sábado, 18 de julio de 2020

Alexándr Pushkin, Poemas

I

Renacimiento

Un artista bárbaro de débil pincel
ennegrece la pintura de un genio
y, sin justeza, lo cubre
con su propio dibujo ilegítimo.

Pero, al pasar los años, los colores extraños
se desprenden como escamas raídas;
la creación del genio emerge 
ante nosotros, en su antigua belleza

Así desaparecen las ilusiones
de mi alma atormentada
y en  ella reaparecen visiones
de tiempos primigenios e inocentes.

Художник-варвар кистью сонной
Картину гения чернит
И свой рисунок беззаконный
Над ней бессмысленно чертит.

Но краски чуждые с летами
Спадают ветхой чешуёй;
Созданье гения пред нами
Выходит с прежней красотой.

Так исчезают заблужденья
С измученной души моей,
И возникают в ней виденья
Первоначальных, чистых дней

II

El Profeta (1826)

Atormentado por la sed del espíritu
me arrastraba por un desierto oscuro.
Y un serafín de seis alas
apareció ante mí en un cruce de caminos.

Me tocó los ojos
con dedos tan leves como un sueño.
Y mis ojos se abrieron a la profecía
como los de un águila asustada.

Me tocó los oídos
y se llenaron de ruido y de alaridos
y oí estremeciéndose a los cielos,
y en las alturas el vuelo de los ángeles,
y el paso de las bestias del mar bajo las aguas,
y el sonido de la vid que crece en el valle.

Se inclinó hacia mi boca
y me arrancó la lengua
pecadora, indecente y dada a charla inútil;
con la mano derecha empapada en sangre
me insertó la lengua de una sabia serpiente
en mi boca entumecida.

Él atravesó mi pecho con su espada,
arrancó mi corazón tembloroso
y me puso una brasa de fuego vivo
en mi pecho abierto.

Como un cadáver yacía en el desierto.
Y me llamó la voz de Dios:
“¡Levántate, oh profeta! Mira y oye,
llénate de mi voluntad,
marcha adelante sobre tierra y mar
y entrega con mi palabra tu corazón al fuego”.

III

Oda a la libertad (1817; supuso al poeta marchar al exilio: no gustó a a Alejandro I)

¡Huye, apártate de mis ojos,
diosa del amor de opaca majestad!
¡Dónde estás, horror del poderoso,
cantora altiva de la Libertad!
¡Quita el laurel de mi cabeza,
rompe mi delicada lira; quiero
cantar la Libertad al mundo entero
y en el trono ahogar tanta vileza!

Señálame el noble camino
de aquel sublime Galo excelso, (1)
a quien tú misma en su fatal destino
le inspirabas tan valientes versos.
Sólo por Destino veleidoso ungidos
¡tiemblen de este mundo los tiranos!
y ustedes:¡valor, de pie, hermanos,
levántense, esclavos oprimidos!

¡Ay, por doquier que el sol alumbre,
látigos veo, veo hierros,
y lágrimas de servidumbre,
leyes de oprobios y destierros!
La perversión en el Poder
por las tinieblas sin virtud
celebra el Genio de la Esclavitud
y la maldita gloria por doquier.

Sólo sobre la regia testa
del pueblo cesan los dolores
cuando invencible alianza gesta
la Libertad con sus Leyes mayores;
cuando su firme escudo guarde
a todos, cuando en la fiel mano
del indomable ciudadano
sin vacilar su espada arde

y el crimen combate incansable
con sed sagrada de justicia,
con mano firme, insobornable
ni por terrores ni avaricia.
A ustedes el Poder, ¡oh, gobernante, oh rey!,
lo da la ley, no la naturaleza,
están por encima del pueblo y la realeza
pero más alta está la sempiterna Ley.

¡Dolor habrá y sólo habrá maldad
donde la Ley no sea respetada,
donde pueblo o rey no esgriman su verdad
para gobernar con ella como espada!
Tú eres mi testigo sin igual,
¡oh, mártir de los errores del ayer,
que por tus antepasados ves caer
ya decapitada tu cabeza real.

Ludovico asciende hacia la muerte,
en sus herederos sólo silencio alienta
y entrega su cabeza ya sin suerte
al cadalso de la Maldad sangrienta.
Calla la Ley, el pueblo está callado,
el hacha criminal resbala...
y, he aquí, que el púrpura malvado
sume en cautiverio la tierra gala.

¡Malvado, absolutista ruin!,
odio a tu trono y a tu templo;
la muerte de los tuyos y tu fin
con alegría cruel contemplo.
En tu rostro ven reflejada
los pueblos una rabiosa maldición,
tú, terror del mundo, negación
de Natura y Dios por la tierra humillada.

