Deseo.
Mi alma es un recuerdo que hay en mí.
Meu ser vive na Noite e no Desejo./ Minha alma é uma lembrança que há en mim.
jueves, 26 de abril de 2012
El ministro Quijote, de Ventura Ruiz Aguilera
Hubo en una corte un ministro loco,
loco rematado, como Don Quijote,
a quien bautizaron con aqueste mote
viendo cómo el reino quiso gobernar:
mucho durar pudo, mas, por su conducta,
que, según decían, era extravagante,
pronto dejó a un cuerdo su sillón vacante
dando justo origen a cierto refrán,
que, a pesar del tiempo, dura todavía:
"Ministro Quijote, ministro de un día."
De las oficinas desterró a los necios
que allí colocaron sus antecesores;
de su lado huyeron los aduladores ,
honradez y ciencia pródigo premió.
Consiguió que el libro santo de las leyes
acatase ciego todo ciudadano;
el tesoro público respetó su mano ;
pobre subió y pobre muy pronto bajó;
El refrán, por eso, dura todavía:
"Ministro Quijote, ministro de un día".
Con las opiniones fue muy tolerante,
blando con los buenos, duro con los malos;
pero jamás quiso persuadir a palos,
como en nuestros días hacen más de tres.
Mientras fue ministro, falto de memoria,
no conoció amigo ni mimó pariente
procediendo en todo pura y rectamente,
por lo cual rodando baja del poder.
El refrán, por eso, dura todavía:
"Ministro Quijote, ministro de un día."
Nunca se dio tono con el que le hablaba,
fuese grande o chico, flaco fuese o gordo,
ni por conveniencia se hizo jamás sordo,
cosa que no pueden muchos concebir.
Libertó a la prensa de los torpes lazos
que la sujetaban con su férreo yugo
y, por fin de fiesta, suprimió al verdugo;
¡De principios tales, digno fue tal fin!
Pero cayó pronto; bien lo merecía:
"Ministro Quijote, ministro de un día".
Desde aquel entonces, el mortal que sube
máximas contrarias felizmente observa,
y en su amado puesto firme se conserva
sin que nada turbe su cabal salud.
El ministro loco sírvele de ejemplo;
hoy ya se gobierna con tan raro tino
que ni el más imbécil hace un desatino,
porque de él no corra por la multitud
el refrán que el otro por doquier oía:
"Ministro Quijote, ministro de un día".
1851.
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viernes, 13 de abril de 2012
Grodek de Georg Trakl
-
- Por la tarde suenan armas de muerte en bosques otoñales: por áureas llanuras y lagos azules rueda sol tenebroso.
- La noche invade a soldados moribundos al salvaje alarido de sus bocas torcidas.
-
- Quietas en la espesura hay nubes enrojecidas donde mora dios colérico; se manchan con fría sangre de luna vertida; todo camino desemboca en cieno y negrura.
-
- Bajo el nocturno ramaje de oro y las estrellas vaga la sombra de mi hermana en un bosque demudado y saluda a los espíritus heroicos, cabezas ensangrentadas, mientras suaves entre rojizos otoñales silban oscuras flautas.
- ¡Oh, más que soberbio duelo en altares de bronce! Un tremendo dolor alimenta la llama que consume el espíritu:
- ... los nietos por nacer.
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jueves, 12 de abril de 2012
El camino desdeñado, de Robert Frost
El camino que pospuse
Robert Frost El camino se partía en dos por el bosque amarillo, y, apenado por no poder tomar ambos siendo un único viajero, largo tiempo estuve en pie oteando uno de ellos cuanto pude hasta donde en la espesura se perdía; y entonces tomé el otro justamente, acaso acertado con la opción, pues áspero era y requería paso frecuente, aunque en cuanto a lo que allí vi me hubiera marchado por cualquiera. Y esa mañana ambos se me aparecían iguales. ¡Guardé el primero para luego! Aun conociendo la forma como todo camina, dudé si debía volver sobre mis pasos ¡debo estar diciéndolo con un suspiro de aquí a la eternidad! Dos, dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo tomé el menos transitado y eso fue todo. |
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Siglo XX
domingo, 8 de abril de 2012
Dylan Thomas, En mi oficio
Dylan Thomas
In my craft or sullen art...
