martes, 19 de julio de 2022

Almafuerte, No te des por vencido y otros.

 Pedro Bonifacio Palacios (“Almafuerte”)


No te des por vencido, ni aun vencido,

no te sientas esclavo, ni aun esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y arremete feroz, ya mal herido.


Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;

no la cobarde estupidez del pavo

que amaina su plumaje al primer ruido.


Procede como Dios que nunca llora;

o como Lucifer, que nunca reza;

o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua y no la implora…


¡Que muerda y vocifere vengadora,

ya rodando en el polvo, tu cabeza!


A tus pies

Nocturno canto de amor

que ondulas en mis pesares,

como en los negros pinares

las notas del ruiseñor.


Blanco jazmín entre tules

y carnes blancas perdido,

por mi pasión circuído

de pensamientos azules.


Coloración singular

que mi tristeza iluminas,

como al desierto y las ruinas

la claridad estelar.


Nube que cruzas callada

la extensión indefinida,

dulcemente perseguida

por la luz de mi mirada.


Ideal deslumbrador

en el espíritu mío,

como el collar del rocío

con que despierta la flor.


Sumisa paloma fiel

dormida sobre mi pecho,

como si fuera en un lecho

de mirtos y de laurel.


Música, nube, ideal,

ave, estrella, blanca flor,

preludio, esbozo, fulgor

de otro mundo espiritual.


Aquí vengo, aquí me ves,

aquí me postro, aquí estoy,

como tu esclavo que soy,

abandonado a tus pies.


¡Avanti!

Si te postran diez veces, te levantas 

otras diez, otras cien, otras quinientas: 

no han de ser tus caídas tan violentas 

ni tampoco, por ley, han de ser tantas. 

Con el hambre genial con que las plantas 

asimilan el humus avarientas, 

deglutiendo el rencor de las afrentas 

se formaron los santos y las santas. 

Obsesión casi asnal, para ser fuerte, 

nada más necesita la criatura, 

y en cualquier infeliz se me figura 

que se mellan los garfios de la suerte... 

¡Todos los incurables tienen cura 

cinco segundos antes de su muerte!


Ayer y hoy

I


Humilde como el voto del creyente,

bendito como el ángel de mi guarda,

tímido, solitario, romancesco,

fe y esperanza.


II


Como tú, virginal y sin mancilla,

como yo, visionario y entusiasta,

era el amor que te ofrecí; inocente,

como mi alma.


III


Ignoto, como ráfaga perdida,

ardiente, como lágrima callada,

torcido, desolado, borrascoso,

amor de paria.


IV


Triste como el destello de la luna,

solo, como la luna solitaria,

es el recuerdo de ese amor maldito,

como mi alma.


Brisa

Llega a mis sienes, tímida, temblando,

tan perfumada como un rosal

la tibia brisa, su andar es blando.

¡Primer suspiro primaveral!


Llega tan suave, tan dilatada

cual de la linfa el correr fugaz,

o de la amante ruborizada

púdica y suave pasión veraz.


Cuando en mi pecho, tierna se posa,

bebo su tierna tribulación,

entonces, dicha un instante goza,

pobre, dolido, mi corazón.


Castigo

I


Yo te juré mi amor sobre una tumba,

sobre su mármol santo!

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

conjuré temerario?

¿Sabes tú que los hijos de mi temple

saludan ese mármol,

con la faz en el polvo y sollozantes

en el polvo besando?

¿Sabes tú las cenizas de qué muerta

mintiendo, has profanado?

¡No los quieras oir, que tus oídos

ya no son un santuario!

¡No los quieras oir como hay rituales

secretos y sagrados,

hay tan augustos nombres que no todos

son dignos de escucharlos!


II


Yo te di un corazón joven y justo

¡por qué te lo habré dado!

¡Lo colmaste de besos, y una noche

te dio por devorarlo!

Y con ojos serenos ¡El verdugo,

que cumple su mandato,

solicita perdón de las criaturas

que inmolará en el tajo!

¡Tú le viste, serena, indiferente,

gemir agonizando,

mientras tu roja sangre enrojecía

tus mejillas de nardo!

Y tus ojos ¡mis ojos de otro tiempo

que me temían tanto!

Ni una perla tuvieron, ni una sola:

¡eres de nieve y mármol!



III


¿Acaso el que me roba tus caricias

te habrá petrificado?

¿Acaso la ponzoña de Leteo

te inyectó a su contacto?

¿O pretendes probarme en los crisoles

de los celos amargos,

y me vas a mostrar cuánto me quieres,

después entre tus brazos?

¡No se prueban así con ignominias,

corazones hidalgos!

¡No se templa el acero damasquino

metiéndolo en el fango!

Yo te alcé en mis estrofas, sobre todas,

hasta rozar los astros:

tócale a mi venganza de poeta,

¡dejarte abandonada en el espacio!


Como los bueyes

Ser bueno, en mi sentir, es lo más llano

y concilia deber, altruismo y gusto:

con el que pasa lejos, casi adusto,

con el que viene a mi, tierno y humano.

Hallo razón al triste y al insano,

mal que reviente mi pensar robusto;

y en vez de andar buscando lo más justo

hago yunta con otro y soy su hermano.

Sin meterme a Moisés de nuevas leyes,

doy al que pide pan, pan y puchero;

y el honor de salvar al mundo entero

se lo dejo a los genios y a los reyes:

Hago, vuelvo a decir, como los bueyes,

mutualidad de yunta y compañero.


Décimas


Yo soy flor que se marchita 

al sol de la adversidad, 

el arbolito en mitad 

de la llanura infinita. 

La paloma pobrecita 

que arrastran los aquilones, 

entre oscuros nubarrones 

de tempestades airadas, 

soy la barca abandonada 

en el mar de las pasiones. 


II 


Soy el ave que al bajar 

de los aires fatigada, 

no tiene ni una enramada 

ni un árbol en que anidar. 

Y si vuelve a levantar 

las tristes alas del suelo, 

encuentra nublado el cielo 

y deshecha la tormenta, 

y el pájaro se lamenta 

y vuelve a tender su vuelo. 


III 


Yo soy un gaucho cantor 

de renombradas virtudes, 

que tan solo ingratitudes 

ha recibido en su amor. 

Soy el pobre payador 

velay, si sabré penar 

con mis negras amarguras, 

la pampa con sus llanuras 

con sus abismos la mar.


IV 


Yo no canto por llamar 

la atención que no merezco, 

yo canto porque padezco 

penas que quiero olvidar. 

Que tan solo con cantar 

se va al viento nuestra pena, 

y yo tengo el alma llena 

de pesares y amarguras, 

más que en la pampa hay anchura 

más que en el mar hay arena



Por eso, ¡oh linda mujer! 

maldigo mi negra estrella, 

al contemplarte tan bella 

sin que te pueda querer. 

Porque todo hombre ha de ser

generoso hasta morir, 

y no debe permitir 

a una mujer que lo quiera, 

para que después se muera 

al verlo tanto sufrir. 


VI 


¡Adiós, primorosa flor! 

adiós, lucero invariable, 

solamente comparable 

a la estrella de mi amor. 

Cuando sientas un dolor 

parecido al que yo siento, 

Dios quiera que tu lamento 

no sucumba en la ignorancia, 

y atraviese la distancia 

¡sobre las olas del viento!


El Drama del Calvario

Giró el genio en derredor

después de pisar la cumbre;

y una fantástica lumbre

llenó a la sombra de horror:

y un gemebundo clamor

taladró la inmensidad,

y se hundió la humanidad

sobre su propio esqueleto;

y reveló su secreto

más hondo la eternidad.


Siniestra, cárdena lumbre

bañó la faz del calvario,

cual un ardiente sudario

flotando desde la cumbre:

bajo la negra techumbre

del éter vago y profundo,

aquel surgir iracundo…

brutal de la claridad…

era quizás, ¡la verdad

mirando una vez al mundo!


Palmario, el Gólgota, frío,

quedó en los aires desiertos,

con sus dos brazos abiertos,

predicando en el vacío…

Y entonces, como en estío

los insectos en los faros,

innominables, ignaros,

surgiendo del horizonte,

rodeaban la cruz y el monte

todos los muertos preclaros.


De la honda, azul entraña

llovían monstruos y santos:

y eran tales, y eran tantos,

¡que gemía la montaña!…

Desde la torpe alimaña

del alma vil de Nerón,

al concepto, a la noción

más alta del supergenio,

en aquel breve proscenio

¡tomaron colocación!


De aquella invasión mortuoria

quedó repleto el calvario;

resonante, tumultuario

¡cuál una copa de gloria!

Bajo el tropel de la historia

trepidaban sus cimientos,

y se hundía por momentos,

cual una nave inundada…

cual una frente cargada

¡de sombríos pensamientos!


Tremenda, enorme, sin par,

genial, feroz batahola, 

lo mismo que cada ola

¡lanzando un grito en el mar!

Formidable resollar

de las almas con bandera,

que imaginar no pudiera

aquel que no imaginase,

que al mismo tiempo bramase

¡cada punto de la esfera!


Toda pasión, toda vida,

toda excelsitud pasada,

desde la cumbre sagrada

quería ser comprendida…

Y como la palma erguida

sobre la mutable arena,

presidiendo aquella escena

con dulce, con noble ceño,

yacía Cristo en su leño

¡cual una blanca azucena!


Los humanos, los vivientes,

los que todavía somos,

con toda el alma en los lomos,

estaban allí presentes:

Pensándose delincuentes,

del genio ante los secretos,

mustios, miserables, quietos,

inanimados, pasivos

se reducían los vivos

¡en sus propios esqueletos!


Y en el valle acurrucada,

yacía la humanidad,

tal vez sin otra ansiedad

¡que la ansiedad de la nada!

Ni un gesto, ni una mirada,

ni un suspiro producía,

en tanto que recibía,

genial, vibrante, notoria,

la confesión de la gloria

¡sobre su testa vacía!…


Poco a poco, lentamente,

todo el mundo quedó calmo,

lo mismo que palmo a palmo,

va cediendo la creciente;

de aquel clamor prepotente

ni leve rumor se oía,

de aquella loca porfía

ya no sonó ni un reproche

y en el silencio y la noche

¡quedó la extensión vacía!


Perfecto, conciso, frío,

quedó el calvario a la luz,

con sus dos brazos en cruz

acariciando el vacío.

Y en el silencio sombrío

del aire y de las esferas

aquella lumbre de hogueras

demostraba sin rumor

la impotencia del amor,

¡en una raza de fieras!


El soñador

Le aserraron el cráneo;

le estrujaron los sesos,

y el corazón ya frío

le arrancaron del pecho.

Todo lo examinaron

los oficiales médicos

mas no hallaron la causa

de la muerte de Pedro;

de aquel soñador pálido

que escribió tantos versos,

como el espacio azules

y como el mar acerbos.

