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viernes, 8 de marzo de 2024

Fernán Pérez de Guzmán, Coplas a la muerte de Alfonso de Cartagena

Transcribo la edición crítica de Maria Mercè López Casas, pero corrijo la falta de criterios métricos poniendo las diéresis que faltan y remedio la puntuación, que me parece a veces incorrecta. No señalo las haches aspiradas, ni las dialefas ni las sinéresis, pues no hay signo asignado para esas licencias.

COPLAS QUE HIZO EL NOBLE CABALLERO FERRÁN PÉREZ DE GUZMÁN SOBRE EL TRÁNSITO Y MUERTE DEL REVERENDO PADRE Y VIRTUOSÍSIMO PRELADO DON ALFONSO DE CARTAGENA OBISPO DE BURGOS, SU CARO AMIGO. 

Aquel Séneca expiró

a quien yo era Lucilo:

la facundia y alto estilo

de España, con él murió.

Así que, no solo yo,

mas España, en triste son,

debe plañir su Platón,

que en ella resplandeció.


La moral sabiduría,

las leyes y los decretos,

los naturales secretos

de la alta sabiduría;

la sacra teología,

la dulce arte oratoria,

toda verísima historia,

toda sutil poesía


hoy perdieron un notable

y valiente caballero,

un relator claro y vero,

un ministro comendable.

¡Quién dará loor loable

al que a todos loaba! 

Quien de todos bien hablaba,

¡quién será quien de él mal hable!


La Iglesia, nuestra madre,

hoy perdió un noble pastor;

las religiones, un padre;

la fe, un gran defensor.

Pierdan y hayan dolor

los que son estudïosos

y del saber deseosos:

un gran interpretador.


La yedra, so cuyas ramas

yo tanto me delectaba...

El laurel, que aquellas llamas

ardientes del sol templaba, 

a cuya sombra yo estaba...

La fontana, clara y fría,

donde yo la gran sed mía

de preguntar sacïaba...


¡Oh, severa y crüel muerte!

¡Oh, plaga cotidïana,

general y común suerte

de toda la gente humana!

¡En una escura mañana

secaste todo el vergel,

tornando en amarga hiel

el dulzor de la fontana!


¡Oh Fortuna, si fortuna

es verdad que hay en el mundo!

¡Oh más claro y más profundo,

Señor, de la alta tribuna!

¡Cuánto escura y cuán sin luna

es tu ordenanza secreta,

aunque justa, santa y neta,

sin contradicción alguna!


¿Por qué habemos ausencia

de varones virtüosos,

útiles y provechosos

a la humana providencia?

¿Por qué nos queda presencia

inútil y mal compuesta?

De esta causa la respuesta

se remite a tu sentencia.


Queda quien debe partir;

parte quien debe quedar,

que pudiera aprovechar

al político vivir.

De aquí podemos sentir

cuánto grande es la distancia

de nuestra gruesa ignorancia

usada a mal presumir


al tu jüicio divino

alto e inestimable,

Señor mío, uno y trino,

de cïencia incomparable.

Lo que a nos es razonable

parece, Señor, perfecto;

al tu eterno conspecto, 

ni es grato, ni aceptable.


Habido tal presupuesto

y tus jüicios dejados,

yo creo ser causa de esto,

nuestras culpas y pecados.

Aquellos nos son negados,

que por mal vivir perdemos.

Aquellos que merecemos,

esos nos son otorgados.


FIN


El Fénix de nuestra Hesperia,

esciente y muy virtüoso,

ya dejó la gran miseria

de este valle lagrimoso.

Pues, concilio glorïoso

de las cïencias, decid:

¡Oh Jhesu Filii David,

tú le da santo reposo!

lunes, 24 de agosto de 2015

Romance de la jura de los Toros de Guisando

    Muy revuelta está Castilla;
quejoso está y fatigado
aquese rey Don Enrique,
rey no bien afortunado.
    Quéjase de muchos hombres
a quienes puso en estado
por haberle descompuesto
en auto solemnizado
    y haber alzado por rey
a Don Alfonso, su hermano;
y, aunque murió Don Alfonso,
su intento no habían dejado.
    Grandes partidos se mueven
estando en aqueste estado,
y en un concierto muy justo
al rey han encaminado
    para ser obedecido
por todos, y acatado,
y para aqueste concierto,
siendo por él aprobado.
    Muy grandes gentes se ayuntan
en los Toros de Guisando:
señores y caballeros
y también muchos prelados.
    Vienen con Doña Isabel
para verse con su hermano,
porque por su socesora
el rey la había señalado.
    Todos hablaron al rey,
todos le besan la mano:
el rey, con semblante alegre,
a todos ha perdonado.
    Y el cardenal Venerín,
que venía por legado,
a todos aquellos grandes
que allí se habían juntado
    absolvió del juramento
que el rey les había tomado
al tiempo que Doña Juana
por princesa habían jurado,
    por contemplación del rey
que los había forzado
y porque del jurameolo
todos habían reclamado.
    Ya del juramento absueltos,
el Rey les ha así hablado:
—Perlados y caballeros,
los que aqui estáis ayuntados:
    yo os mando que en mi presencia
juréis delante el Legado
porr sucesora en mis reinos
desque yo sea finado
    a Doña Isabel mi hermana
y que la beséis la mano ,
porque en todas las ciudades
así lo tengo mandado.—
    Todos juran la princesa
con placer demasïado,
la cual le prometió al rey
de casar por su mandado;
    y así hubieron fin las vueltas
que gran tiempo habían durado.

domingo, 19 de julio de 2015

Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, Serranilla V

    SERRANILLA V

        [I]

Moça tan fermosa
non vi en la frontera,
como una vaquera
de la Finojosa.

        [II]

Faziendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vençido del sueño,
por tierra fragosa
perdí la carrera,
do vi la vaquera
de la Finojosa.

        [III]

En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.

        [IV]

Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera,
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa.

        [V]

Non tanto mirara
su mucha beldad,
porque me dexara
en mi libertad.
Mas dixe: "Donosa
(por saber quién era),
¿aquella vaquera
de la Finojosa?..."

