domingo, 4 de noviembre de 2012

Lucrecio De rerum natura, II, 1-30.


Suave, mari magno turbantibus aequora ventis
E terra magnum alterius spectare laborem ;
Non quia vexari quemquamst iucunda voluptas,
Sed quibus ipse malis careas quia cernere suavest.
Suave etiam belli certamina magna tueri
Per campos instructa tua sine parte pericli ;
Sed nihil dulcius est, bene quam munita tenere
Edita doctrina sapientum templa serena,
Despicere unde queas alios passimque videre
Errare atque viam palantis quaerere vitae,
Certare ingenio, contendere nobilitate,
Noctes atque dies niti praestante labore
Ad summas emergere opes rerumque potiri.
O miseras hominum mentes, o pectora caeca !
Qualibus in tenebris vitae quantisque periclis
Degitur hoc aevi quod cumquest ! 

Es dulce, cuando sobre el vasto mar los vientos acongojan las aguas, guardarse desde la tierra de la gran fatiga de otros, no porque sea un dulce placer su tormento, sino porque es dulce ver de cuáles males tú mismo te has privado. Dulce es asimismo contemplar grandes batallas de encrespada guerra en la llanura sin que tú formes parte del peligro, pero nada hay más placentero que estar solo en los altos espacios serenos, bien fortificados por la doctrina de los sabios, desde donde puedes guardarte de la soberbia de los demás y verlos errar aquí y allá y rondar perdidos el camino de la vida, careciendo de ingenio, rivalizando en nobleza de sangre y esforzándose noche y día con actividad incesante para recabar una riqueza grande y asumir el poder. ¡Oh mentes miserables de los hombres, oh pechos ciegos! En qué tinieblas de vida y tras cuántos grandes peligros transcurre esta vida, cualquiera que sea. 

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