¡Oíd! Cuando yo muera,

cuando sucumba, ¡oh, médicos!

ni me aserréis el cráneo

ni me estrujéis los sesos,

ni el corazón ya frío

me arrebatéis del pecho,

que jamás hasta el alma,

llegó vuestro escalpelo.

Y mi mal es el mismo,

es el mismo de Pedro;

de aquel soñador pálido

que escribió tantos versos,

y como el espacio azules

y como el mar acerbos.


¿Flores a mí?

I


Ayer me diste una flor,

una flor a mí, señora,

que no consagré una hora

ni al más poderoso amor.

¿Flores a mí? ¡si es mejor!,

en un páramo arrojarlas,

o tú no sabes amarlas,

o al sentir mi pecho yerto,

sobre la tumba de un muerto,

has querido abandonarlas.



II


¿Flores a mí? ¿tú no sabes

de esos parajes que aterran,

donde las flores se cierran,

dónde no cantan las aves?

Las más orgullosas naves

temen del mar los furores,

los tigres devoradores

huyen del simún airado

¡y tú en mi pecho has dejado

tan sin recelo tus flores!


III


¡Flores a mi! puede ser

que desalmada y celosa,

buscaras la más hermosa

con tu instinto de mujer;

Y haciéndole comprender

yo no sé qué gentileza,

con refinada fiereza,

con el más profundo encono,

la bajaste de su trono

por castigar su belleza.


IV


No lo sé, linda mujer,

ni quiero saberlo todo;

me contento con mi modo

de saber y no saber.

Pero si quieres tener

la realidad en tu mano,

te diré, sin ser un vano,

que si te movió el amor

¡la flor ha sido una flor

que fue destronada en vano!


Fúnebre

I


La montaña que tiembla, porque siento

germen de cataclismo en sus entrañas;

el huracán que gemebundo emigra

quién sabe a qué región y qué distancia;

el mar que ruge protestando airado

de la ley del nivel que lo avasalla;

los mundos del sistema -¡tristes mundos!-

que al sol de Dios obedeciendo pasan

como en la arena de la pista el potro

a latigazos -¡noble potro!- salta;

no tienen sobre sí más amargura

que la que hospeda en sus desiertos mi alma,

porque yo arrastro sobre mí -¡y no puedo!-

como un cuerpo podrido, ¡la esperanza!


II


Tú que vives la vida de los justos

allá junto a tu Dios arrodillada,-

yo no creo ni aguardo, pero pienso

que haya hecho Dios un cielo para tu alma,-

dame un rayo de luz -¡uno tan solo!-

que restaure mi fuerza desmayada,

que ilumine mi mente que se anubla,

que reanime mi fe que ya se apaga...

dame un beso de amor -¡uno siquiera!-

aquí, sobre esta frente que besabas;

aquí, sobre estos labios que otros labios

han besado con ósculos de infamia;

aquí, sobre estos ojos que no tienen

nada más, ¡oh mi madre!, que tus lágrimas.


Hijos y Padres

(Dedica a su hermana Carmen)


I


Como la lluvia copiosa sobre el suelo,

como rayo de sol sobre la planta,

como cota de acero sobre el pecho,

como noble palabra sobre el alma,

para los hijos 

de tus entrañas

debe ser tu cariño hermana mía

riego, calor, consolación y gracia.


II


Como tierra sedienta de rocío,

como planta en la sombra sepultada,

como pecho desnudo en el peligro,

como guerrero inerme en la batalla,

así, en la ardiente

contienda humana,

¡ay! los hijos que pierden a sus padres,

pierden riego, calor, escudo y lanza.


III


Como nube de arena que no riega,

como sol que no alumbra en la borrasca,

como roto espaldar que no defiende,

como consejo que pervierte y mancha,

así, malditos,

padres sin alma,

son aquellos que niegan a sus hijos

consejo, amor, ejemplo y esperanza.


IV


Como fecunda tierra agradecida,

como planta que al sol sus flores alza,

como pecho confiado tras la cota,

como hasta Dios se magnifica el alma,

así, los hijos,

cuando les aman,

dan plantas de virtud como esa tierra,

frutos de bendición como esas plantas,

arranques de valor como esos pechos,

rayos de inmensa luz como esas almas.


Íntima

Ayer te vi... No estabas bajo el techo

de tu tranquilo hogar

ni doblando la frente arrodillada

delante del altar,

ni reclinando la gentil cabeza

sobre el augusto pecho maternal.

Te vi...si ayer no te siguió mi sombra

en el aire, en el sol,

es que la maldición de los amantes

no la recibe Dios,

o acaso el que me roba tus caricias

¡tiene en el cielo más poder que yo!

Otros te digan palma del desierto,

otros te llamen flor de la montaña,

otros quemen incienso a tu hermosura,

yo te diré mi amada.

Ellos buscan un pago a sus vigilias,

ellos compran tu amor con sus palabras;

ellos son elocuentes porque esperan,

¡y yo no espero nada!

Yo sé que la mujer es vanidosa,

yo sé que la lisonja la desarma,

y sé que un hombre esclavo de rodillas

más que todos alcanza...

Otros te digan palma del desierto,

otros compren tu amor con sus palabras,

yo seré más audaz pero más noble:

¡yo te diré mi amada!


Invernal

La tarde es lluviosa; del ramaje

penden como harapos destrozados,

los nidos de las aves enlutados

como el pálido verde del follaje.

Solo y silencioso aquel boscaje

de plumeros verdosos y mojados,

de áspides, de prados desolados,

parece un escuálido paisaje.

Donde se encierra la grandeza humana

con todos sus achaques y certezas,

con la infinita vanidad insana

de todas las antorchas de nobleza.

¡Bosque do se funde la campana

que tañerá mis horas de tristezas!


La yapa

Como una sola estrella no es el cielo,

ni una gota que salta, el Océano,

ni una falange rígida, la mano,

ni una brizna de paja, el santo suelo:


tu gimnasia de jaula no es el vuelo,

el sublime tramonto soberano,

ni nunca podrá ser anhelo humano

tu miserable personal anhelo.


¿Qué saben de lo eterno las esferas?

¿de las borrascas de la mar, las gotas?

¿de puñetazos, las falanges rotas?

¿de harina y pan, las pajas de las eras?...


¡Detén tus pasos Lógica, no quieras

que se hagan pesimistas los idiotas!


Letanías a Jesús

I


Jesús de Galilea 

para mí no eres Dios, 

eres sólo una idea 

de la que marcho en pos. 


II


No me humillo ni ruego 

a tus plantas Jesús, 

llego a ti como un ciego 

que va en busca de luz. 



III


Jesucristo eres nuestro 

más grande innovador, 

Profeta ¡no! Maestro 

de piedad y de amor. 



IV


No le niegues al mundo 

la gloria de tu ser, 

que en su vientre fecundo 

te engendró una mujer. 


V


Pastor de la gleba, 

sabio teorizador, 

de la turba que lleva 

el signo del dolor. 



VI


¡Oh, si fuera divino 

el destello de tu luz 

que alumbró tu camino! 

¿Qué valdría tu cruz? 



VII


Tu doctrina redime, 

de ella vamos en pos, 

como hombre eres sublime, 

¡Pequeño como Dios!


Lo que yo quiero


Quiero ser las dos niñas de tus ojos, 

las metálicas cuerdas de tu voz, 

el rubor de tu sien cuando meditas 

y el origen tenaz de tu rubor. 

Quiero ser esas manos invisibles 

que manejan por si la creación, 

y formar con tus sueños y los míos 

otro mundo mejor para los dos. 

Eres tú, providencia de mi vida, 

mi sostén, mi refugio, mi caudal; 

cual si fueras mi madre, yo te amo... 

¡y todavía más!. 


II 


Tengo celos del sol porque te besa 

con sus labios de luz y de calor... 

¡del jazmín tropical y del jilguero 

que decoran y alegran tu balcón! 

Mando yo que ni el aire te sonría: 

ni los astros, ni el ave, ni la flor, 

ni la fe, ni el amor, ni la esperanza, 

ni ninguno, ni nada más que yo. 

Eres tú, soberana de mis noches, 

mi constante, perpetuo cavilar: 

ambiciono tu amor como la gloria... 

¡y todavía más!. 


III 


Yo no quiero que alguno te consuele 

si me mata la fuerza de tu amor... 

¡si me matan los besos insaciables, 

fervorosos, ardientes que te doy! 

Quiero yo que te invadan las tinieblas,

cuando ya para mí no salga el sol. 

Quiero yo que defiendas mis despojos 

del más breve ritual profanador. 

Quiero yo que me llames y conjures 

sobre labios y frente, y corazón. 

Quiero yo que sucumbas o enloquezcas... 

¡loca sí; muerta si, te quiero yo! 

Mi querida, mi bien, mi soberana, 

mi refugio, mi sueño, mi caudal, 

mi laurel, mi ambición, mi santa madre... 

¡y todavía más!


Mi alma (Paralela)

Bajo la curva de la noche, fúnebre,

sobre la arena del desierto, cálida,

se conturba la mente del proscrito,

su pie desnudo, vacilante, marcha;

y allá en la curva fúnebre del cielo

la estrella solitaria;

y allá, sobre las cálidas arenas,

¡el oasis y el agua!

Bajo la curva del dolor, fatídica,

sobre el desierto de mi vida, trágica,

mi acongojada mente se conturba,

mi vacilante pie se despedaza;

y allá, en la curva del dolor, siniestra,

la luz de la esperanza;

y allá sobre el desierto de mi vida,

¡la resonante multitud de mi alma!.


¡Moltissimo piu Aavanti ancora!

Si en vez de las estúpidas panteras

y los férreos estúpidos leones, 

encerrasen dos flacos mocetones 

en esa frágil cárcel de las fieras.

 

No habrían de yacer noches enteras 

en el blando pajar de sus colchones, 

sin esperanzas ya, sin reacciones 

lo mismo que dos plácidos horteras.


Cual Napoleones pensativos, graves, 

no como el tigre sanguinario y maula, 

escrutarían palmo a palmo su aula, 

buscando las rendijas, no las llaves... 


¡Seas el que tú seas, ya lo sabes: 

a escrutar las rendijas de tu jaula!


¡Molto piu Avanti!

Los que vierten sus lágrimas amantes 

sobre las penas que no son sus penas; 

los que olvidan el son de sus cadenas 

para limar las de los otros antes; 

Los que van por el mundo delirantes 

repartiendo su amor a manos llenas, 

caen, bajo el peso de sus obras buenas, 

sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes! 

¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos! 

¡nunca sigas impulsos compasivos! 

¡ten los garfios del Odio siempre activos

los ojos del juez siempre despiertos! 

¡Y al echarte en la caja de los muertos, 

menosprecia los llantos de los vivos! 


¡Molto pui Avanti ancora!

