lunes, 28 de mayo de 2012

The House By the Side of the Road, de Sam Walter Foss


Sam Walter Foss

La casa a la vera del camino

Hay almas ermitañas que viven retiradas 
en la paz de su propio contenido. 
Hay almas lejanas como estrellas anejas al firmamento.
Hay almas pioneras cuyo fuego sigue veredas 
hacia donde nunca llegaron los caminos; 
pero, a mí, dejadme vivir en la casa junto al camino,
y ser un hombre para el hombre.

Quiero vivir en una casa al lado del camino
por donde toda clase de hombre pasa,
buenos y malos,
tan buenos y tan malos como yo.
No quiero sentarme en la silla del burlón
ni con cinismo verlos pasar;
quiero habitar en una casa junto al camino
y ser amigo de la gente.

Observo en casa junto al camino,
junto al camino de la vida,
a hombres apresurados por el fuego de la esperanza
y a hombres débiles luchando;
pero no me aparto de sus sonrisas ni sus lágrimas,
partes ambas del plan infinito:
quiero vivir en mi casa junto al camino
y amistar con la gente.

Sé que hay arroyos, pastos alegres adelante
y montañas de fragosas alturas;
que el camino pasa a través de una larga tarde
y más allá hasta la noche;
pero, aún así, me alegro
cuando los viajeros se regocijan
y lloro con los forasteros que gimen;
aun cuando no vivan en mi casa junto al camino,
ni sean mis vecinos.

Dejadme vivir en mi casa junto al camino
por donde toda clase de hombre pasa:
buenos, malos, débiles, fuertes,
sabios, tontos... como yo.
Así que, ¿por qué sentarme en la silla del burlón
o cínico dejar pasar?

Dejadme vivir en la casa del camino
y ser amigo de todos.


The house by the side of the road


THERE are hermit souls that live withdrawn
In the place of their self-content;
There are souls like stars, that dwell apart,
In a fellowless firmament;
There are pioneer souls that blaze the paths
Where highways never ran-
But let me live by the side of the road
And be a friend to man.


Let me live in a house by the side of the road,
Where the race of men go by - 
The men who are good and the men who are bad,
As good and as bad as I.
I would not sit in the scorner's seat,
Or hurl the cynic's ban; 
Let me live in a house by the side of the road
And be a friend to man.

I see from my house by the side of the road,
By the side of the highway of life,
The men who press with the ardor of hope,
The men who are faint with the strife.
But I turn not away from their smiles nor their tears - 
Both parts of an infinite plan; 
Let me live in my house by the side of the road
And be a friend to man.

I know there are brook-gladdened meadows ahead
And mountains of wearisome height;
And the road passes on through the long afternoon
And stretches away to the night.
But still I rejoice when the travelers rejoice,
And weep with the strangers that moan,
Nor live in my house by the side of the road
Like a man who dwells alone.

Let me live in my house by the side of the road
Where the race of men go by - 
They are good, they are bad, they are weak, they are strong,
Wise, foolish - so am I.
Then why should I sit in the scorner's seat
Or hurl the cynic's ban?
Let me live in my house by the side of the road
And be a friend to man.

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