domingo, 28 de febrero de 2021

Vive la vida, Luis Alberto de Cuenca

 Vive la vida


Vive la vida. Vívela en la calle

y en el silencio de tu biblioteca.

Vívela en los demás, que son las únicas

pistas que tienes para conocerte.

Vive la vida en esos barrios pobres

hechos para la droga o el desahucio

y en los grises palacios de los ricos.

Vive la vida con sus alegrías

incomprensibles, con sus decepciones

(casi siempre excesivas), con su vértigo.

Vívela en madrugadas infelices

o en mañanas gloriosas, a caballo

por ciudades en ruinas o por selvas

contaminadas o por paraísos,

sin mirar hacia atrás.

Vive la vida.


Luis Alberto de Cuenca

(Por fuertes y fronteras, 1996)

Friedrich Nietzsche, Poemas

Los siguientes poemas forman parte de la selección realizada y traducida por Txaro Santoro y Virginia Careaga para la editorial Hiperión:


De Más allá del bien y el mal:

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.


DESDE ALTAS MONTAÑAS


Épodo


¡Oh mediodía de la vida! ¡Tiempo solemne!

¡Oh jardín de verano!

Inquieta felicidad de estar de pie y atisbar y aguardar: 

a los amigos espero impaciente, preparado día y noche,

¿dónde permanecéis, amigos? ¡Venid! ¡Ya es hora! ¡Ya es hora!

¿No ha sido por vosotros por quienes el gris del glaciar

se ha adornado hoy de rosas?

A vosotros os busca el arroyo, y hoy el viento y la nube

anhelantes se elevan, se empujan hacia el azul,

para atisbaros a vista lejanísima de pájaro.

En lo más alto estaba preparada mi mesa para vosotros:

-¿Quién habita tan cerca

de las estrellas, quién tan cerca de las pardísimas lejanías del abismo?

Mi reino - ¿qué reino se ha extendido más que él?

Y mi miel - ¿quién la ha saboreado?

- ¡Ahí estáis ya, amigos! - Ay, ¿es que no es a mí

a quien queríais llegar?

Titubeáis, os quedáis sorprendidos - ¡ay, preferible sería que sintierais rencor!

¿Es que yo - ya no soy yo? ¿Es que están cambiados mi mano, mi paso, mi rostro?

¿Es que lo que yo soy, eso, para vosotros, - no lo soy?

¿Es que me he vuelto otro? ¿Y extraño a mí mismo?

¿Es que me he evadido de mí mismo?

¿Es que soy un luchador que se ha domeñado demasiadas veces a sí mismo?

¿Que demasiadas veces ha contendido con su propia fuerza,

herido y estorbado por su propia victoria?

¿Es que yo he buscado allí donde más cortante sopla el viento?

¿Es que he aprendido a habitar

donde nadie habita, en desiertas zonas de osos polares,

y he olvidado el hombre y Dios, la maldición y la plegaria?

¿Es que me he convertido en un fantasma que camina sobre glaciares?

- ¡Vosotros, viejos amigos! ¡Mirad! ¡Pero os habéis quedado pálidos,

llenos de amor y de horror!

¡No, marchaos! ¡No os enojéis! ¡Aquí - vosotros no podríais tener vuestra casa!:

Aquí, en el lejanísimo reino del hielo y de las rocas, -

aquí es necesario ser cazador e igual que las gamuzas.

¡En un perverso cazador me he convertido! - ¡Ved cuán tirante

se tensa mi arco!

El más fuerte de todos fue quien logró tal tirantez -

-: Pero ¡ay ahora! Peligrosa es la flecha

como ninguna otra, - ¡fuera de aquí! ¡Por vuestro bien!...

¿Os dais la vuelta? - Oh corazón, bastante has soportado,

fuerte permaneció tu esperanza:

¡Mantén abiertas tus puertas para nuevos amigos!

¡Deja a los viejos! ¡Abandona el recuerdo!

Si en otro tiempo fuiste joven, ahora - ¡eres joven de un modo mejor!

Lo que en otro tiempo nos ligó, el lazo de una misma esperanza, -

¿Quién continúa leyendo los signos

que un día el amor grabó, los pálidos signos?

Yo te comparo al pergamino, que la mano

tiene miedo de agarrar, - como él ennegrecido, tostado.

¡Ya no son amigos, son - ¿qué nombre darles?

Sólo fantasmas de amigos!

Sin duda ellos continúan golpeando por la noche en mi corazón y en mi ventana,

me miran y dicen: «¿es que no hemos sido amigos?» -

- ¡Oh palabra marchita, que en otro tiempo olió a rosas!

¡Oh anhelo de juventud, que se malentendió a sí mismo!