El mundo miserable es un estrado 

donde todo es estólido y fingido, 

donde cada anfitrión guarda escondido

su verdadero ser, tras el tocado: 

No digas tu verdad ni al más amado, 

no demuestres temor ni al más temido, 

no creas que jamás te hayan querido 

por más besos de amor que te hayan dado. 

Mira como la nieve se deslíe 

sin que apostrofe al sol su labio yerto, 

cómo ansia las nubes el desierto 

sin que a ninguno su ansiedad confíe... 

¡Trema como el infierno, pero ríe! 

¡Vive la vida plena, pero muerto!


Pasión

I


Tú tienes, para mí, todo lo bello

que cielo, tierra y corazón abarcan;

la atracción estelar ¡de esas estrellas

que atraen como tus lágrimas!;


II


La sinfonía sacra de los seres,

los vientos, los bosques y las aguas,

en el lenguaje mudo de tus ojos

que, mirándome, hablan;


III


Los atrevidos rasgos de las cumbres

que la celeste inmensidad asaltan,

en las gentiles curvas de tu seno…

¡oh, colina sagrada!


IV


Y el desdeñoso arrastre de las olas

sobre los verdes juncos y las algas,

en el raudo vagar de tu memoria

por mi vida de paria.


V


Yo tengo, para ti, todo lo noble

que cielo, tierra y corazón abarcan;

el calor de los soles, ¡de los soles

que, como yo, te aman!;


VI


El gemido profundo de las ondas

que mueren a tus pies sobre la playa,

en el tapiz purpúreo de mi espíritu

abatido a tus plantas;


VII


La castidad celeste de los besos

de tu madre bendita, en la mañana,

en la caricia augusta con que tierna

te circunda mi alma.


VIII


¡Tú tienes, para mí todo lo bello;

yo tengo para ti, todo lo que ama;

tú, para mí, la luz que resplandece,

yo, para ti, sus llamas!

jueves, 21 de abril de 2022

Escena cómica de Eloísa está debajo de un almendro, 1940, de Enrique Jardiel Poncela.

Diálogo cómico de Eloísa está debajo de un almendro (1940), de Enrique Jardiel Poncela. 


ESPECTADOR 4.°—¡Vaya mujeres! (Al otro.) ¿Has visto?

ESPECTADOR 5.°—¡Ya, ya! ¡Qué mujeres! (Hacen mutis por el foro lentamente.)

ESPECTADOR 6.°—¡Vaya mujeres! (Se va por el foro.)

ESPECTADOR 1.°—¡Menudas mujeres!

ESPECTADOR 2.°—(Al 1.°) ¿Has visto qué dos mujeres?

ESPECTADOR 1.°—Eso te iba a decir, que qué dos mujeres... (Se vuelven hacia el Espectador 3.°, hablando a un tiempo.)

ESPECTADORES 1.° y 2.°—¿Te has fijado qué dos mujeres?

ESPECTADOR 3.°—Me lo habéis quitado de la boca. ¡Qué dos mujeres! (Se van los tres por el foro.)

MARIDO.—(Aparte, al Amigo, hablándole al oído.) ¿Se da usted cuenta de qué dos mujeres?

AMIGO.—¡Ya, ya! ¡Vaya dos mujeres!

ACOMODADOR.—(Mirando a las Muchachas.) ¡Mi madre, qué dos mujeres!

Espectador 7.°—(Pasando ante las Muchachas.) ¡Vaya mujeres! (Se va por el foro.)

MUCHACHA 1.°—(A la 2.°, con orgullo y satisfacción.) Digan lo que quieran, la verdad es que la gracia que hay en Madrid para el piropo no la hay en ningún lado...

MUCHACHA 2.°—(Convencida también.) En ningún lado, chica, en ningún lado.

Diálogo cómico de Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela

De Eloísa está debajo de un almendro (1940) Enrique Jardiel Poncela:


SEÑORA- Es lo que yo digo: que hay gente muy mala por el mundo…

AMIGO- Muy mala, señora Gregoria.

SEÑORA- Y que a perro flaco to son pulgas.

AMIGO- También.

MARIDO- Pero, al fin y al cabo, no hay mal que cien años dure, ¿no cree usté?

AMIGO- Eso, desde luego. Como que después de un día viene otro, y Dios aprieta, pero no ahoga.

MARIDO- ¡Ahí le duele! Claro que agua pasá no mueve molino, pero yo me asocié con el Melecio por aquello de que más ven cuatro ojos que dos y porque lo que uno no piensa se le ocurre al otro. Pero de casta le viene al galgo ser rabilargo: el padre de Melecio siempre ha sido de los de quítate tú pa ponerme yo, y de tal palo tal astilla, y genio y figura hasta la sepultura. Total: que el tal Melecio empezó a asomar la oreja, y yo a darme cuenta, porque por el humo se sabe dónde está el fuego.

AMIGO-Que lo que ca uno vale a la cara le sale.

SEÑORA- Y que antes se pilla a un embustero que a un cojo.

MARIDO- Eso es. Y como no hay que olvidar que de fuera vendrá quien de casa te echará, yo me dije digo: «Hasta aquí hemos llegao; se acabó lo que se daba; tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe; ca uno en su casa y Dios en la de tos; y a mal tiempo buena cara y pa luego es tarde, que reirá mejor el que ría el último».

SEÑORA- Y los malos ratos pásalos pronto.

MARIDO- ¡Cabal! Conque le abordé al Melecio porque los hombres hablando se entienden, y le dije: «Las cosas claras y el chocolate espeso; esto pasa de castaño oscuro, así que cruz y raya y tu por un lao y yo por otro; ahí te quedas, mundo amargo, y si te he visto no me acuerdo». ¿Y qué le parece que hizo él?

AMIGO- ¿El qué?

MARIDO- Pues contestarme con un refrán.

AMIGO- ¿Que le contestó a usté con un refrán?

SEÑORA- ¡¡Con un refrán, señor Eloy!!

AMIGO- ¡Ay, qué tío más cínico!

MARIDO- ¿Qué le parece?

SEÑORA- ¿Será sinvergüenza?

AMIGO- Hombre, ese tío es un canalla capaz de to.

I Am a Poor Wayfaring Stranger, canción de la película 1917.

Traditional

I Am a Poor Wayfaring Stranger


Soy un pobre peregrino caminante

que viaja por un mundo de aflicción.

Pero no tengo enfermedad, afanes ni peligro

hacia la tierra brillante a la que voy...

Voy allí para ver a mi Padre

y ya no iré allí para vagabundear.

Solo cruzaré el Jordán; solo me iré a casa.

Sé que nubes oscuras se juntarán en mi redor.

Sé que mi camino es áspero y empinado...

Nunca dormiré... Voy a casa para ver a mi Madre

y a todos mis seres queridos que se han ido...

Voy a cruzar solo el Jordán

Voy a volver a mi hogar... 

Soy un pobre caminante extraño...

que está viajando por un mundo de aflicción.

Pero ya no hay dolencias, trabajo ni peligro

en la tierra luminosa a la que marcho...

Allí voy a ver a mi Padre

solo marcho a casa.

sábado, 12 de marzo de 2022

El bateo. Sainete lírico de Antonio Paso y Antonio Domínguez

 EL BATEO

Sainete lírico en un acto y cuatro cuadros. Libreto de Antonio Paso y Antonio Domínguez.

Música de Federico Chueca.

Estrenado en el Teatro de La Zarzuela de Madrid, el 7 de Noviembre de 1901.


REPARTO (Estreno)

Nieves – Elena Salvador.

Visita – Isabel López.

Señora Valeriana – Nieves González.

La Madrina / Una Mujer – D. González.

Una Vieja – Wenceslada Pajares.

Wamba – Pepe Riquelme.

Lolo – Valentín González.

Pamplinas – Pablo Arana.

Virginio – Antonio González.

Celestino – Sr. Rodríguez.

Película - Sr. Mariner.

El Músico - Sr. Sánchez.

Expedito – Srta. Llanos.

Señor Pascual – Sr. Rubio.

Convidado 1º - Sr. Stern.

Convidado 2º - Sr. Climent.

Convidado 3º - Sr. Sanjuán.

Convidado 4º - Sr. Nadal.

Convidado 5º - Sr. Guerra.

Una Voz – Sr. España.

Organilleros – Srtas. Hidalgo, Soberano, Espinosa, D. González, Catalán, Andrés y Barquínez.

Convidados, músicos, camareros, chiquillos y Coro General.


ACTO ÚNICO

La acción tiene lugar en los barrios bajos de Madrid. En una casa de un barrio popular madrileño se prepara el bautizo (bateo) de un niño, hijo natural de Nieves, la cual piensa casarse muy pronto con Lolo, el padre del niño. Los vecinos jalean al padrino, Wamba, un viejo anarquista que canta un tango en el que hace gala de todo su repertorio: bombas, fuego, dinamita y anticlericalismo. Entra Nieves, la madre del bebé, que muy agitada le cuenta a su madre, Valeriana, que ella y Lolo habían ido a oír misa y luego él había ido a contratar a un setimino de ciegos para que interpretara música, dado que en Madrid hay huelga de organilleros; al regresar ella hacia su casa se ha encontrado a un antiguo novio suyo, Pamplinas, que amenaza con impedir el bautizo y retar a Lolo, padre del niño. Llega Pamplinas y disputa con la madre y la hija, reprochando a Nieves que le haya engañado, a la vez que mantiene su amenaza a Lolo y afirma que el bautizo no tendrá lugar porque a él no le da la gana. Virginio y Visita entran en escena. El le declara su amor y ella, que estaba enamorada de Lolo, quien la abandonó para irse con Nieves, decide utilizarlo a su favor y le cuenta que todas las noches, a las dos de la madrugada, entra en casa de Nieves un hombre. Entra Pamplinas y Visita le pregunta maliciosamente por el bautizo.

Pamplinas repite que no se celebrará. A continuación, Visita encuentra a Lolo y le cuenta la misma historia, sugiriéndole que puede que él no sea el padre de la criatura. Lolo, preocupado, encuentra a Wamba y le cuenta las sospechas le asaltan y el posible engaño de la Nieves; Wamba decide que el bautizo se hará incluso si él tiene que entrar en la iglesia. Doña Valeriana y Nieves, que han oído las sospechas de Lolo, lo niegan, y Nieves dice que al verlos contentos, algunas personas se mueren de rabia.

El Cuadro Segundo muestra a los organilleros que van a participar en el festejo dispuestos a declararse en huelga. El Cuadro Tercero tiene lugar en el interior de una sacristía. El sacerdote pregunta el nombre de los padres del niño; al contestar Lolo, entra Pamplinas e interrumpe la ceremonia, diciendo que es mentira que el niño sea de Lolo. Nieves y Wamba tienen que sujetar a Lolo para que no se pegue con Pamplinas.

