martes, 23 de enero de 2024

Liberté / Libertad, poema de Paul Éluard

 «Un hermoso pájaro me muestra la luz

Que aparece claramente en sus ojos

Un pájaro que canta sobre la bola de muérdago

En medio del sol…»

PE


«Libertad»


En mi cuaderno escolar

en el pupitre y los árboles

en la arena y en la nieve

tu nombre escribo

En las páginas leídas

en las páginas aún blancas

piedra papel sangre o ascuas

tu nombre escribo

En las doradas imágenes

en los pertrechos guerreros

en la coronal real

tu nombre escribo

En la jungla y el desierto

en los nidos de las cumbres

en el eco de mi infancia

tu nombre escribo

En los asombros nocturnos

en el pan blanco del día

en las épocas del año

tu nombre escribo

En mis jirones de azul

en la charca sol mohoso

en el lago luna viva

tu nombre escribo

En los campos y horizontes

en las alas de las aves

en el molino de sombras

tu nombre escribo

En el alba a bocanadas

en el mar en los navíos

en la montaña demente

tu nombre escribo

En la espuma de las nubes

en el sudor de tormenta

en la lluvia densa y sosa

tu nombre escribo

En formas que son centellas

en campanas de colores

en la física verdad

tu nombre escribo

En los senderos despiertos

en las rutas desplegadas

en las plazas desbordantes

tu nombre escribo

En la lámpara encendida

en la lámpara apagada

en mis casas reunidas

tu nombre escribo

En la fruta dividida

del espejo y de mi cuarto

en mi cama concha abierta

tu nombre escribo

En mi perro ávido y tierno

en sus orejas alzadas

en su pata desmañada

tu nombre escribo

En mi puerta trampolín

en las cosas familiares

en el fuego bendecido

tu nombre escribo

En toda carne acordada

en la frente del amigo

en cada mano tendida

tu nombre escribo

En el cristal del asombro

en los labios entreabiertos

por encima del silencio

tu nombre escribo

En mis refugios destruidos

en mis faros derrumbados

en los muros de mi hastío

tu nombre escribo

En la ausencia sin deseos

en la soledad desnuda

en las gradas de la muerte

tu nombre escribo

En la salud recobrada

en el peligro que huye

en la esperanza sin anclas

tu nombre escribo

Y el poder de una palabra

me hace volver a la vida

nací para conocerte

y nombrarte

libertad.


Paul Eluard


De: «Poesías y verdades» – 1942

Traducción de Jesús Munárriz


Poema original en francés


«Liberté»


Sur mes cahiers d’écolier

Sur mon pupitre et les arbres

Sur le sable de neige

J’écris ton nom


Sur les pages lues

Sur toutes les pages blanches

Pierre sang papier ou cendre

J’écris ton nom


Sur les images dorées

Sur les armes des guerriers

Sur la couronne des rois

J’écris ton nom


Sur la jungle et le désert

Sur les nids sur les genêts

Sur l’écho de mon enfance

J’écris ton nom


Sur les merveilles des nuits

Sur le pain blanc des journées

Sur les saisons fiancées

J’écris ton nom


Sur tous mes chiffons d’azur

Sur l’étang soleil moisi

Sur le lac lune vivante

J’écris ton nom


Sur les champs sur l’horizon

Sur les ailes des oiseaux

Et sur le moulin des ombres

J’écris ton nom


Sur chaque bouffée d’aurore

Sur la mer sur les bateaux

Sur la montagne démente

J’écris ton nom


Sur la mousse des nuages

Sur les sueurs de l’orage

Sur la pluie épaisse et fade

J’écris ton nom


Sur les formes scintillantes

Sur les cloches des couleurs

Sur la vérité physique

J’écris ton nom


Sur les sentiers éveillés

Sur les routes déployées

Sur les places qui débordent

J’écris ton nom


Sur la lampe qui s’allume

Sur la lampe qui s’éteint

Sur mes maisons réunies

J’écris ton nom


Sur le fruit coupé en deux

Du miroir et de ma chambre

Sur mon lit coquille vide

J’écris ton nom


Sur mon chien gourmand et tendre

Sur ses oreilles dressées

Sur sa patte maladroite

J’écris ton nom


Sur le tremplin de ma porte

Sur les objets familiers

Sur le flot du feu béni

J’écris ton nom


Sur toute chair accordée

Sur le front de mes amis

Sur chaque main qui se tend

J’écris ton nom


Sur la vitre des surprises

Sur les lèvres attendries

Bien au-dessus du silence

J’écris ton nom


Sur mes refuges détruits

Sur mes phares écroulés

Sur les murs de mon ennui

J’écris ton nom


Sur l’absence sans désir

Sur la solitude nue

Sur les marches de la mort

J’écris ton nom


Sur la santé revenue

Sur le risque disparu

Sur l’espoir sans souvenir

J’écris ton nom


Et par le pouvoir d’un mot

Je recommence ma vie

Je suis né pour te connaître

Pour te nommer

Liberté.

sábado, 13 de enero de 2024

José Joaquín Benegasi de Luján. Sobre la independencia al escribir

Aconseja a un amigo que hacía versos deje de frecuentar las casas de los señores


Don Juan mío, la mucha introducción

en casa de un señor nunca está bien.