EN MI LABOR U HOSCO ARTE
En mi labor u hosco arte,
que ejerzo en la noche tranquila
cuando sólo rabia la luna
y descansan los amantes
con sus penas en los brazos,
trabajo a la luz cantora
no por ambición o pan,
lucimiento o simpatía
en escenarios ebúrneos,
sino por el salario común
de su escondido corazón.
No para los soberbios aparte
de la furiosa luna escribo
en estas páginas aspergidas
por espumas de mar,
ni para los muertos encumbrados
y sus ruiseñores y salmos,
sino para los amantes y sus brazos
que abarcan penas de siglos
y no elogian ni pagan
ni hacen caso de mi trabajo o quier si arte.
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lunes, 12 de marzo de 2012
Gregorio Silvestre, Confusión
Confusión
¡Qué niebla, qué confusión!
¿En qué Babilonia estoy?
¿Si he de ser, si fui, si soy?
¿Si tengo seso o razón,
o manera?
¿Soy acaso o soy quimera?
¿Soy cosa fantaseada
o soy un ser que no es nada,
o fuera más que no fuera?
Yo pregunto
si soy vivo o si difunto,
porque cuando miro en ello
no soy aquesto, ni aquello,
ni estotro, ni todo junto.
Ni hay que ver
si tengo o no tengo ser,
pues no soy gloria ni pena
ni cosa mala ni buena,
de pesar ni de placer.
He pensado
que soy un concepto errado,
un desastre de ventura,
un siniestro de natura,
compuesto desvarïado
de elementos.
Rüina de pensamientos,
cisma de sentidos varios,
revolución de adversarios,
furia de contrarios vientos
y aún peor.
El mismo qu’es el dolor
de mí sale y yo soy él;
él está en mí y yo estó en él
por una regla de amor
señalada;
no es mi vida atormentada
de desdichas de fortuna,
ni tienen fuerza ninguna
si de mí no les es dada
de prestado.
Yo no siento
ni alcanza mi pensamiento
qué mal tengo, ni en qué grado,
que el andar desvarïado
confunde el entendimiento.
No es penar,
no es tormento ni es pesar,
ni morir ni enloquecer,
sino que, a mi parecer,
es más que todo a la par.
Esto he olvidado:
si el principio fue causado
(y al fin me acuerdo que sí)
de una gloria que perdí
por querer demasïado.
El cómo fue,
por la pena que pasé
y el dolor que he sostenido,
pienso que ya lo es sabido,
pero agora no lo sé.
Así estoy más que perdido,
sin saber cómo ni cuándo,
desesperado esperando
que no sea lo que ha sido.
Vengo a tanto,
que de ver cuál es y cuánto
este mi grave cuidado,
me quedo de mí espantado
cómo de mí no me espanto.
En fin, hallo
que es yerro desmenuzallo:
mejor es para mi fe
que se piense que lo sé
y que por algo lo callo.
Yo he hecho lo que he podido;
Fortuna, lo que ha querido.
Gregorio Silvestre (1520-1569)
martes, 7 de febrero de 2012
Epístola a Mateo Vázquez, de Miguel de Cervantes
De Miguel de Cervante, [sic] captivo, a M. Vázquez mi señor.
Si el bajo son de la zampoña mía,
señor, a vuestro oído no ha llegado
en tiempo que sonar mejor debía,
no ha sido por la falta de cuidado,
sino por sobra del que me ha traído
por extraños caminos desvïado.
También, por no adquirirme de atrevido
el nombre odioso, la cansada mano
ha encubierto las faltas del sentido.
