lunes, 11 de enero de 2021

Parménides. De la naturaleza

 Las yeguas que me llevan tan lejos cuanto mi ánimo desearía,

me escoltaban, una vez que al camino descendieron, rico en voces, conduciéndome,

de una deidad, que por todo su trayecto derechamente lleva al hombre que sabe;

por él era llevado, pues por él las yeguas muy atentas me llevaban,

arrastrando el carro, y unas doncellas el camino señalaban.

Y el eje en los bujes emitía un silbido como de flauta,

ardiendo, pues por dos ruedas era impulsado, recubiertas de metal,

desde ambos lados, cuando se apresuraban para escoltar<me>

las hijas del sol abandonando la casa de la noche,

hacia la luz, quitándose de la cabeza con las manos los velos.

Allí está el portal de las rutas de la noche y también del día

y un dintel lo ciñe y un pétreo umbral.

Y el portal mismo, etéreo, está ocupado por <dos> grandes hojas;

de ellas la Indicadora, rica en castigos, tiene las llaves sucesivas.

A ella precisamente, hablando las doncellas con blandas palabras

persuaden hábilmente, que el cerrojo, asegurado con un perno,

sin demora quisiese retirarles del portal; y éste, del vano

una abertura inmensa hizo al abrirse, de puro bronce

los ejes en los casquillos alternadamente haciendo girar,

con espigas y remaches, ajustados. Así pues, a través del mismo

derechamente guiaban las doncellas por la carretera el carro y las yeguas.

Y una diosa benévola me recibió y con su mano <diestra>

mi diestra tomó, y en estos términos habló y me dijo:

Oh joven, que como compañero de cocheros inmortales

y de las yeguas que te llevan, llegas a nuestra morada,

alégrate, porque de ningún modo una parca funesta te envió a recorrer

este camino, que por cierto alejado de la huella de los hombres está,

sino el derecho y la justicia; es necesario empero que todo lo sepas;

por un lado, de la verdad persuasiva el corazón inconmovible,

por otro, las opiniones de los mortales, que no abrigan convicción verdadera;

ello no obstante, también esto aprenderás: cómo lo opinable

hubo de ser reconocido enteramente. Indistinto me es

desde dónde comenzare; allí por cierto de vuelta llegaré otra vez.

Ea pues, de ellas te hablaré – cuídate tú, en tanto, del relato al escuchar<lo> –,
<de> cuáles vías únicas de la indagación hay para inteligir:
por un lado, cómo es, y también, cómo no es, no debe ser;
de la persuasión es el camino, pues <ella> acompaña a la verdad.
Por otro, cómo no es, y también, cómo es necesario, no debe ser;
esta vía, en efecto, te prevengo que es un sendero enteramente privado de persuasión,
porque ni conocerías lo que no es, pues ni <esto> es factible,
ni podrías mostrarlo. Ello mismo, pues, ha de inteligir<se>y ha de ser.
Necesario <es> esto: declarar e inteligir que “lo que es” es, pues tiene que ser.
Y lo que no es, no es; tales cosas considerar te ordeno;
pues de este primer camino de la indagación te <aparto>,
pero también de este otro, por el que los mortales que nada saben
yerran bicéfalos, pues la perplejidad en sus
pechos conduce una inteligencia errante, y ellos son arrastrados
aturdidos y cegatos a la vez, atolondrados, muchedumbre sin decisión,
para quienes esto: ser y no, es reputado ser lo mismo
y no lo mismo; y para todas las cosas una vía hay de sentido contrario.

Contempla cómo estando ausentes, para el intelecto están presentes con firmeza,
pues <éste> no dividirá “lo que es” para apartarlo de “lo que es”,
ni hallándose disperso por doquier, completamente, según un orden,
ni hallándose reunido

Pues jamás esto se impondrá: que es, “lo que no tiene que ser”,
pero tú de este camino de la indagación aparta la intelección;
y que la costumbre por camino tan trillado como éste no te arrastre,
para apacentar ciegos ojos y retumbantes oídos
y lengua, juzga empero con el raciocinio la muy polémica invectiva
dicha por mí; pero ya tan sólo un relato acerca del camino
queda.

Un solo relato ya, por tanto, acerca del camino
queda, <el que dice> “cómo es”; a lo largo del cual signos hay,
muy numerosos, conviene a saber, que siendo inengendrado es también indestructible,
íntegro, único y también inmóvil y además perfecto.
Ni fue alguna vez ni será, puesto que ahora es a la vez todo,
uno, continuo; pues, ¿cuál nacimiento buscaríasle?
¿cómo, desde dónde habría crecido? Y no permito que digas ni pienses
que de “lo que no debe ser”, pues ni decible ni inteligible
es cómo no es. ¿Y qué necesidad lo haría surgir
más tarde o más temprano, desde la nada naciendo, para ser?

