jueves, 23 de julio de 2015

Gonzalo de Berceo, Selección

Algunos poemas narrativos y alegóricos de Gonzalo de Berceo

MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA

LOS SIGNOS DEL JUICIO FINAL

EL LADRÓN DEVOTO LOS DOS HERMANOS

EL LABRADOR AVARO

EL NOVIO Y LA VIRGEN

I

MILAGROS DE NUESTRA SEÑORA

Introducción

Amigos e vassallos de Dios omnipotent,
si vos me escuchássedes por vuestro consiment,
querríavos contar un buen aveniment:
terrédeslo en cabo por bueno verament.

Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.

Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las [carnes] e las mientes;
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.

Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas non avié ningunas podridas [nin] azedas.

La verdura del prado, la olor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
resfrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.

Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada [nin] olor tan sabroso;
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.

Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves, dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.

Unas tenién la quinta, e las otras doblavan,
otras tenién el punto, errar no las dexavan:
al posar [e] al mover, todas se esperavan,
aves torpes nin roncas non se acostavan.

Non serié organista nin serié vïolero,
nin giga nin salterio nin mano de rotero,
nin estrument nin lengua nin tan claro vocero
cuyo canto valiesse con esto un dinero.

Peroque [nos] dissiemos todas estas bondades,
non contamos las diezmas, esto bien lo creades:
que avié de noblezas tantas diversidades
que no las contarien priores [nin] abbades.

El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non [perdié] la verdura por nulla tempestat.

Manamano que fui en tierra acostado,
de todo el lazerio fui luego folgado;
oblidé toda cuita [e] lazerio passado:
¡Qui allí se morasse serié bienventurado!

Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.

Semeja esti prado egual de Paraíso,
en qui Dios tan grand graçia, tan grand bendiçión miso;
él que crió tal cosa maestro fue anviso:
omne que ý morasse nunqua perdrié el viso.

El fructo de los árbores era dulz e sabrido,
si don Adám oviesse de tal fructo comido,
de tan mala manera non serié decibido,
ni tornárién tal danno Eva [nin] so marido.

Sennores e amigos, lo que dicho avemos
palavra es oscura, esponerla queremos:
tolgamos la corteza, al meollo entremos,
prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.

Todos quantos vevimos, que en piedes andamos,
siquiere en [presión] o en lecho yagamos,
todos somos romeos que camino [pasamos],
San Peidro lo diz esto, por él vos lo provamos.

Quanto aquí vivimos en ageno moramos;
la ficança durable suso la esperamos;
la nuestra romería estonz la acabamos,
quando a Paraíso las álmas envïamos.

En esta romería avemos un buen prado
en qui trova repaire tot romeo cansado:
la Virgin Glorïosa, madre del buen Criado,
del qual otro ninguno egual non fue trobado.

Esti prado fue siempre verde en onestat,
ca nunca ovo mácula la su virginidat,
post partum et in partu fue virgin de verdat,
illesa, incorrupta en su entegredat.

Las quatro fuentes claras que del prado manavan,
los quatro evangelios, esso significavan,
ca los evangelistas quatro que los dictavan,
quando los escrivién, con ella se fablavan.

Quanto escrivién ellos, ella lo emendava,
esso era bien firme lo que ella laudava;
parece que el riego todo d'ella manava
quando a menos d'ella nada non se guiava.

La sombra de los árbores, buena, dulz e sanía,
en qui ave repaire toda la romería,
sí son las oraciones que faz Santa María
que por los peccadores ruega noch e día.

Quantos que son en mundo, justos e peccadores,
coronados e legos, reys e emperadores,
allí corremos todos, vassallos e sennores,
todos a la su sombra imos coger las flores.

Los árbores que facen sombra dulz e donosa
son los santos miraclos que faz la Glorïosa,
ca son mucho más dulzes que azúcar sabrosa,
la que dan al enfermo en la cuita raviosa.

Las aves que organan entre essos fructales,
que han las dulzes vozes, dizen cantos leales,
estos son Agustino, Gregorio, otros tales,
[quantosl que escrivieron los sos fechos reales.

Estos avién con ella amor e atenencia,
en laudar los sos fechos metién toda femencia;
todos fablavan d'ella, cascuno su sentencia,
pero tenién por todo todos una creencia.

El rosennor que canta por fin maestría,
siquiere la calandria que faz grand melodía,
mucho cantó mejor el barón Isaía
e los otros prophetas, onrrada compannía.

Cantaron los apóstolos muedo muy natural,
confessores e mártires [facién otro] tal;
las vírgenes siguieron la gran Madre caudal,
cantan delante d'ella canto bien festival.

Por todas las eglesias, esto es cada día,
cantan laudes ant ella toda la clerecía:
todos li façen cort a la Virgo María;
estos son rossennoles de gran placentería.

Tornemos ennas flores que componen el prado,
que lo façen fermoso, apuesto e temprado;
las flores son los nomnes que lida el dictado
a la Virgo María, madre del buen Criado.

La benedicta Virgen es estrella clamada,
estrella de los mares, guïona deseada,
es de los marineros en las cuitas guardada,
ca quando éssa veden es la nave guiada.

Es clamada, y éslo de los cielos, reína,
tiemplo de jesu Christo, estrella matutina,
sennora natural, pïadosa vezina,
de cuerpos e de almas salud e medicina.

Ella es vellocino que fue de Gedeón,
en qui vino la pluvia, una grand vissïón;
ella es dicha fonda de David el varón
con la qual confondió al gigant tan fellón.

Ella es dicha fuent de qui todos bevemos,
ella nos dio el cevo de qui todos comemos;
ella es dicha puerto a qui todos corremos,
e puerta por la qual entrada atendemos.

Ella es dicha puerta en sí bien encerrada,
pora nos es abierta pora darnos la entrada;
ella es la palomba de fiel bien esmerada,
en qui non cae ira, siempre está pagada.

Ella con grand derecho es clamada Sïón,
ca es nuestra talaya, nuestra defensïón:
ella es dicha trono del reï Salomón,
reï de grand justicia, sabio por mirazón.

