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viernes, 31 de enero de 2025

Vande Mataram / Te alabo, madre patria, poema nacional de India / Bharat

  Te alabo, Madre Patria

Es un poema escrito en sánscrito bengalí por Bankim Chandra Chatterjee en la década de 1870. Se considera el poema nacional de Bharat / India junto con el himno nacional.


¡Madre, me inclino ante ti!

Rica con tus rápidos arroyos,

brillante con los destellos de tu huerto,

fresca con los vientos del deleite,

que ondean los campos oscuros, madre poderosa,

madre libre.


Gloria de sueños a la luz de la Luna,

sobre tus ramas y arroyos señoriales,

vestida de árboles florecientes,

madre dadora de consuelo,

que ríe suave y dulcemente.

Madre, beso tus pies,

oradora dulce y suave;

madre, ante ti me inclino.


¿Quién ha dicho que eres débil en tus tierras,

cuando las espadas destellan en setenta millones de manos,

y setenta millones de voces rugen

tu nombre terrible de orilla a orilla?

Eres con mucho la más poderosa y fuerte.

¡A ti te invoco, madre y señora!

¡Tú que salvas, levántate y sálvame!

Clamo a aquella que expulsó a sus enemigos

de la llanura y el mar

y se liberó.


Tú eres sabiduría, tú eres ley,

tú eres corazón, alma, aliento nuestro;

tú eres el amor divino, el temor

que conquista a la muerte en nuestros corazones.

Tuya es la fuerza que anima el brazo,

tuya la belleza, tuyo el encanto.

Cada imagen divina

en nuestros templos es solo tuya.


Tú eres la diosa Durgá, señora y reina,

de manos que golpean y de espadas brillantes,

Tú eres la diosa Kámala (Lakshmí), en su trono de loto,

y la diosa Sarasvati, que otorga el saber conocido,

pura y perfecta sin par,

madre que presta su oído,

rica de apresurados arroyos,

brillante con los destellos de tu huerto,

de tono oscuro, ¡oh cándida y bella!


En tu alma, el cabello enjoyado

y la sonrisa divina gloriosa,

¡eres la más hermosa de todas las tierras terrenales,

que ofrecen riqueza bien guardada de manos!

¡Madre, madre mía!

¡Madre dulce, me inclino ante ti,

madre grande y libre!

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Amor eterno, Rabindranath Tagore

 El poema favorito de Audrey Hepburn era de Rabindranath Tagore,  y lo recitó su amigo Gregory Peck durante su funeral. Doy una traducción y el texto original

I

Unending Love – Amor eterno


Te amé de tantas maneras y de tantas formas,

de vida en vida, de época en época,

Siempre…


Mi corazón hechizado,

hizo una y otra vez un collar de canciones

que tomaste como un regalo

y usaste alrededor de tu cuello,

a tu modo y de tantas formas,

de vida en vida, de época en época,

Siempre…


Donde quiera que escucho

las viejas historias de amor,

su antiguo dolor y ese viejo cuento

de estar juntos o separados,

me detengo y una y otra vez

miro al pasado y al final de todo,

emerges tú

revestida con la luz de una estrella polar,

traspasando la oscuridad del tiempo,

y te conviertes en una imagen

que recordaré por siempre.


Tú y yo flotamos aquí,

en la corriente de un corazón lleno de amor

de uno por el otro.

Jugamos al amor

al lado de millones de amantes,

hemos compartido la tímida dulzura

del primer encuentro,

las mismas lágrimas de angustia

en cada despedida.


El viejo amor,

el que se renueva una y otra vez,

Siempre…


Hoy, este amor está a tus pies,

encontró su morada en ti.


Ese amor,

el amor cotidiano de todos los hombres,

el amor del pasado, el amor de siempre,

el regocijo universal, la pena universal,


la Vida misma,

la memoria de todos los hombres,

las canciones de todos los poetas

del pasado y de siempre,

se funden en este Amor,

que es el Nuestro.


II

Unending Love

Rabindranath Tagore


I seem to have loved you in numberless forms, numberless times…

In life after life, in age after age, forever.

My spellbound heart has made and remade the necklace of songs,

That you take as a gift, wear round your neck in your many forms,

In life after life, in age after age, forever.


Whenever I hear old chronicles of love, its age-old pain,

Its ancient tale of being apart or together.

As I stare on and on into the past, in the end you emerge,

Clad in the light of a pole-star piercing the darkness of time:

You become an image of what is remembered forever.