No debes olvidar el ten con ten,

si quieres conservar la estimación.


Hoy soneto, mañana relación

y tener que decir a todo amén,

es querer exponerte a que te den

el célebre destino de bufón.


Mira lo que hago yo, pues, aunque a mí

honras vienen, amigo, honras van,

jamás en las visitas excedí.


Mira todas las cosas cómo están,

mira tu calidad, mírate a ti

y, en fin, que pierdes lo que no te dan.


José Joaquín de Benegasi y Luján

sábado, 6 de enero de 2024

Miserere. El más célebre salmo penitencial de David, el LI

El famoso salmo penitencial, el número LI según el cómputo hebreo, y quincuagésimo (L) según los Setenta, la traducción al griego llamada en latín Septuaginta, el Miserere que musicó Gregorio Allegri en el siglo XVII y copió de oído Mozart en el XVIII, ganándose no la reprensión (estaba prohibidísimo copiarlo), sino la recompensa admirada del papa, quien lo nombró caballero de la orden pontificia de la Espuela Dorada. Según el papa Juan Pablo II, es "el más intenso y repetido salmo penitencial, el canto del pecado y del perdón, la más profunda meditación sobre la culpa y sobre la gracia."

Salmo 51 (50)

SÚPLICA DEL PECADOR ARREPENTIDO

1 Del maestro de coro. Salmo de David. 2 Cuando el profeta Natán lo visitó, después que aquel se había unido a Betsabé. Entre corchetes intertítulos que solo dividen en partes el canto y no pertenecen al mismo:

[Humilde reconocimiento del pecado]

3 ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

4 ¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado!

5 Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

6 Contra Ti, contra Ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos.

Por eso, será justa tu sentencia

y tu juicio será irreprochable;

7 yo soy culpable desde que nací;

pecador me concibió mi madre.

[Anhelo de renovación interior]

8 Tú amas la sinceridad del corazón

y me enseñas la sabiduría en mi interior.

9 Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;

lávame y quedaré más blanco que la nieve.

10 Anúnciame el gozo y la alegría:

que se alegren los huesos quebrantados.

11 Aparta tu vista de mis pecados

y borra todas mis culpas.

12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

13 No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu.

14 Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

15 yo enseñaré tu camino a los impíos

y los pecadores volverán a Ti.

16 ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,

y mi lengua anunciará tu justicia!

17 Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza.

18 Los sacrificios no Te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

19 mi sacrificio es un espíritu contrito,

Tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

* * *

20 Trata bien a Sion, Señor, por tu bondad;

reconstruye los muros de Jerusalén.

21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales

las oblaciones y los holocaustos

y se ofrecerán novillos en tu altar.

lunes, 1 de enero de 2024

Soneto 66 de Pablo Neruda

Pablo Neruda

Soneto lxvi


No te quiero sino porque te quiero

y de quererte a no quererte llego

y de esperarte cuando no te espero

pasa mi corazón del frío al fuego.


Te quiero sólo porque a ti te quiero,

te odio sin fin, y odiándote te ruego,

y la medida de mi amor viajero

es no verte y amarte como un ciego.


Tal vez consumirá la luz de enero,

su rayo cruel, mi corazón entero,

robándome la llave del sosiego.


En esta historia sólo yo me muero

y moriré de amor porque te quiero,

porque te quiero, amor, a sangre y fuego.


Del libro Cien sonetos de amor. Del libro Poesías selectas (1957-1964). Barcelona. RBA. 2001. Volumen ii. 1.ª ed., pp. 53-54.

Gabriela Mistral, Los sonetos de la muerte

Gabriela Mistral

Los sonetos de la muerte

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,

te bajaré a la tierra humilde y soleada.

Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,

y que hemos de soñar sobre la misma almohada.


Te acostaré en la tierra soleada con una

dulcedumbre de madre para el hijo dormido,

y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna

al recibir tu cuerpo de niño dolorido.


Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,

y en la azulada y leve polvareda de luna,

los despojos livianos irán quedando presos.


Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,

¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna

bajará a disputarme tu puñado de huesos!


II

Este largo cansancio se hará mayor un día,

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

arrastrando su masa por la rosada vía,

por donde van los hombres, contentos de vivir.


Sentirás que a tu lado cavan briosamente,

que otra dormida llega a la quieta ciudad.

Esperaré que me hayan cubierto totalmente…

¡y después hablaremos por una eternidad!


Sólo entonces sabrás el por qué no madura

para las hondas huesas tu carne todavía,

tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.


Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;

sabrás que en nuestra alianza signo de astros había

y, roto el pacto enorme, tenías que morir.


III

Malas manos tomaron tu vida desde el día

en que, a una señal de astros, dejara su plantel

nevado de azucenas. En gozo florecía.

Malas manos entraron trágicamente en él…


Y yo dije al Señor: —«Por las sendas mortales

le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!

¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales

o le hundes en el largo sueño que sabes dar!


¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!

Su barca empuja un negro viento de tempestad.

Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».


Se detuvo la barca rosa de su vivir…

¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?

¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!


Tomado del libro Desolación.