        [VI]

Bien como riendo,
dixo: "Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades:
non es desseosa
de amar, nin lo espera,
aquessa vaquera
de la Finojosa".

Marqués de Santillana

jueves, 2 de julio de 2015

Lucas Fernández, Definición de amor.

 Pasaje tomado de Lucas Fernández, Farsa o cuasi comedia de Prabos y Antona:

Modernizo X / Ç y otros fonemas, pero dejo algunos rasgos dialectales leoneses.

SOLDADO

Sosiega, ten quietud, 
solicitud 
ten ya, porque no te asuele.
Que un contrario cura al otro:
al frío cura el calor,
y al desamor el amor.

PRABOS

Ño es mi mal dese quillotro.

SOLDADO

La ira cura paciencia,
y la sciencia
da salud a la ignorancia; 
diligencia, negligencia. 

PRABOS

Do ha bienquerencia,
ño aprovecha haber mudancia.

SOLDADO

La luna llena y crescida, 
¿ño la has visto ser menguada? 
La nieve fría y helada, 
¿ño la has visto derretida? 
¿Y al hervor, con su hervor, 
descrecer? 
¿Y al toro bravo, en melena? 
¿Y a lo verde seco ser? 
Ansí, a mi ver, 
podrá ser gloria tu pena. 

PRADOS

La verga nueva del robre 
muy fácilmente es torcida; 
mas desque es viga crescida 
no hay fuerza que la desdobre. 
Y el principiar del camino, 
si no hay tino, 
hace al fin muy gran error. 
¡Bien tal soy, triste, mezquino! 
Pues contino 
me acude el viejo dolor. 

(Entra Pascual)

PASCUAL

¡Ah Prabos! ¡Ah zagalejo! 

PRABOS 

¡Ah Dios te praga! 
Tengo acá dentro tal llaga, 
que me rebudia el pellejo. 

PASCUAL

¿Que qué qué? ¿Qué dices, qué?

PRABOS

Ño lo sé.

PASCUAL

Nunca te falta ruindá.

SOLDADO

Ya le he dicho, por mi fe, 
lo que sé. 

PASCUAL

Señor bueno, perdoná,
que no os vía, en mi concencia.

SOLDADO.

Anda, ve, que eres matiego.

PASCUAL

¡Ah ño, pese hora San Pego, 
con vuestra gran perpotencia, 
si pensáis de me espantar 
y ultrajar!
¿Quién es este, por tu vida?

PRABOS

Véselo tú a preguntar
y demandar.

PASCUAL

¿Hízote este la herida?

PRABOS

Es un valiente hidalgo
que me ha dado gran consuelo.

PASCUAL.

Ño te fíes, ¡pese al cielo! 
que no hay hucia en perrigalgo. 

SOLDADO

¿Qué hablas, avillanado? 
Bastardado, 
bruto, tosco, melenudo; 
ya me tienes enojudo. 

PASCUAL.

Tal cuidado:
también vos, a mí, sañudo.

PRABOS

Primo Pascual, ño te iguales
con quien sabe más que tú.

PASCUAL

Pues dime aqueso que hu.

PRABOS

Acá está, en los mamoriales.

PASCUAL

¿Dó te da más a menudo
ese mal mudo?
¿N'a cholla, o los estentinos?

PRABOS

Ño lo atino, que es muy crudo.

PASCUAL

Ño lo dudo.

PRABOS

Más escabroso es que espinos.

PASCUAL

Con madresilva y gamones 
sanarás, y malvavisco, 
y con rábano gagisco, 
encienso macho y bajones; 
flor de sago y doradilla 
y manzanilla,
es muy chafada hesica. 
Que ño hay vesibro de villa 
sin tranquilla, 
que ansí sané mi borrica, 
que andaba bien de tu suerte 
medio mustia y mangonera. 
Si aquesto yo no le hiciera, 
ya debrocaba de muerte. 

SOLDADO

¿Qué dices? Y estás parlando
y habrando,
diciendo mil necedades, 
torpemente comparando 
y aprobando
tus mentiras ser verdades.
Aqueste anda penado,
¿no sientes tú su fatiga?
es la vida su enemiga,
muerte pide su cuidado.

PASCUAL

Mas cuido que anda, señor 
(salvo honor) 
trasijado de correncia. 

SOLDADO

Anda, que aqueste dolor 
es de amor, 
el cual no sufre paciencia.

PASCUAL

¿Niuca amor morteruelo, 
morcilla, o quizá mortaja, 
murcia, muérdago o mordaja? 
¿O quizá debe ser muelo? 

SOLDADO

¡Qué donoso adjetivar
y acertar!

PASCUAL

¿Cómo qué? ¿Ño he acertado? 
Llugo amor es el mamar 
hasta hartar 
las cabras de rellanado. 

SOLDADO

Es amor transformación 
del que ama en lo amado, 
en lo amado es transformado 
al amante en afición. 
Es el peso puesto en fiel, 
es nivel 
que hace ser dos cosas una. 
Es dulce panal que en él 
cera y miel 
se contiene sin repuna.
Y este amor del corazón
nace y crece y reverdece,
y en el deseo florece,
y el su fruto es afición. 
Cógese en toda sazón 
con pasión, 
y es sabroso y amargoso,
y es de mala digestión; 
da alteración, 
deja el cuerpo emponzoñoso.

PASCUAL

Ese amor, ¿es colorado
o verde, azul o pardillo?
¿Quizás blanco o amarillo?

SOLDADO

Ño; es de color muy morado,
y es muchacho niño y ciego,
y es de muy bella fación; 
tira saetas de huego 
sin sosiego;
siempre hiere a traïción.

PASCUAL

Dende aquí al diablo do 
a rapaz de tan ruin maña. 
Este cuido en la montaña 
ogaño a un pastor hirió, 

PRABOS 

Y a mí, ¿no me tiene muerto?

PASCUAL

¡Qué concierto!
¿Dó te dio y a dó se fue?

SOLDADO.

Es certero muy despierto,
¡oh, puto tuerto!
Su llaga es de amor y fe.

