domingo, 25 de enero de 2026

Rainer María Rilke

 Rainer María Rilke 

 Día de otoño

(Versión de Jaime Ferreiro)


Señor: es hora. Largo fue el verano.

Pon tu sombra en los relojes solares,

y suelta los vientos por las llanuras.


Haz que sazonen los últimos frutos;

concédeles dos días más del sur,

úrgeles a su madurez y mete

en el vino espeso el postrer dulzor.


No hará casa el que ahora no la tiene,

el que ahora está solo lo estará siempre,

velará, leerá, escribirá largas cartas,

y deambulará por las avenidas,

inquieto como el rodar de las hojas.


Carlos Marzal, Los anfibios

 Carlos Marzal 

Los anfibios


Los enfermos respiran

bajo las aguas, en su linfa propia,

y a la vez en el aire del mundo enrarecido.

No son enteramente de este reino.

Si se muestran tan frágiles a veces,

es porque participan de la inmortalidad

en el grado en que pueden hacerlo los mortales:

con el eco de un eco imperceptible.

Son sujetos anfibios. Se resignan

a su naturaleza paradójica,

que idolatra la carne que aborrece.

Como se han despojado de todo lo superfluo,

su tiempo se contagia de esencia intemporal.

Su catalepsia explica una virtud sonámbula

para ver el envés de cuanto nos ocurre.

No viven en la edad, son unos niños

partícipes de un viejo horror clarividente.

Pertenecen al orden del conocer andrógino,

que mezcla lo terreno y lo impalpable.

Vuelven de su inmersión, rumbo a la superficie,

colmados por el ansia feroz de estar con vida.

Por eso nadie quiere mirar a los enfermos.

Son pacíficos monstruos inocentes

que saben recordar el porvenir.´


En El entusiasmo de la decepción

Dos poemas de Leónidas Lamborghini

Leónidas Lamborghini 


Bíblica


Como el que vio una vez

al hombre

que vende la Biblia

y escuchó su palabra

en un café cualquiera

-En verdad, en verdad os digo


Como el que apoyado en su mesa

cuando está

mirando al vacío

es interrumpido

por la palabra de ese hombre

-En verdad, en verdad os digo


Como el que escucha

aturdido

hablar de revelación

entre ruido de pocillos

envuelto en humo

-En verdad, en verdad os digo


Como el que luego

aparta

su rostro de ese hombre

y vuelve a mirar

fijamente el vacío

-En verdad, en verdad os digo


Como el que queda así después

apoyado en su mesa

mientras su mente mezcla

la Palabra con el precio

y el Espíritu con la encuadernación

como ese

como ese

-En verdad, en verdad os digo.


En La canción de Buenos Aires


Poetario de la espera


Parterre 1


Poetas esperando la inspiración de su Musa.

Poetas esperando muy esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando no tan esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando insuficientemente esperanzados

la inspiración de su Musa.


Parterre 2


Poetas esperando algo esperanzados

la inspiración de su Musa.

Poetas que lo esperan todo

de la inspiración de su Musa.

Poetas que lo esperan casi todo

de la inspiración de su Musa.


Parterre 3


Poetas que no esperan nada

de la inspiración de su Musa.

Poetas que no esperan casi nada

de la inspiración de su Musa

Poetas que esperan un tanto cuanto

de la inspiración de su Musa.


Parterre 4


Poetas esperando sin mayor esperanza

la inspiración de su Musa.

Poetas esperando sin ninguna esperanza

la inspiración de su Musa.

Poetas poniendo todas las esperanzas en la espera

de la inspiración de su Musa.


Parterre 5


Poetas esperando muy pocos esperanzados

la inspiración de su Musa.

poetas esperando pacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas que esperan algo impacientes

la inspiración de su Musa.


Parterre 6


Poetas esperando un tanto cuanto impacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas que esperan muy impacientes

la inspiración de su Musa.

Poetas angustiados en espera

de la inspiración de su Musa. 

H. D. Thoreau, Sílabas

 Henry David Thoreau - Sílabas

En la poesía la frase es como una palabra, cuyas sílabas son palabras, que no aportan pensamientos, sino algo de la salud que las ha inspirado. No tratan con pensamientos; son indiferentes a ellos.

Un poema es una expresión sin división ni obstáculos, que ha caído ya madura en la literatura. El poeta ha abierto su corazón y sigue vivo. Aquellos para quienes ha madurado reviven el poema sin división ni obstáculos. Ningún ojo mortal podrá diseccionarlo: aunque vea, estará cegado.

Ni siquiera con la ayuda de todas las academias del mundo podría el más sabio de los hombres añadir o quitar una sílaba a una línea de poesía.

Paul Celan, Habla tú también

 Paul Celan - Habla tú también

10:05 a.m.

Paul Celan - Habla tú también


Habla tú también,

Sé el último en hablar,

pronuncia tu proverbio.