Non es nomne ninguno que bien derecho venga
que en alguna guisa a ella non avenga;
non ha tal que raíz en ella no la tenga,
nin Sancho nin Domingo, nin Sancha nin Domenga.

Es dicha vid, es uva, almendra, malgranada,
que de granos de graçia está toda calcada,
oliva, cedro, bálssamo, palma bien ajumada,
piértega en que sovo la serpiente alzada.

El fust que Moïsés enna mano portava
que confondió los sabios que Faraón preciava,
el que abrió los mares e depués los cerrava,
si non a la Gloriosa ál non significava.

Si metiéremos mientes en ell otro bastón
que partió la contienda que fue por Aarón,
ál non significava, como diz la lectión,
si non a la Gloriosa, esto bien con razón.

Sennores e amigos, en vano contendemos,
entramos en grand pozo, fondo no'l trovaremos;
más serién los sus nomnes que nos d'ella leemos
que las flores del campo, del más grand que savemos.

Desuso lo dissiemos que eran los fructales
en qui facién las aves los cantos generales,
los sus sanctos miraclos, grandes e principales,
los quales organamos ennas fiestas caubdales.

Quiero dexar con tanto las aves cantadores,
las sombras e las aguas, las devantdichas flores;
quiero d'estos fructales tan plenos de dulzores
fer unos pocos viessos, amigos e sennores.

Quiero en estos árbores un ratiello sobir
e de los sos miraclos algunos escrivir;
la Gloriosa me guíe que lo pueda complir,
ca yo non me trevría en ello a venir.

Terrélo por miráculo que lo faz la Gloriosa
si guiarme quisiere a mí en esta cosa;
Madre, plena de gracia, reína poderosa,
tú me guía en ello, ca eres pïadosa.



LOS SIGNOS DEL JUICIO FINAL


Sennores, si quisiéssedes attender un poquiello,
querríavos contar un poco de ratiello
un sermón que fue preso de un sancto libriello,
que fizo sant Jerónimo, un precioso cabdiello.

Nuestro padre Jherónimo, pastor de nos e tienda,
leyendo en ebreo en essa su leyenda,
trovó cosas estrannas, de estranna facienda;
qui las oír quisiere, tenga que bien merienda.

Trovó el omne bueno entre todo lo ál,
que ante del Judicio, del Judicio cabdal,
verrán muy grandes signos, un fiero temporal,
que se verá el mundo en pressura mortal.

Por esso lo escripso el varón acordado,
que se tema el pueblo que anda desvïado,
mejore en costumnes, faga a Dios pagado,
que non sea de Christo estonz desemparado.

Esti será el uno de los signos dubdados,
subirá a las nubes el mar muchos estados,
más alto que las sierras e más que los collados,
tanto que en sequero fincarán los pescados.

Pero en su derecha será él muy quedado,
non podrá estenderse, será como elado,
como parés enfiesta o muro bien labrado,
quiquiere que lo vea será mal espantado.

En el secundo día pareçrá affondado,
más vaxo que la tierra, bien tant com fue pujado;
de catarlo nul omne sól non será pensado,
pero será aína en su virtut tornado.

En el tercero signo nos conviene fablar,
que será grant espanto e un fiero pesar,
andarán los pescados todos sobre la mar,
metiendo grandes voces, non podiendo quedar.

Las aves esso misme, menudas e granadas,
andarán dando gritos todas mal espantadas;
assí farán las bestias por domar e domadas,
non podrán a la noche tornar a sus posadas.

El signo empués ésti es mucho de temer,
los mares e los ríos ardrán a grant poder;
desarrarán los omnes, iránse a perder,
querriénse si podiessen so la tierra meter.

El quinto de los signos será de grant pavura,
de yervas e de árbores e de toda verdura,
como diz sant Jherónimo, manará sangre pura;
los que no lo vidieren serán de grant ventura.

Será el día sexto negro e carboniento,
non fincará ninguna lavor sobre cimiento,
nin castiellos nin torres, nin otro fraguamiento,
que non sea destructo e todo fondamiento.

En el día seteno verrá priessa mortal,
avrán todas las piedras entre sí lit campal;
lidiarán como omnes que, se quieren fer mal,
todas se farán piezas menudas como sal.

Los omnes con la cuyta e con esta pressura,
con estos tales signos de tan fiera figura,
buscarán do se metan en una angostura;
dizrán: "Montes, cobritnos ca somos en ardura."

En el octavo día verrá otra miseria:
tremerá tod el mundo mucho de grant manera,
non se terrá en piedes ninguna cannavera
que en tierra non caya, non será tan ligera.

En el noveno día verrán otros porteros,
aplanar's án las sierras e todos los oteros;
serán de los collados los valles companneros,
todos serán iguales, carreras e senderos.

El día que viniere, el noveno passado,
istrán todos los omnes, quisque de su forado;
andarán estordidos, pueblo mal desarrado,
mas de fablar ninguno sól non será pensado.

El del onzeno día, si saberlo queredes,
será tan bravo signo que vos espantaredes;
abrirse án las fuessas que cerradas veedes,
istrán fuera los huessos de entre las paredes.

Non será el dozeno qui lo ose catar,
ca verá por el Zielo grandes flamas volar;
verá a las estrellas caer de su logar
como caen las fojas quand caen del figar.

Del trezeno fablemos, los otros terminados,
morrán todos los omnes, menudos e granados,
mas a poco de término serán resucitados,
por venir al Judicio justos e condenados.

El día quarto décimo será fiera varata,
ardrá todo el mundo, el oro e la plata,
balanquines e púrpuras, xamit et escarlata,
non fincará conejo en cabo nin en mata.

El día postremero, como diz el propheta,
el ángel pregonero sonará la cometa;
oírlo án los muertos, quisque en su capseta,
correrán al Judicio quisque con su maleta.

Quantos nunca nascieron e fueron engendrados,
quantos almas ovieron, fueron vivificados,
si los comieron aves o fueron ablentados,
todos en aquel día allí serán juntados.

