Miguel Hernández
LOS COBARDES
Hombres veo que de hombres
sólo tienen, sólo gastan
el parecer y el cigarro,
el pantalón y la barba.
En el corazón son liebres,
gallinas en las entrañas,
galgos de rápido vientre,
que en épocas de paz ladran
y en épocas de cañones
desaparecen del mapa.
Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.
Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.
¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergüenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.
Tembláis como poseídos
de todo un siglo de escarcha
y vais del sol a la sombra
llenos de desconfianza.
Halláis los sótanos poco
defendidos por las casas.
Vuestro miedo exige al mundo
batallones de murallas,
barreras de plomo a orillas
de precipicios y zanjas
para vuestra pobre vida,
mezquina de sangre y ansias.
No os basta estar defendidos
por lluvias de sangre hidalga,
que no cesa de caer,
generosamente cálida,
un día tras otro día
a la gleba castellana.
No sentís el llamamiento
de las vidas derramadas.
Para salvar vuestra piel
las madrigueras no os bastan,
no os bastan los agujeros,
ni los retretes, ni nada.
Huís y huís, dando al pueblo,
mientras bebéis la distancia,
motivos para mataros
por las corridas espaldas.
Solos se quedan los hombres
al calor de las batallas,
y vosotros, lejos de ellas,
queréis ocultar la infamia,
pero el color de cobardes
no se os irá de la cara.
Ocupad los tristes puestos
de la triste telaraña.
Sustituid a la escoba,
y barred con vuestras nalgas
la mierda que vais dejando
donde colocáis la planta.
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domingo, 25 de junio de 2017
miércoles, 20 de julio de 2016
Sonetos sueltos de Lope de Vega
En La discreta venganza (1620)
Lope de Vega
El humo que formó cuerpo fingido,
que cuando está más denso para en nada;
el viento que pasó con fuerza airada
y que no pudo ser en red cogido;
el polvo en la región desvanecido
de la primera nube dilatada;
la sombra que, la forma al cuerpo hurtada,
dejó de ser, habiéndose partido,
son las palabras de mujer. Si viene
cualquiera novedad, tanto le asombra,
que ni lealtad ni amor ni fe mantiene.
Mudanza ya, que no mujer, se nombra,
pues cuando más segura, quien la tiene,
tiene polvo, humo, nada, viento y sombra.
De El mayor imposible 1615:
Noche siempre serena, cuyo velo
y silencio tomó el amor por capa,
nema del cielo, de sus ojos tapa,
madre del sueño, el hurto y el recelo;
Si alguna vez amante, pues del suelo
al cielo, nadie del amor se escapa,
con esa oscuridad los ojos tapa,
alas; estrellas, que lo son del cielo.
Aunque celos te den sus resplandores
deja luna, salir mi luz querida,
que bien sabe de amor quien tuvo amores:
La noche se verá del sol vestida,
tendrá la sombra luz, perlas las llores,
mi pena gloria, y mi esperanza, vida.
Lope de Vega
El humo que formó cuerpo fingido,
que cuando está más denso para en nada;
el viento que pasó con fuerza airada
y que no pudo ser en red cogido;
el polvo en la región desvanecido
de la primera nube dilatada;
la sombra que, la forma al cuerpo hurtada,
dejó de ser, habiéndose partido,
son las palabras de mujer. Si viene
cualquiera novedad, tanto le asombra,
que ni lealtad ni amor ni fe mantiene.
Mudanza ya, que no mujer, se nombra,
pues cuando más segura, quien la tiene,
tiene polvo, humo, nada, viento y sombra.
De El mayor imposible 1615:
Noche siempre serena, cuyo velo
y silencio tomó el amor por capa,
nema del cielo, de sus ojos tapa,
madre del sueño, el hurto y el recelo;
Si alguna vez amante, pues del suelo
al cielo, nadie del amor se escapa,
con esa oscuridad los ojos tapa,
alas; estrellas, que lo son del cielo.
Aunque celos te den sus resplandores
deja luna, salir mi luz querida,
que bien sabe de amor quien tuvo amores:
La noche se verá del sol vestida,
tendrá la sombra luz, perlas las llores,
mi pena gloria, y mi esperanza, vida.
De El villano en su rincón (1611-1616)
La vida humana, Sócrates decía,
cuando estaba en negocios ocupada,
que era un arroyo en tempestad airada,
que turbio y momentáneo discurría.
Y que la vida del que en paz vivía
era como una fuente sosegada,
que, sonora, apacible y adornada
de varias flores, sin cesar corría.
¡Oh vida de los hombres diferente,
cuya felicidad estima el bueno,
cuando la libertad del alma siente!
Negocios a la vista son veneno.
¡Dichoso aquél que vive como fuente,
manso, tranquilo, y de turbarse ajeno!
De El peregrino en su patria
Vivas memorias, máquinas difundas,
que cubre el tiempo de ceniza y hielo,
formando cuevas, donde el eco al vuelo
sólo del viento acaba las preguntas.
Basas, colunas y arquitrabes juntas,
ya divididas oprimiendo el suelo,
soberbias torres, que al primero cielo
osastes escalar con vuestras puntas.
Si desde que en tan alto anfiteatro
representastes a Sagunto muerta,
de gran tragedia pretendéis la palma,
mirad de sólo un hombre en el teatro
mayor rüina y perdición más cierta,
que en fin sois piedras, y mi historia es alma.
De La viuda valenciana (1604)
Rompe una peña el agua cuando estriba
por largo curso en ella su corriente,
y a la segur del labrador valiente
se humilla el pino y la arrugada oliva;
de su fruto el caudal la palma altiva
rinde, aunque tarde, a la africana gente;
viene el novillo al yugo, y la serpiente
a la voz del encanto se derriba;
fabrica un escultor una figura
de un mármol duro, de una piedra helada,
y viene a tener ser lo que no era.
Y por más que mi amor vencer procura
una mujer hermosa y delicada,
con ser mujer, está rebelde y fiera.
sábado, 11 de junio de 2016
Cómo ha de ser el gobierno según Pero López de Ayala
Los reyes e los príncipes, e los emperadores,
los duques e los condes, e los otros señores
gobiernan las sus tierras con los sus moradores, 935
que a do moraban ciento, fincan tres pobladores.
Cuando en otro tiempo los judíos pidieron
a Nuestro Señor rey, d'Él entonces oyeron
lo que después por fecho e por los ojos vieron:
si algo recabdaron en su pro, lo sintieron. 940
Este nombre de rey, de buen regir desciende
-quien ha buena ventura, bien así lo entiende-;
el que bien a su pueblo gobierna e defiende,
este es rey verdadero: tírese el otro dende.
De un padre e de una madre con ellos decendemos, 945
una naturaleza ellos e nos habemos,
de vivir e morir una ley tenemos,
salvo que obediencia de les tener debemos.
Quiera por su merced Dios bien les ayudar,
que puedan los sus pueblos regir e gobernar 950
con paz e con sosiego, que grant cuenta han de dar
a aquel Rey verdadero que la sabrá tomar.
Dios les guarde de guerras e de todo bollicio,
puedan bien responder a Dios de su oficio;
mas ¡mal pecado! andan todos fuera de quicio: 955
quien les dize el contrario no entiende qué es servicio.
Dios les dé buen consejo que lo quieran creer,
e puedan en sus tierras justicia mantener;
segunt que lo yo entiendo mucho es menester,
que veo los sus pueblos sospirar e gemer. 960
E Dios non menosprecia la pobre oración:
mas ante la rescibe e oye toda sazón:
quien humilmente l' ruega, e de buen corazón,
si justamente l' pide, oído es su sermón.
Los huérfanos e viudas, que Dios quiso guardar 965
en su grant encomienda, véoles vozes dar:
«¡Acórrenos, Señor: non podemos durar
los pechos e tributos que nos fazen pagar!»
De cada día veo asacar nuevos pechos
que demandan señores demás de sus derechos; 970
e, a tal estado son llegados ya los fechos,
que quien tenía trigo non le fallan afrechos.
Ayúntanse privados con los procuradores
de cibdades e villas; fazen repartidores
sobre los inocentes cuitados pecadores; 975
los duques e los condes, e los otros señores
gobiernan las sus tierras con los sus moradores, 935
que a do moraban ciento, fincan tres pobladores.
Cuando en otro tiempo los judíos pidieron
a Nuestro Señor rey, d'Él entonces oyeron
lo que después por fecho e por los ojos vieron:
si algo recabdaron en su pro, lo sintieron. 940
Este nombre de rey, de buen regir desciende
-quien ha buena ventura, bien así lo entiende-;
el que bien a su pueblo gobierna e defiende,
este es rey verdadero: tírese el otro dende.
De un padre e de una madre con ellos decendemos, 945
una naturaleza ellos e nos habemos,
de vivir e morir una ley tenemos,
salvo que obediencia de les tener debemos.