Cuando es medianoche y las estrellas
brillan sobre el Neva brumoso
y a la cabeza libre de querellas
llega el sueño con paso sigiloso,
el cantor en su pensar sumido
mira el monumento del tirano vacío,
amenazante, durmiendo a su albedrío
– el palacio donde impera ya el olvido. (2)

Y escucha de Clío un grito horrible
detrás de tan aborrecible muro,
llega a Calígula el terrible
momento de la muerte oscuro
y ante sus ojos claramente
él ve pasar a los asesinos
extasiados de ruindad y vino,
soberbios, mas de cobarde frente.

Cómplice, el pérfido custodio
en silencio tiende el puente levadizo;
por manos de traición y odio
en la noche se abre el portón sumiso...
¡Oh estigma, pavor de nuestra hora!
Feroz asalta la jauría...
y en el fragor, con alevosía,
al infame traidor devora.

Y así aprendan, ¡poderosos!,
ni horca y castigo, ni abalanzas,
ni altares, sangre y calabozos,
ni ejércitos en fiel alianza
serán su salvación segura:
la Ley será invulnerable
y Libertad y Paz serán el sable
que guarde de los pueblos la Justicia pura.

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

IV

A CHAADAIEV (1818; era un  escritor y filósofo ruso, amigo de P.)

De amor, de fe y gloria en calma
nos embriagó el placer fugaz;
la juventud, que enardecía el alma,
es bruma o sueño... nada más.
Mas vive aún su llama ardiente,
y bajo el yugo del poder cruel
hoy nuestra alma, apasionada y fiel,
a Rusia escucha atentamente.
De la sagrada libertad
hoy esperamos el instante,
igual que un mancebo amante
aguarda ansioso a su beldad.
¡Mientras perdure este fervor
el corazón libre guardemos,
y el alma entera con honor
a nuestra Patria dediquemos!
Confiad, hermanos: brillará
una estrella radiante de alegría,
y Rusia se despertará,
¡y sobre tus ruinas, monarquía,
los nombres nuestros grabará!

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodrígue

V

TSARSKOE SELO

Custodio de placeres y sentimientos nobles,
oh, tú, memoria, vieja amiga del canto de los robles,
dibuja, haz que vuelvan otra vez a mí
los mágicos lugares de allá donde viví,
los bosques donde amé y el corazón volaba,
donde la juventud con la infancia se encontraba,
donde por sueño y natura fui cuidado
y poesía,júbilo y paz tuve a mi lado.
¡Llévame,llévame al umbrío
inolvidable tilo de mi libre albedrío,
a la orilla del lago, a las quietas colinas!...
Haz que vea los prados de hierba espesa y fina,
los árboles tan viejos, el valle luminoso,
el querido paisaje de recodos hermosos
y en el agua apacible, blanqueando la marea,
la bandada de cisnes que orgullosa pasea.

