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viernes, 13 de junio de 2025

Cantos de los indios Pueblo o Ácoma

 En el principio (fragmento inicial)


En el principio nacieron dos hermanas.

Nacieron en el inframundo.

No había luz, no podían verse,

pero cada una se dio cuenta de la otra.

Un espíritu las encontró y alimentó

para que crecieran y pensaran.

Le preguntaron si era hombre o mujer.

Les dijo que no podía decirlo.

Le preguntaron por qué vivían a oscuras.

Les dijo: Porque están bajo tierra,

pero tengan paciencia:

cuando estén listas, saldrán a la luz.

Esperaron mucho, crecieron

y aprendieron la lengua del espíritu.

Cuando estuvieron listas,

les hizo un regalo: dos canastas

de semillas, y figuritas de los animales

que iba a haber en el Mundo.


Fuente: Matthew W. Stirling, "Origin myth of Acoma and other records", Washington, DC: Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology, Bulletin 135, 1942, p. 1.


Canción de los hombres del maíz (fragmento)


A-ni hio-o-o, a-ni-hio-o-o, a-ni-hio-o-o.

A ni ni ya he ya.

A-ni hio-o-o, a-ni hio-o-o, a-ni hio-o-o.

A-ni ni ya he ah-ah ah ah ah i…

Yi hi yi hi yi…

A-ha-a-a i hi hi yi


Fuente: Natalie Curtis, The Indians’ book. Songs and legends of the American Indians, Honolulu, HI: University Press of the Pacific, 2002, p. 451.


Canto del cazador


Cervatillo que vas muy por delante,

el que imagino

con tu piel y pinta de buena salud.

En el que estoy pensando.

Joven antílope que va muy por delante,

completamente sano,

en el que estoy pensando.

Allá estás, en algún lugar,

bajo un árbol de pino,

buscándome, esperándome.

Te seguiré a donde hayas ido,

fuera de la llanura,

entre los arbustos de salvia,

donde estás

buscándome, esperándome.

Te seguiré a donde hayas ido.


Nube nodriza


Feliz, feliz, feliz,

del este, de allá lejos,

viene la nube cargada de lluvia

para amamantar a las plantitas

de maíz, recién nacidas.


Brisa de sol


Allá, en el oriente, en el oriente,

surge el joven sol y respira.

Su aliento es una brisa

que mueve suavemente las hojas

y toda la vegetación.

Las ninfas del maíz y las enredaderas

también se animan con la brisa.


Fuente: Frances Densmore, Music of Acoma, Isleta, Cochiti and Zuñi pueblos, Washington, DC: Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology, Bulletin 165, 1957, pp. 22, 33 y 53. 

viernes, 26 de febrero de 2016

La confesión de un gitano


La confesión de un gitano es un romance dialogado de teatro popular andaluz-manchego muy divulgado por los Montes de Toledo; hay muchas variantes y no he intentado reconstruir el original; entre las manchegas conozco versiones de Puebla de don Fadrique y Montalvos, Albacete; entre las andaluzas, de Cortes de Baza, Sierra de Segura, Benímar (Almería) etcétera. La versión que ofrezco es popular y fue representada escénicamente en Montalvos, Albacete, a fines de los años cuarenta. Fue reconstruido de memoria por Emilio Lara. Es una obra un poco políticamente incorrecta, pero muy cómica. Está tomada de aquí.

La acción se desarrolla en el patio de la casa del cura, que forma parte de una iglesia rural manchega. Mientras el cura permanece sentado con un libro en las manos a la sombra de una higuera, aparece ante él un gitano alto y mal encarado que porta una larga vara de fresno.

GITANO.- Padre, vengo a confesarme.

CURA.-¿A confesarte!

GITANO.-Sí, a eso vengo,
a ver si quiere escucharme
y de gratis perdonarme,
los pecaíllos que tengo.

CURA.-Eso es cierto?

GITANO.-Se lo juro.

CURA.-Al confesionario iremos.

GITANO.-No, que allí está muy oscuro.
Este sitio es más seguro.
Aquí que las caras nos vemos.

CURA.-Algún ángel te ha inspirado
a que busques confesión.
Ven, acércate a mi lado.
Cuéntame lo que has pecado,
que Dios te dará el perdón.

(Para sí)

GITANO.-Vaya tío y que buen cachorro está.

CURA.-Vamos, cuéntame, hijo mío.

GITANO.-Padre, si es que no me fío,
de decirle la verdá.

CURA.-¿Temes que yo te delate?
El confesor no hace eso.

GITANO.-Si hace usté tal disparate,
le echo mano al gaznate,
y lo dejo patitieso.