[...]

SOLDADO

Bien sabés ya cómo dije
que el amor y su mudanza
nos trae siempre en balanza
y por voluntad se rige.
Que es una enferma dulzura
cruda y dura;
que nos llaga su presencia;
una imperfecta figura,
sin ventura,
que no tiene resistencia.

domingo, 26 de abril de 2015

"Estas que sirven a señoras", en Fernando de Rojas, La Celestina, IX

Estas que sirven a señoras, ni gozan deleite ni conocen los dulces premios de amor. Nunca tratan con parientes, con iguales a quien pueden hablar tú por tú, con quien digan: ¿qué cenaste?, ¿estás preñada?, ¿cuántas gallinas crías?, llévame a merendar a tu casa; muéstrame tu enamorado; ¿cuánto ha que no te veo?, ¿cómo te va con él?, ¿quién son tus vecinas?, y otras cosas de igualdad semejantes. ¡Oh tía, y qué duro nombre y qué grave y soberbio es "señora" continuo en la boca! Por esto me vivo sobre mí desde que me sé conocer. Que jamás me precié de llamarme de otro; sino mía. Mayormente de estas señoras, que ahora se usan. Gástase con ellas lo mejor del tiempo y con una saya rota de las que ellas desechan pagan servicio de diez años. Denostadas, maltratadas las traen, continuo sojuzgadas, que hablar delante de ellas no osan. Y cuando ven cerca el tiempo de la obligación de casarlas, levántanles un caramillo: que se echan con el mozo o con el hijo, o pídenles celos del marido o que meten hombres en casa, o que hurtó la taza o perdió el anillo; danles un ciento de azotes y échanlas la puerta fuera, las haldas en la cabeza, diciendo: "Allá irás, ladrona, puta, no me destruirás mi casa y honra". 

Así que esperan galardón, sacan baldón; esperan salir casadas, salen amenguadas, esperan vestidos y joyas de boda, salen desnudas y denostadas. Estos son sus premios, estos son sus beneficios y pagos. Oblíganseles a dar marido, quítanles el vestido. La mejor honra que en sus casas tienen es andar hechas callejeras, de dueña en dueña, con sus mensajes a cuestas. Nunca oyen su nombre propio de la boca de ellas; sino "puta acá", "puta acullá". "¿A donde vas, tiñosa? ¿Qué hiciste, bellaca? ¿Por qué comiste esto, golosa? ¿Cómo fregaste la sartén, puerca? ¿Por qué no limpiaste el manto, sucia? ¿Cómo dijiste esto, necia? ¿Quién perdió el plato, desaliñada? ¿Cómo faltó el paño de manos, ladrona? A tu rufián lo habrás dado. Ven acá, mala mujer, la gallina habada no parece: pues búscala presto; si no, en la primera blanca de tu soldada la contaré". Y tras esto mil chapinazos y pellizcos, palos y azotes. No hay quien las sepa contentar, no quien pueda sufrirlas. Su placer es dar voces, su gloria es reñir. De lo mejor hecho menos contentamiento muestran. Por esto, madre, he querido más vivir en mi pequeña casa, exenta y señora, que no en sus ricos palacios sojuzgada y cautiva. 

sábado, 10 de enero de 2015

Diego Gómez Manrique, Querella de la gobernación

Exclamación y querella de la Gobernación

I (adaptado al castellano moderno y la métrica actual

II (en versión original)

I

  Cuando Roma conquistaba
y Quinto Fabio regía 
y cuando Escipión guerreaba, 
Tito Livio así escribía: 
"Las doncellas y matronas, 
por la honra de su tierra, 
desguarnecían sus personas 
para sostener la guerra". 

   En el pueblo donde moro 
al necio le hacen alcalde; 
hierro precian más que oro, 
la plata danla de balde. 
La paja guardan los tontos 
y dejan perder los panes, 
cazan con los aguiluchos, 
cómense los gavilanes. 

   Queman los nuevos olivos, 
guardan los espinos tuertos, 
condenan a muchos vivos,  
quieren salvar a los muertos. 
Los mejores valen menos: 
¡mirad qué gobernación: 
ser gobernados los buenos 
por los que tales no son! 

   La fruta, por el sabor 
se conoce do ha nacido, 
y por el gobernador 
el gobernado navío: 
los cuerdos huir debían 
pues los locos mandan más, 
que, cuando los ciegos guían, 
¡ay de quien viene detrás! 

   Que villa sin regidores 
su triunfo será muy breve; 
la casa sin moradores 
muy prestamente se llueve; 
los puercos que van sin canes 
pocos matan las armadas; 
las huestes sin capitanes 
nunca son bien gobernadas. 

   Los zapatos sin las suelas 
mal conservan a los pies; 
sin las cuerdas las vihuelas 
hacen el son que sabéis. 
El que da oro sin peso 
más pierde por la fechura; 
quien se guía por su seso 
no va lejos de locura. 

   En arroyo sin pescado 
yerro es pescar con cesta, 
y por monte muy ruidoso 
trabajar con la ballesta. 
Sin castigar los perjuicios 
es gran locura vivir, 
y donde no hay servicios 
remunerados, servir. 

   Cuanto más alto es el muro, 
más hondo cimiento quiere; 
de caer está seguro 
el que en él nunca subiere. 
Donde sobra la codicia 
todos los bienes carecen;
en el pueblo sin justicia, 
los que son justos padecen. 

   Y la iglesia, sin letrados, 
es palacio sin paredes; 
no toman grandes pescados 
con las muy delgadas redes. 
Que haya mancebos sin viejos 
es peligroso alear; 
grandes hechos sin consejos 
siempre salieron a mal. 

   En el caballo sin freno 
va su dueño temeroso; 
sin el gobernalle bueno 
el barco va peligroso; 
sin que ejecuten las leyes 
maldito es el bien que traen; 
los reinos sin buenos reyes, 
sin adversarios se caen. 

   Una mesa sin manjares 
no harta los convidados; 
sin vecinos, los lugares 
pronto serán asolados. 
La nao sin el patrón 
no puede ser bien guïada; 
do gobierna la afición 
hay peligrosa morada. 