1819

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

VI

A OVIDIO

Vivo cerca, Ovidio, de los acantilados
a donde tus dioses tutelares desterrados
trajiste dejando luego tus cenizas.
Tu llanto desolado el lugar eterniza
y el eco de tu lira aquí no tiene fin;
se te recuerda aún por todo este confín.
El horrible desierto de un poeta en prisión
dejaste vivamente en mi imaginación
y también el firmamento encapotado
y la suave brisa de prados nevados.
¡Cuántas veces sumido en la Poesía
con todo el corazón, Ovidio, te seguía!
Y tu nave azotada por la marejada
veía cerca del arrecife hostil anclada
donde al poeta espera malévolo destino.
Allá hay campos sin sombra, allá no se da el vino.
Sin alma, nacidos para sembrarla guerra
los hijos de la fría Escitia porla tierra
galopan desatando el terror y con aviesa
mirada, ocultos tras el Ister, acechan la presa.
Ellos lo pueden todo: en los mares rugientes
nadan y caminan por los hielos crujientes
y tú mismo, Nasón, revés de la fortuna,
tú que desde joven creíste inoportuna
la guerra y que con rosas tu testa coronaban
y que a placeres de virtud te convocaban
estarás obligado a usar pesado casco
y junto a tu lira la espada ver con asco.
Ni hija, ni esposa, ni tanto fiel amigo,
ni las gráciles musas que cantaban contigo
alivian la tortura del bardo desterrado.
En vano por las Gracias tu verbo es coronado,
la juventud, en vano, te sabe de memoria:
ni tristeza, ni tiempo, ni la misma gloria,
ni tiernas canciones conmoverán a Octavio;
tu vejez se ahogará en olvido y agravio.
Incomparable hijo de la Italia dorada,
entre los bárbaros tu voz es ignorada;
los ecos de tu patria donde estás no percibes,
caído en la desgracia, sin los tuyos, escribes:
“¡Oh, devuélvanme mi ciudad, mi luz paterna,
mis jardines de quietud plácida y eterna!
¡Oh, háganle llegar a Augusto mi reclamo,
con lágrimas aparten la tendenciosa mano,
mas si, iracundo dios, no atiende a mi clamor
y no veré de Roma otra vez su esplendor
en algo aliviará mi pavorosa suerte
que desde mi tumba pueda, hermosa Italia, verte!”
¿Quién va a quedarse frío, inconmovible ante
tus lágrimas y abatimiento suplicante?
¿Quién no depondrá el orgullo y ebrio de ternura
leerá tus elegías, tu última escritura
donde a la posteridad dejas tu canto?
Estoico esclavo yo, soy avaro del llanto,
mas lo entiendo; proscrito por mi pensamiento
libre, harto de mí, del mundo y del momento
que me toca vivir, helada el alma, visité
la tierra donde a oscuras el tiempo se te fue,
y al revivir tus sueños nuevamente aquí
tu cántico inspirado, Ovidio, repetí
sintiendo como mías tus tristes realidades;
mas la mirada traiciona al sueño con verdades,
mis ojos quedaron por tu dolor cautivos
hechos a las nevadas de mis campos nativos.
Aquí alumbra siempre un sol celestial,
aquí es breve la cruel tempestad invernal,
aquí por las orillas escitas, cual hija emigrante
del sur, crece la uva en su púrpura deslumbrante.
Ya a las praderas rusas el diciembre sombrío
cubre con blancos mantos de un insondable frío;
allá es invierno, mas huele a primavera
aquí donde el sol entibia la pradera;
los campos marchitos anuncian un verdor,
en ellos ya trabaja temprano el labrador;
sopla como una brisa la tarde refrescando;
sobre el lago los hielos se van transparentando
cual pálido cristal del agua en su fluir.
Recordé, Ovidio, tu cándido vivir
ese día, marcado por la inspiración,
cuando tú, confiado, perplejo de emoción,
anduviste por las olas que el frío congeló.
Hoy por esos hielos a mí me pareció
ver tu sombra y oír el eco de tu voz
llegando desde lejos con el más triste adiós.

Consuélate: ¡el laurel de Ovidio aún florece!
¡Ay, en la multitud mi corazón fenece:
yo seré para las nuevas generaciones
un poeta anónimo y mis canciones
serán,si acaso, un triste rumor pasajero!
Pero si al pasar el tiempo viniera un heredero
a este país lejano en busca de mis restos
el agua del olvido revivirá mis gestos,
y hacia él volará mi sombra agradecida
y su memoria siempre será bendecida.
Que nunca muera la leyenda secreta:
aquí vivía, como tú, otro poeta;
un aciago destino también me acosa a mí
mas la Gloria toda te pertenece a ti.
Rompiendo los silencios con mi canto profundo
a orillas del Danubio anduve vagabundo
cuando los gloriosos griegos clamaban Libertad,
y ni un solo amigo escuchó mi verdad;
mas campos y prados de esta lejanía
y sus tranquilas musas siempre me protegían.

1821

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

VII

EL PRISIONERO

En húmeda cárcel estoy prisionero,
y un triste aguilucho, mi fiel compañero
que crece cautivo, en trémulo intento,
devora en sus garras un trozo sangriento.
Lo pica y desecha; mis barrotes mira:
una misma idea nos une e inspira.
Y con su mirada y su áspera voz
“¡Hermano –me dice– volemos los dos!
Aves libres somos; hora es de partir.
Allá, tras las nubes verás refulgir
las cumbres nevadas, las olas del mar...
¡Allá con los vientos reino yo sin par!”

1822

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodríguez

VIII

CARTA AL FUEGO

¡Adiós, carta de amor! ¡Adiós! Ella lo ha ordenado.
¡Cuánto he demorado!¡Cuánto mi mano ha vacilado
en entregar al fuego toda mi alegría!...
Pero basta. Arde, carta de amor, hoy es el día.
Estoy presto; el alma ya no tiene qué decir.
Tus hojas en llama voraz se van a consumir...
¡Aguarda!...¡Arden!Se queman, un humo ligero
sube en espirales, se esfuma con mi ruego sincero...
Ya se borra la marca fiel del anillo con
el sello de lacre, se derrite...¡Oh, premonición!
¡Es realidad! Ya se retuercen las hojas oscuras;
blanquean en la ceniza leve aquellas puras,
amadas líneas... Duele el pecho. Ceniza querida,
mísero consuelo en mi melancólico destino,
quédate en mi triste pecho para toda la vida...

