Busca en todas las cosas
Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.
No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.
Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje...
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!
Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?
Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?
No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora...
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!
Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido...
MAÑANA LOS POETAS
Mañana los poetas cantarán en divino
verso que no logramos entonar los de hoy:
nuevas constelaciones darán otro destino
a sus almas inquietas con un nuevo temblor.
Mañana los poetas seguirán su camino
absortos en ignota y extraña floración,
y al oír nuestro canto, con desdén repentino
echarán a los vientos nuestra vieja ilusión.
Y todo será inútil, y todo será en vano;
será el afán de siempre y el idéntico arcano
y la misma tiniebla dentro del corazón.
Y ante la eterna sombra que surge y se retira,
recogerán del polvo la abandonada lira
y cantarán con ella nuestra misma canción.
TUÉRCELE EL CUELLO AL CISNE DE ENGAÑOSO PLUMAJE
Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.
Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda. . .y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.
Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno. . .
El no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en al sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno. (1911)
EL GOZO ALUCINADO
El color se me adentra y no lo pinto;
la nota musical llega hasta el fondo
de la entraña cordial, y yo la escondo
en el sacro rincón de su recinto.
El árbol es aliento y no verdura,
germinación de vuelo y no ramaje;
el ojo lo desliga del paisaje
y lo clava en el dombo de la altura.
Apago soles y deseco ríos,
borro matices y deshago formas,
y en propio barro, quebrantando normas,
modelo mundos para hacerlos míos.
Sobrepasa las cosas la mirada,
el sueño crece, lo real esfuma,
y me embarco en las alas de la bruma
como en una galera aparejada.
El nuevo Narciso, 1952
sábado, 15 de marzo de 2008
sábado, 23 de febrero de 2008
Oda al Ruiseñor de John Keats
Oda al ruiseñor, de John Keats
Versión de Ángel Romera.
I
Mi corazón duele y un sopor sufriente niega
mis sentidos, como si haber apurado la cicuta
o vaciado hasta las heces una droga lenta
hubiera hace un momento,
y hacia fuente sin recuerdos yo me hundiera;
no por envidia de tu ser feliz,
sino por ser feliz en tu felicidad,
cuando tú, alada leve ninfa del boscaje
en un rincón melódico
de hayas verdes y sombras muchas
cantas el verano a pleno pecho desatado.
II
¡Oh! ¡Por un trago de vino conservado
largamente en lo profundo de la tierra,
con sabor de Flora y verde campo,
de baile y madrigal de Provenza y risa de oro!
¡Oh! Por una copa rebosante de tibio sur,
colmada de Hipocrene fiel y casta,
con breves burbujas borbollando sobre el borde
y púrpura su boca, que pudiera beber,
y dejar el mundo sin ser visto,
y contigo perderme tras el telón del bosque.
III
Lejos perderme disuelto y olvidar casi
lo que entre hojas nacido tú nunca conociste:
las fatigas, fiebres y ansiedades
de aquí, donde todos se cuentan sus dolencias,
donde el temblor agita las tristes últimas canas,
donde un joven se vuelve enflaquecido, espectral y muerto:
donde pensar es expulsar angustias y tristezas
desde párpados plúmbeos,
donde lo bello no puede mantener sus ojos
ardiendo ni un amor nuevo los desea sino un día.
IV
¡Lejos, lejos! Pues a ti volaré,
no en el carro de Baco tirado por leopardos,
sino en las alas invisibles de la poesía,
aunque lenta la mente se anonade y perezosa,
¡al fin contigo! Tierna es la noche
y la reina Luna acaso se alza en su trono
de muchedumbre de hadas de luz rodeada,
aunque aquí no ilumina
sino la que del cielo acude soplada por las brisas
por verde penumbra y sinuosos y húmedos caminos.
V
No distingo qué flores tenga más abajo de mis pies,
ni el perfume suave que pende entre las ramas,
pero en la quieta tiniebla columbro cada aroma
con que el mes propicio dota al pasto,
matorrales y frutales del bosque
el espino albar, la eglantina pastoril,
las entrevistas violetas sepultadas entre hojas
y la primera de las hijas de Mayo,
la rosa reciente regada de rociado vino,
refugio del revuelo de las moscas en los veranos nocturnos.
VI
En la sombra escucho; y habiendo estado largo tiempo
enamorado a medias de la relajante muerte, habiéndola
invocado con suaves nombres en versos meditados
para que elevara al aire mi aliento silencioso,
¡ahora, más que nunca, me parece próspero morir,
cesar en la medianoche sin dolor
mientras tú derramas tu alma hacia fuera
en este éxtasis!Tu aún seguirías cantando, pero mi oreja sería inútil,
convertido yo en tierra para tu alto requiem.
VII
No naciste para la muerte, pájaro inmortal.
No hubo hambrienta generación que te aplastara;
La voz que escucho en esta noche fugitiva
fue escuchada antiguamente por emperador y campesino:
Tal vez la misma canción que se abrió paso
en el triste corazón de Ruth, cuando nostálgica
lloraba en medio del trigo extranjero;
la misma que muchas veces encantó
los mágicos postigos que se abren sobre la espuma
de mares peligrosos, en fantásticas tierras, derruidos.
VIII
¡Derruidos! ¡El término es como una campana
que tañe para alejarme de ti a mi solitario yo!
¡Adiós! La fantasía, duende engañoso, no puede
engañar tan bien como asegura su fama.
¡Adiós! ¡Adiós! Tu triste elegía se pierde
pasando los prados, sobre las aguas tranquilas,
arriba en el monte, y ahora se hunde hondo
en el espacio del próximo valle:
¿Fue una visión o fue un sueño en mi vigilia?
Acabada está esa música: ¿desperté o me he dormido?
Versión de Ángel Romera.
I
Mi corazón duele y un sopor sufriente niega
mis sentidos, como si haber apurado la cicuta
o vaciado hasta las heces una droga lenta
hubiera hace un momento,
y hacia fuente sin recuerdos yo me hundiera;
no por envidia de tu ser feliz,
sino por ser feliz en tu felicidad,
cuando tú, alada leve ninfa del boscaje
en un rincón melódico
de hayas verdes y sombras muchas
cantas el verano a pleno pecho desatado.
II
¡Oh! ¡Por un trago de vino conservado
largamente en lo profundo de la tierra,
con sabor de Flora y verde campo,
de baile y madrigal de Provenza y risa de oro!
¡Oh! Por una copa rebosante de tibio sur,
colmada de Hipocrene fiel y casta,
con breves burbujas borbollando sobre el borde
y púrpura su boca, que pudiera beber,
y dejar el mundo sin ser visto,
y contigo perderme tras el telón del bosque.