Quantos nunca murieron en qualquiere edat,
o ninnos o eguados, o en grant vegedat,
todos de treinta annos, cuento de Trinidat,
verrán en essi día ante la Magestat.

Serán puestos los justos a la diestra partida,
los malos a siniestro, pueblo sines medida;
el Rey será en medio con su az revestida,
cerca de la Gloriosa, de caridat complida.

Allí será traído Judas el traïdor,
que por su abze mala vendió a su Sennor;
como él lo meresce verrá con tal honor,
veráse en porfazo, non podrié en mayor.

Tornar's há a los justos el Reï glorïoso,
ferlis há un sermón temprado e sabroso:
"Venit los benedictos del mi Padre precioso,
recebit el mi regno largo e delicioso.

Rescebit gualardón de lo que me sirviestes,
ca quando ovi famne vos bien me apaciestes,
vidiéstesme sediento, bien a bever me diestes,
si me menguó vestido, de grado me vestiestes.

Quando a vuestras puertas demandava posada,
vos luego me la diestes con voluntat pagada;
en las cuitas que ovi, trové en vos entrada,
quiérovos yo agora de todo dar soldada.

De lo que me serviestes, buen gualardón avredes,
por seculorum sécula conmigo regnaredes;
vivredes en grant gloria, nunca pesar veredes,
siempre laudes angélicas ante mí cantaredes."

Tornará a siniestro sannoso e irado,
dezirlis há por nuevas un esquivo mandado:
"Idvos los maledictos, ministros del Peccado,
it con vuestro maestro, vuestro adelantado.

It arder en el fuego que está avivado,
pora vos e a Lúcifer, a todo su fonsado;
acorro non avredes, esto es delibrado,
a qual sennor serviestes recibredes tal dado.

Quando famne avía, andava muy lazrado,
oírme non quisiestes nin darme un bocado;
si yo grant set avía, non aviédes cuidado,
e muy bien vos guardastes de darme hospedado.

Si vos alguna cosa me oviéssedes dada,
yo bien vos la terría agora condessada;
mas soviestes tan cruos que non me diestes nada;
yo la vuestra crüeza non la he oblidada.

Quando el pobreciello a vuestra puerta vino,
pediendo en mi nomne con hávito mezquino,
vos dar no li quisiestes nin del pan nin del vino,
oy si vos d'é1 pensássedes él vos serié padrino."

Presos serán los ángeles, ángeles infernales,
con cadenas ardientes e con fuertes dogales;
cogerlos án delante con azotes mortales,
?Jhesu Christo nos guarde de tales serviciales!

Levarlos án al fuego, al fuego infernal,
do nunca verán lumne si non cuyta e mal;
darlis án sendas sayas de áspero sayal,
tal que cascuna d'ellas pesará un quintal.

Avrán famne e frío, temblor e calentura,
ardor buelto con frío, set fiera sin mesura;
entre sus corazones avrá muy grant ardura,
que creer non quisieron la Sancta Escriptura.

Comerlos án serpientes e los escorpiones,
que an amargos dientes, agudos aguijones;
meterlis án los rostros fasta los corazones,
nunca avrán remedio en ningunas sazones.

Darlis án malas zenas e peores yantares,
grant fumo a los ojos, grant fedor a las nares,
vinagre a los lavios, fiel a los paladares,
fuego a las gargantas, torzón a los ijares.

Colgarán de las lenguas los escatimadores,
los que testiguan falso e los escarnidores;
non parcirán a reyes nin a emperadores,
avrán tales servientes quales fueron sennores.

Los omnes cobdiciosos del aver monedado,
que por ganar riqueza non dubdan fer peccado,
metránlis por las vocas el oro regalado,
dizrán que non oviessen atal aver ganado.

Los falsos menestrales e falsos labradores
allí darán derecho de las falsas lavores,
allí prendrán emienda, de los falsos pastores;
que son de fer cubiertas maestros savidores.

Algunos ordenados que lievan las obladas,
que viven seglarmente, tienen sucias posadas,
no lis avrán vergüenza las vestias enconadas,
darlis án por ofrenda grandes aguijonadas.

Los omnes soverviosos que roban los mezquinos,
que lis tuellen los panes, assí facen los vinos,
andarán mendigando corvos como encinos;
conteçrá esso mismo a los malos merinos.

Los que son invidiosos, aquessos malfadados,
qui por el bien del próximo andan descolorados,
serán en el infierno de todos coceados,
ferlis án lo que facen madrastras a annados.

Las penas del infierno de dur serién contadas,
ca d'éstas son muchas e mucho más granadas;
Jhesu Christo nos guarde de tales pescoçadas,
qui guardó a sant Peidro ennas ondas iradas.

Cambiemos la materia, en otro son cantemos,
en raçón desabrida mucho non detardemos;
a la buena companna de los justos tornemos,
el bien que esperamos, esso versifiquemos.

El Reï de los reyes, alcalde derechero,
qui ordena las cosas sin ningún consegero,
con su processión rica, pero El delantero,
entrará enna gloria del Padre verdadero.

La companna preciosa, de Christo consagrada,
del Padre benedicta, del Fijo combidada,
entrará en el Cielo alegre e pagada,
rendiendo a Dios gracias, a la Virgen ondrada.

Los ángeles del Cielo farán grant alegría,
nunca mayor d'aquélla ficieron en un día,
ca verán que lis cresze solaz e compannía,
¡Dios mande que entremos en essa confradía!

Dexemos de las penas de los malastrugados,
digamos de los gozos de los bienventurados;
éstos serán más grandes, demás serán doblados,
la alma con el cuerpo ambos serán juntados.

El cuerpo e la alma yaçrán en refrigerio,
esso clama doblado gozo el evangelio;
otrosí los dampnados avrán doble lazerio,
devié movernos mucho sólo esti proverbio.

De la primera gracia vos queremos decir,
avrán vida sin término, nunca an de morir;
demás serán tan claros, ?non vos cuido mentir?
non podrién siete soles tan fuertmientre lucir.