CURA.-hijo, no seas así.
No te impacientes, ten calma,
que yo rezaré por tí
para conseguir así
la salvación de tu alma.
Empieza ya, ves diciendo:

GITANO.-Verá, yo fui una mañana,
cuando estaba el día rompiendo,
y me encontré a mi gitana,
que se estaba divirtiendo
con un gachó que vestía
lo mismico que viste usté.
¡Y cómo se divertían!
Al verme entrar ¡Madre mía!
Se jiñó encima, chipén.
Ella comenzó a gritar,
y yo pa que no gritara,
le largué una bofetá,
que algo más de la mitá
se le perdió de la cara.
A los gritos infernales
que lanzaba el amor mío,
acudieron los curiales
a recoger los quijares,
que entavía no han paecío.
Se echaron encima e mí
lo mismico que chusqueles,
pero yo no me encogí.
Le di aire a los pinreles,
y como un rayo salí.
Tomé viento y me largué.
Ya en la calle, al primer paso,
con un guardia me topé,
y de un solo puñetazo,
sin narices lo dejé.
Aquello fue más sonao
que en Toleo la campana,
y yo lo he recomendao
pa bailar las sevillanas
con un guiri en un tablao.
Desde aquel maldito día,
no me dejaron parar;
como me se perseguía,
pa ganarme la comía,
fuí y me dediqué a afanar.
Mangué un pollino en Lucena.
Una jaquilla en Carmona.
Una muleta en Purchena.
Dos mulas en Estepona
y un caballo en Trebujena.
Usando las mañas mías,
y sin pecar de ignorancia,
me hice en muy pocos días,
hombre de gran importancia,
tratante en caballerías.
Entré a una iglesia a rezar,
y en un rincón me escondí.
Cuando me quise marchar,
se vino detrás de mí,
to lo que había en el altar.
A la Virgen le pedí
los pendientes y el anillo.
Ella me dijo que sí.
Y los cuartos del cepillo,
que también los recogí.
A un fraile muy gordinflón,
de esos que cantan en coro,
al darme la bendición,
le trinqué una cruz de oro,
diez duros y un medallón.
Me recogió un ermitaño,
una noche de aguacero,
y sin querer hacer daño,
me llevé tres candeleros
y una bandeja de estaño.
Me encontré a un cura en un prao
que se empeñó en confesarme.
Después de oírme, asustao,
no se atrevió a perdonarme
y lo enterré en un sembrao.
¿Qué, qué tal la confesión?

CURA.-Flaquezas del ser humano.

GITANO.-¿Me dará la absolución?

CURA.-Sí, hijo y Dios soberano
te concederá el perdón.

GITANO.-Entonces voy a seguir.

CURA.-¿Te queda más todavía?

GITANO.-Claro está padre, que sí.

CURA.-Déjalo para otro día.

GITANO.-Ca, yo ya no vuelvo a venir.
Como soy un buen cristiano,
tengo miedo a condenarme,
y además que soy gitano,
quiero deltó confesarme,
a ver si la gloria gano.

CURA.-Sigue pues, pero abreviando.

GITANO.-Está bien, abreviaré.
Ya sabe usté que afanando,
la manduca me gané,
cuando no pude engañando,
por andequiera que fui,
de lo que vi me apropié.
Que nunca miedo he tenío,
siéndome todito listo,
y que ande yo me he metío,
lo que mis ojos han visto,
mis manos han recogío.

CURA.-¿Queda más?

GITANO.-Una aventura,
de una vez que fui a emparnarme
a un pueblo de Extremadura,
y al no tener qué llevarme,
ne llevé al ama del cura.

CURA.-Hijo, no tienes salvación.
Poder salvarte no espero.

GITANO.-Sí le ha entrao a usté quemazón,
pero en fin me se figura,
que a usté ya se le olvidó,
que fue también otro cura
el que amí me la quitó.
Bueno, yo ya he terminao.
Puede perdonarme o no.
Porque si queo condenao,
con usté voy a hacer yo,
lo que con aquel del prao.

CURA.-Sí, sí, sí te absolveré,
aunque eso es muy grave.

GITANO.-Padre, ya está hecho ¿Qué quié usté?
Por la gloria de mi madre,
que otra vez no lo haré.

CURA.-Yo te perdono hijo mío,
de Dios en su santo nombre,
y, procurarás, confío,
desde hoy ser un buen hombre.

GITANO.-Eso yo siempre lo he sío.

CURA.-Ya estás listo, márchate.

GITANO.-Padre, ¿Y la penitencia?

