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lunes, 12 de enero de 2026

Moaxaja con jarcha

 Moaxaja de Ibn Bāqī de Córdoba (m. 1145), intentando reproducir el juego de rimas en castellano para hacer comprensible el sistema:

Qufl


El amor juguetea con mi corazón

que se queja y llora por la pasión.


Gusn


¡Oh gentes! Mi corazón está prendado,

y es quien ansía amar, desconcertado;

le engaño y es mi llanto, el derramado.


Qufl


¿Quién te ha enseñado, ¡oh garzón!,

a lanzar miradas que matan a un león?


Gusn


En noche oscura, luna llena,

en rama granada, fruta plena,

esbelta cintura y mejilla morena.


Qufl


Ven, amado mío, a la unión,

para la huida de mí, no hay razón.


Gusn


Me contestó: mi mejilla es flor venenosa,

mis ojos desenvainan espada filosa.

¡Cuidado, mi unión es peligrosa!


Qufl


Quien desee atraparle, va a la perdición,

pero yo continúo detrás, con tesón.


Gusn


Mi corazón engañado se derrite de amor;

su amor entre tinieblas es puro resplandor;

prisionero entre sus manos está todo mi ardor;


Markaz o Jarŷa


No encuentro para la calma

ninguna razón,

derramar lágrimas

 es mi solo blasón.

domingo, 27 de octubre de 2019

Elegía de Abul Beka de Ronda a la pérdida de Córdoba, Sevilla y Valencia

Elegía de Abul -Beka, de Ronda, a la pérdida de Córdoba, Sevilla y Valencia. Retraducida de la versión de Adolf Friedrich von Schack por Juan Valera en sextillas de pie quebrado:

Cuanto sube hasta la cima,
desciende pronto abatido
       al profundo;
¡ay de aquel que en algo estima
el bien caduco y mentido
       de este mundo!
En todo terreno ser
solo permanece y dura
       el mudar;
lo que hoy es dicha o placer                 10
será mañana amargura
       y pesar.

Es la vida transitoria
un caminar sin reposo
       al olvido;
plazo breve a toda gloria
tiene el tiempo presuroso
       concedido.
Hasta la fuerte coraza,
que a los aceros se opone                     20
       poderosa,
al cabo se despedaza,
o con la herrumbre se pone
       ruginosa.

Con sus cortes tan lucidas,
del Yemen los claros reyes,
       ¿dónde están?
¿En dónde los Sasanidas,
que dieron tan sabias leyes
       al Irán?                                     30
Los tesoros hacinados
por Karún el orgulloso
       ¿dónde han ido?
De Ad y Temud afamados,
el imperio poderoso,
       ¿do se ha hundido?

El hado, que no se inclina
ni ceja, cual polvo vano
       los barrió,
y en espantosa ruina,                     40
al pueblo y al soberano
       sepultó.
Y los imperios pasaron,
cual una imagen ligera
       en el sueño;
de Cosroes se allanaron
los alcázares, do era
       de Asia dueño.

Desdeñado y sin corona
cayó el soberbio Darío                     50
       muerto en tierra.
¿A quién la muerte perdona?
Del tiempo el andar impío,
       ¿qué no aferra?
De Salomón encumbrado
¿al fin no acabó el poder
       estupendo?
Siempre del seno del hado
bien y mal, pena y placer
       van naciendo.                         60

Mucho infortunio y afán
hay en que caben consuelo
       y esperanza;
mas no el golpe que el Islam
hoy recibe en este suelo
       los alcanza.

España tan conmovida
al golpe rudo se siente
       y al fragor,
que estremece su caída                 70
al Arabia y al Oriente
       con temblor.
El decoro y la grandeza
de mi patria, y su fe pura,
       se eclipsaron;
sus vergeles son malezas,
y su pompa y hermosura
       desnudaron.

Montes de escombro y desiertos,
no ciudades populosas,                     80
       ya se ven;
¿qué es de Valencia y sus huertos?
¿Y Murcia y Játiva hermosas?
       ¿Y Jaén?
¿Qué es de Córdoba en el día,
donde las ciencias hallaban
       noble asiento,
do las artes a porfía
por su gloria se afanaban
       y ornamento?                             90

¿Y Sevilla? ¿Y la ribera
que el Betis fecundo baña
       tan florida?
Cada ciudad de estas era
columna en que estaba España
       sostenida.
Sus columnas por el suelo,
¿cómo España podrá ahora
       firme estar?
Con amante desconsuelo             100
el Islam por ella llora
       sin cesar.

Ya llora al ver sus vergeles
y al ver sus vegas lozanas
       ya marchitas,  
y que afean los infieles,
con cruces y con campanas,
       las mezquitas.
En los mismos almimbares
suele del leño brotar                         110
       tierno llanto.
Los domésticos altares
suspiran para mostrar
       su quebranto.

Nadie viva con descuido,
su infelicidad creyendo
       muy distante;
pues mientras yace dormido
está el destino tremendo
       vigilante.                                 120
Es dulce patria querida
la región apellidar
       do nacemos;
pero, Sevilla perdida,
¿cuál es la patria, el hogar
       que tenemos?

Este infortunio a ser viene
cifra de tanta aflicción
       y horror tanto;
ni fin ni término tiene                     130
el duelo del corazón,
       el quebranto.
Y vosotros, caballeros,
que en los bridones voláis
       tan valientes,             
y cual águilas ligeros,
y entre las armas brilláis
       refulgentes;

que ya lanza poderosa,
agitáis en vuestra mano,                 140
       ya en la obscura
densa nube polvorosa,
cual rayo, el alfanje indiano
       que fulgura;
vosotros, que allende el mar
vivís en dulce reposo,
       con riquezas
que podéis disipar,
y señorío glorioso
       y grandezas;                             150

decidme: los males fieros
que sobre España han caído,
       ¿no os conmueven?
¿Será que los mensajeros
la noticia a vuestro oído
       nunca lleven?
Nos abruman de cadenas;
hartan con sangre su sed
       los cristianos.
¡Doleos de nuestras penas!                160
¡Nuestra cuita socorred
       como hermanos!