Quiera por su merced Dios bien les ayudar,
que puedan los sus pueblos regir e gobernar 950
con paz e con sosiego, que grant cuenta han de dar
a aquel Rey verdadero que la sabrá tomar.
Dios les guarde de guerras e de todo bollicio,
puedan bien responder a Dios de su oficio;
mas ¡mal pecado! andan todos fuera de quicio: 955
quien les dize el contrario no entiende qué es servicio.
Dios les dé buen consejo que lo quieran creer,
e puedan en sus tierras justicia mantener;
segunt que lo yo entiendo mucho es menester,
que veo los sus pueblos sospirar e gemer. 960
E Dios non menosprecia la pobre oración:
mas ante la rescibe e oye toda sazón:
quien humilmente l' ruega, e de buen corazón,
si justamente l' pide, oído es su sermón.
Los huérfanos e viudas, que Dios quiso guardar 965
en su grant encomienda, véoles vozes dar:
«¡Acórrenos, Señor: non podemos durar
los pechos e tributos que nos fazen pagar!»
De cada día veo asacar nuevos pechos
que demandan señores demás de sus derechos; 970
e, a tal estado son llegados ya los fechos,
que quien tenía trigo non le fallan afrechos.
Ayúntanse privados con los procuradores
de cibdades e villas; fazen repartidores
sobre los inocentes cuitados pecadores; 975
[¿no será lectio difficilior pechadores?]
luego que han acordado, llaman arrendadores.
Allí vienen judíos, que están aparejados
para beber la sangre de los pobres cuitados;
presentan sus escriptos, que tienen concertados,
e prometen sus joyas e dones a privados. 980
Perlados que sus eglesias debrían gobernar,
por cobdicia del mundo allí quieren morar
e ayudan revolver el regno a más andar,
como revuelven tordos un pobre palomar.
Allí fazen judíos el su repartimiento 985
sobre el pueblo que muere por mal defendimiento;
a ellos entre sí apartan medio cuento
que han de haber privados, cuál ochenta, cuál ciento.
E dizen los privados: «Servimos cada día
al rey: cuando yantamos es más de mediodía, 990
e velamos la noche, que es luenga e fría,
por concertar sus cuentas e la su atasmía.
E así sin conciencia, sin ningunt otro mal,
podemos nos sacar de aquí algunt cabdal,
ca dize el Evangelio e nuestro decretal 995
que digno es el obrero de levar su jornal».
Dizen luego al rey: «Por cierto vos tenedes
judíos servidores e merced les faredes,
ca vos pujan las rentas por cima las paredes;
otorgádgelas, Señor, que buen recabdo habredes». 1000
«Señor», dizen judíos, «servicio vos faremos:
tres cuentos más que antaño por ellas vos daremos
e buenos fiadores llanos vos prometemos,
con estas condiciones que scriptas vos traemos».
Aquellas condiciones, ¡Dios sabe cuáles son! 1005
para el pueblo mesquino negras como carbón.
«Señor», dizen privados, «faredes grant razón
de les dar estas rentas, encima gualardón».
Dize luego el rey: «A mí plaze de grado
de les fazer merced, que mucho han pujado 1010
hogaño las mis rentas»; e non cata el cuitado
que toda esta sangre sale del su costado.
Después d'aquesto llegan don Abrahan e don Simuel,
con sus dulces palabras que vos parecen miel,
luego que han acordado, llaman arrendadores.
Allí vienen judíos, que están aparejados
para beber la sangre de los pobres cuitados;
presentan sus escriptos, que tienen concertados,
e prometen sus joyas e dones a privados. 980
Perlados que sus eglesias debrían gobernar,
por cobdicia del mundo allí quieren morar
e ayudan revolver el regno a más andar,
como revuelven tordos un pobre palomar.
Allí fazen judíos el su repartimiento 985
sobre el pueblo que muere por mal defendimiento;
a ellos entre sí apartan medio cuento
que han de haber privados, cuál ochenta, cuál ciento.
E dizen los privados: «Servimos cada día
al rey: cuando yantamos es más de mediodía, 990
e velamos la noche, que es luenga e fría,
por concertar sus cuentas e la su atasmía.
E así sin conciencia, sin ningunt otro mal,
podemos nos sacar de aquí algunt cabdal,
ca dize el Evangelio e nuestro decretal 995
que digno es el obrero de levar su jornal».
Dizen luego al rey: «Por cierto vos tenedes
judíos servidores e merced les faredes,
ca vos pujan las rentas por cima las paredes;
otorgádgelas, Señor, que buen recabdo habredes». 1000
«Señor», dizen judíos, «servicio vos faremos:
tres cuentos más que antaño por ellas vos daremos
e buenos fiadores llanos vos prometemos,
con estas condiciones que scriptas vos traemos».
Aquellas condiciones, ¡Dios sabe cuáles son! 1005
para el pueblo mesquino negras como carbón.
«Señor», dizen privados, «faredes grant razón
de les dar estas rentas, encima gualardón».
Dize luego el rey: «A mí plaze de grado
de les fazer merced, que mucho han pujado 1010
hogaño las mis rentas»; e non cata el cuitado
que toda esta sangre sale del su costado.
Después d'aquesto llegan don Abrahan e don Simuel,
con sus dulces palabras que vos parecen miel,
e fazen una puja sobre los de Israel, 1015
que monta en todo el regno cuento e medio de fiel.
D'esta guisa que oídes pasa de cada día
el pueblo muy lazrado llamando "pía, pía":
«¡Dios por merced nos guarde e val Santa María!».
Non hayamos las penas que diz la profecía: 1020
segunt que David cuenta, dize Nuestro Señor:
«Por mesquindat del pobre e por el su clamor,
haberme he a levantar, e seré judgador.
Non me lo logrará quien fuere robador».
E cuenta Isaías, segunt que leeredes: 1025
«Si el huérfano guardades e la viuda defendedes,
venid, dize el Señor, pedid lo que queredes:
vuestros negros pecados blancos los tornaredes».
El que faze el contrario, ya entendedes, será:
a Dios pone en enojo, e su daño fará, 1030
e bien se pare mientes que, cuanto levará
de haber así ganado, poco lo logrará.
Escúsanse los reyes con su grant menester,
ca dizen que han carga del regno defender:
fagan como quisieren, Dios les dé a entender 1035
fazer a su servicio e a todo su plazer.
Pues ¡cómo caballeros los fazen, mal pecado!:
en villas e logares qu' el rey les tiene dado,
sobr' el pecho que l' deben, ¡otro piden doblado!
e con esto los tienen por mal cabo poblado: 1040
do moraban mil homnes, non moran ya trezientos;
más vienen que granizo sobre ellos ponimientos;
fuyen chicos e grandes con tales escarmientos,
ca ya vivos los queman, sin fuego e sin sarmientos.
E tienen para esto judíos muy sabidos, 1045
para sacar los pechos e los nuevos pedidos;
non lo dejan por lágrimas que oyan, nin gemidos;
demás, por las esperas aparte son servidos.
E aún para esto peor lo vi fazer:
en las rentas del rey suelen parte tener, 1050
por que non se les pueda el pobre defender
de les dar lo que piden o todo lo perder.
Maguer non tienen viñas, siempre suelen comprar
muchos vinos de fuera e ý los encubar;
ciertos meses del año los suelen apartar, 1055
que los beba el concejo, a como l' suelen dar.
Así es ello; cierto muchas vezes lo vi
lo que non val dinero costar maravedí,
el vino agro, turbio, muy malo, baladí,
quien pasa e lo bebe, nunca más torna ý. 1060
Conviene que lo gasten los pobres labradores,
beberlo o verterlo non les valdrán clamores;
e fagan luego pago a judíos traidores,
o lo sacan a logro de buenos mercadores.
Así como es del vino, en carne es otro tal: 1065
si el señor tiene algunt buey viejo cuïtral,
conviene que lo coman o con bien o con mal,
e luego en la mollera tienen presta la sal.
Fazen luego castillos al canto de la villa,
grandes muros e fuertes, torres a maravilla, 1070
siquiera sean altos como los de Sevilla,
por meter los mesquinos más dentro en la capilla.
Mas antes de que sea la tal obra acabada,
viene luego la muerte e dale su mazada:
parte de aquí el alma asaz envergonzada, 1075
e sotierran el cuerpo en muy peor posada.
En el su Evangelio nos dize el Señor:
«Tú non fagas injurias nin seas caloñador».
Por Dios paremos mientes de aquel fuerte temor
del día del Jüicio que espera el pecador. 1080
Todas estas riquezas son niebla e rocío;
con honras e orgullos e aqueste loco brío
échase homne sano e amanesce frío,
ca nuestra vida corre como agua de río.
Los privados del rey e los sus allegados 1085
asaz tienen de quejas e de grandes cuidados,
ca ¡mal pecado! muchos consejos son errados
por querer tener ellos los reyes lisonjados.