Serán mucho sobtiles, en veer muy certeros,
no lis farán embargo nin sierras nin oteros,
nin nieblas nin colinas, nin leguas nin migeros,
verán del mundo todo los cabos postremeros.

Avrán la quarta gracia por mayor complimiento,
serán mucho ligeros más que non es el viento;
volarán sus e yuso a todo su taliento,
en escripto yaz esto, sepades, non vos miento.

Assí serán ligeros, ésta es la verdat,
como es en nos mismos la nuestra voluntat,
que corre quanto quiere sin nulla cansedat;
en qual comarca quiere, y prende vezindat.

Avrán el quinto gozo que de todos más val,
que serán bien seguros de nunca aver mal;
sennor que a sus siervos da gualardón atal,
éssi es verdadero, nadi non crea ál.

Todos abrán femencia en laudar al Sennor,
avrán entre sí todos caridat e amor;
non terrán por la paz oración nin clamor,
nin catarán las nubes si tienen mal color.

Jhesu Christo nos lieve a essa compannía,
do tantos bienes yazen e tanta alegría;
guíenos la Gloriosa, Madre Sancta María,
que es fuente de gracia e mana cada día.

Quando el Rey de Gloria vinier a judicar,
bravo como león que se quiere cevar,
¿quí será tan fardido que lo ose sperar?
ca el leon irado save mal trevejar.

Las Virtudes del Cielo, dizlo la Escriptura,
las que nunca ficieron liviandat nin locura,
éssas en essi día avrán muy grant pavura,
ca verán el alcalde irado sin mesura.

Quand los ángeles sanctos tremerán con pavor,
que yerro non ficieron contra el su Sennor,
¿qué faré yo, mezquino, que só tan peccador?
Bien d'agora m'espanto, tanto he grant pavor.

Porque de la su vista me quiera asconder,
nin será aguisado nin avría poder;
yo razón non podría contra El mantener,
seo mal aguisado por ant El parescer.

Non avrá essi día ningunos rogadores,
todos serán callando, justos e peccadores;
todos avrán grant miedo e muy grandes temblores,
pero los de siniestro más grandes e peores.

Verán por el su ojo los infiernos ardientes,
como tienen las vocas abiertas las serpientes,
como sacan las lenguas e aguzan los dientes,
entendrán bien que tienen a mala parte mientes.

Aquél será el día que diz la Escriptura,
que será mucho luengo e de grant amargura,
onde deviémos todos aver ende pavura;
será qui ál ficiere de grant mala ventura.

Luengo será el día a los bienventurados,
ca nunca avrán noche que sean embargados;
será amargo mucho pora los condempnados,
que serán pora siempre del bien desfeduzados.

El día del Judicio mucho es de temer,
más que ninguna cosa que podiesse seer;
avrá omne sus males ante sí a traer,
non podrá nulla cosa de su mal esconder.

Todo quanto que fizo, menudo e granado,
fuera si penitencia lo ovo deslavado,
todo será a ojo en medio del mercado,
conoscerlo án todos, non lis será celado.

Las vidas de los omnes allí serán contadas,
de malos e de buenos serán fuert porfazadas;
como serán abiertas sin puertas las posadas,
pareçrán las paredes que fueron mal tapiadas.

La cuyta del Judicio será muy desguisada,
por omnes nin por ángeles nunca será asmada;
¡válanos Jhesu Christo, la su Virtut sagrada,
que estonz non podamos caer en desprunada!

Si cataren a suso verán a Dios irado,
de yuso el infierno, ardient e avivado,
derredor los dïablos sobra grant en fonsado;
con visïón tan brava ¿quí non será coytado?

Si cerraren los ojos porque non vean nada,
dentro será el bierven que roe la corada;
la mala repindencia de la vida passada,
que fue mala e sucia, fedient e enconada.

Jhesu Christo nos guarde de tales visiones,
a todos los christianos, mugieres e varones;
pora'l dïablo sean tales discreciones,
que da a sus amigos amargos gualardones.

Los qui somos christianos e en Christo creemos,
si estas visïones escusarlas queremos,
mejoremos las vidas, penitencia tomemos,
ganaremos la Gloria, el mal escusaremos.

Digamos Pater Nóster que nos esto ganemos,
laudemos la Gloriosa, mercet nos li clamemos;
todos Ave María a su honor cantemos,
que nos con el su Fijo e con ella regnemos. Amen.



EL LADRÓN DEVOTO


Era un ladrón malo que más querié furtar
que ir a la eglesia nin a puentes alzar;
sabié de mal porcalzo su casa governar,
uso malo que priso, no lo podié dexar.

Si facié otros males, esto no lo leemos,
serié mal condempnarlo por lo que non savemos,
mas abóndenos esto que dicho vos a vemos,
si ál fizo, perdóneli Christus en qui creemos.

Entre las otras malas, avié una bondat
que li vahó en cabo e dioli salvedat;
credié en la Gloriosa de toda voluntat,
saludávala siempre contra la su magestat.

[Si fuesse a furtar, o a otra locura,
siempre se inclinava contra la su figura,
dizié "Ave María" e más de escriptura],
tenié su voluntad con esto más segura.

Como qui en mal anda en mal á a caer,
oviéronlo con furto est ladrón a prender;
non ovo nul consejo con qué se defender,
judgaron que lo fuessen en la forca poner.

Levólo la justicia pora la crucejada,
do estava la forca por concejo alzada;
prisiéronli los ojos con toca bien atada,
alzáronlo de tierra con soga bien tirada.

Alzáronlo de tierra quanto alzar quisieron,
quantos cerca estavan por muerto lo tovieron:
si ante lo sopiessen lo que depués sopieron,
no li ovieran fecho esso que li fizieron.

La Madre glorïosa, duecha de acorrer,
que suele a sus siervos ennas cuitas valer,
a esti condempnado quísoli pro tener,
membróli del servicio que li solié fer.

Metióli so los piedes do estava colgado
las sus manos preciosas, tóvolo alleviado:
non se sintió de cosa ninguna embargado,
non sovo plus vicioso nunqua nin más pagado.