Aquellos a quienes yo anhelaba,

a los que yo imaginaba afines a mí, cambiados como yo,

el hecho de hacerse viejos los ha alejado de mí:

sólo quien se transforma permanece emparentado conmigo.

¡Oh mediodía de la vida! ¡Segunda juventud!

¡Oh jardín de verano!

¡Inquieta felicidad de estar de pie y atisbar aguardar!

A los amigos espero impaciente, preparado día y noche,

¡A los nuevos amigos! ¡Venid! ¡Ya es hora! ¡Ya es hora!

Esta canción ha terminado, - el dulce grito del anhelo

ha expirado en la boca:

un mago la hizo, el amigo a la hora justa,

el amigo de mediodía - ¡no!, no preguntéis quiénes –

Fue hacia el mediodía cuando uno se convirtió en dos...

Ahora nosotros, seguros de una victoria conjunta, celebramos

la fiesta de las fiestas:

¡El amigo Zaratustra ha llegado, el huésped de los huéspedes!

Ahora el mundo ríe, el telón gris se ha rasgado,

el momento de las bodas entre luz y tinieblas ha llegado...


AL DIOS DESCONOCIDO


Una vez más, antes de seguir

y dirigir mi mirada hacia adelante,

levanto solitariamente mis manos

hacia ti, hacia quien yo huyo,

a quien en lo más profundo de mi corazón

consagré solemnemente altares

para que en todo momento

tu voz vuelva a llamarme.


Allí, profundamente inscritas, arden

las palabras: Al Dios desconocido.

Vuestro soy, aunque en la banda de impíos

he permanecido incluso hasta hoy:

Vuestro soy - y siento los lazos,

que en la lucha me tiran abajo

y, cuando huir puedo,

me obligan no obstante a su servicio.


Quiero conocerte, desconocido,

tú que profundo en mi alma llegas,

que mi vida atraviesas cual tempestad,

¡tú inaprehensible, pariente mío!

Quiero conocerte, inclusive servirte


"Habla el solitario"


¿Tener yo pensamientos?

¡Bueno! ya sé que por señor me quieren.

¿Pero hacerse uno mismo pensamientos?

¡Cuan gustoso olvidara yo tal arte!

A aquel que se fabrica pensamientos

Sus mismos pensamientos lo dominan;

Y yo no quiero servir ahora ni nunca.



UN ÁRBOL


Un árbol nos recuerda que para crecer hacia lo alto,

hacia lo espiritual, lo abstracto, es necesario estar bien arraigado en la tierra,

en lo concreto, en la materia.

Es al igual que el ser humano, un ser que une cielo y tierra.

Es el portador del fruto acabado, y al mismo tiempo,

está en pleno proceso de desarrollo.

Nosotros, como seres humanos,

somos la máxima expresión de la creación y al mismo tiempo

estamos aún en proceso de crecimiento.


"Mi hogar"


Tengo mi hogar y patria en las alturas;

Por esto de subir no siento anhelo

Ni mis ojos levanto nunca al cielo.

Desde arriba yo miro las honduras.

Yo soy uno que debe bendecir,

y todo el que bendice mira al suelo


"Aforismo"


El poeta que, a sabiendas,

Puede en sus versos mentir.

Es el único que en todo

La verdad puede decir.




HACIA NUEVOS MARES


Allí quiero ir; aún confío

en mi aptitud y en mí.

En torno, el mar abierto, por el azul

navega plácida mi barca.

Todo resplandece nuevo y renovado,

dormita en el espacio y el tiempo el mediodía.

Sólo tu ojo — desmesurado

me contempla ¡oh Eternidad!



ECCE HOMO


¡Sí! ¡Sé de dónde procedo!

Insaciable cual la llama

quemo, abraso y me consumo.

Luz se vuelve cuanto toco

y carbón cuanto abandono:

llama soy sin duda alguna.


 

¡HOMBRE! ¡PRESTA ATENCIÓN!


¡Hombre! ¡Presta atención!

¿Qué dice la profunda medianoche?

«Yo dormía, dormía —

De un profundo sueño desperté: —

El mundo es profundo,

y pensado aún más profundo que el día.

Profundo es su dolor —,

el gozo — más profundo aún que el sufrimiento.

Dice el dolor: ¡pasa!

Mas todo gozo quiere eternidad,

— ¡quiere profunda, profunda eternidad!».


 

ENTRE AMIGOS


Un epílogo


1


Hermoso es compartir el silencio,

más hermoso es compartir la risa —

tumbado sobre el musgo a la sombra del haya,

bajo un cielo de seda

reír alegre entre amigos

dejando ver los blancos dientes.

Si lo hice bien, callemos,

si lo hice mal, riamos,

y hagámoslo siempre peor,

hagámoslo peor, y maliciosos riamos

hasta ascender a nuestra sepultura.