Cuando en el Consejo la cuestión es propuesta,
luego cata el privado a cuál cabo se acuesta 1090
la voluntad del rey, e va por esa cuesta
cuidando a su casa levar buena respuesta.
Do él cuida que gana, cuido que pierde asaz
si conseja la guerra e estorba la paz;
el que por sus pecados en tales cosas yaz 1095
algunt tiempo habrá la salsa del agraz.
El rey d'ellos se fía: por ende quien lo daña
ha muy mala ventura con lisonja lo engaña;
dígale su servicio, ca si un hora se ensaña
el rey, non le echará por end' de su compaña. 1100
Siempre debe el Consejo dezir al rey verdat
e siempre lo inclinar a fazer pïedat,
e todo el tiempo l' guarde non faga crueldat,
ca clemencia es en reyes muy loada bondat.
Los reyes poderosos, si catan su alteza, 1105
naturalmente se inclinan a fazer toda crüeza;
por ende han menester virtud de fortaleza
non los dejen ser caídos e guarden su nobleza.
Segunt dize Valerio, en su libro, Mayor,
la virtud que en los reyes es más noble e mejor 1110
es perdonar al caído toda culpa e error;
d'esto muchos enjiemplos nos mostró Nuestro Señor.
Amar bien a quien te ama non es de agradescer;
mas, si te alguno erró e te fue fallescer,
tú l' debes perdonar e a Dios en gracia haber, 1115
que te da tiempo e logar que así lo puedas fer.
Mucho só maravillado qu' el mundo lo defiende
quien a su señor conseja ál de lo que se le entiende,
e, si por la cobdicia en este mal se enciende,
tal consejo el rey al dïablo lo encomiende. 1120
Quien quisier consejar muy bien a su señor
conséjel' que non sea mucho acaloñador
e que a todos sea muy dulce amador;
quien ál le consejare, será lisonjador.
Por dos cosas se puede el consejo dañar: 1125
o por ira, o por queja; por ende es de guardar,
ca muchos son los homnes que se han de gobernar
por lo que cuatro o cinco hobieren de ordenar.
No m' vala Dios, amigos, si grant plazer non es
que se afine consejo por uno o dos o tres, 1130
cualquier que sea el fecho siquier sobre un tornés,
ca podrié muy aína tomar un grant revés.
Do ha muchas cabezas, ha más entendimiento:
los muchos porfïando toman mejor el tiento;
a vezes falla uno lo que non fallan ciento, 1135
nin fagan del consejo ligero espedimiento.
Sobre los grandes fechos tener luengo Consejo,
e sean los que entraren tan claros como espejo,
lisonja nin cobdicia non traigan en pellejo,
e sean bien atantos que parescan concejo. 1140
Entre todas las cosas sea siempre guardada
la grant pro comunal de la tierra lazdrada;
ca en tanto fue Roma de todos señoreada,
en cuanto así lo fizo; después, yaze abajada.
E sean con el rey al consejo llegados 1145
prelados, caballeros, doctores e letrados,
buenos homnes de villas, que hay muchos honrados,
e pues a todos tañe, todos sean llamados.
Quien del rey o del regno entendiere ocasión,
luego le aperciba e muestre su razón; 1150
segunt ley de Partida, caería en traición
el que lo encubriese un punto nin sazón.
Los reyes deben ser muy mucho avisados
de bien examinar entre los sus privados:
non amen lisonjeros, nin mucho arrebatados; 1155
si así se engañaren, ellos son los culpados.
Otrosí al Consejo deben siempre llamar
a aquellos que sopieren en tal caso fablar,
ca, segunt dizen en Francia, "mucho es de rebtar
aquel que se entremete de ánsares ferrar". 1160
Quien non sabe la cosa nin la hobo ensayado
non puede en el consejo ser mucho avisado,
e serié grant perigro e grant yerro probado
si el tal Consejo hobiese a ser llamado.
Séneca diz: «Las artes habrién buena ventura 1165
si los que las bien saben las toviesen en cura»;
ca nunca bien disputan en la Santa Escriptura
ferrero, carpintero, alfayate de costura.
Segunt diz Sant Gregorio, débese entremeter
cada uno en su arte e en su menester, 1170
ca nunca puede un filósofo, con todo su saber,
gobernar una nao nin mástel le poner.
Si quisieres fer nao, busca los carpinteros;
si quisieres zamarra, busca los pellejeros;
oficios son partidos caminos e senderos: 1175
por unos van a Burgos, por otros a Zebreros.
El buen zelo me faze en aquesto fablar:
non digo por ninguno en esto acusar,
mas por apercebir; e conviene avisar
al que ha por consejos sus fechos gobernar. 1180
Ca de tal masa somos formados, ¡mal pecado!,
que todos fallescemos, cualquier en su estado:
por ende el poderoso Señor sea rogado
que de nos emendar lo tenga en cuidado.
En todos los estados hay perigros asaz: 1185
príncipes e señores, en guerra e en paz,
este mundo los turba e muy quejados faz;
quien cuida que ha sosiego, asaz tiene de agraz.
que monta en todo el regno cuento e medio de fiel.
D'esta guisa que oídes pasa de cada día
el pueblo muy lazrado llamando "pía, pía":
«¡Dios por merced nos guarde e val Santa María!».
Non hayamos las penas que diz la profecía: 1020
segunt que David cuenta, dize Nuestro Señor:
«Por mesquindat del pobre e por el su clamor,
haberme he a levantar, e seré judgador.
Non me lo logrará quien fuere robador».
E cuenta Isaías, segunt que leeredes: 1025
«Si el huérfano guardades e la viuda defendedes,
venid, dize el Señor, pedid lo que queredes:
vuestros negros pecados blancos los tornaredes».
El que faze el contrario, ya entendedes, será:
a Dios pone en enojo, e su daño fará, 1030
e bien se pare mientes que, cuanto levará
de haber así ganado, poco lo logrará.
Escúsanse los reyes con su grant menester,
ca dizen que han carga del regno defender:
fagan como quisieren, Dios les dé a entender 1035
fazer a su servicio e a todo su plazer.
Pues ¡cómo caballeros los fazen, mal pecado!:
en villas e logares qu' el rey les tiene dado,
sobr' el pecho que l' deben, ¡otro piden doblado!
e con esto los tienen por mal cabo poblado: 1040
do moraban mil homnes, non moran ya trezientos;
más vienen que granizo sobre ellos ponimientos;
fuyen chicos e grandes con tales escarmientos,
ca ya vivos los queman, sin fuego e sin sarmientos.
E tienen para esto judíos muy sabidos, 1045
para sacar los pechos e los nuevos pedidos;
non lo dejan por lágrimas que oyan, nin gemidos;
demás, por las esperas aparte son servidos.
E aún para esto peor lo vi fazer:
en las rentas del rey suelen parte tener, 1050
por que non se les pueda el pobre defender
de les dar lo que piden o todo lo perder.
Maguer non tienen viñas, siempre suelen comprar
muchos vinos de fuera e ý los encubar;
ciertos meses del año los suelen apartar, 1055
que los beba el concejo, a como l' suelen dar.
Así es ello; cierto muchas vezes lo vi
lo que non val dinero costar maravedí,
el vino agro, turbio, muy malo, baladí,
quien pasa e lo bebe, nunca más torna ý. 1060
Conviene que lo gasten los pobres labradores,
beberlo o verterlo non les valdrán clamores;
e fagan luego pago a judíos traidores,
o lo sacan a logro de buenos mercadores.
Así como es del vino, en carne es otro tal: 1065
si el señor tiene algunt buey viejo cuïtral,
conviene que lo coman o con bien o con mal,
e luego en la mollera tienen presta la sal.
Fazen luego castillos al canto de la villa,
grandes muros e fuertes, torres a maravilla, 1070
siquiera sean altos como los de Sevilla,
por meter los mesquinos más dentro en la capilla.
Mas antes de que sea la tal obra acabada,
viene luego la muerte e dale su mazada:
parte de aquí el alma asaz envergonzada, 1075
e sotierran el cuerpo en muy peor posada.
En el su Evangelio nos dize el Señor:
«Tú non fagas injurias nin seas caloñador».
Por Dios paremos mientes de aquel fuerte temor
del día del Jüicio que espera el pecador. 1080
Todas estas riquezas son niebla e rocío;
con honras e orgullos e aqueste loco brío
échase homne sano e amanesce frío,
ca nuestra vida corre como agua de río.
Los privados del rey e los sus allegados 1085
asaz tienen de quejas e de grandes cuidados,
ca ¡mal pecado! muchos consejos son errados
por querer tener ellos los reyes lisonjados.
Cuando en el Consejo la cuestión es propuesta,
luego cata el privado a cuál cabo se acuesta 1090
la voluntad del rey, e va por esa cuesta
cuidando a su casa levar buena respuesta.