El mismo Dios adoráis,
de la misma estirpe y planta
       procedéis;
¿por qué, pues, no despertáis?
¿por qué a vengar la ley santa
       no os movéis?
Los que el imperio feliz
de España, con alta honra                    170
       sustentaron,
al fin la enhiesta cerviz,
al peso de la deshonra,
       doblegaron.

Eran cual reyes ayer,
que de pompa se rodean,
       y son luego
los que en bajo menester,
viles esclavos, se emplean
       sin sosiego.                             180
Llorado hubierais, sin duda,
al verlos entre gemidos
       arrastrar
la férrea cadena ruda,
yendo, para ser vendidos,
       al bazar.

A la madre cariñosa
allí del hijo apartaban
       de su amor;
¡separación horrorosa,                    190
con que el alma traspasan
       de dolor!
Allí doncellas gentiles,
que al andar, perlas y flores
       esparcían,
para faenas serviles
los fieros conquistadores
       ofrecían.

Hoy en lejana región
prueban ellos del esclavo                 200
       la amargura,
que destroza el corazón,
y hiere la mente al cabo
       con locura.
Tristes lágrimas ahora
vierta todo fiel creyente
       del Islam,
¿quién su infortunio no llora
y roto el pecho no siente
       del afán?                                     210


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Poesía de la Alhambra

"Inscripción de la Sala de las dos hermanas de la Alhambra de Granada", de Abu Abd Alláh ibn Zamrák (España, Al-Andalus, 1333-ca 1392)

Jardín yo soy que la belleza adorna:
Sabrás mi ser si mi hermosura miras.
Por Muhammad, mi rey, a par me pongo
de lo más noble que será o ha sido.
Obra sublime, la Fortuna quiere
que a todo monumento sobrepase.
¡Cuánto recreo aquí para los ojos!
Sus anhelos el noble aquí renueva.
Las Pléyades le sirven de amuleto;
la brisa le defiende con su magia.
Sin par luce una cúpula brillante,
de hermosuras patentes y escondidas.
Rendido le da Géminis la mano;
viene con ella a conversar la luna.
Incrustarse los astros allí quieren,
sin más girar en la celeste rueda,
y en ambos patios aguardar sumisos,
y servirle a porfía como esclavas:
No es maravilla que los astros yerren
y el señalado límite traspasen,
para servir a mi señor dispuestos,
que quien sirve al glorioso gloria alcanza.
El pórtico es tan bello, que el palacio
con la celeste bóveda compite.
Con tan bello tisú lo aderezaste,
que olvido pones del telar del Yemen.
¡Cuántos arcos se elevan en su cima,
sobre columnas por la luz ornadas,
como esferas celestes que voltean
sobre el pilar luciente de la aurora!
Las columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas corredora anda su fama:
lanza el mármol su clara luz, que invade
la negra esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son, a pesar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos alcázar más excelso,
de contornos más claros y espaciosos.
Jamás vimos jardín más floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permisión del juez de la hermosura
paga, doble, el impuesto en dos monedas,
pues si, al alba, del céfiro en las manos
deja dracmas de luz, que bastarían,
tira luego en lo espeso, entre los troncos,
doblas de oro de sol, que lo engalanan.
(Le enlaza el parentesco a la victoria:
Sólo al del Rey este linaje cede).

Abu Abd Alláh ibn Zamrák, incluido en Poesía de Al-Andalus (Asociación Andaluza de Profesores de Español Elio Antonio de Nebrija, Sevilla, 1999, varios trad.).

domingo, 11 de agosto de 2013

Poema clásico de Rumi (Persia, siglo XIII)

¿Qué puedo hacer, oh musulmanes?, pues no me reconozco a mí mismo.
No soy cristiano, ni judío, ni mago, ni musulmán.
No soy del Este, ni del Oeste, ni de la tierra, ni del mar.
No soy de la mina de la Naturaleza, ni de los cielos giratorios.
No soy de la tierra, ni del agua, ni del aire, ni del fuego.
No soy del empíreo, ni del polvo, ni de la existencia, ni de la entidad.
No soy de India, ni de China, ni de Bulgaria, ni de Grecia.
No soy del reino de Irak, ni del país de Jurasán.
No soy de este mundo, ni del próximo, ni del Paraíso, ni del Infierno.
No soy de Adán, ni de Eva, ni del Edén, ni de Rizwán.
Mi lugar es el sinlugar, mi señal es la sinseñal.
No tengo cuerpo ni alma, pues pertenezco al alma del Amado.
He desechado la dualidad, he visto que los dos mundos son uno;
Uno busco, Uno conozco, Uno veo, Uno llamo.
Estoy embriagado con la copa del Amor, los dos mundos han desaparecido de mi vida;
no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana

martes, 6 de marzo de 2007

LOS ENIGMAS, un pasaje, Elia Abu Madi

He venido, no sé de dónde pero he venido.
He visto un camino ante mí y por él he caminado.
Y continuaré andando tanto si quiero como si no.
¿Cómo vine? ¿Cómo veo mi camino?
No sé.

Antes de ser hombre,
fui la nada, un absurdo o fui algo.
¿Tiene solución este enigma? ¿Perdurará siempre?
No sé... ¿Y por qué no sé?
No sé.

EPIGRAMA, Al Mutanabi

No tienes honor: tu madre fue una prostituta.
Pero al perro no le molesta que su madre sea una perra.