   Las ovejas sin pastor 
destruyen las heredades; 
religiosos sin mayor 
grandes cometen maldades. 
Las viñas sin viñaderos 
las cosechan caminantes; 
las cortes sin caballeros 
son como manos sin guantes. 

   El golpe dará liviano 
la mano si no hay espada; 
y la espada sin la mano 
no dará gran cuchillada. 
Las gentes sin los caudillos 
muy flacamente guerrean; 
los capitanes sencillos 
por cada hombre pelean. 

   Es peligro navegar 
en galera sin los remos, 
y mucho más conversar 
con quien sigue los extremos. 
Pues, si la conversación 
es con los tales dañosa, 
por cierto su sujección 
muy más será peligrosa. 

   Hombres de armas sin jinetes 
perezosa montan guerra; 
las naos sin sus barquetes 
mal se abastecen de tierra.
Los menudos sin mayores 
son cual pasillos sin salas; 
los grandes sin los menores 
son como halcones sin alas. 

   Que así como dan las flores 
perfección a los frutales, 
así los grandes señores 
a los palacios reales, 
y los príncipes derechos 
lucen sobre ellos, sin falla, 
así como ricos techos 
sobre la hermosa muralla. 

   Al tema quiero tornar 
de la ciudad que nombré, 
pues duró su prosperar 
cuanto bien regida fue; 
pero, después que reinaron 
codicias particulares, 
sus grandezas se tornaron 
en despoblados solares. 

                    Fin 

   Todos los sabios dijeron 
que las cosas mal regidas 
cuanto más alto subieron 
mayores dieron caídas. 
Por esta causa recelo 
que mi pueblo con sus calles 
habrá de venir al suelo: 
por falta de gobernalles. 

II (versión crítica reconstruida por Sara Russo)

Quando Roma prosperava,      1
Quinto Fabio la regía
e Çipión guerreava
Tito Libio descrivía.
Las donzellas e matronas         5
por la onra de su tierra
desguarnían sus personas

para sostener la guerra.

II

En un pueblo donde moro
al neçio fazen alcalde,             10
fierro preçian más que oro,
la plata danla de balde;
la paja guardan los tochos
e dexan perder los panes,
caçan con los aguilochos         15

comense los gavilanes.

III

Queman los nuevos olivos,
guardan los espinos tuertos,
condenan a munchos bivos
quieren salvar a los muertos. 20
Los mejores valen menos:
¡mirad que governaçión
ser governados los buenos

por los que tales no son!

IV

La fruta por el sabor            25
se conoçe su natío,
e por el governador
el governado navío.
Los cuerdos fuir devrían
de do locos mandan más,    30
que quando los çiegos guían,

¡guay de los que van detrás!

V

Que villa sin regidores
su triunfo será breve,
la casa sin moradores         35
muy prestamente se llueve.
De puercos que van sin canes
pocos matan las armadas,
las huestes sin capitanes

nunca son bien governadas

VI

Los çapatos sin las suelas,
mal conservarán los pies;
sin las cuerdas las viyuelas
fazen el son que sabés.
El que da oro sin peso       45
más pierde de la fechura,
quien se guía por su seso,

no va lueñe de locura

VII

En arroyo sin pescado,
yerro es pescar con çesta,     50
e por monte traqueado
trabajar con la ballesta.
Do no punen malefiçios
es gran locura bevir,
e do no son los serviçios      55

remunerados, servir.

VIII

Quanto más alto es el muro,
más fondo çimiento quiere;
de caer está seguro
aquel que nunca subiere.      60
Donde sobra la codiçia
todos los bienes falleçen;
en el pueblo sin justiçia

los que son justos padeçen.

IX

La iglesia sin letrados           65
es palaçio sin paredes;
no toman grandes pescados
con las muy sotiles redes.
Los mançebos sin los viejos
es peligroso metal;                70
grandes fechos sin consejos

sienpre salieron a mal.

X

En el cavallo sin freno
va su dueño temeroso;
sin el governalle bueno      75
el barco va peligroso.
Sin secutores las leyes
maldita la pro que traen,
los reinos sin buenos reyes

sin adversarios se caen.      80

XI

La mesa sin los manjares
no farta los conbidados;
sin vezinos los lugares
presto serán asolados.
La nao sin el patrón             85
no puede ser bien guiada;
do rigen por afiçión

es peligrosa morada. 

XII

Las ovejas sin pastor
destruyen las heredades;       90
religiosos sin mayor
grandes cometen maldades.
Las viñas sin viñaderos
logranlas los caminantes;
las cortes sin cavalleros        95

son como manos sin guantes.

XIII

El golpe fará liviano
la mano sin el espada;
el espada sin la mano
no dará gran cuchillada.        100
Las gentes sin los caudillos
muy flacamente guerrean;
los capitanes senzillos

por sendos onbres pelean

XIV

Es peligro navegar                105
en galea sin los remos,
mas mayor es conversar
con quien sigue los estremos.
Pues si la conversaçión
es con los tales dañosa,         110
por çierto la sojuçión

muncho será peligrosa.

XV

Onbres d'armas sin ginetes
perezosa fazen guerra;
las carracas sin barquetes      115
mal se sirven de la tierra.
Los menudos sin mayores
son corredores sin salas;
los grandes sin los menores

como falcones sin alas.         120

XVI

Que bien como dan las flores
perfeçión a los frutales,
así los grandes señores
a los palaçios reales;
e los prinçipes derechos        125
luzen sobr'ellos sin falla,
bien como los ricos techos

sobre fermosa muralla.

XVII

Al tema quiero tornar
de la çibdad que nonbré     130
cuyo duró prosperar
quanto bien regida fue;
pero después que reinaron
cudiçias particulares,
sus grandezas se tornaron   135

en despoblados solares.