Do él cuida que gana, cuido que pierde asaz
si conseja la guerra e estorba la paz;
el que por sus pecados en tales cosas yaz 1095
algunt tiempo habrá la salsa del agraz.
El rey d'ellos se fía: por ende quien lo daña
ha muy mala ventura con lisonja lo engaña;
dígale su servicio, ca si un hora se ensaña
el rey, non le echará por end' de su compaña. 1100
Siempre debe el Consejo dezir al rey verdat
e siempre lo inclinar a fazer pïedat,
e todo el tiempo l' guarde non faga crueldat,
ca clemencia es en reyes muy loada bondat.
Los reyes poderosos, si catan su alteza, 1105
naturalmente se inclinan a fazer toda crüeza;
por ende han menester virtud de fortaleza
non los dejen ser caídos e guarden su nobleza.
Segunt dize Valerio, en su libro, Mayor,
la virtud que en los reyes es más noble e mejor 1110
es perdonar al caído toda culpa e error;
d'esto muchos enjiemplos nos mostró Nuestro Señor.
Amar bien a quien te ama non es de agradescer;
mas, si te alguno erró e te fue fallescer,
tú l' debes perdonar e a Dios en gracia haber, 1115
que te da tiempo e logar que así lo puedas fer.
Mucho só maravillado qu' el mundo lo defiende
quien a su señor conseja ál de lo que se le entiende,
e, si por la cobdicia en este mal se enciende,
tal consejo el rey al dïablo lo encomiende. 1120
Quien quisier consejar muy bien a su señor
conséjel' que non sea mucho acaloñador
e que a todos sea muy dulce amador;
quien ál le consejare, será lisonjador.
Por dos cosas se puede el consejo dañar: 1125
o por ira, o por queja; por ende es de guardar,
ca muchos son los homnes que se han de gobernar
por lo que cuatro o cinco hobieren de ordenar.
No m' vala Dios, amigos, si grant plazer non es
que se afine consejo por uno o dos o tres, 1130
cualquier que sea el fecho siquier sobre un tornés,
ca podrié muy aína tomar un grant revés.
Do ha muchas cabezas, ha más entendimiento:
los muchos porfïando toman mejor el tiento;
a vezes falla uno lo que non fallan ciento, 1135
nin fagan del consejo ligero espedimiento.
Sobre los grandes fechos tener luengo Consejo,
e sean los que entraren tan claros como espejo,
lisonja nin cobdicia non traigan en pellejo,
e sean bien atantos que parescan concejo. 1140
Entre todas las cosas sea siempre guardada
la grant pro comunal de la tierra lazdrada;
ca en tanto fue Roma de todos señoreada,
en cuanto así lo fizo; después, yaze abajada.
E sean con el rey al consejo llegados 1145
prelados, caballeros, doctores e letrados,
buenos homnes de villas, que hay muchos honrados,
e pues a todos tañe, todos sean llamados.
Quien del rey o del regno entendiere ocasión,
luego le aperciba e muestre su razón; 1150
segunt ley de Partida, caería en traición
el que lo encubriese un punto nin sazón.
Los reyes deben ser muy mucho avisados
de bien examinar entre los sus privados:
non amen lisonjeros, nin mucho arrebatados; 1155
si así se engañaren, ellos son los culpados.
Otrosí al Consejo deben siempre llamar
a aquellos que sopieren en tal caso fablar,
ca, segunt dizen en Francia, "mucho es de rebtar
aquel que se entremete de ánsares ferrar". 1160
Quien non sabe la cosa nin la hobo ensayado
non puede en el consejo ser mucho avisado,
e serié grant perigro e grant yerro probado
si el tal Consejo hobiese a ser llamado.
Séneca diz: «Las artes habrién buena ventura 1165
si los que las bien saben las toviesen en cura»;
ca nunca bien disputan en la Santa Escriptura
ferrero, carpintero, alfayate de costura.
Segunt diz Sant Gregorio, débese entremeter
cada uno en su arte e en su menester, 1170
ca nunca puede un filósofo, con todo su saber,
gobernar una nao nin mástel le poner.
Si quisieres fer nao, busca los carpinteros;
si quisieres zamarra, busca los pellejeros;
oficios son partidos caminos e senderos: 1175
por unos van a Burgos, por otros a Zebreros.
El buen zelo me faze en aquesto fablar:
non digo por ninguno en esto acusar,
mas por apercebir; e conviene avisar
al que ha por consejos sus fechos gobernar. 1180
Ca de tal masa somos formados, ¡mal pecado!,
que todos fallescemos, cualquier en su estado:
por ende el poderoso Señor sea rogado
que de nos emendar lo tenga en cuidado.
En todos los estados hay perigros asaz: 1185
príncipes e señores, en guerra e en paz,
este mundo los turba e muy quejados faz;
quien cuida que ha sosiego, asaz tiene de agraz.
lunes, 16 de mayo de 2016
Textos de Pedro Calderón de la Barca en Sueños hay que verdad son
Del auto de Pedro Calderón de la Barca Sueños hay que verdad son:
I
SUEÑO: (Canta.)
¡Dormid, dormid, mortales!
Iguales son lo que les dura el sueño.
Mortales, que en la cárcel
del mundo vivís presos,
no tan solo los yerros arrastrando,
mas también arrastrados de los yerros:
dormid, dormid, al son
de mi músico acento,
que mudas consonancias de la vida
son también las quietudes del silencio.
Dormid, dormid, no solo
hoy al descanso atentos,
sino atentos a ver qué es lo que quiere (1)
en vuestras sombras revelar el cielo.
Y vosotras, ideas
que en fantásticos cuerpos
representáis como retratos vivos
ansias y gozos a sentidos muertos,
ved que Dios, conmovido
de una virtud al ruego,
en términos nos manda que las ruinas
que el sueño destruyó, restaure el sueño.
(1) Sustituyo "pero" por sino
II
REY
Aunque a lo que has venido
no dudo que lo traigas ya sabido,
con todo, he de decirlo, por si acaso
no lo contaron bien. Este es el caso:
yo soñé que de un río a la ribera
siete vacas bellísimas salían,
y cuando de sus márgenes pacían
las esmeraldas de la primavera,
vi que otras siete de la undosa esfera,
tan flacas que esqueletos parecían,
saliendo contra ellas, consumían
la lozanía de su edad primera.
Después vi siete fértiles espigas,
lágrima cada grano del rocío,
y otras siete, que en áridas fatigas
sin granarlas abril, taló el estío,
y lidiando unas y otras enemigas,
venció lo seco con llevarlo el río.
JOSEF
Que el río jeroglífico haya sido
del tiempo, gran señor, prueba es bastante,
que siempre corre y siempre va adelante,
sin que nunca haya atrás retrocedido.
Luego es el tiempo de quien ha nacido
en espigas y vacas lo abundante,
y es el tiempo también el que, inconstante,
todo lo deja a nada reducido.
Siete fértiles años imagina
en espigas y vacas, cuyo halago
en otros siete estériles termina;
y pues te avisa el golpe en el amago,
la abundancia prevén contra la ruina
y la felicidad contra el estrago.
III
[Un ejemplo de metateatro calderoniano]
SUEÑO:
Mira en triunfal carro
cómo salvador le aclama
el pueblo, y cómo los varios
males que causaron sueños
en términos satisfago
con las ventajas que hay
desde el baldón al aplauso,
desde la miseria al triunfo,
y desde la ruina al lauro;
y, pues que ya obedecida
de mí te miras, en cuanto
a causa segunda (puesto
que es de la primera el mando),
en premio de mi obediencia,
salir de una duda aguardo.
Tú me dijiste que anda
en estos visibles rasgos
de embozo un misterio, que es
milagro de los milagros;
y así, humilde te suplico
me le adelantes en algo
que pueda ser de mi duda
arrimo, si no descanso.
CASTIDAD:
Sí haré, mas con una salva.
SUEÑO:
¿Qué es?
CASTIDAD:
Que los dos parezcamos
lo que somos; esto es,
como personas tratarnos
alegóricas, y no
reales, pues con eso es llano
que no habiendo en los dos tiempo
ni lugar, daremos paso
a que la interpolación
(como si acabara un acto
y empezara otro) nos supla
la síncopa de los años,
dando por vividos siete
fértiles, con que empezando
los estériles, verás
en el pósito o erario
del trigo, que ha recogido
de la abundancia el espacio,
cómo le reparte a pobres
y ricos, no exceptuando
personas.
SUEÑO:
Eso deseo.