En el Cuadro Cuarto, la escena se traslada al merendero donde se celebra la fiesta del bautizo. Faltan Lolo y Pamplinas; Wamba los busca, expresa el temor de que se estén matando, mientras que la Nieves y su madre, la Valeriana, los buscan por todo el barrio. Poco después entra Lolo seguido por Pamplinas, ambos con semblante de haberse entendido. Lolo increpa a Pamplinas para que diga delante de todos lo que le ha dicho a él, y Pamplinas asegura que un hombre entra todos los días en casa de Nieves. Lolo pregunta a Nieves si eso es cierto. Wamba se adelanta y asegura que es cierto, pero que es él mismo quien visita la casa a causa de sus ocultas relaciones con Valeriana, la madre. Lolo salta de júbilo y abraza a Nieves pidiéndole perdón por haber dudado de ella; Visita se queda chasqueada. Pamplinas echa las culpas a la liosa de Visita, y ésta se las echa a Virginio, al que van a pegar, pero Wamba los detiene. Lolo dice que mañana irán todos otra vez a la iglesia para bautizar al niño. Wamba deberá formalizar sus relaciones con Valeriana, pero insiste en que por lo civil y con proclamas anarquistas; todos le abochornan y Wamba se dirige al público y pregunta si alguien quiere apadrinar al niño en su lugar.

CUADRO PRIMERO

Calle de barrios bajos de Madrid. Primer término izquierda, portal practicable, en el que hay varias jaulas de alambre y utensilios para trabajarlas. Primer término derecha, portal practicable de la panadería de Visita. Segundo término izquierda, taberna practicable. Segundo derecha, puerta y balcón, también practicables.

(Música)

Preludio

ESCENA I

(Wamba sentado en un banco. A la derecha, en primer término, de pie, tocador de guitarra. Coro General en semicírculo, en el centro las dos bailarinas, y en primer término izquierda, los dos Convidados y la Señora Valeriana con botella y copas, repartiendo vino al Coro General)

(Música)


Sevillanas

CORO

No quiere el Municipio regar

en el Lavapiés,

pa que no se deshaga la sal

que está por coger.

Llevan las madrileñas, ¡olé!

en el delantal,

un ramo de claveles, ¡olé!

y cuatro de azahar,

para adornar la Virgen, ¡olé!,

de la Soledad.


(Wamba pasa al centro)


(Hablado)


CONVIDADO 1.º

Vamos, padrino, cántese usté algo.


WAMBA

Yo no sé más que tangos anarquistas, dinamitistas y petroleristas.


CONVIDADO 1.º

Pues venga uno de esos explosivos.


(Música)



Tango de Wamba


CORO

Tun, turuntún,

tun, turuntún,

cuchichí, cuchichí,

cuchichí, cuchichí.


WAMBA

El día menos pensado

pasa una barbaridad.


CORO

¡Ah!

Cuchichí, cuchichí,

cuchichí, cuchichí.


WAMBA

Me paece que ni los rabos

quedan de la sociedad.


CORO

¡Oh!

Cuchichí, cuchichí,

cuchichí, cuchichí.


WAMBA

Estamos de tal manera

que si esto siguiera así,

la dinamita y el fuego

tendrán que venir.


CORO

¡¡Uf!!


WAMBA

Pues tanto nos van haciendo

que al fin habrá que gritar:

arriba los socialistas y abajo…


CORO

¿Eh?


WAMBA

No se puede hablar.


CORO

Tun, turuntún, etc.

Cuchichí, cuchichí, etc.


WAMBA

El día que yo gobierne,

si es que llego a gobernar…


CORO

¡Ah!

Cuchichí, cuchichí, etc.


WAMBA

Lo menos diez mil cabezas

por el suelo rodarán.


CORO

¡Oh!

Cuchichí, cuchichí, etc.


WAMBA

Haremos de carne humana

la estatua de Robespierre,

para que sirva de ejemplo

el mártir aquél;

haremos doscientas partes

del oro de la nación;

la una para vosotros

y el resto…


CORO

¿Eh?


WAMBA

Para el cantaor.


CORO

Cuchichí, cuchichí, etc.


TODOS

¡Qué tango más levantisco,

más chulapo y más guasón!

¡Pom!


(Hablado)


CONVIDADO 1.º

¡Olé por los tíos tangueándose!


CONVIDADO 2.º

Pa mí que usté ha pertenecío al Burrero.


WAMBA

Yo no puedo pertenecer a ninguna parte, porque el hombre es libre.


VALERIANA

(A Wamba)

Padrino, una copita.


WAMBA

¿Yo beber eso? Si fuera bala rasa no teníais que ofrecérmelo… A mí darme bebidas fuertes, como mis ideas.


VALERIANA

¡Qué Wamba éste!


WAMBA

¡Vaya! Supongo que sus habéis juergueao lo bastante. Así es que, de una en punto a una

y diez, tóo el mundo en el merendero del señor Pascual en la Florida. Eso, el que no quiera o que no pueda venir también a la iglesia, que el que venga tié que estar aquí mismo en punto de las doce, pa ir tóos en procesión con el muñeco.


VARIOS

Pues, hasta luego.


VALERIANA

Andar con Dios.


CONVIDADO 1.º

Asperar, ¿me se azmite una libertad?


VALERIANA

Hombre, según lo que sea…


CONVIDADO 1.º

Un ¡viva el padrino!


TODOS

Sí, sí; ¡viva el padrino!


(Vanse todos menos Valeriana y Wamba. Al ruido de los vivas sale Visita, que permanece en el dintel de la puerta)



ESCENA II


VISITA

¡Vaya un escándalo!


VALERIANA

(¡Ya está ahí ésa!)


VISITA

¡Ah!, que sea enhorabuena, abuela.


VALERIANA

¡Gracias!


VISITA

Y a usté también, señor Wamba.


WAMBA

No me llame usté Wamba, que me dan arcadas. Pensar que yo, presidente de cuatro cluses socialistas y secretario de La tea incendiaria, tengo el nombre de un monarca, y de un monarca cursi…


VALERIANA

¿Cómo cursi?


WAMBA

¡O gótico!, es lo mismo. Vamos, hombre, me desespero.


VISITA

¡Hija!, tienen ustedes un padrino que nos asusta a las burguesas; porque usté va a sacar de pila ese crío, ¿verdá usté?


WAMBA

Se lo he prometido al Lolo, que lo aprecio mucho, y lo cumpliré; pero yo no entro en la iglesia. Eso que no lo sueñen.


VISITA

¿Por qué?


WAMBA

Porque deprime. Lo que yo quiero es que, ya que el Lolo, o sea, el padre, es empleado de consumos, un impuesto que deprime al proletariado, el niño resulte una coluzna del anarquismo; y; si Lolo me deja que yo le eduque, lo primero que le enseño son las tres us que constituyen nuestra doctrina: Utopía, Unión y Uelga.


VALERIANA

¡Huelga! Por mor de la huelga de organilleros, vamos a estar toda la tarde sin música pa bailar; como no encuentre Lolo el setimino de ciegos que va por ahí.


VISITA

(Con intención)

Yo creo que tendrán ustedes música.


VALERIANA

Pues hija, si la hay, pué que usté disfrute de ella.


VISITA

Puede… ¿y la Nieves, ha salido?


VALERIANA

No creo que le importe a usté mucho, pero ha ido a la Paloma a oír misa pa poder divertirse luego, aunque rabien algunas.


WAMBA

(¡Toma caldo!)


VISITA

¿Qué me cuenta usté?


WAMBA

Vaya, señá Valeriana; écheme usté un ojito al establecimiento que voy a comprar el gorro de cristianar. Dice usté que no puede ser en forma de gorro frigio, ¿verdad?


VALERIANA

¿Está usté loco?


WAMBA

¡Qué lástima!


VISITA

Tráigalo usté con pompón.


(Riéndose. Mutis primera derecha)


WAMBA

Hasta luego.


(Mutis primera izquierda)


VALERIANA

Miá la…


(Nieves aparece por el foro izquierda agitadísima)



ESCENA III


NIEVES

¡Madre! ¡Madre!


VALERIANA

¡Nieves! ¿Pero cómo vienes sola? ¿Qué te pasa? Vamos, mujer, no me tengas con cuidao… Habla.


NIEVES

¡Pillo! ¡Charrán!


VALERIANA

Acaba de una vez.


NIEVES

Usté sabe que Lolo me ha acompañao a la Paloma; por cierto, que ha oído la misa con más atención que yo misma. Con que al salir, le digo que me marque dirección, y me dice: «Vete por la calle del Carnero, que yo voy a ultimar el asunto del setimito y vuelvo en seguida». Echo por donde me había mandao y, al revolver de una esquina, me doy de bruces, ¿con quién dirá usté?


VALERIANA

No caigo.


NIEVES

Con el Pamplinas.


VALERIANA

¡Con ese granuja!


NIEVES

Con el mismo.


VALERIANA

Pero tú, ¡no te detendrías!


NIEVES

Yo me tuve que detener, porque me cogió de una muñeca, y me dijo: «Esa misa que acabas de oír, aplícala por el eterno descanso del cuerpo del Lolo, y no te digo del alma, porque se la voy a romper».


VALERIANA

¡Charrán!


NIEVES

Y luego, con una sonrisa de mala sangre, añadió: «¡Ah!, y como no se bauticen más chicos que ese tuyo, va a ser negocio montar una fábrica de turbantes». Yo sentí que la sangre se me agolpaba a la cabeza, y le llamé… No quiero decir a usté lo que le he llamao.


VALERIANA

Sí, lo que acostumbras.


NIEVES

Y eché a andar, y vino detrás de mi, dispuesto, por lo visto, a buscarnos una perdición a tóos.


VALERIANA

Pero, qué, ¿te ha seguido?


NIEVES

Sí, señora; y viene aquí.


VALERIANA

¿Aquí, ese canalla aquí?


NIEVES

Mírelo usté.


VALERIANA

Apártate.


NIEVES

¡Madre!


VALERIANA

Déjamelo, y aplica la misa por éste.


(La Señora Valeriana saca del portal segundo derecha una silla y queda en mitad de la escena, en actitud de arrojarla al Pamplinas, que aparece por el foro izquierda. Nieves queda a la derecha)



ESCENA IV


PAMPLINAS

(A Valeriana)

Está usté que ni pintá pa una instantánea.


VALERIANA

¡Y tú pa…!


(Va a lanzarse sobre él)


NIEVES

¡Madre…!


(Deteniéndola)


VALERIANA

¡Déjame!


PAMPLINAS

Miste, señora Valeriana, a mí, con los corajes de usté me pasa lo que con la sopa de letras, que transijo con ella porque ilustra y hace buen cuerpo; de modo que, si piensa  usté asustarme, ha equivocado la ruta.


VALERIANA

Lo que pienso decirte, es que como traigas a esta casa la menor sombra de disgusto, por mi gloria, mi salú y mi libertá, que lo vas a pagar caro.


