viernes, 4 de enero de 2008

Sonetos de Bernardino de Rebolledo y Villamizán

El exceso de nuestras ambiciones,
que a sojuzgarlo todo se abalanza,
cuando le desengaña la tardanza
a dominar se vuelve las pasiones.

Y, despreciando vanas pretensiones,
a límite reduce la esperanza,
mortifica la ciega confianza,
y a la Virtud dirige las acciones.

Pues debe con el arte socorrerse

siendo dificultoso de extinguirle,
cultívele solícito cuidado:
quien no pudo vencer, pueda vencerse,
quien no pudo adquirir, sepa medirle,
y quien no fue dichoso, sea templado.

De tus asombros la razón vencida
el amor en desprecio se convierte,
que estar tan receloso de la muerte
es el mayor achaque de la vida.
Quien la respiración nos da medida
con eficaz ejemplo nos advierte
que ni el riesgo a recato se divierte
ni de seguridades se convida.
Estos mismos instantes que componen
el tiempo que la vida te dilatan,
son de su brevedad premisas ciertas.
Si te amedrentan más que te disponen
con sólo el miedo de morir te matan,
temes la muerte y a vivir no aciertas.