Fyn

XVIII

Todos los sabios dixieron
que las cosas mal regidas
quanto mas alto subieron     140
mayores dieron caídas.
Por esta causa reçelo
que mi pueblo con sus calles
avrá de venir al suelo

por falta de governalles. 


sábado, 23 de febrero de 2008

Canto espiritual, de Ausiàs March


CANTO ESPIRITUAL


Pues que sin Ti, a Ti ninguno alcanza,
dame la mano, del suelo levántame;
y aunque la mía no tienda a la tuya,
aunque sea a la fuerza arrástrame
hacia Ti.A tu encuentro quería yo salir;
no sé por qué no hago lo que quiero;
pues cierto que mi voluntad es libre
e ignoro quién impide mi deseo.

Quiero alzarme, mas no hago lo bastante:
y es la causa el peso de mis terribles culpas;
antes de que la muerte concluya mi proceso,
dígnate, Señor, que tuyo sea, pues serio quiero;
haz que tu sangre mi duro corazón ablande :
de mal semejante a otros muchos ella curó.
Tu tardanza denuncia tu enojo;
tu piedad no halla en mí lugar .

No pequé tanto con el entendimiento
como he cargado mi voluntad de culpa.
¡Ayúdame, Señor! Mas locamente te ruego,
pues tú no ayudas sino a quien a sí mismo se ayuda,
ya cuantos a Ti se acercan
no les fallas, bien lo muestran tus brazos.
¿Qué haré, si no merezco tu ayuda,
pues sé que no me esfuerzo tanto como pudiera?

¡Perdóname que te hable locamente!
A la pasión se deben mis palabras.
Siento pavor del infierno, al cual me llevas;
quisiera volverme, y no dispongo de mis pasos.
Mas también recuerdo que redimiste al Ladrón
(tanto cuanto es claro que no bastaban sus obras);
allá donde le place, sopla tu espíritu:
ni cómo ni por qué saben los humanos.

Aunque mal cristiano sea por mis obras,
no te guardo ira, ni de nada te inculpo;
cierto sé que siempre obras bien,
y bien haces tanto dando vida como muerte:
todo es lo mismo si brota de tu poder,
por lo que loco es quien contra Ti se yergue.
Amor al mal, ignorancia del bien,
tales son las razones por las que el hombre te desconoce.

A Ti te pido que mi corazón fortalezcas,
a fin de que mi voluntad a la tuya se ligue;
y pues sé que el mundo no me aprovecha,
dame fuerzas para abandonarlo del todo,
y del placer que el bueno en Ti gusta,
alcánzame tan siquiera una migaja,
para que mi carne, que se me subleva,
quede satisfecha y deje de acosarme.

¡Ayúdame, Señor, que sin Ti no puedo moverme,
pues mi cuerpo más que paralítico está!
Tan arraigados están en mí los malos hábitos,
que el sabor de la virtud me resulta amargo.
¡Oh Señor, piedad! Renueva mi naturaleza,
que mala es por mi gran culpa;
y si muerto puedo redimir mi falta,
sea la muerte mi dulce penitencia.
Te temo más que no te amo,
y ante Ti me confieso de esta culpa;
turbada está mi esperanza,
y en mi interior hay una terrible lucha.
Te veo justo y misericordioso;
tu voluntad concede gracia al sin méritos,
y sin méritos los dones das y quitas a capricho.
¿Quién será tan justo, cuánto más yo, que no te tema?
Si el justo Job a Dios temía tanto,
¿qué no haré yo que en mis culpas nado?
Cuando pienso en el infierno donde el tiempo no existe,
se me muestra cuánto los sentidos temen.
El alma, que para contemplar a Dios fue hecha,
contra su Señor, blasfemando, se rebela.

No es el hombre quien tan gran mal ama;
entonces, ¿dónde está quien hacia tal parte camina?
Ruégote, Señor, que mi vivir acortes
antes de que peores casos me sucedan;
en dolor vivo haciendo vida perversa,
y temo aquella muerte que es eterna.

Pues aquí con mal, y allá con pena sin fin.
Tómame en el instante en que mejor me halles;
el retardarlo, no sé qué finalidad tiene;
no ha reposo quien el viaje ha de emprender.

Me duelo de no dolerme tanto como quiero
del dolor infinito, del cual dudo;
pues tal dolor no lo ampara la naturaleza,
ni puede medirlo el hombre, ni menos sentirlo.

Si es así, pobre parece mi excusa,
cuando de mi daño, que tanto es, no me espanto.
El cielo pido, y no lo aprecio lo bastante:
gran falta tengo de miedo y de esperanza.

Por más que irascible te presentes,
ello sólo es debido a nuestra ignorancia;
tu voluntad siempre es clemente,
el mal que muestras es bien inestimable.
Perdóname, Señor, si de algo te culpé,
pues me confieso ser el único culpable;
con ojos humanos juzgué tus hechos:
¡quieras darle luz a la vista del alma!

Mi voluntad a la tuya es contraria,
y enemigo tuyo soy queriendo ser amigo.
¡Ayúdame, Señor, pues me ves en tal aprieto!
Me desespero si mis méritos mides;
me enoja el que mi vida se prolongue,
y mucho dudo de que tenga término;
en dolor vivo, pues mi deseo no es firme,
y alterado en mí está el equilibrio.

Tú eres la meta donde todo acaba,
y no es final si en Ti no termina;
Tú eres el bien donde todo bien se mide,
y no es bueno quien a Ti, Señor, no se parece.
A quien te complace, dios Tú le llamas;
para que se te asemeje, mayor grado

de hombre le das; es justo, pues,
que quien al diablo complace, tome
el nombre de aquel a quien se conforma.

Si algún fin en este mundo se halla

no es auténtico fin, ya que no hace
al hombre feliz: sólo es el principio
donde lo otro termina, según el curso
que podemos entender los humanos.
Los filósofos que el final pusieron
en sí mismos, está visto que son
seres discordes: señal cierta
de que en la verdad no se fundaron;
por consiguiente, al hombre no satisfacen.

