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miércoles, 14 de julio de 2021

Traducción del Stabat Mater del franciscano Jacopone da Todi por Lope de Vega en sus Rimas sacras (1614)

(El original latino, debajo)


1.  La Madre piadosa paraba

junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Cuya alma, triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.

2.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta

se vio la Madre bendita,

de tantos tormentos llena!

Cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena.

3.

Y ¿cuál hombre no llorara,

si a la Madre contemplara

de Cristo, en tanto dolor?

Y ¿quién no se entristeciera,

Madre piadosa, si os viera

sujeta a tanto rigor?

4.

Por los pecados del mundo,

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado,

que rindió desamparado

el espíritu a su Padre.

5.

¡Oh dulce fuente de amor!,

hazme sentir tu dolor

para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

mi corazón abrasado

más viva en él que conmigo.

6.

Y, porque a amarle me anime,

en mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.

7.

Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo.

Porque acompañar deseo

en la cruz, donde le veo,

tu corazón compasivo.

8.

¡Virgen de vírgenes santas!,

llore ya con ansias tantas,

que el llanto dulce me sea.

Porque su pasión y muerte

tenga en mi alma, de suerte

que siempre sus penas vea.

9.

Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more

de mi fe y amor indicio.

Porque me inflame y encienda,

y contigo me defienda

en el día del juicio.

10.

Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén.

Porque, cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria. Amén.


Versión original en latín


1.

Stabat Mater dolorosa

Iuxta crucem lacrimosa,

Dum pendebat filius.

Cuius animam gementem

Contristatam et dolentem

Pertransivit gladius.

2.

O quam tristis et afflicta

Fuit illa benedicta

Mater unigeniti

Quae maerebat et dolebat.

Et tremebat, cum videbat

Nati poenas incliti.

3.

Quis est homo qui non fleret,

Matrem Christi si videret

In tanto supplicio?

Quis non posset contristari,

Piam matrem contemplari

Dolentem cum filio?

4.

Pro peccatis suae gentis

Jesum vidit in tormentis

Et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem natum

Morientem desolatum

Dum emisit spiritum.

5.

Eja mater fons amoris,

Me sentire vim doloris

Fac ut tecum lugeam.

Fac ut ardeat cor meum

In amando Christum Deum,

Ut sibi complaceam.

6.

Sancta mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

Cordi meo valide.

Tui nati vulnerati

Tam dignati pro me pati,

Poenas mecum divide!

7.

Fac me vere tecum flere,

Crucifixo condolere,

Donec ego vixero.

Juxta crucem tecum stare

Te libenter sociare

In planctu desidero.

8.

Virgo virginum praeclara,

Mihi jam non sis amara,

Fac me tecum plangere.

Fac ut portem Christi mortem,

Passionis eius sortem

Et plagas recolere.

9.

Fac me plagis vulnerari,

Cruce hac inebriari

Ob amorem filii,

Inflammatus et accensus,

Per te virgo sim defensus

In die judicii.

10.

Fac me cruce custodiri,

Morte Christi praemuniri,

Confoveri gratia.

Quando corpus morietur

Fac ut animae donetur

Paradisi gloria.

Amen

domingo, 29 de noviembre de 2015

Idilio de Ausonio Galo traducido por el manchego Cosme Gómez Tejada de los Reyes

COSME GÓMEZ  TEJADA DE LOS REYES

IDILIO DE AUSONIO GALO, 

Quod vitae sectabor iter? etc.

¿Qué camino en mi vida seguir puedo
si cualquiera es incierto y peligroso
y al valor más osado pone miedo?

Si en las plazas pretendo hallar reposo,
todas las veo de tumultos llenas
que ocasiona el tratante y ambicioso.

En casa, los cuidados y las penas
viven; y, si las dejo y peregrino,
estos mismos cuidados son cadenas.

Si es rico el mercader, por su camino
padece el alma de virtud pobreza
que la dispone a mísero destino. 

Si el trato dejo, dejo la riqueza,
necesidad me asalta y, torpemente
da leyes y hace esclava a la nobleza. 

Del labrador, que medra diligente,
los trabajos conozco intolerables,
sujeto al aire frío y sol ardiente. 

Si al mar infaman olas formidabes, 
a la madre común no soy ingrato, 
cuyos abrazos son menos mudables. 

Graves las penas son del celibato 
y las del matrimonio son mayores, 
que es vano de los celos el recato. 

Si el son me agrada de los atambores, 
oféndenme los bravos desafueros 
de la guerra, sus muertes y rigores. 

Cuando ganancias torpes de usureros 
me llaman, aborrezco sus crueldades, 
que las usuras son cuchillos fieros. 

Armadas vienen todas las edades
de cuidados, y a todos desagrada
la propia edad, antiguas ceguedades.