PAMPLINAS

¿Ha terminao usté? Tiene la palabra la Nieves, pa que explique los concetos que la he dirigido hace un rato entre la Paloma y el Carnero. Resumiendo: que ese fruto de bendición, como usté lo llama, no se bautiza hoy, porque no quiere Pancracio Viñas, alias Pamplinas. Huerta del Bayo, siete, escalera interior, letra A, de nueve a doce, servidor de usté.


VALERIANA

Dóblele usté el pico a la tarjeta.


NIEVES

¡Tú, lo que quieres es que Lolo se busque una perdición!


PAMPLINAS

No se fatigue ustez, joven, que está ustez en la convalecencia.


(Medio mutis)


NIEVES

¡Mal hombre!


(Pamplinas va avanzando lentamente a la taberna)


VALERIANA

¡Canalla!


NIEVES

¡Golfo!


PAMPLINAS

¡Que no se bautiza!


(Mutis taberna)



ESCENA V


NIEVES

¿Está usté viendo, madre? Ese nos da hoy el día. ¡Maldita sea la hora en que le conocí y…!


VALERIANA

No te desesperes. A ése, se le va toa la fuerza por la boca. Anda pa dentro y desimula, no sea que se entere Lolo, y entonces sí que iba a ser sonao el bautizo.


(Mutis ambas segundo derecha)



ESCENA VI


(Visita. Después Virginio. Visita sale primero derecha, al tiempo de hacer mutis Nieves y Valeriana. En cuanto éstas desaparecen, Visita se dirige apresuradamente al segundo izquierda)


VISITA

Señor Pancracio…


PAMPLINAS

(Dentro)

¿Qué hay que hacer?


VISITA

Salga usté que tengo que hablarle.


PAMPLINAS

(Dentro)

Aguarde usté un momento, que estoy aquí con un amigo, al tanto de un negocio de interés. De seguida salgo.


(Visita hace mutis primera izquierda. Aparece Virginio, foro derecha, con una cajita y dentro unas medias)


(Música)



Dúo de Virginio y Visita


VIRGINIO

Yo me llamo Virginio Lechuga

García y Quirós,

gracias a Dios;

y desde este momento, señores,

soy su servidor

y admirador.

Donde sirvo se presta dinero

sin más interés,

que a fin de mes,

por cincuenta duros

tiene usté que dar

mil doscientos reales al pagar.

Todas estas gangas

que mi amo proporciona,

son para dejarle

arruinada a una persona,

pues si de este modo

tira el capital,

veo en un asilo

a mi principal.

Aquí traigo unas medias de seda

color carmesí,

pero hasta allí,

quiera Dios que a Visita le gusten

lo mismo que a mí;

creo que sí.

De seguro que cuando las vea

me va a regañar

y a preguntar:

«¿Para qué hace esto,

señor Virginín?»

«Para que se acuerde usté de mí».

Cuando se las ponga

y el vestido se levante

un poquirritito

nada más que por delante,

¡válgame San Pedro!,

lo que se verá…

Dios que me perdone

si es que pienso mal.


(Sale Visita primero izquierda)


VISITA

Muy buenos días, señor Virginio.


VIRGINIO

Muy buenos días, los tenga usté.

(Cuando me mira, me vuelve loco

y me sonrojo, no sé por qué)


VISITA

(Hoy con este memo

y de sus sandeces

me divertiré,

me chulearé)

Soy una chula muy resalá.


VIRGINIO

¡Olé ya!


VISITA

Soy un granito de pimentón.


VIRGINIO

¡Olé yo!


VISITA

Todos los hombres, cuando me miran

por mí suspiran,

y todos van

detrás de mí,

porque me traigo timos hasta allí.


VIRGINIO

¡Olé que sí!

Yo soy un lila como usté ve.


VISITA

Ya lo sé.


VIRGINIO

Soy un pedazo de requesón.


VISITA

Y un simplón.


VIRGINIO

(Yo me declaro)


VISITA

¿Decía usté?


VIRGINIO

Que hace un día muy hermoso.


VISITA

Y un bochorno de chipé.


VIRGINIO

(No puedo más,

esto es atroz;

¿por qué seré

tan cobardón?)


VISITA

¿Qué tiene usté,

tan enfadao?

(Acaso yo

le habré faltao)


VIRGINIO

(Ahora mismo se lo digo

y estas tonterías

ya se han acabao)

Estoy… estoy…


VISITA

¿Qué?


VIRGINIO

Estoy muy enamorao

de una chica muy chulapa,

que me trae dislocao.


VISITA

¿Se pué… se pué…

se puede saber quién es?


VIRGINIO

Pues es… pues es…


VISITA

Pues, hijo…


VIRGINIO

Pues es… usté.


VISITA

Mira qué pillín

y qué tunantón.

Voy a darle a usté

la contestación.

Lo que me ha dicho,

¿será con buen fin?


VIRGINIO

Que me condene

si no fuera así.


VISITA

Pues desde hoy lo consultaré,

y veré…


VIRGINIO

¡Qué felicidad!

No sé lo que me pasa

ni lo que me da.

Jure que suyo

tan solo seré.


VISITA

Dentro de un rato

se lo juraré.


VIRGINIO

Venga esa mano.


VISITA

Con ella van

cinco dedos muy bonitos

para andar a bofetás.


VIRGINIO

¡Qué fuerza tiene la condená!

¡Olé ya!


VISITA

Soy muy nerviosa como usté ve.


VIRGINIO

¡Ya lo sé!


VISITA

(Este panoli se figuró

que en cuantito que me hablara

era dueño de mi amor)

¡Vaya un cimbel! ¡Vaya un guasón!

¡Qué lila es! ¡Ay, qué simplón!


VIRGINIO

(¡Ay, qué placer! ¡Qué alegre estoy!

¡La conquisté! ¡Qué pillo soy!)

Rica.


VISITA

Rico.


VIRGINIO

Mona.


VISITA

Requetemonín.

¡Huy, huy, huy, huy! (¡Ay, qué simplón!)


VIRGINIO

(¡Qué pillo soy!)


(Hablado)


VIRGINIO

Pues sí, Visita, yo estoy por usté, que me alegro una barbaridad de verla a usté buena.


VISITA

Bueno.


VIRGINIO

Y cá día que pasa son cien gramos de carne que pierdo bien pesaos; y si me dice usté que no, pongo el índice a mi existencia en la siguiente forma. Capítulo primero: En el que verá el curioso lector los amores de Virginio con Visita… Ídem segundo: Cortedad de Virginio. Tercero: Virginio se decide y le regala una cosa para las plantas. Cuarto: Las plantas han resultao calabazas. Quinto: Desesperación, suicidio y trágico fin de Virginio. Nota: No hay plantilla para la colocación de las láminas.


VISITA

¿Y a cuánto la entrega?


VIRGINIO

Visita, no se columpie usté en un corazón que oscila por su cariño.


VISITA

¿Pero tanto me quiere usté?


VIRGINIO

¡Tanto! Y créame usté, que por su causa destruyo mi porvenir. Todo lo hago mal, y estoy viendo que me echan de la casa de préstamos, porque lo mismo taso una sábana de un ancho que un reloje Omeja. Y es lo que dice mi principal: «Mira, Virginio, una cosa es que la muestra ponga alta tasación, y otra que me perjudiques». En fin, mire usté cómo será mi cariño, que adjunto la entrego un regalo, que creo que la gustará.


(Saca las medias con los colores que indica el diálogo)


VISITA

¡Unas medias! Son muy elegantes…


VIRGINIO

Ya lo creo; unas medias cumplidas, de última novedad. Tres colores distintos. (Enseñándolos) La planta heliotropo; dende el peroné a la rodilla, rosa tornasolado; y dende la rodilla para arriba, eminencia.


(No se resiste)


Esta mañana he estado revolviendo todos los efectos y ropas cumplidas para traer lo mejor, y me fijé en una falda de barros perteneciente a la Rita, la del cafetín, pero está de seis meses y aún no se puede poner a la venta.


VISITA

Virginio, usté sabe que le aprecio bastante, pero que me sabe mal que se sacrifique usté.


VIRGINIO

Es que quiero que esta tarde luzca usté una cosa nueva en el bautizo del chico del Lolo.


VISITA

¿Del Lolo? ¿Usté está seguro?


VIRGINIO

Hombre, como seguro… ¡Es tan fácil irse del seguro en estas materias…! Pero eso dicen, y yo…


VISITA

Lo que dicen es que… (Con misterio) Virginio, ¿sale usté de noche?


VIRGINIO

A veces; pero vuelvo pronto, porque mi principal me llama calavera.


VISITA

¿Usté sabe lo que sucede en esa casa todas las noches a las dos?


(Señalando segunda derecha)


VIRGINIO

Que están durmiendo.


VISITA

Que entra un hombre con chaquetón de coderas, pantalón de talle y sombrero Frégoli.


VIRGINIO

Pues ya sé quien es.


VISITA

¿Lo sabe usté?


VIRGINIO

Don Tancredo.


VISITA

¡El Pamplinas! El Pamplinas, que ha tenío loca a la Nieves antes de que Lolo me hiciera la mala partida de dejarme por ella, y que aonde ha habido fuego, ceniza queda, y que más que locura, lo que Lolo tiene por Nieves es ceguera, cuando no ve lo que ve tóo el barrio.


VIRGINIO

Sí, señora; no ve.


VISITA

Pero, lo que es esta tarde, va a ser sonao el bautizo.


VIRGINIO

Usté cuenta conmigo pa tóo. Y si hay palos, cuente usted también.


VISITA

¿Será usté capaz?


VIRGINIO

Digo que cuente usté los que me dan, no vayan a estusiasmarse.


VISITA

Pues hasta luego.


VIRGINIO

Hasta luego, Termópila.


(Le da la caja)


VISITA

Adiós, y no pierda usté la esperanza.


VIRGINIO

(Decididamente la traigo la falda de la Rita)

(Virginio mutis primera izquierda. Visita queda en la puerta primera derecha)



ESCENA VII


PAMPLINAS

(Sale de la taberna)

Aquí estoy. Mande usté.


VISITA

Una pregunta na más. Quería saber si ha recibido usté invitación pa ir esta tarde al merendero del señor Pascual a solenizar el bateo del rorro de la Nieves.


PAMPLINAS

(Sonriéndose)

¡El bateo! ¿Pero, usté cree que ese chico recibe hoy el agua?


VISITA

Si los que pueden decir la verdad se guardan la lengua por miedo al Lolo…


PAMPLINAS

¿Yo, miedo? Vamos, Visita, usté no tiene el honor de conocerme, ni aún en el último mignón que me han hecho. Pa mí el Lolo es un ser indefenso; la señá Valeriana, ídem, y la Nieves… La Nieves me ha herido aquí dentro, y el que aquí hiere, no se va de vacío.


VISITA

Pues ella bien presume de haberle despreciao a usté.