Mas, ya que el valor vuestro sobrehumano,
de quien tiene noticia todo el suelo,
la graciosa altivez, el trato llano
anichilan el miedo y el vüelo
que ha tenido, hasta aquí, mi humilde pluma,
de no quereros descubrir su velo,
de vuestra alta bondad y virtud suma
diré lo menos, que lo más no siento
quién de cerrarlo en verso se presuma.
Aquel que os mira en el subido asiento
do el humano favor puede encumbrarse
y que no cesa el favorable viento
y él se ve entre las ondas anegarse
del mar de la privanza, do procura,
o por fas o por nefas, levantarse,
¿quién dubda que no dice "la ventura
ha dado en levantar este mancebo
hasta ponerle en la más alta altura.
Ayer le vimos inexperto y nuevo
en las cosas que agora mide y trata,
tan bien, que tengo envidia y las apruebo"?
Desta manera se congoja y mata
el envidioso, que la gloria ajena
le destruye, marchita y desbarata.
Pero aquel que, con mente más serena
contempla vuestro trato y vida honrosa
y el alma dentro de virtudes llena,
no la inconstante rueda presurosa
de la falsa Fortuna, suerte o hado,
signo, ventura, estrella ni otra cosa
dice que es causa que en el buen estado
que agora poseéis os haya puesto,
con esperanza de más alto grado,
mas, sólo, el modo del vivir honesto,
la virtud escogida que se muestra
en vuestras obras y apacible gesto;
esta dice, señor, que os da su diestra
y os tiene asido con sus fuertes lazos
y a más y a más subir siempre os adiestra.
¡Oh sanctos, oh agradables dulces brazos
de la sancta virtud, alma y divina,
y sancto quien recibe sus abrazos!
¿Quién con tal guía como vos camina?
¿De qué se admira el ciego vulgo bajo,
si a la silla más alta se avecina?
Y, puesto que no hay cosa sin trabajo,
quien va sin la virtud, va por rodeo,
y, el que la lleva, va por el atajo.
Si no me engaña la experiencia, creo
que se vee mucha gente fatigada
de un solo pensamiento y un deseo:
pretenden más de dos llave dorada,
muchos un mesmo cargo y quien aspira
a la fidelidad de una embajada,
cada cual por sí mesmo al blanco tira
do asestan otros mil, y sólo es uno
cuya saeta dio do fue la mira,
y, este, quizá, que a nadie fue importuno,
ni a la soberbia puerta del privado
se halló, después de vísperas, ayuno,
ni dio ni tuvo a quien pedir prestado:
sólo con la virtud se entretenía
y en Dios y en ella estaba confiado.
Vos sois, señor, por quien decir podría
y lo digo y diré sin estar mudo,
que sola la virtud fue vuestra guía
y que ella sola fue bastante y pudo
levantaros al bien do estáis agora,
privado humilde, de ambición desnudo.
¡Dichosa y felicísima la hora
donde tuvo el real conocimiento
noticia del valor que anida y mora
en vuestro reposado entendimiento
cuya fidelidad, cuyo secreto,
es de vuestra virtudes el cimiento!
Por la senda y camino más perfecto
van vuestros pies, que es la que el medio tiene
y la que alaba el seso más discreto.
Quien por ella camina vemos viene
a aquel dulce süave paradero
que la felicidad en sí contiene.
Yo, que el camino más bajo y grosero
he caminado, en fría noche escura,
he dado en manos del atolladero,
y, en la esquiva prisión, amarga y dura,
adonde agora quedo, estoy llorando
mi corta infelicísima ventura,
con quejas tierra y cielo importunando,
con suspiros el aire escuresciendo,
con lágrimas el mar acrescentando.
¡Vida es esta, señor, do estoy muriendo
entre bárbara gente descreída,
la malograda juventud perdiendo!
