martes, 20 de febrero de 2007

La nube mensajera, de Kalidasa

En la India antigua florecieron grandes poetas y dramaturgos como Kalidasa. Uno de sus poemas más famosos se llama Meghaduta, “La nube mensajera”. “Megha” quiere decir nube y “duta” mensajero. Compuso su poema en sánscrito, lengua sagrada de la India en la que se ha compuesto una parte sustancial de sus textos literarios, religiosos y filosóficos. En este poema un semidiós yaksha, Meghaduta, encargado de cuidar los lotos de oro de un estanque encantado, abandona una noche su tarea para reunirse con su amada. En su ausencia entran unos elefantes y destruyen las flores. En consecuencia los dioses lo destierran como castigo y, alejado de su esposa y su hogar, pide a una nube que lleve un mensaje a su amada mujer al comienzo de la temporada de lluvias; en este poema se van describiendo todos los caminos que esta debe seguir..



Nube abrigada de viento,
tú que eres libre, lleva noticia de mí a mi esposa,
de quien los irritados dioses me han arrancado.

Ve a la ciudad de Alaka, do viven los yakshas;
una ciudad de palacios blancos so refulgente luna.


Que las mujeres que encuentres, nube, 
y alcen cabezas de ondulantes y bellas trenzas, te vean corriendo el camino del viento.

De golpe soplará suave una brisa que susurrar hará a las ramas arbóreas. Mira: los pájaros te rinden vasallaje, nube magnífica; te consideran reina de los aires.

Cuando llegues a Avanti, pósate en esa ciudad
parte del cielo sobre la tierra; soplan allí aires perfumados
llenos de canto de pájaros que alegran los sentidos
y languidecen a las mujeres cual si anduviesen enamoradas.

En esta ciudad verás bazares espléndidos atestados de joyas:
diamantes enormes rodeados de perlas,
esmeraldas del resol del mar y miles de pedacitos de coral
que han dejado exangüe el mar de preciosa pedrería.

Llegarás a la ciudad de Alaka, a cuyos pies el Ganges
se extiende como tapiz de lapislázuli.
Se halla cubierta de nubes oscuras de las que cae lluvia
como perlas desprendidas de la cabellera de una mujer.

En el palacio de Alaka, las mujeres llevan lotos en las manos
y flores en sus cabellos recién cortadas.
Allí no existen tinieblas porque la luna brilla eterna para siempre.


Los dioses, abrazando los cuerpos de sus mujeres,
se pasean por brillantes terrazas alumbradas de estrellas
y los yakshas se pasean con las hijas de los dioses por jardines enaromados.


Allí, nube, verás mi casa: bajo árboles cargados de flores
a la vera de un estanque al que baja una escalinata de piedras preciosas; está cubierto de lotos de oro y rodeado de flamencos que te esperan como amiga.


Allí verás a mi esposa joven y bella, de mirada triste y pechos prominentes. La dio al mundo Brahma como modelo de las otras.

La verás como flor abandonada, sola y triste porque su esposo no está con ella. Sus ojos rebosan lágrimas, y su rostro, escondido entre cabellos despeinados, 
será como la luna cuando la oscureces con tu masa negruzca.

Entonces, nube, transmítele mi mensaje,
la hallarás en su lecho tendida, llorando, enflaquecida como luna menguante,
suspirando y buscando sueño, imaginando que recibe mis besos.


Al verla derramarás gotas de lágrimas y verás entonces cómo tu presencia abre sus ojos a flores de loto semejantes.


Si duerme, nube, acércate a ella y respeta su sueño, no interrumpas su ilusión, en la que tal vez cree apoyar su cabeza entre mis brazos.


Pero, en cuanto despierte con la brisa dulce de las gotas de agua, déjala oír los susurros que tus palabras serán, y dile:


"Tu esposo no ha muerto: vive en una ermita y piensa en ti todo el tiempo".

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