Falta a la infancia la razón amada:
solo el castigo a la puericia rige,
y entra la juventud desenfrenada.

A la edad varonil ¡oh cuánto aflige
Fortuna, ya por mar y ya por tierra
bien que el valor su ceguedad corrige!

Si honra gana el varón en buena guerra,
es con la sangre que copiosa vierte:
la que sale enoblece a la que encierra.

Si en paz quiere gozar su buena suerte,
unos trabajos [a] otros encadenan
y van creciendo siempre hasta la muerte.

Los que vejez desean la condenan:
bien muestran ser malinos sus deseos,
pues ya en la posesión lloran y penan.

¿Levantamos memorias y trofeos
a los tiempos pasados? Los presentes
por culpas propias los hacemos reos.

Si temes los terribles accidentes
del fin mortal, a muchos considera
que su inmortalidad lloran prudentes.

Yuturna clama porque no quisiera
el privilegio que morir la impide,
que, sin honra, es su vida muerte fiera.

En las prisiones del peñasco pide
a Júpiter el sabio Prometeo
fin de su vida que los siglos mide:

sepultara su ciencia en el Leteo
por excusar eternas inquietudes
del águila que frustra su deseo.

Vuelve los ojos, pues, a las virtudes
del ánimo, y verás que reina el vicio
con aplauso de infames multitudes.

El adúltero intento, el artificio
de Fedra, su madrastra deshonesta,
a Hipólito arrojó en un precipicio:

en su triunfo vencida fue la honesta
resolución, muriendo despeñado:
tanto la virtud vale y tanto cuesta.

Si este camino dejas por cansado
y quieres por el mundo delicioso
tu apetito seguir desenfrenado,

mira las penas del vivir vicioso
y de todas tan cierto su castigo,
aun en el rey más alto y poderoso.

Infinitos ejemplos no prosigo,
que en necios son de la virtud gran mengua:
Tereo ejemplo sea y sea testigo.

Quiere encubrir sus culpas y deslengua
la cuñada inocente, pero al malo
una aguja si espada no fue lengua.

Desnudó con razón Sardanapalo
con la virtud los hábitos viriles,
cuyo castigo a su maldad igualo.

¿Quién no abomina sus deleites viles?
Ni mujer parecía entre los hombres, 
ni hombre entre los vicios femeniles. 

De la perfidia los infames nombres 
tres guerras disuaden de Cartago, 
que dieron al valor altos renombres. 

Mira de esta ciudad el fiero estrago 
por quien Roma se vio también a punto 
de ser leve ceniza al aire vago.

Guardar la fe es peligroso asunto: 
mira el incendio que por mil edades 
da luz al nombre de la fiel Sagunto. 

Si adoras las sagradas amistades, 
¿a quién este refugio no consuela? 
mas no es sagrado libre de impiedades. 

Por este crimen a la sabia escuela 
de los pitagoreos siempre amigos  
la ignorancia de pérfidos asuela.

Pero, si temes estos enemigos
y huyes la amistad, de iguales penas
en las historias hallarás testigos.

No dudo que Timón, siendo en Atenas
por tan impío delito apedreado,
las amistades dijo que eran buenas.

El pensamiento va indeterminado
por las inciertas sendas de la vida
cual nave sin timón por mar airado.

Ni basta ya la prenda poseída
a los deseos para su reposo,
que eso mismo la hace aborrecida.

Agrada el resplandor del cargo honroso,
inquieta luego y, quien mandar pretende,
servir a viles tiene por glorioso.

Al que el honor ensalza, envidia ofende:
templanza en la ambición es gran prudencia:
quien sube ciego, ciego al fin desciende.

El vigilante estudio de elociencia
días hace que las noches es cansado;
mas la rudeza es bárbara indecencia.

Si piadoso el oficio de abogado,
rara es la gracia con los pleiteantes,
pues ha de ser alguno condenado.

Y, si juzgas los pleitos importantes,
¿quién tiene hacienda, quién paciencia tiene
para esperar sus textos inconstantes?

A éste que el deseo le entretiene
de hijos, ya en la posesión amada, 
junto con el amor, el dolor viene.

Si la vejez esperas despreciada, 
hace presa en tu hacienda la codicia 
y en tu cuerpo también la muerte helada. 

Si vives torpemente en avaricia, 
con risa el pueblo y con razón murmura 
de tanta necedad, tanta malicia.

Si liberal procedes, te censura 
pródigo el vulgo, con envidia vario, 
de quien aun la virtud no está segura. 

Todas las cosas tienen su contrario, 
la más constante tema su caída, 
que, porque el mundo viva, es necesario. 

La opinión, pues, de griegos repetida 
apruebo que es la más dichosa suerte: 
nunca nacer a tan instable vida 
o, nacido, gozar temprana muerte.