No fue la causa aquí de mi venida,
andar vagando por el mundo acaso
con la vergüenza y la razón perdida;
diez años ha que tiendo y mudo el paso
en servicio del gran Filipo nuestro,
ya con descanso, ya cansado y laso,
y, en el dichoso día que siniestro
tanto fue el hado a la enemiga armada
cuanto a la nuestra favorable y diestro,
de temor y de esfuerzo acompañada
presente estuvo mi persona al hecho,
más de esperanza que de hierro armada.
Vi el formado escuadrón roto y deshecho
y, de bárbara gente y de cristiana,
rojo en mil partes de Neptuno el lecho.
La muerte airada, con su furia insana,
aquí y allí, con priesa discurriendo,
mostrándose, a quien tarda, a quien temprana.
El son confuso, el espantable estruendo,
los gestos de los tristes miserables
que entre el fuego y el agua iban muriendo.
Los profundos sospiros lamentables
que los heridos pechos despedían,
maldiciendo sus hados detestables.
Helóseles la sangre que tenían
cuando, en el son de la trompeta nuestra,
su daño y nuestra gloria conoscían.
Con alta voz, de vencedora muestra,
rompiendo el aire claro, el son mostraba
ser vencedora la cristiana diestra.
A esta dulce sazón, yo, triste, estaba
con la una mano de la espada asida,
y sangre de la otra derramaba.
El pecho mío, de profunda herida,
sentía llagado, y la siniestra mano
estaba por mil partes ya rompida.
Pero el contento fue tan soberano,
que a mi alma llegó, viendo vencido
el crudo pueblo infiel por el cristiano,
que no echaba de ver si estaba herido
aunque era tan mortal mi sentimiento,
que a veces me quitó todo el sentido.
Y, en mi propia cabeza, el escarmiento
no me pudo estorbar que, el segundo año,
no me pusiese a discreción del viento
y al bárbaro, medroso pueblo extraño
vi: recogido, triste, amedrentado,
y, con causa, temiendo de su daño,
y al reino, tan antiguo y celebrado,
a do la hermosa Dido fue rendida,
al querer del troyano desterrado.
También, vertiendo sangre aún la herida
mayor, con otras dos quise hallarme
por ver ir la morisma de vencida.
¡Dios sabe si quisiera allí quedarme
con los que allí quedaron esforzados
y perderme con ellos o ganarme!
Pero mis cortos, implacables hados
en tan honrosa empresa no quisieron
que acabase la vida y los cuidados
y, al fin, por los cabellos me trujeron
a ser vencido por la valentía
de aquellos que, después, no la tuvieron
en la galera Sol (que escurescía
mi ventura su luz, a pesar mío),
fue la pérdida de otros y la mía.
Valor mostramos al principio, y brío,
pero, después, con la esperiencia amarga,
conoscimos ser todo desvarío.
¡Sentí de ajeno yugo la gran carga
y en las manos sacrílegas, malditas,
dos años ha que mi dolor se alarga!
Bien sé que mis maldades infinitas
y la poca atrición que en mí se encierra
me tiene entre estos falsos ismaelitas.
Cuando llegué vencido, y vi la tierra
tan nombrada en el mundo que en su seno
tantos piratas cubre, acoge y cierra,
¡no pude al llanto detener el freno,
que, a mi despecho, sin saber lo que era,
me vi el marchito rostro de agua lleno! [...]
Mi lengua balbuciente y cuasi muda
pienso mover en la real presencia,
de adulación y de mentir desnuda,
diciendo: "Alto señor, cuya potencia
sujetas trae mil bárbaras naciones
al desabrido yugo de obediencia,
a quien los negros indios con sus dones
reconoscen honesto vasallaje,
trayendo el oro acá de sus rincones,
¡despierte en tu real pecho el gran coraje,
la gran soberbia con que una bicoca
aspira de contino a hacerte ultraje!
La gente es mucha, mas su fuerza es poca,
desnuda, mal armada, que no tiene,
en su defensa, fuerte muro o roca.