CASTIDAD:
Pues ven conmigo a lo alto
del monte de la visión,
patrimonio hereditario
de Josef, pues si en él fue
Isaac, su abuelo, retrato
de quien también él lo ha sido,
justo es que convenga en ambos
el mirar desde su cumbre
cómo se pueblan los campos
de racionales hormigas
que próvidas, tras el rastro
de la paja que se lleva
el Nilo, buscan el grano;
en cuya distribución
verás que hasta a sus hermanos
socorre, sin acordarse
de que le fueron ingratos;
pues subiendo de Canaán
a Egipto..., mas no perdamos
tiempo. Ven conmigo.
I
SUEÑO: (Canta.)
¡Dormid, dormid, mortales!
Iguales son lo que les dura el sueño.
Mortales, que en la cárcel
del mundo vivís presos,
no tan solo los yerros arrastrando,
mas también arrastrados de los yerros:
dormid, dormid, al son
de mi músico acento,
que mudas consonancias de la vida
son también las quietudes del silencio.
Dormid, dormid, no solo
hoy al descanso atentos,
sino atentos a ver qué es lo que quiere (1)
en vuestras sombras revelar el cielo.
Y vosotras, ideas
que en fantásticos cuerpos
representáis como retratos vivos
ansias y gozos a sentidos muertos,
ved que Dios, conmovido
de una virtud al ruego,
en términos nos manda que las ruinas
que el sueño destruyó, restaure el sueño.
(1) Sustituyo "pero" por sino
II
REY
Aunque a lo que has venido
no dudo que lo traigas ya sabido,
con todo, he de decirlo, por si acaso
no lo contaron bien. Este es el caso:
yo soñé que de un río a la ribera
siete vacas bellísimas salían,
y cuando de sus márgenes pacían
las esmeraldas de la primavera,
vi que otras siete de la undosa esfera,
tan flacas que esqueletos parecían,
saliendo contra ellas, consumían
la lozanía de su edad primera.
Después vi siete fértiles espigas,
lágrima cada grano del rocío,
y otras siete, que en áridas fatigas
sin granarlas abril, taló el estío,
y lidiando unas y otras enemigas,
venció lo seco con llevarlo el río.
JOSEF
Que el río jeroglífico haya sido
del tiempo, gran señor, prueba es bastante,
que siempre corre y siempre va adelante,
sin que nunca haya atrás retrocedido.
Luego es el tiempo de quien ha nacido
en espigas y vacas lo abundante,
y es el tiempo también el que, inconstante,
todo lo deja a nada reducido.
Siete fértiles años imagina
en espigas y vacas, cuyo halago
en otros siete estériles termina;
y pues te avisa el golpe en el amago,
la abundancia prevén contra la ruina
y la felicidad contra el estrago.
III
[Un ejemplo de metateatro calderoniano]
SUEÑO:
Mira en triunfal carro
cómo salvador le aclama
el pueblo, y cómo los varios
males que causaron sueños
en términos satisfago
con las ventajas que hay
desde el baldón al aplauso,
desde la miseria al triunfo,
y desde la ruina al lauro;
y, pues que ya obedecida
de mí te miras, en cuanto
a causa segunda (puesto
que es de la primera el mando),
en premio de mi obediencia,
salir de una duda aguardo.
Tú me dijiste que anda
en estos visibles rasgos
de embozo un misterio, que es
milagro de los milagros;
y así, humilde te suplico
me le adelantes en algo
que pueda ser de mi duda
arrimo, si no descanso.
CASTIDAD:
Sí haré, mas con una salva.
SUEÑO:
¿Qué es?
CASTIDAD:
Que los dos parezcamos
lo que somos; esto es,
como personas tratarnos
alegóricas, y no
reales, pues con eso es llano
que no habiendo en los dos tiempo
ni lugar, daremos paso
a que la interpolación
(como si acabara un acto
y empezara otro) nos supla
la síncopa de los años,
dando por vividos siete
fértiles, con que empezando
los estériles, verás
en el pósito o erario
del trigo, que ha recogido
de la abundancia el espacio,
cómo le reparte a pobres
y ricos, no exceptuando
personas.
SUEÑO:
Eso deseo.
CASTIDAD:
Pues ven conmigo a lo alto
del monte de la visión,
patrimonio hereditario
de Josef, pues si en él fue
Isaac, su abuelo, retrato
de quien también él lo ha sido,
justo es que convenga en ambos
el mirar desde su cumbre
cómo se pueblan los campos
de racionales hormigas
que próvidas, tras el rastro
de la paja que se lleva
el Nilo, buscan el grano;
en cuya distribución
verás que hasta a sus hermanos
socorre, sin acordarse
de que le fueron ingratos;
pues subiendo de Canaán
a Egipto..., mas no perdamos
tiempo. Ven conmigo.
viernes, 26 de febrero de 2016
El spanking o azotaina
BUENA PERSONA
-¡Tío, tío! –Aquí estoy ya.
-¡Qué infamia! ¡Qué villanía!
-¿Qué tienes, sobrina mía?
-Que me ha pegado mamá.
-¿Mi hermana, di? –Sí señor.
-¿Y por qué?... ¡Dios la confunda!
-¿Algún cachete? –Una tunda
de las de marca mayor.
¡Ay tío, qué vapuleo!
¡Qué redoble! ¡Zas, zis, zas!
¡Una costilla no más
se ha librado del solfeo!
Moquetes, y… sin recato
(sentiré escandalizarte)
en salva sea la parte
desnuda, con un zapato.
¡Una que ni a los chiquillos!
Tengo los cuatro carrillos
que me están echando lumbre.
-¿Los dos? –Los cuatro.- Ya... ya...
Ahora lo adivino todo.
¿Qué has hecho que de ese modo
te ha solfeado mamá?
-Pues mirar por la familia,
ser formal. –¡Vaya un capricho!
-Mamá hace un rato me ha dicho:
“Hay que decidirse, Emilia,
tienes tres novios y no
quisiera yo que perdieres
la ocasión. ¿A cuál prefieres?”
Y entonces le dije yo:
“Si es forzoso decidir,
voy a hablarte sin empacho.
Mira: Andrés es un muchacho
como no hay más que pedir.
Su exquisita educación
y su porte distinguido
confieso que han encendido
en amor mi corazón;
gentileza y juventud
une a un talento probado,
y además es un dechado
de honradez y de virtud.
Tiene un alma generosa;
todo cuanto puede hacer
la dicha de una mujer
que consiga ser su esposa.”
-¡Me gusta que así lo alabes!
-...Y en el Tribunal de Cuentas
tiene ya dos mil quinientas
pesetas de sueldo ¿sabes?
Y, según vale, confío
que ascienda rápidamente:
es un muchacho excelente,
en fin, una ganga, tío.
Juan, en cambio, es un tunante:
botín, taurina, cafés…
y sombrero cordobés,
juergas y cañas y cante.
Siempre de toros (me irrita)
la conversación entabla:
cuando del Reverte no habla,
es para hablar del Guerrita.
Tiene fortuna corriente
y hasta escudo de nobleza.
¿Que sentará la cabeza?
¡Pero hasta que no la siente…!
El tercero es necio y tonto,
don Ramiro Pérez Mota,
un vejestorio con gota
que se morirá muy pronto.
Gasta peluca con rizos.
Es un mentecato, un lerdo
reparado del izquierdo
y lleva dientes postizos.
Además es tartajoso.
Tiene (y cada año la aumenta)
veinte mil duros de renta,
pero es lo más asqueroso.
La elección, como tú ves,
no era dudosa. Elegí...
-¡No digas más…! Entendí.
¡Al intachable, a tu Andrés!
-No, a Don Ramiro. -¿Tú... tú?
¡Casta! -¿Qué hace usted? -Ven, Casta,
mira, toma mi bambú
y renueva el vapuleo…
-¡Tío, por Dios! -¡Chilla, chilla!
¡Y te rompo la costilla
que se libró del solfeo!
Rafael María Liern (1832 – 1897)
Publicado en la revista Madrid Cómico núm. 590 del 9 de junio de 1894.
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jueves, 17 de septiembre de 2015
Góngora se defiende de los casticistas y conceptistas
I (atribuido)
¿Quién se podrá poner contigo en quintas,
después que de pintar, Quevedo, tratas?
Tú escribiendo ni atas ni desatas;
y así, haces lo mismo cuando pintas.
Poesía y pintura son distintas,
y ambas cosas en ti son poco gratas,
pidiendo tuertos ojos, cojas patas,
sátiras varias y diversas tintas.
Imita el mesmo Ovidio al mesmo Apeles;
tu pintura será cual tu poesía,
bajo los versos, tristes los colores.
Veremos en tus tablas y papeles
ser igual el poder y la osadía
de los malos poetas y pintores.
II
Anacreonte español, no hay quien os tope.
que no diga con mucha cortesía,
que ya que vuestros pies son de elegía,
que vuestras suavidades son de arrope
¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día.
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
dicen que quieren traducir al griego,
no habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
porque a luz saque ciertos versos flojos,
y entenderéis cualquier gregüesco luego.
III
Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.