CURA.-Yo por tí la cumpliré.

GITANO.-¡Qué buenecico es usté.
Ya me ha limpiao la concencia.
Padre, ahora que me acuerdo,
yo no sé si volveré.
Y por si acaso me pierdo,
y no lo vuelvo a usté a ver,
quiero que me dé un recuerdo.

CURA.-¡Un recuerdo?

GITANO.-Claro está.
Yo tengo muchos apuros.
Ni ayer ni hoy, gané na.
Deme usté veinte durillos,
pa que me pueda najar.

CURA.-Tómalos y vete ya.

GITANO (para sí).
Válgame y qué tonto he sío.
He hecho una barbaridá.
Si más le llego a pedir,
lo mismico me lo da.
-Adiós padre, buena suerte.
Que se conserve usté bueno.
Si otra vez vuelvo a pecar,
cuando tenga el saco lleno,
volveré aquí a confesar.

CURA.-Adiós hijo, buena suerte.
Que te conserves muy bien.
Que Dios quiera protegerte.
Y que yo no vuelva a verte,
por nunca, jamás, amén.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El relicario, pasodoble popular

Música de José Padilla (1889-1960) y dedicada a su querido amigo Don José Pérez de Rozas, con letra de Armando Oliveros y José María Castellví, redactores del diario de Barcelona El Liberal; fue estrenado por Mary Focela en el teatro "El Dorado" de la ciudad Condal en septiembre de 1914, pero quien lo popularizó fue la famosa cupletista Francisca Marqués López, más conocida como Raquel Meller (1882-1962):


I

El día de San Eugenio,
yendo hacia el Prado, le conocí.
Era el torero de más tronío
y el más castizo de "to" Madrid.
Iba en calesa, pidiendo guerra,
y yo, al mirarle, me estremecí.
Él, al notarlo, salió del coche
y muy garboso vino hacia mí.
Tiró la capa con gesto altivo,
y, descubriéndose, me dijo así:


ESTRIBILLO

Pisa, morena,
pisa con garbo,
que un relicario,
que un relicario,
me voy a hacer
con el trocito
de mi capote
que haya pisado
que haya pisado
tan lindo pie.

II

Un lunes abrileño
él toreaba, y a verle fui.
Nunca lo hiciera, que aquella tarde
de sentimiento, creí morir.
Al dar un lance,
cayó en la arena;
se sintió herido
miró hacia mí.
Un relicario sacó del pecho,
y yo al instante reconocí
cuando el torero caía inerte,
en su delirio decía así:

(Estribillo)

domingo, 9 de agosto de 2015

Boleros clásicos

1

La bien pagá (Ramón Perelló - Juan Mostazo)

Na te pido,
na me llevo,
me voy de tu vera
olvídame ya,
que he pagao con oro
tus carnes morenas,
no maldigas paya
que estamos en paz.

No te quiero,
no me quieras,
si to me lo diste
yo na te pedí,
no me eches en cara
que to lo perdiste,
también a tu vera
yo to lo perdí.

Bien pagá,
si tú eres la bien pagá
porque tus besos compré
y a mí te supiste dar
por un puñao de parné.
Bien pagá, 
bien pagá,
bien pagá 
fuiste mujer.

No te engaño,
quiero a otra, 
no creas por eso
que te traicioné,
no cayó en mis brazos,
me dio sólo un beso,
el único beso
que yo no pagué.

Na te pido,
na me llevo,
entre esas paredes
dejo sepultás
penas y alegrías
que te dao y me diste
y esas joyas que ahora
pa otro lucirás.

2

Tatuaje (Rafael de León )

I

Él vino en un barco de nombre extranjero,
lo encontré en el puerto un anochecer
cuando el blanco faro sobre los veleros
su beso de plata dejaba caer.
Era hermoso y rubio como la cerveza;
el pecho tatuado con un corazón.
En su voz amarga había la tristeza,
doliente y cansada, del acordeón.
Y entre dos copas de aguardiente
sobre el manchado mostrador
él fue contándome entre dientes
la vieja historia de su amor:

ESTRIBILLO

Mira mi brazo tatuado
con este nombre de mujer.
Es el recuerdo del pasado
que nunca más ha de volver.
Ella me quiso, y me ha olvidado,
en cambio, yo no la olvidé,
y para siempre voy marcado
con este nombre de mujer.

II

Él se fue una tarde con rumbo ignorado
en el mismo barco que lo trajo a mí,
pero entre mis labios se dejó olvidado
un beso de amante que yo le pedí.
Errante lo busco por todos los puertos;
a los marineros pregunto por él,
y nadie me dice si está vivo o muerto
y sigo en mi duda, buscándolo fiel.
Y voy sangrando lentamente,
de mostrador en mostrador,
ante una copa de aguardiente
donde se ahoga mi dolor.