Cada uno mira si tu armada viene
para dar a sus pies el cargo y cura
de conservar la vida que sostienen.
Del amarga prisión, triste y escura,
adonde mueren veinte mil cristianos,
tienes la llave de su cerradura.
Todos (cual yo) de allá, puestas las manos,
las rodillas por tierra, sollozando,
cercados de tormentos inhumanos,
valeroso señor, te están rogando
vuelvas los ojos de misericordia
a los suyos, que están siempre llorando,
y, pues te deja agora la discordia
que hasta aquí te ha oprimido y fatigado
y gozas de pacífica concordia,
¡haz , oh buen Rey, que sea por ti acabado
lo que, con tanta audacia y valor tanto,
fue por tu amado padre comenzado!
¡Sólo el pensar que vas, pondrá un espanto
en la enemiga gente, que adevino
ya, desde aquí, su pérdida y quebranto!
¡Quién dubda que el real pecho begnino [sic]
no se muestre, escuchando la tristeza
en que están estos míseros contino!
Bien paresce que muestro la flaqueza
de mi tan torpe ingenio, que pretende
hablar tan bajo ante tan alta alteza,
pero el justo deseo la defiende.
Mas a todo silencio poner quiero:
que temo que mi pluma ya os ofende
y al trabajo me llaman donde muero.
domingo, 29 de enero de 2012
Himno a Proserpina y El jardín de Proserpina, de Swinburne
Hymn to Proserpine (After the Proclamation in Rome of the Christian Faith) 1866
Algernon Charles Swinburne
Vicisti, Galilaee. ["¡Venciste, Galileo!"]
I have lived long enough, having seen one thing, that love hath an end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
Thou art more than the day or the morrow, the seasons that laugh or that weep;
For these give joy and sorrow; but thou, Proserpina, sleep.
Sweet is the treading of wine, and sweet the feet of the dove;
But a goodlier gift is thine than foam of the grapes or love.
Yea, is not even Apollo, with hair and harpstring of gold,
A bitter God to follow, a beautiful God to behold?
I am sick of singing: the bays burn deep and chafe: I am fain
To rest a little from praise and grievous pleasure and pain.
For the Gods we know not of, who give us our daily breath,
We know they are cruel as love or life, and lovely as death.
O Gods dethroned and deceased, cast forth, wiped out in a day
From your wrath is the world released, redeemed from your chains, men say.
New Gods are crowned in the city; their flowers have broken your rods;
They are merciful, clothed with pity, the young compassionate Gods.
But for me their new device is barren, the days are bare;
Things long past over suffice, and men forgotten that were.
Time and the Gods are at strife; ye dwell in the midst thereof,
Draining a little life from the barren breasts of love.
I say to you, cease, take rest; yea, I say to you all, be at peace,
Till the bitter milk of her breast and the barren bosom shall cease.
Wilt thou yet take all, Galilean ? but these thou shalt not take,
The laurel, the palms and the paean, the breasts of the nymphs in the brake;
Breasts more soft than a dove's, that tremble with tenderer breath;
And all the wings of the Loves, and all the joy before death;
All the feet of the hours that sound as a single lyre,
Dropped and deep in the flowers, with strings that flicker like fire.
More than these wilt thou give, things fairer than all these things ?
Nay, for a little we live, and life hath mutable wings.
A little while and we die; shall life not thrive as it may?
For no man under the sky lives twice, outliving his day.
And grief is a grievous thing, and a man hath enough of his tears:
Why should he labour, and bring fresh grief to blacken his years ?
Thou hast conquered, O pale Galilean; the world has grown grey from thy breath;
We have drunken of things Lethean, and fed on the fullness of death.
Laurel is green for a season, and love is sweet for a day;
But love grows bitter with treason, and laurel outlives not May.
Sleep, shall we sleep after all ? for the world is not sweet in the end;
For the old faiths loosen and fall, the new years ruin and rend.