Discursos de Castelar
I
Debate sobre la libertad religiosa contra el canónigo Manterola:
«Grande es Dios en el Sinaí; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande, más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios y sin embargo diciendo : "¡Padre mío, perdónales, perdona a mis verdugos, perdona a mis perseguidores, porque no saben lo que hacen!". Grande es la religión del poder, pero es más grande la religión del amor; grande es la religión de la justicia implacable, pero es mas grande la religión del perdon misericordioso; y yo, en nombre de esta religión, yo en nombre del Evangelio, vengo aquí a pediros que escribáis al frente de vuestro código fundamental la libertad religiosa, es decir, libertad, fraternidad, igualdad para todos los hombres».
II
Resume 80 años de monarquía en España:
«Señores –dijo–, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de Amadeo de Saboya, la monarquía democrática. Nadie ha acabado con ella; ha muerto por sí misma. Nadie trae la República; la trae una conspiración de la sociedad, de la Naturaleza, de la Historia. Saludémosla como el sol que se levanta».
III
Primer discurso de Castelar en la reunión electoral del Partido Liberal, Teatro de Oriente
Emilio Castelar [1]
[22 de Septiembre de 1854]
Señores:
Voy a defender las ideas democráticas, si es que deseáis oírlas. Estas ideas no pertenecen ni a los partidos, ni a los hombres; pertenecen a la humanidad. Basadas en la razón, son, como la verdad, absolutas, y como las leyes de Dios, universales. Por eso la persecución no puede ahogarlas, ni la espada del tirano vencerlas; pues antes que el tiempo desplegara sus alas, fueron escritas en libros mas inmensos que el espacio, por la mano misma del Eterno. Así, los hombres que se pierden en el Océano de la vida, los poetas que adoran lo eternamente bello, los filósofos que leen la verdad absoluta en el puro cielo de la conciencia, no hacen más que arrojarlas en ondas de luz sobre la menta del pueblo.
Yo, señores, lleno de sentimientos, si desnudo de inteligencia, me propongo reseñar los dogmas del partido democrático, ya como principios eternos de su escuela, ya como principios de aplicación práctica en las actuales circunstancias. Convirtamos un instante nuestros ojos a lo pasado. ¡Qué espectáculo, señores, tan tremendo! ¡La imprenta, ese soldado de Dios que pelea como Ayax por la luz, encadenada al pié de los tiranos; la tribuna, providencia del pueblo, sujeta al carro del vencedor; las obras del ingenio humano proscritas porque dan generoso aliento al pecho de los oprimidos; la idea oculta en el fondo de la conciencia, estallando en el cerebro sin poder alzar su vuelo y perderse en lo infinito; la fe vendida por una cartera de ministro, y la razón y la libertad llorando en ignominioso calvario.
Todos hemos presenciado el martirio de la libertad. Bravo Murillo intentó matarla con el puñal del materialismo, sin parar mientes en que las ideas son invulnerables; Esteban Collantes la insultó con sus sarcasmos; Domenech fue su Judas, pues cuando la creyó vencida; no dudo un punto en venderla a los seides del absolutismo: Sartorius escribió su epitafio como antes Donoso había escrito el evangelio de la reacción, sosteniendo que la razón y el absurdo se aman con amor invencible, que fuera de las vías católicas nada hay tan despreciable como el hombre; que el Siglo XVI con su inquisición y sus frailes, es el ideal de la sociedad; que debíamos por nobleza amar la dictadura del sable: que la humanidad es la concentración de todos los deberes y la teocracia el mas perfecto de todos los gobiernos. ¡Insensatos! No sabían que negando la libertad negaban al hombre, cuya esencia no es sin la libertad; que negando la razón negaban a Dios, cuya existencia no se comprende sin la razón... Pero hacían bien. Negando al hombre, negaban: al eterno enemigo de sus conjuraciones; negando a: Dios, negaban al aterrador espectro de sus conciencias.
(Aquí el orador empezaba hablando de la libertad de cultos; pero nos hemos visto obligados a suprimir toda esta parte del discurso, por respeto a las leyes vigentes)
Enseñad a un hereje nuestras catedrales: mostradle sus arcos sosteniendo las bóvedas sembradas de lámparas como el cielo de estrellas; la cúpula que se lanza a lo infinito y se pierde en los arreboles del aire; el santuario irradiando divina luz; las vírgenes trazadas por el pincel de nuestros artistas, subiendo al empíreo en atas de los ángeles, cuyo pecho agita el soplo del amor divino; los doctores leyendo eternamente la verdad absoluta en sus libros de piedra; los héroes descansando en los sepulcros, sobre cuya losa se cierne la bienaventuranza: hacedle oír las notas del órgano que como rocío de vida anima estatuas y columnas; el cántico del sacerdote, que parece eco perdido de las armonías que forman las esferas: y bien pronto flaquearán sus rodillas, se estremecerá su conciencia, cayendo de hinojos ante la realidad de un Dios que se revela bajo los tres eternos atributos de la divinidad, que son la virtud, la ciencia y la hermosura. Condenarle a no ver tanta maravilla, es lo mismo que arrancar los ojos al ateo para que no mire al cielo.
Señores: Para hacer nuestra revolución verdaderamente popular, es necesario que consagremos de una manera absoluta los derechos del pueblo. Señores, no es mi propósito desencadenar las pasiones, ni mi objeto oponerme a la triunfal carrera del gobierno; pero si me lo permitís, hablaré con la prudencia que cumple a la libertad de mi sentir respecto a los gobiernos doctrinarios. Hace ya largos años que un hombre encerrado en el secreto santuario de su propia conciencia, se propuso regenerar el mundo científico, abriéndole horizontes infinitos. Este hombre se llamaba Descartes. El demostró que la humanidad era al mismo tiempo objeto y sujeto de la ciencia, y que debemos reconocer por único criterio científico la razón, cuyo destino es herir a la autoridad, como el rayo del cristianismo hirió los ídolos del Capitolio. Estas ideas descendieron bien pronto de la mente del filósofo a la conciencia del pueblo; porque la Providencia difunde con su divino soplo en los entendimientos los principios salvadores que han de regenerar a las naciones. Entonces, entre el principio basado en las leyes del tiempo y el principio basado en las leyes de la razón, se entabló una contienda que pone espanto en el ánimo; pero no olvidéis que se desencadenan en la historia tempestades necesarias, que agitan horriblemente la atmósfera, sin romper por eso la cadena que une a la tierra con los mundos. Entonces el pueblo pro¬nunció en su triunfo esta palabra, que no han podido borrar nunca los gobiernos: Per me Reges regnant. El antiguo principio de autoridad subió sin comprender su ruina del sólio del poder al sólio del cadalso; mas después, por razones que no es del momento referir, se firmó un pacto entre la autoridad vencida y el pueblo vencedor, pacto que ha sellado generosa y noble sangre. Pero este pacto ha sido mil veces rasgado, y no es parte a salvarlo la espada de la fuerza, pues lo aniquila hoy la espada de la justicia. Y si no, poned frente a frente dos principios antitéticos por naturaleza, y veréis como son contradictorios por consecuencia. El principio de autoridad solo luce el día de la reacción, como el principio de la libertad solo luce el día de las revoluciones. Cuando triunfa el primero, condena a su contrario al ostracismo, pone mordazas en sus labios, grillos en sus plantas, lo arrastra por el Iodo, fabrica para él sus cárceles y le asesina con la espada de la dictadura. Cuando triunfa el segundo, suele ser, como en la revolución de julio hemos visto, más generoso con su enemigo, porque es más fuerte. ¿Por qué, me diréis, el principio reaccionario es tan tenebroso, y el principio liberal tan sublime? Porque el primero es un principio muerto, que si respira, respira el mefítico aire de las tumbas: y el segundo es un principio lleno de vida, puesto en el trono de la humanidad por la inflexible lógica de Dios, que se manifiesta centellante en la historia.
Esto mismo explica cómo en algunas épocas instituciones sagradas, venerandas, caen en manos de ciertas personas que afrentan a los siglos y manchan a los pueblos. Los hombres no son mas que puras formas do las ideas. Cuando una idea generosa y levantada, como la idea liberal, agita la conciencia de la humanidad, y se presenta a recoger los trofeos de su victoria, tiene poder para sacar centellas de misteriosa luz de los abismos del tiempo y del seno de la conciencia, y Rousseau y Kant son sus profetas; Mirabeau, Verngiaud sus sacerdotes; Andrés Chernier y Byron sus cantores; madama de Stael y de Rollaud sus heroínas; y Hoche y Napoleón son sus soldados; pero cuando una idea condenada por Dios como la idea absolutista, se empeña en vivir entre los hombres, sus símbolos se llaman Carlos IV, Fernando VII, Fernando de Nápoles y Napoleón el chico.
