domingo, 19 de julio de 2015

Laurence Sterne (1713-1768), Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy


Capítulo decimoprimero

Puesto que la viuda Wadman estaba enamorada de mi tío Toby y mi tío Toby no estaba enamorado de la viuda Wadman, a la viuda Wadman no le quedaba más remedio que seguir queriendo a mi tío Toby u olvidarse de todo el asunto.

Pero la viuda Wadman no hizo ni una cosa ni otra.

¡Cielo santo! Me estaba olvidando de que yo coincido un poco con la manera de ser de la viuda, pues cuando llega la ocasión –cosa que suele suceder normalmente en los equinoccios– de que alguna diosa terrenal me haga pensar en esto o en lo otro y se me quiten las ganas de desayunar mientras que a ella le importa un bledo que yo desayune o no…

Pero ¡al diablo con ella!, y sin más, la envío a Tartaria, y de allí a la Tierra de Fuego y de allí al mismísimo demonio, es decir, que no encuentro nicho infernal a donde confundir y arrojar a la tal divinidad. Pero, como el corazón es blando y las pasiones suben y bajan en cuestión de minutos, enseguida vuelvo a recogerla y, como yo no me ando con medias tintas, la sitúo en mitad de la Vía Láctea.

¡Tú, la más brillante de las estrellas! Derrama tu influencia sobre alguna de ellas. Que se vayan al infierno ella y su influencia, pues esa palabra me hace perder la paciencia. ¡Que le aproveche!
¡Por cuanto haya de más hirsuto y espantoso!, exclamo quitándome mi gorra de piel y doblándola sobre mi dedo. ¡No daría ni seis peniques por una docena como ella! Pero es una gorra excelente (y me la vuelvo a poner en la cabeza apretándola contra mis orejas) y es tibia y suave sobre todo si uno se la cala como es debido. Pero ¡ay! nunca me será dada tanta fortuna (con lo que, de nuevo,
mi filosofía vuelve a naufragar). No. Nunca meteré el dedo en esa tarta (y con esto acabo
con las metáforas).

Corteza y miga.
Lo de dentro y lo de fuera.
Lo de arriba y lo de abajo. La detesto, la odio, la repudio, me asquea solo verla.
Esto es pimienta
ajo
estragón
sal, y
mierda de diablos, cocinada por el archicocinero de los cocineros que no hace otra cosa, pienso, de la noche a la mañana que estar sentado junto al fuego e inventar platos ardientes para dárnoslos. No lo tocaría yo por nada de este mundo.

–¡Oh Tristram, Tristram!, lloraba Jenny.

–¡Oh Jenny, Jenny!, replicaba yo. Y así llegamos al capítulo doce.

Capítulo decimosegundo

Dije que no la tocaría por nada del mundo.
Señor, ¡cómo se ha caldeado mi imaginación con esta metáfora!

Capítulo decimotercero

Todo lo cual pone de manifiesto, digan lo que digan vuestras mercedes y vuestras reverencias (pues puestos a pensar, los que lo hacen terminan pensando siempre muy parecido), que el AMOR es –al menos hablando alfabéticamente– algo de lo más

A gotador
B rujo
C onfuso
D iabólico. Y de lo más
E najenante
F útil
G randilocuente
H edonístico
I rritante (no hay nada con K)
L írico. Y al mismo tiempo de lo más
M artirizante
N ecio
O bstaculizador
P ragmático
S oliviantador
R idículo. Aunque, dicho sea de paso, la R debería haber ido antes

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