PAMPLINAS

¿A mí? Le digo a usté que dende Eva a la bella Monterde, no hay mujer que le haga un feo al Pamplinas. Ella, en otra ocasión, me engañó a mí primero pa abandonarme después; pero, ¡déjate!, que ese bautizo no se efetúa, que tengo mi plan y… no eche usté leña al fuego, porque los hombres como yo, son panteones de piedra berroqueña, hasta que se presenta la ocasión.


VISITA

Así deben ser los hombres.


PAMPLINAS

Y yo soy así.


(Se dan la mano)


VISITA

Ahí viene el panoli del padrino.


PAMPLINAS

Pues, adiós, y si quiere usté una delantera pa el espectáculo, tómela usté con tiempo, porque va a andar el papel por las nubes.


VISITA

La tomaré.


(Pamplinas hace mutis primera derecha)



ESCENA VIII


WAMBA

(Saliendo primera izquierda)

Decididamente, yo compro el gorro con adornos encarnados. ¡Tié que llevar un símbolo!


VISITA

¿Va usté por el gorro?


WAMBA

¡Pero que siempre me he de encontrar con usté…!


VISITA

¡Ay, hijo!, descuide usté, que en lo sucesivo no nos encontraremos nunca.


WAMBA

Adiós, paralela.


(Mutis foro izquierda)


VISITA

Adiós, ministro. (¡Si supieras la que se va a armar!)


(Visita queda en el portal primero derecha)



ESCENA IX


(Visita. Lolo. Este aparece foro derecha, muy alegre, sin ver a Visita)


LOLO

¡Miá que estoy contento!

No hay que darle vueltas,

la vida é familia,

la dicha completa.

¡La chipén del hombre!

¡Qué Nieves más güena!

Ya estoy decidido;

la llevo a la Iglesia,

sin más arrodeos

me caso con ella.


(Va a hacer mutis segunda derecha y Visita desde la panadería le detiene)


VISITA

¿Qué tal estás, Lolo?


LOLO

(Deteniéndose muy contrariado)

Muy bien… ¿Y tú?


VISITA

Buena.


LOLO

Si no mandas nada…


(Medio mutis segunda derecha)


VISITA

(Deteniéndole)

Oye, si te dejan…


LOLO

Pues di lo que quieres,

y no me entretengas.


VISITA

¿Tiés prisa?


LOLO

Bastante.


VISITA

Lo siento de veras,

porque te iba a contar una cosa

que quizá que te guste saberla.


LOLO

¿A mí?… ¡Gracias!


(Indica medio mutis)


VISITA

Mira:

por Dios, hombre, espera,

que un grillo es un grillo, y a un grillo se

le oye.


(Vienen primer término)


LOLO

Pues sí, di lo que sea.


VISITA

¿Conque hoy hay bautizo…?


LOLO

¿Sí? Noticia fresca.


VISITA

¿Lo sabes?


LOLO

¡Pa chasco,

que yo no lo sepa!


VISITA

Yo estoy al corriente de tóo…


LOLO

Lo supongo.


VISITA

El padrino Wamba, la madrina Elena.

La madre la Nieves y el padre…


LOLO

¡Yo!


VISITA

Puede

que sí que lo seas…


LOLO

¿Qué dices?


(Cogiéndola violentamente de un brazo)


VISITA

No aprietes,

¡Ay, hijo! ¡Qué fuerza!


LOLO

Pero, ¿es que lo dudas?


VISITA

¿Quién, yo? Ni siquiera…

Miá a mí qué me importa.

Allá tú…


LOLO

¡Revienta!


(Visita se ríe maliciosamente. Lolo la mira con coraje)


¿Qué quieres decirme con esa risita

que enciende la sangre?


VISITA

(¡Ya está!)


LOLO

¡Di, contesta!


VISITA

¿Yo?… ¡Na! Dios me libre…

Lo que dicen por ahí malas lenguas.


LOLO

¿Qué dicen?


VISITA

No… nada…

Tontunas…


(Lolo vuelve a apretarle el brazo)


¡Ay!


LOLO

Suelta

tóo el veneno que llevas encima

o te arranco de cuajo la lengua.


VISITA

Ya lo has comprendido…


LOLO

Si no me valiera…

Pero, ¡qué han de hacerme

tus calumnias mella,

si tiés los nudillos manándote sangre

de puro roerte de envidia y de pena!


VISITA

¿Yo, envidia? Los hombres

los tengo a docenas;

pero hombres que saben

llevar la vergüenza,

¡y que ya los quisieran algunas


(Señalando al balcón)


para lucirlos los días de fiesta!


NIEVES (Al balcón)

¡Cuánto tarda Lolo!

¡Dios mío, con ésa…!


LOLO

Anda, mala sangre,

veste a quien te crea,

veste con tus mañas

donde no las sepan.

Malos caminitos

pa encontrarme llevas.


VISITA

Ni falta que me hace;

pero, oye; lo de ésa

lo sabe tóo el barrio,

lo saben las piedras…

El chico es de…


LOLO

¡Calla!


VISITA

Si quió que lo sepas.


LOLO

Tú eres un mal bicho

que tóo lo envenenas,

y quieres matarme,

y quieres perderla;

pero no la logras,

porque… ¿tú ves ésa?


(Señalando al balcón de Nieves)


Pues aunque cantasen los ciegos en coplas

por calles y plazas lo que dices de ella,

y aunque pa jurarme que Nieves me engaña

desde el otro mundo mi madre viniera,

jamás lo creería. De modo que raja,

calumnia, babea,

que cuanto más hagas pa hacer que la olvide

más he de quererla.


(Mutis segunda derecha)


NIEVES

Así hacen los hombres

que quieren de veras.


(Mutis)


(Visita le sigue con la vista, volviéndose con rabia)


VISITA

¡Y sube el muy tío!

Y sube… Y me deja…

Y me quedo sola…

Y él se va con ella…


(Señalando a la casa de Lolo con ademán amenazador)


Está bien; pero el daño que me haces

me lo pagas. ¡Lo juro por éstas!


(Mutis Visita primera derecha. Después de estar un momento sola la escena, aparece Lolo en el portal; indeciso y muy contrariado va hacia el foro y después se para)



ESCENA X


(Lolo. Después Nieves. Al final Wamba)


LOLO

¡Bah! ¿Quién hace caso?

Chismes de plazuela…


(Como desechando el pensamiento)


Pero, ¿y si…?


(Dispuesto otra vez a marchar por el foro)


¡Mentira! ¡Mentira completa!

Yo subo ahora mismo,

miá tú que tontera.


(Va a entrar segundo derecha. Al llegar al umbral se detiene)


Lo sabe tóo el barrio.

Lo saben las piedras.

¡Maldita siá!


NIEVES

(Aparece al balcón. Lolo, al oír su voz, se para, pero no vuelve la cabeza)

¡Lolo!,

¿qué tienes? ¿qué piensas?


LOLO

(De espaldas al balcón)

¡Por vida!


NIEVES

¿No subes?


LOLO

¡Ahora subo! Cierra.


(Mutis Nieves. Casi llorando en cuanto se ve solo)


Ya estoy como un chico

llorando de pena,

y de rabia me saltan las sienes,

y de miedo las carnes me tiemblan…

¡Si es verdad, la mato!


(Pausa)


En cuanto la vea

va a faltarme valor pa matarla…


WAMBA

(Aparece por el foro izquierda con el gorro de cristianar en la mano)

¡Miá que es guapo el gorro, con escarapela!



ESCENA XI


(Lolo, Wamba. Después Nieves, Valeriana. Al final Visita, Coro General y Chicos. Lolo se abraza a Wamba llorando)


LOLO

¡Ay, Wamba!


WAMBA

¿Qué ocurre?

Pero, di, ¿qué pasa?

¿Está mala Nieves?

Vamos, hombre, grazna…

¿Está malo el niño?

¿Qué tiene? ¿No mama?

Lo que es yo, en tu caso,

no lo bautizaba.

A una criatura

que está en la latancia,

echarle en las sienes

medio litro de agua,

es… y no te ofendas,

una salvajada.


LOLO

Si el niño está bueno.


WAMBA

Entonces, ¿qué pasa?


LOLO

Que no es mío.


WAMBA

(Haciéndose cruces)

¡Atiza!

¡Valiente tajada!


LOLO

Lo sabe tóo el barrio.

La Nieves me engaña.


VALERIANA

(Saliendo segunda derecha)

¿Mi Nieves? ¡Mentira!


LOLO

(Con tono amenazador)

¡Señá Valeriana!


VALERIANA

Pero, ¿quién lo ha dicho?


(Nieves sale segunda derecha, llorando)


NIEVES

Esa lengua de hacha

que tóo lo que coge,

lo pudre y lo mata.

Ésa… cualquier cosa,

y el otro canalla,

que al vernos contentos

se mueren de rabia.


(Lolo pretende hablar)

Sigue sus consejos…

Déjame en mi casa,

déjame que llore…

No me digas nada…

No quiero que dudes

nunca de mí…


WAMBA

¡Vaya!

Basta de monsergas

y de garambainas…

¿Qué estáis ahí gruñendo?

¿Esto es una jaula?

Que el chico no es tuyo…

Que Lolo se vaya…

Que tú… Que… ¿De dónde?

Que ésta… Vamos, calla.


(Suenan las doce)


Ande yo me inmiscuo

ni Dios mete baza…

Ya han sonao las doce;

ya empieza la zambra.


(Empiezan a llegar los Convidados y los Chicos por el foro)


Ya viene la gente

que está convidada,

y yo no me tiro

por nadie una plancha.

Usté, por el chico.


(A Valeriana, dándole la caja del gorro. Mutis segunda derecha)


(A Nieves)


Tú, seca esas lágrimas.


(A Lolo)


Levanta esos ojos,

alegra esa gaita,

o saco el vergajo

y empieza el pograma.


LOLO

Es que…


WAMBA

¡Sonsoniche!


NIEVES

Pero…


WAMBA

¡Vamos, arza!


(Los une del brazo. Sale Visita y queda en el umbral primero derecha)


Y así de bracete,

que es como Dios manda…

¡Pues, hombre, me gusta!

¡Señores, en marcha!

(Al Coro)


VISITA

Adiós, tragaderas.


WAMBA

Tome usté mojama.


(La Señora Valeriana saca el niño, todos empiezan a marchar, rompiendo la marcha los Chicos)


(Música)



Coro


CHICOS

Bateo pelao,

que a mí no me han dao.

Que se muera la criatura

si es que no echan confitura.


CORO

Ya está aquí el chiquitín;

en marcha sin tardar,

pues ya por fin

lo vamos a bautizar. ¡Olá!

La juerga tié que ver:

de lo más superior.

¿Verdá que usté

así nos lo prometió?

¡Vaya una juerguecita!

¡Qué jaleo se va a armar,

con tantos invitados

y un padrino tan barbián!

¡Olé, olá, olé, olá!


VISITA

Adiós, tragaderas.


WAMBA

Tome usté mojama.