Ende al día terzero vinieron los parientes,
vinieron los amigos e los sus connocientes,
vinién por descolgallo rascados e dolientes,
sedié mejor la cosa que metién ellos mientes.

Trobáronlo con alma alegre e sin danno,
non serié tan vicioso si yoguiesse en vanno;
dizié que so los piedes tenié un tal escanno,
non sintrié mal ninguno si colgasse un anno.

Quando lo entendieron los que lo enforcaron,
tovieron que el lazo falsso gelo dexaron;
fueron mal rependidos que no lo degollaron,
tanto gozarién d'esso quanto depués gozaron.

Fueron en un acuerdo toda essa mesnada,
que fueron engannados enna mala lazada,
mas que lo degollassen con foz o con espada;
por un ladrón non fuesse tal villa afontada.

Fueron por degollarlo los mancebos más livianos,
con buenos seraniles grandes e adïanos;
metió Sancta María entre medio las manos,
fincaron los gorgueros de la golliella sanos.

Quando esto vidieron que no'l podién nocir,
que la Madre gloriosa lo querié encobrir,
oviéronse con tanto del pleito a partir,
hasta que Dios quisiesse dexáronlo vevir.

Dexáronlo en paz que se fuesse su vía,
ca ellos non querién ir contra Sancta María,
mejoró en su vida, partióse de follía:
quando cumplió so corso murióse de su día.

Madre tan pïadosa, de tal benignidat,
que en buenos e en malos face su pïadat,
devemos bendicirla de toda voluntat:
los que la bendissieron ganaron grand rictat.

Las mannas de la Madre con las d'El que parió
semejan bien calannas qui bien las connoció;
Él por bonos e malos, por todos descendió,
Ella, si la rogaron, a todos acorrió.



LOS DOS HERMANOS


Enna villa de Roma, essa noble cibdat,
maestra e sennora de toda christiandat,
avié ý dos ermanos de grant auctoridat,
el uno era clérigo, el otro podestat.

Peidro'1 dizién al clérigo, avié nomne atal,
varón sabio e noble, del papa cardenal;
entre las otras mannas avié una sin sal,
avié grand avaricia, un peccado mortal.

Estevan avié nomne el secundo ermano,
entre los senadores non avié más lozano;
era muy poderoso en el pueblo romano,
avié en "prendo prendis" bien usada la mano.

Era muy cobdicioso, querié mucho prender,
falssava los judizios por gana de aver;
tolliélis a los omnes lo que lis podié toller,
más preciava dineros que justicia tener.

Con sus judicios falsos de los sus paladares,
a Sant Laurent el mártir tollióli tres casares;
perdió Sancta Agnés por él bonos logares,
un uerto que valié de sueldos muchos pares.

Murió el cardenal don Peidro el onrrado,
fo a los purgatorios, do merecié seer levado;
ante de poccos días fo Estevan finado,
atendié tal judizio qual él lo avié dado.

Víolo San Laurencio, católo feamientre,
primió'1 en el brazo tres vezes duramientre;
quessóse don Estevan bien entro en el bientre,
no'l primiren tenazas de fierro tan fuertmientre.

Vío'l Sancta Agnés a qui tollió el uerto,
tornóli las espaldas, cató'1 con rostro tuerto;
estonz dixo Estevan: "Esto es mal confuerto,
toda nuestra ganancia ixiónos a mal puerto."

Dios el nuestro Sennor, alcalde derechero,
al que non se encubre bodega nin cellero,
dixo que esti omne fuera mal ballestero,
cegó a muchos omnes, non a uno sennero:

"Deseredó a muchos por mala vozería,
siempre por sus peccados asmó alevosía.
Non mereze entrar en nuestra compannía,
¡vaya yacer con Judas en essa fermería!"

Prisiéronlo por tienllas los guerreros antigos
los que siempre nos fueron mortales enemigos,
dávanli por pitanza non mazanas nin figos,
mas fumo e vinagre, feridas e pelcigos.

Vío a su ermano con otros peccadores,
do sedié el mesquino en muy malos sudores;
metié vozes e gritos, lágrimas e, plangores,
avié grand abundancia de malos servidores.

Aviénla ya levada cerca de la posada,
do nunqua verié cosa de que fuesse pagada,
nin verié sol ni luna nin buena rucïada,
e serié en tiniebra como emparedada.

Díxo'l: "Decit, ermano, preguntárvoslo quiero,
¿por quál culpa yaçedes, en lazerio tan fiero?
ca si Dios lo quisiere e yo ferlo podiero,
buscarvos é acorro en quanto que sopiero."

Dixo Peidro: "En vida trasqui grand avaricia,
óvila por amiga abueltas con cobdicia;
por esso so agora puesto en tan mala tristicia;
qui tal faze, tal prenda, fuero es e justicia.

Mas si el apostóligo con la su clerecía
cantasse por mí missa solamientre un día,
fío en la Gloriosa, madre Sancta María,
que me darié Dios luego alguna mejoría."

D'est varón don Estevan de qui fablamos tanto,
porque muchas maldades trayé so el su manto,
avié una bondat, amava a un sancto,
tanto que non podriémos demostrarvos nos quanto.

Amava a Proyecto, mártir de grand valor,
guardava'l bien la festa como al Buen Sennor,
facié'1 rico officio e muy grand onor,
de pobres e de clérigos, quanto podié mejor.

Laurencio e Agnés, maguer que despechados,
porque los ovo elli ante deseredados,
moviólos pïadad e fueron amanssados,
cataron más a Dios que a los sos peccados.

Fueron pora Proyecto, fuera cuyo rendido,
dissiéronli: Proyecto, non seas adormido,
piensa del tu Estevan que anda escarnido,
réndili gualardón ca óvote servido."

Fue pora la Gloriosa que luz más que estrella,
movióla con grand ruego, fue ante Dios con ella,
rogó por esta alma que trayén como a pella,
que non fuesse judgada secundo la querella.