Así pues, o que completamente sea necesario es, o que no sea en absoluto.
Ni de “lo que no debe ser” jamás admitirá la fuerza de la convicción
que se genere algo junto a ello, por lo cual ni generarse
ni corromperse permite la Indicadora aflojando los grillos,
sino que los mantiene <con firmeza>, y la decisión acerca de esto descansa en lo siguiente:
es o no es. Y ha sido decidido, en efecto, como era necesario,
abandonar al uno por ininteligible, por oscuro, pues un camino
verdadero no es, de suerte que el otro es, y es auténtico.
¿Cómo entonces podría llegar a ser, siendo? ¿Cómo podría nacer?,
pues si nació no es, ni tampoco <es> si alguna vez hubiese de ser.
Así pues, la generación está extinguida e incognoscible es la destrucción.
Ni es diferenciable <“lo que es”, en partes constitutivas>, pues es enteramente uniforme
ni en algo <es>, por un lado, más – esto le impediría mantener su continuidad <consigo mismo>
ni en algo menos. Todo lleno está de “lo que es”;
por esto es completamente continuo, pues “lo que es” se encuentra con “lo que es”.
Por otra parte, inmóvil en las ataduras de fuertes lazos,
es carente de principio, carente de fin <en el tiempo>, pues la generación y la destrucción
muy lejos fueron rechazadas; las repelió, en efecto, la convicción verdadera.
Lo mismo y permaneciendo en lo mismo, por sí mismo también reposa
y así firmemente en su lugar permanece; pues la poderosa necesidad
del borde con los lazos lo sujeta, que en derredor lo ciñe,
porque no es lícito que “lo que es” imperfecto sea,
pues de nada carece, de lo contrario de todo carecería.
Y esto mismo <“lo que es”> ha de ser inteligido y también por ello hay intelección,
pues fuera de “lo que es”, en donde revelado está,
no encontrarás el inteligir; pues nada hay o habrá
además de “lo que es”, porque la parca lo ató
para que íntegro e inmóvil fuese; de modo que nombres todos serán,
cuantos los mortales aprestaron para sí, persuadidos de que son verdaderos,
<conviene a saber>: nacer y perecer, ser y no <ser>,
y cambiar de lugar y el brillante color variar.
Además, puesto que tiene un límite último, perfecto es
por doquier, a la masa semejante de una esfera bien redonda,
desde el centro igual en fuerza en toda dirección. Pues ello ni mayor
ni menor es necesario que sea, acá o allá.
Pues nada hay en absoluto que le impidiese haber alcanzado
la uniformidad <consigo>, ni es tampoco de modo que, de lo que es, hubiera
por acá más, por allá menos, puesto que es enteramente inviolable.
Pues <siendo> consigo por doquier igual, igualmente con sus límites toca.
Con esto concluyo para ti el discurso cierto y la intelección
acerca de la verdad; las opiniones mortales, tras esto,
aprende, el orden engañoso de mis palabras escuchando.
Pues <los mortales> dos formas establecieron para nombrar (dos) conocimientos
– de las cuales una sola no es válida –, en lo que están errados,
y como opuestos escogieron en cuanto al cuerpo y signos pusieron
separados unos de otros: por un lado, el fuego etéreo de la llama,
que es suave, muy ligero, para sí mismo en toda dirección lo mismo,
pero para con lo otro, no lo mismo; por otra parte, también aquello <que> por sí mismo
los <caracteres> opuestos <tiene>: noche ignara, cuerpo compacto y pesado.
Yo esta disposición [del cosmos] por enteramente adecuada te declaro,
de tal suerte que jamás ninguno de los mortales en conocimiento te sobrepuje.

Y conocerás también tanto la naturaleza etérea como en el éter todas
las señales, esto es, de la pura, de la del radiante sol
antorcha las obras cegadoras, y desde dónde surgieron,
y las obras migratorias entenderás de la luna redonda como un ojo
y su naturaleza, y conocerás también del cielo que todo lo ciñe,
de dónde surgió y también cómo, guiándolo, lo ató la necesidad
para que gobernase las estrellas.

...cómo la tierra y el sol y también la luna
y el éter común y la vía láctea y el olimpo
extremo y también de los astros el ardiente vigor comenzaron
a nacer...

Sin embargo, una vez que todo luz y noche fue llamado,
y estas <cosas> según sus virtudes propias a éstos y a estos otros <fueron atribuidas>,
todo lleno está a la vez de luz y de noche invisible;
de ambas por igual, puesto que a ninguna de ambas nada pertenece

Pues las más estrechas se llenaron de fuego sin mezcla,
y las de más allá de éstas, de noche, y entre medio de fuego se lanza una parte;
y en medio de todo esto la demonio, que todo lo gobierna,
pues por doquier el aborrecible nacimiento y la mezcla inicia
enviando hacia el macho la hembra para aparearse y, por otra parte, lo contrario,
el macho hacia la hembra


Antes a Eros concibió que a ninguno de los dioses todos.

...brillando nocturna, en torno a la Tierra deambulando, una luz extranjera

... sin cesar mirando hacia los rayos del sol

...enraizada en el agua (sc. la tierra)

Pues así como en cada ocasión se comporta la mezcla de los miembros errantes,
así el pensamiento a los hombres se les presenta; pues lo mismo
es lo que piensa, la naturaleza del cuerpo para los hombres,
para todos y para cada cual; pues lo preponderante es el pensamiento.

...en el lado derecho muchachos, en el izquierdo muchachas.


Cuando la hembra y el varón de Venus a un tiempo las simientes mezclan,
conformando en las venas una fuerza de sangres diversas <nacida>,
<y> preservando la armonía, cuerpos bien constituidos modela.
Pues si las fuerzas, habiéndose mezclado la simiente, luchan
y no se vuelven una en el cuerpo mezclado, terribles
al sexo naciente atormentarán con doble simiente.

Así ciertamente, según la opinión, surgieron estas cosas y ahora son,
y luego, tras eso, acabarán, habiendo sido;
y a estas cosas un nombre los hombres pusieron, signo distintivo a cada cual.