ESTRIBILLO

Mira tu nombre tatüado
en la caricia de mi piel,
a fuego lento lo he marcado
y para siempre iré con él.
Quizá ya tú me has olvidado,
en cambio, yo no te olvidé,
y hasta que no te haya encontrado
sin descansar te buscaré.

(Recitado)

Escúchame, marinero,
y dime: ¿qué sabes de él?
Era gallardo y altanero,
y era más dulce que la miel.
Mira su nombre de extranjero
escrito aquí, sobre mi piel.

(Cantado)

Si te lo encuentras, marinero,
dile que yo muero por él.

3

Están clavadas dos cruces


Sevilla tuvo que ser 
con su lunita plateada 
testigo de nuestro amor 
bajo la noche callada.

Y nos quisimos tú y yo 
con un amor sin pecado
pero el destino ha querido 
que vivamos separados.

Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido 
por dos amores que han muerto 
sin haberse comprendido.

Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido 
por dos amores que han muerto, 
que son el tuyo y el mío.

Ay, Barrio de Santa Cruz, 
ay, Plaza de Doña Elvira,
hoy he vuelto a recordar 
y me parece mentira.

Ya todo aquello pasó, 
todo quedó en el olvido, 
nuestras promesas de amores
en el aire se han perdido.

Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido
por dos amores que han muerto 
sin haberse comprendido.

Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido
por dos amores que han muerto, 
que son el tuyo y el mío.

Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido 
por dos amores que han muerto 
sin haberse comprendido. 
Están clavadas dos cruces 
en el Monte del Olvido 
por dos amores que han muerto
que son el tuyo y el mío, 
que son el tuyo, 
que son el tuyo y el mío.

4

Reloj no marques las horas (Armando Manzanero)

Versión de Los Panchos

    Reloj, no marques las horas 
porque voy a enloquecer: 
ella se irá para siempre 
cuando amanezca otra vez 
    No más nos queda esta noche 
para vivir nuestro amor 
y tu tic-tac me recuerda 
mi irremediable dolor 
    Reloj detén tu camino 
porque mi vida se apaga 
ella es la estrella 
que alumbra mi ser: 
yo sin su amor no soy nada 
    Detén el tiempo en tus manos 
haz esta noche perpetua 
para que nunca se vaya de mí 
para que nunca amanezca

5

Puro teatro (Catalino Curet Alonso)

Versión de La Lupe

Igual que en un escenario
finges tu dolor barato.
Tu drama no es necesario:
ya conozco ese teatro.

Mintiendo,
¡que bien te queda el papel!
Después de todo parece
que esa es tu forma de ser.

Yo confiaba ciegamente
en la fiebre de tus besos.
Mentiste serenamente,
y el telón cayó por eso.

Teatro,
lo tuyo es puro teatro,
falsedad bien ensayada,
estudiado simulacro.

Fue tu mejor actuación
destrozar mi corazón;
y hoy que me lloras de veras
recuerdo tu simulacro.

Perdona que no te crea...
me parece que es teatro.
Y acuérdate que según tu punto de vista
yo soy la mala, ¡ay!

Teatro,
lo tuyo es puro teatro,
falsedad bien ensayada,
estudiado simulacro.

Fue tu mejor actuación
destrozar mi corazón;
y, hoy que me lloras de veras
recuerdo tu simulacro.

Perdona que no te crea
¡me parece que es teatro!
Perdona que no te crea:
lo tuyo es puro... teatro.

6

Échale guindas al pavo

CHALE GUINDAS AL PAVO

Huyendo de los civiles, 
un gitano del perchel, 
sin cálculo y sin combina, 
¿que dónde vino a caer? 
en un corral de gallinas. 
¿Y qué es lo que allí encontró?, 
pues una pavita fina 
que a un pavo le hacía el amor 
saltó la tapia el gitano, 
con muchísimo talento 
[y, cuando se vino a dar cuenta, 
con un saco estaba dentro]. 
A los dos los cogió, 
con los dos se najó, 
y el gitano a su gitana [Variante: "y llamando a su costilla"]
de esta manera le habló:

"Échale guindas al pavo, 
échale guindas al pavo 
que yo le echaré a la pava 
azúcar, canela y clavo, 
que yo le echaré a la pava... 
azúcar, canela y clavo".