III
Lejos perderme disuelto y olvidar casi
lo que entre hojas nacido tú nunca conociste:
las fatigas, fiebres y ansiedades
de aquí, donde todos se cuentan sus dolencias,
donde el temblor agita las tristes últimas canas,
donde un joven se vuelve enflaquecido, espectral y muerto:
donde pensar es expulsar angustias y tristezas
desde párpados plúmbeos,
donde lo bello no puede mantener sus ojos
ardiendo ni un amor nuevo los desea sino un día.
IV
¡Lejos, lejos! Pues a ti volaré,
no en el carro de Baco tirado por leopardos,
sino en las alas invisibles de la poesía,
aunque lenta la mente se anonade y perezosa,
¡al fin contigo! Tierna es la noche
y la reina Luna acaso se alza en su trono
de muchedumbre de hadas de luz rodeada,
aunque aquí no ilumina
sino la que del cielo acude soplada por las brisas
por verde penumbra y sinuosos y húmedos caminos.
V
No distingo qué flores tenga más abajo de mis pies,
ni el perfume suave que pende entre las ramas,
pero en la quieta tiniebla columbro cada aroma
con que el mes propicio dota al pasto,
matorrales y frutales del bosque
el espino albar, la eglantina pastoril,
las entrevistas violetas sepultadas entre hojas
y la primera de las hijas de Mayo,
la rosa reciente regada de rociado vino,
refugio del revuelo de las moscas en los veranos nocturnos.
VI
En la sombra escucho; y habiendo estado largo tiempo
enamorado a medias de la relajante muerte, habiéndola
invocado con suaves nombres en versos meditados
para que elevara al aire mi aliento silencioso,
¡ahora, más que nunca, me parece próspero morir,
cesar en la medianoche sin dolor
mientras tú derramas tu alma hacia fuera
en este éxtasis!Tu aún seguirías cantando, pero mi oreja sería inútil,
convertido yo en tierra para tu alto requiem.
VII
No naciste para la muerte, pájaro inmortal.
No hubo hambrienta generación que te aplastara;
La voz que escucho en esta noche fugitiva
fue escuchada antiguamente por emperador y campesino:
Tal vez la misma canción que se abrió paso
en el triste corazón de Ruth, cuando nostálgica
lloraba en medio del trigo extranjero;
la misma que muchas veces encantó
los mágicos postigos que se abren sobre la espuma
de mares peligrosos, en fantásticas tierras, derruidos.
VIII
¡Derruidos! ¡El término es como una campana
que tañe para alejarme de ti a mi solitario yo!
¡Adiós! La fantasía, duende engañoso, no puede
engañar tan bien como asegura su fama.
¡Adiós! ¡Adiós! Tu triste elegía se pierde
pasando los prados, sobre las aguas tranquilas,
arriba en el monte, y ahora se hunde hondo
en el espacio del próximo valle:
¿Fue una visión o fue un sueño en mi vigilia?
Acabada está esa música: ¿desperté o me he dormido?
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Sum vermis, de Jacinto Verdaguer
SUM VERMIS
Non vivificatur nisi prius moriatur et carcere ad aetera dant vincula pennas 1ª Cor., 15, 36
Miradme aquí, Señor, a vuestras plantas,
de todo bien desnudo, enfermo y pobre,
de mi nada perdido en el abismo.
Soy gusano de tierra, por un rato
he venido a arrastrarme en mi ceniza.
Mi pobre cuna fue un grano de polvo
y otro grano ha de ser mi sepultura.
Algo quisiera ser para ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño, inútil,
y desnudo de gloria y de prestigio.
Haced de mí lo que queráis, soy hoja
de las que el viento arrastra, gota de agua
de las que el sol, sobre la hierba, seca,
o, si queréis, motivo soy de escarnio.
Yo no soy nada, mas mi nada es vuestra;
vuestra es, Señor, y os ama y os adora.
Haced vuestro deseo; no soy digno
de andar a vuestros pies; árbol estéril,
de raíz arrancado de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.
Venid a mí, congojas del martirio,
venid, ¡oh cruces!, mi oro y mi fortuna,
ornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laurel y palmas del Calvario,
si hoy ásperas me sois, después será,
a vuestra sombra, dulce mi descanso.
Espina del dolor, ven a pincharme;
ven a abrigarme con tu manto, injuria;
calumnia, junto a mí tu fango hacina;
miseria, ven para seguirme siempre.
Quiero ser sólo polvo del camino
donde me pisen todos los que pasen;
y quiero ser lanzado cual basura
del palacio a la calle, de la cima al abismo,
y de él hasta el torrente. Id barriendo
mis pasos a la altura y no daré
molestia, la pobreza mi tesoro ha de ser,
será el oprobio mi orgullo, y las penas mis delicias.
Desde hoy cogeré los vilipendios
y desprecios cual perlas y topacios
de la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga.
Volveré a la ceniza del sepulcro
de do salí, sum vermis et non homo.
Yo no nací cual la industriosa oruga
que entre las hojas de morera teje
con finísima seda su sudario.
Yo la tejo de cáñamo de penas;
mas, dentro de esta oscura sepultura,
retornaré a la vida como Vos,
y encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.
Non vivificatur nisi prius moriatur et carcere ad aetera dant vincula pennas 1ª Cor., 15, 36
Miradme aquí, Señor, a vuestras plantas,
de todo bien desnudo, enfermo y pobre,
de mi nada perdido en el abismo.
Soy gusano de tierra, por un rato
he venido a arrastrarme en mi ceniza.
Mi pobre cuna fue un grano de polvo
y otro grano ha de ser mi sepultura.
Algo quisiera ser para ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño, inútil,
y desnudo de gloria y de prestigio.
Haced de mí lo que queráis, soy hoja
de las que el viento arrastra, gota de agua
de las que el sol, sobre la hierba, seca,
o, si queréis, motivo soy de escarnio.
Yo no soy nada, mas mi nada es vuestra;
vuestra es, Señor, y os ama y os adora.
Haced vuestro deseo; no soy digno
de andar a vuestros pies; árbol estéril,
de raíz arrancado de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.
Venid a mí, congojas del martirio,
venid, ¡oh cruces!, mi oro y mi fortuna,
ornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laurel y palmas del Calvario,
si hoy ásperas me sois, después será,
a vuestra sombra, dulce mi descanso.
Espina del dolor, ven a pincharme;
ven a abrigarme con tu manto, injuria;
calumnia, junto a mí tu fango hacina;
miseria, ven para seguirme siempre.
Quiero ser sólo polvo del camino
donde me pisen todos los que pasen;
y quiero ser lanzado cual basura
del palacio a la calle, de la cima al abismo,
y de él hasta el torrente. Id barriendo
mis pasos a la altura y no daré
molestia, la pobreza mi tesoro ha de ser,
será el oprobio mi orgullo, y las penas mis delicias.