Disso a esti ruego Dios el nuestro Sennor:
"Faré tanta de gracia por el vuestro amor;
torne aún al cuerpo la alma peccador,
desend qual mereciere, recibrá tal onor.

Aya tanto de plazo hasta los treynta días,
que pueda mejorar todas sus malfetrías;
mas bien gelo afirmo par las palavras mías,
ý serán rematadas todas sus maestrías."

Rendieron "Gratias multas" a Dios los rogadores,
porque empïadava a los sos peccadores,
que libró esta alma de manos de traïdores,
que son de los fideles siempre engannadores.

Quando lo entendió la gent adïablada,
quitóse de la alma, que tenié legada;
prísola Sant Proyecto que la avié ganada,
guïóla pora'1 cuerpo, a essa su posada.

Díssoli la Gloriosa, madre del Crïador,
"Estevan, rendi gracias a Dios el buen Sennor:
gran gracia te á fecha que non podrié mayor;
del mal, si non te guardas, caerás en peor.

Estevan, un consejo te quiero aún dar,
Estevan, es consejo que deves tú tomar:
mándote cada día un salmo recitar,
"Beati inmaculati..." bien bueno de rezar.

Si tú cada mannana esti salmo rezares,
e tú a las eglesias los tuertos enmendares,
ganará la tu alma Gloria quando finares,
escusarás las penas e los graves logares".

Resuscitó Estevan, ¡grado a Jesu Christo!
Regunzóli al Papa quanto que avié visto,
lo que li disso Peidro, su ermano bienquisto,
que yazié en grand pena, lazrado e muy tristo.

Demostrava el brazo que tenié livorado,
en el que Sant Laurent lo ovo apretado,
pidié merced al Papa con el cuerpo prostrado,
que cantasse la missa por Peidro el lazrado.

Por ferlis bien creencia, por seer bien creído,
disso que a los treynta días serié transido;
dissieron todos: "Esto signo es connocido,
si diz verdat o non será bien entendido."

Entregó ricamientre a los deseredados,
a los que tuerto tovo fízolos bien pagados,
confessóse al preste de todos sos peccados,
de quantos avié fechos e dichos e asmados.

Ya andava en cabo de las quatro semanas,
hasta los treynta días avié poccas mannanas,
despidióse Estevan de las yentes romanas,
sabié que las palabras de Dios non serién vanas.

En el día trenteno fizo su confessión,
recibió Corpus Dómini con grand devocïón;
echóse en su lecho, fizo su oración,
tendió a Dios la alma, finó con bendición.



EL LABRADOR AVARO


Era en una tierra un omne labrador
que usava la reja más que otra lavor;
más amava la tierra que non al Crïador,
era de muchas guisas omne revolvedor.

Fazié una nemiga, suziela por verdat,
cambiava los mojones por ganar eredat,
façié a todas guisas tuerto e falsedat,
avié mal testimonio entre su vecindat.

Querié, peroque malo, bien a Sancta María,
udié los sus miráculos, dávalis acogía;
saludávala siempre, diciéli cada día:
"Ave gratïa plena que parist a Messía."

Finó el rastrapaja de tierra bien cargado,
en soga de dïablos fue luego cativado,
rastrávanlo por tienllas, de cozes bien sovado,
pechávanli a duplo el pan que dio mudado.

Doliéronse los ángeles d'esta alma mesquina,
por quanto la levavan dïablos en rapina;
quisieron acorrelli, ganarla por vecina,
mas pora fer tal pasta menguavalis farina.

Si lis dizién los ángeles de bien una razón,
ciento dicién los otros, malas que buenas non;
los malos a los bonos teniénlos en rencón,
la alma por peccados non issié de presón.

Levantóse un ángel, disso: "Yo so testigo,
verdat es, non mentira esto que yo vos digo:
el cuerpo, el que trasco esta alma consigo,
fue de Sancta María vassallo e amigo.

Siempre la ementava a yantar e a cena,
diciéli tres palabras: 'Ave gratïa plena'
la boca por qui essié tan sancta cantilena
non merecié yazer en tan mala cadena."

Luego que esti nomne de la Sancta Reína
udieron los dïablos cogieron's de ý aína;
derramáronse todos como una neblina,
desampararon todos a la alma mesquina.

Vidiéronla los ángeles seer desemparada,
de piedes e de manos con sogas bien atada;
sedié como oveja que yaze ensarzada,
fueron e adussiéronla pora la su majada.

Nomne tan adonado e de vertut atanta,
que a los enemigos seguda e espanta,
non nos deve doler nin lengua nin garganta
que non digamos todos: "Salve Regina Sancta."



EL NOVIO Y LA VIRGEN


Enna villa de Pisa, cibdat bien cabdalera,
en puerto de mar yaze rica de grand manera,
avié ý un calonge de buena alcavera,
dizién Sant Cassïán ond el calonge era.

Como fizieron otros que de suso contamos,
que de Sancta María fueron sos capellanos,
ésti amóla mucho, más que muchos christianos,
e faziéli servicio de piedes e de manos.

Non avié essi tiempo uso la clerecía
dezir ningunas oras a ti, Virgo María,
pero elli diziélas siempre e cada día,
avié en la Gloriosa sabor e alegría.

Avién los sos parientes esti fijo sennero,
quando ellos finassen era buen eredero;
dessávanli de mueble assaz rico cellero,
tenié buen casamiento, assaz cobdiziadero.

El padre e la madre quando fueron finados,
vinieron los parientes tristes e desarrados:
diziénli que fiziesse algunos engendrados,
que non fincassen yermos logares tan preciados.

Cambióse del propósito, del que ante tenié,
moviólo la ley del sieglo, dixo que lo farié;
buscáronli esposa qual a él convenié,
destajaron el día que las bodas farié.

Quando vino el día de las bodas correr,
iva con sos parientes la esposa prender;
tan bien en la Gloriosa non podié entender,
como lo solié ante otro tiempo fazer.