Habla —

pero no separes el no del sí.

Dale además sentido a tu proverbio:

dale sombra.

Dale sombra bastante,

dale toda la que

sabes que hay repartida alrededor de ti entre

la medianoche, el mediodía y la medianoche.

Mira a tu alrededor:

mira cómo todo deviene vivo —

¡En la muerte! ¡Vivo!

El que habla sombra dice la verdad.

Pero ahora se estrecha el lugar en que estás:

¿adónde irás ahora, expoliado de sombra, adónde?

Sube. Tantea hacia arriba.

¡Más escaso devienes, más irreconocible, más fino!

más fino: un filamento,

por el que quiere bajar la estrella:

para nadar abajo, en el fondo,

donde se ve brillar: en el oleaje

de palabras errantes

Jorge Luis Borges, Todos los ayeres, un sueño

  Jorge Luis Borges - Todos los ayeres, un sueño. De Los conjurados.


    Naderías. El nombre de Muraña,

una mano templando una guitarra,

una voz, hoy pretérita, que narra

para la tarde una perdida hazaña

    de burdel o de atrio, una porfía,

dos hierros, hoy herrumbre, que chocaron

y alguien quedó tendido, me bastaron

para erigir una mitología.

    Una mitología ensangrentada

que ahora es el ayer. La sabia historia

de las aulas no es menos ilusoria

que esa mitología de la nada.

    El pasado es arcilla que el presente

labra a su antojo. Interminablemente.

Jorge Luis Borges, Los enigmas

Jorge Luis Borges - Los enigmas


     Yo que soy el que ahora está cantando

seré mañana el misterioso, el muerto,

el morador de un mágico y desierto

orbe sin antes, ni después, ni cuándo.

     Así afirma la mística. Me creo

indigno del Infierno o de la Gloria,

pero nada predigo. Nuestra historia

cambia como las formas de Proteo.

    ¿Qué errante laberinto, qué blancura

ciega de resplandor será mi suerte,

cuando me entregue el fin de esta aventura

la curiosa experiencia de la muerte?

    Quiero beber su cristalino Olvido,

ser para siempre; pero no haber sido.

Jorge Luis Borges, De alguien a nadie.

 Jorge Luis Borges - De alguien a nadie

En el principio, Dios es los Dioses (Elohim), plural que algunos llaman de majestad y otros de plenitud y en el que se ha creído notar un eco de anteriores politeísmos o una premonición de la doctrina, declarada en Nicea, de que Dios es Uno y es Tres. Elohim rige verbos en singular; el primer versículo de la Ley dice literalmente: En el principio hizo los Dioses el cielo y la tierra. Pese a la vaguedad que el plural sugiere: Elohim es concreto; se llama Jehová Dios y leemos que se paseaba en el huerto al aire del día o, como dicen las versiones inglesas, in the cool of the day. Lo definen rasgos humanos; en un lugar de la Escritura se lee: Arrepintiose Jehová de haber hecho hombre en la tierra y pesole en su corazón y en otro, Porque yo Jehová tu Dios soy un Dios celoso y en otro, He hablado en el fuego de mi ira. El sujeto de tales locuciones es indiscutiblemente Alguien, un Alguien corporal que los siglos irán agigantando y desdibujando. Sus títulos varían: Fuerte de Jacob, Piedra de Israel, Soy El Que Soy, Dios de los Ejércitos, Rey de Reyes. El último, que sin duda inspiró por oposición el Siervo de los Siervos de Dios, de Gregorio Magno, es en el texto original un superlativo de rey: «propiedad es de la lengua hebrea —dice fray Luis de León— doblar así unas mismas palabras, cuando quiere encarecer alguna cosa, o en bien o en mal. Ansí que decir Cantar de cantares es lo mismo que solemos decir en castellano Cantar entre cantares, hombre entre hombres, esto es, señalado y eminente entre todos y más excelente que otros muchos». En los primeros siglos de nuestra era, los teólogos habilitan el prefijo omni, antes reservado a los adjetivos de la naturaleza o de Júpiter; cunden las palabras omnipotente, omnipresente, omniscio, que hacen de Dios un respetuoso caos de superlativos no imaginables. Esa nomenclatura, como las otras, parece limitar la divinidad: a fines del siglo V, el escondido autor del Corpus Dionysiacum declara que ningún predicado afirmativo conviene a Dios. Nada se debe afirmar de Él, todo puede negarse. Schopenhauer anota secamente: «Esa teología es la única verdadera, pero no tiene contenido». Redactados en griego, los tratados y las cartas que forman el Corpus Dionysiacum dan en el siglo IX con un lector que los vierte al latín: Johannes Eríugena o Scotus, es decir Juan el Irlandés, cuyo nombre en la historia es Escoto Erígena, o sea Irlandés Irlandés. Éste formula una doctrina de índole panteísta: las cosas particulares son teofanías (revelaciones o apariciones de lo divino) y detrás está Dios, que es lo único real, «pero que no sabe qué es, porque no es un qué, y es incomprensible a sí mismo y a toda inteligencia». No es sapiente, es más que sapiente; no es bueno, es más que bueno; inescrutablemente excede y rechaza todos los atributos. Juan el Irlandés, para definirlo, acude a la palabra nihilum, que es la nada; Dios es la nada primordial de la creatio ex nihilo, el abismo en que se engendraron los arquetipos y luego los seres concretos. Es Nada y Nadie; quienes lo concibieron así obraron con el sentimiento de que ello es más que ser un Quién o un Qué. Análogamente, Samkara enseña que los hombres, en el sueño profundo, son el universo, son Dios.