Desde hoy cogeré los vilipendios
y desprecios cual perlas y topacios
de la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga.
Volveré a la ceniza del sepulcro
de do salí, sum vermis et non homo.
Yo no nací cual la industriosa oruga
que entre las hojas de morera teje
con finísima seda su sudario.
Yo la tejo de cáñamo de penas;
mas, dentro de esta oscura sepultura,
retornaré a la vida como Vos,
y encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.
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A la orilla del mar, Jacinto Verdaguer
A ORILLA DEL MAR
Sobre alto promontorio que domina
las olas de la mar,
cuando en el cielo el astro rey declina
subo yo a meditar.
Al resplandor de aquella luz muriente
contemplo mi no-ser;
contemplo el mar y el cielo ¡y su grandeza
aplasta mi poder!
Esas olas, espejos estelares,
guardan tantos recuerdos,
que hoy me place mirar entre sus aguas
los sueños que murieron.
Alcé tantos castillos en sus playas
que derrumbarse vi,
con sus torres y cúpulas altivas
de oro, plata y marfil;
poemas, ¡ay! que fueron por un tiempo
juguetes del azar,
pechinas que un instante arroja el agua
y vuelve a devorar;
bajeles con sus velas que naufragan
en un día de mayo,
islas de oro que nacen y se borran
del sol al primer rayo;
ideas que me acortan la existencia
robando mi calor,
cual ráfaga que llévase la esencia
de la marchita flor.
Del corazón o de la vida toman
las olas que se van;
si nada tengo, las que ahora vienen
decidme ¿qué querrán?
Con las del mar o las del tiempo un día
al fondo he de rodar;
¿por qué, por qué, engañosa poesía,
mundos me haces crear?
¿Por qué escribir más versos en la arena?
Playa del mar del cielo,
¿cuándo podré escribir en tu gran página
con estrellas mis versos?
Caldetes, 10 enero 1883
Sobre alto promontorio que domina
las olas de la mar,
cuando en el cielo el astro rey declina
subo yo a meditar.
Al resplandor de aquella luz muriente
contemplo mi no-ser;
contemplo el mar y el cielo ¡y su grandeza
aplasta mi poder!
Esas olas, espejos estelares,
guardan tantos recuerdos,
que hoy me place mirar entre sus aguas
los sueños que murieron.
Alcé tantos castillos en sus playas
que derrumbarse vi,
con sus torres y cúpulas altivas
de oro, plata y marfil;
poemas, ¡ay! que fueron por un tiempo
juguetes del azar,
pechinas que un instante arroja el agua
y vuelve a devorar;
bajeles con sus velas que naufragan
en un día de mayo,
islas de oro que nacen y se borran
del sol al primer rayo;
ideas que me acortan la existencia
robando mi calor,
cual ráfaga que llévase la esencia
de la marchita flor.
Del corazón o de la vida toman
las olas que se van;
si nada tengo, las que ahora vienen
decidme ¿qué querrán?
Con las del mar o las del tiempo un día
al fondo he de rodar;
¿por qué, por qué, engañosa poesía,
mundos me haces crear?
¿Por qué escribir más versos en la arena?
Playa del mar del cielo,
¿cuándo podré escribir en tu gran página
con estrellas mis versos?
Caldetes, 10 enero 1883
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Siglo XIX
Canto espiritual, de Ausiàs March
CANTO ESPIRITUAL
Pues que sin Ti, a Ti ninguno alcanza,
dame la mano, del suelo levántame;
y aunque la mía no tienda a la tuya,
aunque sea a la fuerza arrástrame
hacia Ti.A tu encuentro quería yo salir;
no sé por qué no hago lo que quiero;
pues cierto que mi voluntad es libre
e ignoro quién impide mi deseo.
Quiero alzarme, mas no hago lo bastante:
y es la causa el peso de mis terribles culpas;
antes de que la muerte concluya mi proceso,
dígnate, Señor, que tuyo sea, pues serio quiero;
haz que tu sangre mi duro corazón ablande :
de mal semejante a otros muchos ella curó.
Tu tardanza denuncia tu enojo;
tu piedad no halla en mí lugar .
No pequé tanto con el entendimiento
como he cargado mi voluntad de culpa.
¡Ayúdame, Señor! Mas locamente te ruego,
pues tú no ayudas sino a quien a sí mismo se ayuda,
ya cuantos a Ti se acercan
no les fallas, bien lo muestran tus brazos.
¿Qué haré, si no merezco tu ayuda,
pues sé que no me esfuerzo tanto como pudiera?
¡Perdóname que te hable locamente!
A la pasión se deben mis palabras.
Siento pavor del infierno, al cual me llevas;
quisiera volverme, y no dispongo de mis pasos.
Mas también recuerdo que redimiste al Ladrón
(tanto cuanto es claro que no bastaban sus obras);
allá donde le place, sopla tu espíritu:
ni cómo ni por qué saben los humanos.
Aunque mal cristiano sea por mis obras,
no te guardo ira, ni de nada te inculpo;
cierto sé que siempre obras bien,
y bien haces tanto dando vida como muerte:
todo es lo mismo si brota de tu poder,
por lo que loco es quien contra Ti se yergue.
Amor al mal, ignorancia del bien,
tales son las razones por las que el hombre te desconoce.
A Ti te pido que mi corazón fortalezcas,
a fin de que mi voluntad a la tuya se ligue;
y pues sé que el mundo no me aprovecha,
dame fuerzas para abandonarlo del todo,
y del placer que el bueno en Ti gusta,
alcánzame tan siquiera una migaja,
para que mi carne, que se me subleva,
quede satisfecha y deje de acosarme.
¡Ayúdame, Señor, que sin Ti no puedo moverme,
pues mi cuerpo más que paralítico está!
Tan arraigados están en mí los malos hábitos,
que el sabor de la virtud me resulta amargo.
¡Oh Señor, piedad! Renueva mi naturaleza,
que mala es por mi gran culpa;
y si muerto puedo redimir mi falta,
sea la muerte mi dulce penitencia.
Te temo más que no te amo,
y ante Ti me confieso de esta culpa;
turbada está mi esperanza,
y en mi interior hay una terrible lucha.
Te veo justo y misericordioso;
tu voluntad concede gracia al sin méritos,
y sin méritos los dones das y quitas a capricho.
¿Quién será tan justo, cuánto más yo, que no te tema?
Si el justo Job a Dios temía tanto,
¿qué no haré yo que en mis culpas nado?
Cuando pienso en el infierno donde el tiempo no existe,
se me muestra cuánto los sentidos temen.
El alma, que para contemplar a Dios fue hecha,
contra su Señor, blasfemando, se rebela.
No es el hombre quien tan gran mal ama;
entonces, ¿dónde está quien hacia tal parte camina?