Yendo por la carrera a complir el so depuerto,
membró'1 de la Gloriosa, que li yazié en tuerto,
tóvose por errado e tóvose por muerto,
asmó bien esta cosa que'1 istrié a mal puerto.

Asmando esta cosa de corazón cambiado,
halló una eglesia, lugar a Dios sagrado,
dessó las otras yentes fuera del portegado,
entró fer oración el novio refrescado.

Entró en la eglesia al cabero rencón,
inclinó los enojos fazié su oración,
vínoli la Gloriosa, plena de bendición,
como qui sannosamientre, dissoli tal razón:

"Don fol malastrugado, torpe e enloquido,
¿en qué roídos andas? ¿en qué eres caído?
Semejas ervolado, que as yervas bevido,
o que eres del blago de Sant Martín tannido.

Assaz eras varón bien casado comigo,
yo mucho te quería como a buen amigo;
mas tú andas buscando mejor de pan de trigo,
non valdrás más por esso quanto vale un figo.

Si tú a mí quisieres escuchar e creer,
de la vida primera non te querrás toller:
a mí non dessarás por con otra tener,
si non, avrás la lenna a cuestas a traer."

Issió de la eglesia el novio maestrado,
todos avién querella que avié tardado,
fueron cabadelante recabdar su mandado,
fo todo el negocio aína recabdado.

Fizieron ricas bodas, la esposa ganada,
ca serié lo ál fonta si fuesse desdennada;
era con esti novio la novia bien pagada,
mas non entendié ella do yazié la celada.

Supo bien encobrirse el de suso varón,
la lengua poridat tovo al corazón;
ridié e deportava todo bien por razón,
mas aviélo turrado mucho la visïón.

Ovieron ricas bodas e muy grand alegría,
nunqua mayor siquiere ovieron en un día;
mas echó la redmanga por ý Sancta María
e fizo en sequero una grand pesquería.

Quando veno la noch, la ora que dormiessen,
fizieron a los novios lecho en que yoguiessen;
ante que entre sí ningún solaz oviessen,
los brazos de la novia non tenién qué prisiessen.

Issióseli de manos, fússoli el marido,
nunqua saber podieron omnes dó fo caído,
sópolo la Gloriosa tener bien escondido,
no lo consintió ella que fuesse corrompido.

Dessó mugier fermosa e muy grand posesión,
lo que farién bien poccos de los que oï son;
nunqua lo entendieron do cadió, o do non:
qui por Dios tanto faze, aya su bendición.

Creemos e asmamos que esti buen varón
buscó algún lugar de grand religïón,
y sovo escondido faciendo oración,
por ond ganó la alma de Dios buen gualardón.

Bien devemos creer que la Madre gloriosa,
porque fizo est omne esta tamanna cosa,
no lo oblidarié, como es pïadosa,
bien allá lo farié posar do ella posa.

Consejos de Don Quijote a Sancho Panza antes de marchar a gobernar la ínsula

CAPÍTULOS XLII y XLIII

De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas

Con el felice y gracioso suceso de la aventura de la Dolorida quedaron tan contentos los duques, que determinaron pasar con las burlas adelante, viendo el acomodado sujeto que tenían para que se tuviesen por veras; y así, habiendo dado la traza y órdenes que sus criados y sus vasallos habían de guardar con Sancho en el gobierno de la ínsula prometida, otro día, que fue el que sucedió al vuelo de Clavileño, dijo el duque a Sancho que se adeliñase y compusiese para ir a ser gobernador, que ya sus insulanos le estaban esperando como el agua de mayo. Sancho se le humilló y le dijo:

—Después que bajé del cielo, y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía tan grande de ser gobernador, porque ¿qué grandeza es mandar en un grano de mostaza, o qué dignidad o imperio el gobernar a media docena de hombres tamaños como avellanas, que a mi parecer no había más en toda la tierra? Si vuestra señoría fuese servido de darme una tantica parte del cielo, aunque no fuese más de media legua, la tomaría de mejor gana que la mayor ínsula del mundo.

—Mirad, amigo Sancho —respondió el duque—: yo no puedo dar parte del cielo a nadie, aunque no sea mayor que una uña, que a solo Dios están reservadas esas mercedes y gracias. Lo que puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada y sobremanera fértil y abundosa, donde, si vos os sabéis dar maña, podéis con las riquezas de la tierra granjear las del cielo.

—Ahora bien —respondió Sancho—, venga esa ínsula, que yo pugnaré por ser tal gobernador, que, a pesar de bellacos, me vaya al cielo; y esto no es por codicia que yo tenga de salir de mis casillas ni de levantarme a mayores, sino por el deseo que tengo de probar a qué sabe el ser gobernador.

—Si una vez lo probáis, Sancho —dijo el duque—, comeros heis las manos tras el gobierno, por ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido. A buen seguro que cuando vuestro dueño llegue a ser emperador, que lo será sin duda, según van encaminadas sus cosas, que no se lo arranquen como quiera, y que le duela y le pese en la mitad del alma del tiempo que hubiere dejado de serlo.

—Señor —replicó Sancho—, yo imagino que es bueno mandar, aunque sea a un hato de ganado.

—Con vos me entierren, Sancho, que sabéis de todo —respondió el duque—, y yo espero que seréis tal gobernador como vuestro juicio promete; y quédese esto aquí, y advertid que mañana en ese mesmo día habéis de ir al gobierno de la ínsula, y esta tarde os acomodarán del traje conveniente que habéis de llevar y de todas las cosas necesarias a vuestra partida.

—Vístanme —dijo Sancho— como quisieren, que de cualquier manera que vaya vestido seré Sancho Panza.

—Así es verdad —dijo el duque—, pero los trajes se han de acomodar con el oficio o dignidad que se profesa, que no sería bien que un jurisperito se vistiese como soldado, ni un soldado como un sacerdote. Vos, Sancho, iréis vestido parte de letrado y parte de capitán, porque en la ínsula que os doy tanto son menester las armas como las letras, y las letras como las armas.