  El proceso que acabo de ilustrar no es, por cierto, aleatorio. La magnificación hasta la nada sucede o tiende a suceder en todos los cultos; inequívocamente la observamos en el caso de Shakespeare. Su contemporáneo Ben Jonson lo quiere sin llegar a la idolatría, on this side Idolatry; Dryden lo declara el Homero de los poetas dramáticos de Inglaterra, pero admite que suele ser insípido y ampuloso; el discursivo siglo XVIII procura aquilatar sus virtudes y reprender sus faltas: Maurice Morgan, en 1774, afirma que el rey Lear y Falstaff no son otra cosa que modificaciones de la mente de su inventor; a principios del siglo XIX, ese dictamen es recreado por Coleridge, para quien Shakespeare ya no es un hombre, sino una variación literaria del infinito Dios de Spinoza. «La persona Shakespeare —escribe— fue una natura naturata, un efecto, pero lo universal, que está potencialmente en lo particular, le fue revelado, no como abstraído de la observación de una pluralidad de casos sino como la sustancia capaz de infinitas modificaciones, de las que su existencia personal era sólo una.» Hazlitt corrobora o confirma: «Shakespeare se parecía a todos los hombres, salvo en lo de parecerse a todos los hombres. íntimamente no era nada, pero era todo lo que son los demás, o lo que pueden ser». Hugo, después, lo equipara con el océano, que es un almácigo de formas posibles.

  Ser una cosa es inexorablemente no ser todas las otras cosas; la intuición confusa de esa verdad ha inducido a los hombres a imaginar que no ser es más que ser algo y que, de alguna manera, es ser todo. Esta falacia está en las palabras de aquel rey legendario del Indostán, que renuncia al poder y sale a pedir limosna en las calles: «Desde ahora no tengo reino o mi reino es ilimitado, desde ahora no me pertenece mi cuerpo o me pertenece toda la tierra». Schopenhauer ha escrito que la historia es un interminable y perplejo sueño de las generaciones humanas; en el sueño hay formas que se repiten, quizá no hay otra cosa que formas; una de ellas es el proceso que denuncia esta página.

  Buenos Aires, 1950. En Otras inquisiciones

Christina Rossetti, En pleno sombrío invierno

    [En una encuesta de hace unos veinte años, este poema, musicado muchas veces, se consideró el mejor villancico de la historia]

    En pleno sombrío invierno, el gélido viento parecía gemir,

la tierra estaba dura como el hierro, el agua como una piedra;

había nevado, nieve sobre nieve, nieve sobre nieve,

en pleno sombrío invierno, hace mucho tiempo.

    A nuestro Dios, el cielo no pudo retenerlo, ni la tierra sostener;

el cielo y la tierra huirán lejos cuando venga su Reino.

En pleno sombrío invierno, un establo bastó

para el Señor Dios Todopoderoso, Jesucristo.

   Ángeles y arcángeles pudieron reunirse allí,

querubines y serafines abarrotaron el aire;

mientras solo su madre, en su felicidad de doncella,

adoraba a su amado hijo con un beso.

    ¿Qué puedo yo darle, pobre como soy?

Si yo fuera un pastor, le llevaría un cordero;

si yo fuera un Rey Mago, aportaría mi regalo;

pero lo que puedo dar se lo doy: le doy mi corazón.

                Versión original en inglés

In the bleak midwinter, frost wind made moan,

Earth stood hard as iron, water like a stone;

Snow had fallen, snow on snow, snow on snow,

In the bleak midwinter, long ago.

Our god, heaven cannot hold him, nor earth sustain;

Heaven and earth shall flee away when he comes to reign.

In the bleak midwinter a stable place sufficed

The lord God almighty, Jesuschrist.

Angels and archangels may have gathered there,

Cherubim and seraphim thronged the air;

But his mother only, in her maiden bliss,

Worshiped the beloved with a kiss.

What can I give him, poor as I am?

If I were a shepherd, I would bring a lamb;

If I were a wise man, I would do my part;

Yet what I can I give him: give my heart.