Ruégote, Señor, que mi vivir acortes
antes de que peores casos me sucedan;
en dolor vivo haciendo vida perversa,
y temo aquella muerte que es eterna.
Pues aquí con mal, y allá con pena sin fin.
Tómame en el instante en que mejor me halles;
el retardarlo, no sé qué finalidad tiene;
no ha reposo quien el viaje ha de emprender.
Me duelo de no dolerme tanto como quiero
del dolor infinito, del cual dudo;
pues tal dolor no lo ampara la naturaleza,
ni puede medirlo el hombre, ni menos sentirlo.
Si es así, pobre parece mi excusa,
cuando de mi daño, que tanto es, no me espanto.
El cielo pido, y no lo aprecio lo bastante:
gran falta tengo de miedo y de esperanza.
Por más que irascible te presentes,
ello sólo es debido a nuestra ignorancia;
tu voluntad siempre es clemente,
el mal que muestras es bien inestimable.
Perdóname, Señor, si de algo te culpé,
pues me confieso ser el único culpable;
con ojos humanos juzgué tus hechos:
¡quieras darle luz a la vista del alma!
Mi voluntad a la tuya es contraria,
y enemigo tuyo soy queriendo ser amigo.
¡Ayúdame, Señor, pues me ves en tal aprieto!
Me desespero si mis méritos mides;
me enoja el que mi vida se prolongue,
y mucho dudo de que tenga término;
en dolor vivo, pues mi deseo no es firme,
y alterado en mí está el equilibrio.
Tú eres la meta donde todo acaba,
y no es final si en Ti no termina;
Tú eres el bien donde todo bien se mide,
y no es bueno quien a Ti, Señor, no se parece.
A quien te complace, dios Tú le llamas;
para que se te asemeje, mayor grado
de hombre le das; es justo, pues,
que quien al diablo complace, tome
el nombre de aquel a quien se conforma.
Si algún fin en este mundo se halla
no es auténtico fin, ya que no hace
al hombre feliz: sólo es el principio
donde lo otro termina, según el curso
que podemos entender los humanos.
Los filósofos que el final pusieron
en sí mismos, está visto que son
seres discordes: señal cierta
de que en la verdad no se fundaron;
por consiguiente, al hombre no satisfacen.
La ley judaica por sí misma no bastaba
(no se entraba con ella en el Paraíso),
sino en cuanto fue principio de la nuestra,
por lo que puede decirse que las dos son una.
Así, toda meta totalmente humana
no da reposo ni término al deseo, mas tampoco
sin ella el hombre alcanza la otra;
San Juan anunció la llegada del Mesías.
No tiene reposo quien otro fin persigue,
pues la voluntad en nada más descansa;
es cosa sabida, y no caben sutilezas,
que, si no es en Ti, el deseo no termina.
Así como los ríos a la mar se apresuran,
así todos los fines en Ti se cumplen.
Puesto que te conozco, ayúdame a amarte.
¡Que el amor venza al miedo que te tengo!
Y si tanto amor como quiero no siento,
aumenta mi miedo para que, temiendo,
no peque,pues no pecando, perderé aquellos
hábitosque en mí fueron la causa de no amarte.
Mueran quienes de Ti se apartaron;
casi me dieron muerte y me impiden vivir .
¡Oh Señor! Haz que mi vida se prolongue,
ya que creo que hacia Ti camino.
¿Quién me enseñará a excusarme ante Ti,
cuando tenga que rendirte mis mal
ordenadas cuentas?Tú me diste
un camino derecho,y yo hice de la regla
una hoz muy curva;enderezarla quiero,
mas preciso tu ayuda.Ayúdame, Señor,
pues débiles son mis fuerzas;deseo saber
qué destino me reservas:para Ti es presente,
pero para mí incierto futuro.
No te pido que me des salud corporal
ni bien alguno natural o de fortuna,
pero sí que tan sólo a Ti, Señor, te ame,
pues bien cierto sé que el mayor bien
de ello nace.Por consiguiente, no siento
altas delectaciones
ya que no me hallo bien dispuesto
a sentirlas;pero hasta el más grosero
de los hombres sabe
que, sobre todos, el mayor bien es deleitable.
¿Qué día será en que la muerte ya no tema?
Será cuando de tu amor yo me inflame,
y ello no es posible sin menospreciar la vida;
haz que por Ti yo desprecie la mía.
Debajo de mí, entonces, estarán las cosas
que ahora veo pasar sobre mis hombros;
quien no teme a las garras del fiero león,
mucho menos temerá al aguijón de la avispa.
Ruégote, Señor, que me hagas insensible
para que nunca más ciertos deseos sienta,
no tan sólo los feos que te contrarían,
sino también aquellos que te son indiferentes.
Tal deseo, para poder pensar sólo en Ti
y poder buscar el camino que a Ti lleva;
hazlo, Señor, y si de esto me arrepiento,
encuentre ya para siempre tus oídos sordos.
Quítame el dolor de ver cómo pierdo el tiempo,
pues, doliéndome, no puedo amarte como deseo
y quiero hacerlo aunque la costumbre me lo impida;
en tiempos pretéritos me cargué de culpas.
Tanto valgo yo como otros que no te sirvieron,
ya ellos diste no menos bien del que te pido;
por ello te suplico, Señor, que entres en mi corazón,
ya que en otros más abominables penetraste.
Católico soy, mas la Fe no me da calor,
pues la apaga el lento frío de los sentidos.
Mas ya dejo lo que mis sentidos sienten
y en el Paraíso creo por fe, pero con razón juzgo.
La parte del espíritu está pronta,
mas la de los sentidos sólo arrastrándola se acerca;
socórreme, pues, Señor, con el fuego de la fe,
hasta el punto en que mi parte fría se abrase.
Tú me creaste para que mi alma salvara,
y quizá sepas que haré precisamente lo contrario.
Si es así, ¿por qué, entonces, me creaste,
ya que en Ti reside el saber infalible?
Devuelve mi ser a la nada, te lo suplico;
preferible es a una eterna y oscura cárcel;
como quisiste decir acerca de Judas, yo creo
que mejor sería no haber nacido hombre.
¡Preferiría, habiendo recibido el bautismo,
no haber tornado a los brazos de la vida,
sino haber pagado a la muerte mi deuda,
con lo que ahora no viviría ya en la duda!
Más temen los humanos al infierno
que no los placeres del Paraíso juzgan;
lo que padecemos, de aquel padecer es ejemplo,
mientras el Paraíso sin sentirlo se juzga.
Dame fuerzas para tomar de mí venganza;
contra Ti obré, y con gran culpa.
Y si no lo consigo, castiga mi carne,
pero no toques mi espíritu, hecho a tu semejanza;
y, sobre todo, que mi fe no vacile
y que no tiemble mi esperanza :
no me faltará la caridad, si permanecen firmes,
y si por mi carne te pidiera, no me escuches.