—Letras —respondió Sancho—, pocas tengo, porque aun no sé el abecé, pero bástame tener el Christus en la memoria para ser buen gobernador. De las armas manejaré las que me dieren, hasta caer, y Dios delante.

—Con tan buena memoria —dijo el duque—, no podrá Sancho errar en nada.

En esto llegó don Quijote y, sabiendo lo que pasaba y la celeridad con que Sancho se había de partir a su gobierno, con licencia del duque le tomó por la mano y se fue con él a su estancia, con intención de aconsejarle cómo se había de haber en su oficio.

Entrados, pues, en su aposento, cerró tras sí la puerta y hizo casi por fuerza que Sancho se sentase junto a él, y con reposada voz le dijo:

—Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que antes y primero que yo haya encontrado con alguna buena dicha te haya salido a ti a recebir y a encontrar la buena ventura. Yo, que en mi buena suerte te tenía librada la paga de tus servicios, me veo en los principios de aventajarme, y tú, antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te vees premiado de tus deseos. Otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, porfían, y no alcanzan lo que pretenden, y llega otro y, sin saber cómo ni cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las pretensiones. Tú, que para mí sin duda alguna eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te vees gobernador de una ínsula, como quien no dice nada. Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al cielo, que dispone suavemente las cosas, y después las darás a la grandeza que en sí encierra la profesión de la caballería andante. Dispuesto, pues, el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte, que los oficios y grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones.

»Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada.

»Lo segundo, has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

—Así es la verdad —respondió Sancho—, pero fue cuando muchacho; pero después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos. Pero esto paréceme a mí que no hace al caso, que no todos los que gobiernan vienen de casta de reyes.

—Así es verdad —replicó don Quijote—, por lo cual los no de principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape.

»Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores, porque viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte, y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables son aquellos que de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, que te cansaran.

»Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que padres y agüelos tienen príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.

»Siendo esto así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes, antes le has de acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que nadie se desprecie de lo que él hizo y corresponderás a lo que debes a la naturaleza bien concertada.

»Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar una mujer rústica y tonta.

»Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal que te sirva de anzuelo y de caña de pescar, y del “no quiero de tu capilla”, porque en verdad te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro tanto en la muerte las partidas de que no se hubiere hecho cargo en la vida.

»Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos.

»Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones del rico.

»Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico como por entre los sollozos e importunidades del pobre.

»Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo.

»Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia.

»Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso.

»No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda.

»Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

»Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones.

»Al culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia.

»Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte en vejez suave y madura, y cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma; escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo.

De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza

¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el progreso desta grande historia queda dicho, solamente disparaba en tocándole en la caballería, y en los demás discursos mostraba tener claro y desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus obras su juicio y su juicio sus obras; pero en esta destos segundos documentos que dio a Sancho mostró tener gran donaire y puso su discreción y su locura en un levantado punto.

Atentísimamente le escuchaba Sancho y procuraba conservar en la memoria sus consejos, como quien pensaba guardarlos y salir por ellos a buen parto de la preñez de su gobierno. Prosiguió, pues, don Quijote y dijo:

—En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo primero que te encargo es que seas limpio y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel escremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero, puerco y extraordinario abuso.

»No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de socarronería, como se juzgó en la de Julio César.

»Toma con discreción el pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus criados, dásela honesta y provechosa más que vistosa y bizarra, y repártela entre tus criados y los pobres: quiero decir que si has de vestir seis pajes, viste tres y otros tres pobres, y así tendrás pajes para el cielo y para el suelo; y este nuevo modo de dar librea no le alcanzan los vanagloriosos.

»No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería.

»Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala.

»Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.

»Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.

»Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos ni de erutar delante de nadie.

—Eso de erutar no entiendo —dijo Sancho.

Y don Quijote le dijo:

—Erutar, Sancho, quiere decir ‘regoldar’, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo; y, así, la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los regüeldos, erutaciones, y cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso.

—En verdad, señor —dijo Sancho—, que uno de los consejos y avisos que pienso llevar en la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo hacer muy a menudo.

—Erutar, Sancho, que no regoldar —dijo don Quijote.

—Erutar diré de aquí adelante —respondió Sancho—, y a fee que no se me olvide.

—También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles, que, puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias.

—Eso Dios lo puede remediar —respondió Sancho—, porque sé más refranes que un libro y viénenseme tantos juntos a la boca cuando hablo que riñen por salir unos con otros, pero la lengua va arrojando los primeros que encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo tendré cuenta de aquí adelante de decir los que convengan a la gravedad de mi cargo, que en casa llena, presto se guisa la cena, y quien destaja, no baraja, y a buen salvo está el que repica, y el dar y el tener, seso ha menester.

—¡Eso sí, Sancho! —dijo don Quijote—. ¡Encaja, ensarta, enhila refranes, que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! Estoyte diciendo que escuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a propósito; pero cargar y ensartar refranes a troche moche hace la plática desmayada y baja.

»Cuando subieres a caballo, no vayas echando el cuerpo sobre el arzón postrero, ni lleves las piernas tiesas y tiradas y desviadas de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo, que parezca que vas sobre el rucio; que el andar a caballo a unos hace caballeros, a otros caballerizos.

»Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no goza del día; y advierte, ¡oh Sancho!, que la diligencia es madre de la buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide un buen deseo.

»Este último consejo que ahora darte quiero, puesto que no sirva para adorno del cuerpo, quiero que le lleves muy en la memoria, que creo que no te será de menos provecho que los que hasta aquí te he dado: y es que jamás te pongas a disputar de linajes, a lo menos comparándolos entre sí, pues por fuerza en los que se comparan uno ha de ser el mejor, y del que abatieres serás aborrecido, y del que levantares en ninguna manera premiado.

»Tu vestido será calza entera, ropilla larga, herreruelo un poco más largo; greguescos, ni por pienso, que no les están bien ni a los caballeros ni a los gobernadores.

»Por ahora, esto se me ha ofrecido, Sancho, que aconsejarte: andará el tiempo, y según las ocasiones, así serán mis documentos, como tú tengas cuidado de avisarme el estado en que te hallares.