Señores la revolución no puede ser popular si el sufragio no es amplio; mejor diré, si no es completo. Dicen que el pueblo no conoce sus derechos. ¡Ay! el jornalero que abandona su hogar, desoye el lloro de mujer y de sus hijos, únicos lazos que le atan a la tierra, se lanza a la calle ofreciendo desnudo pecho al plomo asolador del despotismo, lucha con denuedo y muere con gloria, el pueblo siempre esclavo, ¿se verá halagado el día tremendo de las contiendas sangrientas, y vilmente proscripto el día feliz de las contiendas legales?
¿Su voz no ha de resonar sino entre el estruendo de las fraticidas armas, y su majestuosa figura no ha de lucir sino al pálido resplandor de las hogueras? El pueblo da su vida por la libertad pero no puede dar por la libertad su voto; ¡qué sofisma!
Dicen que no es ilustrado; no lo creáis. Si no temiera cansaros, desenvolvería una teoría a mi entender lógica y razonable; pero renuncio a ello por el temor de seros inoportuno. El señor Castelar: No tengo derecho a distraer por tanto tiempo la atención del auditorio. Señores, la humanidad es como él hombre. Tres facultades intelectuales descubrimos en el hombre; la sensibilidad que le relaciona con el mundo exterior; la inteligencia, esfera donde se forman las nociones; y la razón, último extremo de nuestras facultades, hermoso templo de las ideas.
A estas tres facultades pertenecen tres periodos históricos. Cuando la sensibilidad predominó en los pueblos, el feudalismo los cautivó amedrentándolos con su tajante espada y deslumbrándolos con su colosal poder; pero cuando la inteligencia dominó a la sensibilidad, la tiranía perdió su fuerza, los magnates perdieron sus fueros, y el trono, institución veneranda, institución antiquísima, concentró en sí todos los derechos; hasta que la razón, soberana del mundo, levantó el pueblo al absoluto ejercicio de la soberanía que por derecho le corresponde. Señores: ¡el pueblo del siglo XIX no es ilustrado! Eso es mentira. Ese pueblo tiene por cetro el rayo, por mensajero el relámpago. Ese pueblo mandó un día en la Convención que la victoria le obedeciera, y le obedeció la victoria. Ese pueblo ha recibido la herencia de todos los siglos, y ha reconquistado con la fuerza de sus ideas la completa serie de todos sus derechos; ese pueblo, en fin, ha visto los fantasmas de lo pasado caer trémulos de espanto a sus pies pidiendo un ósculo de paz.
Necesita educación, ¡quién lo duda! He aquí, señores, el instante oportuno para hablar libremente de la libertad de enseñanza. Yo la admito como principio absoluto, yo la rechazo hoy como principio de aplicación. Señores, no dudareis que la Francia nos ha precedido en muchos periodos de civilización, aunque después haya abandonado vergonzosamente su gloriosa obra. ¿Sabéis, pues, quién defendía en Francia la libertad de enseñanza? La defendía Montalembert. ¿Sabéis quién atacaba en Francia la libertad de enseñanza? La atacaba Víctor Hugo. El mismo programa que estamos discutiendo ha comprendido esta verdad al pedir que la enseñanza sea gratuita, pues si es gratuita no puede ser libre, y si es libre no puede ser gratuita; porque ¿con qué derecho forzaríais al hombre que necesita del trabajo para vivir a que enseñase gratuitamente? Entonces el pobre pueblo, ese rey sin corona, caería en las tinieblas de la ignorancia, y de consiguiente en las cadenas de la esclavitud. Hoy las nuevas inteligencias que se despiertan a la triste lucha de la ida, deben ser educadas por el Estado y para el Estado. De otra suerte, la enseñanza vendría a parar a nuestros enemigos, y nuestros enemigos, de seguro, no le dirían al pueblo que son soldados de su inmortal cruzada el divino Homero, creador de los Dioses; Esquilo, que desafiaba a los tiranos en el campo y en la escena; Sófocles, que cantó las miserias de los reyes; el justo Sócrates; el angelical Platón; y el triste Lucrecio; no le recordarían, no, que la libertad cuenta entre sus cantores al Dante, entre sus apóstoles a Santo Tomás, y entre sus mártires a Dios.
Señores: Toda libertad no puede existir sin que tenga por límite otra libertad. Así es que la libertad de enseñanza podrá realizarse cuando la libertad de cultos sea completa, cuando la libertad de imprenta sea absoluta; y aquí, señores, llamo vuestra atención. La imprenta que, entre nosotros es una organización, un poder, debe perder esa forma, porque los poderes nos abruman. Sus ideas deben ser consideradas como ideas individuales; así, señores, la imprenta no tendrá fuerza para derribar a los gobiernos. Esto sucede en todos los pueblos libres. En Inglaterra la imprenta dice todo lo decible del gobierno sin que la sociedad se conmueva; en los Estados Unidos la imprenta sostiene todo lo sostenible contra el presidente, sin que el presidente caiga. Aquí, señores, mientras la imprenta tenga fuero propio, mientras preste un depósito, será, fuerza es decirlo, será una aristocracia; y tened entendido que siendo de esta forma, la aristocracia del capital representa por lo mismo a la mas temible y a la menos gloriosa de todas las aristocracias. Señores, yo, por ejemplo, puedo tener la cabeza llena de ideas levantadas, y el corazón rebosando en generosos sentimientos; pero como soy pobre, como no tengo dos mil duros para un depósito, me arrastraré en la impotencia y moriré en el olvido.
Señores: Solo el partido democrático puede llevar a su cima nuestra gloriosa revolución. Todos los principios que le han servido de bandera forman nuestros dogmas y nuestros principios. Yo le diría al partido progresista: ¿Qué quieres? ¿Soberanía del pueblo? Pues cédenos el puesto, porque nosotros queremos esa soberanía con todas sus lógicas consecuencias; porque nosotros damos al pueblo por corona el derecho, y por cetro la ley.
¿Economías'? Nadie sino el partido democrático puede salvaros de la bancarrota que os amenaza, porque el partido democrático, con su abnegación, realizará profundas economías sin lastimar, por eso el crédito del país, sin oponerse a todos los derechos, que son sagrados. ¿Libertad? Nosotros la alzaremos, en nuestros brazos, sin límites que la nieguen; sin barreras que la detengan, sin instituciones que la limiten. He aquí por qué la unión que proclamáis es viciosa: y esta es, la ocasión de hablar cuatro palabras sobre la encomiada unión liberal, que aquí se ha tratado de una manera lastimosa.
Las ideas no se unen, porque entre ideas opuestas no debe haber lógicamente armonía; los partidos no se unen, porque el partido que renuncia a sus ideas es apóstata. El antiguo partido liberal, por mas esfuerzos que haga, está ya muerto. Ha puesto en práctica toda la serie posible de sus ideas, y no ha podido después, señores, ni por breve espacio sostenerlas. Hoy dice que olvidemos el pasado. Un partido viejo, un partido decrépito, renuncia a la historia que debiera ser hoy su único título a la consideración de las gentes. Señores, tres Constituciones ha dado el partido liberal; la Constitución del 12, que enaltecía el principio de libertad; la Constitución del 45, que enaltecía el principio monárquico; y la Constitución del 37, término medio entre estos dos puntos extremos. Ahora bien: la Constitución del 12, que corrió azares de varia fortuna, fue rasgada por los hombres que la habían apoyado con sus ideas y defendido con su sangre: la Constitución del 37 ni fue respetada ni fue temida, y no la valió el instinto de prudencia que había presidido a su elaboración y nacimiento para libertarla, de los tremendos golpes, que ocasionaron su muerte; y la Constitución del 45, que la suprema inteligencia del partido moderado había compuesto, fue arrastrada sin piedad por sus prohombres, y conducida al abismo de su perdición por sus mismos autores. El partido liberal, está, pues, muerto; ya no hay ni puede haber en su corazón sentimientos; ya no hay ni puede haber en su cerebro nuevas ideas. Si avanza, es nuestro el triunfo; si retrocede, el triunfo es del absolutismo. ¡Qué elija! Señores: Todos dicen que nuestra patria camina a la retaguardia de la civilización. No lo creáis. España está destinada a ponerse a la cabeza del mundo. En su privilegiado suelo, bajo ese hermoso horizonte que sonríe como un ángel de paz, debe ensayar las grandes ideas que mas tarde han de realizarse en todos los pueblos de la tierra. ¿Quién puede poner en duda este privilegio, cuando Portugal nos tiende sus brazos, cuando estamos en el deber de realizar, no la unión de los partidos, sino la unión de los pueblos?