¡Oh! ¿Cuándo será que mis mejillas moje
con el agua de un llanto de dulces lágrimas?
La contrición es la fuente de donde manaran:
tal es la llave que el cerrado cielo nos abre.
De la contrición, nacen las amargas,
pues antes en temor que en amor se fundan;
pero, pese a todo, dame de éstas en abundancia,
pues son camino y vía para llegar a las otras.
Versión de José Batlló
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Velas y vientos cumplan mi deseo, de Ausiàs March
Velas y vientos cumplan mi deseo:
harán caminos por la mar dudosos,
contra el Maestre y el Poniente veo
Levante y el Jaloque muy furiosos,
con Griego y Tramontana, que bien creo
le ayudarán con ruegos amorosos;
porque estos cinco soplen de manera
que vuelva yo do siempre estar quisiera.
El mar hirviendo como el agua al fuego,
y su color veréis andar mudando;
traerá cualquiera cosa sin sosiego,
que sobre sí hallare estando airado;
los peces todos juntos irán luego
lugar buscando oculto y encerrado;
huyendo al mar que los crió y sustenta,
en tierra saltarán sin otra cuenta.
Los peregrinos votarán turbados
dones de cera en viéndose en sus puertos,
y el gran pavor descubrirá pecados
que en confesión no han sido descubiertos;
allí os ternán presente mis cuidados
y luego votaré mis votos ciertos,
que nunca habrá mudanza, y que en ausencia
no olvidaré vuestra gentil presencia.
La muerte temo por no verme ausente,
porque el amor por ella es acabado,
y no se partirá ni se consiente
que partir pueda de este amor sobrado;
mas vuestro poco amor me mata, y siente
el mío que en morir seré olvidado;
sólo este pensamiento me cautiva,
mas no creo que será si vos sois viva.
En yo muriendo no ha de amar ninguno,
y amor se queda en ira convertido;
mas cuando morir quiera, ¿qué importuno
será el dolor de ausencia y cuán crescido?
Si término en amor hubiera alguno,
en él yo fuera solo y escogido,
y viera vuestro amor si se extendía
o si en lo verdadero teme o fía.
Yo soy el amador más extremado,
después de los que ya no tienen vida;
por verme vivo y veros no he quejado,
¿cómo haré cuando el vivir me impida?
A bien o mal estoy aparejado,
mas no cabe en mi hado haber guarida;
que yo con humildad lo estó esperando,
la puerta le abro y allí estoy velando.
Deseo aquello que ha más de costarme,
y la esperanza de esto me recrea;
mi vida no querrá, ni aun yo, salvarme
de un caso fiero, y pido a Dios que sea;
las gentes todas luego podrán darme
más fe que no al amor, como se vea
que en actos su poder será mostrado,
y en hechos mostraré lo que he hablado.
(Traductor: Jorge de Montemayor, 1560)
Versión propia (incompleta)
Que velas y vientos cumplan mis deseos
en dudosa derrota por la mar:
contra ellos se alcen Mestre y Poniente,
y Jaloque y Levante los combatan
junto a su griega amiga Tramontana
con preces humildes en el aire tembloroso,
aunque su soplo sea parcial
y los cinco compliquen mi retorno.
Hervirá el mar con su cazuela al horno
cambiando color y estado natural
y mostrará quererme todo el mal
en un solo momento en que se encuentre;
peces grandes y chicos corran a esconderse
desde sus cercados profundos secretos
y, huyendo lo hondo que los nutre y cría
salten a la tierra sin cuidado.
Los viajeros hagan votos asustados
y promesas de cera todas hechas;
el gran pavor traerá luz a secretos
que al confesarse no fueron descubiertos,
que yo, en tal peligro, no tendré cuidado
y promesas haré que Dios me ate
de que nunca cambiará mi voluntad
y os tendré presente en todo tiempo...
ORIGINAL:
Veles e vents han mos desigs complir,
ffahent camins duptosos per la mar.
Mestre y ponent contra d’ells veig armar;
xaloch, levant los deuen subvenira
b lurs amichs lo grech e lo migjorn,
ffent humils prechs al vent tremunt
analqu’en son bufar los sia parcial
e que tots cinch complesquen mon retorn.
Bullira·l mar com la caçola ’n forn,
mudant color e l’estat natural,
e mostrara voler tota res mal
que sobre si atur hun punt al jorn;
grans e pochs peixs a recors correran
e cerquaran amaguatalls secrets:
ffugint al mar, hon son nudrits e fets,
per gran remey en terra exiran.
Los pelegrins tots ensemps votaran
e prometran molts dons de cera fets;
la gran paor traura·l lum los secrets
que al confes descuberts no seran.
En lo perill no·m caureu de l’esment,
ans votare hal Deu qui·ns ha ligats,
de no minvar mes fermes voluntats
e que tots temps me sereu de present.
Yo tem la mort per no sser vos absent,
per que Amor per mort es anullats;
mas yo no creu que mon voler sobrats
pusqua esser per tal departiment.
Yo so gelos de vostr’escas voler,
que, yo morint, no meta mi ’n oblit;
sol est penssar me tol del mon delit
- car nos vivint, no creu se pusqua fer -:
apres ma mort, d’amar perdau poder,
e sia tots en ira convertit,
e, yo forçat d’aquest mon ser exit,
tot lo meu mal sera vos no veher.
O Deu!, per que terme no y a ’n amor,
car prop d’aquell yo·m trobara tot sol?
Vostre voler sabera quant me vol,
tement, fiant de tot l’avenidor.
Yo son aquell pus estrem amador,
apres d’aquell a qui Deu vida tol:
puys yo son viu, mon cor no mostra dol
tant com la mort per sa strema dolor.
A be o mal d’amor yo so dispost,
mas per mon fat Fortuna cas no·m porta;
tot esvetlat, ab desbarrada porta,
me trobara faent humil respost.
Yo desig ço que·m pora sser gran cost,
y aquest esper de molts mals m’aconorta;
a mi no plau ma vida sser estorta
d’un cas molt fer, qual prech Deu sia tost.
adonchs les gents no·ls calrra
donar feal que Amor fora mi obrara;
lo seu poder en acte·s mostrara
e los meus dits ab los fets provare.
Amor, de vos yo·n sent mes que no·n se,
de que la part pijor me·n romandra;
e de vos sab lo qui sens vos esta.
A joch de daus vos acomparare.
Considerando en frio, imparcialmente, de César Vallejo
Considerando en frío, imparcialmente…
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;que es lóbrego mamífero y se peina…
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué mas da! Emocionado… Emocionado…
Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;que es lóbrego mamífero y se peina…
Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…
Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…
Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza…
Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo…
Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente…
Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…
le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué mas da! Emocionado… Emocionado…
Soliloquio del farero, Luis Cernuda
Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma…
De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.
Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.
Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.
Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y ergido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aun cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?
Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.
viernes, 4 de enero de 2008
Sonetos de Bernardino de Rebolledo y Villamizán
El exceso de nuestras ambiciones,
que a sojuzgarlo todo se abalanza,
cuando le desengaña la tardanza,
a dominar se vuelve las pasiones.
Y, despreciando vanas pretensiones,
a límite reduce la esperanza,
mortifica la ciega confïanza,
y a la Virtud dirige las acciones.
Pues debe con el arte socorrerse,
siendo dificultoso de extinguirle,
cultívele solícito cuidado:
quien no pudo vencer, pueda vencerse,
quien no pudo adquirir, sepa medirle,
y quien no fue dichoso, sea templado.
De tus asombros la razón vencida,
el amor en desprecio se convierte,
que estar tan receloso de la muerte
es el mayor achaque de la vida.
Quien la respiración nos da medida
con eficaz ejemplo nos advierte
que ni el riesgo a recato se divierte
ni de seguridades se convida.
Estos mismos instantes que componen
el tiempo que la vida te dilatan,
son de su brevedad premisas ciertas.
Si te amedrentan más que te disponen
con solo el miedo de morir te matan,
temes la muerte y a vivir no aciertas.
que a sojuzgarlo todo se abalanza,
cuando le desengaña la tardanza,
a dominar se vuelve las pasiones.
Y, despreciando vanas pretensiones,
a límite reduce la esperanza,
mortifica la ciega confïanza,
y a la Virtud dirige las acciones.
Pues debe con el arte socorrerse,
siendo dificultoso de extinguirle,
cultívele solícito cuidado:
quien no pudo vencer, pueda vencerse,
quien no pudo adquirir, sepa medirle,
y quien no fue dichoso, sea templado.
De tus asombros la razón vencida,
el amor en desprecio se convierte,
que estar tan receloso de la muerte
es el mayor achaque de la vida.
Quien la respiración nos da medida
con eficaz ejemplo nos advierte
que ni el riesgo a recato se divierte
ni de seguridades se convida.
Estos mismos instantes que componen
el tiempo que la vida te dilatan,
son de su brevedad premisas ciertas.
Si te amedrentan más que te disponen
con solo el miedo de morir te matan,
temes la muerte y a vivir no aciertas.
domingo, 16 de diciembre de 2007
Jaime Campmany, Tres sonetos de amor y de muerte
TRES SONETOS DE AMOR Y DE MUERTE
Era Madrid y otoño y amarillo
y lunes y violín y atardecía;
era tu mano que palidecía
al correr la clausura del visillo.
Era en tus ojos húmedos el brillo
de una primera llama que te ardía.
Era octubre y amor y melodía
y soledad y todo tan sencillo.
Era otoño y Madrid y me mirabas,
era tu breve pecho en oleaje
y tu boca desierta y entreabierta.
Era después el beso en que te dabas,
y fue que, de una rama de mi traje,
cayó mi corazón como hoja muerta.
Como si nada hubiese sucedido,
has abierto temprano la ventana
y has bañado en la luz de la mañana
la alcoba ruin y el lecho florecido.
Una triste canción de agua y olvido
ha sonado en la pobre palangana,
y el espejo ha devuelto con desgana
la sonrisa fugaz de tu descuido.
He mirado tu cuerpo, tu desnudo,
reto impecable al sol avergonzado,
desafío de mármol a la lumbre,
y estoy pensando ahora en cómo
pudo oprimir mi costado tu costado
como un suceso más de mi costumbre.
He de pasar. Más tarde o más temprano,
tendré que encaminarme a la salida.
La muerte siempre gana esta partida
que con la vida juega mano a mano.
Viví la primavera y el verano,
anda por el otoño ya mi vida
y el invierno me espera. Ya se cuida
de mullirme la tumba mi gusano.
¿Por qué morir, pasar como si nada,
dejar la luz, el mar, la sangre, el fuego,
y el amor a ceniza reducido?
Un hombre es soledad desenterrada
y un buen día te vas. Ese es el juego.
Uno se tiene que ir porque ha venido.
Era Madrid y otoño y amarillo
y lunes y violín y atardecía;
era tu mano que palidecía
al correr la clausura del visillo.
Era en tus ojos húmedos el brillo
de una primera llama que te ardía.
Era octubre y amor y melodía
y soledad y todo tan sencillo.
Era otoño y Madrid y me mirabas,
era tu breve pecho en oleaje
y tu boca desierta y entreabierta.
Era después el beso en que te dabas,
y fue que, de una rama de mi traje,
cayó mi corazón como hoja muerta.
Como si nada hubiese sucedido,
has abierto temprano la ventana
y has bañado en la luz de la mañana
la alcoba ruin y el lecho florecido.
Una triste canción de agua y olvido
ha sonado en la pobre palangana,
y el espejo ha devuelto con desgana
la sonrisa fugaz de tu descuido.
He mirado tu cuerpo, tu desnudo,
reto impecable al sol avergonzado,
desafío de mármol a la lumbre,
y estoy pensando ahora en cómo
pudo oprimir mi costado tu costado
como un suceso más de mi costumbre.
He de pasar. Más tarde o más temprano,
tendré que encaminarme a la salida.
La muerte siempre gana esta partida
que con la vida juega mano a mano.
Viví la primavera y el verano,
anda por el otoño ya mi vida
y el invierno me espera. Ya se cuida
de mullirme la tumba mi gusano.
¿Por qué morir, pasar como si nada,
dejar la luz, el mar, la sangre, el fuego,
y el amor a ceniza reducido?
Un hombre es soledad desenterrada
y un buen día te vas. Ese es el juego.
Uno se tiene que ir porque ha venido.
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miércoles, 14 de noviembre de 2007
Quién va allí, Walt Whitman
¿Quién va allí?
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¡quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?¿Qué eres tú?
Cuanto yo señale como mío,
Debes tú señalarlo como tuyo,
Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.
¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.
Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mi.
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.
Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)
Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el mas grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tu llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.
Grosero, hambriento, místico, desnudo... ¡quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?¿Qué eres tú?
Cuanto yo señale como mío,
Debes tú señalarlo como tuyo,
Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.
¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?
Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.
Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mi.
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.
Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)
Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el mas grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré...
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tu llamas disolución
porque conozco la amplitud del tiempo.
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Siglo XIX
Pasa y ollvida, de Rubén Darío
Peregrino que vas buscando en vano
un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.
un camino mejor que tu camino,
¿cómo quieres que yo te dé la mano,
si mi signo es tu signo, Peregrino?
No llegarás jamás a tu destino;
llevas la muerte en ti como el gusano
que te roe lo que tienes de humano...
¡lo que tienes de humano y de divino!
Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante!
Todavía te queda muy distante
ese país incógnito que sueñas...
Y soñar es un mal. Pasa y olvida,
pues si te empeñas en soñar, te empeñas
en aventar la llama de tu vida.
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Siglo XX
Farewell, Pablo Neruda
Desde el fondo de ti, y arrodillado,
un niño triste como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)
Amo el amor que se reparteen besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
un niño triste como yo, nos mira.
Por esa vida que arderá en sus venas
tendrían que amarrarse nuestras vidas.
Por esas manos, hijas de tus manos,
tendrían que matar las manos mías.
Por sus ojos abiertos en la tierra
veré en los tuyos lágrimas un día.
Yo no lo quiero, Amada.
Para que nada nos amarre
que no nos una nada.
Ni la palabra que aromó tu boca,
ni lo que no dijeron tus palabras.
Ni la fiesta de amor que no tuvimos,
ni tus sollozos junto a la ventana.
Amo el amor de los marineros
que besan y se van.
Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.
En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.
(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)
Amo el amor que se reparteen besos, lecho y pan.
Amor que puede ser eterno
y puede ser fugaz.
Amor que quiere libertarse
para volver a amar.
Amor divinizado que se acerca
Amor divinizado que se va.
Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos,
ya no se endulzará junto a ti mi dolor.
Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada
y hacia donde camines llevarás mi dolor.
Fui tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos
un recodo en la ruta donde el amor pasó.
Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame,
del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo.
Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste.
Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy.
...Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Y yo le digo adiós.
No te vayas tan confiado esa noche, de Dylan Thomas
No vayas tan confiado esa noche,
la vejez quemará y delirará al acabar el día:
odiad, odiad el fin de la luz.
Aunque los listos sepan al fin que lo oscuro está bien
porque sus palabras no se andan por las ramas, ellos
no marchan confiados esa noche.
Los buenos, los que quedan, lloran por lo bien
que sus sutiles logros podrían haber bailado en la verde bahía,
odiad, odiad el fin de la luz
Los salvajes que llegan y cantan al sol en vuelo
y aprenden, muy tarde, que se entristecieron a su manera
no van confiados esa noche.
Los importantes par de la muerte que ven con vista ciega
ojos ciegos inflamables cual meteoros ser felices,
odiad odiad la muerte de la luz.
Y tú, padre mío, en tu ahí alta tristeza,
maldice, bendíceme ahora con tus feroces lágrimas, te ruego
no marches confiado esa noche.
Odio, odio la muerte de la luz
la vejez quemará y delirará al acabar el día:
odiad, odiad el fin de la luz.
Aunque los listos sepan al fin que lo oscuro está bien
porque sus palabras no se andan por las ramas, ellos
no marchan confiados esa noche.
Los buenos, los que quedan, lloran por lo bien
que sus sutiles logros podrían haber bailado en la verde bahía,
odiad, odiad el fin de la luz
Los salvajes que llegan y cantan al sol en vuelo
y aprenden, muy tarde, que se entristecieron a su manera
no van confiados esa noche.
Los importantes par de la muerte que ven con vista ciega
ojos ciegos inflamables cual meteoros ser felices,
odiad odiad la muerte de la luz.
Y tú, padre mío, en tu ahí alta tristeza,
maldice, bendíceme ahora con tus feroces lágrimas, te ruego
no marches confiado esa noche.
Odio, odio la muerte de la luz
Piedra negra sobre una piedra blanca, César Vallejo
Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos
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Siglo XX
Morí por la belleza, Emily Dickinson
Morí por la Belleza,
pero apenas acomodada en la tumba,
uno que murió por la Verdad yacía
en un cuarto contiguo
y me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo por la Verdad-
Las dos son una.
-Somos Hermanos -dijo-.
Y así, como parientes, reunidos una noche,
hablamos de un cuarto a otro,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió
nuestros nombres.
pero apenas acomodada en la tumba,
uno que murió por la Verdad yacía
en un cuarto contiguo
y me preguntó en voz baja por qué morí.
-Por la Belleza -repliqué-
-Y yo por la Verdad-
Las dos son una.
-Somos Hermanos -dijo-.
Y así, como parientes, reunidos una noche,
hablamos de un cuarto a otro,
hasta que el musgo alcanzó nuestros labios
y cubrió
nuestros nombres.
Donde habite el olvido, Luis Cernuda
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo solo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.
Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
País del sueño, Edgar Allan Poe
Por un camino oscuro y yermo
que asolan ángeles enfermos,
donde Noche es el icono
que reina erguido en negro trono,
he llegado aquí como pude
desde esa última y brumosa Tule;
¡desde un clima salvaje, sublime y reacio
que mora fuera del tiempo y el espacio!
Valles sin fondo y ríos sin cauces
y grietas y cuevas y titánicos sauces
cuyas formas al hombre escamotean
las lágrimas que por doquier gotean;
montañas que hunden sus laderas
en mares abruptos, sin riberas;
mares que elevan sus olas airadas
hasta los cielos envueltos en llamas;
lagos que extienden, sin cesar, a espuertas
sus aguas solitarias, solitarias y muertas,
sus aguas quietas, quietas y heladas
debido a la nieve de los lirios y calas.
Junto a los lagos que a espuertas
extienden sus aguas solitarias y muertas,
sus aguas tristes, tristes y heladas
debido a la nieve de los lirios y calas;
junto alas montañas, cerca del río
y de su murmullo eterno y sombrío;
junto al bosque gris, en el pantano lacio
donde viven la nutria y el batracio;
junto a las tenebrosas lagunas
donde tienen los íncubos sus cunas;
en los rincones más vulgares
y los más mustios lugares;
allí el viajero encuentra, alelado,
amortajadas memorias del pasado,
formas que suspiran inquietantes,
y aterran a su paso al visitante;
espectros de amigos que concedieron
sus restos agónicos a la tierra... y el cielo.
Para aquél cuyos pesares son legión
es sedante y apacible esta región.
Para el espíritu que avanza rodeado
de sombras es, ¡oh, todo un Eldorado!
Pero el viajero, al atravesarla,no debe
demorarse en escrutarla;
jamás los frágiles ojos humanos
podrán posar la vista en sus arcanos;
lo quiere así su rey, que ha vedado
alzar el tenue párpado cerrado;
de modo que la infausta alma que pasa
ve lo que ve tras un velo de gasa.
Por un camino oscuro y yermo
que asolan ángeles enfermos,
donde Noche es el icono
que reina erguido en su negro trono,
he vuelto a casa como pude
desde esa última y brumosa Tule.
que asolan ángeles enfermos,
donde Noche es el icono
que reina erguido en negro trono,
he llegado aquí como pude
desde esa última y brumosa Tule;
¡desde un clima salvaje, sublime y reacio
que mora fuera del tiempo y el espacio!