La ley judaica por sí misma no bastaba

(no se entraba con ella en el Paraíso),
sino en cuanto fue principio de la nuestra,
por lo que puede decirse que las dos son una.
Así, toda meta totalmente humana
no da reposo ni término al deseo, mas tampoco
sin ella el hombre alcanza la otra;
San Juan anunció la llegada del Mesías.
No tiene reposo quien otro fin persigue,

pues la voluntad en nada más descansa;
es cosa sabida, y no caben sutilezas,
que, si no es en Ti, el deseo no termina.

Así como los ríos a la mar se apresuran,
así todos los fines en Ti se cumplen.
Puesto que te conozco, ayúdame a amarte.
¡Que el amor venza al miedo que te tengo!
Y si tanto amor como quiero no siento,

aumenta mi miedo para que, temiendo,
no peque,pues no pecando, perderé aquellos
hábitosque en mí fueron la causa de no amarte.
Mueran quienes de Ti se apartaron;
casi me dieron muerte y me impiden vivir .
¡Oh Señor! Haz que mi vida se prolongue,
ya que creo que hacia Ti camino.

¿Quién me enseñará a excusarme ante Ti,
cuando tenga que rendirte mis mal
ordenadas cuentas?Tú me diste
un camino derecho,y yo hice de la regla
una hoz muy curva;enderezarla quiero,
mas preciso tu ayuda.Ayúdame, Señor,
pues débiles son mis fuerzas;deseo saber
qué destino me reservas:para Ti es presente,
pero para mí incierto futuro.

No te pido que me des salud corporal
ni bien alguno natural o de fortuna,
pero sí que tan sólo a Ti, Señor, te ame,
pues bien cierto sé que el mayor bien
de ello nace.Por consiguiente, no siento
altas delectaciones
ya que no me hallo bien dispuesto
a sentirlas;pero hasta el más grosero
de los hombres sabe
que, sobre todos, el mayor bien es deleitable.

¿Qué día será en que la muerte ya no tema?
Será cuando de tu amor yo me inflame,
y ello no es posible sin menospreciar la vida;
haz que por Ti yo desprecie la mía.
Debajo de mí, entonces, estarán las cosas
que ahora veo pasar sobre mis hombros;
quien no teme a las garras del fiero león,
mucho menos temerá al aguijón de la avispa.

Ruégote, Señor, que me hagas insensible
para que nunca más ciertos deseos sienta,
no tan sólo los feos que te contrarían,
sino también aquellos que te son indiferentes.
Tal deseo, para poder pensar sólo en Ti
y poder buscar el camino que a Ti lleva;
hazlo, Señor, y si de esto me arrepiento,
encuentre ya para siempre tus oídos sordos.

Quítame el dolor de ver cómo pierdo el tiempo,
pues, doliéndome, no puedo amarte como deseo
y quiero hacerlo aunque la costumbre me lo impida;
en tiempos pretéritos me cargué de culpas.
Tanto valgo yo como otros que no te sirvieron,
ya ellos diste no menos bien del que te pido;
por ello te suplico, Señor, que entres en mi corazón,
ya que en otros más abominables penetraste.

Católico soy, mas la Fe no me da calor,
pues la apaga el lento frío de los sentidos.
Mas ya dejo lo que mis sentidos sienten
y en el Paraíso creo por fe, pero con razón juzgo.
La parte del espíritu está pronta,
mas la de los sentidos sólo arrastrándola se acerca;
socórreme, pues, Señor, con el fuego de la fe,
hasta el punto en que mi parte fría se abrase.

Tú me creaste para que mi alma salvara,
y quizá sepas que haré precisamente lo contrario.
Si es así, ¿por qué, entonces, me creaste,
ya que en Ti reside el saber infalible?
Devuelve mi ser a la nada, te lo suplico;
preferible es a una eterna y oscura cárcel;
como quisiste decir acerca de Judas, yo creo
que mejor sería no haber nacido hombre.

¡Preferiría, habiendo recibido el bautismo,
no haber tornado a los brazos de la vida,
sino haber pagado a la muerte mi deuda,
con lo que ahora no viviría ya en la duda!
Más temen los humanos al infierno
que no los placeres del Paraíso juzgan;
lo que padecemos, de aquel padecer es ejemplo,
mientras el Paraíso sin sentirlo se juzga.

Dame fuerzas para tomar de mí venganza;
contra Ti obré, y con gran culpa.
Y si no lo consigo, castiga mi carne,
pero no toques mi espíritu, hecho a tu semejanza;
y, sobre todo, que mi fe no vacile
y que no tiemble mi esperanza :
no me faltará la caridad, si permanecen firmes,
y si por mi carne te pidiera, no me escuches.

¡Oh! ¿Cuándo será que mis mejillas moje
con el agua de un llanto de dulces lágrimas?
La contrición es la fuente de donde manaran:
tal es la llave que el cerrado cielo nos abre.
De la contrición, nacen las amargas,
pues antes en temor que en amor se fundan;
pero, pese a todo, dame de éstas en abundancia,
pues son camino y vía para llegar a las otras.

Versión de José Batlló


miércoles, 4 de julio de 2007

Triste España sin ventura, Juan del Enzina

Triste España sin ventura,
todos te deben llorar,
Despoblada de alegría,
para nunca en ti tornar.


Tormentos, penas, dolores
te vinieron a poblar.
¡Sembrote Dios de plazer
porque naciesse pesar!


Hízote la más dichosa
para más te lastimar.
Tus vitorias y trïunfos
ya se hobieron de pagar.


Pues que tal pérdida pierdes,
dime en qué podrás ganar:
pierdes la luz de tu gloria
y el gozo de tu gozar.


¡Pierdes toda tu esperança,
no te queda qué esperar!
Pierdes Príncipe tan alto,
hijo de reyes sin par.


¡Llora, llora, pues perdiste
quien te había de ensalçar!
En su tierna juventud
te lo quiso Dios llevar.


Llevote todo tu bien,
dexote su desear,
porque mueras, porque penes,
sin dar fin a tu penar.


De tan penosa tristura
no te esperes consolar.