Fate is a sea without shore, and the soul is a rock that abides;
But her ears are vexed with the roar and her face with the foam of the tides.
O lips that the live blood faints in, the leavings of racks and rods !
O ghastly glories of saints, dead limbs of gibbeted Gods !
Though all men abase them before you in spirit, and all knees bend,
I kneel not neither adore you, but standing, look to the end.
All delicate days and pleasant, all spirits and sorrows are cast
Far out with the foam of the present that sweeps to the surf of the past:
Where beyond the extreme sea-wall, and between the remote sea-gates,
Waste water washes, and tall ships founder, and deep death waits:
Where, mighty with deepening sides, clad about with the seas as with wings,
And impelled of invisible tides, and fulfilled of unspeakable things,
White-eyed and poisonous-finned, shark-toothed and serpentine-curled,
Rolls, under the whitening wind of the future, the wave of the world.
The depths stand naked in sunder behind it, the storms flee away;
In the hollow before it the thunder is taken and snared as a prey;
In its sides is the north-wind bound; and its salt is of all men's tears;
With light of ruin, and sound of changes, and pulse of years:
With travail of day after day, and with trouble of hour upon hour;
And bitter as blood is the spray; and the crests are as fangs that devour:
And its vapour and storm of its steam as the sighing of spirits to be;
And its noise as the noise in a dream; and its depth as the roots of the sea:
And the height of its heads as the height of the utmost stars of the air:
And the ends of the earth at the might thereof tremble, and time is made bare.
Will ye bridle the deep sea with reins, will ye chasten the high sea with rods ?
Will ye take her to chain her with chains, who is older than all ye Gods ?
All ye as a wind shall go by, as a fire shall ye pass and be past;
Ye are Gods, and behold, ye shall die, and the waves be upon you at last.
In the darkness of time, in the deeps of the years, in the changes of things,
Ye shall sleep as a slain man sleeps, and the world shall forget you for kings.
Though the feet of thine high priests tread where thy lords and our forefathers trod,
Though these that were Gods are dead, and thou being dead art a God,
Though before thee the throned Cytherean be fallen, and hidden her head,
Yet thy kingdom shall pass, Galilean, thy dead shall go down to thee dead.
Of the maiden thy mother men sing as a goddess with grace clad around;
Thou art throned where another was king; where another was queen she is crowned.
Yea, once we had sight of another: but now she is queen, say these.
Not as thine, not as thine was our mother, a blossom of flowering seas,
Clothed round with the world's desire as with raiment, and fair as the foam,
And fleeter than kindled fire, and a goddess, and mother of Rome.
For thine came pale and a maiden, and sister to sorrow; but ours,
Her deep hair heavily laden with odour and colour of flowers,
White rose of the rose-white water, a silver splendour, a flame,
Bent down unto us that besought her, and earth grew sweet with her name.
For thine came weeping, a slave among slaves, and rejected; but she
Came flushed from the full-flushed wave, and imperial, her foot on the sea.
And the wonderful waters knew her, the winds and the viewless ways,
And the roses grew rosier, and bluer the sea-blue stream of the bays.
Ye are fallen, our lords, by what token? we wist that ye should not fall.
Ye were all so fair that are broken; and one more fair than ye all.
But I turn to her still, having seen she shall surely abide in the end;
Goddess and maiden and queen, be near me now and befriend.
O daughter of earth, of my mother, her crown and blossom of birth,
I am also, I also, thy brother; I go as I came unto earth.
In the night where thine eyes are as moons are in heaven, the night where thou art,
Where the silence is more than all tunes, where sleep overflows from the heart,
Where the poppies are sweet as the rose in our world, and the red rose is white,
And the wind falls faint as it blows with the fume of the flowers of the night,
And the murmur of spirits that sleep in the shadow of Gods from afar
Grows dim in thine ears and deep as the deep dim soul of a star,
In the sweet low light of thy face, under heavens untrod by the sun,
Let my soul with their souls find place, and forget what is done and undone.