Valles sin fondo y ríos sin cauces
y grietas y cuevas y titánicos sauces
cuyas formas al hombre escamotean
las lágrimas que por doquier gotean;
montañas que hunden sus laderas
en mares abruptos, sin riberas;
mares que elevan sus olas airadas
hasta los cielos envueltos en llamas;
lagos que extienden, sin cesar, a espuertas
sus aguas solitarias, solitarias y muertas,
sus aguas quietas, quietas y heladas
debido a la nieve de los lirios y calas.
Junto a los lagos que a espuertas
extienden sus aguas solitarias y muertas,
sus aguas tristes, tristes y heladas
debido a la nieve de los lirios y calas;
junto alas montañas, cerca del río
y de su murmullo eterno y sombrío;
junto al bosque gris, en el pantano lacio
donde viven la nutria y el batracio;
junto a las tenebrosas lagunas
donde tienen los íncubos sus cunas;
en los rincones más vulgares
y los más mustios lugares;
allí el viajero encuentra, alelado,
amortajadas memorias del pasado,
formas que suspiran inquietantes,
y aterran a su paso al visitante;
espectros de amigos que concedieron
sus restos agónicos a la tierra... y el cielo.
Para aquél cuyos pesares son legión
es sedante y apacible esta región.
Para el espíritu que avanza rodeado
de sombras es, ¡oh, todo un Eldorado!
Pero el viajero, al atravesarla,no debe
demorarse en escrutarla;
jamás los frágiles ojos humanos
podrán posar la vista en sus arcanos;
lo quiere así su rey, que ha vedado
alzar el tenue párpado cerrado;
de modo que la infausta alma que pasa
ve lo que ve tras un velo de gasa.
Por un camino oscuro y yermo
que asolan ángeles enfermos,
donde Noche es el icono
que reina erguido en su negro trono,
he vuelto a casa como pude
desde esa última y brumosa Tule.
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Lírica estadounidense,
Literatura estadounidense,
Romanticismo,
Siglo XIX
A sí mismo, Giacomo Leopardi
Or poserai per sempre,
Stanco mio cor. Perì l'inganno estremo,
Ch'eterno io mi credei. Perì. Ben sento,
In noi di cari inganni,
Non che la speme, il desiderio è spento.
Posa per sempre. Assai
Palpitasti. Non val cosa nessuna
I moti tuoi, nè di sospiri è degna
La terra. Amaro e noia
La vita, altro mai nulla; e fango è il mondo
T'acqueta omai. Dispera
L'ultima volta. Al gener nostro il fato
Non donò che il morire. Omai disprezza
Te, la natura, il brutto
Poter che, ascoso, a comun danno impera
E l'infinita vanità del tutto
Descansarás por siempre,
cansado corazón. Murió el engaño
que eterno yo creí. Murió. Bien siento
que de amados engaños,
no sólo la esperanza, el ansia ha muerto.
Reposa ya. Bastante
palpitaste. No valen cosa alguna
tus afanes, ni es digna de suspiros
la tierra. Aburrimiento
es tan sólo la vida, y fango el mundo.
Cálmate. Desespera
por una sola vez. A nuestra especie el hado
sólo nos dio el morir. Desprecia ahora
a Natura, al indigno
poder que, oculto, impera sobre el daño,
y la infinita vanidad del todo.
¡Reposarás por siempre,
cansado corazón! Murió el engaño
que eterno imaginé. Murió. Y advierto
que en mí, de lisonjeras ilusiones
con la esperanza, aun el anhelo ha muerto.
Para siempre reposa;
basta de palpitar. No existe cosa
digna de tus latidos; ni la tierra
un suspiro merece: afán y tedio
es la vida, no más, y fango el mundo.
Cálmate, y desespera
la última vez: a nuestra raza el Hado
sólo otorgó el morir. Por tanto, altivo,
desdeña tu existencia y la Natura
y la potencia dura que con oculto modo
sobre la ruina universal impera,
y la infinita vanidad del todo.
Stanco mio cor. Perì l'inganno estremo,
Ch'eterno io mi credei. Perì. Ben sento,
In noi di cari inganni,
Non che la speme, il desiderio è spento.
Posa per sempre. Assai
Palpitasti. Non val cosa nessuna
I moti tuoi, nè di sospiri è degna
La terra. Amaro e noia
La vita, altro mai nulla; e fango è il mondo
T'acqueta omai. Dispera
L'ultima volta. Al gener nostro il fato
Non donò che il morire. Omai disprezza
Te, la natura, il brutto
Poter che, ascoso, a comun danno impera
E l'infinita vanità del tutto
Descansarás por siempre,
cansado corazón. Murió el engaño
que eterno yo creí. Murió. Bien siento
que de amados engaños,
no sólo la esperanza, el ansia ha muerto.
Reposa ya. Bastante
palpitaste. No valen cosa alguna
tus afanes, ni es digna de suspiros
la tierra. Aburrimiento
es tan sólo la vida, y fango el mundo.
Cálmate. Desespera
por una sola vez. A nuestra especie el hado
sólo nos dio el morir. Desprecia ahora
a Natura, al indigno
poder que, oculto, impera sobre el daño,
y la infinita vanidad del todo.
¡Reposarás por siempre,
cansado corazón! Murió el engaño
que eterno imaginé. Murió. Y advierto
que en mí, de lisonjeras ilusiones
con la esperanza, aun el anhelo ha muerto.
Para siempre reposa;
basta de palpitar. No existe cosa
digna de tus latidos; ni la tierra
un suspiro merece: afán y tedio
es la vida, no más, y fango el mundo.
Cálmate, y desespera
la última vez: a nuestra raza el Hado
sólo otorgó el morir. Por tanto, altivo,
desdeña tu existencia y la Natura
y la potencia dura que con oculto modo
sobre la ruina universal impera,
y la infinita vanidad del todo.
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Siglo XIX
El camino no elegido, Robert Frost
Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
y, apenado por no poder tomar los dos
siendo un único viajero, largo tiempo estuve en pie
oteando uno de ellos tan lejos como pude,
hasta donde se perdía en la espesura;
entonces tomé el otro cabalmente
entonces tomé el otro cabalmente
habiendo elegido quizás con justeza,
pues era breñoso y requería uso;
aunque, en cuanto a lo que vi allí,
hubiese elegido de los dos cualquiera.
Y ambos esa mañana yacían igual,
Y ambos esa mañana yacían igual,
¡oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que todo va para adelante,
dudé si debía haber vuelto sobre mis pasos.
(Debo estar diciendo esto con un suspiro
(Debo estar diciendo esto con un suspiro
de aquí a la eternidad)
Dos caminos divergían en un bosque, y yo,
yo, tomé el menos frecuentado,
y eso hizo toda la diferencia.
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