You and I have floated here on the stream that brings from the fount.

At the heart of time, love of one for another.

We have played alongside millions of lovers, shared in the same

Shy sweetness of meeting, the same distressful tears of farewell-

Old love but in shapes that renew and renew forever.


Today it is heaped at your feet, it has found its end in you

The love of all man’s days both past and forever:

Universal joy, universal sorrow, universal life.

The memories of all loves merging with this one love of ours –

And the songs of every poet past and forever.

martes, 20 de febrero de 2007

La nube mensajera, de Kalidasa

En la India antigua florecieron grandes poetas y dramaturgos como Kalidasa. Uno de sus poemas más famosos se llama Meghaduta, “La nube mensajera”. “Megha” quiere decir nube y “duta” mensajero. Compuso su poema en sánscrito, lengua sagrada de la India en la que se ha compuesto una parte sustancial de sus textos literarios, religiosos y filosóficos. En este poema, un semidiós yaksha, Meghaduta, encargado de cuidar los lotos de oro de un estanque encantado, abandona una noche su tarea para reunirse con su amada. En su ausencia entran unos elefantes y destruyen las flores. En consecuencia, los dioses lo destierran como castigo y, alejado de su esposa y su hogar, pide a una nube que lleve un mensaje a su amada mujer al comienzo de la temporada de lluvias; en este poema se van describiendo todos los caminos que esta debe seguir.


Nube abrigada de viento,
tú que eres libre, lleva noticia de mí a mi esposa,
de quien los irritados dioses me han arrancado.

Ve a la ciudad de Alaka, do viven los yakshas;
una ciudad de palacios blancos so refulgente luna.


Que las mujeres que encuentres, nube, 
y alcen cabezas de ondulantes y bellas trenzas, te vean corriendo el camino del viento.

De golpe soplará suave una brisa que susurrar hará a las ramas arbóreas. Mira: los pájaros te rinden vasallaje, nube magnífica; te consideran reina de los aires.

Cuando llegues a Avanti, pósate en esa ciudad
parte del cielo sobre la tierra; soplan allí aires perfumados
llenos de canto de pájaros que alegran los sentidos
y languidecen a las mujeres cual si anduviesen enamoradas.

En esta ciudad verás bazares espléndidos atestados de joyas:
diamantes enormes rodeados de perlas,
esmeraldas del resol del mar y miles de pedacitos de coral
que han dejado exangüe el mar de preciosa pedrería.

Llegarás a la ciudad de Alaka, a cuyos pies el Ganges
se extiende como tapiz de lapislázuli.
Se halla cubierta de nubes oscuras de las que cae lluvia
como perlas desprendidas de la cabellera de una mujer.

En el palacio de Alaka, las mujeres llevan lotos en las manos
y flores en sus cabellos recién cortadas.
Allí no existen tinieblas porque la luna brilla eterna para siempre.


Los dioses, abrazando los cuerpos de sus mujeres,
se pasean por brillantes terrazas alumbradas de estrellas
y los yakshas se pasean con las hijas de los dioses por jardines enaromados.


Allí, nube, verás mi casa: bajo árboles cargados de flores
a la vera de un estanque al que baja una escalinata de piedras preciosas; está cubierto de lotos de oro y rodeado de flamencos que te esperan como amiga.


Allí verás a mi esposa joven y bella, de mirada triste y pechos prominentes. La dio al mundo Brahma como modelo de las otras.

La verás como flor abandonada, sola y triste porque su esposo no está con ella. Sus ojos rebosan lágrimas, y su rostro, escondido entre cabellos despeinados, 
será como la luna cuando la oscureces con tu masa negruzca.

Entonces, nube, transmítele mi mensaje,
la hallarás en su lecho tendida, llorando, enflaquecida como luna menguante,
suspirando y buscando sueño, imaginando que recibe mis besos.


Al verla derramarás gotas de lágrimas y verás entonces cómo tu presencia abre sus ojos a flores de loto semejantes.


Si duerme, nube, acércate a ella y respeta su sueño, no interrumpas su ilusión, en la que tal vez cree apoyar su cabeza entre mis brazos.


Pero, en cuanto despierte con la brisa dulce de las gotas de agua, déjala oír los susurros que tus palabras serán, y dile:


"Tu esposo no ha muerto: vive en una ermita y piensa en ti todo el tiempo".