Juan del Encina: "Poesía lírica y cancionero musical". Edición de Royston Oscar Jones y Carolyn Lee. Castalia, Madrid, 1975.

domingo, 15 de abril de 2007

RESPUESTA DE ISAAC ABRAVANEL AL DECRETO DE EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS EN 1492


Abraham Senior y yo agradecemos esta oportunidad para hacer nuestro último alegato escrito llevando la voz de las comunidades judías que nosotros representamos. Condes, duques y marqueses de las Cortes, caballeros y damas: no es un gran honor cuando un judío es llamado a asistir por el bienestar y seguridad de su pueblo, pero es desgracia mayor que el Rey y la Reina de Castilla y Aragón y por supuesto de toda España tenga que buscar su gloria en gente inofensiva. Encuentro muy difícil comprender como todo hombre judío, mujer y niño pueden ser una amenaza a la fe Católica. Son cargos muy fuertes, demasiado fuertes. ¿Es que nosotros la destruimos?

Es todo lo opuesto. ¿No estáis ogligando en este edicto a confinar a todos los judíos en lugares restringidos y a tantas limitaciones en nuestros privilegios legales y sociales, sin mencionar que nos forzáis a cambios humillantes? ¿No fue suficiente la imposición de la fuerza, no nos aterrorizó vuestra diabólica Inquisición? Déjeseme mostrar en toda su dureza esta materia a todos los presentes; no dejaré callar la voz de Israel en este día.

Escuchad ¡oh cielos!, y sea permitido que se me escuche, Rey y Reina de España. Isaac Abravanel se dirige a vos; yo y mi familia somos descendientes directos del Rey David, verdadera sangre real; la misma del Mesías corre por mis venas. Es mi herencia, y yo lo proclamo en nombre del rey de Israel.

En nombre de mi pueblo, el pueblo de Israel, los escogidos por Dios, declaro que son inocentes y sin culpa de todos los crímenes declarados en este abominable edicto. El crimen y la transgresión es para vos; para nosotros es el soportar el decreto sin justicia que Vos habeis proclamado. El día de hoy será de derrota y este año, que se imagina como el año de la gran gloria, será el de la vergüenza más grande de España. Es reconocido que la palabra honor debe ser propia de buenas y nobles acciones; de la misma forma, un acto impropio haría sufrir la reputación de una persona. Y si reyes y reinas acometen hechos dudosos se hacen daño a ellos mismos; como bien se dice, cuanto más grande es la persona el error es mayor.

Si los errores son reconocidos a tiempo pueden ser corregidos y el ladrillo débil que soporta el edificio puede ser resituado en posición correcta. Asimismo un edicto errado, si es cambiado a tiempo, puede ser corregido; pero objetivos religiosos han aventajado a la razón y malos consejos han precedido al justo razonamiento. El error de este edicto será irreversible, lo mismo que estas obligaciones que proclaman; mi rey y mi reina, escuchadme bien: error ha sido, un error profundo e inconcebible como España nunca haya visto hasta ahora. Vosotros sois los únicos responsables, como instrumentos del poder de una nación; si las artes y letras dan pautas a sensibilidades mas refinadas, si vosotros habéis aplacado el orgullo del infiel musulmán pese a la fuerza de su ejército mostrando conocimiento del arte y de la guerra y respetando su conciencia ¿con qué derecho los inquisidores recorren los campos quemando libros por miles en piras publicas?

¿Con qué autoridad los miembros de la Iglesia desean ahora quemar la inmensa biblioteca arábiga de este gran palacio moro y destruir sus preciosos manuscritos? Porque es por autoridad vuestra, mi rey y mi reina. En lo más profundo de sus corazones Vuestras Mercedes han desconfiado del poder del conocimiento, y Vuestras Mercedes han respetado sólo el poder. Con nosotros los judíos es diferente. Nosotros los judíos admiramos y estimulamos el poder del conocimiento. En nuestros hogares y en nuestros lugares de rezo el aprendizaje es una meta practicada por toda la vida. El aprendizaje es una pasión nuestra que dura mientras existimos; es el corazon de nuestro ser; es la razón, según nuestras creencias, para la cual hemos sido creados. Nuestro agresivo amor a aprender pudo haber contrapesado su excesivo amor al poder. Nos pudimos haber beneficiado de la protección ofrecida por vuestras armas reales y vos os pudisteis haber beneficiado de los adelantos de nuestra comunidad y del intercambio de conocimientos, y digo que nos hubiésemos ayudado mutuamente.

Así como se nos ha mostrado nuestra debilidad, su nación sufrirá la fuerza de un desequilibrio al que Vuestras Mercedes han dado comienzo. Por centurias futuras, vuestros descendientes pagarán por los errores de ahora. Vuestras Mercedes verán que la nación se transformará en una nación de conquistadores que buscan oro y riquezas, viven por la espada y reinan con puño de acero; y al mismo tiempo os convertiréis en una nación de iletrados, vuestras instituciones de conocimiento, amedrentadas por el progreso herético de extrañas ideas de tierras distintas y otras gentes, no serán respetados. En el curso del tiempo el nombre tan admirado de España se convertirá en un susurro ente las naciones. España, que siempre ha sido pobre e ignorante, España, la nación que mostró tanta promesa y que ha completado tan poco. Y entonces, algún día, España se preguntará a sí misma: ¿que ha sido de nosotros? ¿Por qué somos el hazmerreír entre las naciones? Y los españoles de esos días mirarán al pasado para ver por qué sucedió esto. Y aquellos que son honestos señalarán este día y esta época de la misma manera que cuando esta nación se inició. Y la causa de su decadencia no mostrará a nadie más que a sus reverenciados soberanos Católicos, Fernando e Isabel, conquistadores de los moros, expulsores de los judíos, fundadores de la Inquisición y destructores de inquisitivas mentes de los españoles.

El edicto es testimonio a la debilidad cristiana. Esto ha demostrado que los judíos son capaces de ganarle a los siglos. Argumento viejo sobre estas dos creencias. Esto explica el por qué existen falsos cristianos: estos cristianos cuyas creencias han sido sacudidas por argumentos que el judío conoce mejor. Esto explica por qué la nación cristiana se perjudicara como dice que lo ha sido. Deseando silenciar la oposición judía, la mayoría cristiana ha decidido no seguir argumentando, eliminando la fuente del contraargumento. No se le dio oportunidad alguna al judío.