1825

Traducción y versión de Sonia Bravo Utrera


EL POETA

MientrasApolo no exija del poeta
el holocausto en aras delsagrado ideal
y sacrifique toda la vida terrenal
será como un cobarde en su torre secreta.
Su lira está abismada en silencio profundo.
El alma empoza sueños como un gélido juez
y entre todoslosseres derrotados delmundo
elsermás derrotado delmundo élmismo es.
Massólo cuando un verbo de divinas escalas
roza su fino oído y unamúsica crece,
el alma del poeta de gloria se estremece
y como águila inquieta al aire abre sus alas.
Se aparta receloso del chispeante gentío,
se aburre sin remedio de la vida suntuosa
y ante la flaca orilla de ídolosimpíos
él,rebelde, no inclina su cabeza orgullosa.
Yhacia oleajes agrestes de una espejeante plata
hacia losinabarcablesroblesrumorosos,
ebrio demelodías, desasosiego y gozos,
enardecido corre,meditabundo escapa...

1827

Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

LA FLOR

Una flor que eltiempomarchitara
veo en un libro olvidada todavía;
y de una ensoñación extraña
de súbito se colma el almamía:
¿Dónde? ¿Cuándo floreció? ¿Cuál primavera?
¿Larga vida tuvo? ¿Fue cortada
pormano conocida omano ajena?
¿Yluego para qué fue aquí guardada?
¿Es un recuerdo de inefable cita
o de algún adiósfatal y frío,
o de un paseo en solitaria cuita
por campos de silencio y bosque umbrío?
¿Yvive él? ¿Yella viva está?
¿Dónde estará la sombra de su amor?
¿Otambién se han apagado ya
igual que estamisteriosa flor?

1828

Traducción y versión de Sonia Bravo Utrera

TÚ Y USTED

Delfrío usted altú cordial
pasó a tratarme, distraída,
y un dulce sueño de ideal
enmi alma amante hoy anida.
Frente a ella,lleno de estupor,
lamiro, y tal esmi quebranto,
que digo: “¡Usted es un encanto!”,
mas pienso: “¡Tú eresmi amor!”

1828

Traducción y versión de Alfredo Caballero Rodríguez


YO a usted la amé. Puede ser que el amor
en mi alma aún no se ha apagado todo,
mas que esto no le cause un sinsabor;
no quiero yo apenarla de ese modo.
Yo la quise en silencio, locamente,
del miedo y de los celos presa fui;
yo a usted la amé tan fiel, tan tiernamente,
que ojalá sea por otro amada así.

1829

Traducción y versión de Antonio Álvarez Gil


AL POETA
(Soneto)
No busques,tú, poeta, elfavor popular.
El elogio exaltado es un ruido fugaz;
risas y opiniones deltonto has de escuchar
mastú, profundo,inconmovible, vive en paz.
En tu soledad eresseñor.Sigue al azar
adonde te arrastre tu espíritu indomable,
madurando losfrutos de tu obra entrañable
sin pedir premio alguno portu hazaña ejemplar.
Todo premio está en ti.Eres elmás estricto
supremo juez que anuncia el veredicto.
¿Estás contento, artista de exigencia impar?
¿Contento?Pues, deja que el público te ofenda
ymancille el altar donde arde tu ofrenda
y en sustravesuraslo haga vacilar.
1830
Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián

EL ECO
Si en el hondo bosque un rugido se gesta,
silos cornos y truenos hacen fiesta,
si canta una doncella porla verde cuesta,
para cualquiersonido
porlos aires desiertos,la respuesta
almundo tú hastraído.
Ati que deltrueno escuchas el clamor
y a la voz del oleaje y su furor
y a los gritos delrústico pastor
de súbito contestas,
no te responde nadie en derredor...
¡como tampoco al poeta!
1831
Traducción y versión de Juan Luis Hernández Milián


Notas

1. Se trata del poeta francés André Marie Chénier (1762–1794)

2. El Palacio Mijailovski, en San Petersburgo, donde fue asesinado el
emperador Pablo I, lo que se describe a continuación.


martes, 14 de julio de 2020

Edgar Alan Poe. Un sueño dentro de un sueño

UN SUEÑO DENTRO DE UN SUEÑO

Te beso en la frente y me dejo ir,
que, despidiéndome de ti ahora,
es el momento para decirte
que estabas en lo cierto:
han sido un sueño mis días.
También la esperanza se ha volado
en una noche sola o en un día,
en una visión sola o en ninguna.
¿Mayor es por eso nuestro adiós?
Todo lo visible y lo aparente
solo un sueño es dentro de un sueño.

Inmerso me detengo en el rugido
de la playa atormentada por las olas,
y dentro de mi mano alcanzo
a tener áureos granos de la arena.
¡Cuán pocos! ¡Y cómo se deslizan
entre mis dedos a lo insondable,
mientras lloro, mientras lloro!
¡Oh Dios! ¿Por qué no puedo retenerlos
con más fuerza? ¡Oh Dios!
¿No puedo salvar tan solo uno
de la ola despiadada?
¿Es todo lo visible y lo aparente
un sueño nada más en otro sueño?