¡Amigos! ¡Sí! ¿Así ha de suceder?

Hasta la vista. ¡Amén!


2


¡Ni disculpas, ni perdón!

¡Envidiad alegres, cordialmente libres,

el tono, el corazón y la hospitalidad

de este libro tan poco razonable!

Creedme, amigos, ¡no para ser maldita

me fue concedida mi sinrazón!

Lo que yo encuentro, lo que yo busco,

¿estaba ya en algún libro?

¡Honrad en mí la secta de los locos!

¡Aprended de este libro enloquecido

cómo la razón — «entra en razón»!

Ea, amigos, ¿ha de suceder?

Hasta la vista. ¡Amén!


 

PARA BAILARINES


Hielo liso,

un paraíso

para quien bailar bien quiso.


 

LA GAYA CIENCIA


Esto no es un libro: ¡qué encierran los libros,

esos sarcófagos y sudarios!

El pasado es su botín:

pero aquí vive un eterno Presente.

Esto no es un libro: ¡qué encierran los libros!

¡qué encierran sarcófagos y sudarios!

Esto es una voluntad, una promesa,

esto es un viento marino, un levar anclas,

esto es una última ruptura de puentes,

un rugido de engranajes, un gobernar el timón;

¡brama el cañón, blanco humea su fuego,

ríe el mar, la inmensidad!


 

A LA MELANCOLÍA


No te enojes conmigo, melancolía,

porque tome la pluma para alabarte

y, alabándote, incline la cabeza

sentado sobre un tronco como un anacoreta.

Así me contemplaste ayer, como otras muchas veces,

bajo los matinales rayos del cálido sol:

Ávido el buitre graznaba en el valle,

soñándome carroña sobre madera muerta.

¡Te equivocaste, pájaro devastador,

aunque momificado descansara en mi leño!

No viste mi mirada llena de placer

pasear en derredor altiva y ufana;

y que cuando insidiosa no mira a tus alturas,

extinta para las nubes más lejanas,

se hunde en lo más profundo de sí misma

para radiante iluminar el abismo del ser.

Muchas veces sentado en soledad profunda,

encorvado, cual bárbaro oferente,

pensaba en ti, melancolía,

¡Penitente, pese a mis pocos años!

Sentado así, me complacía el vuelo del buitre,

el estruendo de la avalancha,

y tú, inepta quimera de los hombres,

me hablabas con verdad, mas con horrible y severo semblante.

Acerba diosa de la abrupta naturaleza,

amiga mía, te complaces en manifestarte a mi alrededor

y en mostrarme amenazante el rastro del buitre

y el goce de la avalancha, para aniquilarme.

En torno a mí respira enseñando los dientes

la apetencia de muerte:

¡torturante avidez que amenaza la vida!

Seductora sobre la inmóvil estructura de la roca

la flor suspira por las mariposas.

Todo esto soy —me estremezco al sentirlo—:

mariposa seducida, flor solitaria,

buitre y rápido torrente de hielo,

gemido de la tormenta — todo para ensalzarte,

fiera diosa, ante quien profundamente inclino la cabeza,

y suspirando entono un cántico monstruoso de alabanza,

sólo para ensalzarte, ¡que con cordura

de vida, vida, vida esté sediento!

No te enojes conmigo, divinidad malvada,

porque con rimas dulcemente te orne.

Aquel a quien te acercas se estremece ¡oh rostro terrorífico!

Aquel a quien alcanzas se conmueve, ¡oh malvado derecho!

Y yo aquí estremeciéndome balbuceo canto tras canto

y me convulsiono en rítmicas figuras:

fluye la tinta, salpica la pluma afilada,

¡oh diosa, diosa, déjame — déjame hacer mi voluntad!


 

SOLITARIO


Graznan las cornejas

y aleteando se dirigen a la ciudad;

pronto nevará.

¡Feliz aquel que aún tiene patria!

Ahora estás petrificado

y miras hacia atrás ¡cuánto tiempo ha pasado!

¿Por qué has huido, loco, por el mundo

ahora que el invierno se aproxima?

El mundo: puerta muda y fría

abierta a mil desiertos.

Quien perdió lo que tú perdiste

en parte alguna se detiene.

Ahora estás pálido,

condenado a un viaje de invierno,

al humo semejante,

que sin cesar tiende a más fríos cielos.

¡Vuela, pájaro, grazna tu canción

en tono de pájaro desértico!

¡Esconde, loco, en hielo y en desprecio

tu sangrante corazón!

Graznan las cornejas

y aleteando se dirigen a la ciudad:

— pronto nevará.

¡Infeliz aquel que de patria carece!