Thou art more than the Gods who number the days of our temporal breath;
For these give labour and slumber; but thou, Proserpina, death.
Therefore now at thy feet I abide for a season in silence. I know
I shall die as my fathers died, and sleep as they sleep; even so.
For the glass of the years is brittle wherein we gaze for a span;
A little soul for a little bears up this corpse which is man.l
So long I endure, no longer; and laugh not again, neither weep.
For there is no God found stronger than death; and death is a sleep.
El Jardín de Proserpina.
(The garden of Proserpine)
Algernon Charles Swinburne.
Aquí, donde el mundo calma,
aquí, donde toda tribulación es apenas tumulto de vientos muertos y olas agotadas,
en un dudoso sueño de sueños veo crecer los campos verdes
entre sembradores y cosechadores,
entre la cosecha y la siega,
en un mundo de arroyos perezosos.
Estoy cansado de risas y lágrimas
y de los hombres que lloran y ríen,
de quien siembra para cosechar futuro.
Estoy cansado de días y de horas,
de trémulos capullos entre flores estériles,
de deseos y vislumbres de gloria,
de todo, salvo el Sueño.
Aquí la Vida es vecina de la Muerte;
lejos del oído y la vista
trabajan las olas pálidas los vientos húmedos,
giran los débiles barcos y los espíritus
vagan, errando con la marea,
sin saber hacia dónde se dirijan sus pasos.
Aquí esos vientos no soplan
aquí no crecen esas cosas.
Aquí no crecen hierbas ni malezas,
flores de brezo o vides,
sino estériles brotes de amapola,
verdes racimos de Proserpina,
blancas vasijas de ondulantes juncos.
Aquí nada florece o colorea,
salvo esta flor,
de la que Ella extrae para los hombres
un néctar de muerte.
Aunque uno tuviese la fuerza de siete,
también conocerá el fin;
no despertará con alas en el Cielo
ni lamentará las penas del Infierno.
Aunque fuera hermoso como las rosas,
su belleza se nublará y decaerá
y, por más que en el Amor descanse,
su fin no será bueno jamás.
Pálida, tras atrios y pórticos,
coronada de hojas tranquilas,
está quien recoge frutos amortecidos
con sus manos blancas y eternas;
sus labios son más dulces
que los del Amor, que la temen;
y más dulces para los confusos
que llegan cansados de épocas y tierras tantas.
Ella cuida de uno y de otro,
cuida de todos los mortales,
y olvida la Tierra, su madre;
y la vida de los frutos y los vegetales,
y la primavera y los granos,
y las golondrinas que se alejan y la siguen,
allí dónde los cantos helados suenan en falso
y las flores son despreciadas.
Allí van los amores marchitos,
los viejos amores con sus alas cansadas;
y todos los años muertos,
y todos los desastres;
sueños deshechos de días olvidados,
ciegos capullos que la nieve ha arrancado,
hojas secas que el viento llevose,
rojos peregrinos de fuentes arruinadas.
No reafirmamos la tristeza,
pues la alegría tampoco fue nunca segura;
el hoy morirá mañana
y el Tiempo no oye ninguna llamada
y el Amor débil e indolente
suspira con labios arrepentidos
llorando la brevedad de las pasiones
con los ojos del Olvido.
Por excesivo amor a la vida,
por la esperanza y el temor liberados,
brevemente agradecemos a los dioses,
sin importar quiénes sean,
que la vida no sea eterna,
que nunca los muertos se levanten,
que hasta el río más perezoso
llegue en sus giros al reposo del mar.
Porque entonces las estrellas no nos despertarán
ni el sol con sus resplandores de luz
ni el murmullo de las aguas inquietas,
ningún sonido y ninguna visión:
ni hojas estivales ni hojas invernales,
ni días ni lo diurno;
sólo un eterno sueño,
en una eterna noche.
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