lunes, 20 de julio de 2015

Federico García Lorca, Sonetos del amor oscuro


SONETO GONGORINO EN QUE EL POETA 
MANDA A SU AMOR UNA PALOMA

Este pichón del Turia que te mando, 
de dulces ojos y de blanca pluma, 
sobre laurel de Grecia vierte y suma 
llama lenta de amor do estoy parando.

Su cándida virtud, su cuello blando, 
en limo doble de caliente espuma, 
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca está marcando.

Pasa la mano sobre su blancura 
y verás qué nevada melodía 
esparce en copos sobre tu hermosura. 

Así mi corazón de noche y día, 
preso en la cárcel del amor oscura, 
llora sin verte su melancolía.


LLAGAS DE AMOR

Esta luz, este fuego que devora. 
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea. 
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora 
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnalda de amor, cama de herido, 
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia 
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.


SONETO DE LA GUIRNALDA DE LAS ROSAS

¡Esa guirnalda! ¡Pronto! ¡Que me muero! 
¡Teje deprisa! ¡Cantal ¡Gime! ¡Canta!
Que la sombra me enturbia la garganta 
y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero, 
aire de estrellas y temblor de planta 
espesura de anémonas levanta 
con oscuro gemir un año entero. 

Goza el fresco paisaje de mi herida, 
quiebra juncos y arroyos delicados, 
bebe en muslo de miel sangre vertida. 

Pronto ¡prontol! Que unidos, enlazados,
boca rota de amor y alma mordida, 
el tiempo nos encuentre destrozados.


EL POETA DICE LA VERDAD

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores 
en un anochecer de ruiseñores 
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo 
para el asesinato de mis flores 
y convertir mi llanto y mis sudores 
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja 
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida 
será para la muerte, que no deja 
ni sombra por la carne estremecida.


EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

Amor de mis entrañas, viva muerte, 
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita, 
que si vivo sin mí quiero perderte. 

El aire es inmortal, la piedra inerte 
ni conoce la sombra ni la evita. 
Corazón interior no necesita 
la miel helada que la luna vierte. 


Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, 
tigre y paloma, sobre tu cintura 
en duelo de mordiscos y azucenas. 

Llena, pues, de palabras mi locura 
o déjame vivir en mi serena noche 
del alma para siempre oscura.


AY VOZ SECRETA DEL AMOR OSCURO

¡Ay voz secreta del amor oscuro!
¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!
¡ay aguja de hiel, camelia hundida! 
¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro, 
montaña celestial de angustia erguida! 
¡ay perro en corazón, voz perseguida! 
¡silencio sin confín, lirio maduro!

Huye de mí, caliente voz de hielo,
no me quieras perder en la maleza 
donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza,
apiádate de mí, ¡rompe mi duelo!
¡que soy amor, que soy naturaleza!


SONETO DE LA DULCE QUEJA

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento 
que me pone de noche en la mejilla 
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla 
tronco sin ramas, y lo que más siento 
es no tener la flor, pulpa o arcilla, 
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado, 
si soy el perro de tu señorío.


No me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.


NOCHE DEL AMOR INSOMNE

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado 
de una sangre sin fin que se derrama. 

Y el sol entró por el balcón cerrado 
y el coral de la vida abrió su rama 
sobre mi corazón amortajado.


EL POETA PREGUNTA A SU AMOR 
POR LA CIUDAD ENCANTADA DE CUENCA

¿Te gustó la ciudad que gota a gota 
labró el agua en el centro de los pinos? 
¿Viste sueños y rostros y caminos 
y muros de dolor que el aire azota?

¿Viste la grieta azul de luna rota
que el Júcar moja de cristal y trinos? 
¿Han besado tus dedos los espinos 
que coronan de amor piedra remota?

Te acordaste de mí cuando subías 
al silencio que sufre la serpiente, 
prisionera de grillos y de umbrías?

¿No viste por el aire transparente 
una dalia de penas y alegrías 
que te mandó mi corazón caliente?

EL POETA HABLA POR TELÉFONO CON EL AMOR

Tu voz regó la duna de mi pecho 
en la dulce cabina de madera. 
Por el sur de mis pies fue primavera 
y al norte de mi frente flor de helecho.

Pino de luz por el espacio estrecho 
cantó sin alborada y sementera 
y mi llanto prendió por vez primera 
coronas de esperanza por el techo.

Dulce y lejana voz por mí vertida. 
Dulce y lejana voz por mí gustada. 
Lejana y dulce voz amortecida.

Lejana como oscura corza herida. 
Dulce como un sollozo en la nevada. 
¡Lejana y dulce en tuétano metida!


EL AMOR DUERME EN EL PECHO DEL POETA

Tú nunca entenderás lo que te quiero 
porque duermes en mí y estás dormido. 
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero 
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido 
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
Oye mi sangre rota en los violines.
¡Mira que nos acechan todavía!

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