[Mutación]


(Música)



Popurrí de Organilleros


ORGANILLEROS

Somos los organilleros,

somos los pianistas

de la capital,

que nos declaramos en huelga

por necesidad.

Nuestros amos nos explotan

y nos tiranizan tan sin compasión

que por eso el gremio pedimos

más retribución.

Ya no podemos tocar;

se halla de luto Madrid:

ya no podéis escuchar

piezas de baile hasta allí.

Ahora tendréis que bailar

música de Beethoven,

arias de Verdi o Mozart

y óperas de Meyerbeer,

y en las verbenas

tendrán que suplir

nuestros pianos de manubrio

con el arpa o el violín;

pero tenemos

la seguridad

que hacemos falta

y que se arreglará.

Somos los organilleros, etc., etc.

Mas por si acaso ya no nos vemos

y no nos oye la autoridad,

el repertorio

os tocaremos

y un paso doble

sin estrenar.

La, la, la, la,

¡Qué feliz que voy a ser!

La, la, la, la,

¡qué feliz!

Don Tancredo, don Tancredo,

don Tancredo es un barbián,

la, la, la, la, la.

¡Qué lástima nos da

que no se puede oír

el canto popular

que oyó todo Madrid.

No entornes,

cuando me mires,

tus ojos negros,

mala gachí,

que toda mi vida

se va tras de ti.

Si entorno

mis ojos negros,

no debe darte

pena ni ná,

que lo hago

de gusto

que el verte

me da.

La, la, la, la.

Y pa concluir,

vamos a tocar

este paso doble

tan original.

Ran, ran, ran, ran,

rataplán.

Hay que ver los golfos de Madrid

cuando van marchando con la tropa,

y al compás tan marcial

del bombo y el clarín.

Hay que ver las niñas al balcón

con carita alegre y la mirada

trastorná saludar

al batallón.

Ta, ta, ran, plan, plan.

Hay que ver los golfos, etc.

Tarará, tararí,

rataplán, plan, plan.


UNO

Media vuelta.


(Mutis)



[Mutación]



CUADRO SEGUNDO



TELON CORTO DE CALLE



ESCENA I


(Celestino y Expedito. Celestino escribiendo en un libro grande. Expedito limpiando candelabros)


(Hablado)


VOZ

(Dentro)

¡Expedito!


CELESTINO

Chico, ¿no oyes que te llama el señor cura?


EXPEDITO

Voy en seguida.


(Mutis derecha)


CELESTINO

¡Quiá! No se cansan. Llevan tres horas de tute.


(A Expedito que sale)


¿Para qué te quería?


EXPEDITO

Pa que requise el cepillo del pan de San Antonio; le está ganando el padre Anselmo.


CELESTINO

¡Claro, como que es de los que esconden los ases!


EXPEDITO

Pues, como siga así, ya veo a San Antonio sin un mal mendrugo.


(Mutis foro)



ESCENA II


(Dichos. Nieves, Valeriana, Lolo, Wamba y Dos Convidados que no hablan. Madrina con el Chico. Entran todos menos Wamba y, al no verle, vuelven por él. Wamba se asoma y con la mano dice que no quiere entrar)


NIEVES

Vamos, padrino, no meta usté la pata.


VALERIANA

¡Pero, Wamba!


WAMBA

Que no entro, ¡vaya!


LOLO

Pero si tiene usté que firmar…


WAMBA

Bueno, que me saquen el libro aquí.


NIEVES

Hágalo usté por la criatura, siquiera.


TODOS

Ande usté.


(Le hacen entrar a viva fuerza. Continúa con el sombrero puesto)


WAMBA

Está bien. Pero coste que no entro por mi voluntá.


LOLO

(A Celestino)

Muy buenas.



CUADRO TERCERO


Interior de sacristía. Puerta al foro que se supone interior de la iglesia. Otra a la izquierda, puerta de calle. Otra a la derecha, habitaciones interiores. Mesa con grandes libros, servicio de escritorio, papel, etc. Sillas.


CELESTINO

¿Qué deseaban?


VALERIANA

Venimos pa el bautizo que se ha avisao esta mañana.


CELESTINO

¿Es el niño del vigilante de consumos de la calle de la Ruda?


NIEVES

Sí, señor.


LOLO

(Aparte a Wamba)

Quítese usté el sombrero.


WAMBA

No me da la gana. Esto que hacéis conmigo es una infamia. (Se lo quita) ¡Hacerme venir a este lugar de esclavitud, a mí! ¡Lástima de criatura!


(Pasa Expedito del foro a la derecha)


CELESTINO

(Abriendo un libro)

Sentaremos la partida.

Un niño que nació…


NIEVES

El quince, a las dos de la madrugada.


CELESTINO

(Escribiendo)

¿Es de legítimo matrimonio?


WAMBA

¡Hombre…! ¡Natural!


CELESTINO

Perdone usté, pero hay que preguntarlo.


WAMBA

¡Digo, que es natural, señor!


VALERIANA

Pero puede usté poner que se piensan casar muy pronto.


CELESTINO

Aquí no se pueden sentar más que los hechos.


(Sale Expedito derecha)


WAMBA

Pues entonces, siente usté al niño, que es lo único que hay hecho hasta ahora.


CELESTINO

Mal hecho.


NIEVES

¿Cómo que…?


CELESTINO

Digo, que se han debido ustedes casar antes, para evitarse luego la diligencia de legitimación.


WAMBA

(A Celestino)

A usté le he tañao yo, amigo: usté, lo que es, es un ansioso.


(Al grupo)


Tóo eso es dinero pa el cura.


VOZ

(Dentro)

Expedito.


EXPEDITO

Voy.


(Mutis derecha)


CELESTINO

¿Cómo se va a llamar?


WAMBA

Robespierre o Azderramán,

el que más guste.


LOLO

¡Hombre, por Dios!


WAMBA

Sí, señor, Robespierre.


NIEVES

Eso es muy enrevesao.


VALERIANA

Y muy largo.


WAMBA

Usté ponga ahí Robespierre. Luego, si queréis, en el trato particular le quitáis el Pierre y le llamáis Robes.


VALERIANA

Y va a parecer, el chico, la muestra de una modista.


CELESTINO

Ese santo no está en el Martirologio.


WAMBA

Es un mártir de la Libertad.


CELESTINO

Cállese usté.


WAMBA

No me da la gana.


EXPEDITO

(Saliendo)

Señor Celestino: que me dé usté la llave del de las Animas.


CELESTINO

¿Qué pasa?


EXPEDITO

Que le ha acusado las cuarenta el padre Anselmo.


CELESTINO

¿En qué quedamos? ¿Cómo se va a llamar la criatura?


WAMBA

Mire usté, para que no haya disgustos, póngale usté Urbano Robespierre. Urbano, por parte de su abuelo, que fue guardia. Y Robespierre, por parte de la Libertad.


CELESTINO

¿Usté sabe que contrae el compromiso de enseñar al niño la doctrina cristiana?


WAMBA

¿Quién, yo? Vamos, hombre.


(Amenazándole)


CELESTINO

Pues tiene que constar.


(Dejando de escribir y levantándose irritado)


WAMBA

Yo no enseño eso a nadie.


VALERIANA

No haga usté caso. Si le parece a usté, la madrina lo hará.


NIEVES

Ya le daremos a usté una gratificación, si no la desprecia por ser pobres.


CELESTINO

Yo no desprecio nada. Ya lo dijo el Divino Maestro: Semper avet pauperis inter vobis.


LOLO

¿Y qué es eso?


WAMBA

Que siempre habrá pobres entre los bobos.


(Celestino vuelve a sentarse y sigue escribiendo)


CELESTINO

La madrina…


MADRINA

Elena Sánchez.


CELESTINO

La madre.


NIEVES

Nieves Cortijo.


CELESTINO

El padre.


(Aparece Pamplinas primera izquierda y se adelanta con decisión al primer término)


LOLO

Lolo Jiménez.


PAMPLINAS

¡Mentira!


(Estupefacción. Nieves y Wamba sujetan a Lolo y Convidados a Pamplinas. Cuadro)



ESCENA III


(Dichos, Pamplinas)


TODOS

¡Eh!


LOLO

¡Canalla! ¡Cobarde!


VALERIANA

¡Charrán!


NIEVES

¡Lolo, por Dios!


VOZ

¡Expedito!


EXPEDITO

¡Otro cepillo!



CUADRO Y TELON RAPIDO



[Mutación]



ESCENA I


(Señor Pascual, Película, Convidados y Coro General, bailando por parejas)


(Música)



Polca del Fotógrafo


PELICULA

(Saliendo derecha con un Chico que lleva una máquina fotográfica)

¡Qué grupo más bonito!

¡Qué artístico va a ser!

Señores, a sus órdenes.


CORO

El fotógrafo, el fotógrafo. ¡Correr!


PELICULA

Ponerse aquí,

porque la luz

es más igual.


CORO

¿Estamos bien?


PELICULA

Parfeteman.

Ustedes tres

haciendo escorzo por aquí.

La vista allá

y el cuerpo así.


CORO

Que nos saque usté los ojos

rasgaditos

y los talles pequeñitos

y una boca de chipén.


PELICULA

Se tre bien.


UNA VIEJA

Petronila,

ten un poco de pupila,

tápate con el vestido

los juanetes de los pies.


PELICULA

Tres callés.

No tengan cuidado

que saldrá muy bien.

¡Qué conjunto!

¡Qué clichés!

¡Qué preciosos

van a ser!


CORO

Mejor será

que nos retrate usted así.


PELICULA

Voy a probar.

Se tre yolí.

Ceñirse más

para que el grupo salga bien.


CORO

¿Se pué bailar?


PELICULA

Tranquilemen.

Señores, un momento,

que voy a terminar.


(Salen dos Camareros con cazuelas y se paran delante del aparato)


¡Quietos, más risueños!



CUADRO CUARTO


La escena representa un merendero de la Florida. Mesas y demás. Las voces francesas e inglesas de los cantables de este Cuadro se pronunciarán conforme van escritas.


CORO

¡Ja, ja, ja, ja;

olé ya!


(Hablado)


CONVIDADO 1.º

Oiga usté, ¿me saldrá este lunar?


PELICULA

Caballero, en mis retratos no verá usté jamás lunar ninguno.


VARIOS

Que nos lo enseñe, a ver qué tal hemos salido.


PELICULA

Como no me acompañen ustedes a la cámara oscura…


(Dirigiéndose a las señoras)


MUJER 1.ª

(¡Qué tío éste!)


CONVIDADO 2.º

¿Estará bien, eh?


PELICULA

Caballero, usté no me conoce cuando me hace esa pregunta. Vea usté.


(Sacando una tarjeta)


Fermín Película, fotógrafo premiado en la exposición regional de Colmenar de Oreja. Proveedor de algunos semanarios. Se hacen toda clase de trabajos instantáneos y de los otros. Especialidad en niños y en ampliaciones de señoras. Ronda de Valencia, catorce, azotea.