Hoy somos los soldados de la libertad, y, por consecuencia los soldados de Dios. Los individuos ensayan en sus conciencias ideas que aplican a los pueblos; los pueblos ensayan en su conciencia ideas que aplican a la humanidad. El sol, pues, el sol, sujeto en otro tiempo a iluminar eternamente nuestro suelo, bendice hoy con sus rayos de oro la bandera de nuestra victoriosa revolución, que hace estremecer de gozo a los oprimidos. Somos la nación salvadora. Si no, tended los ojos conmigo por Europa. Inglaterra ha comerciado con la libertad; Francia, levantando a los pueblos de su postración, los ha vendido en el amargo día que mas necesitaban de su espada; Alemania ¡parece imposible! Alemania, que ha pretendido la confederación universal de todos los pueblos; que ha elevado en alas de la libertad del pensamiento a todas las inteligencias a las últimas esferas de la filosofía; Alemania, patria de Schiller y de Hegel, es hoy esclava de Juliano el apóstata.
La democracia es antigua, muy antigua en nuestro suelo. Nuestros pueblos de la edad media entendían el derecho de petición mejor que lo entienden los liberales de nuestros días.
¿Sabéis donde está nuestro porvenir? Nuestro porvenir está en África. Allá deben ir nuestros ejércitos permanentes a ganar sus grados.
No olvidéis que fuimos un día pueblo civilizador. Nosotros llevamos la civilización a la América. Verdad es que América fue ingrata; pero los pueblos tienen que ser ingratos con los pueblos, para ser agradecidos con la humanidad. Un día recorrió España a la sombra del Trono, el espacio que separa Covadonga de Granada; se lanzó a lo infinito, y nuevos mundos le tributaron homenaje; pobló los mares con innumerables escuadras que merecieron tener por enemigo la cólera de Dios: que no otro pudiera vencer a la invencible. Levantó el Escorial, símbolo de nuestras instituciones, padrón de nuestras artes. ¿Pues por qué ahora con progresos mas grandes no hemos de alcanzar días mas felices?
Señores: voy a concluir, estoy muy fatigado y el auditorio lo estará también. Señores, algún día irán nuestros hijos a registrar en las páginas de la historia los colosales poderes que han vivido en apartados siglos, y les causará el espanto y la admiración que a nosotros nos causan las pirámides de Egipto; y en su espanto no sabrán que admirar mas, si la inmensa grandeza de esos poderes, o la afrentosa esclavitud de sus progenitores.
Señores: Pidamos que se realice la fraternidad entre todos los hombres, y la fraternidad entre todos los pueblos, porque todos nos encaminarnos a una patria que es el cielo. Pidamos que se realice en todas sus aplicaciones la verdad cristiana; que la Justicia sea el sol de nuestras esferas sociales; que las clases menesterosas reciban el pan de la inteligencia, no del Estado sino de la libertad de su trabajo. El trabajo, señores, que es a la propiedad lo que el cincel de Fidias es al mármol, debe recibir de la justicia la debida recompensa. En fin, señores, pidamos a Dios que Inglaterra sea verdaderamente aliada de la libertad; que Alemania, mente del mundo, nos revele nuevos misterios de la ciencia, nuevos secretos del arte; que Francia sacuda su letargo y vuelva a ser el tribuno de los pueblos; que Hungría y Polonia rasguen sus túnicas de esclavas, y que Italia, esa prodigiosa artista que regala con dulces armonías el sueño de sus señores, se levante herida de sus recuerdos y recoja del suelo la rota lanza de Bruto y Cincinnato; porque con ideas tan grandes, y con tan denodados guerreros, el triunfo de la libertad será, sí eterno.
He dicho.
EMILIO CASTELAR
1875.
[1] Nota de Castelar:
(He aquí mi primer discurso. En él se ve toda la inexperiencia de los veintiún años. Además, el día mismo que pronuncié este discurso llegué de un viaje. Un amigo me anunció la reunión del Teatro Real, que yo ignoraba. Encaminé allí mis pasos, y para hablar, solo pedí inspiración a mi amor por la libertad. Las primeras palabras fueron recibidas con un rumor sordo de desaprobación y de disgusto, pues el público estaba cansado, y era ya muy avanzada la hora. Mas a los pocos minutos comenzó ese entusiasmo que se desahogaba en aplausos, en aclamaciones, y que me interrumpía a cada instante, no dejándome con la conmoción profunda que llevaba a mi animo tan inesperada felicidad, ni tiempo siquiera para coordinar mis ideas, Solo así se explica que cometiera yo la inconsecuencia de atacar la libertad de enseñanza, que es parte integrante de la libertad, una en esencia. Ese error doctrinario prueba que yo solo escuchaba mi propio corazón, y de ninguna suerte había hecho el trabajo de sistematizar mis ideas. Hoy cuento entre las primeras libertades la libertad de enseñanza, y quiero él derecho íntegro y único, el derecho que es la encarnación de nuestra alma en la sociedad. Además, como yo no había pensado nada, no había reunido mis ideas; y saltaba de flor en flor, de pensamiento en pensamiento, arrebatado en alas de la tempestad de entusiasmo que me cercaba por todas partes. En muchas ocasiones iba a concluir, el público no lo consentía. Por consiguiente, este discurso se resiente de las circunstancias en que fue pronunciado y de la falta de unidad y de sistema en mi pensamiento.
Pero no puedo menos de recordar con gratitud lo que fue para mí aquel público, y lo que fue para mi toda la prensa. En un día me crearon un nombre que suele ser el resultado de muchos afanes, de muchos dolores, de larguísimos esfuerzos. Los innumerables periódicos que se publicaban en España a la sazón, reprodujeron mi discurso; llevaron mi palabra a las aldeas mas humildes, dijeron de mi mucho más de lo que merecía, y me crearon un nombre, empeñándome en trabajos superiores a mis fuerzas para corresponder a sus favores. La única manera con que podré expresar lo que pasaba mi alma, será reproduciendo integra la carta que dirigí a casi toda la prensa de Madrid en aquellas graves y solemnes circunstancias, carta que no desmentido ni en un tilde. Puedo asegurar hoy a mis compañeros de la prensa, que en las polémicas diarias, en el ardor de los combates, no he olvidado nunca las promesas de cariño, de amistad, guardadas en esta carta.
«Señores redactores de La Europa, El Miliciano, La Época, El Tribuno, El Esparterista, Las Cortes, La España, La Nación, El Voto Nacional, La Iberia, El Siglo XIX, La Unión Liberal, El Clamor, El Diario Español, Las Novedades, etc. etc.»
Muy señores míos: Las pruebas innumerables de aprecio que recibo de la prensa periódica, me fuerzan a mostrar mi gratitud, que no puedo de manera alguna encarecer. Llamar por un instante la atención de la prensa, es un premio que apenas acierto a creer; pero llamarla de manera para mí tan grata, es felicidad que jamás soñó en sus ilusiones mi deseo.
Yo espero que, desimpresionado el ánimo de los que me oyeron, ya por el tiempo, ya por la publicación de mi discurso, volveré a perderme en el olvido. De todos modos, estimo de mi deber manifestar, en pro de la santa causa de la libertad, que jamás se vio abnegación mas admirable, cuya grandeza sube de punto cuando se considera que recae en un joven oscuro y desvalido. Los hombres de altos merecimientos y las nuevas inteligencias, llenas de sublimes aspiraciones, que han servido a la revolución con sus ideas y con su sangre, no dudan un momento en ceder un puesto entre ellos al joven que no encuentra en su conciencia ni en su conducta mérito alguno que le haga acreedor a tan grandes distinciones. Señores redactores, yo creo que vuestros aplausos son un tributo de justicia pagado a la idea regeneradora que se adelanta majestuosamente a recoger los trofeos de la victoria. He consagrado a la libertad mi vida, y nunca retrocederé en este mi propósito. No serán bastante a hacerme ceder ni la envidia, porque me estimo en tan poco que nunca creo pueda yo inspirarla, ni la malicia que no entiendo, ni el odio, porque, cristiano de corazón y educado en la desgracia, he aprendido a amar a mis enemigos.
Creo que la juventud debe, para alentar a las naciones, traer en su razón una idea mas progresiva que las ideas adoradas por los hombres de la generación que al presente se agita, y que a su vez lucharon ardorosos con lo pasado; porque de otra suerte no puedo entender a que nos ha Dios despertado del sueño de la nada. Recibí de Dios, como todos, mi pobre inteligencia, y la recibí, aunque pobre, para la humanidad. Pienso conservarla sin mancha, para que no se aparte de su origen, y consagrarla a la democracia, para que no falle a su objeto. He ahí explicada con lealtad, con franqueza mi conducta. Señores redactores, conservaré siempre vuestros nombres en mi memoria. Debo agradecer vuestros elogios, por lo mismo que no creo merecerlos. A los periódicos de mis ideas les ofrezco mi inteligencia; a todos mi corazón. Es en verdad muy corto tal presente; pero es infinita mi voluntad e inmensa mi gratitud. Adiós, señores redactores; recibid el afecto de este vuestro S. S. Q. B. V. M.
E.C.)
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