Estaba ya el pavo asao, 
la pava en el asador 
y llamaron a la puerta... 
¡verá usted lo que pasó!
Entró un civil con bigote, 
¡ozú, qué miedo, chavó! 
se echó el fusí a la cara 
y de esta manera habló: 

"¡A ver dónde está ese pavo, 
a ver dónde está esa pava, 
porque tiene mucha guasa 
que yo no pruebe ni un ala!"

Con los dos se sentó, 
con los dos trajeeló 
y el gitano a la gitana 
de esta manera le habló: 

"Échale guindas al pavo, 
échale guindas al pavo, 
que yo le echaré a la pava 
azúcar, canela y clavo, 
que yo le echaré a la pava 
azuquita, canela y clavo"

7

Y sin embargo te quiero

Me lo dijeron mil veces, 
mas yo nunca quise poner atención. 
cuando vinieron los llantos 
ya estabas muy dentro de mi corazón. 

Te esperaba hasta muy tarde, 
ningún reproche te hacía; 
lo más que te preguntaba 
era que si me querías.

Y, bajo tus besos, 
en la madrugá, 
sin que tu notaras
la cruz de mi angustia 
solía cantá: 

Te quiero más que a mis ojos, 
te quiero más que a mi vía, 
más que el aire que respiro 
y más que a la mare mía. 

¡Que se me paren los pulsos
si te dejo de queré! 
¡Que las campanas me doblen
si te farto alguna ve! 

Eres mi vía y mi muerte, 
te lo juro, compañero: 
no debía de quererte, 
no debía de quererte 
y, sin embargo, te quiero. 

Vives con unas y otras 
y na se te importa
de mi soledá; 
sabes que tienes un hijo 
y ni el apellío
le vienes a dá. 
Llorando junto a la cuna 
me dan las claras del día. 
Mi niño no tiene pare… 
¡Qué pena de suerte mía! 
Anda, rey de España, 
vamos a dormí, 
y, sin darme cuenta,
en ves de una nana 
yo le canto así: 

Te quiero más que a mis ojos, 
te quiero más que a mi vía, 
más que el aire que respiro 
y más que a la mare mía.

Que se me paren los pulsos
si te dejo de queré 
que las campanas me doblen
si te farto alguna ve. 

Eres mi vía y mi muerte, 
te lo juro, compañero; 
no debía de quererte, 
no debía de quererte, 
y, sin embargo, te quiero

8

Mi jaca

MI JACA

El tronío, la guapeza, la solera 
y el embrujo de una noche Sevillana 
no lo cambio por la gracia cortijera 
y el trapío de mi jaca jerezana 

A su grupa va lo mismo que una reina 
con espuelas de diamantes a los pies 
que luciera por corona y como peina 
que luciera por corona y como peina 

La majeza del sombrero cordobés 
mi jaca galopa y corta el viento 
cuando pasa por el puerto 
caminito de Jerez 

La quiero lo mismo que a esa gitana 
que me está dando tormento 
por culpita de un querer 
mi jaca galopa y corta el viento 
cuando pasa por el puerto 
caminito de Jerez 

A la grupa de mi jaca jerezana 
va meciéndose altanera y orgullosa 
como mece el aire por mi ventana 
los geranios, los claveles y las rosas.

domingo, 16 de marzo de 2008

Los románticos reyes.

Donde vas, Alfonso XII,
dónde vas, triste de ti...

El cantar es muy famoso, pero en realidad es popular; alude a la cancioncilla que incluyó Luis Vélez de Guevara en Reinar después de morir, sobre el terrible destino de Inés de Castro:

Dónde vas el caballero
dónde vas, triste de ti?
Que la tu querida esposa
muerta está que yo la vi.
Las señas que ella tenía
bien te las sabré decir:
su garganta es de alabastro
y sus manos de marfil.

Muy romántico todo, si no fuera porque Alfonsito XII, como Alfonso XIII y Juan Carlos I, y los demás borbones y borbonas antes que ellos, y los mismos Austrias, en especial ese degenerado de Felipe IV, fueron unos putañeros de cuidado que no podían parar un momento de hacerlo. Veremos si Felipito puede refrenar su pito cuando se canse de la Leticiosa doña Letizia (con zeta de pija).

domingo, 18 de marzo de 2007

DICEN QUE ME CASE YO, Gil Vicente

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Más quiero vivir segura
n'esta sierra a mi soltura,
que no estar en ventura
si casaré bien o no.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Madre, no seré casada
por no ver vida cansada,
o quizá mal empleada
la gracia que Dios me dio.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

No será ni es nacido
tal para ser mi marido;
y pues que tengo sabido
que la flor ya me la só,
dicen que me case yo:
no quiero marido, no.