(Mutis, repartiendo entre los convidados varias tarjetas)


PASCUAL

¿Sus parece que eche el arroz? No deben de tardar.


TODOS

Sí, sí, que lo eche, que lo eche.


CONVIDADO 1.º

Yo creo que debemos de esperar y que no lo eche, por si se pasa.


CONVIDADO 2.º

Me paece que no nos matarán porque se pase un poco.


CONVIDADO 3.º

Y si dicen algo lo arreglo yo, y lo pasao, pasao.


PASCUAL

En total, se han matao ocho pollitos pa el arroz, y hay cuatro arrobas de limoná.


CONVIDADO 1.º

Pues tan, y mientras, que estos profesores amenicen algo.


MUJER 2.ª

Eso, que toquen.


MUSICO

¿Desean ustedes pieza señalada o ad libitum?


MUJER 1.ª

Lo que deseamos es algo que se marque bien a izquierdas.


MUJER 2.ª

(¡Qué tíos éstos del setimino! ¡Lástima de organilleros!)


MUJER 1.ª

(¡Dichosa huelga!)


MUSICO

Lo que podemos tocar no es posible que ustedes lo bailen. ¡Hay una gavota…!


CONVIDADO 1.º

¡Gavota! Pues ya lo creo; nosotros nos bailamos hasta El anillo del Nibelungo. Y mejor que los señoritos… Ven, Petromila. Van ustés a ver. ¿Qué se habrán creído?


(Preparándose como para el rigodón)


MUSICO

(Dirigiéndose a sus compañeros y marcando la entrada)

El siete, gavota. ¿Estamos? Una, dos y tres.


(Música)



Gavota


MUSICO

Pianísimo ese re;

empieza el minué.


CORO

Aquí se baila

con elegancia y chic;

los cuerpos rígidos

y el brazo así.


SEÑORAS

¡Qué bien se baila!

¡Qué buen compás!


HOMBRES

Pero agarrado

me gusta más,

porque se tiene

más libertad.


UNO

Jesús, ¡qué mano

tan suave tiene usted!


UNA

Pues si le gusta

se la prestaré.


OTRA

¡Que me lastimas

el anular!


OTRO

Pues dame el gordo

si te es igual.


MUSICO

Tener cuidado

con ese fa.


OTRO

¿Qué hay de aquel asunto

que te dije ayer?


OTRA

Me pides unas cosas

que no pueden ser.


CORO

Ni en París,

ni en soirés,

ni en el Real:

así se bailan

los minués.


HOMBRES

¡Ay, su mamá!

Mejor los señoritos

no lo bailarán.


SEÑORAS

Di tú que sí,

y quedas invitao

a mi gardén partí.


HOMBRES

Tres mersis.


SEÑORAS

Tres o más.


TODOS

¡Plin, plin,

ris, ras!


(Hablado)       


CONVIDADO 1.º

¡Pero que se ha bailao con elegancia!


CONVIDADO 2.º

¡Y bien!



ESCENA II


(Dichos y Wamba. Entra Wamba precipitadamente y mira a todos lados con agitación, quedando en el centro)


WAMBA

¿No está aquí tampoco?


CONVIDADO 1.º

¿Quién?


WAMBA

El Lolo.


CONVIDADO 1.º

No, no ha venido.


WAMBA

¿No lo dije? Se han hecho picadillo.


MUJER 1.ª

¿Pero, qué pasa?


WAMBA

Que ya no hay bateo, y que podéis buscar catorce pesetas cada uno pa asistir en coche a un sin fin de sepelios.


CONVIDADO 1.º

Vamos, hombre, no nos anonade usté.


CONVIDADO 2.º

¿Pero, qué?


WAMBA

Ya sabéis todos que yo, por mis principios, estoy distanciao hace tiempo de la Iglesia; pero, por amistad al Lolo, me comí los principios y fui a apadrinar al chico. Y después de las preguntas de rúbrica, cuando llega el momento de sentar al padre, se presenta el Pamplinas diciendo que el niño no es de la propiedad del Lolo.


TODOS

¡Qué tío!


WAMBA

Lolo mete mano; el otro, que ya había metío el pie, mete mano también; los invitados se arremolinan, nos echan, y desaparecen los dos, desafiaos de seguro en alguna parte. Los hemos buscao por tóos laos: en la prevención del distrito, ná; en el juzgado de guardia, ná; en tóas las tabernas del barrio…


CONVIDADO 1.º

Y, total, ¿qué?


WAMBA

Treinta y seis copas, tres beatas. Hasta al depósito judicial hemos ido; pero pa mí que se han comido el uno al otro al unísono; porque, según se ve, no han quedao ni cadáveres yacientes.


MUJER 1.ª

¿Y la Nieves?


WAMBA

La Nieves y su madre han ido a su casa para ver si por casualidad va por allí el Lolo. ¡Pobre mujer; no hay en tóa su cara un lugar seco de lágrimas!


CONVIDADO 1.º

(Mirando al foro)

Ahí viene.


MUJER 1.ª

Y su madre con ella.


(Expectación. Todos se apartan dejando paso. Convidado 1.º retírase foro)



ESCENA III


(Dichos, Nieves, Valeriana. Entran llorosas)


NIEVES

¿No está aquí?


WAMBA

No.


VALERIANA

¡Tampoco aquí!


WAMBA

¿Y en casa?


NIEVES

¡No han ido! ¡Dios mío! ¡Dios mío!


PASCUAL

(Muy alegre al centro, entre Wamba y Nieves)

¡Olé la juerga! ¿Echo el arroz?


WAMBA

Señor Pascual, retírese usté, que no estamos para arroces ahora.


PASCUAL

Bueno; ustedes avisarán.


(Mutis primera izquierda)


WAMBA

Nieves… Vamos, mujer, no te aplanes así. Y usté, señá Valeriana, ¡paece mentira! Yo comprendo que ésta que empieza ahora a vivir y que no es mujer ducha, ni mucho menos, se agobie; pero usté, que no pué negar que es ducha… Vamos, no lo comprendo.


(Ellas no le escuchan)


NIEVES

¿Qué le habrá pasao?


VALERIANA

¡Pobre criatura!


WAMBA

¡Caray! Que me mojan ustedes los ojos y…


CONVIDADO 1.º

(Saliendo precipitadamente por el foro)

Ahí vienen.


WAMBA

¿Quienes?


CONVIDADO 1.º

Lolo y Pamplinas.


(Aparecen Lolo y Pamplinas seguidos de Visita y Virginio)


VALERIANA

¡Ellos!


NIEVES

¡Y con esa mujer!


(Todos quedan en silencio)



ESCENA IV


(Dichos, Lolo, Pamplinas, Visita y Virginio)


LOLO

(A Pamplinas que le sigue)

Ya estamos aquí. Diga usté ahora lo que antes me ha dicho a mí de hombre a hombre. Ahí la tiene usté.


PAMPLINAS

Pues señora…


(Todos los Convidados y Coro van a retirarse, pero Lolo los detiene con un ademán)


LOLO

Quedarse; lo que Lolo haga quiere que todo el mundo lo vea; lo que diga que lo oiga todo el mundo.


(Al Pamplinas)


Hable usté de una vez.


PAMPLINAS

(A Nieves)

Pues el que ahora estemos sanos y enteros delante de usté, se debe a que antes de matarme con el señor, (Por Lolo), quise hacerle una aclaración de hombre honrao.


NIEVES

¿Honrao, tú?


PAMPLINAS

Aclaración que consta por dicho fehaciente de esta joven.


(Por Visita)


VISITA

Y que yo sé de boca de éste, que lo ha visto.


(Por Virginio)


VIRGINIO

(¡Atiza! ¿Qué habré visto yo?)


PAMPLINAS

Referente a que un hombre entra en su casa de la señora, todas las noches, a las dos.


NIEVES

¿Quién? ¡Mentira!


VALERIANA

Mal hombre, embustero, ¿conque entras tú a ver a mi hija?


PAMPLINAS

¡Eh! Yo no soy, ni sé quién es, pero me he colao en este asunto porque no me da la gana de que se rían de este hombre como se han reído de mí. Esta lo sabe.


(Por Visita)


VISITA

De boca de éste.


(Por Virginio)


WAMBA

Le doy en la boca.


VIRGINIO

(¡A que pago yo el pato!)


LOLO

(A Nieves)

¿Y qué contestas a eso? Dilo, ¿es verdad?


WAMBA

(Interponiéndose entre Pamplinas y Lolo)

Sí, que es verdad, verdad completa.


LOLO

Wamba, mire usté que…


WAMBA

Más verdá que el sol al medio día. Entraba un hombre, sí señor, a las dos, y ese hombre era yo. Wamba, que aunque tiene los brazos de hierro y cabeza de pólvora y el corazón de dinamita, en cuestiones del amor es igual que los moldes de la cera. Sí, señores, yo, que viendo que se retrasaba bastante el reparto social, me adjudiqué, de ocultis, a la Valeriana, hasta que la ocasión abonase pa publicarlo y adjudicármela en el lote correspondiente.


VALERIANA

Pasando antes por la iglesia.


WAMBA

Eso era lo que yo no quería, precisamente.


LOLO

(A Nieves)

Ven, abrázame, que estoy ya más alegre que el repique del sábado de gloria.


VISITA

(¡Ay, qué plancha!)


PAMPLINAS

(A Visita)

Por usté, tía liosa.


VISITA

Por este pollo.

(Por Virginio)


VIRGINIO

Por fin pagué yo el pato.


NIEVES

¡Haber dudado de mí!


LOLO

Pero, nena, ¿quién ha tenido la culpa?


PAMPLINAS

Lo que es yo, no.


VISITA

¡Ni yo tampoco! El Virginio.


VIRGINIO

No hagan ustedes caso.


VARIOS

¡Claro que el Virginio!


(Van a pegarle y los detiene Wamba)


WAMBA

Este pollo no merece de nosotros otra molestia que la siguiente. (Le vuelve de espaldas y le da un puntapié) Siguen las firmas. (Dándole otro)


VIRGINIO

¡Ah!, ¿sí? Vengan las medias.


(Haciendo ademán de quitárselas a Visita, que las lleva puestas. Mutis)


LOLO

Dejarlo ya. Y mañana, otra vez a la iglesia, a bautizar al chico.


PASCUAL

¿Echo el arroz?


(Poniéndose en primer término)


TODOS

Sí, ahora sí; que lo eche.


VALERIANA

Y tú y yo, a casarnos.


WAMBA

Tiene que ser por lo civil, y si hay proclamas, que sean anarquistas.


LOLO

Padrino, si no abandona usté esas ideas que tienen mala sombra, no apadrina usté al niño.


WAMBA

(Al Público)

Dicen que ya no toleran

que yo vaya a bautizarlo.

¿Qué haré? ¡Si ustedes quisieran,

señores, apadrinarlo…!


(Música)




TELON