miércoles, 4 de julio de 2007

El balneario, de Un pingüino en mi ascensor

Yo solía ser fuerte como un roble,
pero nada es perdurable,
hoy mi cuerpo es delicado y sensible
mi salud bastante endeble.
En este balneario
donde vine a acabar mis días,
se empeñó mi sobrino, Zacarías
en que era lo mejor.
Nada como las aguas termales

para mi problema de cervicales,
mis afecciones renales
y mi cáncer de pulmón.
Pero en este balneario

la comida es asquerosa,
las enfermeras, espantosas,
el servicio es demencial
y ya tengo avisado al notario

para que desherede a mi sobrino,
ese pelota cretino
que me metió en este lugar.
Estoy harto de fuentes medicinales,

de baños en oscuros manantiales,
de la importancia de las sales,
del agua mineral sin gas;
y cada día que pasa en el balneario

se acrecienta mi odio a este mundo ingrato,
aumenta mi pasión por el asesinato,
mi único deseo es matar;
y sé que el comisario
no sospecharía de un pobre anciano,
abstraído al estudio del derecho romano
y la filosofía oriental.

En este sanatorio,
los demás pierden el tiempo jugando al mus,
yo repaso mi arsenal, y escucho a Obús
a volumen brutal.
En este purgatorio,

encontré mi entretenimiento,
el remedio al aburrimiento,
liquidando visitantes sin piedad.
Ayer estrangulé a una concejala,

cuando inauguraba la nueva sala,
y tengo guardada una bala
para el Ministro de Sanidad.
Y cada día que pasa en el balneario

se acrecienta mi odio a este mundo ingrato,
aumenta mi pasión por el asesinato,
mi único deseo es matar;
y sé que el comisario
no sospecharía de un pobre anciano,
abstraído al estudio del derecho romano
y la filosofía oriental.
Hoy va a correr la sangre en el balneario.

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