Esta es la ultima oportunidad para traer este tema a tierra española. En estos últimos momentos de libertad, otorgada por el Rey y la Reina, yo, como representante de la judería Española, reposo en un punto la disputa teológica. Yo la dejaré con un mensaje de partida, a pesar de que a Vuestras Mercedes no os guste.

El mensaje es simple. El histórico pueblo de Israel, como se ha caracterizado por sus tradiciones, es el único que puede emitir juicio sobre Jesús y sus demanda de ser el Mesías; y como Mesías, su destino fue el de salvar a Israel, de modo que debe venir de Israel a decidir cuándo debe salvarlo. Nuestra respuesta es la única respuesta que importa, o acaso Jesús fue un falso Mesías. Mientras el pueblo de Israel exista, mientras las gentes de Jesús continúen en rechazarlo. Su religión no puede ser validada como verdadera. Vuestras Mercedes pueden convertir a todas las gentes, a todos los salvajes del mundo, pero mientras no conviertan al judío, Vuestras Mercedes no han probado nada, salvo que pueden persuadir a los que no están informados.

Lo dejamos con este confortante conocimiento. Porque Vuestras Mercedes pueden disponer de sus poderes, pero nosotros poseemos la verdad por lo alto. Vuestras Mercedes podrán desposeernos como individuos, pero no podrán desposeernos de nuestras almas sagradas y de la verdad histórica, que es el único testigo nuestro.


Escuchad, Rey y Reina de España, en este día Vuestras Mercedes han engrosado la lista de fabricantes de maldades contra los que quedan de la Casa de Israel; si Vuestras Mercedes se empeñan en destruirnos, todos han fracasado. Mas, sin embargo, nosotros prosperaremos en otras tierras lejanas. Y doquiera que vayamos, el Dios de Israel estará con nosotros, y a Vuestras Mercedes rey Fernando y reina Isabel, la mano de Dios los atrapará y castigará por la arrogancia de sus corazones.

Hágase a Vuestras Mercedes autores de esta iniquidad; a lo largo de generaciones por venir, será contado repetidamente cómo su fe no fue benevolente y cómo su visión se cegó. Pero, más que sus actos de odio y fanatismo, el coraje del pueblo de Israel será recordado por haberse enfrentado contra el poderoso Imperio Español y por habernos apegado a la herencia religiosa de nuestros padres, resistiendo a los argumentos inciertos.


Expúlsennos, arrójennos de esta tierra que hemos querido tanto como Vos, pero los recordaremos, Rey y Reina de España, como los que en nuestros santos libros buscaron nuestro daño. Nosotros los judíos, con nuestros hechos en las paginas de la historia y nuestros recuerdos de sufrimiento; e incurriréis en un daño mayor a vuestros hombres que el mal que nos habéis causado. Nosotros los recordaremos, y a su vil edicto de expulsión
, para siempre.

domingo, 18 de marzo de 2007

ROMANCE DE FONTEFRIDA

Fontefrida, Fontefrida,
Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas

van tomar consolación,
si no es la tortolica

que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar

el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía

llenas son de traición;
—Si tu quisieses, señora,

yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo,

malo, falso, engañador,
que ni poso en ramo verde,

ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara,

turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido,

porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos,

ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo,

malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga

ni casar contigo, no.

ROMANCE DE GERINELDO



—Gerineldo, Gerineldo,
paje del rey más querido,
quién te tuviera esta noche

en mi jardín florecido.
Válgame Dios, Gerineldo,

cuerpo que tienes tan lindo.
—Como soy vuestro criado,

señora, burláis conmigo.
—No me burlo, Gerineldo,

que de veras te lo digo.
—¿Y cuándo, señora mía,

cumpliréis lo prometido?
—Entre las doce y la una

que el rey estará dormido.
Media noche ya es pasada.

Gerineldo no ha venido.
«¡Oh, malhaya, Gerineldo,

quien amor puso contigo!»
—Abráisme, la mi señora,

abráisme, cuerpo garrido.
—¿Quién a mi estancia se atreve,

quién llama así a mi postigo?
—No os turbéis, señora mía,

que soy vuestro dulce amigo.
Tomáralo por la mano

y en el lecho lo ha metido;
entre juegos y deleites

la noche se les ha ido,
y allá hacia el amanecer

los dos se duermen vencidos.
Despertado había el rey

de un sueño despavorido.
«O me roban a la infanta

o traicionan el castillo.»
Aprisa llama a su paje

pidiéndole los vestidos:
«¡Gerineldo, Gerineldo,

el mi paje más querido!»
Tres veces le había llamado,

ninguna le ha respondido.
Puso la espada en la cinta,

adonde la infanta ha ido;
vio a su hija, vio a su paje

como mujer y marido.
«¿Mataré yo a Gerineldo,

a quien crié desde niño?
Pues si matare a la infanta,

mi reino queda perdido.
Pondré mi espada por medio,

que me sirva de testigo.»
Y salióse hacia el jardín

sin ser de nadie sentido.
Rebullíase la infanta

tres horas ya el sol salido;
con el frior de la espada

la dama se ha estremecido.
—Levántate, Gerineldo,

levántate, dueño mío,
la espada del rey mi padre

entre los dos ha dormido.
—¿Y adónde iré, mi señora,

que del rey no sea visto?
—Vete por ese jardín

cogiendo rosas y lirios;
pesares que te vinieren

yo los partiré contigo.
—¿Dónde vienes, Gerineldo,

tan mustio y descolorido?
—Vengo del jardín, buen rey,

por ver cómo ha florecido;
la fragancia de una rosa

la color me ha devaído.
—De esa rosa que has cortado

mi espada será testigo.
—Matadme, señor, matadme,

bien lo tengo merecido.
Ellos en estas razones,

la infanta a su padre vino:
—Rey y señor, no le mates,

mas dámelo por marido.
O si lo quieres matar

la muerte será conmigo.